Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Salman Rushdie o la Tolerancia

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Por: R.J.Lovera De-Sola

 “En silencio, despacio, como criaturas
de la imaginación en un sueño”
Salman Rushdie:
La encantadora de Florencia,
ed.2009, p.141

Salman Rushdie es un escritor que debemos llamar hoy hindú-británico, o anglo indio, pues si bien nació en Bombay, India(Junio 19,1947) se educó en Inglaterra y allí inició la publicación de sus libros. Su nombre se vio rodeado por escándalo con ocasión de la publicación de los Versos satánicos(1989), que ni son versos ni son satánicos, cuando el ayatolla Komeini(1902-1989) dio su fatua(Febrero 14,1989) condenando a muerte al escritor e incitando a los musulmanes a dar muerte a este creador, lo cual fue un acto de intolerancia inexplicable en el mundo en que vivimos. Tal suceso conformó su vida desde ese momento. De allí aquella declaración suya “Nunca me consideré un escritor preocupado por la religión hasta que esta comenzó a perseguirme”. Y esto viene a cuento ahora por en su esencia La encantadora de Florencia.(Caracas: Mondadori, 2009. 325 p.) es, como lo veremos más adelante, un libro a favor de la tolerancia(p.251), a la confluencia de distintas civilizaciones a través, en este caso, de un hecho universal: el amor y el encanto por una mujer.

La historia que nos narra Rushdie cuando seguimos La encantadora de Florencia es sencilla: un viajero europeo llega durante el siglo XVI a sitios de lo que es hoy la India. La novela desarrolla dentro del amplio tiempo que va, más o menos, de 1501 a 1585.
Gobernaba en Mongolia entonces, en la ciudad de Fatehour Sikri, en lo que sería la India más tarde, Akbar el grande(1542-1605).
Pero la novela es la historia de una mujer de superlativa belleza, Qara Koz.

Situándonos en el tiempo y espacio en donde se desarrolla la ficción debemos señalar que en 1501, por ejemplo, gobernaban los Reyes Católicos en España, era sumo pontífice Alejandro VI, el papa Borgia; fue el año de la expulsión de los musulmanes de España; en la India se fundó Angra. Nacieron Ana Bolena y el poeta Garcilaso de la Vega. En 1585: eran reyes Felipe II(1527-1598) en España e Isabel I(1533-1603) en Inglaterra.

Pese a que es fundamental en La encantadora de Florencia la historia de amor, el trasfondo histórico es sustancial, fundamentales son los entrelazamientos entre las culturas y las religiones porque la novela acontece en un contrapunteo de ciudades y civilizaciones, siempre en el siglo XVI, en la India de aquellos tiempos, que no era aun la que conocemos hoy, y la Florencia del Renacimiento, e incluso en el país que hoy conocemos como Turquía, donde gobernaban los Otomanos, desde la caída de Constantinopla en sus manos en 1453, transformada entonces en Estambul, comienzo del mundo moderno junto con el viaje de Colón. Fue el Descubrimiento de América, el gran suceso, de hecho atraviesa la novela varias veces, ya que incluso Américo Vespucio, Nicolás Maquiavelo, Andrea Doria, Simonetta Cattaneo, mejor conocida como Simonetta Vespucci, la mujer más bella de Florencia, la musa de Sandro Boticelli, quien la pintó muchas veces, por ejemplo en “El nacimiento de Venus”, de hecho es uno de sus personajes, por cierto en esta novela encontramos un largo pasaje sobre ella(p.123-125), es uno de los fragmentos memorables de la novela, por la hondísima belleza de la descripción. De Simonetta leemos “poseía una belleza pálida y rubia tan intensa que ningún hombre podía mirarla sin caer en un estado de adoración delicuscente”(p.123).

Incluso en algún momento se hace referencia a Isabel I de Inglaterra, Isabel Tudor(p.31), el Conde Vlad Drácula(1431-1476), hay una referencia indirecta a la acción de Lady Godiva(p.186), aquella mujer legendaria que para que marido no subiera los impuestos a la gente caminó desnuda por la calle principal del pueblo, en ejercicio de su vocación de servicio. El rey mandó a cerrar puertas y ventanas pero un hombre miró por una rendija la belleza desnuda de Lady Godiva y así se conservó el hecho.

Hemos insistido en lo histórico que hallamos en La encantadora de la Florencia, que por muchos de sus trozos puede ser considerada una novela histórica, es por la presencia de seres reales que podemos más o menos fijar las fechas en que la novela se desarrolla: tal todo lo musulmán de este período, el uso, por momentos del habla personal o los misioneros jesuitas que viajan a llevar el cristianismo al Oriente.

Entre sus personajes nos topamos con Angélica, “una princesa, de la sangre real de Gengis Kan y Temerlan…la más hermosa”(p.27); Mogor dell’Amore, “Un caballero de Florencia, actualmente en misión para la reina de Inglaterra”(p.65), este era el mismo Nicolo Vespucio(p.176), también el Mongol del Amor(p.180) y tres amigos: Antonino Argalia, Nicolo il Machia(Nicolás Maquiavelo) y Ago Vespucci(primo de Américo Vespucio).

Tal es la presencia de la historia en este libro, al menos esta es una de sus lecturas posible, que leemos en ella: “Al oír estas palabras, ambos olvidaron el presente y se sumieron en el recuerdo”(p.145) o la línea que le es sustancial:“Soy el palacio de la memoria”(p.148).

La esencia de lo relatado la hallamos cuando leemos: “He venido aquí por propia voluntad con la esperanza de forjar una unión entre las grandes culturas de Europa y Oriente, a sabiendas de que tiene mucho que aprender de nosotros y convencida asimismo que tiene mucho que enseñar”(p.251).

Este libro se explica a nuestro entender cuando leemos en él: “Y en todos aquellos laberintos de calles y en todas aquellas casas de los poderosos, más allá, en las llanuras, nadie había oído jamás su nombre, nadie prestaría fe a la historia que tenía que contar. Aun así tenía que contarla. Había cruzado el mundo entero para hacerlo, y lo haría”(p.19); cuando nos encontramos con “La ensoñadora poesía de lo cotidiano, visionaria y reveladora”(p.20); cuando pasamos la vista por estas líneas: “Soy lo que podría llamarse un hombre embarcado en una búsqueda, más aún, una búsqueda secreta, pero debo advertiros que sobre mi secreto pesa una maldición, impuesta por la hechicera más poderosa de estos tiempos. Solo un hombre puede oír mi secreto y sobrevivir, y lamentaría ser el responsable de vuestra muerte”(p.27), “cuando un hombre asume lo imposible, anda todos los días con la muerte, aceptando el viaje como una purificación, una magnificación del alma, de modo que pasa a ser un viaje no hacia el nombre de los dioses, sino hacia el propio Dios”(p.129).

Y como es novela de amor el protagonista sabe que requiere aquella emoción, que lo necesita, pero ello siente que su ausencia es casi una condena: “solo que no se despierta…y en este mundo sin amor puede ser que sea más sensato soñar que despertar”(p.28). Pero a la vez sabe, lo que es cierto, que “Un hombre bajo el hechizo del amor…es un hombre fácil de confundir y embaucar”(p.29): ello porque una persona enamorada es un ser vulnerable. Pero es sentimiento misterioso, siempre inexplicable,“y ella no sabía decir la palabra amor, ni explicar el inesperado nacimiento de la emoción”(p.93). ¿Por qué nos enamoramos de una mujer es cosa que nunca logremos saber, ni cuando, ni cómo, ni por qué. Además, es su corolario, “Soñar con la búsqueda del amor era señal inequívoca de que se había perdido un amor”(p.140).

En La encantadora de Florencia el narrador es un personaje de la trama. “Érase una vez”(p.86) dice; “Siendo él mismo narrador de relatos”(p.19) leemos, “Nuestras vidas son vidas de fábula y extremos”(p.155) encontramos en una línea: será por aquello que dijo Jorge Luis Borges(1899-1986): “todo es literatura y el resto es silencio”.

Pero la literatura también es lenguaje, y la lengua la lámpara maravillosa que llena la vida del hombre y su alma. De allí que aquí leamos esta meditación sobre la lengua, objeto siempre amado, “Cuando se desenvaina la espada de la lengua…abre cortes más profundos que la hoja más afilada”(p.75), “En la muerte como en la vida, rebosaría de palabras inexpresadas y estas serían su infierno, atormentándolo toda la eternidad”(p.86). Pero no siempre es fácil llegar a la explicación de las cosas mediante el lenguaje porque el enigma del vivir siempre permanece, por ello “Tenía una pregunta e intentaba hacerla. Las palabras no cobraban forma”(p.86).

(Exposición leída en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita en su sesión del 2 de Septiembre de 2009).