Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Unas Palabras Sobre la Literatura Actual Venezolana

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Amigos y amigas presentes:

Una vez escuchadas las sabrosas exposiciones de cada uno de los escritores y escritoras invitados, Gisela Kozak, María Ángeles Octavio, José Tomás Angola y Carlos Sandoval, habiendo hecho real entre todos ellos una visión de nuestras letras vistas desde el ángulo de los creadores, deseamos como moderador cerrar con estas consideraciones:

Debemos comenzar por una observación que hice hace unos minutos: ya los libros publicados por la Fundación para la Cultura Urbana, cuya editorial creó y dirigió Rafael Arraíz Lucca, no están presos, ni bajo la tutela de la Superintendencia de Bancos. Han sido devueltos a su verdadero dueño y puesto en manos de Andrés Boesner, el librero de Noctua, quien ya ha puesto a circular los 4000 libros devueltos a través de las librerías. Les decía que algo de este logro nos tocó a nosotros pues más de una vez, desde nuestro programa, de radio Sintonía, nos dirigimos directamente al presidente Chávez pidiéndole su devolución. Desde luego, nos sabemos qué eco pudieron tener nuestras palabras tres veces repetidas. En aquellos momentos le dijimos al mandatario que dieran la orden de entregar estas obras a las Librerías del Sur, las del gobierno, para que circularan de nuevo, le expresé que le pusiera los precios que deseara pero que la gente del país requería de aquellos libros, le observé también que si alguien le había dicho que aquellos eran “libros escuálidos” le había informado mal, que aquellos eran obras, de literatura, historia, pensamiento, sobre los problemas de la ciudad, obra de destacados escritores nuestros y algunos de autores extranjeros. El día que la noticia de la liberación de esta obras se cumplió, cuando la noticia apareció en El Nacional, estábamos, mi compañero en esas lides Tury Agüero y nosotros entrevistando a Carlos Sandoval, quien está noche está con nosotros, y Tury la preguntó su opinión sobre aquel suceso, inusitado sin duda, pues nunca el gobierno, ni sus organismos culturales, han hecho acción alguna que indique que escuchan a los propuesto por personas que no son de su entorno. Pero por vez primera el milagro sucedió, no entendemos cómo. Podemos pues esta noche celebrar el hecho e ir de nuevo a las librerías en busca de los magníficos ejemplares de aquellas obras.

Coincidimos con José Tomás Angola que la literatura venezolana vive un momento luminoso. José Tomás nos plagió aquí lo que nosotros mismos hemos repetido más de una vez desde hace varios años. Pero coincido con él en el hecho de que la veracidad de las letras venezolanas actuales estriba en el hecho de que nuestros escritores lo están haciendo escribiendo como somos los venezolanos, como nos sentimos los que aquí vivimos, haciéndolo desde nosotros mismos, desde nuestras entrañas, el único lugar en donde surge la literatura veraz.

Lo escuchado sobre nuestro admirado Francisco Suniaga y La otra isla, sobre todo con el grande rechazo editorial que sufrió aun inédita, sólo una pequeña editorial, Todmann, se aventuró con esta bella novela que ya lleva nueve ediciones, es el libro más reeditado en la última década. Cuando recordamos que La otra isla no fue comprendida porque no sucedía en Caracas sino en Margarita, siempre hemos pensado con lo que le sucedió al gran escritor catalán Eduardo Mendoza con su primera y celebrada novela La verdad sobre el caso Savolta, rechazada por todas las editoriales de Barcelona lo que llevaron a su autor a pagar su edición en una imprenta de la ciudad condal pero cuando esta estuvo en las manos de los críticos y de los lectores triunfó ampliamente, como el resto de la obra de este vasto novelista, cuyas visiones acabamos de volver a encontrar en su Riña de gatos, editada en Caracas por Planeta. La mala conciencia de aquel hecho ha llevado a Seix Barral a escribir en las solapas de sus novelas que siempre editó en esa casa, para tapar el injusto rechazo. A Suniaga la cayeron otros dicterios aquí ante el triunfo resonante de su novela que no ha parado, como aquel de que no había estudiado letras, lo que consideraban algunos que era una necesidad obligante, pero es falso, un escritor puede brotar desde cualquier profesión, pero no era verdad en su caso, Francisco además de abogado era graduado en inglés en el Instituto Pedagógico, es decir en literaturas anglosajonas, y allá había sido alumno, nada menos, que de Gustavo Díaz Solís que en las semanas pasadas nos ha dejado. Fue maestro insigne del cuento venezolano.

Igual lo que han hecho los exquisitos con el escribir literario de Mónica Montañés, a quien ven con malos ojos por ser escritora de televisión y considerada por algunos como perteneciente a la farándula por su pieza El aplauso va por dentro, esta con sus tres mil representaciones, para fines del 2011, siempre representada por la magnífica Mimi Lazo, es la pieza más montada de toda la historia del teatro venezolano, del siglo XIX y XX y hasta ahora del XXI. También los finos la han excluido de las antologías pese a que su libro Vientitantos amores y pico lleva cuatro ediciones seguidas, es el libro de cuentos más reimpreso en los últimos tiempos, tan bueno como Amantes y enemigos de la española Rosa Montero, cuyo tema es el mismo: las cuitas de las parejas. Y, además, su novela última: Desconocidos, ya con dos ediciones, es más que un logro, especialmente por su protagonista masculino, Guto, el cual es un hombre verdadero y no un hombre creado desde la fantasía de lo que las mujeres fabulan son los varones que es como en general aparecen en sus novelas.

Por cierto, que concomitante con lo que hemos señalado en párrafo anterior son los burdeles que aparecen en las novelas escritas por mujeres, lugares presentidos por ellas pero no reales, cuya vivencia forman parte de la educación sentimental de los hombres, ¡hay de aquel que le falte burdel!. A las casas de cita no entran mujeres, solo las trabajadoras sexuales, como las llaman ahora, con ese ridículo eufemismo, al hacerlo se olvida que toda prostituta es una mujer y las hay allí de todos las vocaciones, yo tuve una amiga en ese predios que es poeta, como aquella de la película argentina El lado oscuro del corazón. Y era grandísima lectora, siempre me la encontraba haciendo la cola en las piezas de teatro y en el cine. Sin embargo, el oficio más antiguo del mundo era el suyo. Solo un lenocidio veraz hemos encontrado en nuestros libros femeninos, el que aparece en unos pasajes de Doña Inés contra el olvido de Ana Teresa Torres.

Ha hablado esta noche María Ángeles Octavio varias veces del trabajo de Rodrigo Blanco y Luis Yslas en la editorial-cooperativa “Lugar común”, tiene razón. Por nuestra parte les informo que en sus ediciones se está imprimiendo en estos días El veraneante de Pancho Massiani, su primera novela, escrita en 1965, anticipación de Piedra de mar, guardada por más de cuatro décadas en una gaveta, de allí la rescatamos nosotros, nos la llevamos a nuestra casa, con permiso de Pancho, y la computarizamos y corregimos junto a su autor. Sus hojas, escritas en una máquina de escribir mecánica, estaban tan viejas que nos fue imposible scanearlas, las pasamos en limpió copiándola en el procesador línea a línea, como se hacía antes. Pronto podrán leerla y verán nacer el mundillo de Pancho: Sabana Grande, la playa, el Ávila, La Florida. Será todo un rescate casi medio siglo después de haber sido concebida.

Otro asunto se ha hablado esta noche: el poco interés de algunos por Boriz Izaguirre. No podemos entenderlo. Es un escritor muy bueno, su estilo es impecable, es un hombre de letras muy cercano al estilista, su modo de escribir en ciertos pasajes es casi perfecto, hay quien nos ha dicho que corrige sus libros junto con Antonio Gala, el escritor de La pasión turca. Además tiene entre sus cinco novelas dos que son entrañables para los aquí nacidos: Azul petróleo con su bello paralelo Caracas-Madrid y las comparaciones entre Arturo Michelena y pintor Joaquín Soroya, de la misma edad que el valenciano nuestro. La otra es Villa diamante, la más bella novela de Caracas, de exultante alegría, que se ha escrito en los últimos tiempos, porque la otra Nocturama de Ana Teresa Torres, impecable en todo sentido, es la novela del dolor por la destrucción de Caracas que hemos visto en estos años trágicos. Sentimos que a veces lo que se ha hecho alrededor de Boris Izaguirre y otros es la vieja, y maléfica, suspicacia venezolana por los que, gracias a su talento, triunfan lejos de nuestras costas. Boris Izaguirre es imposible no leerlo, es un escritor demasiado bueno. Nadie ha dicho de nuestra época que vivimos un tiempo efímero, como se lee en Dos monstruos juntos, su último libro, expresión en la que se observa como todo escritor es un testigo crítico de su tiempo, como nos lo hace ver Boris en esta la segunda novela de un creador venezolano que sucede en Londres, como antes lo fue Los mártires(1842), nuestra primera novela, de don Fermín Toro(1806-1865).

También se ha hablado con justicia de Todas las lunas de Gisela Kozak, recién aparecida hace pocas semanas. Ello sobre todo en la exposición, llena de generosidad, como es ella, que acabamos de escuchar dicha por Krina Ber. Todas las lunas no solo es bella, sólida, sino que utiliza las estructuras de la literatura autobiográfica, cartas, diarios, memorias, para contar su historia que parece suceder por allá por Grecia, en el mediterráneo. Una historia de amistad y de amores entre mujeres, una novela de la identidad dentro de la diversidad sexual, la primera que desde ese ángulo se escribe en nuestra literatura. Todas las lunas es una obra tan bien hecha que hemos pensando que en adelante toda la escritura de su autora penderá de ella. Y sobre ella ya han surgido opiniones como una que escuchamos de una lectora en estos días de esta Feria del Libro. Nos dijo que creía, después de leer, Todas las lunas, viendo su esencia, que le gustaría proponer a su autora que reescribiera su novela Latidos de Caracas y cambiara el personaje masculino por una mujer, serían entonces dos mujeres, a través de las cuales se contaría la historia, le parecía a ella que así el libro sería más veraz pues ella le parecía un tanto vacío el personaje varón de esta novela.

(Palabras dichas como moderador, para cerrar la tertulia organizada por la Fundación Francisco Herrera Luque, en la Feria del Libro de la Plaza de Altamira, la noche del miércoles 2 de Mayo de 2012).