Lunes, 13 de Febrero de 2012

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La ruina urbana, sus estructuras, sus imágenes y sus deshechos son los argumentos visuales de Anzola

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Carlos Anzola o la «Continuidad de los parques»

Lorena González

Carlos AnzolaTal vez uno de los textos más importantes de la literatura fantástica, sea el relato breve La continuidad de los Parques del escritor Julio Cortázar. En él, un hombre de negocios se sienta a leer un texto en un sillón verde y mientras el escritor nos va revelando la trama de lo que este personaje lee, los objetos y las acciones, los pasadizos y las imágenes nos pierden. Finalmente, en la supuesta historia que el hombre lee asesinarán en pocos minutos a un hombre, uno que es él mismo, el que precisamente está leyendo, sentado en su sillón verde.

De este inquietante juego de transiciones entre ficción y realidad está llena la obra de
Carlos Anzola. Para Cortázar, una pequeña trama de objetos, secuencias, pasiones y palabras, le sirven de trampa para transformar al personaje lector en personaje protagonista, refractando hacia nosotros (quienes somos los lectores terceros de la historia) y hacia el infinito, esa misma posibilidad. En el caso de Anzola, la ruina urbana, sus estructuras, sus imágenes, sus deshechos e incluso el desgaste mismo que sobre ellas ha dejado el paso del tiempo, son los argumentos visuales con los cuales nos atrapa en una cadena de posibilidades infinitas: marcas de vasos sobre mesas, anillos de carpetas, archivos, máquinas de afeitar, tazas de café, hilos, fotografías, restos de construcciones, ventanas, zapatos, chatarras… Cada objeto en la obra de Anzola es reconfigurado, trasladado desde la realidad a la ficción: unidos, engranados y resemantizados, estos objetos convierten al artista-lector del detritus de lo real, en protagonista de su propia ficción. Cuando nos confrontamos con sus piezas también reelaboramos en un primer momento una historia aparente; creemos que esta reconstrucción es parte importante de una historia, «su historia», la de ese artista y sus objetos; sin embargo, una vez que hemos caído en la trampa, comienza el desenlace de los acontecimientos, la particularidad de estos restos se extiende, ya no es él y su historia, ahora somos nosotros mientras leemos las ficciones aparentes de algún otro; y justamente, cuando contemplamos ese crimen ajeno, de pronto somos asesinados por el curso de lo propio, por esos objetos, vivencias y estructuras que una vez dejamos, en algún lugar de la continuidad del tiempo y de los parques.

Carlos Anzola

Desde el 14 de marzo al 26 de abril de 2009

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Fuente: Prensa Galería 39