Viernes, 20 de Octubre de 2017

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Yo No Vengo a Decir un Discurso

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Por: Roberto Lovera De-Sola

De la mano de Gabriel García Márquez por los senderos de América Latina.

Evocación
Queremos dedicar esta tertulia a la memoria de un gran escritor venezolano que nos dejó en la mañana del domingo pasado, a la edad de sesenta y ocho años (octubre 21,2012): el dramaturgo Rodolfo Santana(octubre 25,1944). Fue el quinto gran autor del teatro venezolano, antes de él estuvieron el maestro César Rengifo(1915-1980) y la llamada Santísima Trinidad del Teatro Venezolano: Isaac Chocrón(1930-2011), Román Chalbaud(1931) y José Ignacio Cabrujas(1937-1995). Hizo Rodolfo un gran cambio en nuestro escenario, de hecho se inició, con su primera pieza La muerte de Alfredo Gris(1969), haciendo la “ruptura radical del discurso realista” que observó Leonado Azparren Gimémez en el prólogo a su Teatro(Caracas: Monte Ávila Avila Editores,1994,t.I,p.7), que en aquel momento tenía dos únicos antecedentes en la obra La República de Caín(1913-1915) de Julio Planchart(1885-1948) y en las dos primeras piezas de Arturo Uslar Pietri(1906-2001) de 1927(E Ultreja) y 1928(La llave). Creemos que Santana por esto y por el resto de su obra permanecerá. Y especialmente, para nosotros, por “La orda”, nunca puesta en escena, en donde vaticinó el Caracazo(1989) once años antes(1978), cosa que también hizo Uslar Pietri en su sobrecogedor cuento “La ciudad”, de su libro Los ganadores(1980), donde profetizó lo mismo, diez y nueve años antes, tal la crisis que ya vivía nuestro sistema democrático, que estos dos grandes espiritus vislumbraron con anticipación. Rodolfo quedará también por La empresa perdona un momento de locura, sobre los mecanismos del mundo empresarial; por Baño de damas, sobre el ser femenino; por El animador, sobre el mundo de la televisión. Y sobre todo, para nosotros sus dos más bellas piezas, sus memorables y poéticas Rock para una abuela virgen y Encuentro en parque peligroso, una sobre el amor y la segunda sobre el fin de una época, lo que significó la caída del Muro de Berlín(1989) y el inicio de nuevos días democráticos para la humanidad. Rodolfo fue llamado poeta del desastre porque supo avizorar lo que se observaba sucedía en la sociedad venezolana. Fue, además, nuestro dramaturgo más fecundo, su obra fue conocida dentro y fuera del país, fue editada, montada, llevada a la radio, al cine y al televisión. No lloramos su muerte sino celebramos su vida creadora y sus dones, la amistad creativa y de interacción creador crítico que compartimos como él, en el momento en que tuvimos el privilegio de ser el editor de Baño de damas, Rock para una abuela virgen y Encuentro de parque peligroso.

Garcia Márquez
Y como nuestro tema es la obra de Gabriel García Márquez, hecha precisamente hoy, 23 de octubre, en que se recuerdan los veinte años del día en que le fue otorgado el Premio Nóbel de Literatura, deseamos decir alguas palabras previas sobre el conjunto de su obra, en la cual resalta Cien años de soledad(1967) como su obra mayor y como el más grande libro de ficción escrito en lengua castellana en el siglo XX. Es por ello que el hecho de que se le haya comparado como don Miguel de Cervantes y Saavedra(1547-1616) como escritor y a Cien años de soledad con el Quijote(1605) no es casual.

Pero además García Márquez ha escrito otras obras fundamentales. Fue siempre un abresurcos, con su primera novela, de 1955, La hojarasca, dividió la novela colombiana y nos puso frente a uno de los libros que alteraron el devenir de la narrativa latinoamericana. Apareció el mismo año en que escribió su mejor cuento, su Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, en ambos textos apareció el legendario pueblo de Macondo, en donde suceden también tanto su ejemplar novela corta El coronel no tiene quien le escriba(1961) como los cuentos Los funerales de la Mamá Grande(1962), casi todos escritos en el período en el por vez primera residió en Caracas(1957-1959).

Fue, desde luego, Cien años de soledad, el libro central del realismo mágico. Pero García lo ha seducido siempre el tema del poder. Según su propia confesión, tuvo la primera visión cubriendo unos hechos como reportero en nuestro Palacio de Miraflores, de la necesidad de escribir una novela sobre el dictador rural latinoamericano. De allí surgió El otoño del Patriarca(1975), libro ejemplar sobre su tema.

Ha habido en su obra dos vertientes en su obra costeña: las ficciones que suceden en Macondo y las que acaecen en lo denomina “el pueblo”: tal La mala hora(1962) o la breve y fascinante Crónica de una muerte anunciada(1981), en la cual su maestría no pudo ser mayor: en sus dos primeras líneas cuenta lo esencial del suceso que va a narrar, cosa que no hace al lector cerrar aquel libro maestro.

Por momentos su mirada se centra en su amada Cartagena, lo que le dio materia a El amor en los tiempos de cólera(1985), tan amada por sus lectores; a El general en su laberinto, sobre el último año de la vida de Simón Bolívar(1783-1830), que murió muy cerca de Cartagena, casi al lado, en una hacienda cercana a Santa Marta. Mal leída, pero rebosante de lecciones literarias de todo género, es su novela sobre la Inquisición cartagenera, Del amor y otros demonios(1994). El periplo de contar aquella urbe que se cierra con su impecable Memoria de mis putas tristes(2004), la bella historia de amor de un anciano por una jovencita, hace poco llevada al cine, en la primera película buena, con sentido, que se ha dedicado a una obra suya. García Márquez, pese a su gran amor al cine nunca ha tenido suerte con él, las cintas dedicadas a su obra son obras de pobrísimos resultados.

Como el gran escritor que es él nos brindó en su Noticia de su secuestro(1996) una novela verdad, escrita dentro de la tradición de A sangre fría(1966) de Truman Capote(1924-1984). El asunto en su estremecedora Noticia de su secuestro es la violencia en Colombia.

También incursionó con suerte en el teatro con su delicioso monólogo Diatriba de amor contra un hombre sentado(1994), la cual se inicia con este sabio parlamento: “¡Nada se parece tanto al infierno como un matrimonio feliz”. Escrito esto por quien ha sido siempre fiel marido de una única esposa, a quien todos apodan la Gaba, no deja de hacernos pensar tales diez palabras. Desde que leímos la interesante pieza pedimos a Mimi Lazo la hiciera en Caracas, estaba hecha por ella, para su talento. No fue posible. Terminó haciendo, con mucha suerte, otra grande de nuestra escena: Marina Baura.

García Marquez, desde luego, ha escrito cuentos, algunos muy buenos, el mejor de todos, para quien esto escribe, es su Monólogo Isabel viendo llover en Macondo, cuento salvado, como lo refiere el propio García Márquez en sus memorias Vivir para contarla(2002), por un amigo suyo, quien lo sacó, en 1955, de la papelera de su estudio a donde lo había botado su autor equivocadamente. Desde luego entre sus treinta y ochos relatos publicados hasta 1992 en sus Cuentos,1947-1992(1996), hay otros que se pueden subrayar, especialmente, además del que hemos señalado, los de Los funerales de la Mamá Grande y algunos de sus Doce cuentos peregrinos(1992), especialmente “Buen viaje, señor presidente” y por sus connotaciones autobiográficas, bien escondidas en su honda metáfora, como lo demostró Gerald Martin(Gabriel García Márquez: una vida. Barcelona: Grijalbo, 2009.762 p. Ver las p.240-249), “El rastro de tu sangre en la nieve”.

Hay, en el escribir de García Márquez también, una vasta e influyente obra periodística, escribir para la prensa, hacerlo siempre de forma maestra, ha sido tarea constante en él.

Veinte y Dos Ensayos
Nos hemos reunido esta tarde a meditar sobre las reflexiones que consigna, bellamente desde luego, García Márquez en Yo no vengo a decir un discurso(Caracas: Mondadori, 2010. 151 p.), en los veinte y dos textos que aquí podemos leer. En verdad si en verdad fueron dados a conocer desde la tribuna todos constituyen, desde el primero, leído a la edad de diez y siete años, en el acto de graduación de bachiller, ensayos, cuidadosamente burilados.

Con ese pequeño libro en las manos, volumen de apenas ciento cincuenta y un páginas, nos encontramos ante lo pensado por este escritor mayor, uno de los que llevó nuestra literatura continental a su plenitud, de los que hizo que las mejores letras que se escriben hoy en castellano sean hechas de la orilla del océano Atlántico en donde está nuestra América Latina. Llamado, por uno de ellos, Carlos Fuentes(1928-2012), quien se nos fue hace pocas semanas, el Territorio de la Mancha pues desde los dos lados tenemos, desde hace cuatro centurias, un libro único: don Quijote.

Leyendo Yo no vengo a decir un discurso nos encontramos con García Márquez. Se hace verdad aquello que él escribe, sobre uno de sus compañeros, Julio Cortázar(1914-1984), pero también aplicable a él: “Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño…pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción”(p.88), “con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo”(p.89), eso podemos decir también de él, escritor fundamentalmente dionisíaco si los hemos tenido.

Son diversos los tópicos que en este libro hallamos: podemos mirar al escritor, a sus palabras sobre otros creadores, sus observaciones sobre el lenguaje y la escritura.

Pero por encima de todo las mayores de sus observaciones que tienen que ver con nuestra América Latina, tanto que desde que leímos por vez primera, Yo no vengo a decir un discurso, nosotros impenitentes lectores de Gabo, comprendimos que entre las diversos tópicos que se encuentran tratados en su páginas hay uno, que nos interesó especialmente. No es, desde luego, el único: es la visión de la América Latina, del último medio del siglo pasado, que se puede seguir a través de sus hojas. Muchos de sus textos, ensayos para ser leídos en público y luego publicados, tienen como su tema central este, entre ellos sin duda el principal, muchos de cuyos pasajes, nos sabemos de memoria es “La soledad de América Latina”, su discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura. Fue leído, en Estocolmo, Suecia, vestido con su lililique caribeño, el 8 de diciembre de 1982. Por ello queremos ahora repasar algunos de los pasajes de estas peroraciones, páginas literarias magistrales de un maestro indisputado de nuestras letras y de nuestra lengua.

Tiene razón al observar: “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”(p.26). La idea de la soledad y su otra cara, la solidaridad, ha sido tema constante en él. Por ello indica “La América Latina y el Caribe, en cambio, perecen condenados a la servidumbre del presente: los desmanes telúricos, los cataclismos políticos y sociales, las urgencias inmediatas de la vida diaria, de las dependencia de toda índole, de la pobreza y la injusticia, no nos han dejado mucho tiempo para asimilar las lecciones del pasado ni pensar en el futuro”(p.40). Pero, sin embargo, “la reserva determinante de la América Latina y del Caribe es una energía capaz de mover el mundo: la peligrosa memoria de nuestros pueblos”(p.40), “Es una cultura de resistencia que se expresa en los escondrijos del lenguaje”(p.40), “Es una cultura de la solidaridad”(p.40-41), aquí disentimos de una idea que gusta mucho a los marxistas pero que es errónea en cualquier interpretación de nuestra cultura: esta nunca ha sido la “cultura de resistencia” que él dice. Es en verdad, una cultura que nos expresa, a través de nuestras letras y nuestra historia, a los por aquí nacidos.

Ahora bien, cuando añade: “creo que los europeos de espíritu clarificador…podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”(p.27). Aquí acierta.

América Latina
Y pasando a uno de los asuntos que deseamos tratar, anota que somos una: “patria inmensa de hombre alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda”(p.25). Es por ello que los que siempre nos ha movido es el tema de la identidad. Sobre ella acota: “Tal vez su destino edípico sea seguir buscando para siempre su identidad, lo cual será un sino creativo que nos haría distintos ante el mundo. Maltrecha y dispersa, y todavía sin terminar, y siempre en busca de una ética de vida, la América Latina existe. ¿La prueba?...Pensamos, luego existimos”(p.98).

Esencia de nuestra búsqueda ha sido la creación de la patria grande, y ello desde que Francisco de Miranda(1750-1816) comenzó a borronear sus primeros papales, en la segunda mitad del siglo XVIII, en su primero paso por España. Sobre esa idea, el autor de la impecable novela El general en su laberinto dice: “Simón Bolívar(1783-1830) lo había previsto, y quiso crearnos la conciencia de una identidad propia en una línea genial de su Carta de Jamaica(septiembre 6,1815): ‘Nosotros somos un pequeño género humano’. Soñaba, y así lo dijo, con que fuéramos la patria más grande, más poderosa y unida de la Tierra. Terminamos por ser un laboratorio de ilusiones fallidas. Nuestra virtud mayor es la creatividad y, sin embargo, no hemos hecho mucho más que sobrevivir a doctrinas recalentadas y guerras ajenas, herederos de un Cristóbal Colón(1451-1506) desventurado que nos encontró por casualidad cuando andaba buscando las Indias”(p.123-124).

Por ello, Reino de la Utopía ha sido América Latina, como nos lo hizo ver santo Tomás de Moro(1479-1535) en su célebre Utopía(1516); lo fuimos tanto por Vasco de Quiroga(c1470-1565), en México, por los Jesuitas de las Reducciones del Paraguay(1604-1767), como por hombres como Miranda, Andrés Bello(1781-1865), Bolívar y su maestro don Simón Rodríguez(1769-1854).

Utopía fue, desde luego, nuestra búsqueda de el Dorado, de la Mano hecha toda de oro. “Nadie encontró nunca el Dorado, nadie lo vio, nunca existió, pero su nacimiento puso término a la Edad Media y abrió el camino para una de las grandes edades del mundo. Su solo nombre indicaba el tamaño del cambio: el Renacimiento”(p.58-59), apunta García Márquez.

La Cultura Latinoamericana
Sobre la cultura latinoamericana, la mayor creación de los aquí nacidos, sobre todo en el campo humanístico, apunta García Marquez: “Es una cultura de protesta en los rostros indígenas los ángeles artesanales de nuestros templos, o en la música de las nieves perpetuas que trata de conjurar con las nostalgia los sordos poderes de la muerte. Es una cultura de la vida cotidiana que se expresa en la imaginación de la cocina, del modo de vestir, de la superstición creativa, de las liturgias íntimas del amor. Es una cultura de fiesta, de trasgresión, de misterio, que rompe la camisa de fuerza de la realidad y reconcilia por fin el raciocinio y la imaginación, la palabra y el gesto, y demuestra de hecho que no hay concepto que tarde o temprano no sea rebasado por la vida. Esta es la fuerza de nuestro retraso. Una energía de novedad y belleza que nos pertenece por completo y con la cual nos bastamos de nosotros mismos, que no podrá ser domesticada ni por la voracidad imperial, ni por la brutalidad del opresor interno, ni siquiera por nuestros propios miedos inmemoriales de traducir en palabras los sueños más recónditos”(p.41). Palabras, quitándole la idea de la protesta, tan parecida a otras ejemplares, las de Carlos Fuentes: “si algo ha revelado la crisis actual, es que mientras los modelos politicos y socioeconómicos se han derrumbado unos tras otro, solo ha permanecido de pie lo que hemos hecho con mayor seriedad, con mayor libertad y también con mayor alegría: nuestros productos culturales, la novela, el poema, la pintura, la obra cinematográfica, la pieza de teatro, la composición musical, el ensayo, pero también el mueble, la cocina, el amor y la memoria, pues todo esto es cultura…un conjunto de actitudes ante la vida”(Valiente Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica,1990,p.12-13).

Y por ello observa García Márquez: “El destino de la idea bolivariana de la integración parece cada vez más sembrado de dudas, salvo en las artes y las letras, que avanzan en la integración cultural por su cuenta y riesgo”(p.94). Federico Mayor Zaragoza(1934), el gran español, antiguo Secretario General de la Unesco, “hace bien en preocuparse por el silencio de los intelectuales, pero no por el silencio de los artistas, que al fin y al cabo… son sentimentales. Se expresan a gritos desde el Río Bravo hasta la Patagonia, en nuestra música, en nuestra pintura, en el teatro, en los bailes, en las novelas y en la telenovelas. Felix B.Cagnet(1892-1976), el padre de las radionovelas, [me]dijo ‘Yo parto de la base de que la gente quiere llorar, lo único que hago es darles el pretexto”(p.94). El aspecto sentimental de nuestra cultura, en todas sus manifestaciones creativas, es esencial en su consideración y en su comprensión. Sin alma, sin espíritu, es imposible comprendernos a nosotros mismos, ser sentimentales es ser latinoamericanos.

Por ello siempre ha creído que entre nosotros “existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y fuimos capaces de imaginarnos la felicidad”(p.49), por ello para él “lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz”(p.47).

Es por ello que el gran mensaje con que podemos cerrar esta parte está en estas dos líneas: “Creo que las vidas de todos nosotros serían mejores si cada uno de ustedes llevara siempre un libro en su morral”(p.104).

El Oficio de Escritor
Creemos que junto con sus observaciones sobre nuestra América Latina hay que unir todas aquellas ideas que sobre el oficio de escritor desliza García Márquez en Yo no vengo a decir un discurso.

Lo primero que vamos a citar lo dijo Gabo, a viva voz, en el Ateneo de Caracas una noche de agosto de 1967, no en 1970 como se dice en el libro(p.11). Fue un día que muchos recordamos, la primera vez en que muchos vimos a García Márquez, ya circulaban ejemplares de la primera edición de Cien años de soledad, aparecida en Buenos Aires, el 26 de marzo de ese año. Algunos de los presentes, como Nicolás Trincado, llevaban su ejemplar de esa edición, la que tiene un navío en la portada, ya que la carátula que todos conocemos, preparada por un amigo de García Márquez en México, no llegó a tiempo a Buenos Aires para acompañar a la edición príncipe, hecha por Sudamericana, bajo el cuidado de Francisco Porrúa. Es la tapa que apareció desde la segunda edición, que es la que todos conocemos. Esa noche dijo el autor del más grande libro publicado en lengua castellana en el siglo XX, “El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que se practica. La facilidad con que yo me senté a escribir aquel cuento[La tercera resignación,1947] una tarde no puede compararse con el trabajo que me cuesta ahora escribir una página…Nunca sé cuando voy a poder escribir ni qué voy a escribir. Espero que se me ocurra algo, y cuando se me ocurre una idea que juzgo buena para escribirla, me pongo a darle vueltas a la cabeza y dejo que se vaya madurando. Cuando la tengo terminada(y a veces pasan muchos años, como en el caso de Cien años de soledad, que pasé diecinueve años pensándola) cuando la tengo terminada, repito, entonces me siento a escribirla y ahí empieza la parte más difícil…Porque lo más delicioso de la historia es concebirla, irla redondeando, dándole vueltas y revueltas”(p.13).

Esa fue su vocación y su oficio. Dice don José Ortega y Gasset(1883-1955) que cuando ambas cosas se juntan en una persona estamos ante un hombre completo, un hombre feliz, que sabe hacia donde anda. Es por ello, que en su célebre “Brindis por la poesía”, uno de los actos de la recepción del Premio Nóbel, dice de su vocación y de su oficio que él es un escritor, una persona a quien, “enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir”(p.31). De allí que siempre haya creído tanto en el poder de la palabra, que es para él como lanzar una botella al mar(p.119) porque siempre hay quien la recoja en alguna playa.

Tarea suya, desde que emprendió la tarea de escribir sus primeros textos, entre los cuales está su mayor cuento, que es para nosotros su Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, donde en 1955 apareció el mítico Macondo, también hecho vivo ese mismo año en su primera novela La hojarasca, por la cual siempre hemos sentido una devoción que nunca acaba, no sabemos cuántas veces la hemos releído, desde aquella noche en Nueva York, cuando llegados del teatro la tomamos en nuestras manos, en una habitación del hotel Edison y las primeras luces del alba nos sorprendieron llegando a sus últimas líneas.

Fue su primera contribución al milagro de la gran mutación que se iba a cumplir en las letras latinoamericanas. Apareció el mismo año de Pedro Páramo de Juan Rulfo(1918-1986). Atrás estaba ya la prodigiosa obra de Jorge Luis Borges(1899-1986), sobre todo Ficciones y El Aleph, El pozo y La vida breve, de Juan Carlos Onetti(1909-1994), El señor presidente de Miguel Ángel Asturias(1899-1974), El Adán Buenos Aires, de Leopoldo Merechal(1900-1970) y El reino de este mundo de Alejo Carpentier(1904-1980). Tres años más tarde tendríamos La región mas transparente de Carlos Fuentes, y tres más allá La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa(1936) y Rayuela de Julio Cortázar, en 1965 Los tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante(1929-2005), en 1967 Cien años de soledad y en 1970 El obsceno pájaro de la noche de José Donoso(1924-1996). A los pocos meses comenzó el postboom con Un mundo para Julius de Alfredo Bryce Echenique(1939). En Yo no vengo a decir un discurso están muchas de las trazas sobre este proceso, especialmente su sus trabajos sobre Julio Cortazar y Alvaro Mutis, este, entrañablemente amigo suyo, Mutis el autor, para nosotros del mayor conjunto en prosa publicado después el boom, su maravillosa saga de Maqroll, el gaviero, sus impecables siete nouvelles publicadas desde 1986, pero con obra grande anterior como poeta y especialmente por obras prodigiosas como su Diario de Lecunberri(1959), seguramente el mejor diario carcelario concebido por un latinoamericano, o La mansión de la Araucaíma(1973), su relato gótico en tierra caliente. Con Mutis García Marquez ha cultivado los “lazos irrompibles”(p.7) de la amistad.

Debemos recordar otra vez que García Márquez ha concebido sus obras para “contrariar la muerte”(p.80). O como lo dice al principio de su libro: “los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad”(p.28-29). Pues siempre ha escrito, como se lee en las últimas líneas de El amor en los tiempos del cólera, “es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites”.

Gabo y Fidel Castro
No podemos cerrar esta exposición sin tratar el asunto biográfico de García Márquez que siempre llena de interrogantes a sus lectores: su relación con el dictador cubano Fidel Castro(1926), asunto más grave aun después de la caída del socialismo en 1989, del fin del comunismo, de la URSS y de la reinstalación de la democracia en los antiguos países comunistas. Todo ello hace inexplicable que García Márquez siga siendo cercano amigo al autócrata de La Habana que tanto, tantísimo, daño, a hecho a su país y ha logrado llenar de violencia a la América Latina de nuestro tiempo.

Nosotros tampoco hemos entendido la razón de esto. Son numerosas las obras biográficas sobre García Márquez que hemos leído con cuidado y atención tratándonos de explicar esto que es inexplicable. Han sido fundamentales en estas búsquedas, especialmente las obras que sobre él ha escrito su gran amigo bogotano Plinio Apuleyo Mendoza(1932), demócrata raigal que alguna vez, hace mucho tiempo, tuvo veleidades con la Revolución Cubana a la cual los intelectuales latinoamericanos, él entre ellos, dieron la espalda como consecuencia del Caso Padilla(1971) y de la aparición de la obra del chileno Jorge Edwards(1932) Persona non grata(Barcelona: Barral,1974. 478 p.). Las obras de Plinio Apuleyo Mendoza a las que nos referimos son El olor a la guayaba(1982, Bogotá: Norma, 2008.150 p.) pero especialmente a La llama y el hielo(Bogotá: Planeta Colombiana,1984.300 p.), cuyo capítulo más extenso, y principal, dedicó a su amigo: “Gabriel García Márquez: el caso perdido”(p.9-150). El otro es Aquellos tiempos con Gabo(Barcelona: Plaza y Janés, 2000,229 p.), el mejor libro biográfico sobre García Márquez impreso antes de sus dos biografías, la del colombiano Dasso Saldivar(1951): García Márquez: el viaje a la semilla(Madrid: Alfaguara,1997.611 p.), obra que narra la vida de García Márquez hasta la publicación, en 1967, de Cien años de soledad y la de Garald Martin(1944) que antes hemos mencionado, completísima, cuenta toda su vida, su autor es además un magnífico crítico literario, por lo cual el libro tiene un doble valor: como la presentación de la vida del escritor y como análisis de su escribir, con el cual no siempre estamos de acuerdo, por su afán de encontrarle tropiezos a la obra del arataqueño y por ser nosotros un crítico latinoamericano con otros ángulos de análisis. Nuestras dudas crecieron sobre todo a partir de 1981, donde las críticas son numerosas, y casi siempre injustas.

Ahora bien, vayamos al punto. Esto debe iniciarse señalando que quien desee conocer el ideario de García Márquez debe buscarlo, y lo encontrará, en su obra literaria, no en otra parte. Ello porque García Márquez, si bien es un magnífico periodista y muy buen reportero, no es un pensador político, y aunque lo consideren hombre de izquierda, en el sentido más lato que esto significa, sus ideas no tienen la coherencia de un pensador político. Y la presencia del marxismo en él es casi un barniz superficial. Lo que es un hombre que desea la justicia social, para lo cual no hay que ser ni de izquierda ni marxista. Es por ello que encontramos tantas incoherencias y contradicciones en sus actitudes políticas. Y es por esta vía que llegaremos a explicarnos, ya lo veremos, su mayor incoherencia: su cercanía a Fidel Castro. Con esto no negamos su conocimiento de la historia latinoamericana, su honda admiración por el Libertador, expresada en una bella obra literaria y su compresión de la figura del caudillo dictador latinoamericano de fines del siglo XIX y principios del XX, evidente en El otoño del patriarca. El caudillismo, no lo olvidemos, es la única creación política latinoamericana, como lo observó Uslar Pietri(“Regreso al caudillo” en su Viva voz. Caracas: Italgráfica,1975,p.170-171. Ver la p.171) al comentar las obras son tres dictadores: El otoño del Patriarca, El recurso del método(1974) de Alejo Carpentier y Yo, el Supremo(1974) de Augusto Roa Bastos(1917-2005). Y ligada a él es lo que Augusto Mijares(1897-1979) llamó el “liderismo” aquellos políticos del siglo XX que actúan como caudillos, o como neo-caudillos, caso Hugo Chávez. Todos son dictadores y llegaron al poder por las armas, excepción de Chávez que ganó unas elecciones y después sacó de su manga lo que tenía escondido: su decisión de destruir todos los valores de la sociedad venezolana, que son los democráticos. Y es imposible soslayar, pocas veces se ha dicho, los elementos caudillistas que tuvo la Revolución Cubana, que tuvieron las guerrillas de latinoamericanas de los años sesenta, caso las de Venezuela, y los elementos neo-caudillistas del actual régimen venezolano. El caudillismo desapareció, en 1903 en Venezuela, y con la muerte de Juan Vicente Gómez(1857-1935) completamente. Pero pervivió en la izquierda, siempre cercana al militarismo. Todo esto hay que tenerlo en cuenta en el análisis del caso García Márquez-Fidel Castro.

Hemos hablado de las incoherencias políticas de García Márquez, nunca las ha tenido literarias porque es un genio de las letras y por ello sus obras ha llenado nuestras vidas. Y estas incoherencias políticas comenzaron con su acercamiento a Castro. Tuvo un momento de cambio con lo que hizo en 1972 en Caracas cuando donó el reciente recibido Premio “Rómulo Gallegos” al Movimiento al Socialismo que se estaba formado. Fue aquello hecho por su larga y fiel amistad con Teodoro Petkoff(1932), su siempre gran amigo. Ser amigo es lo único que sabe hacer García Márquez, además de escribir obras literarias con perfección y belleza. La amistad es un valor. Pero no siempre ser fiel a la amistad puede ser una virtud si se esconde graves incoherencias debajo de ello.

Y afirmamos esto pues cuando García Márquez hizo la entrega del premio al MAS y se adhirió a las ideas que le dieron nacimiento actuó bien. Y lo hizo porque hacían cuatro años de una de las fechas más grandes de la segunda mitad del siglo XX: el año 1968, días de la Revolución de Mayo en París(mayo 29) y de la Primavera de Praga(abril 15). Una revolución libertaria, presidida por el “prohibido prohibir” en París y por la búsqueda de un rostro humano para el socialismo en los sucesos de Praga. Y el MAS había surgido de ello: constituida el primer alegato, anterior al nacimiento del Eurocomunismo, aparecido hacia 1970, oficializado en 1977, en contra del socialismo autoritario. Hoy todos tenemos claro que la gran crítica al socialismo autoritario, tras la invasión de la URSS a Checoeslovaquia, el 20 de agosto de 1968, surgió en Venezuela por la mano de tres pensadores de aquí: Teodoro Petrkoff(1932) a través de su Checoeslovaquia, el socialismo como problema(1969) y meses mas tarde por medio de los libros de Manuel Caballero(1931-2010): El desarrollo desigual del socialismo y otros ensayos polémicos(1970) y el de Ludovico Silva(1937-1988) Sobre el socialismo y los intelectuales(1970). Desde Caracas aquellas ideas se hicieron universales, Leonid Brezhev(1906-1980) las criticó, sobre todo las de Teodoro, en su Informe en el XXIV Congreso del Partido Comunista de la URSS, señal de su repercusión universal. Ese Informe tuvo una edición venezolana, impresa por el PCV(Caracas: Editorial de la Agencia Novosti,1971. 190 p.). Petkoff completó sus ideas con otro libro Socialismo para Venezuela, a poco, ya dividido el PCV, siendo Petkoff y Caballero ex comunistas, Silva nunca fue militante, aunque siempre se le consideró tal, podemos aseverarlo por la honda amistad que nos ligó a él, sin ser nosotros nunca ni marxista ni de izquierda, sino un humanista cristiano. Petkoff completó sus ideas con el segundo libro que hemos referido. Cando reeditó su Checoeslovaquia, el socialismo como problema y su Proceso a la izquierda en el 2007, le puso un título hondamente significativo de El socialismo irreal, dando la gran lección de hacer imposible aquella idea en la sociedad de nuestro tiempo, expuestas de nuevo sus ideas en los días de la exposición entre nosotros de algo que no existe en la teoría política: el socialismo del siglo XXI, que es un anacronismo teórico. Cuando Teodoro habló del “socialismo irreal” estaba hablando de que este había culminado el 10 de noviembre 1989, que es imposible ya pensar en él como en una posibilidad. Y que además, añadimos, había quedado al lado de las últimas piedras caídas del Muro de Berlín y junto de las cuales estaban las millones de víctimas asesinadas por los gobiernos marxistas en el poder, con su gran cabecilla, uno de los más grandes asesinos de la historia: José Stalin(1879-1953), a quien siguieron Mao(1893-1976), Fidel Castro, Pol Pot, Slodovan Milosevich y otros.

Ahora bien, no se crea que nos apartamos de nuestro tema. Cuando García Márquez entregó el monto del premio Rómulo Gallegos al MAS confesó que aquel partido era el suyo, que sus ideas eran las que él profesaba. Y, a poco, hizo reimprimir, Socialismo para Venezuela de Petkoff, en su editorial bogotana.

Ambas decisiones lo tenían que haber obligado a separarse de Fidel Castro. De hecho, en el momento en que el líder cubano se adhirió a la invasión soviética a Checoeslovaquia(agosto 20,1968) terminó la Revolución Cubana, se convirtió en una simple dictadura aquel 23 de agosto de 1968, tres días después de la invasión, tal como nos lo hizo comprender Manuel Caballero. Al hacerlo Castro, ya convertida Cuba por él en una nación pordiosera, ya que vivía de lo que otras naciones le regalaban, caso la URSS, desde 1999 con lo que le manda desde Caracas el gobierno actual. Renunció Castro aquel 23 de agosto de 1968(ver los datos en Tad Szulc: Fidel, un retrato crítico. Barcelona: Grijalbo,1987. 789 p. Están en las p.703-704), en nombre de Cuba, a todos los ideales libertarios de América Latina, los que nos venían de los grandes dirigentes de la Independencia y a los cubanos de la figura luminosa de José Martí(1853-1895). Entonces, en aquel momento, García Márquez al no terminar su amistad con Cuba y con Fidel Castro también se hizo cómplice de todo aquello.

En ese momento, con los libros de los tres grandes venezolanos, Petkoff, Caballero y Silva, el del chileno Jorge Edwars, de la obra del español Jorge Semprum, La autobiografía de Federico Sánchez(1977) y de la serie de críticos del socialismo, situados en diversas esquinas, pero coherentes, como el filósofo, también venezolano, Juan Nuño(1927-1995) o el pensador político caraqueño Carlos Rangel Guevara(1929-1988), tanto en Del buen salvaje al buen revolucionario(1975) como por El tercermundismo(1982), se inició el movimiento de críticas al marxismo que culminó con el intento imposible de Mijail Gorbachov(1931), Henrry Kissinger lo demuestra en su libro La diplomacia(2010), de poner fin al régimen soviético y darle entrada a la “Perestroika”; o lo encabezado por Lech Walessa en Polonia, sobre todo desde las huelgas de 1980 y todo lo que se cerró la madrugada del 10 de noviembre de 1989 en el Checkpoint Charlie en Berlín, movimiento en que participaron muchos antiguos funcionarios comunistas, como los de Hungría, en donde de verás se inició el gran cambio, cuando estos ordenaron abrir las fronteras de su país(septiembre 11,1989), inicio verdadero de la caída del socialismo y del comienzo de la nueva hora de la humanidad que vivimos desde hace veinte y tres años.

A todo esto le dio la espalda García Márquez por seguir, desde 1968, su amistad, inexplicable, con Fidel Castro, el más antiguo dictador que hay en el mundo, el de mayor presencia en el poder en nuestra América Latina. Y todo hecho por García Márquez por fidelidad a la amistad, un valor para todos sino estuviera colocada, en este caso, dentro de un mar de horrores. Ser fiel a la amistad es la única explicación a esto, el ver la realidad de Cuba a través de Fidel, no de otra manera, que es el gran argumento para explicar esto, que es inexplicable, que expone quien mejor lo conoce: Plinio Apuleyo Mendoza. Y por sentir también, lo dice su amigo, que García Márquez ve a Fidel Castro como si el coronel Aureliano Buendía hubiera llegado al poder. Y terminamos con una observación que se deduce de los libros de García Márquez: el coronel Aureliano Buendía nunca llegó al poder. Si lo hubiera hecho habría sido un caudillo rural, un gamonal, otro dictador, como todos los otros de su tiempo. Lo que hubiera sucedido entre nosotros, en nuestra vida política, si en 1929 el general Román Delgado Chalbaud(1882-1929) no hubiera muerto en Cumaná y llegado al poder: hubiera sido otro caudillo y autócrata más. No podría haber sido otra cosa, pese a haber llegado al puerto sucrense, rodeado a varios estudiantes de 1928, lo cual fue una contradicción en ellos; tanto como lo fue aquel mismo año que los marxistas Gustavo Machado Morales(1898-1983) y Miguel Otero Silva(1908-1985) quienes se le unieron, en el Asalto a Curazao(1929), a uno de los grandes asesinos vesánicos de la época: el llamado general Rafael Simón Urbina(1897-1950).

(Leído en la sesión de “Los tertulieros se reúnen”, en la sede de la Fundación Francisco Herrera Luque, la tarde del martes 23 de octubre de 2012. Participaron también la politologa Ruth Capriles, el historiador Guillermo Morón y el crítico Rafael Fauquie).