Sábado, 19 de Agosto de 2017

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Todas Las Lunas

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Queremos comenzar esta reseña sobre la novela Todas las lunas(Contratapa: Ana Teresa Torres. Caracas: Equinoccio,2011. 320 p.) de Gisela Kozak con una reflexiones previas.

Debemos confesar que desde que abrimos este libro y leímos su primera página quedamos deslumbrados con lo que encontramos. Es un gran libro. Es una novela que dejará su huella en nuestra literatura. Y ello en varios de sus sentidos: por su construcción, por su cuidadoso estilo, por su bella prosa y por el apasionante relato que pone ante nosotros y por el ardoroso, y a veces ebrio, vivir de sus criaturas.

Pero hay más: creemos que su autora debe pensar como creadora el ámbito que se le abre con este libro, la forma como su obra va a pender de esta obra, más que sobresaliente, en adelante. Sentimos que con Todas las lunas llegó a su entraña. Y ello es así. Creemos, por el conocimiento que tenemos de su obra, por nuestra constante lectura de la misma, desde que descubrimos Rapsodia(New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio,2000.136 p.), la primera versión de sus Latidos de Caracas(Caracas: Alfaguara, 2007. 115 p.), que son evidentes dos ámbitos en su escribir: el de Caracas, la Caracas sucia y fea, la que no nos gusta, la de estos tiempos, periplo que ha rematado con esplendor en las narraciones de En rojo, narración coral(Caracas: Alfa,2011.174 p.). Y ahora con Todas las lunas se le abre otro espacio que no debe perder de vista su autora, pues creemos que podría quedar colgada a él, dada su veracidad. De hecho en el buen sentido, en el positivo de la palabra, no como algo que se cierra sino como algo que se abre. Todas las lunas puede ser considerado el libro de las separaciones y de las revelaciones.

Cuando presentamos en la Fundación “Francisco Herrera Luque”(Agosto 2,2011) En rojo expresamos que al no haberse publicado aquel día aun Todas las lunas nos faltaba un eslabón para la comprensión de su obra. Era así, ahora podemos comprender lo que se abre con esta bella y febril historia. Razón tuvo nuestra Ana Teresa Torres al decirnos hace años, después de leer sus originales, “esa es una novela de esas que nos gustan a nosotros”. Lo es.

Todas las lunas, ahora lo sabemos, fue terminada en el 2004, inició entonces su difícil y proceloso viaje editorial, que ahora ha llegado a feliz termino gracias al equipo de la Editorial Equinoccio. La fecha de su culminación, nos permite observar ahora el encadenamiento del trabajo creador de Gisela Kozak.

Cada vez que abrimos y volvemos a releer Todas las lunas encontramos mejores cosas, más visiones, más reflexiones, comprendemos el sentido que tiene la presencia de la música en ella, especialmente de la barroca. Creemos que a través de la música se nos presenta el proceso creador en general, hay pasajes que se pueden aplicar a diversas creaciones, tanto a las artísticas como a las literarias.

Y el proceso del amor es como lo dice. Y esta, aunque es una novela fundamentalmente lésbica, de hecho es la primera en presentar esta elección humana en nuestra literatura, es asunto válido para todos los modos de las vivencias amorosas. Es como los poemas homoeróticos de Constantin Kavafis(1863-1933) que si fueron concebidos por el poeta de Alejandría para enamorar a los sus jóvenes amantes en verdad con ellos también un varón heterosexual puede enamorar una mujer, son universales como muchos pasajes de Todas las lunas.

Y el afecto por las amigas y los amigos está bellamente tratado. La amistad es una forma de amor, la más alta. Desde luego, antes que nosotros, que algo hemos escrito sobre este tópico que sierre nos ha fascinado, especialmente con relación a Simón Bolívar(1783-1830) quien cultivó la amistad de forma tan asidua. Leyendo en este sentido a Todas las lunas podemos recordar lo que han dicho los tratadistas del tema, sobre todo los clásicos, entre otros, Cicerón(106-43 aC) y Michel de Montaigne(1533-1592), quienes nos han mostrado las caras primorosas de la amistad. Pero no son los únicos Lo comprendemos porque sin amigos y amigas no se puede vivir. De allí que cuando Gisela Kozak toca en Todas las lunas la amistad logra hablar al alma de quien lee, más a aquellos que le tienen montado un altar en su corazón y la amistad ha sido inspiradora en su vivir. Desde allí se espiga la creación del “homo sentimentalis”, somos la civilización del sentimiento, a la que se refiere Milán Kundera(1929) en La inmortalidad(Barcelona: Tusquets,1990,p.232). Y tan están presente los sentimientos, sobre todo de las mujeres, que debemos anotar que el ámbito de toda esta novela está construido en el afecto y desde él. Nos es casual que nos encontremos, por ejemplo, como una memorable descripción de lo que es el amor entre mujeres. Allí se lee:

“El barquero me llevó a casa de Constanza y me dejó en una de las entradas. Al despertar la vi a mi lado, dormida. La amaba tanto, la deseaba de tal modo, la adoraba con tanta intensidad que lo ocurrido la noche anterior me parecía en homanje a su temperamento. Recordaba el Cantar de los cantares, del judío Salomón(II,10-14): “Levántate, oh amiga mía, hermosa mía,/y ven/porque aquí ha pasado el invierno,/Se ha mudado,/la lluvia se fue;/se han mostrado las flores en la tierra,/El tiempo de la canción ha venido.Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola/la higuera ha hechado a sus hijos,/Y las vides en ciernes dieron olor;/Levántate, oh amiga mía, hermosa mía,/y ven./Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña/en los escogido de escarpados parajes,/Muéstreme tu rostro,/hazme oír tu voz/porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto”. Cuando despertó le recité el poema. Me hizo levantarme de la cama: me bañó con aguas perfumadas, cepilló mi cabello y untó aceites en mi cuerpo. Entonces me preguntó si me gustaría ponerle música al poema de Salomón…Si, pero no precisamente de piano, viola, en fin…¿Y qué tal si lo haces con otros instrumentos? Creo que haré que los traigan…Creo que primero debe conocer bien los que tengo en la mano….Salté sobre ella y la sujeté por las muñecas: se entregó a mi como nunca y como siempre. Desperté horas después…Cuando pienso en aquellos años vividos al lado de Costanza no hay temor alguno que pueda abrumarme. Durante el tiempo en que he escrito esta parte de mis memorias caigo en silencios profundos, largos, pero exentos de tristeza. Siempre había pensado en lo tristes que son las páginas de esos poetas que hacen versos tratando de resucitar el amor perdido sabiendo que el amante o la amante nunca leerán estas páginas, que no se escribe para ese otro, que esas cosas que se dicen no los harán amar por nadie, que la escritura no recompensa nada, no sublima nada, no consuela ni cura a menos que la propia vida no valga la pena. Qué inútil debe ser escribir porque la vida se escapa, que lastimero es el delirio de intentar probar que estar en el mundo tiene sentido si no hemos tenido una existencia a nuestra medida, como diría Constanza, o si lo hemos perdido todo…Ahora entiendo mejor a esos poetas: Constanza nunca leerá estas páginas, pero yo sí lo haré una y otra vez” (p.146-149). Este memorable pasaje es tan denso, tan existencialmente potente, que vale para todos, para todos los amores, los de los hombres con las mujeres o de las mujeres con ellas. Y esto es posible porque todo escritor auténtico toca todo lo humano, en todos sus registros, con su escribir. Es por ello que ante ciertos pasajes de ciertas obras literarias hablamos de universidad, de sentimiento ecuménico.Y el más deslumbrante es siempre el amor.

Del amor entre mujeres con momentos, preciosamente descritos, de la misma vivencia nos encontramos al leer:

“Me quedé sola en la puerta de nuestra casa pensando en lo ocurrido. Repentinamente, Antonelle apareció…amar es combatir. Una mano acarició mi nuca con un movimiento suave, circular, insistente. Mi cabeza empezó a moverse lentamente y la recosté de su mano; me llevó a su regazo. Después de un momento nos levantamos y me condujo por las calles oscuras hasta un alcoba bellísima. Volvió a mí y sus dedos acariciaban mi espalda del mismo mdo que antes a mi cabello; me besó de un modo delicado e intenso y mi lengua cedió frente a los dulces pero firmes avances de la suya. Mi ropa cayó al suelo sin yo saber cómo, En un mareo que no quise detener todo mi cuerpo fue acariciado con una lengua y unos dedos que se movían de modo circular, suave, insistente, su sexo humedeció mi boca como el mío la suya: un chorro de humedad cayó en el momento final. Me sumergí en un sueño mecido por su voz, sus sábanas y su piel. Cuando desperté estaba sola. Dejó una nota: Quien fuera la única. Antonelle”(p.212-213),

Siempre en Todas las lunas todo está contado todo con extrema delicadeza, como en este pasaje: “Me atrajo hacia su cuerpo imperiosamente y me besó con ansiedad, dirigiendo la intensidad y la duración de la caricia, tomando mis labios entre los suyos de un modo que podría calificarse de experto”(p.220-221). Todas las lunas tocando tales vivencias nos muestra como el amor entre mujeres es bien distinto al amor homosexual entre hombres. Dos mujeres se encuentran mirándose cada una en el espejo de la otra. Tal, a nuestro modo de mirar, la singularidad del amor entre mujeres.

Y la presencia de los sentimientos se hace más evidente en Todas las lunas al usar la novelista en su narración las estructuras de la literatura autobiográfica. Fíjese que no estamos diciendo que se trata de una novela autobiográfica, sino que el suceder de esta ficción está narrado a través cartas, diarios y memorias, lo que le permite ofrecernos “el latido violento de la vida”(p.318), la travesía del vivir, que se lee en sus últimas líneas. Es el lector quien al llegar a la página final reordena mentalmente el suceder de aquello que se le ha presentado. Todas las lunas, perfectamente, puede ser considerada una novela hecha de fragmentos, un modo muy actual en la literatura y con antecedentes ciertos en nuestra ficción también.

Se ha expresado como una explicación del rechazo que sufrió Todas las lunas en nuestro mundo editorial el hecho de ser una novela de difícil lectura. Respetando ese criterio, ello no nos ha parecido así, para nosotros no lo ha sido. Sabemos que somos un lector constante y sensible, sino la tarea critico literaria sería imposible. Además seguimos el camino de la literatura de nuestros días, la de aquí y la de otras partes, ciertamente la europea y norteamericana de estos tiempos, principalmente la de lengua inglesa. Hemos comprendido plenamente lo que se haya en Todas las lunas, para nosotros ha sido una lectura gozosa, cuando un libro atrapa a quien pasa una tras otra sus páginas y se da cuenta hacia donde lo lleva la escritura que se le revela, quiere decir que está ante lo mejor. Además, estas historias existenciales del vivir, con sus búsquedas personales, a veces ansiosas y agónicas, y expuestas, como es el caso de Todas las lunas, en medio de tan altísima cultura, la presencia de la música, de los clásicos literarios, con toda una teoría sobre la creación artística, la literaria y musical que desarrolla ante nuestros ojos, mientras el bello lenguaje nos conmueve, nos lleva hacia predios certeros. Es lo que vemos, y mejor aun, lo que sentimos. Todo los planteamientos sobre el amor y la amistad, en cualquiera de sus sesgos, toca el espíritu de quien siga la narración, logra reflejar en el alma de quien siga la anécdota de Todas las lunas, se puede mirar en el espejo del vivir que es la literatura, de lo esta autora nos ofrece en este libro, que de hecho señala un hito en la novela venezolana.

Se ha hablado en estos días con justicia de Todas las lunas de Gisela Kozak. Ello sobre todo en la exposición, llena de generosidad, como es ella, que escuchamos dicha por Krina Ver, en una de las tertulias de la Fundación Herrera Luque en la reciente Feria del Libro(Mayo 2,2012).

Todas las lunas no solo es bella, sólida, nos cuenta uns historia que parece suceder por allá por Grecia, en el mediterráneo en todo caso. Una historia de amistad y de amores entre mujeres, una novela de la identidad dentro de la diversidad sexual, la primera que desde ese ángulo se escribe en nuestra literatura. Todas las lunas es una obra tan bien hecha que hemos pensando que en adelante toda la escritura de su autora dependerá de ella. Y sobre ella ya han surgido opiniones como una que escuchamos de una lectora en estos días de esta Feria del Libro. Nos dijo que creía, después de leer Todas las lunas, viendo su esencia, que le gustaría proponer a su autora que reescribiera su novela Latidos de Caracas y cambiara el personaje masculino por una mujer, serían entonces dos mujeres, a través de las cuales se contaría la historia, le parecía a ella que así el libro sería más veraz pues ella le parecía un tanto vacío el personaje varón de esta novela.

Por todo lo expuesto creemos que Todas las lunas será para Gisela Kozak una mina no solo a explotar sino a explorar.

Mayo 25, 2012