Martes, 17 de Octubre de 2017

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Coming home: Julio Larraz expone en Ascaso Gallery – Miami

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Es la primera exposición de la obra del artista en Miami, desde hace 25 años

Pinturas de Julio Larraz

En la muestra se presentarán varias pinturas recientes de Óleo sobre lienzo tales como “Desplante,” “Coming Home” y “Sunday on the Narragansett,” así como varias obras en pastel y acuarela. Con ocasión de la muestra, Antonio Ascaso comenta: “Al convertirse Miami en capital de las artes a nivel mundial, era hora de rendir homenaje a uno de sus grandes artistas. Sentimos la fuerte convicción de hacerlo pues es el momento oportuno en la carrera de Larraz y por los importantes pasos que se han dado en favor del desarrollo de las artes en la ciudad”

La amplia gama temática de Larraz se ve usualmente representada en metáforas que con gran sutileza invitan al espectador a entrar en su mundo pictorico . Su obra se caracteriza por tener un toque magistral, un manejo genial de la luz y por sus colores vibrantes. Sus Pinturas nos permiten dar un vistazo al mundo del artista y ofrecen partes de su historia. Cuando se le entrevistó para el documental fílmico “The Mind´s Eye” (El ojo de la mente), Larraz dijo: “Las imágenes me vienen a la cabeza como un sueño y hago mi mejor esfuerzo por estudiarlas antes de que desaparezcan. Es como cuando le cuentas a alguien sobre un sueño que tuviste, se esfuma antes de que puedas terminar la frase”.

Larraz nació en La Habana, Cuba en 1944. Creció en un hogar culto e intelectual. Sus padres manejaban La Discusión, uno de los periódicos de vieja data de La Habana. Su padre reunió material con el que creó una de las más vastas bibliotecas privadas del país, compuesta de varios cientos de miles de volúmenes sobre pintura, historia, filosofía y literatura. Cuando la familia migró a Miami en 1961, la invaluable colección bibliográfica se quedó atrás.

Larraz ha vivido en Nueva York, Nuevo México, París, Florencia y Miami. Sigue trabajando con escultura en Pietra Santa y conserva uno de sus talleres, en Colombia. Actualmente vive y trabaja principalmente en Miami.

Las más recientes exposiciones de Larraz incluyen Julio Larraz: Treinta años de trabajo: obra sobre papel, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, Colombia, la cual viajó al Museo de Arte Moderno en Ciudad de México; Museo de Arte de Zapopan en Guadalajara, México; Museo de Arte Costarricense, en San José de Costa Rica en 2004; Julio Larraz, Le Bellevue, Biarritz, Francia, 2008; y Julio Larraz, The Victorian Museum, Roma, Contini Gallery, Italia, 2012.

Julio Larraz
Coming home

Del 30 de noviembre de 2013 al 27 de febrero de 2014
Catálogo a color disponible bajo pedido.

Ascaso Gallery
2441 NW 2nd Ave. Miami, Fl 33127
305.571.9410 / 305.571.9411
www.ascasogallery.com

Prensa Ascaso Gallery


Julio Larraz, universos paralelos
Bélgica Rodríguez

Pinturas de Julio Larraz

«Pretendo crear otra realidad donde los sueños sean fundamento de un universo paralelo. No albergo una segunda intención. Me gusta pensar que los seres representados tienen vida propia», esta declaración de Julio Larraz citada con frecuencia, es fiel reflejo del sentido más amplio de una pintura llena de claves, de secretas conexiones, de sombras dulces, que culmina como acto creador en los resplandores de relucientes discos dorados, de mares y nubes azules. Larraz se comporta como pensador, como filósofo visual de lo real, siendo su verdadero realismo un modo de patentizar sobre la tela una experiencia propia que oscila entre lo vivido y lo imaginado. De fuertes tensiones emocionales, en el silencio de las atmósferas que envuelven paisajes, marinas y personajes que, aunque extraídos de la vida real no la significan, resuelve sus obsesiones temáticas en imágenes congeladas en el tiempo y el espacio. Un rayo metafísico toca y alumbra estas obsesiones de fuegos ocultos, inmanencias de los misterios que encierra una casa, un tren, un barco, un rostro, un cuerpo. Metafísica que oblitera la plenitud de un mundo objetivo, articulado de acuerdo a una realidad real transformada en apariencias pictóricas.

La pintura de Julio Larraz es un monólogo. Alguien, o algo, conversa en silencio consigo mismo a tiempo para retirarse a las moradas donde el misterio y el enigma residen. Enigma pictórico resuelto en imágenes detenidas en la memoria, en comunión con la vida y la naturaleza. Esa vida y naturaleza, adorada a partir de la pasión por indagar en metáforas poético-visuales. Cuando el artista nos habla de que hay algo de narrativo en su pintura, ciertamente se acerca a altos decibeles literarios. Cada pintura es visión que deslumbra, no propiamente por su realismo, pero sí por estar tan cerca de la cotidianidad del Ser, de ese hombre o mujer que transita varias estancias existenciales donde el poder, el amor, el dinero, la naturaleza, lo natural o urbano, tienen acentos gnómicos. Igual a los poetas que con pocas palabras sentencian, ofrecen, componen frases de contenido moral, Larraz, amurallando lo visible, con pocas imágenes, muchas veces truncadas o recortadas, ofrece una visión completa de temas que tocan de cerca al espectador. En Coming Home (2013), un yate aparece de frente al espectador, entrando por un túnel situado en el centro de una gran montaña maciza, algo de incongruencia se visibiliza en la relación nave y montaña, mientras que en Cosette Aboard La Temebunda (2012), medio cuerpo de mujer está de pié en la punta de un yate, que al estar ambos recortados, es necesario reconstruirlos con la imaginación.

Sin desdeñar los valores pictóricos convencionales, Larraz inventa los suyos y propone la transcripción propia de una realidad real a una realidad plástica. Rechaza el espacio euclidiano y el azar, mientras que aborda la respuesta visual, partiendo del hecho creacional como práctica artística fríamente calculada. A partir de metáforas que extrae de un universo absurdo en sus variadas referencias, donde el poder de la imagen se privilegia en sentido connotado con aquella de gente bella pero no noble (trajes elegantes, lentes oscuros, abrigos de pieles), de paisajes sublimes, de mares inconquistables, de misteriosos bosques, que sin ser estéticamente neutras, sin vulgaridad, estas metáforas plásticas traen a consideración un significado particular de la noción de belleza. Morfológicamente la pintura de Julio Larraz implica lo más esencial de la frontalidad y planitud a partir de dos puntos de vista sin perspectiva euclidiana, aunque sí aérea. Un punto plantea la visión absolutamente frontal en las pinturas de figuras y objetos, For Amelia (2013), y otro la visión omnisciente, especialmente en los paisajes, que parecen vistas aéreas del objeto temático, Wrong Turn (2012) o City of New Orleans (2011). Al presentar la «escena», bien en la superficie de la tela, o desde lo cenital (omnisciente, aéreo), una extraña perspectiva, poco encontrada en la pintura contemporánea, rompe el orden de los códigos formales convencionales caracterizados por planos ajustados a la presencia de uno o varios puntos de fuga, de manera que una geometría intrínseca a la obra misma, ordena las formas, casi siempre agigantadas en el primer plano. Sin modulaciones, la dialéctica tridimensional entre las imágenes tratadas de modo naturalista, «congeladas» en el espacio, casi a la manera de la naturaleza muerta, corresponde a una estricta organización de los planos figurativos referenciales a su significado temático.

Desde el punto de vista formalista, línea y color construye la figura-forma. Una amplia escala ocupa la casi totalidad de la tela. Generalmente de grandes proporciones, la dimensión de la pintura está íntimamente relacionada con la escala del espectador, e irrumpe en su visión de acuerdo a la experiencia e interpretación espacial de la que sea capaz su sensibilidad. Además, las dimensiones han sido deliberadamente calculada de acuerdo al tema seleccionado y a los elementos para interpretarla. Hay algo surrealista en la ruptura de la escala de los objetos o personajes, en los elementos insólitos que introduce, en la ambigüedad del espacio pictórico, Tu sonrisa no me olvida (2012), pero nada es dejado al azar objetivo. No existe aquí presencia del subconsciente, ni presencia de sueños, se trata de la realidad transformada en apariencia, de la realidad contemporánea atrapada en sus fragmentos. La expresividad intrínseca del color es importante en la pintura de Larraz; su paleta es infinita y en algunos casos con valores simbólicos más que visuales. Resulta importante la luminosidad adquirida por el tratamiento de la luz que mucha de la crítica ha definido como luz del trópico. Pero no, la suya es luz universal, una luz de buena factura plástica que, sobre la tela, define la forma como sólida y real. Formas con las que el artista, al relacionar una con otra, construye un todo coherentemente expresivo de situaciones reales, a veces exagerando las proporciones y los detalles de los personajes tipificados por sus atuendos, sus expresiones, siempre pertenecientes a zonas de poder político y económico.

Los temas que llaman la atención a Julio Larraz son variados. Si bien uno de ellos pareciera ser crítico de una sociedad de consumo, mujeres con pieles bajando de una avioneta, otras con bikinis disfrutando sobre un yate, hombres fumando habanos, etc., que plantea una incontestable crítica a la sociedad contemporánea, consumista y frívola, no este su caso. La suya, es postura disciplinada de un hecho pictórico con temas definidos y sensualidad latente. Y he aquí, precisamente, donde funciona lo imaginario y la realidad en relación a una pintura ligada a nuestro siglo veinte y extrapolada al veintiuno, en especial a los años sesenta cuando el «voyeurismo» fue parte importante de la creación plástica (David Hockney, Francis Bacon). Larraz mira por una ventana y trastoca las imágenes convirtiéndolas en fragmentos de la realidad observada, o recordada, la detalla y, que sin ser hiperrealista, representa con abundantes descripciones. Es la repuesta fenomenológica a un hecho representacional de carácter plástico-pictórico.

Al analizarla, la obra de Larraz, en su estructura compositiva, podría considerarse un compendio de propuestas propias de las vanguardias históricas del siglo veinte. Responde así, con vehemencia, a lo que se ha conocido como la crisis de los valores figurativos de mediados de ese siglo, asumiendo ciertos rasgos surrealistas cuando hace aparecer, «inesperadamente», formas al parecer discordantes con las actuantes principales; cuando fragmenta cuerpos, objetos, mostrando solo una de sus partes, cuando la proa de una lancha o yate, perfora la superficie de la tela saliendo desde la izquierda o derecha, cuando un avión está prácticamente visto desde solo uno de sus ángulos. En fin, es todo un proceso de alienación hacia un estereotipo «cliche» publicitario, un fenómeno antitema perfectamente ubicado en la pantalla del soporte tela o papel. Larraz como el norteamericano Rauschenberg trabaja en la brecha que existe entre el arte y la vida. Es precisamente esta brecha la que este artista cubano-norteamericano, en un acto de desa - cralización de la pintura y sus temas, pero con respeto absoluto por la disciplina, actúa integrando provocaciones deliberadas, distorsiones de una «Villa Anatolia» y sus enigmas, de paisajes sublimes y solitarios en el medio de un todo que es la nada, The Grounds of Villa Anatolia (2012), o The Island of Falconera (2013).

Se ha anotado que los temas de Larraz no son críticas (o denuncias) a una alta clase social, económica, política e incluso artística. Aunque parecen tomados de las notas sociales de los periódicos, gente bella, sofisticada, es obvio que lo asume como sujeto absoluto susceptiblemente pictórico-plástico, que aún cuando «retrate» una realidad, es la visión personal del artista. Estas figuras, parecen «objetos» más bien decorativos, están privados de su condición real. En ellos se opera la metamorfosis de su propio sentido urbano, en consecuencia no es posible clasificar esta pintura como crítica a un determinado segmento social, podría más bien considerarse sátiras de una realidad contemporánea. Sátiras cargadas de humor negro, en las que, paradójicamente, se perciben ciertos grados de ternura, de alegría, de belleza, de lirismo. Son obsesiones del carácter sistemático del artista, que se reflejan en connotaciones con sistemas de significaciones referidos a la dialéctica entre lo real y lo no real. No son precisamente lo que no existe, puesto que son parte del imaginario de todo espectador. Aquí, Larraz trabaja sumergido en la brecha entre lo imaginario (la pintura) y la realidad (la vida) de la que habla Rauschenberg; su peculiaridad es que la «escena» nunca está completa, es el rompecabezas que debe ser completado como auténtico mensaje que ofrece el artista en rigurosa disciplina pictórica, ni anecdótica ni crítica, es solo arte. Son escenarios reducidos a una condición fenomenológica, que de ser aceptadas por el espectador, como de hecho lo son, pasan a ser “realidades”. Para Larraz, pintura y tema es binomio indisoluble.

En su trabajo de arte, Larraz rompe con el axioma de que la belleza depende de la nobleza del tema. Fieramente figurativo, son muchas las temáticas que aborda, marinas, paisajes, bodegones, escenas urbanas y no urbanas, con o sin personajes, es su libertad.

Como artista comprometido solo con su obra, asume la crisis de los valores figurativos, propios de la mitad del siglo pasado, en función de ser más que figurativo, es super figurativo a su manera, sin críticas ni anécdotas, ni ambigüedades, su pintura es su versión personal de una realidad que le llega al alma, al espíritu de artista. En ella genera una «situación » plástica paradójica, conducente a que lo real de sus temas se haga irrealidad para el espectador, aunque le sea perfectamente reconocible lo que percibe en la escena que tiene frente a si mismo. En este sentido juega un papel determinante las grandes dimensiones de las pinturas larrazianas. El tema paisaje plantea otra realidad. Generalmente con una perspectiva omnisciente, cenital de orden metafísico, como ya se ha apuntado, y con la libertad creativa que lo caracteriza, el libre albedrío de Larraz inventa un mundo imaginario a partir de lo que conoce, lo revierte en imágenes reconocibles cuyas atmósferas revelan un vocabulario pictórico de una poética exquisita poco corriente, Mediterranean Forest (2011).

Alrededor de la pintura de Larraz se ha especulado sobre lo imaginario y la realidad. Larraz no se limita a un esteticismo vacío. Todo lo contrario. Observa el entorno. Reflexiona sobre las posibilidades del uso de la imagen fotográfica, del cartel publicitario y de la caricatura (recordemos que en sus inicios trabajó la caricatura con mucho éxito). Pero lo suyo es la gloriosa disciplina pintura-pintura, con un rechazo a valores formales académico. La libertad del artista es inspiradora y he ahí uno de los aportes más sobresalientes de su trabajo creador que contempla la exaltación de la pintura como una filosofía visual, como política, ideología o religión, a su práctica y devoción dedica muchas horas de trabajo.

En el presente, cuando el arte se orienta hacia avanzadas tecnologías, Larraz asume la pintura como extraordinario programa estético en su validez y permanencia en el tiempo. En la obra de la exposición que nos ocupa, encontramos la excelencia que caracteriza el trabajo de Julio Larraz, universalmente reconocido como obra de arte. Cada una de sus series temáticas es paradigma de toda su obra. Muy a propósito de esta obra, para finalizar recordemos a Pierre Francastel cuando plantea que «la única realidad del arte son las obras, nunca los modelos ni las fuentes de inspiración».