Lunes, 23 de Octubre de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos ¿Quién Fue Armando Reverón? Una Lectura de ‘Los Incurables’ de Federico Vegas

¿Quién Fue Armando Reverón? Una Lectura de ‘Los Incurables’ de Federico Vegas

Correo electrónico Imprimir

Por: Roberto Lovera De-Sola

La nueva novela de Federico Vegas, la sexta, es Los incurables (Caracas: Alfa, 2012. 423 p.). Basta abrirla, seguir lo que su autor nos propone, llegar por ejemplo hasta su página 208, que fue en la que nos detuvimos por primera vez, antes de proseguir. horas más tarde, hasta su última línea, para darnos cuenta que estamos ante una gran y complejísima novela, sin duda una maravilla por las numerosas conjeturas que produce en su lector. Es esta una obra que deslumbra a su lector, este no puede hacer otra cosa que proseguir sin detenerse y siendo un crítico quien lo hace, como fue nuestro caso, llenar sus márgenes de anotaciones y al igual que las páginas finales en blanco del volumen de apuntes. Los incurables es una novela de tal riqueza que en una primera lectura apenas se percibe, hay que proseguir hasta hacer una primera lectura, cerrarla en la última línea, volverla a abrir en la primera página y volver a leerla, relectura en la cual nos acompañarán las anotaciones que fuimos haciendo a lo largo del recorrido de sus hojas.

Quien la lea debe mirarse en el sucederse en esta novela, observarse en el espejo de sí mismo. Y lo decimos pues creemos, este es nuestro caso, que todo crítico debe sumergirse en el volumen que lee pero a la vez verse así mismo a través de sus páginas, responderse a través de los libros las grandes preguntas que como ser humano se hace. En eso, como todos los humanos, siempre estamos creciendo. Y la lectura forma parte de nuestra aventura vital. Ese es el ángulo desde el cual consideramos debe hacerse el trabajo crítico literario.

¿Qué Hallamos?
Visto así Los incurables es varias cosas a la vez: 1)La primera y principal es, ya lo hemos anotado, es una gran novela, creemos además que no se parece a ninguna otra nuestra;
2)es la historia de cómo se escribe un libro. Pero es algo más es una teoría de la literatura y el arte y cómo se realiza esta tarea, que en este caso es una obra propia de las que se hacen mediante la palabra escrita, pero que nunca se salen de los linderos de el hecho creador, que es siempre amplio, puede ser literario, pero también de artes plásticas, de música, de cine. Tal la amplitud de lo que el hombre puede crear. Pero creemos que Los incurables va incluso más allá: nos muestra como se siente el acto de parir, mediante la palabra escrita, una obra literaria que a la vez una obra de arte, sobre todo, en este caso sobre la pintura, ya que su tema central es el pintor Armando Reverón(1889-1954), quien es, en esto no hay pasado, el mayor artista venezolano de todos los tiempos. Es Los incurables obra de literatura y arte, desde luego, como creación, las reflexiones de su autor sirven también para iluminar el trabajo de los escritores, tan artistas, para nosotros, como los pintores, que el caso de Reverón fue también quien concibió sus fascinantes muñecas de trapo.

Hay, desde luego aquí, unas innumerables meditaciones sobre el hecho de ser escritor y sobre la forma como cumple con sus tareas. Están aquí las cogitaciones del escritor Federico Vegas. Veamos algunas citas que nos parecen significativas.

Leemos en este tomo: “comencé a vislumbrar la posibilidad de convertirme en el narrador de esa travesía hacía un único e indispensable hogar. A veces no es más que una salida a la reprimida tentación de cambiar el pasado”(p.8), el cual desde luego solo puede ser alterado por la invención; escribir es un síndrome(p.43) que no tiene cura, que exige grandes esfuerzos tesoneros(p.245), tal la vocación de ser un “interrogador y escriba”(p.49), tarea que requiere “fuerza y tensión”(p.401); quien debe averiguar, cuando revisa lo escrito, “sobre qué quería escribir.¿No recuerda cuál fue la primera línea escrita con entera libertad?”(p.294), quien mediante las lecturas que hace para escribir sus obras, en este caso sobre Reverón, le “asombra la aparición de pistas, alegorías y resonancias”(p.247) que apuntan hacia el tema que trata; es a todo lo largo “la búsqueda de lo invisible[que] nos impide aceptar lo visible”(p.264); aunque siempre su espacio debe estar entre “la improbabilidad y la certeza…la patria de un novelista”(p.421).

Estamos pues, con el volumen en entre las manos, ante el milagro de lo literario. La literatura podemos comprender es, como el arte, un camino “tan elemental, tan seductor, tan comprensible y genuino”(p.112), la literatura podría decirse “es como un cuerpo humano que tiene su morfología y ella misma dice todo lo que se quiera ver en ella del carácter del artista, de su sensibilidad y su actitud psicológica” (p.299), pues es uno de los senderos de la creatividad.

Y dentro de estas mismos pensamientos subrayamos como los dos más destacados capítulos de este libro, primero “La trampa inesperada” y después “El placer de las tangencias”.

Y esto también lo que explica el título: “Todo escritor llega a ser un incurable y sabe que el único consuelo por ser portador de un virus sin remedio es lanzarse hacia esa ansiedad con osadía”(p.42). Esa infección es escribir para el creador literario.

3) Los incurables es un libro vitalmente sabio. Y no solo por su honda compresión de Reverón sino de todos los personajes que aparecen en aquí, especialmente de dos psiquiatras, un hombre y una mujer, Hutchson Sánchez y Milagros Iribarren, personajes de ficción a través de los cuales se cuenta a Reverón, pero el periplo de cuyas vidas también es examinado, lo que hace a este libro obra de doble o triple filo: su ve una vida a través de dos;
4) Es, desde luego, un libro de psiquiatría, hecho imposible de soslayar cuando se examina la peripecia de un enfermo genial como fue Reverón;
5)es, desde luego, un libro sobre Reverón pero a la vez sobre el país, “incurables” somos nosotros los venezolanos, tanto como “el país de la pena” del poema de Hanni Ossott(1942-2002) o la “estación de máscaras” de la novela de Arturo Uslar Pietri(1906-2001). Por ello su autor contrapone en sus páginas el país racional, que pone sobre las espaldas de don Arturo, con otro, no irracional, sino el de la imaginación y de la creación, que pones en manos de Reverón. Ambos fueron pivotes del país: Uslar el totem, Reverón el ícono, como el propio Vegas declaró en una entrevista que le hicimos en radio Sintonía(diciembre 7,2012);
6) Son también Los incurables un volumen sobre cómo se investiga para escribir un libro y se nos muestra que se hace esa tarea;
7) Es un libro de una riqueza psicológica y psiquiátrica imponderable. Hace pensar en todo lo que se puede aprender aquí de las enfermedades, pensamos mucho leyéndolo en Susan Sontag(1933-2004) y su obra La enfermedad y sus metáforas(Barcelona: Muchnik Editores,1980. 131 p.). Ella dice que estas son “el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara”(p.9). Hay tres grandes esquizofrénicos entre nosotros: Reverón; el escritor Andrés Mariño Palacio(1927-1965), nosotros tenemos más de cuarenta años estudiándolo, desgraciadamente nos falta aun un estudio psiquiátrico de su enfermedad, este no puede ser comprendido si seguimos las superficiales y necias observaciones dadas por sus compañeros de generación a quienes tantas veces interrogamos. El doctor Moisés Feldman(1923-1995), a quien se cita bellamente en Los incurables, fue tratante de Reverón y lo fue también de Mariño Palacio; el tercero es mi admirado y querido amigo el poeta Miguel James(1953), poeta del amor y de belleza femenina, posee esa dolencia también y hemos podido comprender, en todos nuestros paliques, de muchos años, mucho de la relación, que se explora tan bien en Los incurables entre creación y enfermedad, sobre la esquizofrenia como punto de apoyo para la creación, siempre, desde luego con el arquetipo de Vicent Van Gogh(1853-1890) por delante. Es imposible no pensar en el holandés cuando nos detenemos ante los meandros del Pintor de Macuto.

Las observaciones anteriores nos ponen ante el por qué hallamos dicho que Los incurables en nuestras manos estamos ante un libro riquísimo y complejísimo.

Aquel Hombre en su Lugar y en su Tiempo
Comencemos por el hombre y su contorno. Fue el caraqueño Julio Armando Reverón Travieso(mayo 10,1889), sus nombres y apellidos, el más grande artista venezolano de todos los tiempos. Fue hijo de Julio Reverón Garmendia y Dolores Travieso Montilla. El padre un adicto a la morfina, ella al maquillaje, “dos figuras ideales para arrancar un estudio psiquiátrico”(p.56) escribe Vegas con razón. De ese hogar desencuadernado pronto fue apartado el niño, enviado entonces a Valencia, a la casa de la familia Rodríguez Zocca, allá tendrá como compañera a la hija de aquellos, Josefina Rodríguez Zocca. Al enviarlo a Valencia, al sacarlo del hogar, al enviarlo a Valencia, sin que nunca se haya conocido la razón, lejos del amor de la madre, el padre murió muy pronto consumido por la droga, la raíz de su enfermedad estaba trazada. Y ello porque como leemos aquí, en base a la cita de un psiquiatra:

“sin la disposición a mantener la proximidad y el contacto con una figura protectora, no logramos defendernos de los depredadores ni construir parejas y familias, mantener hogares y consolidar pueblos, y lo mejor del conocimiento se transmitiría sin el necesario trasfondo emocional. Por eso es tan angustiosa la pérdida de las figuras de apego. Esta en juego nada menos que la supervivencia de nuestra especie”(p.196. Ver también la p.197).

Allí vemos la clave de la enfermedad, aunque Reverón logró encontrar un camino para su vida y un amor de pareja estable, Juanita Ríos. Logró con ella, en una pareja de amor, pero sin practica de la sexualidad, la comprensión y la lealtad que necesitaba(p.223). Allí también escriba el por qué de su honda creación plástica, para la cual necesitaba honda comprensión. Juanita y Armando tuvieron además un hogar fijo: en él estaba también su taller: el Castillete de las Quince Letras, comprenderlo es esencial para entender a Reverón, como bien nos lo hace ver Vegas.

Juanita Ríos, fue la mujer de su vida, con quien tuvo una relación de treinta y seis años, desde que se conocieron en La Guaira en los Carnavales de 1918 hasta su deceso. Y ello porque “La feminidad multiplica todas las sensaciones, desde la angustia del abandono hasta la paz que nos trae consuelo”(p.208-209). Fue la de ellos una relación de un hombre y una mujer pero sin actividad sexual. Una de las explicaciones a esto que encontramos en Los incurables es que Reverón tuvo “un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en actividades tangentes, en roces y paralelismos”(p.300). Pero hubo entre ellos una sexualidad sin genitalidad, esta siempre es tarea de dos quienes se iluminan uno al otro(p.148-149).

Logró hacerse un camino con la sola referencia de un día que paseó por El Calvario con sus padres al lado, allí “puede haberse gestado su primera noción de lo que debe ser una familia o la conciencia de carecer de un hogar verdadero y constante”(p.367), hogar que formó con Juanita.

El dolor lo fortaleció, el dolor, lo sabemos, es el horno en el que crecemos los humanos. Y fue por este sendero que llegó a ser lo que fue, tanto que Mariano Picón Salas(1901-1965) llegó a escribir en 1939: “es uno de los venezolanos más importantes que en este momento viven”(Obras selectas.3ra.ed. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2008,p.363).

Y sobre el período del su nacimiento acotó el historiador José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005), “Mayor atención se ha prestado al derribo de las estatuas guzmancistas y a la reacción de [Juan Pablo] Rojas Paúl(1826-1905) contra el ególatra barbado que a la aparición de nuestra novelística propiamente dicha[Zárate,1881; Julián,1888, Peonía,1890]. La década penúltima del siglo [ante]pasado se recuerda más en los manuales por el absurdo ensayo de los bienios, y a los injertos institucionales suizos, que por la circunstancia de que en ella ven la luz [Rómulo] Gallegos(1884-1969), Reverón y [Lorenzo] Herrera Mendoza(1881-1966)”(Despolitizar la historia: una tarea para el desarrollo. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1973,p.21). También en el año del nacimiento de Reverón vieron la luz Teresa de la Parra(1889-1936) y José Rafael Pocaterra(1889-1955), ¡nada menos!, grandes con la pluma como él lo fue con el pincel.

Perfil de Aquel Hombre
Dice Vegas que el plan para escribir este libro fue concebir “una novela alrededor de la figura de Reverón y me dedicaba a buscar información con cierta indolencia, aguardando a que la trama desplegara su dibujo, sin forzarla”(p.18).

Reverón es uno de sus personajes venezolanos que siempre nos asedia, sobre el cual cada generación venezolana debe escribir un libro. “Cada generación debe rendir su propio homenaje a Armando Reverón, ofrecer una interpretación de su obra, tomar posición frente a este espectro que va y viene y entre la persona y el personaje mientras intentamos definir nuestras propias refacciones”(p.43).

Hay en este libro tras miradas al artista que han sido sustanciales en el asedio de Vegas: las de Alfredo Boulton(1908-1995), Juan Calzadilla(1931) y Luis Pérez Oramas. “Boulton señaló lo que debía ver; Calzadilla lo que había para ver; Pérez Oramas qué significaba verlo”(p.43). Comprendió, a la vez, que no se puede comprender a Reverón sin “Dominar el drama de Castillete”(p.46).

Con esos elementos y una base teórica extensa se propuso el novelista mirar la vida de Reverón desde el ángulo del último año y medio de su vida, cuando estuvo hospitalizado en el sanatorio San Jorge del doctor J.A. Báez Finol en Catia(octubre 24,1953-septiembre 18,1954). Es así como nos logra hacer ver la personalidad exacta de Reverón, la significación de Castillete y grandeza ética de su personalidad. No un loco que vivía en un rancho, como muchos deslenguados caraqueños dijeron equivocadamente, sino la presencia de un creador de altísimos acentos, un constructor, un “loco cuerdo” igual que don Quijote, siendo así “el primer loco de nuestras artes, el primer loco de nuestra conciencia colectiva”(p.12) como escribió Pérez Oramas. Esta es la doble vertiente que encontramos en Los incurables: es un libro sobre un artista pero a la vez es una reflexión sobre la realidad de Venezuela. No hay que soslayar este doble filo.

Sobre Reverón como “loco cuerdo” volveremos. Nos parece más que esencial para comprenderlo, la coherencia de su obra plástica nos inclina a este hecho.

Pero la coherencia, lo sano que hubo en Reverón, salta a cada rato cuando se le analiza. Fíjese quien lea estos renglones: fue Reverón un hombre que vivió una vida con una única pareja estable, a quien amó y quien lo comprendió; que construyó no un rancho, como se ha dicho con desprecio e incomprensión, sino una casa, lejos de la ciudad, un hogar-taller que era un universo; un artista exacto, de quien se puede rectificar hoy el gran error que hemos apuntado, para llamarlo de algún modo, distinto del que le dieron aquellos equivocados que al ver que en uno de sus hijos despuntaba la vocación artística lo llevaban a Macuto a conocer a Reverón para que se dieran cuentan lo que les iba a suceder si proseguían la senda de la vocación que lo asediaba. Todo una inmensa falacia porque quien no ejerce la vocación a la que está inclinado va a ser persona de infeliz vivir. Todos estos superficiales para nada penetraron en la verdadera raíz, esencia y por qué de la enfermedad mental de Reverón, situada en la infancia y no en su vocación creadora, que en muchos sentidos fue curativa para él.

La vocación de Reverón por la pintura estuvo clara entre sus compañeros del Círculo de Bellas Artes(1912-1916), quienes vieron muy temprano la grandeza de aquel artista sin par. Entre ellos había dos críticos demasiados cultos para que aquello se les pasaron por alto: Enrique Planchart(1894-1953) y Fernando Paz Castillo(1893-1981), altísimos poetas ambos también, de los grandes de nuestras letras. Esto lo comprendió después hondamente Alfredo Boulton, con todo su saber y buena formación, y todos aquellos intelectuales que él llevó a conocer a Reverón, todos se quedaron deslumbrados por lo que veían en los cuadros colgados en Castillete y en aquella edificación. Y casi todos dejaron testimonios escritos de su contacto con Reverón, tal Uslar Pietri, Meneses, Picón Salas y después el agudísimo José Ratto Ciarlo(1904-1998) o el periodista Oscar Yanes.

Se lee en Los incurables que el trío de los grandes pintores de nuestro siglo XIX fueron: Martín Tovar y Tovar(1827-1902), Arturo Michelena(1863-1898) y Cristóbal Rojas(1857-1890) y los tres del siglo XX: Alejandro Otero(1921-1990), Jesús Soto(1923-2005) y Carlos Cruz Diez(1923). En el medio de ellos: Reverón, “Entre el trío que cierra el siglo XIX y el que va a cerrar el siglo XX aparece esa figura de transición que actúa en solitario mientras fragua la también solitaria labor de pasar una antorcha”(p.369). Y una observación nuestra, no para discrepar sino para añadir un dato: no olvidamos que nuestro llorado crítico Roberto Montero Castro expresó que el mayor pintor venezolano después de Reverón es Jacobo Borges(1932), en él se observa la continuidad de lo hecho por el hombre de Castillete, más de una vez estilísticamente. En cambio los otros tres del trío, muy grandes, tomaron el sendero de cientismo con lo cual abrieron nuevo camino a nuestras artes plásticas.

¿Cómo Era Reverón?
Fue “un ser bueno y sensible”(p.329); un ser con dominio de si mismo, aun en sus periódicas crisis, que varias veces dominó(p.272); quien “Un día se fue a Macuto a buscar la sencillez y se encontró con la claridad”(p.331), quien allá encontró “las caricias de la sencillez”(p.331). Fue la suya “una vida tan ferviente y fecunda”(p.342), fue “el más radical de los maestros”(p.359), quien tuvo “el inicio de un artista y el final de un maestro”. Aquí tocamos lo más difícil que hay que conocerlo, para comprenderlo: la enfermedad. Tanto que uno de sus terapeutas expresó: “Yo acompañé a Armando en la cuesta de su locura y en muchos de sus descensos…Yo solo he intentado explicar que Armando fue el hombre más feliz del mundo. ¿Por cuánto tiempo? No lo sé. Ciertamente conoció varias enfermedades, pero hay una que nunca tuvo cura, la felicidad de pintar”(p.398), y eso no era un hecho insano. Todo lo contrario. Según el psiquiatra J.A. Báez Finol su tratante las dos veces que estuvo en su sanatorio San Jorge, en 1945 y entre 1953-1954, allá falleció. Según Báez Finol “el paciente padeció de una esquizofrenia que solo afectaba su parte emocional, pero no lo preceptivo, lo cognitivo; podía percibir correctamente la naturaleza del mundo pero no el ambiente social que lo rodeaba”(p.346), ya que fue en el ambiente social, sobre todo en la casa de sus padres, por el escaso afecto que recibió, en donde estuvo la génesis de su enfermedad, un padre drogadicto y una madre solo ocupada en su belleza física. Ambos lo apartaron y enviaron casa de una familia en Valencia, aislándolo del hogar y sus goces, esencial para que todo ser humano puede ser feliz, sin los roces del afecto aquello es imposible.

Para entender a Reverón hay que relacionar en él, siempre, enfermedad y pintura(p.347). No relacionar, en el caso de Reveron, arte y dolencia es un error, garrafal. Al igual que hay que entender el significado de los que fue Castillete, su casa macuteña de las Quince Letras.

Esta Novela
El plan para esta novela está claro cuando leemos: “Mi plan inicial era escribir una novela alrededor de Reverón y me dedicaba a buscar información con cierta indolencia, aguardando a que la misma desplegara su dibujo, sin forzarla”(p.18). Así pudo escribir el narrador: “No soy más que un tangencial cronista de su vida y de los últimos meses de Armando Reverón”(p.405), desde octubre de 1953 hasta septiembre de 1954. Hacerlo fue consecuencia de un proyecto realizado con “nervioso afán escrutador”(p.22), como un “interrogador y escriba”(p.49), quien fue “rastreando, hurgando”(p.246) hasta llegar a las incertidumbres más graves del artista(p.154), sendero para captar “la inteligencia y sensibilidad de Armando”(p.241), ya que buscó una “comunión con Armando”(p.249). Y ello, consciente, de que “Cada persona es un idioma y yo trataba de comprender el de Armando analizándolo”(p.243), sabiendo que “Cada ser tiene una finalidad que está determinada por su esencia. Esa es su potencia”(p.254)

Fue aquella todo una tarea cuidadosa, como lo es siempre escribir un libro: “No me resulta fácil aceptar que no parto de un propósito, sino que me dedico a perseguirlo, a tratar de entender un designio al que, al mismo tiempo, debo intentar darle forma. Es una tarea enredada, pero muy similar a la de criar hijos”(p.41). Lo hizo como un entrevistador y como un cronista, la novela lo es largamente, “y luego ser crítico de arte y, un par de páginas más tarde, un historiador razonablemente profundo y acucioso…El papel de un aplicado investigador que busca datos fidedignos sobre un pintor en viejos periódicos y revistas es el más alejado al personaje que me gustaría ser”(p.125). Este fue su plan, “¿Será el peaje que estoy dispuesto a pagar por llegar al meollo de Reverón?”(p.130). Lo sabía porque para comprenderlo: “hacía falta una revolución en la traumatología del alma”(p.132). Por ello llega tan hondo.

Y para llegar a esa esencia escribe dos novelas, una dentro de la otra. En la primera nos hace ver a Reverón; en la segunda entrevista al psiquiatra Hutchson, persona inventada para presentar todo un universo, no sólo a Reverón, sino un vivir y sus riesgos. Y llegar a través de esto, y de la psiquiatra Iribarren, también criatura ficticia, a la entraña del artista a quien se asedia en Los incurables.

Un Camino Para Entender
Reverón tanto pintando como viviendo en Castillete plantea numerosos interrogantes. Sabe de “las acrobacias de los críticos y psiquiatras que han buscado ubicación entre su genio y su enfermedad”(p.18). Para llegar a este hondo meollo escucha a los intérpretes más densos de su obra: Boulton, Calzadilla y Pérez Oramas. Y vio los documentos gráficos de Edgar Anzola, Roberto Lucca y Margot Benacerraf, ya que “Quienes están involucrados en la aventura de comprender a Reverón forman una familia de iniciación incierta y sin armas para apartar herejes e impertinentes de oficio”(p.17). De allí las interrogantes: “¿Como ubicar a Boulton en esa lucha entre el amor y el desprecio, la comprensión y el rechazo, la enfermedad y el genio, el artista y el investigador, el rechazado y el consentido de la sociedad?”(p.96), tanto que “Para lidiar con Reverón es mejor comenzar haciéndose el tonto e ir viendo”(p.116). La otra pregunta es el por qué aun no se ha escrito una biografía de Reverón, tanto “que nadie haya averiguado todavía quien era realmente”(p.116).

Aquí nos encontramos ante un hecho esencial: no se puede examinar a Reverón con prejuicios sino penetrando en su entraña. Y esta está en su obra. Hay que saberla mirar e interrogar, sino no se le llegará a entender. Y para llegar a su corazón hay que dejar de lado la errónea idea de que Reverón era un loco que vivía en un rancho. Hay que ir a su esencia. Todo lo que un artista es, todo lo que un escritor es, está en su obra, y la de Reverón no puede ser más diáfana. Y, desde luego, para comprender a Reverón hay que mirar su vida desde la infancia, su enfermedad, su vocación plástica, su amor, de toda su vida, por Juanita Ríos, su constancia en el ejercicio de su vocación. Alí está la esencia.

Un Buen Ejemplo
Para interpretarlo podemos dar un ejemplo reciente. Sucedió con otro grande de la palabra: Gabriel García Márquez(1927). Su biógrafo inglés Gerald Martin(1944) quiso conocer, interrogando a Gabo, sobre el sentido biográfico de su cuento “El rastro de tu sangre en la nieve”, con el que se cierran sus Doce cuentos peregrinos(Bogotá: La Oveja Negra, 1992. 226 p.). Este relato, desde luego viene de su propia experiencia, de un momento doloroso de su vida. García Márquez le dijo a Martin que no le daría ninguna explicación sobre ello, que toda persona “tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta”, que lo que un creador ha vivido está en su obra, que le buscara por si mismo. Fue lo que hizo Martin(Gabriel García Márquez: una vida. Bogotá: Mondadori,2009,p.241). García Márquez había metaforizado la historia de un aborto que tuvo su novia parisiense Tachia Quintana, aquel niño de que haber nacido hubiera sido su primer hijo. El cuento no relata el aborto natural que ella sufrió, pero muestra una circunstancia dentro de la propia fabulación literaria. La relación con Tachia se detuvo con el tiempo pero no concluyó, como debe hacerse con las mujeres que dejan huella en nuestras vidas. A ella está dedicada la traducción francesa de El amor en los tiempos del cólera. Cuando ella se casó en París, años más tarde, Gabo fue su padrino y asistió a la boda en compañía de Mercedes Barchia, su esposa, llamada por todos “la Gaba”.

¿Dónde Está Reverón?
Lo explicado nos enseña como Reverón está en sus experiencias personales, en sus dolencias, en su amor por Juanita pero muy especialmente en sus obras, en sus pinturas y en sus muñecas. Allí hay que buscarlo porque su biografía, ojala llegara a escribirse, es la historia de un hombre siempre activo frente a sus telas, con el pincel en las manos. Un hombre siempre comprendido por sus amigos, con Boulton a la cabeza, bien entendido por aquellos que lo examinaron, desde la magia de lo que plasmó y desde la relación que hubo siempre en él entre creación y enfermedad. A todo esto contribuye en grado alto Federico Vegas a través de su novela. Libro en el cual los venezolanos debemos mirarnos como en un espejo. Seguir siempre la apotema de Calzadilla: “Lo que Reverón necesita es respeto”(p.157).

De allí lo que hallamos cuando leemos, ensimismados, las páginas de este libro: “Sí pude advertir una actitud amable, humana, dedicada a quitarle a Reverón la inclemente carga de interpretaciones que le ha sido impuesta. ‘Todo es más sencillo, más franco’, parecía decirme Juan[Calzadilla] con su mirada”(p.156). De allí la importancia de “Convertirme es un espía leal y justiciero de Castillete, es una misión que no me esperaba”(p.158). Y además descubrir “[la] relación entre el genio, la locura y el arte. La genialidad es algo muy relativo, se trata de un estado de gracia que solo puede ser juzgado por el tiempo y el consenso”(p.172). Sin olvidar, lo que tantas veces se ha hecho con Reverón, “no todas las sociedades sospechan de sus seres más sensibles y esconden su temor en el desprecio y la compasión…¿Quién puede negarle hoy a Reverón el haber señalado un cambio?”(p.175), “Armando no era un artista trazando el porvenir, sino un poseído por una fuerza entre animal e indígena que los caraqueños relacionaban con un pasado que les resultaba abyecto. Da mucho miedo…enfrentar nuestros propios orígenes”(p.176), “El problema es que los caraqueños que veían en Armando un alma primitiva que desvariaba, tenían tanta razón como los pocos que supieron comprender el alma genial que predecía”(p.176). En el siempre fue verdad: “Lo consumido está consumado. El primer participio mató a Reverón, el segundo lo hizo vivir al límite de la plenitud”(p.267). De su allí su grandeza, que sigue conmoviéndonos cada día.

El Castillete de las Quince Letras
Y esencial para comprender a Reverón, junto con Juanita Ríos, es el Castillete de Las Quince Letras. Federico Vegas, arquitecto sensible, logra calar muy hondo en los por qué de la existencia de Castillete, en donde paso Reverón a vivir en 1920 y donde permaneció, con muy pocas excepciones, durante treinta y cuatro años, Descubrir por qué fue construido, cómo y para qué es esencial para entenderlo y Vegas lo desvela.

Ya en las puertas de Castillete, destruido por la gran aguada de 1999, quizá habrá que comenzar con esta observación: “Reverón un sedentario crónico”(p.257). Casi sin moverse de allí, durante los años más significativos de su creación, llegó a coronar su obra y hasta hacerse vidente(p.176).

“En Castillete se extenderá por treinta y cinco años el debate entre la creativa felicidad y la terrible amenaza de las apariciones divinas, entre la soledad del creador y el acoso de una horda buscando un espectáculo que los haga jurarse algo más cuerdos”(p.120).

“Empiezo a comprender que Castillete es un pozo profundo donde los caraqueños podrán siempre verse reflejados e intentar comprender cómo son realmente”(p.12), “Se trataba de un territorio explosivo para esa relación entre el Ello y el del médico[Báez Finol], un centro artillado con símbolos muy potentes”(p.153). Aquí la nación del Ello es más que principal. Es “”Esta necesidad imperiosa de expresarse proviene del Ello, una fuerza vital que nos mueve a nosotros y al mundo, y se manifiesta en los sueños, en los gestos, en el comportamiento, y también en nuestro aspecto, en lo barrigón, o lo flaco, en el grosor de los labios o de la papada, en toda virtud o anomalía, desde la tendencia a rascarse las orejas hasta la miopía o una grave perturbación orgánica”(p.147).

Castillete fue para Reverón su proyecto vital, en el que se entrelazaron las vivencias espirituales con su actividad de pintar en la quietud de aquel hogar-taller, “Esa es una tarea muy dolorosa y Armando se preparó construyendo un castillo…Era baluarte y teatro, refugio y vitrina, taller y museo, guarida de los más secreto y destino turístico. Supo construir un mundo a la medida de su sensibilidad…Ningún artista venezolano ha cruzado tantas fronteras a la vez. La carga de trasgresiones fue extenuante” (p.177). Por ello construyó aquel universo a su imagen y semejanza(p.212). Fue por ello para él la Arcadia, construido como un Edén “entre la montaña y el mar”(p.259), que son las dos esencias de ser caraqueño, como mas adelante lo explicamos. Pero ante Castillete es imposible no pensar en la época de Paul Gaugin(1848-1903) en Tahití, como sugiere el novelista(p.265).

Hay más al “construir su hogar entre el mar y al borde de una quebrada…El resultado fue un ejemplo fehaciente de cómo un artista caraqueño pensaba que debía vivir en el Caribe, justo donde entonces terminaba el lugar de veraneo de los caraqueños y comenzaba la plenitud de la naturaleza”(p.274). Dedica Vegas también unas reflexiones a las dos casas edificadas por dos parejas de amigos, ambos con sus parejas de por vida, quienes no tuvieron hijos. Se refiere a Castillete y a El Cerrito de Armando y Anala Planchart, amigos jurados de Reverón(p.274). El Cerrito es hoy la casona que dio lugar a la novela de Boris Izaguirre(1965) Villa Diamante(Barcelona: Planeta,2007. 490 p.), tan gran libro sobre Caracas como es este de Federico Vegas que glosamos.

Y todo lo hizo Reverón siguiendo este decálogo: “ante lo infantil, ante la basura, los animales, la locura, el ridículo, la castidad, la desnudez, los vacíos, la pobreza…orientarse hacia el mar, hacerse plenamente caribe”(p.177).

Caraqueño Pleno
Entre estos diez puntos hay uno que deseamos subrayar: el mar, este lo hacía plenamente caraqueño, según la definición de Guillermo Meneses(1911-1978). Escribió el Guillo:

”el caraqueño es la difícil síntesis de montañés y costeño…Hubo siempre ese sueño del mar, tan cercano, aunque oculto por el cerro eterno…Hay, sin duda, la ansiedad de hacer sitio a los verdes fantasmas que vienen del mar y eso se logra de muy diversas maneras equivalentes a la desnudez de lo que puede ser más entrañable…Hombre de excepción el caraqueño por esa doble capacidad de vivir en la altura de la montaña y en la intensidad de la costa. La montaña enseña todo el valor de la serenidad que puede ser imagen de máxima inquietud. Cambio en los juegos de la luz la recia contextura del cerro como si fuera espejo de un mar que hubiese detenido su agua brava y el mar se hace monte en su constate ola, rota y crecida de nuevo que se rompe en la playa como risa violenta”(Libro de Caracas. 3ra.ed. Caracas: Fundarte, 1995,p.163-164),

Vivió con Austeridad
En cuanto a la pobreza volvió Reverón a acercarse a don Quijote; “Alcanzar alguna a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago”(Don Quijote de La Mancha. Edición crítica de Florencio Sevilla Arroyo. Madrid: Castalia, 2000, p.507-508), aquí basta cambiar “letras” por “arte”: el resultado es el mismo.
Y, desde luego siempre,“estamos hablando de un ser bueno y sensible, que se va a vivir a Castillete, que no está de paso, que convive con el artista, que quiere entrar en su mente, comprender su trabajo”(p.329).

La Enfermedad
Desde luego, hubo la enfermedad, pero no la produjo la actividad artística. Todo lo contrario. Reverón fue un psicópata no un psicótico y por encima de todo un “loco cuerdo”, como don Quijote: esto quiere decir que ante don Alonso Quijano, nombre de don Quijote, don Simón Rodríguez(1769-1854) y Reverón, estamos ante seres así. Se lee en el Quijote la mejor definición de lo que observamos: “le he visto hacer cosa del mayor loco del mundo, y decir razones tan discretas que borran y deshacen sus hechos: háblale tu, y toma el pulso a lo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería lo que más puesto en razón estuviere; aunque, para decir verdad, antes le tengo por loco que por cuerdo”(Don Quijote de La Mancha,p.837), “el es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos”(p.839), “es un loco cuerdo”(p.1007), como escribió don Miguel de Cervantes(1547-1616) de su protagonista.

En un Gremio de Discretos
Por cierto no es casual que Cervantes se refiera a la discreción, gran virtud quijotesca, elogiada en el gran libro. “Gremio de discretos”, la expresión es del maestro Pedro Grases(1909-2004), fue el que encabezó Reverón junto a los amigos que siempre le entendieron. La discreción es según el libro de don Miguel es tener especial talento, agudeza y sentido de la oportunidad. Por ello en el capítulo XLIX de la primera parte leemos: “¡Ea, señor don Quijote, duélase de sí mismo, y redúzcase al gremio de la discreción, y sepa usar de la mucha que el cielo fue servido darle”(Don Quijote,p.625).

La Dolencia
Y “Por supuesto la locura afecta la creación, o está implícita en ella…Pero la locura es la que parece tener raíces similares a las del arte. Ambos reinos son inabarcables, y esta en su naturaleza esconder los misterios de su finalidad, de sus verdaderas causas y afectos, por eso a veces se explican mutuamente, se compensan…como en un salón de espejos”(p.28).

La enfermedad es un hecho ontológico, de su ser, de su esencia, en Reverón: “Si alguien le dice que no le interesa el Reverón enfermo sino el Reverón pintor, contéstele que a usted no le interesa su pintura, sino solo en la medida en que ayude a explicar su enfermedad”(p.183), “integrar la persona y el personaje sin restarle nada a las dos opciones”(p.187) esa es la vida para entender a Reverón.

Se debe decir que fue un ezquizofrénico por poseer, al tener esa dolencia, una “estrategia especial que una persona inventa a fin de sobrevivir en medio de una situación imposible”(p.192), observación que toma del estudio de Moisés Feldman, considerada la mejor interpretación psiquiátrica de su enfermedad, ya que la de Báez Finol son solo una serie de apuntes, nunca llegó a redactar el estudio que tantas veces prometió.

Llegó, incluso Reverón a encontrar un camino para serenarse así mismo, lo que es un hecho terapeutico. “Ese refugiarse en lo profundo de la tierra para filosofar, beber, buscar frescura o serenidad ante el miedo, o para amortiguar la cólera que señala [Antonin] Artaud(1896-1948), es sin duda un recurso tan primigenio como radical. Reverón lo logra articula en su vivienda”(p.280). Y quizá buscó aquello que indicó Gustavo Flaubert(1821-1880), en un prólogo suyo a una edición de Una temporada en el infierno(1873) de Jean Arthur Rimbaud(1854-1891), “Cuando el mundo exterior repugna, enerva, corrompe y brutaliza, las personas honestas y sensibles se ven forzadas a buscar en alguna parte dentro de sí mismas un lugar más adecuado para vivir”(citado por Dennis McNally: Jack Kerouac. Buenos Aires: Paidós,1992,p.85).

Un Hombre en Quien nos Reflejamos

Enfermo fue Reverón como enferma es la sociedad venezolana, como bien nos los hizo ver Francisco Herrera Luque(1927-1991) en Los viajeros de Indias(Caracas: Imprenta Nacional,1961. 536 p.). Y eso no es lo grave: lo arduo es que no hallamos encontrado un tratamiento para ello, por ello somos el país de incurables que dice Federico Vegas. Por ello debemos observar “cómo se reflejan en Reverón los miedos. Obsesiones y naufragios de nuestra personalidad comunitaria(p.12), así “Mucho más nos define Reverón a nosotros que nosotros a él”(p.36). Y “siendo Uslar la conciencia racional del país y él[Reverón] el absoluto opuesto”(p.17), es decir, vio Reverón al país con su imaginación y con su fantasía, con la cual siempre se llega más hondo con los solos papeles de la historia. Piensa Federico Vegas que Uslar es el totem del país mientras que Reverón es el ícono de la nación.

Una Meditacion Sobre Venezuela
La incurabilidad de la que nos habla el título de este libro tiene dos facetas: es la actitud del creador que no se cura nunca de estar pintando o estar escribiendo. Pero es la vez una grave definición de Venezuela y de los venezolanos: un pueblo enfermo, tanto que pese a que lo han indicado sus mejores sus pensadores y escritores, no ha tomado el camino terapéutico de la curación. Por ello somos una nación sin camino, es el pueblo de la “historia detenida” que dijo Herrera Luque(La historia fabulada. Barcelona: Pomaire,1983,t.III,p.194), uno de sus grandes auscultadotes. La historia detenida se tituló la segunda parte de Los viajeros de Indias, que este gran interprete de Venezuela escribió pero no llegó a publicar. Es eso, ante la fracaso constante, que nos ha hecho convertirnos en el país de extremos(p.122) que dice Vegas, de gente extraviada que somos(p.140): o lo queremos todo y no queremos nada. Y no sabemos que actitud asumir cuando algo colectivamente nos sale mal: no tenemos la humildad de reconocer el por qué de lo sucedido, lo único que se nos ocurre es acusar a quien llevó la bandera, que fue el único que actuó, que se responsabilizó con unos pocos que le seguían. Los demás prefieren tapar el sol con un dedo, porque solo esperan que les pongan en sus manos lo que desean. Y olvidan, lo que es peor, que “los que nada hacen nunca se equivocan”, como dice en feliz frase el historiador argentino Félix Luna(1925-2009).

Pero también Los incurables, no podía ser de otra forma, constituye una meditación sobre Venezuela, país que uno de los que mejor lo definen, en su sentido pacífico y constructivo, es Reverón. Ya la otra cara de la nación, el de la violencia, la iluminó con mano maestra también Federico Vegas en su novela Sumario(Caracas: Alfaguara,2010.754 p.).

En las visiones de Venezuela que hallamos en el libro que comentamos vamos desde lo que es placentero hasta lo terrible. Desde: “Solo la luz es distinta, y la luz lo es todo”(p.143); “Cuando me tomé el primer jugo de guanábana la abstracción se convirtió en el sensual éxtasis”(p.141); “un país sumamente afectuoso…con mucho roce y muy poco del aislamiento que requiere la meditación”(p.163).

Pero es más lo negativo que lo feliz. Para entenderlo, cosa que no hemos hecho, mientras rechazamos a quienes no indican la gravedad de lo que somos, la necesidad en que estamos de penetrar en nuestra “la amplia gama de aptitudes y aberraciones”(p.142).

Dolencias como aquella de que “a esta tierra pretendemos sacarle más que sembrarle, y quien logra extraer no suele dar nada a cambio. Así no se puede darse un verdadero diálogo y conversar con nuestra tierra”(p.163).

Un país al cual el oro negro cambió y alteró: ”¡Petróleo! Un sustancia que se le mete a una máquina llamada Venezuela por delante y expulsa miseria por detrás, Esa materia ha enloquecido a este país y los campos petroleros eran ya una fuente de constante neurosis”(p.213-214), Por ello tenemos que buscar ”lo que el petróleo ha hecho a nuestra psiquis grasienta: todo se le pega y todo se resbala”(p.163). En verdad, no queremos saberlo, el petróleo nos ha traído “tan don como daño” según la magnífica expresión del experto petrolero Aníbal R.Martínez, razón por la cual no hemos podido entender por qué borró este pensamiento de las siguientes ediciones del libro en el cual apareció. Es esta idea que vale por todo ese libro.

Somos el país mágico que dijo Picón Salas(Comprensión de Venezuela.3ra.ed. Caracas: Monte Ávila Editores,1976,p.148) y por ello más encantado por un yerbatero como Telmo Romero(1846-1887), el brujo del crespismo, que por certeza de un pensador o de un artista, porque siempre lo hemoa esperado todo del azar. Es por ello que en Los incurables leemos “Esa fascinación por Telmo solo refleja tu desprecio por este país. Si quieres entender esta tierra concéntrate en Reverón. Y si no lo haces, te arrepentirás de haberlo tenido al lado y no…”(p.166). Nos interesa más lo frívolo, lo que hace reír, o “la silenciosa tradición del dominó”(p.167), que penetrar “en nuestras más genuinas grietas, en los recónditos trofonios donde solo Reverón se atrevió a entrar”(p.281). Reverón, en medio de aquello, llegó a decir: “Aquí en la tierra nos estamos ahogando de angustia. Hago lo posible por salvarme pintando. Esto tan ajado. En cambio en el cielo hay luz para tantos magos”(p.383).
Lo sabemos: “Venezuela es un manjar demasiado fuerte y condimentado”(p.394), aunque en verdad somos a la vez una tierra violenta y dulce, pero también un gentío que no escucha las voces verdaderas, gustando más bien rumiar “los mismos estruendosos lamentos”(p.383).

Las Definiciones
Y siguiendo esta meditación es imposible no detenerse en las definiciones más hondas que se han dado sobre nosotros. Van desde el “Bochinche, bochinche, esta gente no quiere sino bochinche” del precursor don Francisco de Miranda(1750-1816), la madrugada del 31 de julio de 1812.

La dicha semanas más tarde, el mismo año doce, por un mujer, Juana Antonia Díaz Padrón, ante el tirano Domingo Monteverde(1773-1832): “Para que quiere poder sino escucha”.

“El mundo es del hombre justo” del sabio José María Vargas(1786-1854), la madrugada del 8 de julio de 1835, mientras Pedro Carujo(1802-1836), borracho, lanzando su espada sobre la mesa de trabajo del magistrado, gritaba “El mundo es los valientes”. Y siempre hemos olvidado, aunque lo subrayó Andrés Eloy Blanco(1897-1955), que en aquel amanecer el valiente fue Vargas y no Carujo. El sabio se quedó impasible, en su despacho, no tuvo miedo, ni siquiera a ser asesinado, sabía que actuaba conforme a la ley. La misma actitud, un siglo más tarde, del maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) ante la militarada que lo expulsó de la presidencia.

A esto siguen las admoniciones de Ramón J.Velásquez(1916) cuando expresó que “Lo viejo en Venezuela es la corrupción, lo nuevo la democracia”. O cuando recordando al Precursor señaló como gran mal nacional “No hemos encontrado como administrar el bochinche”, fue en un palique con Marcel Granier a través de RCTV, canal ayer como hoy institución de nuestra democracia, destruido por la misma militarada que un día representó Carujo y en otra Pérez Jiménez. Es por ello que Herrera Luque, expresó, que “Somos el país del realismo atroz”(Los cuatro reyes de la baraja. Caracas: Grijalbo,1991,p.49) porque en el quien manda siempre actúa lejos de la lógica de la prudencia aconsejaba por Nicolás Maquiavelo(1469-1527).

Epílogo
“Al igual que Ariel, a Reverón no le interesa la política y jamás se enfrenta a los opresores, sea el tirano Gómez o [Antonio]Herrera Toro(1857-1914) en la Academia de Bellas Artes. Armando solo los esquiva, o los ignora. Será el arte la fuerza que lo libere y desde muy temprano va a plantear sus propias condiciones de creación”(p.375)

Reverón “No es solo un venezolano tratando de encontrar su puesto en la pintura universal; su ruta es inversa, quiere llevar lo universal a lo venezolano, y lo hace mediante una estrategia que incluye los temas y los escenarios, la materia de su pintura, la fabricación de los pinceles, el taller donde trabaja, los muros que lo rodean y hasta el relleno de sus últimas modelos”(p.369), “Alguien debía consumirse hasta para que existiera ese crisol…Armando fue un hombre que asumió íntegramente la prédica de santa Teresa de Jesús(1515-1582): ‘Vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte’, como medida, testimonio, testigo, búsqueda, entrega de una verdadera felicidad”(p.370)

Enero 7, 2013.