Colette Delozane
La historia de la cerámica con sello de autor en el país es relativamente reciente. Con la intención de estudiar parcialmente este panorama dentro de la Colección Mercantil, hemos seleccionado 25 artistas y 52 obras que conforman un conjunto representativo de casi medio siglo de la historia de este género dentro de la cultura venezolana y exhiben tendencias que van desde la aparición de propuestas donde se valoriza la fuerza del volumen y su presencia en el espacio, hasta instalaciones contemporáneas que propician la creación de nuevas relaciones y la mezcla de discursos plásticos.
Autonomía y desplazamiento es una muestra organizada con un criterio que, más allá de pretender funcionar como una antología, pretende establecer diversas consideraciones en un diálogo activo que desde la colección arme un discurso con obras de distintas generaciones cuya particularidad es, precisamente, no tener como base discursiva la función utilitaria que ha caracterizado a la cerámica desde sus orígenes y que devino en el concepto que conocemos occidentalmente como artes decorativas. En este sentido, las piezas exhibidas representan justamente un conjunto de propuestas donde los creadores se arriesgan a incluir nuevos referentes para abordar el material cerámico, desarrollando una visión autónoma en la materialización del volumen, y estableciendo, desde esta disciplina, relaciones propias que también nutren los escenarios artísticos de su momento en particular.
De este modo, en el conjunto presentado destacan situaciones plásticas particulares que van desde el manejo e integración de los principios intrínsecos de configuración orgánica que tiene el barro (al hacer recurrente la presencia gestual del cuerpo en su acción sobre el elemento) hasta dinámicas entre el artista y la materia donde se evidencian no sólo formas particulares de vinculación a la naturaleza, sino también abstracciones de estas mismas conexiones que desembocan en la presencia de nuevas revisiones del referente paisajístico. Es así como nos encontramos con obras que se expanden en una relación mucho más íntima y particular con el material cerámico. Todo este proceso de construcción física y simbólica del territorio a partir del barro, se manifiesta en la presencia de valores inherentes a estas obras en las que resalta la franqueza en torno al material, la fuerza del esmalte como elemento para definir el volumen, la depuración de las formas, el reforzamiento del valor gestual de la materia, la presencia recurrente de formas concentradas y la inserción de elementos que no se pueden asociar a una imagen figurativa específica. Todas estas piezas funcionan, en cierto sentido, como engranajes, como volúmenes que se hacen sutilmente vinculantes a una noción de paisaje -en el sentido más amplio del término- donde la fuerza de la materia y su expresividad intentan conformar un espacio propio, a través de presencias gestuales, a un tiempo vigentes y ausentes, que estructuran un escenario de complejas naturalezas humanas y vegetales.
La exhibición de este conjunto cerámico de la Colección Mercantil, pretende en este sentido abrir una línea discursiva donde comencemos a indagar en una historia que esta aún por escribirse. Autonomía y desplazamiento es una exposición que aspira evidenciar situaciones y crear diálogos entre valores, discusiones y posturas que se han hecho recurrentes en la labor de un grupo de artistas durante los últimos 50 años. Situaciones que son comunes también al trabajo de varios creadores contemporáneos donde destacan, como ya hemos apuntado, el manejo de formas fragmentadas, la intención de darle una presencia blanda y hasta maleable al material, la liberación de esmaltes, la presencia de apariencias efímeras y la apropiación de la imagen, así como la libertad de incorporar materiales ajenos al barro para recrear nuevas texturas y colores; valores todos que, a nuestro parecer, configuran una parte relevante de las prácticas actuales de la cerámica en nuestro país.
Son todos estos detalles, justamente, los síntomas de un desprendimiento que nos permitirá en un futuro establecer las coordenadas de esas nuevas relaciones que el movimiento cerámico plantea en la actualidad, con el objetivo de problematizar los síntomas de ese desplazamiento en el trabajo creativo con la arcilla, desde los modos tradicionales del quehacer dentro de las artes del fuego hacia el empleo de diálogos más abiertos y complejos con la contemporaneidad, diálogos donde el virtuosismo del oficio pierde en cierta forma relevancia, en pro de realzar y expandir las capacidades que tiene el arte, más allá de sus significados preestablecidos, de generar nuevas reflexiones, discursos, imágenes, posibilidades e interpretaciones.
Rolando Carmona
El valor de la cerámica en el ámbito de lo contemporáneo
La búsqueda de la autonomía formal y expresiva que caracteriza a la cerámica contemporánea supone una toma de decisiones por parte del artista que constantemente lo conducen a la incorporación o rechazo de atributos y valores propios de la arcilla. Esto podría resultar en una operación aparentemente simple, pero tratándose de un soporte que por sí solo posee un gran potencial simbólico, la labor se ubica más allá de las destrezas técnicas para procesar el barro, y exige del autor una coherencia entre materiales, técnica, formas, manejo del espacio y planteamiento discursivo como tal vez no se encuentre en otras manifestaciones de las artes visuales.

El interés por lograr niveles de expresión artística que superaran los límites funcionales de la cerámica podría detectarse dentro de las formas y procesos tradicionales asociados a ella y de los fines utilitarios, ceremoniales o decorativos que siempre tuvo. El arsenal teórico, técnico y práctico que posee el artista que se vale de la cerámica como medio expresivo, de algún modo lo mantiene en expectativa ante estas acepciones primigenias de la arcilla que se hallan, en menor o mayor grado, presentes en el planteamiento conceptual de su trabajo. En este sentido, las propuestas creadoras establecerán relaciones armónicas o de tensión con el soporte, las cuales se fundan en el punto de vista crítico que sostenga la idea a desarrollar. Bajo esta premisa se podría identificar una hipotética trayectoria por estaciones que orientan la búsqueda hacia la emancipación artística del objeto cerámico. Así tendríamos:
1. La forma funcional
2. La forma funcional con incidencias artísticas
3. La forma artística con referencias a lo funcional
4. La forma artística plena
5. La forma y el concepto
6. La pérdida de la primacía formal del objeto artístico en beneficio de la intervención del espacio.
Las tres primeras estaciones corresponden a creaciones que se mantienen apegadas a procesos tradicionales de la cerámica en cuanto elaboración, diseño y función, incluso cuando se valen de tales procesos para realizar cuestionamientos o replanteamientos semánticos del repertorio de formas conocidas. Aquí se incluyen, por ejemplo, la vasija en su condición utilitaria básica como contenedora; la vasija cuya eficaz integración de diseño y función sublimiza de algún modo sus aplicaciones utilitarias; y aquella otra que valiéndose de técnicas de construcción propias de la vasija rechaza el fin utilitario para inscribirse en el terreno de la pura contemplación.

El resto de las estaciones propone un camino ajeno a la funcionalidad y transita, a veces de manera simultánea, por la escultura en cerámica como valoración autónoma de elementos plásticos; la escultura en cerámica, integrada o no con otros materiales, como vehículo más explícito para conducir ideas y conceptos; y la creación de formas cerámicas que junto con otros elementos se constituyen en hitos modeladores del espacio que ocupan, como podría ser el arte de la instalación.
Las tres últimas estaciones, al excluir por completo la función, dejan en su desnudez los valores y demás atributos simbólicos asociados a la arcilla, lo cual supone para el artista y para el espectador una operación perceptiva de gran estímulo que alcanza cotas importantes como sustento conceptual de la obra. Entre los valores de la cerámica que persisten más allá de la pérdida de la funcionalidad y que se pueden incorporar como parte de las estrategias discursivas del artista, podríamos mencionar, sin ser exhaustivos:
a) lo primigenio
b) lo ancestral
c) lo intemporal/atemporal
d) lo telúrico
e) lo ceremonial
f) lo religioso
g) lo social/comunitario/colectivo
h) lo femenino
i) lo táctil
j) lo orgánico
k)lo ecológico
De tal modo, lo primigenio en la cerámica se vislumbraría en la presencia del barro como elemento mítico de creación, lo cual plantea conexiones con el carácter ancestral de esta práctica. Al mismo tiempo, por esta vía se alcanzan nociones de intemporalidad o atemporalidad aludidas por la arcilla y por el uso de ciertas técnicas de modelado como el sistema de rollos o el torneado que evocan el pasado remoto de la humanidad. Las implicaciones telúricas provienen de las potencialidades cosmogónicas de la tierra y de la manera como el hombre en comunidad se relaciona con ella. Una forma de establecer estas relaciones es a través del ceremonial religioso de muchas culturas, donde la participación del barro cocido como apoyo simbólico resulta fundamental.

Varios aspectos sociales se implican subrepticiamente a partir del uso de la arcilla. Por una parte, y en un sentido antropológico, resalta la cualidad de la cerámica como una práctica realizada por comunidades organizadas que encuentran en ella un signo de cohesión cultural y un modo de manutención económica. Por otra parte, la ejecución de sus productos generalmente a cargo de mujeres hace de la femineidad un atributo sustantivo del mensaje artístico, incluso cuando la obra es llevada a cabo por hombres. En ambos casos persiste el carácter táctil de la cerámica como un arte de las manos que remite al tiempo lento y pausado que marca su realización, y que propone pautas de contemplación que trascienden lo estrictamente visual. En consecuencia, la opción por la arcilla también propone lecturas que facilitan una integración más orgánica del material con otros elementos como la madera o el metal en la elaboración de ensamblajes, pero que también enaltecen en un sentido ecológico la interrelación del artista con el mundo natural y urbano que lo rodea.
Estos valores anteceden casi siempre a la resolución formal de la creación artística, ya se trate de una escultura, un ensamblaje o una instalación. Algunos de ellos realmente logran cierta evidencia en el momento previo y durante la ejecución de la obra y al final quedan como una resonancia que pervive en las esencias de la arcilla. Según estas consideraciones, el cometido formal y conceptual de la cerámica contemporánea no estaría centrado en el simple distanciamiento con respecto al plano funcional, sino a la manera como se insertan, se niegan o modifican estos valores en el resultado final de la obra. No de otro modo podría entenderse la decisión de optar por la arcilla para la creación de un objeto artístico.
El tránsito que en la cerámica se inicia con la pieza utilitaria, pasa por la escultura y llega hasta la inserción de la forma en arcilla dentro del ámbito de una instalación, supone una búsqueda de autonomía formal y semántica que casi siempre se hace eco de los atributos propios del material empleado y de las técnicas con que se vincula. Tales atributos perduran en la obra con diferente intensidad junto con el sello contemporáneo que poseen las realizaciones más actuales. Es posible que en esa persistencia se encuentre la fuerza que determina la vigencia de la arcilla como medio de expresión para interpretar el presente en que vivimos.
Ernesto J. Guevara
Del 22 de enero al 1 de marzo de 2009
Galería Universitaria Braulio Salazar
Parque Universitario Dr. Fabián de Jesús Díaz, Av. Andrés Eloy Blanco, Urb. Prebo, Valencia, Edo. Carabobo, Venezuela
Teléfonos: (241) 821.1214
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