La muestra podrá visitarse del 9 de octubre al 6 de noviembre en el Parque Cultural Hacienda la Trinidad

El Gabinete de Arte Ruan Vegas se complace en presentar la exposición Desde Afuera hacia Dentro: Búsqueda de la belleza en dos disciplinas del arte, la pintura y la fotografía. Estas propuestas construyen las dos muestras individuales que se exhibirán desde el 9 de octubre en la Trinidad. Pequeñas paredes, es una apuesta plástica en la que Kanako parte desde Dentro en busca de presencias físicas y texturas que despierten sensaciones afuera, a través de dibujos hechos con papel de arroz. Alegorías, es una búsqueda aesthética en la que María Ángeles se sitúa desde Afuera, la calle, creando metáforas plásticas de la realidad que en la fotografía muestran un mundo introspectivo del interior.
Kanako Noda nació en 1980 en Japón y comenzó a pintar mientras estudiaba antropología en la Universidad de Osaka. En vez de trabajar como antropóloga, lo correcto en una sociedad tan conservadora como Japón, viaja, rompiendo paradigmas, a Italia para estudiar bellas artes. En Boloña aprende, directamente de los herederos del movimiento Arte Povera, a enfatizar en la búsqueda de la voz propia como artista y a pensar en el contexto del arte.
Pequeñas paredes de Kanako es una serie de paneles de madera con un tratamiento en yeso que los convierte en soportes o pequeños muros sobre los cuales la artista dibuja con papeles de arroz. Kanako crea su obra según trazados que realiza minuciosamente usando cintas adhesivas de manera lúdica para crear composiciones, primero a pequeña escala, para luego pasarlas al formato definitivo. "He desarrollado mi técnica haciendo cientos de pruebas en mi estudio…partiendo de la cinta adhesiva que es un material industrial totalmente plano y de color uniforme, quise darle a mis tiras de papel un sentido orgánico, aplicándoles pigmentos de tal manera que dejen aparecer hasta las mismas fibras del papel. Mi búsqueda era darle vida y durabilidad en el tiempo, a este material.”
Kanako menciona, agradecida, a sus dos mentores: Los dos Davids como los llama ella. El primero es un pintor italiano: Davide Benait, el segundo David Tremlett, artista británico, a quien ella asistió en la realización de varias de sus obras.
"No creo que el trabajo del artista sea la expresión propia. Lo que los grandes artistas hacen no es hablar sino escuchar, escuchar el espacio y los materiales. El artista es un ejecutante.”
Su búsqueda artística utiliza la pintura como punto de partida, su preocupación es siempre ir más allá de los formatos de la pintura tradicional, más allá de la imagen bidimensional enmarcada. "Lo que quiero mostrar no es la imagen, pero sí la cosa en sí misma." Para ella, la pintura no se trata de una imagen que se puede consumir de forma digital. "Hoy en día, la pintura debe tener una presencia y un poder físico. Así que la textura, la sensación del material de la obra es cada vez más importante." Éste es el efecto que ella busca: la emoción en presencia del objeto. "Por esta razón rechazo la idea de aceptar el panel como borde del límite. El lugar donde el dibujo debe detenerse. Quisiera que todos comprendieran que el trabajo es el objeto y no su imagen."
Para Kanako el papel es siempre algo más que una base sobre la cual dibujar o escribir. "En Japón la gente hace con papel ventanas, puertas corredizas, pantallas plegables y muchas otras cosas para uso cotidiano, hacen hasta zapatillas." En su obra las tiras de papel son los dibujos, no el soporte para el dibujo, en realidad el soporte es el yeso. "Quise reinventar el papel para subvertir las expectativas de lo que el papel puede hacer y convertirlo de medio en mensaje, pasarlo del fondo a un primer plano."
Silencio es la palabra con la que la gente describe una y otra vez el trabajo de Kanako Noda. “Siempre regreso a mi el silencio. Me gusta el silencio, es gratificante. No creo en la autoexpresión, en esa interpretación indulgente del arte como forma de gratificar el ego, exhibiéndolo”.
El trabajo de Kánako es un puente sensible entre lo interno y lo externo, lo familiar y lo extraño, el Este y el Oeste.

María Ángeles Octavio nació en Caracas, Venezuela. Ha sido una apasionada de la fotografía desde siempre, pero hasta hace pocos años concientizó su propuesta plástica y comenzó a ir en su busca. Estudió comunicación social y realizó estudios de fotografía analógica durante sus años universitarios. Recientemente asistió a ICP, Centro Internacional de la Fotografía en Manhattan donde recibió varios cursos de reconocidas personalidades del mundo de la fotografía. Esta exposición se compone de la serie Alegorías, impresiones en archival en papel de algodón.
Octavio comenzó a retratar charcos luego de haber estudiado la obra de Walter Benjamin en el postgrado de Literatura Comparada en la UCV. Esta idea del paseante que se pierde en las ciudades sin rumbo buscando elementos que lo seduzcan, la secuestró y por casi 6 años se ha dedicado a capturar imágenes en busca de la belleza en espacios a los que nadie le pone atención. El Paseante sale al encuentro de aquello que sólo cuando se encuentra se sabe que se estaba buscando. Comenta Octavio, parafraseando a Benjamin.
"Yo no busco, encuentro" afirmaba Picaso. Un poco así funcionan las fotos de Octavio. Ella camina por las ciudades a la captura de instantes, de un presente que de pronto nos muestra su cara. Para esta tarea ella privilegia su atención flotante y con la cámara al cuello vadea por las ciudades, cruzando los dedos para que llueva o estén limpiando las calles a su paso.
Octavio reflexiona sobre la condición de espejo del ser humano, éste refleja la realidad y a si mismo. Todos los sentidos actúan como espejos que reflejan el mundo. Afirma que toda foto es una abstracción, no importa cuan realista sea la imagen que se ve. La fotografía es siempre una ficción porque copia la realidad con la subjetividad de quien la toma. “La fotografía no sólo suministra información, provoca emociones. Esa es su función cuando pretende ser arte, evocar sensaciones”.
“Amo cuando llueve en una ciudad. Mi ansiedad crece y se desborda a través de mis ojos. Salivo de pensar lo que me mostrarán sus calles cuando escampe”.
No recuerda cuando fue la primera vez que se fijó en un reflejo en un charco. Asume que a parte de la influencia de las teorías y vida de Benjamin, algo, tal vez la gravedad de nuestros tiempos, la monotonías de la globalización o simplemente el azar hicieron que sus ojos cayeran al piso y se tropezaran con imágenes que no pensó vería. “La dialéctica que se conjuga en un espacio de agua empozada es rica e inexplicable. Cambia por segundos, depende del viento, de los paseantes, de los carros, de la estación del año, de los edificios que lo circundan”.
Menciona a Kierkergard y su teoría de la repetición, a partir de la cual se percató de que los reflejos son irrepetibles en lo material. Son únicos. Nunca se puede tomar un reflejo exacto al anterior. Porque como decía Heráclito sobre los hombres, los reflejos y el agua, cambian por segundos. Nunca son el mismo pasado un instante. Mutan, se crecen o disminuyen o se fusionan con otro para hacer uno nuevo. La repetición ocurre en el acto de buscar repetir la experiencia, de captar un reflejo, más que su recuerdo. “Aceptando que los recuerdos son tristes y llenos de melancolía prefiero ver mis reflejos como repeticiones emocionales de un acto y no como repeticiones de imágenes”.
En los charcos ocurre un diálogo entre el defecto de la calle, la acera, la alcantarilla, el piso que al estar en ese estado recoge agua y se convierte en una superficie azogada; entre los restos humanos o naturales que descansan en estos espacios: sean hojas, flores, espuma, aceite, gasolina, tinturas, basura, desechos.
“Me sorprenden los trazos, me arroba la forma cómo se muestran. No tienen pretensiones, no se exhiben, sólo se muestran a quien los busca, a quien se agacha para encontrarlos en medio del asfalto o de un terreno con baches, a quien los ha visto una vez y obsesivamente los colecciona”.
Rafael Castillo Zapata dice que estas imágenes son ricamente ambiguas, líquidas, vibrantes, reverberantes. “A través de mis fotos los edificios dejan de ser edificios para ser trazos de edificios, contrastes arquitectónicos, ensoñaciones elevadas hacia el fondo en donde se esconden estos significantes”.
Son metáforas de la realidad, alegorías, pues la convierten en algo otro diferente a su naturaleza, sin abandonar la esencia de la misma. Al tomar estas fotos la artista toma los significantes y los re significa al ahogarlos en el agua. Bajo el agua nunca nada es igual, algunas cosas se ven más grandes, pero los reflejos parecen sueños de lo que vemos en la superficie, composiciones oníricas llenas de colores y brillos.
Glosando a Walter Benjamine, los reflejos son como discursos interrumpidos, relatos cortos, iluminaciones, pequeños artículos, guiones de radio, memorias escindidas, fragmentos experimentales, enciclopedia cubista o bazar inagotable, son un insólito collage de materiales heterogéneos que flotan o subyacen debajo del agua. Son imágenes perdidas en agua, ahogadas en charcos, pisadas por las ciudades. Los reflejos que capto con mi cámara son dialécticas metafóricas de ciudades que no son, de espacios urbanos perdidos.
Kanako Noda, Pequeñas paredes
María Ángeles Octavio, Alegorías
Desde Afuera Hacia Adentro
Del 9 de octubre al 6 de noviembre de 2011
Gabinete de Arte Ruan Vegas
Secadero #5, Hacienda La Trinidad Parque Cultural
Urbanización Sorocaima, Calle Rafael Rangel Sur
Caracas, Venezuela
Prensa: María Ángeles Octavio




