Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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‘Desconocidos’, la Segunda Novela de Monica Montañés

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Por: R.J.Lovera De-Sola

“Amar es una tarea ansiosa, agobiante.
Amar es un estrés…querer a alguien,
simpatizar, animar un sentimiento,
resulta toda una fatiga”.
José Ignacio Cabrujas:
“Estimado Padrón Panza”,
El Nacional, Caracas: Octubre 21,1995

El nombre de Mónica Montañés(1966) está ligado desde el mismo inicio de su carrera literaria al teatro y a la escritura de series dramáticas para la televisión. Ella es la autora de la pieza El aplauso va por dentro(Caracas: Editorial Blanca Pantín,1997.91 p.), la obra más representada de toda la historia del teatro venezolano, puesta más de tres mil veces en el proscenio. El aplauso va por dentro fue estrenada en Caracas el 7 de Junio de 1996. Siempre ha sido protagonizado, en nuestro país y en el exterior, por nuestra magnífica Mimi Lazo. Después vino en Mónica Montanés, sin dejar el cultivo de la escritura dramática, la escritora de narrativa con la acogida, sin duda singular, de su libro de cuentos Veintitantos amores y pico(Bogotá: Ediciones B,2004. 239 p.), con cuatro ediciones sucesivas(2004,2005,2007,2009), lo cual es todo un logro para el libro de la iniciación literaria de un escritor, máxime si es venezolano. En ese tomo “El marido de Cardona” es una nouvelle. Después han venido sus novelas: primero Perlas Falsas(Bogotá: Ediciones B, 2005. 272 p.), ahora nos encontramos ante su segunda novela: Desconocidos.(Caracas: Ediciones B, 2009.276 p.). Hay que advertir siempre que desde su aparición pública esta autora eligió como su tema todo lo relativo a las parejas, a sus encuentros y desencuentros, al amor, todo siempre mirado desde los ojos femeninos. Este ángulo constituye su especial contribución a nuestra ficción.

Vayamos primero al hecho de escribir este libro. Surgió, desde luego, de la necesidad de contar una historia. Por ello leemos: “Cuando una historia decide ser contada no hay Dios que la detenga. Es como si tuvieran vida propia y, hartas de permanecer ocultas, tergiversadas, hundidas en el pantano de las medias verdades, se valen de cualquier medio, con una habilidad asombrosa, para llegar a los oídos de quienes las tienen que escuchar. No hay escapatoria”(p.155).

A partir de allí estamos ante una novela muy bien vertebrada, en la cual su autora utiliza el humor, pero el propio de la novela contemporánea, aquel que hace sonreír. Además lo que vemos sucederse se nos pega por el buen uso del lenguaje coloquial, el de todos los días, por la utilización de refranes, por el perfil de lo cotidiano, por su finísima ironía, por la atmósfera sexual caraqueña con que está impregnada, por la forma detallista con la que narra las reacciones de los personajes(p.176), por momentos delicioso como el que sucede en un supuesto bar de Lituania(p.207), la excelente descripción del final de una relación que hallamos(p.251-252). Y porque además el libro tiene capítulos destacables como el 16, el 20, sobre todo por la descripción de Caracas que hace Guto en sus tres primeras páginas(p.143-145), tan impregnadas de esa sensualidad tan caraqueña, igual subrayaríamos los capítulos 28 y el 29, donde el drama penetra en el desarrollo de la acción, lo cual hace de esta novela equilibrada en la cual vemos pasar del humor al dolor, y de la experiencia lacerante a ver salir el sol otra vez, como cuando leemos: “Debajo de todo piso que se derrumba hay otro. Siempre hay otro. El vacío nunca es eterno”(p.251).

Vayamos a su asunto central, el cual nos ha apasionado como lector por sentir retratados a los caraqueños de hoy en esta historia como en un espejo, que es logro de toda literatura veraz. Y si bien el tema de las parejas es asunto de las últimas décadas quien mejor, más hondamente, lo ha tratado, lo ha puesto a la consideración de todos, con maestría y rasgos de genialidad, ha sido el cineasta norteamericano Woody Allen(1935) sobre todo en sus películas Annie Hall(1977), Interiores(1978) Manhattan(1979), Ana y sus hermanas(1986), La otra mujer(1988) y Maridos y esposas(1992) especialmente, aunque el asunto ha vuelto aparecer, con la mirada puesta en otra generación más joven que la suya, en un cierto tono menor, en Vicky Cristina Barcelona(2008). Hay que subrayar que el asunto siempre aparecen en los films de este artista de excepción.

¿Quiénes se interrogan sobre estos tópicos? En verdad en general las mujeres y algunos hombres, esos llamados “sensibles”(Anais Nin) o “hombres afectivos”(Shere Hite) o en general aquellos que el poeta mexicano Jaime Sabines(1926-1999) llama “los amorosos”(Antología poética. Santiago: Fondo de Cultura Económica,1994,p.46-47), aquellos para los cuales el amor, la pareja, es esencial en el vivir. Y es objeto, tras las experiencias, de asunto a reflexionar sin cesar.

Un nuevo jalón de esta exploración lo es esta novela de Mónica Montañés. Desconocidos es una ficción escrita bajo un epígrafe tomado del libro de Graham Greene(1904-1991): ¿Puede prestarnos a su marido?(1967).

Es por ello que la protagonista reflexiona así sobre la esencia del libro: “Lo vine a leer ahora y me quedé pegada en un párrafo del cuento “¿Nos prestas a tu marido?...tiene un párrafo que me impactó. Lo leí varias veces, lo subrayé incluso, yo que jamás subrayo nada. Greene habla ahí sobre el deseo, dice que después del deseo sexual, del deseo de ser amada, lo que queda y conmueve es el deseo de compañía….¿Será que se puede esperar compañía de un marido? Honestamente no lo sé. Yo esperaba compañía de mis hijos, de mis amigas, pero del hombre con el que hago el amor con cierta frecuencia, con el que me voy de vacaciones…con el cual tengo dos hijos, una casa, unas deudas, unos pleitos, algunos momentos bonitos, tiernos, no se si puedo esperarlo. No sé si alguien a quien pueda contar tus miedos, tus sueños, puede estar casado con uno. Una persona que hace algún tiempo conociste y te pareció atractiva, de la cual te enamoraste al punto de decidir casarte y que aún vive y duerme contigo, no necesariamente se convierte en un compañero. Ni siquiera sé si yo soy una compañera para Guto. Sinceramente no lo sé. Yo, que vivo hablando horrores de él, que me refiero a él como ‘el tarado de Guto’, que me burlo de él hasta el cansancio, no sé si puedo considerarme su amiga. Amiga soy de La Nena”(p.168). Tal la interrogante inicial.

Como el título nos lo indica muchos de los personajes de esta novela son desconocidos, en su sentido más hondo, para otros de los que los tratan, los conocen o los aman.

Y ello tanto Paco o la Nena. De Paco, su papá, dice la Nena: ”Era como tener que admitir que no sé todo sobre mi papá, sobre ese papá que a ella le da tantos celos”(p.59), sobre él se pregunta, casi a todo lo largo de esta narración, si había vivido vidas paralelas entre su mamá y Blanca; la Nena, segura de si misma, menos del vivir de su papá que es figura esencial para ella, ”Yo soy la Nena Serena, la famosa conductora de un programa de televisión diario sobre temas relacionados con la mujer, la desparpajada que habla horrores en cámara sobre los hombres”(p.64); Guto, Augusto, el médico marido de Margarita,”El tarado de Guto” como lo llama su esposa, quien un día se queda desconcertado ante lo que ella le plantea:”Mi mujer no sabe si quiere seguir casada conmigo, mi mujer no sabe si me ama. Discúlpame, por favor, pero quiero estar solo”(p.224); Blanca, la compañera de su papá por largas décadas, mucho menor que él, ”mi papá había comenzado a soportarse a veces con ella siendo ella una muchachita de de veintitantos”(p.122); Nanda la enamorada de Guto con su visión que ella es la buena, la que lo ama, y la mala es la esposa(p.149,150,151,153,184), llega a pensar: ”Yo seré la otra, pero ella es la mala del cuento”(p.76), aunque ante lo que ve desarrollarse llega a preguntarse: “¿No será que ella vivió y sigue viviendo una historia amor que cuidado y hasta preciosa es?”(p.186).

Hay una serie de puntos a tener en cuenta cuando se lee esta insinuante obra: ¿desconocidos: por lo que son en su intimidad personal, en lo más secreto de sí mismos?. O desconocidos como leemos: “Uno jura que conoce a la gente, a la gente que más quieres, y de pronto, sin querer, descubres que te esconden cosas”(p.44).

Y los hombres, ¿son elementales todos?, como se oye decir siempre en nuestras telenovelas, o aquello que dijo la propia Mónica Montañés, con su sabroso humor, en su telenovela Voltea para que te enamores: “Hombre no es gente”. ¿Es así tan simple? ¿Se puede olvidar la complejidad de los varones y de lo masculino, reducirlos de esa manera?¿No todos o solo algunos los elementales? Porque tales existen los sabemos, hemos vistos a algunos, parejas de nuestras amigas. Pero esto tiene otra cara que hay que señalar: decimos eso porque en la irrupción de lo femenino en la sociedad contemporánea, por el crecimiento innegable de la sensibilidad, conducta y profesionalismo de las mujeres, los hombres han quedado relegados a veces, nadie se pregunta por sus propios sucederes personales, por lo que sienten, sobre todo cuando se quedan desconcertados, como Guto, cuando su pareja le confiesa que no sabe si desea seguir estando con él. En este caso, aunque Guto gusta de otra mujer, no es para nada un depredador afectivo.
Pero claro que ellas buscan algo más. Por ello dice Margarita: “La verdad me alegra que el tarado de Guto no tenga otra mujer. Nuestro matrimonio sigue siendo un desastre, pero no porque me ponga cuernos, sino porque abusa de mí”(p.70), el abuso puede tener mil caras y mil sentidos, aunque aquí la esencia es que ella se siente mal, sola en medio de la pareja, angustiada y sobre todo porque quiere ser ella.

No nos parece que Guto abuse de ella, pero sin embargo ella se siente mal, sola, vacía. Dice: “Mi descalabro vino porque tengo cuarenta años y me parece una edad terrible para comenzar a sospechar que la mala del cuento soy yo”(p.73). Pero se interroga y busca,“volví a doblar a la izquierda en un cruce en el que solía seguir derecho”(p.120) leemos en una de sus líneas, “Yo estoy convencida de que la inteligencia que no se usa para ser feliz es una inteligencia perdida. Yo, que soy fanática de la felicidad, de una felicidad que salpique, que bañe a todos los que te rodean, porque una felicidad que no se comparte se pierde”(p.167). Y reitera, “sigo sin sentirme feliz con Guto”(p.205), repite, a su confidente amiga la Nena, que ese es su problema. Por ello dice sentirse abusada(p.207). “Yo me siento sola, chica, sola con él y no hay peor soledad que la que se vive en pareja…yo nunca me siento más sola que cuando estoy con Augusto”(p.229).

Y todas estas confidencias son dichas a una amiga, a la más cercana de la suyas, la Nena, le confía: “los hombres pasan, los hijos crecen, pero las amigas quedan…una mujer, si tiene amigas, nunca está sola…pudiera vivir con la idea que Guto tiene a otra mujer, pero sin la Nena no”(p.67).

Es fascinante la parte final de Desconocidos, desde el inicio del capítulo 29 cuando se descorren los velos y se comprende el hondo suceder existencial que Mónica Montañés nos muestra en su libro. Allí podemos comprender el por qué de la agonía de Margarita, la verdad de la historia del papá quien, a pesar de lo que ella creyó siempre, no llevó una vida paralela ni era un mujeriego sino que ante el derrumbe matrimonial, cuando nació la amada hija, encontró compañía, alguien que lo quisiera pero especialmente lo escuchara, en aquella joven con la cual lleva décadas de relación. O Guto en su verdad: le gustó demasiado Nanda pero su centro era la esposa. Al final todos se quedan solos menos Paco, quien sigue, a pesar de su edad su relación con su perenne amor, en cambio todos los demás se quedan solos. Y ello no es precisamente malo: Margarita por en el fondo lo que desea en ser ella misma; Guto porque no puede tener otra relación que la que tuvo con Margarita, pese a las fantasías y al entendimiento que tuvo con quien llama mi Callas, porque son dos operómanos ambos y puede compartir con ella aquella predilección que tanto molesta a su esposa.

Y en las líneas finales también hallamos a Nanda Esperando a Godot(1952), el esperado que nunca llega de la pieza de Samuel Beckett(1906-1989), es decir soñando que aquel día, en aquella opera Guto aparezca, al que sigue amando, para nuestro gusto, después de haber aprendido diversas lecciones, esas luminosas enseñanzas que da la vida por lo que comprender, comprendernos, es tan importante e incluso porque hay amores que nunca acaban.

(Leído en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 5 de Mayo de 2010 y en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque la tarde del martes 6 de Julio de 2010).

Apéndice Uno

Los Amorosos*
Por: Jaime Sabines

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

*Jaime Sabines(1926-1999): “Los amorosos” en Antología poética. Santiago: Fondo de Cultura Económica, 1994,p.46-47

Apéndice Dos

El Amante y el Amado
(Fragmento de La balada del café triste)
por: Carson McCullers

“Pero creemos que el comportamiento de Miss Amelia requiere una explicación; ha llegado el momento de hablar de amor. Porque Miss Amelia estaba enamorada del primo Lymon. Esto lo podía ver cualquiera. Vivían en la misma casa y nunca se les veía separados. Por lo tanto, según la señora MacPhail, mujer chata y atareada que se pasa la vida cambiando de sitio los muebles de su sala, según ella y sus amigas, aquellos dos vivían en pecado. Si de verdad eran parientes, sólo lo eran en segundo o tercer grado, y ni siquiera eso se podía probar. Claro que Miss Amelia era una mujerona inmensa de más de seis pies de altura, y el primo Lymon un enanillo que no le llegaba a la cintura. Pero eso era una razón más para que la señora MacPhail y sus comadres, que eran de esa clase de personas que se regodean hablando de uniones monstruosas y otras aberraciones. Dejémoslas hablar. Las buenas almas del pueblo pensaban que, si aquellos dos habían encontrado alguna satisfacción de la carne, era un asunto que sólo les importaba a ellos y a Dios. Pero todas las personas sensatas estaban de acuerdo en negar aquellas relaciones. ¿Qué clase de amor era, pues, aquél?
En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se de cuenta de esto, con mayor o menor claridad, en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

Y el amado puede presentarse bajo cualquier forma. Las personas más inesperadas pueden ser estímulo para el amor. Se ha dado el caso de un hombre que es ya abuelo que chochea, pero sigue enamorado de una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw, hace vente años. Un predicador puede estar enamorado de una perdida. El amado podrá ser un traidor, un imbécil o un degenerado; y el amante ve sus defectos como todo el mundo, pero su amor no se altera lo más mínimo por eso. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor arrebatado, extravagante y bello como los lirios venenosos de las ciénegas. Un hombre bueno puedo despertar una pasión violenta y baja, y en algún corazón pueden nacerán cariño tierno y sencillo hacia un loco furioso. Es sólo el amante quien determina la valía y la cualidad de todo amor.

Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados. Casi todas las personas quieren ser amantes. Y la verdad es que, en el fondo, el convertirse en amados resulta algo intolerable para muchos. El amado teme y odia al amante, y con razón: pues el amante está sierre queriendo desnudar a su amado. El amante fuerza la relación con el amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor”.

*Este fragmento escrito de la notable escritora norteamericana Carson McCullers(1917-1967), que hemos titulado “El amante y el amado” lo cual se deduce de su contexto, el cual consideramos clásico por su reflexión sobre el amor, está tomado de su novela breve La balada del café triste. Barcelona: Seix Barral, 1974,p.33-34. Carson MacCullers como casi todos los grandes creadores norteamericanos nació en el sur de los Estados Unidos, en Georgia en su caso. RJLDS