Domingo, 12 de Febrero de 2012

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Un perro muerto

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por Rigoberto Rodríguez

En la librería Summa de Sabana Grande, que visito por pura casualidad, me encuentro (¡gratísima sorpresa!) con el nuevo libro de Ednodio Quintero: Confesiones de un perro muerto (Mondadori, 2006). No puedo creerlo. Estaba esperando un nuevo libro de Ednodio desde que Enrique Vila-Matas nos comentara, en su volumen de ensayos Extrañas notas de laboratorio (Ediciones El otro, el mismo, 2003), acerca de la lectura que hizo de un manuscrito, durante su estadía en un hotel ubicado en las montañas del páramo andino, al que considera una pequeña obra maestra. Se trataba de la novela El diablo en casa, de Ednodio Quintero.

Ese “diablo” aún no anda suelto, pero con este “perro muerto” de seguro que la vamos a pasar bien. Considero a Ednodio uno de los mejores escritores en nuestra lengua. Su novela La danza del jaguar (Monte Avila Latinoamericana, 1991 y 2006), es uno de los libros más cautivadores que he tenido la oportunidad de leer en toda mi existencia. Su trama –lo más parecido al delirio producido por una fiebre abrazadora– está conformada por cientos de historias que se imbrican unas con otras en la mente de un joven adolescente.

Decir que Ednodio Quintero es quizás el mejor escritor venezolano vivo puede, de seguro, ser considerado por muchos como una provocación, y hasta como una herejía –además de servir para ganarme no pocos enemigos–, pero si existe algo así como el “Top five billboard ranking” de la literatura venezolana contemporánea, Ednodio ocupa allí, con toda certeza, un bien ganado lugar muy cerca del tope.

Rigoberto Rodríguez