Miércoles, 16 de Agosto de 2017

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Lances, Lunares y Luces de Helena Arellano Mayz

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Por: R.J.Lovera De-Sola

"Poner al desnudo ciertas obsesiones
de orden sentimental o sexual,
confesar públicamente ciertas de las deficiencias
o de las cobardías que más le avergüenzan,
tal fue, para el autor, la manera [...]
de introducir apenas la sombra de un cuerno
de toro en una obra literaria."
Michel Leiris(1901-1990)
“De la literatura considerada como tauromaquia”
En La edad del hombre(1939).

Escribió el maestro Pedro Grases(1909-2004):“Nada…es extraño al libro, como tema de estudio de sí mismo; en las acciones para su divulgación; o en los escritos de comentario o introducción a determinadas publicaciones. Todo cabe en el sentido más lato de la palabra bibliografía, en cuanto todo atañe a la vida del libro”(Obras. Barcelona: Seix Barral, 1983,t.XII,p.XV). No hay mejores palabras que estas para conducirnos en la celebración en la que nos encontramos esta noche, estamos en una fiesta de libros, gracias a nuestra querida Katina Henríquez Consalvi y a la gente de El Buscón. Vamos así a poner a andar esta noche la cuarta obra de ficción la Helena Arellano Mayz(1963): Lances, lunares y luces(Caracas: F & L Editores, 2010. 291 p.).

Estas palabras son una consecuencia del palique entre crítico y creadora que hemos sostenido por largo tiempo con la autora del libro que estamos presentando, palabreo que siempre hemos considerado complementario de la vocación por la interpretación literaria pues es este el que nos permite comprender, hacer luz, tras de la lectura de los textos, de aquello que empuja a la escritora en su tarea, pero a la vez permite que el escritor pueda adentrarse también en los laberintos de su imaginar a través de la mirada del crítico quien explora, penetra y glosa su escribir sintiendo en todo momento, como indica el maestro mexicano Octavio Paz(1914-1998), “asombro, delicia, pasión, complicidad y…simpatía”(Al paso. Barcelona: Seix Barral, 1992,p.32) por el escribir literario.

Helena Arellano Mayz nos ha preguntado varias veces si la consideramos una escritora, siempre le hemos contestado, a la luz de la lectura de sus obras, que un escritor es una persona que tiene una cuidadosa formación intelectual, un grande acopio de lecturas, una visión de la realidad, un lenguaje para expresarla y la necesidad dejar aquello consignado por escrito, por medio de las palabras, que como ella dice “tienen una fascinante cualidad. Una extraña capacidad de leerse de múltiples maneras”(p.282). Y nuestra escritora de hoy tiene esa capacidad: las sabe alumbrar y luego cernir dentro de su bello y cuidado estilo. Y además como ella misma dice “escribir requiere de adentrarse”(p.19), meterse, hundirse en su tema, en el que le servirá de metáfora para mostrarnos la realidad que la rodea. En todo esto siempre se nos hace presente la observación de nuestro Guillermo Meneses(1911-1978): “El hecho de ser escritor, la certeza de tener la vocación de escritor, reside en la creencia errónea, o verdadera, de poseer un instrumento especialmente destinado a comprender el mundo y a expresar esa comprensión…Cuando alguien escribe necesariamente desea comunicar su experiencia, su razonar, su comprender”(Espejos y disfraces. Caracas: Editorial Arte,1967,p.7) porque siempre se escribe para comunicarse con los lectores como bien nos enseñó Jean Paul Sartre(1905-1980): si el libro no se dirige a los lectores este no existe(¿Qué es la literatura?,Obras. Buenos Aires: Losada,1972,t.II,p.1023), el lector, dice también Octavio Paz, es quien desentierra la expresión escrita de la tumba del libro(Al paso,p.42-43).

Este Libro
Aunque quizá, no lo sabemos, lo que leemos en Lances, lunares y luces es una historia de ficción sobre una muchacha en todo momento caprichosa, enamorada de lo masculino, de la virilidad encarnada en los toreros: ese es el objeto del amor de la jovencita que vemos aparecer en las hojas de esta bella invención. No creemos que pueda ser considerado como un roman a clef, como una novela en clave, porque aquí, como siempre lo es en la narrativa, el personaje es reinventado por la metamorfosis que imponen a sus criaturas los dones inventivos de su autora, sobre todo a Lucía quien no es solo la protagonista sino el centro de esta novela. No estamos con Lances, lunares y luces en las manos ante una historia que sucedió sino ante una recreación de unos hechos de la fantasía, los cuales como toda literatura veraz pudieron ser verdad o pura invención, y son igualmente válidos.

Lances, lunares y luces, como su título nos lo anuncia, parece tener como su centro, su corazón, su entraña: la fiesta brava. Pero ello es un espejismo: su esencia es la historia de amor o los varios amores de su criatura central. Esa es nuestra interpretación, el ángulo de nuestra lectura.

Pero el toreo esta presente porque al menos dos de las parejas de Lucía son toreros en la trama. Y como el tema está aquí debemos anotar que este es un asunto tan popular que ha interesado a los escritores venezolanos, como hijos que son de la civilización hispánica. Tal lo que hallamos en El hombre de oro(Madrid: Renacmiento,1914.364 p.) de Rufino Blanco Fombona(1874-1944), el libro que nos cuenta la historia de una mujer que dejó al marido y se fue tras un torero; también está en La insolencia de un olvido(Caracas: Grijalbo,1996. 174 p.) de Antonio García Ponce(1929), la cual puede considerarse una reescritura de El hombre de oro. El asunto aparece también en nuestra poesía, tal Toros, santos y flores(Caracas: Ávila Gráfica, 1950. 58 p.) de Luis Pastori(1921) o el bello poemario de nuestra inolvidable Elena Vera(1939-1996): El auroch(Caracas: Nadja Editores, 1992. 52 p.). Y estos son apenas unos ejemplos que podrían espigarse en nuestra literatura a la cual el tema no le es nada ajeno. Esas obras, que no son todas los que registran aquello que se ve en la plaza de toros, pero se enlaza con Lances, lunares y flores. El Toreo, hay que reiterarlo, es la esencia de España en un sentido, en otro, es una liturgia más universal, constituye el triunfo de la inteligencia del hombre sobre la fuerza bruta del animal, por ello es ancestral, tan antiguo, milenario. En este libro el amor y el mundo del toreo acompaña a Lucía, aunque consideramos, reiteramos, que lo más central es la aventura de sus varios amores y de sus encaprichamientos pasionales.

Y esto que advertimos lo vemos más claro cuando vislumbramos que la esencia de Lances, lunares y luces la hallamos cuando vemos que en esta obra el toreo se nos presenta como metáfora de la relación amorosa. De allí que leamos: “La lidia es una ronda amorosa. La nuestra también lo fue”(p.30). El hecho amoroso, está ahí con todo el estupor y en la inocencia con que nos sorprende(p.73) cuando nos atrapa.

Reiteración
En primera instancia encontramos en esta nueva incursión de Helena Arellano Mayz en las letras que ella reitera sus dones imaginativos otra vez, sus preciosas gracias, las que hallamos en sus dos anteriores novelas cortas: ¿Murciélago o mariposa?(Caracas: F & L Editores,2005.97 p.) y A dos manos(Caracas: F & L Editores, 2008.136 p.), es decir vuelve a penetrar en los territorios del amor y lo hace con delicadeza, siempre penetrada la prosa de honda sensualidad, con momentos eróticos sugeridos, llenos sus pasajes de citas intertextuales lo que hace a su texto más fascinante, novela esta que nos ofrece su propia meditación sobre el acto de escribir, incluso su propia crítica dentro de su propio espacio.

¿Llevar el Desnudo?
Helena Arellano nos presenta en Lances, lunares y luces un cierto viaje interior en que nos va llevando, llevada de la mano de su alter ego, Pancho, al encuentro del autenticidad plena. De allí una honda idea suya que hallamos dos veces en sus páginas: en la primera, apenas al comenzar el texto, se lee “No hay nada más difícil de llevar que el desnudo. Está todo en la cabeza y en el olor”(p.24); en el segundo: “No hay nada más difícil de llevar que el desnudo. Requiere de coraje. Mucho”(p.240). Es, desde luego, más que el solo desnudo real, físico, el psicológico, la desnudez, el desabrigo, el desvestimiento, es el despojamiento ante sí mismo, ante la verdad vital más auténtica, la única, sin la cual no podemos ser veraces y transparentes, cosa que no lograremos sin un hondo conocimiento de nosotros mismos, sin un seguro croquis interior, sin saber hacia donde nos dirigimos. Estas observaciones constituyen una suerte de doble fondo vital en su exploración de los ires y venires de Lucía.

La Cáscara
Interesan Lances, lunares y luces además por encontrar su lector en él un suceso mirado con ojos de mujer, desde el ángulo de la fémina, desde una escritura femenina. Esa es su perspectiva.

Y desde allí se espiga este libro, que si bien rodea a la fiesta de toros, es por sobre todo para nosotros, ya lo hemos indicado, el recuento de los varios amores y los varios desencuentros afectivos de su protagonista.

 

¿Cómo es la Protagonista?
Las trazas de Lucía podemos seguirlas a través de los renglones de esta ficción. Es ella un ser hondamente sexual, mira la realidad a través de las sensaciones de su piel; caprichosa, a quien “le complacían todos sus antojos y caprichos”(p.57); sus “gustos de niña mimada”(p.269), era una ”mimada princesilla”(p.25); ”arisca, inexperta y asustadiza”(p.56). Es también “impetuosa”(p.69), de ”vitalidad temblorosa y seductora”(p.175), una persona incesante, nunca se detiene, ni piensa, ni reflexiona, sigue de un amor a otro, y a un tercero; su sensualidad, su búsqueda de goce la impele; el sosiego, ni siquiera el amoroso, forma parte de ella, es una adoradora de los hombres, del poder de su fuerza, de su virilidad, el ser masculino es lo que mas ama, y entre los varones a los toreros, en un momento está ”prendada” del capote de un matador(p.168). Ella siempre se aventura sin miedo, y sin previsión(p.206). Es, desde luego,”una mujer emancipada, apasionada, soñadora”(p.222), la fulminan las emociones que siente. Es tan intensa que hay un momento en que leemos:”Tienes que comprenderla…Ella no quiere ser la Tula de la novela de [Miguel de] Unamuno”(p.224): en verdad está lejísimo de esa posibilidad, la tía Tula era incluso virgen y además tenía una generosidad vital que Lucía nunca tuvo: ella vivía solo para su propia satisfacción, por ello llega hasta ser considerada(p.55), una especie de bette noire, es decir una pesadilla. Así al describirla la novelista de Lances, lunares y luces nos ofrece un personaje de honda riqueza psicológica.

Y en medio de todo ello, como ya lo hemos indicado, dentro de la trama cuidadosamente armada de este libro, si bien la corrida se presenta como un asedio al toro también lidia es aquí el amor, es otra seducción, en la que Lucía es siempre la protagonista ya que ella es una de esas enamoradas que hace creer siempre a su elegido que es él quien la ha escogido cuando en verdad ha sido ella quien lo ha hecho desde el principio.

Ella lo busca y él la acoge. Aunque leemos en Lances, lunares y luces “Por algo [Robert Louis]Stevenson es uno de mis escritores favoritos, de los que saben que la verdadera felicidad viene del encuentro sin buscarla”(p.49). Es así. En verdad el amor viene solo caminando hacia nosotros el día que menos lo esperamos. Es así como llega. No hay que buscarlo. En cambio Lucía temprano, leemos, “comenzaba la danza de la seducción. La historia de la bella y la bestia o del bello y la salvaje”(p.71). Sus preferidos parecían ser siempre los salvajes, lo son los toreros, a veces tan elementales: ¿Alguna vez no han leído quien nos acompañan en este acto alguna declaración de El Cordobés quien a veces si apenas sabe hilar las frases?

El Amor ¿Lidia?
Y claro a todo lo largo de Lances, lunares y luces siempre se nos presenta el amor como una batalla: “La lidia es una ronda amorosa. La nuestra también lo fue. Un avestruz macho que seduce a la hembra con su danza”(p.30); “en la lidia mejor a la lentitud”(p.71), “en toda corrida es obligado que haya muerte”(p.31). Vida, muerte, conocimiento, exploración sensual y sensorial, ternura, se dan en el acto sexual, incluso en el orgasmo parece detenerse la historia, según lo vio nuestro máximo poeta erótico Juan Liscano(1915-2001).

Y ello porque el encuentro de los cuerpos es una ceremonia:“Hubo una transformación del enfrentamiento en dulzura, de miedo en suavidad, de masa en divinidad. La fuerza de la atracción del hombre y del animal se convirtió en un especie de identificación recíproca encarnada en una danza rítmica, un pas de deux, de amor y odio entre dos amantes adversarios bailando, un vals fúnebre, en medio del silencio de todo un público en escucha”(p.34), porque “El encuentro amoroso permite tomar conciencia de la individualidad del otro. Nos devuelve a la vez una imagen más cercana de uno mismo: amado por este otro en nuestra singularidad, desvestidos de falsas apariencias”(p.72). Dos que hacen el amor son dos seres, un hombre y una mujer, que se observan en el espejo de cada uno, por eso se miran al retozar.

Meditación Literaria
Ya hemos señalado que hay entre los párrafos de Lances, lunares y luces una meditación y una reflexión sobre aquello que se crea con la palabra, sobre la forma de la obra que leemos.

Por ello leemos que la novelista, que siempre, todos los sabemos, es distinta a la autora, “intento encontrar las primeras palabras para hilvanar la historia de una mujer enamorada de las lentejuelas y los hilos dorados destellando bajo el sol de arena. Una mujer deslumbrada por el misterio, por la fuerza simbólica de un traje de luces”(p.19).

Sabe la narradora que escribir es su tarea, tanto que en un pasaje es comparada(p.55) con Madame de Sevigné(1626-1696), la epistológrafa gala quien nunca dejó de redactar sus misivas.

Sabe que escribe una novela, de hecho por vez primera Helena Arellano Mayz ha traspasado los límites de la nouvelle que fluye tan certera en sus manos, para ofrecernos una novela. Por ello leemos: “porque el hombre no es jamás lo que cree ser. Al rebelarse contra esta situación nació la novela: Don Quijote pensaba, Sancho pensaba, y sin embargo, no solamente la verdad del mundo, sino la verdad de su propia existencia, los eludía. Les quedó, pues, una alegría melancólica, la ironía, el eco de la risa divina, hecha escritura”(p.17-18).

Al escribir entra en las honduras de los existencial, de aquí está línea:“Escribir requiere adentrarse!(p.19). Y su observación: “Debes ser más verosímil al escribir”(p.145). A lo cual cabe este escolio: hay también hechos inverosímiles que son las más verosímiles. Por ello tampoco olvida que lo que inventa es literatura(p.145). Pero tiene cuidado con el estilo, con el escribir, “prosa es arquitectura y no decoración interior”(p.169) anota citando a Ernest Hemingway(1898-1961) precisamente en Muerte en la tarde(1932), su novela sobre el toreo.

Para Terminar
Tal todo lo que nos sugiere la lectura de esta nueva obra de Helena Arellano Mayz, un nuevo jalón de su incansable tarea creadora.

(Leído en la librería El Buscón, Caracas, la noche del martes 16 de Noviembre de 2010).