Lunes, 29 de Mayo de 2017

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Mi Espejo, Bolivia revelada: Fotografías de María Fernanda Lairet

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Uyuni: espejismos del cosmos

“La manera moderna de mirar es ver fragmentos”,
Susan Sontag.

"Mi Espejo, Bolivia revelada", muestra la aventura emprendida por María Fernanda Lairet, en la que manifiesta su Yo interno y carácter personal, proyectado de una manera indirecta en sus fotografías tomadas en Bolivia. El alma del autor convertido en acción, en una serie de performances desarrollados en el Salar de Uyuni, lugar donde más se evidencia su encuentro espiritual, fuga de ideas, creatividad, reflejos de su realidad, del aquí y el ahora, centro en el que pareciera emanar toda la energía del planeta Tierra, por ser el ambiente natural el que dobla lo que existe para multiplicarse en un mundo que parece infinito mientras los seres humanos que participan en él son el color, la vida, el movimiento que genera contraste en medio de ese espejo de luz contenido de sales.

Luego de tres años siendo reconocida como la artista visual que digitaliza e interviene el papel moneda, esta vez la artista se interesa por mostrar su mundo paralelo, la fotografía, campo artístico que ha venido estudiando, explorando y practicando profesionalmente desde que comenzó a realizar sus estudios de Diseño Gráfico en el Instituto de Diseño de Caracas. Desde entonces, participó en varios concursos, en los que ganó premios y reconocimientos en varios de ellos. Sin embargo, nunca participó en una exposición de fotografía hasta hace poco, ya que siempre exhibía sus trabajos de pintura o técnica mixta. En los últimos 10 años, se comenzó a interesar cada vez más en el mundo digital, en las maravillosas herramientas con las que se puede contar para transformar cualquier imagen en otra realidad.

Esta será la primera vez que inaugura su exposición individual fotográfica, en la que abarca su trabajo realizado en los maravillosos paisajes bolivianos que deslumbraron los ojos de María Fernanda, paraíso de sal que la motivó a captar imágenes que transmiten las sensaciones de paz, serenidad y equilibrio que ella sintió en ese viaje de aventura. Colores en movimiento, vuelan como serpentinas, o son atrapados por el rojo: son las piezas claves de esta colección, representativas de diversas situaciones humanas y proyecciones hacia al futuro; conforman el eje central, limitados por dos polos opuestos de fotografías panorámicas, que revelan el vacío de la vida del ser humano, el principio y fin de toda acción, de cualquier gesto, o cambio. Aquellos espacios vacíos son el rescate de nuestro espíritu, de nuestra calma y horizonte en la vida: donde lo invisible se vuelve deseable y lo visible intimidante.

Mariela Lairet
Directora de Estudio Arte 8

María Fernanda Lairet
Mi Espejo, Bolivia revelada

Inauguración: 26 de noviembre de 2013

Estudio Arte 8
Av. Orinoco, Edif. ElKano, Piso 2 • Ofic. 5 (0201)
Las Mercedes. Caracas 1060. Venezuela.
Telf. +58 212 991.30.50
www.estudioarte8.com


Uyuni: espejismos del cosmos

Uyuni: espejismos del cosmos

Dr. Eduardo Planchart Licea

No podría ser otro sitio que el salar de Uyuni adonde se dirigiera la artista María Fernanda Lairet en esa búsqueda de sí que la ha llevado a los sitios más recónditos del planeta. Ha visitado dos veces la india y ha vivido sus diferentes rostros en su búsqueda interior. En Uyuni, se vio a sí misma reflejada y sintió el palpitar del cosmos. Horizontes que se hacen tierra, y que se reflejan en el alma. El Salar es el resto de un lago prehistórico de los Andes, formado aproximadamente hace 40.000 años por la desaparición del lago “Manchón” que cubría la mayor parte de lo que hoy se conoce como el Altiplano.

Actualmente tiene una extensión de 10.000 a 12 km², es el mayor “desierto blanco” de sal del mundo, a una altura de 3653 metros. Su profundidad es de 120 metros, tiene aproximadamente 11 capas de varios metros de grosor, está compuesta de capas de salmuera superpuestas y barro lacustre. En el Salar de Uyuni conserva la mayor reserva de sal en el mundo, alcanzado aproximadamente 64.000 millones de toneladas, cantidad que cada año vuelve a nutrirse con el favor de las lluvias. Sal natural y renovable cien por ciento. En la actualidad es valorado por ser uno de los lugares más puros y limpios del planeta. Fue declarado como la Primera Maravilla Natural del Mundo por la revista Rough Redes.

Hay lugares de nuestro planeta donde la bóveda celeste se transfigura para fundirse con la tierra, espacios privilegiados donde el planeta se transforma en espejo del universo, y cada uno de nosotros se convierte en espejo de sí. En un espacio recóndito de Suramérica, en un país cuyo nombre hace homenaje a nuestro Libertador, Bolivia. Negada al mar, tiene uno de los mares más preciosos del planeta entre sus cordilleras, es un cáliz que tienen decenas de miles de años. Su origen mítico se debe a las lágrimas de Tunu-apa, por un infortunio sentimental Pachamama la convirtió en bella montaña, pero sus lágrimas la convirtieron en un lago que se mezcló con la leche blanca que salía de sus senos. Se dice que aún llora cada vez, y que así sigue creciendo el salar maravilloso de Uyuni.

Cada año la sal vuelve a “renovarse” con la llegada de las lluvias entre los meses de enero a marzo, formándose un lago sobre el Salar, las aguas no drenan hacia el exterior, por lo que se evaporan en semanas y vuelven a formarse nuevas capas salinas, pues son el sol y el viento los que prestan la mayor ayuda para la evaporación de las aguas. De ahí esa atmosfera de eterno retorno y renacer que se transpira en el salar. Es un espacio que pareciera otra dimensión paralela a la realidad, donde la vida pudo haberse originado, y el cosmos se ve a sí mismo.

María Fernanda Lairet captó con sus sorpresivas y espirituales composiciones esa magia que se esconde en cada fragmento del salar. Desde las pequeñas cuevas en la superficie, que llevan a decenas de capas de sal y que parecieran ser huecos negros que nos llevan a la otredad. Cada Fotografía es un tributo a Pachamama, la Madre Tierra, lugar sagrado nacido de las lágrimas de una mujer, corazón rasgado del continente. Estamos en un océano o lago primigenio, atrapado en la masa continental, por las salvajes fuerzas telúricas que se desplegaron millones de años atrás. En el presente está adormecido, complaciente a todo aquel que se acerca a él. Los portafolios de María Fernanda Lairet lograron captar esa quietud primigenia donde la vida pareciera estar gestándose. Ese es uno de los conceptos visuales, que la artista atrapa en sus composiciones y refuerza en los performance. Estamos ante pura belleza y soledad, donde el palpitar de cada corazón se hace oír, entre los ecos de esa soledad telúrica.

Capas de lágrimas, sobre lágrimas, dolor sobre dolor de parturienta, renacer sobre renacer. Sobre capas de sal y piel de Pachamama crean un paisaje primigenio, que la creadora logro atrapar en huella de luz. Fotografías plenas, directas, sentida, abiertas que buscan el infinito, el horizonte del planeta y su pulso. Cada una de ellas nos conmueve por su misterio rotundo, recuerdan las metáforas de escritores que lograran atrapar el alma del continente como Juan Rulfo. Pero se está en otra realidad, y entre dimensiones paralelas, pero no son lúgubres, fantasmales como la de Rulfo, sino están plenas de vida, de germinación, de nacimiento, y renacimientos. Se enfrenta el espectador ante el nacer del cosmos, metáfora visual del ser de Gea

Es un océano, de poca profundidad como en los que brotaron las primeras huellas de vida, árido, frio, sublime y eterno. Como se percibe en cada una de esta fotografías, que se convierten en diálogo con nuestra interioridad. Es este uno de los rostros de mayor fuerza estética de la Madre Tierra. Paisajes primigenios más sublimes que cualquier creación humana. La artista logró el milagro visual de transmitirnos estos destellos de belleza, en su acercamiento a Uyuni con cada una de sus fotografías, que nos muestran fragmentos de este mágico y sacro espacio.

No se conformó con atrapar la esencia del salar, radiante, sus amaneceres, atardeceres, horizontes que se convierten en latencia cósmica, donde el cielo y la tierra se funden, y nos habla al alma susurrándonos: aquí se palpa la energía primigenia del universo; en cada uno de sus ciclos diurnos y nocturnos. No se conformó la creadora con estas situaciones primigenias, sino que las reflejó y las intervino con situaciones que se hacen eco del alma del salar. Así nacen los performance realizados como fragmentos, mosaicos más allá de cualquier espacio y tiempo que nos enfrenta al origen del existir, a preguntas como: ¿de dónde venimos?, ¿y por qué?, ¿Cuál es nuestro destino? Las sacerdotisas de este re-nacer se visten de colores contrastantes como expresión de las fuerzas de la vida y de la sangre que palpita en nuestros cuerpo, dan a luz simbólicamente en este útero cósmico. Por esto la presencia del rojo, como río de vida y alegría ante un espacio y tiempo, que María Fernanda Lairet logro atrapar con su sensibilidad y transmitírnosla a través de estas imágenes plenas de realismo mágico.

Son composiciones filosóficas que nos hablan al yo interno, nos enfrentan a la soledad de la humanidad en un vasto universo que desconocemos, y en el cual nos proyectamos dándole nombres arbitrarios a su vastedad para crear la ilusión de que conocemos lo incognoscible del universo: Venus, la Vía Latea, huecos negros, pulsares. Es la ficción del poder de la palabra como apropiación de la realidad, que se ve minimizada ante el poder de la imagen fotográfica…Aquí frente a nosotros en estas fotos la artista nos devela un espejo del universo y de cada uno de nosotros en el corazón de Sur América