Viernes, 20 de Octubre de 2017

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Uno de los Venancio

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Para Milagros Socorro
es este texto sobre un momento
de su tierra zuliana y su gente.

Ya nos hemos referido a la significación, desde luego negativa, del caudillismo en nuestra historia. El libro al cual nos vamos a referir toca, con mano maestra, ese momento. Por ello, creemos que para entrar en el análisis que nos proponemos hacer aquí debemos comenzar citando este pasaje de Mariano Picón Salas(1901-1965): “El caudillo de la fracasasda esperanza…Indefinibles elementos mágicos, el conjuro de los soñadores que no puden obrar, unge de mesianismo a estos seres que son casi fantasmas y por ello recogen la vaga nostalgia del grupo social…[el caudillo] el eterno alzado y el eterno poscrito requiere un artista que lo interprete, no tanto por lo que en sí mismo valía, sino por lo que en él se puso el subconciente colectivo”[1].

Uno de los de Venancio[2], de Alejandro García Maldonado(1899-1961), tiene como fondo la historia de un caudillo de las guerras civiles en el Zulia, Venancio Pulgar(1838-1897).

El libro apareció en una década rica de la novela venezolana, tiempo en que estaba por despuntar su renovadora modernidad, que hay que situarla, en 1952, en la publicación de El falso cuaderno de Narciso Espejo, de Guiillermo Meneses(1911-1978). Buscaban ya nuestros narradores modos que fueran más allá de lo solo real, debía ir hacia otros ámbitos, los del subconsciente y de lo onírico. Sin embargo, la presencia del realismo estaba aun presente. Se publicaron en ese período las dos últimas novelas del ciclo venezolano de de Rómulo Gallegos:El Forastero(1942) y Sobre la misma tierra(1943); la última de Guillermo Meneses: El mestizo José Vargas(1942), antes de entrar en su período renovador, que echó sus raíces en su cuento “Tardío regreso a través de un espejo”, publicado en esa misma década[3]. Apareció la más importante novela de Mariano Picón Salas: Viaje al amanecer(1943), reconstrucción única de una infancia feliz; la de Lucila Palacios(1902-1994): Tres palabras y una mujer(1944), decisiva en el sendero que ya tomaban las mujeres en su escritura; la de José Fabbiani Ruiz(1911-1975): La dolida infancia de Perucho González(1946), en donde el sueño es esencial; la de José Rafael Pocaterra(1889-1955): La casa de los Abila(1946), para nosotros su mejor novela, tardíamente impresa; la segunda de Arturo Uslar Pietri: El Camino de El Dorado(1947), con su honda visión del Tirano Aguirre y la violencia venezolana en los días de la conquista; la de Laureano Vallenilla Planchart(1912-1973): Allá en Caracas(1948); la de Andrés Mariño Palacio(1927-1965): Los alegres desahuciados(1948), en donde está el borrador de lo que será nuestro gran cambio renovador y la de Antonia Palacios(1904-2001): Ana Isabel, una niña decente(1949), sin duda la mejor novela, la más honda y bella, escrita por una mujer en esos diez años.

Para Entrar
Siempre hemos creído que todo examen de la novela de Alejandro García Maldonado que vamos a glosar, debe comenzar citando estas palabras del crítico Juan Liscano(1915-2001), el mayor estudioso de esta obra, “Miguelito Herrera, figura central de Uno de los de Venancio, es uno de los personajes más trabajado de la novelística tradicional venezolana, más representativo de un ethos que prudujo héroes y villanos, dentro del contexto bárbaro de nuestras guerras civiles”(p.7). Creemos, sin embargo, que esta obra debe ser tenida como una de las grandes novelas venezolanas, más allá del día y hora en que fue impresa. Por ello, tuvo razón Miguel Otero Silva al escribir:”El libro es una pujante reconstrucción de episodios enraizados en nuestras contiendas civiles del pasado siglo, un apasionante mural de la tierra y la gente zulianos, un torbellino histórico que gira alrrededor de un protagonista banderizo y contradictorio. Contiene personajes comunes tallados con mano penetrante de psicólogo(el padre Rodríguez, el Bachiller, La Mielera, el Coriano, Sócrates Atencio,Rosalía) y descripciones magistrales que extraen del costumbrismo las más depuradas calidades literarias(el baile de tambores, el combate a palos en El Saladillo)”[4].

Por ello, reiteró Juan Liscano que esta fue una “extensa y poderosa narración de un tiempo venezolano de revoluciones caudillescas, con aliento multitudinario, acción intensa, riqueza y variedad de personajes profundamente criollos, vigencia del paisaje y clara intuición de lo ingente americano”[5].

Una Lectura Actual
Una lectura actual nos parece que debe dejar de la lado la idea de que Uno de los de Venancio es sólo una novela tradicional, porque más qué épica, que lo es, es de una riqueza psicológica que es imposible soslayar al releerla a más de siete décadas, de su primera edición, setenta y dos años para ser precisos. Además forma parte de nuestra familia de novelas históricas y su tema es la violencia. A través de la ficción García Maldonado nos ofrece una de los más hondas interpretaciones del fenómeno caudillista, durante las décadas finales del siglo XIX, con un comienzo durante los días de la Dictadura(1861-1863) del gnereal José Antonio Paéz(1790-1873).

El Título
El personaje central, Miguelito Herrera, es a través de quien se bautiza el libro. De allí que leamos: “Maute, ¿sabéis quien es ese Miguel que mentaba el mulato? Es el hijo de don Miguel que ahora está en Maracaibo. Y¿qué ha hecho ese guapo que decís pa’ponele el pie delante el maute Marcelino? Preguntó el comisario con soberbia. ¿No lo sabéis? Replicó el guitarrero sorprendido. Mira que es ‘uno de los de Venancio’. Ambos se enceriaron de repente. El presentimiento habíalos tocado con su ala fría. Efectivamente, ser uno ‘de los de Venancio’ constituía entonces la credencial más auténtica de valor y temeridad. Por eso la amenaza del viejo criado era digna de ser tomada en cuenta”(p.344), de allí que el libro nos presente “la vida atormentada de ‘uno de los de Venancio’”(p.539), en medio de las acciones del caudillismo, dentro de cuyas actividades siempre brillaba la acción violenta,“ya que los procedimientos arbitrarios eran los corrientes en esta clase de campaña”(p.197-198), ya que “Con Pulgar o contra Pulgar parecía que mi sino consistiera, precisamete, en practicar la violencia”(p.435).

Entre los rasgos de aquello que hay que destacar entre lo que hallamos en la novela creemos que se deba señalar el hecho de presentar a su protagonista los rasgos de todo ser humano, el ser contradictorio que todos somos, ángel y demonio, luz y la sombra, vida y muerte, que encarnamos, buena lección aprendida pór su autor en su contacto con obras psiquiatricas, que fueron las que abrieron al siglo XX a la verdadera comprensión de las complejidades del ser humano. “He ahí al hombre/he ahí su contradicción“ había escrito el poeta español Miguel Hernández(1910-1982). Eso son, somos, los hombres y las mujeres. En esto es razonable lo que anota Liscano en otro de sus análisis del libro, “En todo momento Miguelito Herrera actúa de acuerdo con sus medios psicológicos y no por voluntad arbitraria del novelista. A veces comprendemos que que Miguelito Herrera existe a pesar de García Maldonado”[6]. Este hecho es lo que dota de modernidad a este libro, lo que lo ha hecho traspasar el tiempo y estar viva: no es ya una novela omnisciente, como las del siglo XIX, sino un libro salido del alma del personaje, en la cual el novelista solo tuvo el trabajo, que no es poco, de insuflarle vida, una vez que se situó ante él y ante los hechos de su vivir. Es por lo señalado que Uno de los Venancio fue libro que se fue delante de los días en que fue imaginado y fijado en el papel, al menos dentro de nuestras letras, aunque los elementos onirícos que le faltaron, según observación de Liscano, aunque un sentido hondo de la interioridad de los personajes ya habían aparecido en nuestra novela, en el delirio de Presentación Campos, en las páginas finales de Las lanzas coloradas(1931), de Uslar-Pietri, novela también de la violencia desatada.

Es Uno de los de Venancio de una gran riqueza, lo que nos revela la capacidad de intuir y de ver de este novelista.

Desde luego, la novela psicológica no era nueva en nuestras letras. Había nacido a principios del siglo XX con Sangre patricia(1902) de Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927), pero la presencia de lo real había sido constante, avasallante, por ello las revelaciones de lo psicológico del personaje central que aquí leemos es necesario subrayarlos. Leemos: “Las emociones y los sentimientos expresábanse en gradaciones de tono y los mantos y túnicas hablaban lenguas multicolores”(p.423). Dice el protagonista, “Mis esfuerzos por soslayar la íntima desazón, que me atormentaba como una idea fija, no lograron su objeto. Me sentía completamente desamparado y solo. Sin embargo, no me faltaron amigos que se preocuparan por mi estado de ánimo”(p.143). O “En mi conciencia alzábase una voz que mis sentimientos y mi sangre moza trataban de sofocar. Reprochábame mi debilidad y mi claudicación”(p.330). Ello nos indica hasta donde le corría la sangre y los sentimientos por dentro.

Es por ello, que todo lo visceral de la pasión está allí, “y más aun cuando intervienen por otra parte valores tan efectivos como los eróticos”(p.378). Y por ello también el amor toca su alma, lo observamos cuando Miguielito habla de la mujer amada: “Rosalía, en cambio, representaba el otro amor, el poderoso, el pasional. Su origen no era tan elevado ni tan puro como el primero, pero era, sin duda, más profundo y duradero. Como estaba asentado en el alma, cuyas raíces hundénse en sustratos anímicos inexplorables, este amor inquetante escapaba a la comprensión, hacíase innacesible a la razón y a la voluntad”(p.359). Con el tiempo, después de tanta violencia, de tanta agresividad, será el amor el transformará su vida. Tal cuando leemos: “Desde que logré saborear las delicias de una vida pacífica en compañía de Rosalía repudié para siempre mis antiguas andanzas, proponiéndome servir únicamente causas justas…Los pocos nexos que aun me retenían a mi antiguo jefe quedaron así casi destruídos”(p.435), “¿Quién hubiera podido reconocer en este placido hacendado al turbulento Miguelito Herrera, a aquel joven insensato que paseaba su morbosa displicencia entre odiosidades y violencia?”(p.450).

Pero es esta también novela telúrica y es además obras que nos muestra una geografía, un territorio, unas gentes y su vidas.

Un Hijo de la Violencia
Cuando nos detenemos en la lectura de Uno de los de Venancio vamos dándonos cuenta de aquello que García Maldonado nos quiso contar. De allí que la esencia de este libro tan singular, haya sido mostrarnos cómo la que nos narra es la historia de un hijo de la violencia, incapacitado por esta de poder laborar por construir un mundo en paz.

Fue la violencia lo que deshizo la personalidad de aquellos seres, tan bien presentado, magistralmente, a través de Miguelito Herrera.

“En aquel ambiente irresponsable cobró sus viciosos contornos mi carácter violento”(p.22) dice; “El guerrero, que al compás del tam-tam o del tambor ejecuta una danza similar antes de partir a la caza o a la guerra, deberá experimentar una embriaguez parecida, una fuerza original extraída de las profundidades de su propio ser”(p.47). O, “Una ansiedad repentina me invade. Hay algo que se rebela dentro de mi mismo. Una protesta aislada. Un súbito alerta del espíritu desconectado. Pero es una sensación pasajera, solo dura breves instantes. Ninguna fuerza puede sobreponerse a la que despierta esta danza obsesionante, salvaje, demoníaca”(p.51). Por sus acciones fue conocido, “El nombre de Miguelito Herrera trascendió pronto, en alas de la fama arrabalera, a un radio más extenso”(p.67), así “la región sirvió de escenario a las desventuras de Miguelito Herrera”(p.540). La novela nos muestra, en todos sus registros, “La vida atormentada de ‘uno de los Venancio”(p.539), de Miguelito. Aquel quien siempre actuaba así: “A ver, ¿qué quiere?, díjole, hable ligero y déjese de pendejadas, porque a los venancistas no nos derrotan blaquitos como ustedes.¡Hable pues!”(p.406), habla fiero como era.

Siempre, Pulgar reaparecía y lo empujaba a la acción, “La ausencia de Lucía……sin que la imagen de mi amada palideciera por ello. Venancio Pulgar emergía de su pasajero eclipse. Mis camaradas del billar acentuaban gradualmente sus borrosas siluetas. Hasta el largo Hermócrates tendíame nuevamente a través de la distancia, su mano amiga”(p.142)

El Caudillo a Quien Siguió
Desde luego, aunque la historia que nos ofrece esta espléndida novela se cuenta a través de uno de los soldados de Venancio Pulgar(1838-1897), este siempre está presente, es el trafondo de la historia que se nos narra, siempre con acentos huracanados.

Era Venancio Pulgar: “Blanco, de correctas facciones, arrogante, generoso, dotado de un valor a toda prueba, Venancio Pulgar realizaba el tipo ideal del militar en sus más completa y noble acepción”(p.71), “así el comandante Pulgar poseía bellas prendas personales y graves defectos que las comprometían en grado sumo”(p.71). Piensa Miguelito: “Fue en aquella época cuando me enteré por vez primera del objetivo regional perseguido por Venancio Pulgar,el que llegó a constituir después un credo político: la autonomía de Maracaibo. Aunque el anhelo del comandante no pasó de ser puramente sentimental… Ninguna divisa politica podía resultar más fascinadora para un temperamento romántico. ¡La libertad de nuestro suelo!¡Romper la vil cadena impuesta por los opresores!...Así exclamaba yo en mi fuero interno, aunque no pudiera precisar la clase de lbertad anhelada ni supiera en qué consistían precisamente las odiadas cadenas”(p.77).

Recuérdese, sin embargo, que la palabra militar en ese período, siempre se refería a personas armadas en acción, quienes formaman las “tropas colecticias” que dijo Santiago Gerardo Suarez(1930-1996) para actuar. Nadie pintó mejor aquellos que seguían a los caudillos que Teresa de la Parra(1889-1936) a través de Vicente Cochocho, uno de los personajes de Las memorias de mamá Blanca(1929). No había en aquello tiempos unas Fuerzas Armadas, tampoco existía una academia militar. En ese período los grados se obtenían peleando en el campo de batalla. El ejército profesional venezolano fue establecido, en 1910, por el general Juan Vicente Gómez.

Y, desde luego, siendo el sueño de Pulgar, la autonomía del Zulia, era obvio para la República peligraba ante tal concepción. Desde luego, sólo se llegó a realizar aquello brevemente, de lograrse hubiera significado la desmenbración de la nación. Aquello era la constante ansia de los caudillos: formar su “patriecita”, ellos no miraban más allá. Lo contrario, el ver el contexto fuera de las reducidas aldeas, era un imposible para ellos, eran miras lejanas al caudillismo. Quien logró aquello, brevemente, solo algunos meses, en 1868, fue el antagonista de Pulgar: Jorge Sutherland(c1825-1873), todo ello fue producto de una mala comprensión de lo que era el régimen federal. De allí que leamos en la novela: “Lógicamente esos militares, educados en severa escuela, debieron comprender los peligros que para Venezuela entrañaba tal amenaza de disgresgación territorial, pero no debemos olvidar el aura de fascinación que poseía el comandante, amén de su indiscutible personalidad…nos sentíamos atados a él por su singular magnetismo”(p.78).

Por ello vemos como “de la misma manera la personalidad de Venancio Pulgar, caldeada por el ambiente, creció desmensuradamente, se desbordó de sus cauces naturales hasta convertirse en una hipertrofia de su propio yo. Sus ideales autonómicos, primitivamente sentimentaless y no por descabellados menos nobles, cedieron, se esfumaron bajo el sol de su egolatría”(p.78).

Ya hemos indicado que la actuación de Pulgar en el Zulia se inicio en los días de la dictadura de Páez. Así “El 26 de febrero de 1862 un nuevo cuatelazo, dirigido esta vez por el comandante Venacio Pulgar, puso en manos del sobrino la jefatura de la provincia mientras el tío era destituído y reducido a prisión. El nuevo jefe dio libertad a Bracho, reconociéndolo como gobernador de Maracaibo. Para justificar la acción, el comandante alegaba su fidelidad al gobierno de la dictadura[de Páez]”(p.79).

Era un caudillo y sus seguidores no pensaban si actuaba bien o mal, simplemente estaban con él: “En mi concepto, Venancio Pulgar poseía una significación tan elevada que jamás me preocupé de la justicia de sus decisiones”(p.187), “¿Cómo podría creer que un temperamento tan impetuoso, que un carácter tan endemoniado como el de Venancio Pulgar podría conformarse con un fracaso semejante”(p.191), “Hay que admitir que la figura de Venancio Pulgar… resulta harto sombría, pero ¿cómo justificar sus muchos errores e intemperancias…[fue]un hombre que arrastró tras de sí tantos partidarios, que supo inspirar devoción y lealtad a infinidad de ellos, debió poseer ciertas virtudes que en este relato apenas se esbozan”(p.540). Y sombrío fue el caudillismo y el período, demasiado largo, de su vigencia, fue la anti-independencia, la contrarevolución, según explicó Salcedo Bastardo[7].

Angustia por Venezuela
A todo lo largo de Uno de los de Venancio sentimos la angustia por Venezuela de la cual está traspasada esta historia, ya que lo que de desea en el fondo es otro país, otra dirigencia, distinta a aquellos que describe el escritor con mano tan densa. La esencia de la historia de esta novela debió abrebarla en los años de su juventud en que vivió en Maracaibo ejerciendo su profesión de químico sanitario, él había nacido en Los Teques.

Las varias lecturas de Uno de los de Venancio nos ha llevado a pensar que este libro fue escrito para demostrar la antítesis de lo que el país en los días en que transcurre la narración. En verdad aquellos jóvenes que aparecieron en los años viente del siglo XX deseaban otra forma de gobernar al país. Pese a García Maldonado vivía en Puerto Rico, estaba sintonizado con su generación venezolana, fue esta, los de 1928, quienes introdujeron y divulgaron los ideales contrarios a los de los caudillos, introdujeron la posibilidad de un gobierno civil, dirigido por civiles desarmados, solo armados con sus ideas y convicciones. En verdad, aunque no estaba en Caracas en los días de la Semana del Estudiante, donde se engendró aquella promoción, podemos considerar que compartió todo aquello pues su segunda novela trata de los días genésicos de aquel movimiento, crucial para el destino de Venezuela. ¿Pensó García Maldonado en ello?. Ojalá, porque las obras literarias no surgen de la casualidad, sino de lo más hondo de la conciencia de los creadores. Aunque a veces ellos no lo sepan pues en general son los temas que eligen al escritor y no al revés.

Ese desasosiego es evidente desde que leemos, casi al final de Uno de los de Venancio, “desgracidamente, he de continuar mi relato y apurar hasta la heces el cáliz de mi amargura”(p.430).

También indica “Un venezolano no necesitará hacer, probablemente, un gran esfuerzo imaginativo para figurarse este estado de cosas, ya que la historia posterior de nuestro país se ha caracterizado, en sus etapas dictatoriales, por la persistencia de atropellos de esa naturaleza, acompañados siempre por el símbolo del absolutismo vernáculo”(p.434).

Pero, sin embargo, la esperanza está viva: “He aquí que el horizonte se dspejaba cuando más sombrío y amenazador parecía. Pese a la ruina y la miseria generales, trabajaríamos con renovado ardor para rehacer lo perdido. Nuestras posesiones habían sido desvastadas, nuestro ganado confiscado y arrebatadas nuestras esconomías, pero no importaba. Sobre las ruinas del pasado construiríamos los cimientos del nuevo hogar y nos confiaríamos otra vez la misericordia de Dios”(p.528),

Venancio Pulgar
Siempre hemos pensado que cuando se lee una novela que nos cuenta la historia, el pasado, debemos hacerlo teniendo a mano una obra que trate de ese suceder. Por ello aquí vayamos a la historia, al periodo de Venencio Pulgar, en tierras zulianas, asunto central de la novela, para podernos explicar mejor el contexto que García Maldonado pone ante nosotros de forma tan bella y explicíta.

Las acciones de Venancio Pulgar se iniciaron durante la Guerra Federal(1859-1863), aunque ya en 1862 fue defensor de la Dictadura de Páez, aunque nunca logro entenderse con Pedro José Rojas(1818-1874), el politico mano derecha y ministro de Páez. Es también aquel el momento en que aparece en el Zulia Jorge Sutherland, quien fue su antagonista. Ambos pensaban en la autonomía fiscal y politica de la región, uno, Pulgar, como jefe militar, el otro, Sutherland, jefe politico. A poco Sutherland destituyó y envió al exilio a Pulgar. Durante este perpiodo la lucha de los partidarios de Pulgar por retornar al poder en el Zulia, fue constante, intentó tomarlo en 1864, 1865 y 1866, cuando fue herido y preso. Se unió, en 1868, a la Revolución Azul del anciano José Tadeo Monagas(1784-1868), a poco de la renuncia del presidente Juan Crisóstomo Falcón(1820-1870). Ese año volvió a Maracaibo. Pero aquel rebelde prosigue, no le era posible vivir con quietud. En 1869 desconoció el gobierno nacional, proclamó la autonomía del Zulia, puso a la región en estado de guerra. Pero el 28 de octubre del mismo año, José Ruperto Monagas(1831-1880), vicepresidente de la República, llegó a Maracaibo y detuvo a Pulgar. Y llegado Guzmán Blanco al gobierno, Pulgar pasó a servir al gobierrno, gobernó en el Zulia(1870-1874). Escribe Rutilio Ortega: “Su gestión en las diferentes ocasiones en que detentó el poder en el Zulia fue contradictoria: impulsó la educación y las obras públicas y de beneficiencia, pero asi mismo usó la fuerza y la intimidación, tal como lo señalan la serie de sucesos que culminaron en el saqueo de la Villa del Rosario de Perijá, en 1863”. Tal aquel hombre, de quien dice, monseñor Gustavo Ocado Yamarte: “a nivel del Zulia fue la personalidad más característica de todo el siglo pasado”[8]. Hasta allí llega su avasallante presencia en tierras zulianas, que es lo que nos intersa para comprender el contexto de aquello que se narra en Uno de los de Venancio.

Febrero 4,2014.

[1] Mariano Picón Salas: “Antítetis y tesis de nuestra historia” en Comprensión de Venezuela,p.135-151. La cita procede de la p.148. Debemos anotar que este trabajo fue escrito como comentario al denso libro de Augusto Mijares: La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana. Apareció originalmente en el volumen del maestrio merideño: 1941. Cinco discursos sobre el pasado y presente de la nación venezolana. Caracas: Editorial La Torre,1940 142 p. Está en las p.61-84.

[2] Alejandro García Maldonado(1899-1961):Uno de los de Venancio. Santiago de Chile: Ediciones Ercilla,1942. 381 p., Primer Premio del Concurso Latinoamericano de Novelas de la editorial norteamericana “Farriar y Reinchart”, Nueva York, con dos ediciones más: 2ª.ed.Caracas:Tip. Cultura,1945.367 p.; 3ra.ed. Prólogo: Juan Liscano. Caracas: Monte Ávila Editores,1979.558 p., que es la edición que aquí utilizamos. Su segunda novela es El rastro de los Dioses. Caracas: Edime, 1960. 350 p..Estudios sobre este escritor son: Pedro Pablo Barnola SJ: Estudios crítico literarios, Primera serie, Caracas: Editorial Cecilio Acosta,1945. 241 p. Ver: “Ajejandro García Maldonado, autor de Uno de los de Venancio”(p.101-111); Pedro Moreno Garzón: “Alejandro García Maldonado” en Venezolanos ciento por ciento. Caracas: Editorial Cecilio Acosta,1943. 161 p.; Juan Liscano: Tiempo desandado. Caracas: Miniesterio de Educación,1964. 407 p. Ver: “Sobre Uno de los de Venancio y la poesía nueva”(p.69-84); Juan Liscano: Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas: publicaciones Españolas,1973. 414 p. y Miguel Otero Silva: “Alejandro Garccía Maldonado” en Tiempo de hablar. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1983,p.65-72. Sobre el caudillo que movió la pluma del novelista consultar Rutilio Ortega: “Pulgar, Venancio” en Varios Autores: Diccionario de Historia de Venezuela,t.III,p.778-779.

[3] Guillermo Meneses: La mujer, el as de oros y la luna. Caracas: Tip.Vargas, 1948. 123 p.

[4] Miguel Otero Silva: “Alerjandro Gracía Maldonado” en su Tiempo de hablar,p.70.

[5] Juan Liscano: Panorama de la literatura venezolana actual,p.70.

[6] Juan Liscano: “Uno de los de Venancio y la poesía nueva” en su Tiempo desandado,p.71-72.

[7] José Luis Salcedo Bastardo: Historia fundamental de Venezuela,p.395-397.

[8] Rutilio Ortega: “Pulgar, Venancio” en Varios Autores: Diccionario de historia de Venezuela,t.III,p.778-779; Ver también Rutilio Ortega: “Sutherland, Jorge” en Varios Autores: Diccionario de Historia de Venezuela,t.III,p.1207-1208. Gustavo Ocando Yamarte: Historia del Zulia. Caracas: Editorial Arte, 1986.684 p. La cita procede de la p.342. Este es el estudio más completo de la peripecia de Pulgar.