Lunes, 13 de Febrero de 2012

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“Mis Curanderas” de Oswaldo Vigas en el Centro Cultural BOD - Corp Banca

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  • La agenda del centro cultural se inicia con esta exposición que reúne 13 lienzos de gran tamaño producto del ingenio de Oswaldo Vigas
  • Considerado uno de los artistas más importantes de Venezuela y Latinoamérica, el público capitalino tendrá la oportunidad de apreciar una muestra representativa de esta etapa de su brillante trayectoria

Caracas, Especial. El Centro Cultural BOD – Corp Banca presenta desde el 24 de marzo una de sus más importantes muestras pictóricas del año 2010, engalanando su agenda cultural con la presencia del maestro Oswaldo Vigas y su exposición “Mis Curanderas”, 13 obras de gran formato en las que el trazo y el color se unen para expresar su más sentido homenaje a la feminidad. Con el título el artista hace alusión a un momento difícil, vivido por él en tiempo reciente durante su estadía en una clínica de Caracas. Pasada su gravedad, de su lápiz empezaron a emerger figuras femeninas a las que, en vista de las circunstancias, decidió llamar “Mis Curanderas”. Ellas son, como él mismo señala “sus intermediarias, las que siempre están disponibles para ponerse en su lugar cuando se trata de resolver cualquier situación para la cual no se siente capaz”.

Oswaldo Vigas, uno de los grandes maestros del arte contemporáneo nacional y latinoamericano, ha sido y es un artista muy activo, conquistado por una pasión que le poseyó desde muy pequeño y que le hizo abandonar otras inquietudes como la medicina (se graduó de Médico en la UCV en 1951) para dedicarse a pintar.

El Centro Cultural BOD – Corp Banca acoge en sus espacios abiertos estas obras, exhibidas en un lugar nada convencional, pero en la que las muejres son protagonistas, una vez más. En sus propias palabras: “Por ser compañeras de noches y sueños, con los ojos abiertos y los ojos cerrados. Acompañantes de aventuras. Porque nunca me han traicionado; por el contrario, me han aconsejado en los momentos difíciles. Desde que era un adolescente, un niño todavía, las escucho”.

Es necesario recorrer esta muestra palmo a palmo, las obras de Vigas que conforman esta exposición en los amplios espacios abiertos del Centro Cultural BOD - Corp Banca invitan a ello. Es un espacio de vida, y por ello nos complace ponerlo de nuevo a disposición del público, esperando que contribuya al enriquecimiento espiritual del venezolano.

Estamos seguros que esta exposición convocará a un amplio público que, redescubriendo el Centro Cultural, compartirá con las Curanderas del maestro Vigas la posibilidad de una grata lectura en un espacio que ha acogido los secretos de su alma.

Es importante señalar que esta exposición apoyará a la Asociación Civil sin fines de lucro Acción Solidaria, dedicada a reducir el impacto social de la epidemia del VIH/SIDA en Venezuela y otros países de habla hispana.


Más sobre Mis Curanderas, Oswaldo Vigas, enero 2010
Las curanderas y los curanderos, en el mundo egipcio, estaban muy cerca de los dioses. Por eso se les veneraba y sus imágenes se reproducían en las tumbas para que acompañaran en el más allá a sus seres queridos.

Curanderas son todas las mujeres que he amado. No eran de oficio sino aficionadas, pero tenían la vocación indispensable para tratar y comprender a los enfermos tal como soy yo, porque siempre estuve enfermo, desde que me conozco. Me curé siempre de una para caer en otra. Sarampión, tos ferina... paperas nunca tuve, amigdalitis tampoco, pero pude gozar una malaria durante varios meses. La quinina hizo el milagro y salí de ella. La tifoidea por poco me mata; de tantas inyecciones me salió un absceso en una nalga... Eran los tiempos de la primera campaña antipalúdica. Cuadrillas de trabajadores cruzaban el país en todos sentidos para eliminar los charcos de agua donde crecían las larvas del anofeles, trasmisor de la malaria. Una de sus variantes la llamaban “la económica” porque el enfermo no duraba más de tres días. Miguel Otero Silva, en su novela “Casas muertas”, relata magistralmente la desaparición de todo un pueblo. Por Tinaquillo, El Pao, El Baúl, El Tinaco, diariamente se formaban las procesiones que acompañaban a los muertos del día. Tal vez esto fue uno de los elementos que despertó en mí la vocación de servicios que me llevó a estudiar Medicina.

Mis curanderas me acompañan en la noche, en el sueño, en la vigilia, con los ojos abiertos y con los ojos cerrados. En los momentos difíciles me aconsejan. Desde que era un adolescente, un niño todavía, las escucho. Nunca me han traicionado. Ellas acompañan todas mis aventuras. Seres fantasmales que están cerca de los espantos que acompañan los sueños. Pero nunca son malévolas. Curanderas y brujas son de la misma familia. Primero nacieron las brujas, abriendo el camino que luego siguieron las curanderas.

Cuando era casi un niño todavía, mis maestros de escuela solían decir que tenía vocación para ser Sacerdote. Y es verdad, pero mi vocación era para ayudar a los demás. Mi problema, sobre todo, fue el escoger. Y todavía me pregunto hoy en día si no habré estado equivocado. De una cosa estoy seguro, apartando todas las demás, mi vocación para el arte dejó fuera todas mis otras inquietudes, inclusive la práctica de la medicina que es una actividad admirable pero para la cual reconozco que nunca estuve preparado. El dolor ajeno me afecta más que el mío propio. Por ello las curanderas, además, me han servido de intermediarias. Ellas siempre están disponibles para ponerse en mi lugar cuando se trata de resolver cualquier situación para la cual no me siento capaz. Buen ejemplo es esta exposición; en ella están actuando a beneficio de las personas con VIH, una terrible pandemia de nuestro tiempo, misteriosa en su origen, que se extiende por el mundo, dejando atrás a todas las enfermedades que han azotado la humanidad.

Estas curanderas que ahora se exponen nacieron en momentos muy difíciles para mí, en una habitación del Hospital de Clínicas Caracas. Me ayudaron mucho al hacerse presentes en la punta de mi lápiz. Sólo tenía que dejarlo correr sobre las páginas de la libreta que siempre me acompaña para que se produjera el milagro. Así surgieron, pequeñitas, pero dispuestas a crecer. Y aquí están.... Incrédulo, las observo.....

Centro Cultural BOD-Corpbanca
Torre Corp Banca, Plaza la Castellana. Caracas , Venezuela.

Fuente: Fadella Lares/Comunicaciones Externas Corp Banca