Sábado, 24 de Junio de 2017

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Relectura de Boves, El Urogallo

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Por: R.J.Lovera De-Sola

La primera novela de Francisco Herrera Luque(1927-1991) es Boves, el Urogallo(24.ed.Caracas: Alfaguara, 2001.397p.), esta se ha convertido en el libro venezolano más leído en las últimas cuatro décadas. Los otros dos son Piedra de mar(Caracas: Monte Ávila Editores,1968.129 p.) de Francisco Massiani(1944) y El mago de la cara de vidrio(Caracas: Monte Ávila Editores,1973.151 p.) de Eduardo Liendo(1941). Por ello volvemos a Boves, el Urogallo. Debemos indicar que cuando su autor preparó la doceava edición(Barcelona: Pomaire, 1980. 342 p.) revisó cuidadosamente el libro, una obra que fue desde su primera edición fue afortunada creación tanto de lectores como de crítica. Le añadió entonces, para responder las observaciones polémicas que se hicieron sobre su obra, especialmente la idea falaz que se tuvo en ciertos sectores de que él había alterado la historia del protagonista de su novela, expresado públicamente especialmente cuando José Ignacio Cabrujas(1937-1995) escribió su versión de la novela para la pantalla chica(Radio Caracas Televisión,1974), protagonizada por nuestro gran actor Gustavo Rodríguez y con María Eugenia Domínguez como Eugenia, la protagonista femenina. En aquel momento la Sociedad Bolivariana de Venezuela produjo una protesta pública(Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, n/ Vol. XXXII, n/ 105, 1975,p.8-13), lo que obligó a Herrera Luque a responder, desde México, en donde era nuestro Embajador(1974-1977), que “Nadie puede decir que mi Boves es distinto al Boves de la historia”(El Nacional, Caracas: Diciembre 24,1974). Fue como consecuencia de esto, y como producto de una nafrración que siempre produjo admiración, juiciosas interpretaciones y constantes controversias, que Herrera Luque decidió ofrecer una edición crítica y anotada de su libro, indicando claramente que era lo histórico y cuales eran los elementos de ficción utilizados para la creación de su novela. Así la edición de 1980 incluía varios apéndices, “Historicidad de los hechos”(p.295), 118 “Notas marginales”(p.296-310), “Análisis socio-psiquiátrico de la personalidad de José Tomás Boves”(p.311-323), “Tabla cronológica de José Tomás Boves”(p.324-331), esta incluye un cuidadoso “Itinerario de José Tomás Boves”(p.235-331) relativo a los años 1812-1814, que fueron los de su acción pública y criminal. Incluyó también un “Glosario”(p.332-328) y los “Refranes y locuciones venezolanas”(p.339). En estos apéndices son fundamentales dos: las 118 “Notas marginales” las que permiten a quien desee comprender los fundamentos de la obra cada uno de los pasos de su creador, de donde tomó cada hecho o cuando fabuló.

También es clave el análisis psiquiátrico de la personalidad de Boves, un estudio científico que constituyó el origen del libro, como él mismo lo indica al inicio de la narración: “En un comienzo me asomé a él con la metódica del sistematizador, pero me encontré impedido de hablar, por eso puse de lado lo que me enseñaron y dejé que las ideas y las palabras, por ellas mismas, encontraran su forma”(p.9), fue allí en donde nació el novelista que todos han conocido y gozado de sus obras en las últimas cuatro décadas.

Esta edición que llamamos crítica y anotada, lo que no es habitual en las novelas históricas, es la que se ha seguido publicando en las siguientes catorce ediciones del siempre celebrado libro, que pasa del millón de ejemplares impresos, en sus ediciones castellanas y en sus traducciones. Seguimos en esta nueva lectura del libro, la sexta que hacemos, la edición vigésimo cuarta, de ella proceden nuestras citas en esta parte de este capítulo. A la edición de 1980 la consideró Herrera Luque la versión definitiva de su novela.

¿Cuál fue el Proyecto?
Al leer de nuevo Boves, el Urogallo creemos que se debe comenzar por dibujar ante sus lectores el proyecto desde el cual trabajó Herrera Luque, fundamento que subyace en el conjunto de los libros de ficción que dejó escritos, tanto los que publicó en la vida como los de circulación póstuma, Los cuatro reyes de la baraja(Caracas: Grijalbo,1991.260 p.), 1998(Caracas: Grijalbo,1992.181 p.), El vuelo del alcatraz(Caracas: Alfaguara,2001.180 p.) y el Bolívar en vivo(Caracas: Grijalbo,1997.163 p.), este último aunque ha sido leído como una novela en verdad es una entrevista imaginaria, que es un género dentro del cual calza, modo bien conocido en nuestro tiempo, dentro del cual tiene la bibliografía venezolana una obra paradigmática, las Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez(1979, 14ª.ed.Caracas: Ediciones Teura,2008.398 p.) de Ramón J.Velásquez(1916).

Teniendo esto en cuenta es bueno señalar que la esencia de la escritura literaria de Herrera Luque es, como lo expresó la psicóloga Senta Essenfeld, “el análisis insolente, real y terrible del gran hogar y de la gran familia”(Lo que nunca se dice. Caracas: Monte Ávila Editores,1991,p.296), aquel país que formamos los venezolanos, el periplo de nuestras angustias, de sus escasos logros y de nuestras muchas frustraciones, la búsqueda del por qué nuestra evolución es la propia de lo que Herrera Luque denominó “la historia detenida”, “esa fijación injustificada a situaciones pretéritas es lo que en mi opinión hace sufrir tanto a Venezuela. Es lo que alguna vez llamé La historia detenida”(La historia fabulada. Tercera serie. Barcelona: Pomaire,1983,p.194).

¿Cuál fue su Mejor Novela?
Como nos estamos refiriendo a la primera novela de Herrera Luque cabe responder aquí a una pregunta que siempre se han hecho los lectores de su obra, y los críticos incluso: ¿cuál es su mejor novela? Es una interrogante interesante. Para algunos de sus interpretes, como es el caso de Jesús Sanoja Hernández(1930-2008) esa obra es La luna de Fausto (Caracas:Pomaire,1983.323 p.), cosa que justificó ampliamente en el examen que de ella hizo.

Pese a esa opinión, que nosotros no compartimos, pese a considerar el valor hondo de La luna de Fausto. Ahora expresaremos el por qué de nuestro punto de vista.

Sin embargo, Sanoja Hernández, y también Gonzalo Jiménez, inició su examen, comenzó su incursión, con una observación que no pertenece a la crítica literaria sino a la sociología de la literatura, es decir aquella rama del saber que establece conclusiones que parten de la consideración de la literatura como realidad, fenómeno o institución social, en tanto que relaciona las obras literarias y sus creadores, la sociedad y el momento histórico en que nacen, y la orientación política que las inspira. Se la denominado últimamente también socio-crítica, concentrándose esta exclusivamente en las estructuras textuales y su relación con la sociedad, a diferencia de la sociología de la literatura que aborda también todo el proceso de producción, distribución, reedición y recepción de las obras. Así las áreas de la sociología de la literatura y de la crítica sin distintas. Se hace sociología de la literatura cuando se indica, como lo hace Sanoja Hernández diciendo: “Sus numerosos libros lo revelaron como un autor casi comercial, pero con la publicación de La luna de Fausto…quedó inscrito en nuestra literatura”(50 imprescindibles. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana,2002,p.23) y Gonzalo Jiménez, en la misma obra, por lo demás magnífica en cada una de sus páginas, “Herrera Luque fue considerado el escritor venezolano con mayor éxito de público…El éxito editorial lo ubicó en una posición difícil en el mundo literario venezolano: los lectores se volvían fanáticos de sus libros, pero la crítica académica siempre le negó el reconocimiento, al considerarlo casi un autor comercial”(p.26).

Este esta es una observación falaz, ya que se asienta más en lo para-literario en el análisis propio de un escribir, que es el campo del análisis crítico. Esto siempre pesó en Herrera Luque, al parecer nunca se le perdonó su éxito de lectores. De hecho sabemos cómo en nuestro país nunca se ha perdonado el éxito a quienes lo han tenido, caso Herrera Luque pues Venezuela siempre ha sido mala madre de sus mejores hijos, basta recordar los casos de Francisco de Miranda(1750-1816) hecho preso por sus propios compatriotas; del propio Simón Bolívar(1783-1830), expulsado de su patria en 1830; de Teresa Carreño(1853-1917), hasta el piano le fue embargado en Caracas; de Rafael de Nogales Méndez(1879-1937), siendo una figura universal, a su regreso del exilio en 1936, en ese momento era una figura más prominente que el propio Presidente de la República, pese a ello fue nombrado solamente Jefe de la Aduana de La Vela de Coro; el doctor Caracciolo Parra Pérez(1888-1964) el primer diplomático venezolano del siglo XX, quien después de haber encabezado, en nombre del país, el logro internacional más alto del país en 1945, haber sido uno de los cuatro miembros fundadores de la Organización de las Naciones Unidas en San Francisco, a su regreso fue destituido de la Cancillería; la tragedia que vivió, tan parecida a la de Miranda en 1810, Carlos Delgado Chalbaud(1909-1950), a quien los mas bajos intereses facilitaron su eliminación física o Humberto Fernández Morán(1918-1999), el mas grande científico venezolano a quien no se permitió regresar ni siquiera a morir en su patria, ello por el delito de haber sido Ministro de Pérez Jiménez durante trece días. Entre estos perseguidos, exilado interior, se encontró Herrera Luque a quien se le puso el sanbenito de “comercial” pues nunca se le perdonó ser, además de un muy buen escritor, un venezolano auténtico, plenamente ético, que denunció todas las corruptelas de la democracia, se le llegó a vetar de la nómina de los cien grandes venezolanos, uno de los cuales fue él. Su lado vulnerable fue el interés que sus libros suscitaron, por ello se le llamó “best seller” en vez de analizar su escribir, señalándose que era el autor “más vendido”, que lo fue y lo sigue siéndolo a veinte años de su deceso. Se prefirió decir aquello en vez de analizar su escribir, se dejó de lado que la suerte de ventas era producto del interés que su meditación venezolana, a través de lo que denominó la “historia fabulada”, suscitó, y sigue haciéndolo, en miles de lectores quienes siempre tuvieron hondo interés, y afecto, por su obra, en la que encontraron las respuestas a sus interrogantes que como venezolanos se hacían y hacen, a la inquietante inquisición, en el sentido borgiano del término, al qué somos, cómo somos, por que somos, por qué tan poco hemos logrado teniendo todos los recursos para hacerlo.

Hay otra observación aquí que hacer: cuando se llamó “best seller” a Herrera Luque para quitarle méritos a su obra. Incluso de hecho poco entendimiento tenían los que lo dijeron de la características “best seller” dentro de la explosión del libro en nuestro tiempo, que con tanta atención examinó Robert Scarpit(La revolución del libro. Madrid: Alianza Editorial,1968.205 p.). “Best seller” es dos cosas: uno el libro más vendido. Dos: el libro fabricado por editoriales especializadas para provocar un fenómeno de altas ventas. A la primera categoría pertenecen grandes libros, altísimas obras literarias y de pensamiento. A las primeras, en su caso dentro de la bibliografía venezolana, pertenece Herrera Luque, por la calidad de su escribir y los modos de su pensamiento, son los suyos. Son numerosas las obras, “best Sellers” por sus muchas ventas, pero hondas y densas que se pueden citar, incluyendo la suyas. Las de Herrera Luque a la vez son “best sellers”, los libros más vendidos, no los libros fabricados para provocar altas ventas, pero dentro de la especial, a veces tan escasa, circulación del libro venezolano, no dejan de ser singulares. El ha sido en ello excepcional. De hecho sólo el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) logró las ventas y traducciones que él también logró. Nuestros demás autores, incluso en nuestra obras mayores, a veces les costó pasar de varias ediciones, algunos, obras magnas, ni siquiera pasaron de la primera, y ello no les quita un ápice de su valor creador. Eso, desde luego, nos les quita valor alguno al esplendor de su escribir, de hecho la sucesión de ediciones pertenece al examen del mundo editorial, a la sociología de literatura y no al valor intrínseco del crear literario que es lo que interesa a la historia literaria. Ello hay que tenerlo en cuenta al valorar a Herrera Luque, al calificarlo despectivamente como “best seller” para deprimir su valor, como si ello le quitara esencia a su escribir.

Por ello discrepamos de lo que en esta parte de nuestra reseña de lo representa lo dicho por Sanoja Hernández y Jiménez, que aquí tomamos como ejemplo de tan falaz punto de vista, el que cual no puede sostenerse desde el punto de vista del análisis literario. El valor de una obra, que es lo que interesa especialmente al examen analítico de la literatura, no tiene relación con el éxito, con las constantes ediciones. Desde luego hay que ver con buenos ojos, en la sociedad de masas en las que vivimos, que una obra multiplique sus ediciones porque así llega a muchas gente, pero no comprender que es la amplia y rigurosa lectura, que es lo primero que suscita una obra literaria, lo que explica que las ediciones se agoten. Y no lo contrario. No compartimos lo expresado en esa parte de sus juicios por Sanoja Hernández y Jiménez, respetamos, desde luego, con todo el sentido volteriano que podemos, lo dicho por ellos, “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” dijo el gran pensador galo. Y nosotros estamos con ello, forma parte de nuestra militancia intelectual.

En verdad a diferencia de lo que escribió Gonzalo Jiménez, en el mismo libro en donde está el artículo de Sanoja Hernández, “El desdén de la crítica cambió con la aparición de La luna de Fausto…Hoy ha sido revaluada La luna de Fausto como el libro más acabado del autor(50 imprescindibles,p.26-27). Tampoco concordamos con ello como pasamos a exponerlo. La luna de Fausto es una muy buena obra pero lo es en el contexto, en el desarrollo de todo el conjunto del crear herreriano. En todo lo que hemos citado hay varios mal entendidos, producto de malas lecturas críticas, o más bien de apreciaciones a-críticas. Primero están los factores que pertenecen a la sociología de la literatura, a los que ya nos hemos referido, los cuales no deben ser confundidos, como se ha hecho, Sanoja Hernández y Jiménez son meros ejemplos, sobre todo en las primeras partes de sus trabajos porque cuando dejan lo extra-literario y analizan lo hacen con certeza a pesar de la brevedad con que lo hacen.

Lo primero que hay que decir, en contra de lo que dice Jiménez, es que Herrera Luque, desde que publicó Boves, el Urogallo,”para dar vida al novelista que siempre presentí había en mi”, como nos lo escribió en una misiva, estuvo dentro de la literatura y de una manera absolutamente cierta. Son pocos los escritores que pueden iniciar su periplo creador con un libro tan cierto, tan redondo, que atrape a su lector como le sucede cada vez que se le relee. Y eso que dice Jiménez que “la crítica académica le negó el reconocimiento”(p.26) no es tampoco exacto, es producto de escribir sobre temas literarios, como lo hace él, sin haber examinado previamente toda la crítica publicada sobre el autor objeto de su estudio. En verdad, desde la aparición de Boves, el Urogallo, a las pocas semanas de su primera edición, un buen número de serios críticos y estudiosos de la literatura, de la historia e incluso de la política, porque no se debe olvidar lo que dijo Voltaire(1694-1778), “la historia es la política del pasado”, expresaron sus opiniones sobre el libro. Y ello continuó así en cada uno de sus novelas, pese a ello miembros de la comunidad intelectual le negaron la aceptación, pero mientras negaban lo que es imposible hacerlo, los valores ciertos, creadores, de sus libros, las gentes se volcaban sobre sus obras. Y debemos decirlo, porque hemos hecho el registro de cada uno de los artículos, favorables y desfavorables, comprensivos y críticos, que sostienen buena parte de este libro, pocos son los escritores venezolanos, que desde la década de setenta, cuando apareció Boves, el Urogallo, han obtenido tal cúmulo de comentarios, casi siempre provenientes del mundo académico, que Jiménez le niega haya aceptado la obra de Herrera Luque, juicios de cada uno de sus libros y después capítulos en las historia literarias, ponencias y tesis universitarias, tanto dentro del país como en el exterior, especialmente en las universidades de los Estados Unidos. Y además traducciones de sus narraciones a lenguas europeas.

Ahora bien, hay más. Si bien La luna de Fausto fue celebrada, constituía el logro de una sostenida carrera de un novelista, era una piedra más del edificio construido sin prisa pero sin pausa a lo largo, en ese momento, de una década. Pero si se examinan todas las novelas de Herrera Luque sin perjuicios, es decir sin juicios previos, se verá la unidad y continuidad de su proyecto y se podrá observar el sostenido trabajo que hace que cada obra sea exactamente bien imbricada, bien realizada, cuidadosamente hecha, cada una fue escrita siete veces, las siete versiones de La luna de Fausto, por ejemplo, pueden leerse hoy en la sección de Libros raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional a la cual nosotros, a quien Herrera Luque las obsequió una vez publicado el celebrado libro, enviamos para que los estudiosos de nuestras letras tuvieran acceso a ellas y pudieran comprender su proceso creador.

La obra novelística de Herrera Luque constituye un esfuerzo sostenido y es por ello que es tan difícil decir cual de las novelas es mejor que otra. Solo que lo que sucedió ante La Luna de Fausto fue que por haber porfiado el mundillo de nuestros escritores en negar al escritor Herrera Luque fue tarde cuando descubrieron el valor de lo que había hecho. Y la negación vino en buena parte por ser Herrera Luque un demócrata liberal en una época en que los marxistas dominaban nuestra escena cultural, antes de la caída del socialismo(Noviembre 10,1989). Pero ello no era novedad entonces, pese a la admiración que tuvimos de La luna de Fausto, en nuestro caso desde las tardes que en sentados en su biblioteca de su casa de Altamira, en la avenida 12, Quinta San Martín, lo escuchamos leernos su novela, una obra, desde luego, que se puede decir que al comenzar a escribirla le era bien conocida toda su documentación por el hecho de ser Herrera Luque uno de los principales estudiosos de nuestro siglo XVI, junto a Isaac Pardo(1905-2000) y Guillermo Morón(1926), en su caso por Los viajeros de Indias.

Pero si ello era así igual habían sido sus novelas que tenían como tema la sociedad Mantuana de Caracas o aquella excepcional obra Manuel Piar, caudillo de los colores(Caracas: Pomaire,1987.268 p.), todos los pasos de cuyo proceso de escritura seguimos, esta era una obra que estaba contenida en él, lo comprendimos temprano. Y es un libro tan bien parido que es imposible dejarlo cuando se ha comenzado su lectura, cosa que nos ha sucedido a nosotros cada vez que lo releemos. Este libro, tan perfecto como La luna de Fausto, fue publicado cuatro años más tarde de su novela sobre Felipe Hutten(1511-1546), sobre todo sobre tu atroz ejecución al pie de la Sierra de Coro.

¿Tenía Antecedentes esta Visión de Nuestra Historia?

Para entrar a tratar lo relativo a Herrera Luque como novelista histórico debemos indicar que el sub-género novela histórica fue creado en Inglaterra, en el siglo XIX, por Walter Scott(1771-1832) desde su Ivanhoe(1819). En España la primera novela histórica fue la de Rafael Húmara Salamanca: Ramiro, Conde de Lucena, publicada en 1823. Pero hay que añadir también que la tradición de la novela histórica es fundamental en la novela latinoamericana, esta por poco no se inició con una novela histórica, porque si de hecho nació en 1816 con El periquillo sarniento, de tendencia picaresca, del mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi(1776-1827), de una década más tarde es la primera novela histórica latinoamericana, Xicotencatl, impresa en 1826, en castellano, en Filadelfia, en los Estados Unidos, de autor anónimo. Pero la aceptación del género entre nosotros fue muy rápida: cuando apareció Xicotencatl apenas hacían siete años de la circulación de Ivanhoe y tres de la edición de la de Húmara Salamanca. Sin embargo, no hay que olvidar, siempre que se trate de la novela histórica, no hay que olvidar que con el paso del tiempo, como bien lo indicó Arturo Uslar Pietri(1906-2001), las novelas se transforman en novelas históricas pues todas, aunque no hayan sido concebidas como novelas históricas, revelan un tiempo y unos seres, un aquí y un ahora preciso, ya que como indica el maestro de Las lanzas coloradas, que el gran “tema dramático[de la novela] era la muerte y resurrección del pasado en el presente…el tema verdadero de la novela es el tiempo y en la medida en que está incorporado a ella la convierte en historia…Podría acaso decirse, sin ánimo de paradoja, que toda novela es histórica por naturaleza, menos, precisamente, el caso extremos de la novela llamada genéricamente histórica…Ya no podríamos leer La condición humana(1933) de [André]Malraux(1901-1976), o el Ulises(1922) de [James]Joyce(1882-1941), o El proceso(1925) de[Franz] Kafka(1883-1934) como los lectores de entre las dos guerras mundiales. Se han convertido en historia…De este modo toda novela es historia, voluntariamente o no, se propone detener y preservar un momento del acaecer, lo que constituye inevitablemente la tentativa absurda de sustraer del tiempo un fragmento de tiempo…También la evocación del pasado lejano queda sometida al tiempo…Toda novela que se proponga dar un testimonio de lo humano es coetánea inseparable del tiempo en que se escribe y de su circunstancia, aunque trate de sucesos que ocurrieron muchos siglos antes…la novela es la nueva, la noticia del tiempo y de su paso y por eso mismo es inescapablemente histórica. Escribe historia con su lenguaje, con su forma y con su contenido y es, acaso, en ella donde hay que ir a buscar el testimonio del pretérito, el fugaz momento del río de Heráclito, y no en las destilaciones documentales de los historiadores de profesión… estamos o no ante un discurso literario que contiene e incorpora el tiempo. Que es precisamente lo que hace que la palabra puede convertirse o no en literatura”(“La historia en la novela” en Fantasmas de dos mundos. Barcelona: Seix Barral,1979,p.53-64).

Como Boves, el Urogallo fue la primera novela del ciclo de las de Herrera Luque es lógico preguntarse si tal modo de contar nuestra historia, dentro de los parámetros de ficción, tenía antecedentes en nuestras letras. Debemos indicar que sí, que siempre hubo el cultivo de la novela histórica en nuestra literatura. Desde sus orígenes, de hecho la primera novela publicada entre nosotros, Los mártires(revista El Liceo Venezolana, Caracas, n/ 2-7,1842) de Fermín Toro(1806-1865), que sucede en Londres, lo era, es de hecho nuestra primera novela social pues revela la situación de las clases trabajadores en la gran metrópolis capitalista, de hecho con esta obra, producto de sus propias observaciones durante el período en que don Fermín fue diplomático en Inglaterra, se adelantó este gran venezolano a las observaciones que años más tarde hizo Federico Engels(1820-1895), el compañero de Carlos Marx(1818-1883) en la fundación del marxismo, del mismo asunto en la misma ciudad. Y la primera novela propiamente venezolana, por revelar la realidad y paisaje nuestro, Zárate(Caracas: Imprenta Bolívar, 1882.2 vols) de Eduardo Blanco(1838-1912) lo es también por los sucesos y época que refiere, 1821 y años después, los tiempos posteriores al triunfo patriota en Carabobo.

Hay además en nuestra trayectoria lo que hemos denominado relatos verídicos de ciertos hechos, entre ellos “Boves, leyenda venezolana”, de Ramón Isidro Montes(1826-1889) en sus Ensayos poéticos y literarios(Caracas: Imprenta del Gobierno Nacional,1891.XXXI,582 p.). Pero especialmente, verdadero antecedente de la obra de Herrera Luque lo son los Episodios venezolanos de don Francisco Tosta García(1846-1921), publicados en Caracas, con gran acogida del público, entre 1903-1915 en nueve volúmenes. Gustaron tanto que los lectores iban a esperar a la puerta de la imprenta de Rómulo A. García, en donde se tiraban los ejemplares, a terminaran de imprimirse para adquirirlos allí mismo. Los Episodios venezolanos fueron una consecuencia de los célebres veinte volúmenes de los Episodios Nacionales(1873-1879) que sobre la historia española del siglo XIX escribió el gran Benito Pérez Galdós(1843-1920), cuya mayor novela es Fortunata y Jacinta(1886). Pérez Galdós ha sido considerado el tercer gran novelista español, el primero fue don Miguel Cervantes y Saavedra(1547-1616) el creador de Don Quijote(1605), el segundo fue Leopoldo Alas, Clarín(1852-1901), el autor de La Regenta(1885).

Otros antecedentes de lo que haría Herrera Luque, dentro de una personal concepción, los hallamos en dos libros a los cuales la crítica ha atendido poco: Los Riberas, historias de Venezuela(Madrid: Ediciones Independencia,1957. 363 p.) de Mario Briceño Iragorry(1897-1958) y La cola del huracán(Madrid: Coculsa,1968.641 p.) de Víctor Manuel Rivas(1909-1965), separamos a estas, como las de Herrera Luque, del resto de nuestras novelas históricas por lo cercanas que están siempre a las novelas-verdad.

Una Casa de Caracas
Siempre que se lee a Boves, el Urogallo hay que recordar que este libro que forma parte de una trilogía que hace memoria de tres siglos de la vida venezolana, desde la fundación de Caracas(Julio 25,1567) hasta la muerte del general Juan Vicente Gómez(Diciembre 17,1935). Se trata de tres novelas, las cuales si las colocamos en el orden del suceder de nuestra historia deben organizarse así: Los amos del valle(Barcelona: Pomaire,1979.2 vols), Boves el Urogallo y En la casa del pez que escupe el agua(Caracas: Editorial Domingo Fuentes,1975.427 p.).
Las tres suceden en muy buena parte en la llamada “Casa del pez que escupe el agua”, que recuerda una antigua mansión cercana a lo que en la colonia era la Plaza Principal, o Plaza del Mercado, desde 1874 Plaza Bolívar, fue “una vieja casona de dos frentes y dieseis ventanas, centrada por un patio de geranios y una fuente muy antigua, coronada por un pez de piedra que expresaba entre silbatos y juegos de agua sus opiniones sobre la política. Por abusiva extensión, el gargólido hechizado terminó por darle nombre a la casa”(En la casa del pez que escupe el agua. Caracas: Alfaguara,2002,p.9). Fue aquella la casa que edificó el conquistar Francisco Guerrero, el Cautivo, en el siglo XVI y la cual sirvió de inspiración a Herrera Luque. Hay que indicar que el Pez que de la pila de agua de casona no es una trasposición del Pez que se encuentra en la pila que está en el patio central del Palacios de Miraflores, como el propio Herrera Luque aclaró en un artículo(“Los peces de Miraflores”, revista Momento, Caracas: Junio 3,1985,p.56-58), por más que el Pez de Herrera Luque siempre sea testigo de los diálogos alrededor del poder.

También en Boves, el Urogallo la mansión mantuana es la “Casa del Pez que escupe el agua”. Así lo leemos allí en varios pasajes: “El portal abierto deja ver un amplio patio de arcadas con una fuente en el medio. Un pez de piedra, aburrido, escupe el agua”(p.42); “Vicente Berroterán hizo su entrada en la casa del pez que escupe el agua”(p.129); “Doñana no le responde. Con sus ojos azules, fijos en la estatua del pez que escupe el agua”(p.175); “el pez de piedra que escupe el agua escupió más alto”(p.195) o “en la vieja casa del pez que escupe el agua”(p.236).

La Caracas Mantuana
Abrir el volumen de Boves, el Urogallo es introducirse en la obra imaginativa de Herrera Luque, la que él llamo la “historia fabulada”. Al repasar sus páginas nos encontramos con las dos claves de su obra: la sociedad mantuana de Caracas, sin la cual no existiría el escritor Herrera Luque, y la historia narrada desde Caracas, desde las memorias de los caraqueños, desde sus grandes sombras, tal ”Desde su retrato, don Feliciano Palacios y Sojo(1730-171793) echa una mirada impertinente”(p.196). Fue don Feliciano el abuelo materno de los hermanos Bolívar Palacios.

Pero la ciudad tienen otros sitios propios del mantuanaje, “Catedral es el santuario de la oligarquía caraqueña. Los isleños tienen que oír misa en Candelaria, los pardos en Altagracia, los negros en San Mauricio. Solo los blancos pueden ir a la iglesia matriz. Pero hay muchas clases de blancos: desde los blancos de orilla, como son la casi totalidad de los peninsulares, y hacia los cuales los criollos tienen manifiesto desprecio, hasta los vascos llegados con la Guipozcoana, enemigos mortales de la aristocracia criolla”(p.43-44).

San Mauricio, la iglesia más antigua de Caracas, donde se rezó la primera misa en el pequeño poblado, fundado por Diego de Losada(1511-c1569), es la actual Santa Capilla.

Caracas y los Caraqueños
Caracas y los caraqueños están siempre presentes en Herrera Luque. Aquella Caracas siempre amada, la de “esas bellas y asoleadas tardes de Diciembre”(p.145), las más hermosas del año.

Y el cerro tutelar. Como le sucede un día a Vicente Berroterán, uno de los personajes de ficción del libro, “Un día se toparon…Con los ojos soñadores él miraba el Ávila desde la terraza. Allá en el llano evocaba frecuentemente su montaña, esa especie de aya verde de los caraqueños que había visto nacer y morir a seis generaciones de sus ascendientes”(p.62).

¿Por qué Urogallo?
El protagonista de la novela que comentamos es el caudillo hispano José Tomás Boves(1782-1814). Pero ¿por qué se le llama Urogallo?¿Cuál es el origen del título?

La explicación la hallamos cuando leemos: “Cuando cantaba en bable era tal su embeleso que se quedaba sordo y ciego, igual que el Urogallo, ese heráldico pájaro astur que se vuelve piedra cuando reclama a la hembra con su canto de amor”(p.21); “José Tomás sonrió y diagnosticó su enfermedad: Inés, amor, la paz. Estoy como el Urogallo, que se apendeja cuando le canta su hembra…Te llamaremos Urogallo, como el pájaro que en mi tierra, se queda trabado, sordo y ciego cuando se pone birriondo”(p.330). Es Urogallo porque es el pájaro que muere cuando se enamora. Es esta la interpretación del novelista de su personaje: ¿Cómo pudo montar aquel día en el combate de Úrica, donde perdió la vida, un caballo que no conocía bien, pensando que era el mejor porque se lo había regalado su amada Inés Corrales? ¿Cómo pudo un jinete tan diestro como Boves morir porque el caballo no le hizo caso y no se movió? Sucedió aquello porque el amor que sentía por Inés Corrales era tal que no pensó en otra cosa y quedó arrasado en medio del combate. Murió porque estaba enamorado como el Urogallo, el pájaro de su tierra asturiana.

El Protagonista
El conjunto de Boves, el Urogallo es el de una novela biográfico-histórica sobre el asturiano colocado dentro del marco de sus días. Pero es a la vez, como todas las de Herrera Luque una meditación sobre Venezuela y sus muchas dolencias.

Pero ¿cómo era aquel Boves que creó tal cataclismo?¿Que había dentro de él para haber provocado aquella eclosión social como nunca antes había sucedido en la tierra venezolana? Pasaría mucho tiempo, casi un siglo, para que las masas aparecieran siguiendo a nuestros grandes líderes como el general José Manuel Hérnandez, el Mocho(1853-1921) o nuestros dirigentes democráticos, tal Rómulo Betancourt(1908-1981), Jóvito Villalba(1908-1989) o Rafael Caldera(1916-2009) nuestros líderes de multitudes, pero eso fue ya en el siglo XX.

Al trazar el perfil de Boves refiere el novelista la ausencia del padre en su vida, muerto cuando el hijo era un niño de cinco años y la siempre presencia de la madre a quien Boves reverenció, protegió y sostuvo, ella recibió una pensión del Rey una vez muerto él en Úrica.

Siempre deseó Boves, nos dice el narrador, haber tenido un padre “afectuoso y fuerte, sabio y protector”(p.166), ¿sería esta la razón del afecto que sintió por Eusebio Antoñazas(c1770-1813)?, el iniciador de la Guerra a Muerte, con quien se encontró en Calabozo, después del 21 de Mayo de 1812, este pudo ser el padre que nunca tuvo. Aquel era un monstruo, como lo sería él, había cometido ya entonces, cuando se toparon durante la guerra numerosas atrocidades. En este sentido más figura paterna puede haber sido el padre José Ambrosio Llamozas(17??-1837), capellán de su ejército, quizá al único que escuchó, aunque en verdad tampoco le hizo caso.

Llegó Boves a Venezuela, oficial de la marina española, muy joven, a los quince años. Vivió en Puerto Cabello, estuvo preso por delitos de contrabando y luego fue confinado a los llanos. Allí comenzó a prosperar como comerciante. Por ello leemos: “Entre tanto, los negocios del asturiano seguían prosperando…El antiguo presidiario se había convertido en una especie de cónsul ad-honorem de la república independiente de Guayabal…Por eso, cuando llegaron los acontecimientos que pusieron fin al gobierno español en la provincia, José Tomás Boves era sin duda, el hombre más importante de los llanos orientales si su compadre Pedro Zaraza(1775-1825), llamado Taita Cordillera, no le hubiese tomado la delantera”(p.104-105).

Declarada la Independencia Boves se sumó a los patriotas. Fue rechazado por los Mantuanos, fue hecho preso. Quizá, supone Herrera Luque con buen sentido, fue el castigo con azotes que le mandaron a dar los mantuano fueron los que desataron la insania que había contenida en él(p.116). Algo parecido a lo sucedido a Lope de Aguirre(c1511-1561), hecho tan bien rememorado por Miguel Otero Silva(1908-1985) en su Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad(Barcelona: Seix Barral, 1979. 345 p.).

Es desde el momento de la humillación que se reveló el asesino vesánico, el resentido, el hombre lleno de odios. De allí la serie de reflexiones que suscita en ellector de Boves, el Urogallo la ferocidad de sus acciones.

Boves llega a pensar, recordando las observaciones de su Capellán: “La aristocracia de la sangre, le ha dicho el padre Llamozas, somete a duras penas a los que triunfan por su propio esfuerzo. Si no pueden destruirlos los incorporan a su seno y los ponen a su servicio. Tu todavía eres un pichón de caudillo; tratan de destruirte, por consiguiente…Cuando los destruyas tú a ellos habrás hecho la revolución…¿Representaba él una revolución? Cuando veía a sus negros y zambos bailar en rededor suyo, se sentía cómodo entre ellos, pero no parte de ellos. Tenía por sus hombres la espléndida complacencia del criador ante la bestia bella. Hay hombres que se quedan entre las bestias sin que quiera decir que se les ha igualado, tan solo se han apartado de sus semejantes…¿Son semejantes los criollos y los otros blancos de Calabozo? Boves no atinaba a responderse. Tan solo pensaba, con obsesión dolorosa, en la traición de Vicente Berroterán”(p.159).

Tal la convulsión interna que vivía que se preguntaba: “José Tomás Boves era español., ¿era por eso que se sentía incapaz de traicionar? Pero, a la su vez, se preguntaba: ¿Soy español?...Apenas tenía 15 años cuando salió de Gijón en aquella fragata”(p.160). Pero la guerra lo transforma, hace aflorar lo más negro que hay dentro de él, “Hace cinco meses que salió de la ciudad que tantas penas y venturas le ha deparado. El tiempo y la guerra lo han cambiado. Ahora ni el mismo se reconoce. Se ha tornado feral y despiadado. No hace prisioneros”(p.166). “Boves… a los 31 años tiene la edad indefinida de los caudillos”(p.181), ya está con él, aquel 1813, Francisco Tomas Morales(c1781-1845), un hombre tan tortuoso como él.

Sobre Boves reflexiona el doctor Francisco Espejo(1758-1814), a quien el Asturiano asesinará en 1814 en Valencia: “Boves no es un accidente; no es solo un bandido…sino la expresión de un alma irredenta de este pueblo buscando su síntesis…Boves, misteriosamente, ya que es blanco, ha sido el encargado de agitar ese menjurje de razas, y no está tan equivocado cuando dice que este país hay que pardizarlo, es decir, que sea solo para los pardos. ¿Y cómo es la única forma de lograrlo? Pues haciendo lo que está haciendo el coronel Boves, dijo con leve dejo de respeto, matando blancos y petateándole a sus mujeres. Con este sistema no quedará un blanco ni ara remedio, dentro de poco tiempo. Lo mismo que en Santo Domingo”(p.202).

Domingo Monteverde(1773-1832), jefe de Boves por un tiempo, llegó a decir “Para adularte no hay nada mejor que un criollo; lo mismo que engañan adulan; son gente baja con la que no hay que tener ninguna consideración”(p.152-153), según recordaba Boves. Pero Boves nada detestaba más que a los aduladores “Quien no tiene dignidad para adular, ha dicho repetidas veces, tampoco la tiene para traicionar”(p.247) pensaba.

El padre Llamozas, realista venezolano, quien por estar cerca de él fue una de las personas que mejor conoció a Boves. Así reflexiona el presbítero: “José Tomás es distinto, siguió diciéndose el cura. El odio ya lo ha aislado de sus iguales. Su último vínculo con la raza en la que ha nacido le segó en Cumaná cuando hizo fusilar a los 50 soldados españoles que lo seguían. Dejó tan solo a los Canarios y a él con su perfil de piache otomaco. ¿Pero puede un hombre, sin una pizca de amor, hacer un pueblo cuando llegue a su fin la era del odio?...Su tendencia hacia abajo no es democracia sino demoniocracia…Cuando un tirano no tiene amor, la locura y la muerte son su corona y su cetro. ¿Estaremos frente a una república equinoccial de Calígula?”(p.326)

La Revolución: ¿Es Posible en Venezuela?
En medio de todo esto cabía la pregunta sobre la Revolución, aquella que se vivía en aquellos años. El propio padre Llamozas, persona más que esencial en el periplo de Boves, llega a preguntarse si aquello que liderizaba era una Revolución. Aquí sabía, “Aquí los únicos que tienen conciencia de unidad son los Mantuanos. Comienzo a pesar que la Revolución será imposible”(p.310). Y pensó, con razón, “Solos los pobres podrán liberar a los pobres, y solo los negros liberaran a los negros hasta que no llegue un caudillo pardo y pobre, todas las revoluciones serán traicionadas”(p.326).

No separamos aquí un poco de Boves, el Urogallo para tratar un asunto que la lectura de la novela también nos obliga a hacer. Aquellas que hemos citado eran preguntas válidas en aquel momento, las que se proyectan hacia adelante sobre todo en un país en que pocas revoluciones que ha llegado al poder han sido siempre traicionadas, la Revolución Federal(1859-1863) es un buen ejemplo, la respuesta a todo esto la plantea aquí Herrera Luque en los entrelíneas de Boves, el Urogallo pero la desarrolla en sus novelas En la casa del pez que escupe el agua y en Los cuatro reyes de la baraja. En la llamada Revolución de Octubre(Octubre 18,1945) su líder, Rómulo Betancourt(1908-1981), comprendió muy pronto que hacerla era imposible en un país petrolero, es por ello que siempre se ha considerado que es su historia la que narró Jean Paul-Sartre(1905-1980) en su guión “El engranaje”(en La suerte está echada.4ª.ed. Buenos Aires: Editorial Losada, 1965, p.113-228).

Tras la revolución emancipadora, tras las guerras civiles, el mundo entero vio el fracaso de todas las revoluciones del siglo XX: la mexicana(1910), la rusa(1917),la China(1949), la cubana(1959) y la caída del mito de la Revolución(1989). Las únicas revoluciones que se han mantenido por ser democráticas y de los derechos humanos han sido la de los Estados Unidos(1776) y la de Francia(1789), esta última pese a los años del Terror.

Este interesante asunto se encuentra tratado en el tercer tomo de las memorias de Enrique Tejera Paris(1919), en Gobierno en mano(Caracas: Editorial Libros Marcados, 2009, p.179-180) se encuentre una mención al guión cinematográfico de Sartre que tanto interesó a Betancourt. Fue don Rómulo Gallegos (1884-1969) quien le envió su ejemplar subrayado. Es la historia de un dirigente democrático europeo de una nación petrolera, aunque el relato, que mucha gente ha leído como una pieza de teatro, tiene todos los matices de lo sucedido en un país de América Latina. Hacía muy poco tiempo que su autor había andado viajando por los países del Caribe, un querido amigo nuestro lo saludó en Curazao. Fue en 1949, viajaba junto con uno de sus “amores contingentes” a quien Simone de Beauvoir(1908-1986), siempre celosa, pese a sus acuerdos sexuales, que en su caso incluían mujeres porque Simone era bisexual, solo denomina “M” en sus memorias(La fuerza de las cosas. Buenos Aires: Sudamericana, 1979,p.269). Era Dolores Vanetti. Y además El engranaje es la historia de un político que quiso hacer una revolución en un país petrolero(¿Venezuela?) y no pudo porque los intereses petroleros se lo impidieron. Ni siquiera pudo hacer una revolución social y lograr convivir con los intereses de las trasnacionales. Así podemos deducir que una revolución en Venezuela es imposible. No la pudo realizar Betancourt, a quien muy posiblemente se retrata en El engranaje, en quien pensaron todos sus amigos al leer El engranaje. Esa revolución no la pudieron hacer los adecos en 1945, tampoco los guerrilleros de los sesenta y menos lo podrá hacer ahora el comandante Hugo Chávez: el mundo depende, ayer como hoy, del oro negro nuestro. Y el día que se deje de vender petróleo a los Estados Unidos nos invadirán, conducta por cierto, de todas las potencias imperiales, probada por la historia universal.

Además de las referencias a El engranaje que trae Tejera, fue Betancourt quien le prestó su ejemplar para que lo leyera, también a ello se refiere su viuda René Hartmann Viso en sus memorias(Rómulo y yo. Caracas: Gribalbo,1984,p.37). E incluso en unas declaraciones suyas aparecidas en El Nacional(Caracas: Octubre 30,1982) que nosotros recortamos y pegamos en nuestro ejemplar de El engranaje.

Coincidimos con Tejera París en que la revolución más importante que ha tenido Venezuela en el siglo XX ha sido la de la Sanidad, la de la salud, gracias a la cual, para 1963, habían dejado de morir tres millones de venezolanos. Así los nombres de su padre el doctor Enrique Tejera Guevara(1899-1980), fundador del Ministerio de Sanidad en 1936 y las de los doctores Arnaldo Gabaldón(1909-1990), José Ignacio Baldó(1898-1972), Pastor Oropeza(1901-1991), Martín Vegas(1897-1991) son esenciales en esta revolución sustancial, esencial. Una revolución preparada por hondos estudios, con programas, sin algarabía ni violencia, con la disposición, celebrada también por Augusto Mijares(1897-1979), de estar siempre dispuestos a vivir por y para el país.

Las revoluciones son imposibles en Venezuela porque para poder realizarse se requiere algo que nunca hemos tenido: “Cuando los principios no proceden de varias generaciones, es raro que se encuentre un hombre vertical dispuesto a morir por ellos”(p.192) como se lee en Boves, el Urogallo. El por qué mayor y más hondo de la imposibilidad de una Revolución en nuestro país lo trata Herrera Luque, con hondura y agudeza, En la casa del pez que escupe el agua y en Los cuatro reyes de la baraja.

El Padre Llamozas
Llegamos aquí, leyendo Boves, el Urogallo al presbítero José Ambrosio Llamozas, nacido en Calabozo, ordenado sacerdote en Caracas, doctor de la Universidad de Caracas y miembro del claustro universitario en 1817, Tesorero de la Catedral de Caracas. El padre Llamozas fue Vicario y Capellán del Ejército de Su Majestad de Barlovento, es decir, de las tropas de Boves. El 31 de Julio de 1815, ocho meses después de la muerte de Boves, suscribió el Memorial que dirigió al rey Fernando VII(1784-1833) sobre los horrores que presenció mientras seguía los soldados de Boves. Llegó ser Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica. Falleció en Calabozo el 17 de Diciembre de 1837(Adolfo Rodríguez: Calabozo, siglo XIX. Villa de Cura: Publicaciones del Rectorado de la Universidad Rómulo Gallegos,2004,p.283).

El sacerdote, siendo uno de los hombres que mejor conoció a Boves, es también uno de los personajes más dramáticos, por no decir trágicos, de la historia de Venezuela. Ello porque debió estar presente, como Vicario y Capellán del ejército de Boves, una posición que él no escogió pero en la cual debió actuar y padecer. Muerto Boves, por insinuación del general Pablo Morillo(1778-1837), Jefe de las tropas llegadas desde España el año 1815, la Expedición Pacificadora, le insinuó escribir y entregar aquella memoria al Rey. Aunque el padre Llamozas pasó a la península después de la muerte de Boves(Diciembre 5,1814) no pudo entregar el memorial ante el monarca pues este se negó a recibirlo. Ese “Memorial” del padre Llamozas es uno de los treinta documentos conocidos sobre Boves, esenciales para comprender su periplo político, todos ellos, encabezados por el escrito del levita, los reunió el historiador José Antonio de Armas Chitty(1908-1995) en el volumen Boves a través de sus biógrafos(1976,2ª.ed.Caracas: Academia Nacional de la Historia,1992.153 p.). El documento del padre Llamozas es sin duda alguna uno de los papeles más terribles de nuestra historia y a la vez uno de las grandes hojas de la “ideología realista” de la independencia que exploró Germán Carrera Damas(1930) en La crisis de la sociedad colonial venezolana. (Caracas: Monte Ávila Editores, 1983.104 p.), representativo de las “ideas del partido realista de Caracas” que como lo señaló Tomás Straka(1972) en La voz de los vencidos(Caracas: Universidad Central de Venezuela,2000.XIII,292 p.).

Fue el padre Llamozas, lo es en la novela, lo fue dentro de la vida de Boves, como se puede concluir de su Memorial, la conciencia de Boves, su conciencia negra, la única voz que le hablaba con la verdad. La voz que aquel no escuchó, a la vez sufrió el sacerdote hondamente viendo todo aquel horror del que fue testigo.

Es figura esencial dentro de la trama de Boves, el Urogallo el padre Llamozas, de hecho lo es para seguir todo el periplo de Boves. Era el padre Llamozas, ya lo hemos señalado, un realista venezolano. Para él: “La significación de Boves dentro de los designios del Señor y la conducta criminal del Caudillo, eran un verdadero quebradero de cabeza…Lo del baile de Valencia lo había puesto fuera de si, lo mismo que la matanza de La Puerta y La Cabrera…En Valencia estuvo a punto de desertar, pero decidió esperar hasta consultarle el caso a don Narciso Coll y Prat(1754-1822). El arzobispo lo apoyó en su tesis de que el asturiano era un instrumento cruel de la voluntad divina para restablecer la paz en Venezuela…Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, dijo el Obispo. La anarquía es la mejor garantía para que vuelva el orden”(p.305), “el Arzobispo(1810-1822) anunció el final de la entrevista, pero antes le dijo al padre Llamozas…el Comandante Boves, como todas las fuerzas ciegas de la naturaleza, está destinado a desaparecer, luego que movilicen el cambio que el Señor le ha impuesto”(p.305).

Siguió el presbítero en su actividad como capellán de aquel demonio, la ira de Dios, llegó a ser llamado, “La pluma se resiste a describir las execrables atrocidades del archimounstruo Boves, el devastador de Venezuela” llegó a escribir el Libertador(Agosto 15,1815) en un artículo periodístico durante su exilio en Jamaica(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venzuela,1972,t.VIII,p.57).

En Boves, el Urogallo leemos: “El padre Llamozas, que asistía complacido y atento al espectáculo, no hacía sino preguntarse…¿cómo es posible que un pueblo de negros y hombres de color en abierta rebelión contra los blancos, tengan como Caudillo a un hombre que además de todo era español, rubio y pulpero. Es tal la degradación a la que llega el alma del esclavo, se respondía el presbítero, que nada bueno espera de sus iguales. Hasta ese extremos ha llegado la explotación del vencedor…José Tomás es un resentido. Todo cuanto ha hecho es por odio y su odio tiene por fundamento el desprecio y las afrentas a que lo sometió su propia gente. Cuando triunfe será aclamado y ensalzado por los que una vez lo humillaron, trocando lo que hubiese sido un ciclo histórico por una menguada elipse personal. Esa es la historia de todos los revolucionarios nobles y ricos”(p.325).

Estaba en Úrica el padre Llamozas el día en que cayó Boves en la batalla de aquel día. Por ello le tocó certificar en forma debida que José Tomás Boves, lo escribió con “b”, coronel de los Reales Ejércitos y Comandante General de la División de Barlovento, había fallecido en la acción militar en las inmediaciones de Úrica, el 5 de Diciembre de 1814. Fue él quien condujo el cadáver ese día desde el campo de batalla y le dio sepultura en presencia de Andrés Tomé, Juan Esteban Blázquez y José Sánchez Correa en el primer tramo de la iglesia parroquial de Úrica. Así lo atestiguó y firmó en Caracas el 4 de Diciembre de 1816. En el documento llama el padre Llamozas a Boves Coronel pues fue ascendido post mortem, era solo comandante el día que una lanza patriota acabó con su vida, pero ello es también impreciso, los testimonios sobre el hecho son varios y contradictorios.

La sepultura de Boves en Úrica aun existe, es llamada por la tradición “La tumba del perdón” o “La cruz del perdón”, porque tras ser llevado el cuerpo a la iglesia para ser enterrado fue imposible cerrar la urna pues el comandante tenía el brazo derecho en alto y era imposible bajárselo. Entonces una mujer dijo en voz alta “No le podemos bajar el brazo ni enterrarlo porque no lo hemos perdonado”. Entonces todos, hombres y mujeres, se arrodillaron y rezaron. Pudo entonces bajarse su brazo y enterarlo aquella terrible noche. Tal el símbolo de hidalguía del pueblo venezolano. Esta bella historia la recogió Herrera Luque en sus correrías por la ruta de Boves, cuando estaba escribiendo su novela. Años más tarde la divulgó en uno de sus celebrados programas de radio(“La tumba de Boves”,en La historia fabulada. Primera serie. Barcelona: Pomaire,1981,p.294).

El Mulato Machado
Entre los personajes principales de Boves, el Urogallo, quien más tarde aparece también En la casa del pez que escupe el agua, aparece el mulato Andrés Machado, un ser histórico. Es una clásica figura venezolana quien de la pobreza logró subir a lo más empinado de la sociedad por un matrimonio correcto, un “bragetazo”, con una mantuana, en ese caso Eugenia Blanco, un personaje de ficción. El Mulato Machado llega a pensar como leemos: “Pueblo de mendigos y de explotadores, piensa el mulato; si los de arriba supieran cuanto los odian los hombres como él, pero si supieran lo débiles que son los de abajo, si supieran lo divididos que están en sus vanidades de disputarse las sobras, apretarían más las cadenas de la esclavitud y se reirían de los hombres como él. Andrés odia a los negros porque es la piel la parte de su cuerpo que más detesta….¿Y si fuera hijo del Conde de la Granja? Esa es la tragedia de todo mulato. Nunca saber si el a quien sirve es su padre o es su hermano”(p.41). Como lugarteniente de Boves primero, Machado, al entrar a Caracas el año catorce, asesina al Conde de La Granja, Fernando Ignacio Ascanio de Monasterios(1754-1814), de quien había sido mayordomo.
Del Mulato Machado llega a pensar otro personaje, Vicente Berroterán, este de ficción, “con ese odio inclemente de los resentidos contra los que no les han hecho nada”(p.82-83), así sentía Vicente que lo miraba el Mulato Machado.

En verdad, como se lee en esta novela, “la generosidad es la máxima y quizá la única virtud que ansían y valoran los desposeídos en los poderosos” (p.100).

Eugenia
Eugenia Blanco es una de las grandes creaciones literarias de Herrera Luque, persona producto de su febril imaginación y de la honda comprensión del ser humano que nos ofrece este novelista. Es, sin duda, el mayor protagonista femenino creado por novelista venezolano alguno, varón o hembra, en el último medio siglo y cuidado sino es la mayor figura erótica de la novela venezolana, siempre tan llena, como la vida venezolana, de represión y cruzada, casi siempre, por una ola de sadismo.

Eugenia es un ser fascinante, interesa tanto al crítico literario, al estudioso de la obra herreriana como a quien tenga interés, además de por lo histórico, por las letras que son expresión de la sexualidad y del erotismo.

Eugenia es la máxima creación femenina salida de la pluma de Herrera Luque, la segunda es Aracantir de Los amos del valle, la tercera es la madre mantuana del general Manuel Carlos Piar(1774-1817) en Manual Piar, caudillo de los colores(Caracas: Pomaire, 1987. 268 p.), ser real Belén Aristiguieta que fascinó con su belleza a sus contemporáneos, criatura también de viva sexualidad como lo es Eugenia.

Para comprender a Eugenia se tiene que tener en cuenta en todo momento que ella es una criatura hondamente sexual, de “rabo caliente”(p.59) como dice Juana la Poncha, una de las esclavas de la casa. Eugenia, siempre “ardiente y voluble”(p.59) se expresa siempre con su cuerpo y con su piel, es siempre sensual, casi hipersexual, como diríamos hoy. Eugenia fue educada sexualmente desde niña cuando escondida veía a su mamá hacer el amor, con los todos recovecos del erotismo, con un mulato cuando su papá estaba de viaje. Esto es central en Eugenia. Y todas sus reacciones futuras vendrán de aquí y se desarrollaran desde ese hecho. Es un ser libre, y libérrimo sexualmente, así se tarde en consumar sus deseos por las características de la época y por lo vigilada que la tenían precisamente por razones sexuales, sobre todo Doñana. Siempre vivió dentro de una atmósfera hondamente sexual, sus devaneos y fantasías sexuales nunca la abandonaban.

Eugenia, por sus raíces sexuales, tiende a buscar sus parejas sexuales en hombres de color, ello es natural en ella, son los que la excitan. Por ello el mulato Machado es esencial en sus deseos sexuales, por ello su encuentro con él en la “Emigración a Oriente” es central en su vida y climax en la novela. El momento en que hacen el amor y ella luego se monta en su caballo y huyen juntos es fundamental, de hecho él se pasa entonces a los patriotas y termina casándose con ella después de la guerra, como se lee En la casa del pez que escupe el agua, novela que se inicia precisamente con la muerte de Eugenia(p.25-27).

Junio 20, 2011