Jueves, 27 de Julio de 2017

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Sobre los Viajes Interiores (Incursión en Comer en Italia, rezar la India, amar en Indonesia)

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Por: R.J.Lovera De-Sola

 “Perfúmate allí donde quieras que te besen”
Coco Chanel

La Escritora
La escritora norteamericana Elizabeth Gilbert nació el 8 de Julio de 1969, tiene hoy cuarenta años. Su primer libro, Pioneros (1997), es una colección de historias cortas, recibió el premio Pushcart y fue finalista del PEN/Hemingway Award. Esto fue seguido por su novela Stern Men (2000), seleccionada por The New York Times como libro destacable.

En el 2006 publicó el que traducido al castellano se titula Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia(México: Aguilar, 2007. 350 p.), una crónica de un año de su vida, acerca de la exploración espiritual y personal, realizada mientras viajaba por el extranjero. El libro estuvo en la lista de los libros más vendidos, los “best Sellers”, del diario The New York Times a poco de haber aparecido en la primavera de 2006, al fin de ese año fue considerado por el mismo periódico uno de los cien libros relevantes del año. En octubre de 2008, después de ochenta y ocho semanas, el libro todavía estaba en el puesto número dos de los más leídos. Los derechos del libro han sido adquiridos por Columbia Pictures, y acaba de entrenarse(2010) una película basada en el libro, protagonizada por la magnífica Julia Roberts como actriz protagónica, la acompaña Javier Bardem, a quien creemos que ya debe ser considerado uno de los grandes actores de nuestra época. En el año 2000 Elizabeth Gilbert prologó el interesante volumen A Writer's Workbook: Daily Exercises for the Writing Life, es decir el libro de trabajo para los escritores, contiene una serie los ejercicios diarios sugeridos para aquellos y aquella cuyo oficio y vocación es escribir.

La Creatividad
Sobre la creatividad que para ella se expresa escribiendo ha ofrecido estas opiniones:

Crear algo es un proceso misterioso, pero sobre todo difícil y lleno de momentos de duda sobre la propia capacidad.

Pero podemos empezar por preguntarnos si realmente es nuestra esa capacidad.
No sabemos cómo pensamos, cómo funcionan los procesos que nos hacen cobrar conciencia, y ciertamente tampoco sabemos cómo creamos.
Pero seguimos sintiéndonos responsables de esa capacidad, como si fuéramos totalmente dueños de ella.

Y si bien es cierto que toda creación implica esfuerzo, constancia y concentración, tampoco es algo que podamos conjurar a voluntad. No podemos forzar esa chispa súbita que llamamos inspiración, la idea que se aparece repentina y urgente para darle nacimiento, forma o el toque final a algo.

No creo en entidades invisibles que controlen o asignen inspiración a los seres humanos, el mundo ya es bastante complejo tal como es, y francamente no creo que seamos tan importantes para tener un servicio de administración creativa cósmica asignado al servicio de la humanidad.

Pero sí creo que somos un misterio para nosotros mismos, que lo que llamamos “yo” es demasiado pequeño y superficial para explicar lo que somos. Que muchas veces nos equivocamos al cargar con culpas y glorias que no le pertenecen a nuestra parte consciente, e incluso, que a veces no nos pertenecen a nosotros en lo absoluto. Que nos queda mucho por aprender como para tomarnos tan en serio y creer tanto que estamos bajo nuestro completo control.

Y en el fondo ya sabemos que para crear, no hay otra forma mejor que intentarlo una y otra vez. Y esperar a que esa idea indefinible, esa sensación desconocida a la que atisbamos de reojo se manifieste de lleno. Y si no lo hace, intentarlo de nuevo, disfrutando de ese esfuerzo voluntario y dirigido que quizás no llegue a nada (en términos de éxito o de aceptación masiva), pero que tiene muchísimo significado en sí mismo(Julio 5,2009).

Tales reflexiones nos permiten descubrir el espacio mágico de la creación, esa parte que en los artistas y los escritores(y ¿por qué no? en los historiadores y en los humanistas en general los que se expresan escribiendo) está conectada con todo lo que somos por lo cual no estamos íngrimos ni somos seres errantes, abandonados.

Y su corolario: para ella quien escribe debe actuar dentro de lo que ella denomina la “lucha creativa”, mostrando en algunos de sus escritos cómo podemos entrar a esa batalla protegidos de nuestro ego. Una perspectiva, o un truco quizás. Su perspectiva es difícil compartir porque ella cree que todo, incluso la creación viene de fuera. Nosotros, sin embargo, pensamos lo contrario: que todo viene de dentro, de nuestro adentro, de nuestras entrañas incluso. Y es desde allí de donde emerge hacia aquel que se expresa con la palabra.

Ella dice que todo le viene de afuera porque desde su graduación universitaria en Ciencias Políticas comenzó a experimentar diversas tareas: cocinera, camarera, mandadera en una revista en cuyas experiencias abrevó para escribir después sobre ellos. Pero cuando escribió el libro que la ha revelado internacionalmente(de hecho estuvo por más de cien semanas en la lista de los libros más vendidos del diario The New York Times) Comer en Italia, Rezar en India, amar en Indonesia, impreso en inglés en el 2006, a donde buscó fue en su interior, en sus desgarradas experiencias: es de allí de donde salen las experiencias verdaderas y legítimas. Comer, rezar y amar son tres ámbitos sin los cuales no se puede vivir. Hasta ahora el único de sus libros traducidos al castellano hasta ahora, según las informaciones que hemos podido recabar, es este.

El Libro
En pocas palabras la historia que hallamos en Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia, es así: la escritora estadounidense Elizabeth Gilbert relata en primera persona un viaje de doce meses que realizó a los treinta y seis años, luego de un traumático divorcio, en busca del justo equilibrio entre cuerpo y espíritu. A mitad de camino entre la reeducación personal necesaria para mujeres divorciadas, la crónica de viaje y la literatura autobiográfica, la autora relata su periplo en cada uno de esos países con un objetivo diferente según el sitio. Con un lenguaje sencillo, con ciertas dosis de humor, como lo recalcan algunos de sus lectores, la mayoría mujeres, nos pone ante aquello que vivió lo cual la lleva a una serie de reflexiones sobre las relaciones entre las personas, lo más difícil siempre, y los seres humanos y su interior. Así la autora enlaza su andar por estos países, a la vez que evoca lo sucedido con personas que conoció, hechos, incluso históricos, sucedidos en esos países, observaciones sobre las ciudades que conoció y hechos que observó o le fueron comunicando.

La protagonista, Elizabeth, de treinta y tantos años, deja atrás un matrimonio de siete años, un divorcio desgarrador y un desastroso romance posterior. Necesita alejarse de todo un poco, así que decide dar el gran paso, respirar hondo, dejar todo y marcharse de Nueva York. Así llega a Roma, donde descubre los placeres de la ciudad, aprende diez expresiones nuevas al día y se queda fascinada con los sorprendentes ojos de su nuevo ligue Giovanni, diez años menor que ella, y con el poder curativo de la pizza. Después de Italia, Elizabeth prosigue el camino ya emprendido por otros países, hasta que da la vuelta al mundo y en paz consigo misma regresa a Nueva York.

Estas memorias son un excelente ejemplo de la nueva corriente literaria que ya tiene numerosos seguidores en todo el mundo, un libro semi-novelado de que sirve para abrir los ojos hacia otras experiencias que pueden ser enriquecedoras para su lector. Así este libro es una reflexión sobre el amor en sus diferentes formas. Incluso el más escéptico lector soñará con encontrar a Dios algún día en un lugar de la India o quizá en un pedazo de pizza en Italia o una nueva pareja en Bali, Indonesia. Y no es un libro sólo para mujeres porque las experiencias que nos trasmite son válidas para personas de ambos sexos, aquellos que viven la experiencia del divorcio, el proceso interior que ello implica, el paso del dolor a la alegría cuando se recuperan y pueden pensar en el amor, en constituir una nueva pareja.

Después de un divorcio traumático, seguido de un desengaño amoroso y en plena crisis emocional y espiritual, Elizabeth Gilbert decide empezar de nuevo y emprender un largo viaje que la llevará sucesivamente a Italia, India e Indonesia, tres escalas geográficas que se corresponden con otras tantas etapas de búsqueda interior.

Este libro es la bitácora de esa doble travesía, en la que la autora descubrirá el placer sensual de la buena mesa y la buena conversación (la “dolce vita” romana), la paz interior alcanzada mediante la meditación en Bombay y, por fin, el deseado equilibrio entre cuerpo y espíritu en Bali.

Esta autobiografía trata de lo que ocurre cuando decidimos ser artífices de nuestra felicidad y dejamos de intentar vivir según los modelos que nos imponen.

El libro en su primera parte narra la crisis matrimonial de su autora, su separación, su divorcio, una relación posterior, que nosotros diríamos que fue a destiempo, no estaba preparada para vivirla, como no están los que terminan una relación. Para tener una nueva relación hay que dejar que pase el tiempo, nos curemos y nos abramos a una nueva posible experiencia amatoria.

Es todo lo que le ha sucedido lo que anima a la autora de este libro a seguir su intuición y su deseo de evolucionar hacia otras instancias del vivir. Decidió ir primero a Italia, por el simple hecho de que siempre quiso estudiar italiano y hablarlo con fluidez. En este país se redescubre como persona, descubre un mundo que no conocía, porque ir físicamente a un país no es conocerlo, para hacerlo realmente, hay que vivir en él y conocer sus peculiaridades, lo que es vivir ahí con sus costumbres, idiosincrasia, idioma y hasta como sonríen sus habitantes, cuál y cómo es u risa. Descubre que Italia es el país de los sentidos. Pero a la vez logra descubrirlo, y hasta comprenderlo bien, pues conoce al país en el único lugar donde este revela: a través de las personas que viven en él.

La segunda parte sucede en la India, se inicia cuando Elizabeth Gilbert llega allá después de un tiempo de vacaciones con su familia en Estados Unidos, al principio lucha con ella misma al momento de meditar, como cualquiera de persona que se inicia en aquello, en la relación con Dios a través de una religión.

Esta parte es interesante, bastante: podemos ver a través de sus páginas la evolución espiritual de su protagonista, es un recuento real y enriquecedor. El ambiente del Ashram en el que se desenvuelve la historia le da a esta parte del libro un toque muy especial.

La tercera y última parte es en Indonesia, lugar de las hermosas y paradisíacas playas. Y se encuentra con su nuevo amor. Allí logra superar sus miedos a amar, a relacionarse efectivamente con el sexo opuesto, es el resurgir de alma y piel.

Por Dentro
Se ha considerado este un libro de lectura fácil y amena. Pero hay más en él, un hecho más hondo, porque el mismo nos permite sumergirnos, a través de las experiencias de su autor, en el laberinto de nuestro interior y de nuestra conciencia.

Quizá el hecho de que Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia, sea una autobiografía, en la cual solo los nombres han sido cambiados, sobre todo para mantener el anonimato de relatos de hechos íntimos de personas cercanas a Elizabeth Gilbert, le ha llegado miles de lectores que ante esta memoria personal se sienten retratados, se sienten como si se miraran en su espejo, reflejados en lo que otra persona vivió, que como todos somos uno y mil también es acaecer de numerosas personas. Es para nosotros el por qué el libro haya tocado tantas sensibilidades.

Y ello porque verdad lo que Elizabeth Gilbert nos propone en Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia es la esencia de ese viaje interior a los que nos vemos compelidos los seres humanos como consecuencia de una gran crisis personal, paso que en esta obra surge desde un divorcio que más que traumático la autora denomina como un proceso surgido de “un matrimonio fallido y un divorcio tan interminable como devastador, seguido de una veloz historia de amor que acabó en tristísima ruptura. Estas pérdidas, una detrás de otra, me han hecho sentir triste y frágil”(p.17).

Visto así el libro nos plantea varias cosas: nos hace mirar en parte, o en mucho, de ese proceso misterioso que vivimos en nuestra alma pero que es difícil atrapar y está lleno de momentos de duda sobre la propia capacidad en los momentos de crisis. El libro nos hace preguntarnos si podemos enfrentar aquel, o aquellos difíciles momentos, si tenemos la “resiliencia” necesaria para afrontar el difícil paso. “Risiliencia” es una nueva palabra de la psicología que aquí nos viene muy bien, es la capacidad de afrontar lo adverso y construir en medio de ello. Risiliencia, dice su primera autoridad en ello, el gringo Al Sibert, es lo que él dice:”1)Arreglárselas bien cuando hay alteraciones profundas; 2)mantener una buena salud y energía cuando alguien está sometido a presión constante;3)recuperarse fácilmente de los contratiempos;4)superar las adversidades; 5) cambiar el estilo de vida y de trabajo cuando no es posible mantener los actuales:6)hacer todo lo anterior sin actuar de una manera dañina o disfuncional”(La Ressiliencia. Barcelona: Alienta Editorial,2007,p.18).

Esto no ha hecho pensar además, siempre con las historias de Elizabeth Gilbert en la mano, en los puentes por los cuales debemos atravesar los adultos en nuestros propios procesos personales, porque la vida adulta es compleja, no cesaremos de repetirlo a nuestros amigos y a nuestras amigas confidentes. Los “passages” como se dice en inglés, así lo escribió Gail Sheehy, que en su fundamental libro que en su momento fue traducido como Las crisis de la edad adulta(Barcelona: Grijalbo,1984. 618 p.), una magnífica obra de fines de los sesenta así titulado(1976). Ella nos habla de conciencia, de crisis, de la forma como hay que atravesarlas y llegar a otros estadios del vivir. De allí la necesidad de decir la verdad, sobre todo ante nosotros mismos, esa que invoca la Gilbert en el epígrafe de su libro(p.9).

Pero leída la obra de Elizabeth Gilbert presenta muchas ideas para meditaciones sobre ella, mientras la seguimos en su deambular constante, mientras van apareciendo en su vivir su encuentro con la todo lo humano en Italia, religioso en la India, amoroso en Indonesia.

Y muchas personas a dirán tras leer Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia, porque ese es el milagro de la literatura: esta escritora está contando mi vida, y lo dirán porque han pasado por el fin de un matrimonio y la siguiente y rápida nueva relación, presurosamente concluida, asunto sobre el que deberemos volver, es acuciante hacerlo.

Se puede pensar también ante este libro que su autora pone en palabras el vivir de muchas mujeres, porque su punto de vista es lo sucede a una mujer, a ella misma, que es a la vez muchas, las de su mismo tiempo quienes tienen vivencias y experiencias casi parecidas o iguales.

Pero creemos que lo esencial de esta obra no está en decir que es un libro ligero, ni solo de fácil lectura, sino deteniéndonos en lo fundamental. Y ello estriba en saber buscar, mediante la lectura y la reflexión sobre ella, los aspectos enriquecedores que tiene, mirando como también nosotros estamos en esa misma búsqueda del equilibrio que trató de hallar Elizabeth Gilbert mientras deambulaba a través de los caminos de Europa y Asia.

Y lo repetimos, por el lado más profundo Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia lo constituye el viaje interior que nos propone su autora, el que la obra pueda, creemos que deba, verse como una bitácora personal de esa búsqueda para superar la crisis y muy especialmente para crecer interiormente, y ello es así porque este libro se nos presenta como un muy buen intento que ilustra el proceso de iniciación en la búsqueda espiritual, ella lo hizo desde el sufrimiento del fracaso matrimonial, con los toques dramáticos de esos momentos de caos interior. Por ello a diferencia de muchos que buscan la ayuda terapéutica, también necesaria, ella prefirió viajar para reencontrarse con su misma. Y nos muestra la necesidad de poder mirar lo que la rodeaba, que una honda vida interior era necesaria pero que también debía lograr un amor que le tocará cuerpo y alma, es por ello que en el libro que comentamos nos encontramos más de una vez frente a las muy diversas formas que puede tomar el amor para su desarrollo, el modo de constituir una nueva pareja, la verdad, la que consideramos que debe ser así: dos no pueden ser felices juntos mientras ambos no sean felices cada uno por su parte, en el desarrollo de su aventura vital.

Esta es nuestra opinión aunque en algunas de las reseñas que pudimos leer para preparar esta sesión al menos dos de sus autoras señalaban su desacuerdo con el final, una de sus autoras dice que le parece incierto. Pese a ello, en relación al amor, tema del paso por Bali, en Indonesia, creemos que no puede dejarse de meditar en este pasaje del libro: ”Lo que está claro es que en la intimidad existen ciertas leyes naturales que gobiernan la experiencia sexual entre dos personas y que estas leyes no pueden alterarse, como tampoco se puede alterar la gravedad. El hecho de sentirse físicamente a gusto con el cuerpo de otra persona no depende de nosotros. Tiene muy poco que ver con lo que piensan, hacen, dicen o parecen las dos personas en cuestión. Hay un imán misterioso que puede estar ahí, enterrado en las profundidades del esternón, o no. Cuando no existe ese imán(cosa que sé por mi dolorosa experiencia propia), no se puede forzar, como un médico no puede obligar al cuerpo de un paciente a aceptar un riñón del donante equivocado”(p.311): en esta cita creemos que está el por qué de su divorcio de su esposo neoyorkino. Pero en el encuentro del nuevo “imán” es el encuentro de un nuevo amor. Y el amor siempre nos llega sin anunciarse ni esperarlo, solo caminando hacia nosotros. Por ello en Indonesia Elizabeth Gilbert anota: “Nunca en toda mi vida me habían amado y adorado así, nunca con tanto placer, energía y dedicación. Nunca me habían desvelado, revelado, desplegado y transportado de semejante manera durante el acto del amor”.

Otras Consideraciones
Se ha llegado a pensar que este es un libro que nos ofrece un profundo aprendizaje en gastronomía, oración y amor.

Nos parece que la parte italiana tiene una doble dimensión: no es sólo alimentar el cuerpo, nos muestra también la otra extensión: la de alimentar el espíritu porque vemos como la autora a lo largo de sus días italianos no sólo come sino que tiene vivencias que van mucho más allá que de el solo acto de comer, aunque, hay que decirlo siempre, la mesa como el lecho, lo ha dicho muy bien Octavio Paz(1914-1998), son los fundamentos del vivir(El ogro filantrópico. Barcelona: Seix Barral, 1979,p.212-234). Claro que la consecuencia de la mesa es la sobremesa: el platicar es también grande placer, como lo son siempre las confidencias entre los que se aman. Y es por esto que es razonable pensar que el largo peregrinar de la autora de Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia es como un pretexto para explorar sus propias incógnitas en la vida y para hacerse interrogantes por mucho tiempo postergados, pero que estaba allí, esperando ser interrogados.

Así Italia primero, India después, Bali al final son los tramos del largo peregrinaje de un alma sensible.

La Italia que aquí aparece puede tenerse, en una primera instancia, como el maravilloso país del gozo, donde el placer es una forma de vida y lo cotidiano tiene como objetivo darle sentido a los sentidos. Italia, el país en donde la gente no conversa sino que grita y gesticula. Italia, el país del arte, la estética y de la belleza como valores centrales. India: el lugar donde el misticismo, sumado a la complejidad histórica y a la pobreza de su población, se respiran a cada paso. India, el país de la meditación, de las vacas sagradas e intocables, el país de los niños y niñas con profundos e inconfundibles ojos negros. El país de la de la riqueza humana y la escasez económica; el país de la espiritualidad y la tecnología; de los ashrams y la cibernética. India, el país indefinible. Pero India es también el segundo país más poblado del mundo, el de la amplia economía pujante, de grandes niveles de pobreza, una de las democracias más antiguas del planeta, junto a la del Japón.

El Logro
Cuando la protagonista de esta autobiografía logra culminar su periplo escribe:

“Soy feliz, tengo salud y he hallado el equilibrio. Y, por si fuera poco, voy en barco con mi amante brasileño a una hermosa isla tropical…¡Un final…de cuento de hadas!... Pero es gracias a esta sólida verdad, una verdad que me ha osificado los huesos durante los últimos años: a mí no me ha salvado ningún príncipe; de mi rescate me he encargado yo sola…Pienso en como es la mujer en que me he convertido, en cómo es mi vida y en las ganas que tenía de ser esta persona y vivir esta vida, liberada al fin de la farsa de querer ser otra distinta….quien ha tirado de mí yo joven, confuso e inseguro durante todos estos años tan difíciles. Mi yo joven era una bellota llena de vigor, pero ha sido mi yo mayor, ese roble ya existente, quien ha repetido una y otra vez: ¡Si, crece!, ¡Cambia!, ¡Evoluciona!, ¡Ven donde estoy yo, que ya tengo plenitud y madurez!¡Tienes que crecer para unirte a mí!. Y quizá fuera esa versión mía, totalmente actualizada hoy, la que sobrevolaba por encima de la chica casada que lloriqueaba en el suelo del baño y quizá fuera ese yo quien susurró cariñosamente al oído de esa chica desesperada: ‘Vuélvete a la cama, Liz’, sabiendo perfectamente que todo iba a salir bien, que nos acabaríamos encontrando aquí. Precisamente aquí, justo en este momento. Como si ese yo feliz y tranquilo llevase toda la vida esperando en mi otro yo, esperando a que llegase para reunirse de una vez”(p.346-347).

Círculo La Lagunita:
Enero 20,2010


Apéndices
Hemos considerado que pueden ser útiles para la discusión sobre este libro estos dos artículos nuestros sobre dos temas que son focales en Comer en Italia, rezar en India, amar en Indonesia, en los cuales se ofrecen una reflexiones, llenas de interrogantes, sobre el amor, en el primero y sobre los sesgos del divorcio a través de las novelas de la norteamericana Erica Jong en el segundo.

¿Crisis del Amor?
Por: RJLDS

Lo habíamos escrito ya. Aunque todo el mundo o lo sabe o lo ha vivido. Se trata del amor. Nos referimos a la estructura de la sociedad que pretende consagrarlo.¿Está el amor en crisis? O ¿más bien lo que está en crisis es la concepción del amor?¿Hasta qué punto una idea falsamente romántica, o más bien melodramática, no nos permite ver claro en tan importante cuestión?
En varios libros, leídos al azar, encontramos algunas observaciones sobre estos hechos sobre los cuales vale la pena reflexionar y los cuales nos ayudarán a hacer luz en tan grave cuestión.

En una página del libro del psiquiatra alemán Joseff Rattner Psicología y psicopatología de la vida amorosa. (México: Siglo XXI, 1966) éste comenta con relación al amor que “uno de los errores más extendidos entre los hombres consiste en soñar con un amor sin conflictos ni problemas”. El mismo insiste que “el amor no es lo mismo que ausencia de conflictos”. La gente quizá busca un amor sin conflictos pues andan detrás del equilibrio, pero olvidan aquello que recordaba la psicoanalista Melanie Klein, quien escribía, en 1960 en su texto On mental health, “el equilibrio no significa evitar conflictos, implica la fuerza para tolerar emociones dolorosas y poder manejarlas” (citado por Rómulo Lander: Melanie Klein. Caracas: Editorial Ateneo de Caracas, 1979, p. 5). A la vez sobre el matrimonio y su crisis en la sociedad venezolana se encuentran incitantes reflexiones en el libro de Nancy Montero y colaboradores Estereotipos sexuales, matrimonio, divorcio y salud mental (Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1978); observaciones a tener en cuenta sobre el papel de la mujer en la sociedad actual están consignadas, en el libro de Marta Colomina La Celestina Mecánica (Caracas: Monte Avila Editores, 1976) y sugestivas observaciones recoge Augusto Mijares(1897-1979) en algunos de los ensayos que forman su libro ¿Somos o estamos? (Caracas: Auto-Agro, 1977).

Conviene detenerse en algunos de los tópicos que estos trabajos plantean. Creemos que no hay dudas en torno a la grave crisis que afecta al matrimonio, a la sociedad familiar. Nosotros pensamos que esto va más allá: es una crisis que conmueve a los seres humanos determinados, a la pareja en sí misma y que en muchos sentidos está relacionado con la intención de perpetuar una concepción del amor que está en crisis. Creemos que hay una serie de elementos qué hay que explorar sin miedo. Pensamos que hay además aspectos más hondos y que lo que observamos en la superficie no es otra cosa que un grave conflicto no resuelto entre el hombre y la mujer en nuestro país. Los múltiples divorcios que se presentan en la sociedad venezolana y la precariedad de los vínculos matrimoniales, constituyen apenas expresión de esa crisis. De allí la necesidad de replantear la cuestión desde su orígenes.

De tal manera que una reflexión sobre estos hechos debería comenzar con un replanteo de lo que es el amor. Esto implica una crítica a las concepciones poco realistas del mismo. La cita de Rattner nos ayuda. Hay que partir de otra idea del amor. Y ella es que el amor es un hecho dialéctico, y no un asunto plano. Una vivencia conflictiva en el sentido positivo del término. He escrito dialéctico: es decir una situación que se enriquece en su ejercicio. Una vivencia que pasa por momentos plenos, la cual tiene caídas y la cual se desarrolla con sus contrarios si la pareja tiene una visión profunda y real del hecho amoroso. Es decir: vivir el amor como un hecho complejo que nos exige cada día. Es ésa paradoja la que nos encamina a ver las situaciones opuestas de la cual está hecha una relación. Situaciones que se pueden enriquecer unas a otras. Pero también situaciones que se niegan a veces, relación hecha de encuentros y desencuentros, de búsquedas siempre paradójicas, es decir contradictorias, de los que se aman. Y es esa constante lucha la que lleva a quienes viven el amor hacia un estadio de serenidad, de comunión. Participación que es imposible si no se ha creado una auténtica diarquía, que respete las diferencias, que acentúa las simpatías, que mantenga la integridad moral y física de sus miembros.

Otros hechos que hay que replantear son las características del hombre y de la mujer en la pareja. La mujer ha madurado mucho en los últimos años y no puede encajar en una pareja donde ella esté obligada a jugar ciertos roles impuestos por la sociedad masculina. No es cierto que la mujer sea un ser débil, voluble, coqueta, incapaz de administrar el hogar, siempre excitable, incapaz de mantener control sobre sí misma, siempre comprensiva, sumisa, dependiente, sin iniciativa, más interesada en los hijos que en su realización integral, inhibida e ignorante. Hacemos esta larga enumeración, que tomamos en parte del libro de Nancy Montero, a propósito. Son estas notas algunos de los mensajes que la mujer ha recibido en su educación y que la han preparado mal para enfrentar su vida.

También es necesario definir desde esta perspectiva la actitud del hombre. Porque tampoco es cierto que los roles establecidos por una cultura machista sean también ciertos. Son los mensajes recibidos por ambos los que han frustrado la posibilidad de una experiencia amorosa más profunda y son ellos en parte responsables de la incapacidad de cierta gente para alumbrar mediante el dolor una nueva vía para el amor.

Y en fin en esta nota sólo queremos señalar algunas ideas. Hay que enseñar a la gente que cuando se vive en una pareja que hay que tener capacidad para enfrentar los dolores que la vida implica. Hay que desterrar una concepción en la cual no se inculque a la gente que tiene que aprender a vivenciar el dolor que la vida implica, a tener capacidad para afrontar los hechos y no huir de las situaciones que se plantean. Huir de la inclinación a la fuga, y a la evasión y más bien encarar las situaciones que se nos presenten.

Es esto los que no enseña Melanie Klein en el texto que reprodujimos al comienzo de estas observaciones: estar equilibrado emocionalmente no significa, decía ella, no tener conflictos sino fuerza interior para manejarlos. El haber soñado con un amor sin conflictos es lo que ha frustrado muchas posibilidades de vivencia amorosa.

El Nacional, Caracas:
Febrero 25,1980


Erica Jong: El Divorcio en tres Instancias
Por: RJLDS

Ya no todos consideran el divorcio como una tragedia, muchos lo ven como sino más bien una transición. Como nos lo han hecho ver los sociólogos norteamericanos Morlón y Berenice Hunt, el divorcio ha entrado de tal forma en la sociedad contemporánea que se ha convertido casi en un necesario paso vital, más que un mal es un hecho. Y los divorciados están formando, como lo comprueban los Hunt, una subcultura, la cual no está compuesta por hedonistas despreocupados sino que es un “mundo formado por adultos maduros y responsables, que buscan una forma de vida satisfactoria y que aspiran a encontrar no sólo placer, sino la verdadera felicidad”(La experiencia del divorcio. Barcelona: Edhasa, 1979,p.36). Y esto porque la nueva visión del divorcio se presenta a los ojos de muchos hombres y mujeres “un acto hiriente, aunque a la larga curativo; una solución destructiva a un problema, aunque en última instancia demuestra ser creativa”(La experiencia del divorcio,p.65). “Es una etapa de auto-descubrimiento y de renovación, y que busca una (otra) persona con sentimientos similares de juventud, vitalidad, atracción”(La experiencia del divorcio,p.119). En esta subcultura, que cada día crece entre nosotros, formada en Venezuela por más mujeres que hombres, el divorcio no es el “fin de la vida matrimonial... sólo es su intervalo en medio de la vida. El mundo de personas divorciadas no es un asilo para los incompetentes en el matrimonio, sino una escuela para quienes son aptos para contraer matrimonio nuevamente”(La experiencia del divorcio,p.348-349). O para buscar una alternativa diferente.

Nadie ha visto con mayor agudeza la situación de quien se divorcia que la novelista norteamericana, nacida en Nueva York, Erica Jong(1942). Cualquier persona que se divorcia debería sentarse a examinar sus tres libros con detalle. Nos referimos a sus ficciones Miedo a volar(5ª.ed.Buenos Aires: Sudamericana, 1977), Isadora emprende el vuelo(Barcelona: Grijalbo, 1977) y Paracaídas y lágrimas(Barcelona: Plaza y Janés, 1986). En estas obras nos encontramos siempre con Isadora, la protagonista. En Miedo a volar la vimos tratando de convencerse del fin de una de sus experiencias como pareja. En Isadora emprende el vuelo nos topamos con ella cuando toma el vuelo. En Paracaídas y lágrimas, la hallamos al pie del segundo matrimonio que acaba.

En Miedo a volar concentra sus dudas. Se pregunta en torno a la unión entre el hombre y la mujer. Allí leemos “El matrimonio era una relación engañosa porque en cierto sentido implicaba una ‘folie a deux’. A veces una apenas podía saber dónde terminaban sus propias rarezas y comenzaban las del marido. Tendía a censurarse demasiado, o muy poco, o equivocadamente. Y a confundir dependencia con amor”(Miedo a volar,p.339). Tales eran sus interrogantes. Tal su desazón después de cinco años de unión, en la cual la pasión había desaparecido. Isadora pensaba, “Cinco años de matrimonio me habían llevado a ansiar todas estas cosas: ansiar a los hombres, y también la soledad. Estaba ansiosa de sexo y ansiosa de la vida de una reclusa. Sabía que ambas ansias eran contradictorias(Miedo a volar,p.21). Quería ser ella en su soledad. Y tener amor en compañía. Quería la soledad pero no en ingrimitud: “lo que es más importante, jamás se permite que en la soledad la mujer sea ella misma (a pesar de que bien saben cuan infelices son sus amigas casadas). Vive como si estuviese siempre al borde de una gran realización. Como si estuviese esperando que el Príncipe encantado la arranque de 'todo esto'. ¿Y qué es todo esto? ¿La soledad de vivir en el ámbito de su propia alma? La certidumbre de ser ella misma y no la mitad de algo diferente?”(Miedo a volar,p.22).

Pero Isadora quería romper con aquello en lo cual estaba atrapada. Quería volar. Por ello se preguntaba “¿Por qué es más fácil romper un matrimonio de amor que un matrimonio sin amor? Porque el primero se basa en una elección mientras que el segundo se basa en la desesperación”(Isadora emprende el vuelo,p.17). Por ello a la hora de tomar su sendero Isadora desecha el cinismo, el cual considera una cobardía, y escoge la inocencia y la franqueza, aunque la haga sufrir, como camino para romper con su marido y comenzar de nuevo.

El meollo de las tres narraciones de la Jong es la necesidad de establecer nuevas relaciones hombre-mujer. De allí que se lea: “Había llegado el momento de que las mujeres dirigiesen y los hombres las siguiesen, al menos en el terreno espiritual (D.H.) Lawrence lo había predicho, al igual que Whitman y Mallarmé. Los hombres sensatos, seguros de sí mismos y dispuestos a aprender lo sabían y no tenían miedo. No les avergonzaba la instrucción espiritual de las mujeres, como no les había avergonzado aceptarla de otros hombres. Estaban dispuestos a reconocer la sabiduría allí donde se encontrase y a enriquecerse con ella”(Isadora emprende el vuelo,p.224).

Por eso, pese a sus dudas sobre la unión entre el hombre y la mujer, Isadora opta por el amor. La protagonista así lo confiesa: “El amor es todo lo que se dice de él. Por esto la gente se muestra tan cínica ante él. El vivir con alguien con quien realmente se tienen cosas en común no es sólo algo maravilloso, es mejor de lo que dicen todas las canciones de amor, todas las películas... Vale la pena luchar, ser valiente, arriesgarlo todo por él. Y el problema es que si uno no arriesga nada, arriesga aún más. La vida no ofrece muchas posibilidades. Vivir es difícil, realmente. Tú puedes elegir entre seguir atormentándose eternamente e intentar vivir con Josh. Quizá saldrá mal, pero al menos habrás salido de tus tormentos actuales”(Isadora emprende el vuelo,p.349. Subrayado de la autora).

Estos tópicos vuelven a aparecer en Paracaídas y lágrimas. Allí nos encontramos vez a Isadora en medio de un conflicto amoroso. Si el primer matrimonio terminó en Isadora emprende el vuelo, el segundo está concluyendo en las primeras páginas de Paracaídas y lágrimas. Se trata, otra vez, de un libro vehemente, escrito con dolor, exponiendo sus entrañas sin miedo ni temor, abiertas todas sus heridas. Aquí la Jong vuelve con su sin par manera de comprender el proceso de la crisis conyugal terminal. Y lo hace con hondura. Es una de las pocas escritoras de nuestros días que ha logrado poner en palabras precisas, lo cual no es un mérito pequeño, aquello que sienten los hombres y mujeres en esas horas. Y esto es así, aunque en Miedo a volar, en Isadora emprende el vuelo o en Paracaídas y lágrimas todo esté visto desde la perspectiva de la mujer. Es una dama que tiene en cuenta al hombre, que sabe que su vida seguirá junto a él. Con o sin conflictos. En este sentido sus libros, Paracaídas y lágrimas lo subraya otra vez, constituyen toda una recreación, y una reflexión también, en torno al amor heterosexual, sobre sus riesgos, sus caracteres, sus hondas vivencias. Pero todo visto con ojos de hoy, a través de una desgarradora mirada ya que la Jong parece decirnos siempre, tanto en sus novelas como en sus poemas reunidos en Al filo del cuerpo(Barcelona: Grijalbo, 1980) que todo amor de relación, de convivencia, termina, que toca ahora a los que están vivos emocionalmente, ya que los muertos afectivos aquí no cuentan, buscar el nuevo sendero para el establecimiento de relaciones negociadas en todos sus órdenes, desde el afectivo, el profesional, el vivencial hasta el económico, como único camino hacia una nueva manera de relacionarse con el otro. Comunión que nos puede llevar al equilibrio o a la plenitud. Pero estos nos lo muestra Jong a través de una visión literaria, que en su caso tiene mucho de autobiografía ya que la protagonista de sus ficciones es una escritora, a través de todo lo que sucede a Isadora cuando en una unión, en la que decidió ser madre por vez primera, por competencia profesional, por sentirse menos que ella, el marido la deja, impotente de estar junto a ella. Y en este sentido Paracaídas y lágrimas es también exploración novelesca en torno a la condición hombre de nuestros días. De sus antecedentes y de sus realidades de hoy. Al asomarse a los libros de Erica Jong, muchos sintieron que eran los protagonistas. Otra vez les sucederá. Les volverá a pasar lo que ella misma dice en su pasaje al anotar: “Los libros salen al mundo, viajan misteriosamente de mano en mano y, de algún modo llegan a personas que los necesitan en los momentos en que los necesitan”(Isadora empende el vuelo,p.328).

El divorcio, según los Hunt o según Erica Jong, es un paso en el difícil camino hacia la madurez. Los tres parecen decimos que sin él hay algo en el proceso de crecimiento personal que faltaría, que no se daría. Sin duda los profundos cambios operados en la sensibilidad de todos, gracias a los años sesenta, han hecho posible esta mutación. Una alteración en donde ha aparecido el constante análisis que practicamos sobre nosotros mismos y sobre el sendero a transitar. Y toda la impronta que en todos ha dejado la profunda revolución en las relaciones sexuales y entre los sexos, la permisibilidad, el derecho al aborto. En fin, la vida más libre que surgió en aquellos días, como nos lo hizo observar Sara Davidson en su incursión a través de algunas vidas particulares de aquel tiempo(Tres mujeres de los años sesenta. Barcelona: Grijalbo,1982,p.15 y 444). De tales experiencias ha salido una mujer y, aunque no lo crean las feministas más radicales, un nuevo hombre. Una nueva fémina consciente de sí misma, quien lucha por conseguir “una nueva identidad humana a del hecho biológico de haber nacido mujer, es alcanzar, junto con los hombres, una nueva y superior categoría: la de persona” como escribió la española Montserrat Roig(1946-1991) en un estudio ejemplar(Mujeres en busca de un nuevo humanismo. Barcelona: Salvat, 1981,p.5). Por ello la nueva pareja surgirá de otros parámetros. Como lo indicó alguna vez Angela Zago, “Yo no creo en el matrimonio como un papel firmado... Napoleón (Bravo) y yo vivimos juntos porque tenemos interés el uno en el otro. El día que uno de los dos pierda el interés, pues se acabó... Las parejas deberían ser así. Las mujeres que custodian hombres como si fueran de su propiedad, pierden al hombre y pierden la dignidad. Nosotros como pareja creemos en la libertad personal. Nuestras limitaciones las fijan nuestros hijos”(Vivel Novel:”Napoleón Bravo: el garote de la TV”, revista Cosmopolitan, Virginia Gardens, Florida, agosto de 1982). Y esto será así porque el nuevo feminismo “significa la recuperación de la palabra de la mujer, de su propia historia, individual y colectiva, para que llegue a reconciliarse, en suma, con su propio sexo y con el otro sin tabúes, sin leyes restrictivas, sin miedos paralizantes”, como también señaló la catalana Mongtserat Roig(Mujeres en busca de un nuevo humanismo,p.5). Así “el nuevo feminismo... no es ya sólo la lucha por conseguir los mismos derechos que los hombres, sino que cuestiona claramente el mundo masculino tal y como está organizado en su estructura patriarcal, profundamente individualista, violento, competitivo, jerarquizado y autoritario” como también dice la Roig en memorable página(Mujeres en busca de un nuevo humanismo,p.21).

Pero, de todas maneras hay que asumir el dolor que la separación implica. Y ésta no siempre quiere decir que hemos fracasado. A veces hay que hacerlo por hondas necesidades emocionales, porque buscamos otros estadios vitales. Pese a todo, más de una vez los divorciados, hombres y mujeres, se verán obligados a rezar la bella “Oración” de la poeta venezolana Fabiola Vethencourt donde ese paso está registrado con todas sus implicaciones y con toda belleza: Señor/ si no he de ser más para él/y si él/ no ha de ser más para mí/ recuerda que somos tus criaturas. / Señor/ si esta casa/ no supo cuidar tu trigo/y si en su sombra/ no se ha servido tu vino,/ recuerda/ que somos tus criaturas./Si en sus sentidos/no brilla tu Luz,/Señor/dale tu Ciencia/ para encontrarla. /Y si mi cuerpo/ no ha de ser más/poseído por su amor / Señor/dame tu Ciencia/para morir”(en Igor Barreto: Yo soy el muchacho más hermoso de la ciudad. Caracas: Fundarte, 1987,p.43).

El Nacional, Caracas:
Noviembre 2,1987