por Gloria María Zapata Marín
Los estudios del arte contemporáneo en Colombia, han puesto de precedente una búsqueda incesante entre los artistas, para lograr cambios sustanciales en la concepción tradicional del arte que hay en nuestro país. Desde los años 60 y 70 se dio inicio a una apertura en cuanto a corrientes y nuevas formas artísticas que tenían como escenario a Estados Unidos y Europa; desde estos lugares se filtraban ahora en los artistas colombianos del momento, sentidos y rumbos de renovación y revolución. Sin embargo, en nuestro país, estas nuevas muestras y experimentaciones no eran percibidas de manera crítica sino que eran apreciadas como actos irreverentes que contravertían, con su desparpajo, el sentido propio del arte que debía verse y debía hacerse en los museos.
Con la llegada de los años 80, la situación se extiende y la crisis planteada por los artistas se hace más profunda. Las indagaciones que se realizan ahora poseen claros tintes de protestas, buscan confrontar la realidad, ya sea, mostrándonos la violencia como fenómeno naturalizado o planteando que el acto comunicativo – y entre ellos el acto artístico – debe volver a resignificarse.
En esta situación coyuntural, una de las figuras relevantes que aparece en la escena nacional es el artista caleño Elías Heim (1966).
Sus primeros estudios los realiza en Jerusalén. Allí comienza una larga trayectoria que lo llevará primero a Munich y luego a Dusseldorf. Su obra es el fruto de una confrontación con la sociedad actual, con sus propios orígenes, con la experiencia vital del arte como metalenguaje.

Entre las obras de Elias Heim encontramos el Arrullador portátil para obras de arte de 1992, y La Maestra de Celán, del mismo año, con la cual ganó el premio de la Bienal del Museo de Arte Moderno de Bogotá; esta última, poseía un impacto visual y ambiental que permitía identificar relaciones expresivas cargadas de certidumbres, la maestra es la muerte. La utilización de múltiples materiales, la diversidad de ideas expresadas, los contrastes y fracturas simbólicas que están presentes en esas obras, se han trasladado a Premonitoria, obra se está llevando a cabo en el Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali.

Esta instalación presenta un grupo de tres obras y una proyección en video, que comparten un hilo conductor integrativo: la mirada al “Holocausto” para buscar con ella, una aproximación al conflicto social que desangra a Colombia.
La primera parte de la obra, Carcoma premonitoria, es un montaje que posee tres cajas que tienen luz y albergan en su interior, las páginas del libro hebreo de oraciones Tikun Schlomon. Las hojas están perforadas en un mismo lugar y con un mismo patrón: representan los puntos geográficos donde se ubicaron los campos de concentración y exterminio nazi durante la guerra. Tomando como elemento aglutinante el proceso mediante el cual las larvas de algunos coleópteros se alimentan del papel, la violencia irracional y calculada que sufrieron miles de judíos, es ahora sublimada mediante un abordaje ritualizado. Esta obra nos habla de religión y muerte, de desgarramientos y experiencia mística.

La segunda parte, Flores negras, pone de nuevo la mirada en un objeto sagrado que desempeña un papel primordial dentro de los grupos judíos. El Maguen Eliahu o Escudo de Elías, dispositivo utilizado en la circuncisión realizada a los varones, se torna ahora, al invertirlo frente a su posición normal, en un campo de flores, cada una de ellas comunicándonos la primera escisión, de otras muchas, que tendrá que sufrir el individuo en su devenir vital; la pared se convierte en una galeria fúnebre dispuesta a la manera de las tumbas enclavadas en los muros de los cementerios.

La tercera parte, Contraflujo de capital, es una instalación compuesta por una banda o cinta que se desplaza trasportando un conjunto de dientes humanos calzados con oro. Esta obra nos pone en contacto con la crudeza del hombre frente al hombre como objeto y mercancía, nos revela la deshumanización que los conflictos políticos y sociales crean, pero, que en nuestra sociedad, pasan desapercibidos. La máquina procesa y selecciona el producto final mostrándonos, de manera descarnada, una realidad que, algunas veces, no es tan evidente.
Estas interpretaciones – o posibles interpretaciones – se construyen a partir del reconocimiento de los elementos que fungen como argumentos dentro de la obra, es decir, la obra porta un sinnumero de significaciones, pero el proceso de desciframiento parte del espectador. El artista convoca entonces un espectador competente con su criterio, un aliado en la construcción de significaciones. Dentro del plano discursivo esta situación de comunicación, donde un artista entra en relación con un espectador en torno al hecho artístico, pone de manifiesto que los tres elementos deben estar en completa interrelación; si uno de los elementos no cumple con su rol dentro de lo enunciado, se pierde toda la carga de significación que está moviéndose dentro de esta tríada.
Es interesante apuntar que esta obra posee lazos cercanos con el conflicto político y social que vive nuestro país. Miguel González, curador de la obra, propone relaciones, tanto implícitas como explícitas, que unen la intervención de Heim con la realidad del conflicto en Colombia. El profesor González lo expresa así “(…) Pero la argumentación no sólo alude a estos hechos históricos del pasado sino que su mayor interés se concentra en retrotraer los acontecimientos de los campos de exterminio nazis y relacionarlos con las guerras, secuestro, desplazamientos y sucesos funerarios de la sociedad colombiana”1 .
Desde una perspectiva discursiva, la situación en la que está enunciada la obra, permite que se convoque una construcción de los sujetos que están dentro de este discurso. Para esto se utilizan unas ciertas tonalidades que le permitirían al espectador tomar una posición frente a aquello que la obra le comunica. Sin embargo, rastrear estas tonalidades dentro de la obra es un trabajo que necesita detenimiento, detalle y conocimiento.
¿Está el espectador desprevenido preparado para este enfrentamiento?. ¿Podrá reconocer ese campo de tensiones que se mueven dentro de la obra de arte y el contexto en el que está inmersa?. ¿Comprenderá el espectador, la magnitud e importancia del trabajo que se le está atribuyendo?. ¿Podrá realizar, de manera integrativa, la construcción de significados que necesita para comprender que esta obra quiere llamar la atención también sobre el conflicto colombiano?
Estas preguntas buscan plantear un cuestionamiento entre el arte que circula en los museos y la concepción o creencia que los espectadores del común tienen sobre el arte y sobre el acto artístico. La polémica en relación a si el arte debe seguir estando dentro de los museos o, si por el contrario, el arte debería ir a otros espacios y otros lugares, tienen que ocupar un lugar central dentro de las discusiones actuales en torno al arte. ¿Quién o qué le da voz a la significación que una obra de arte convoca?. Es una indagación que, creo, debemos seguir profundizando.
1 Presentación para la exposición Premonitoria. Elías Heim. Museo de Arte Moderno. La Tertulia. Cali. 2008. Curaduría realizada por Miguel González.
Acerca de la autora:
Gloria María Zapata Marín (1971)
Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia (Medellín – Colombia). Candidata a Magister en Lingüística de la Universidad del Valle (Cali - Colombia).
Actualmente se desempeña como docente en el área de Lenguaje en una institución de educación básica secundaria con énfasis en desarrollo de proyectos de investigación.
Su tesis de grado para optar al título de magister profundiza sobre los problemas de arte contemporáneo en Colombia y su relación con la construcción de los sujetos discursivos dentro del discurso político, propuesta que pertenece a la linea de investigación de Análisis del Discurso. Pertenece al grupo de investigación en textualidad y cognición – GITECLE – de la Universidad del Valle.
Email: ilyadama(arroba)gmail.com
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