Miércoles, 26 de Abril de 2017

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Pero ¿Qué hace esa vaca en un museo? (3ª parte)

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Por: Mario Rodríguez Guerras

1. Arte y vida
Otra relación que establecen los sabios acerca del arte es la de identificar el arte con la vida. Esta idea es bastante propia de los dadaístas aunque, como otras muchas ideas que se generaron a principios del siglo XX, estaba bastante extendida entre todas las vanguardias. De hecho, es lógico que fuera así ya que, como venimos afirmando, si el arte de entonces es ciencia, el artista obró, como todo científico que analiza una realidad, diseccionándolo el objeto de su estudio, lo que implica, en el caso de un ser vivo, privarle de su vida. El científico analiza la parte material de los objetos, un estudio que no negaremos necesario, pero insuficiente y, por eso, el artista-científico intuye que hay algo de la existencia que ha quedado fuera del arte, entonces coge toda la existencia y la agrega a la obra como diciendo, coged lo que preciséis, aquello que falta y que no podemos definir mediante los estilos de nuestro tiempo.

La lógica busca cómo justificar racionalmente un hecho para darle valor ya que de por sí carece de él. De esa forma se llega a afirmar que se pretende igualar el arte con la vida pero resulta que, en lugar de ensalzar el arte, acabarán por desmerecer la filosofía.

No es posible dar razón de algo que no la tiene y con el tiempo el resultado será el opuesto al deseado. Si con ese esfuerzo se pretendía ensalzar el arte, el resultado efectivo será el de desmerecer la filosofía pues no es cierto lo que se afirma y mantener durante tanto tiempo un error de esa naturaleza lo que acaba por demostrar es la incapacidad de los pensadores que se revelan como superficiales e interesados.

Decimos que relacionar el arte con la vida es una afirmación que solo puede provenir de una falta de reflexión porque la vida es una manifestación empírica, a saber, el fenómeno en que se muestra una voluntad universal. En cambio, el arte tiene por objeto expresar los sentimientos y conocimientos (todo conocimiento es un sentir) sobre la existencia que alcanza el hombre mediante su consciencia.

La única relación del arte con la vida es la obligación del arte de dar expresión de la vida pero no se puede establecer una unidad ni una identificación de esos conceptos, una es un hecho, otra una interpretación de su contenido o de su significado.

Afirmar que la vida es arte significaría que la existencia consiste en dar explicación de la interpretación, olvidando los hechos; o bien que el arte consiste en imitar la existencia, olvidando la interpretación. La expresión debe ser entendida como una figura poética que intenta explicar, mediante una metáfora, una idea que no se alcanza a definir mediante la razón pero no puede ser admitida como una afirmación literal que llevaría a la lógica a salir del mundo de la verdad para entrar bien en el del error o bien en el de la fantasía como ocurriría si se admitiera que un color chillón es un color que está dando gritos.

Estas valoraciones vanguardistas deberían haber quedado, como los estilos que las vanguardias desarrollaron, en aquel tiempo; y lo mismo que los estilos fueron superados, también debieran haber quedado superadas aquellas conclusiones.

Una época tan racional valora las exposiciones lógicas antes que la realidad y ante el razonamiento de un sabio ya nadie se cuestiona su rectitud. El sentido del tiempo resigna a los hombres al valor establecido y tan grande es la fe en la razón que no se contrasta su conclusión con la realidad. Podemos hacer teorías a partir de teorías y, si podemos establecer que el arte sea un convenio, podemos decidir que la verdad y la razón sean otro y, finalmente, que la sociedad sea lo que acordemos llamar social.

2. La individualidad de las artes
También se ha pretendido alcanzar la unidad de las artes. Especialmente los pintores han buscado relacionar la pintura con la música e integrar en sus cuadros la poesía. Pero el sentido de esta intención era el mismo que el de unir la vida y el arte, es decir, dotar a la pintura de un contenido que no podían expresar los estilos cientifistas. La vida, la música y la poesía podían expresar, a pesar de la racionalidad de su tiempo, todavía algo acerca de las emociones o deseos del hombre y esos sentimientos le resultaban al artista, como la vida al biólogo, ajenos a su campo. Podemos recordar que hubo varios estilos figurativos, a unos, como al expresionismo y el futurismo, se les valoró por su intención, por su contenido político. Otros estilos menos politizados, como el fauvismo, trajeron una revolución cromática tan valiosa como la política. Y cuando hubo formas figurativas que de alguna manera recordaban el pasado, como el realismo de entreguerras, se les negó el carácter vanguardista y se las consideró una recuperación del pasado, como un oasis de paz para descanso de tanta innovación revolucionaria. Como se puede advertir, las lagunas de los sabios son muy extensas y muy profundas.

La imposibilidad de unir las artes viene dada por la condición de cada una, si estas no poseyeran un sentido propio, una individualidad, nunca se hubieran manifestado, hubiera bastado la primera de las artes que hubiera aparecido. Lo que existe tiene un sentido y es necesario que exista. Las diversas artes, en su sentido más elevado, tratan de la sensibilidad del hombre, pero lo hacen por medios distintos. La música se percibe por el oído, la pintura por la vista y la poesía por la razón.

La unidad de todas ellas eliminaría un sentido y una forma de percepción. Dado que el mundo racional posee diversos aspectos, es preciso dar manifestación adecuada de cada uno. Existe un origen común pero no es posible dar razón de él, las formas de razón corresponden a sus aspectos fenoménicos.

3. La utilización del arte
Ahora bien, puesto que se defiende la idea de la unidad del arte y de la vida, también, es posible encontrar la intención de esa afirmación. La revolución abrazó con entusiasmo todos los estilos de vanguardia porque destruían los valores establecidos. Pero cuando la revolución advirtió que las vanguardias exigían la individualidad del artista se percibió un peligro y tuvo que ser anulado, para ello se exigió una nueva forma de creación, el realismo socialista, lo cual no significó una renuncia a la innovación, sólo el empleo de unas formas figurativas con un contenido controlable y predeterminado. Por su parte, los americanos establecieron en el mundo occidental cómo debería ser el arte. Aquí vemos dos cuestiones, la destrucción de lo opuesto y la uniformidad del pensamiento, ambas establecidas políticamente, es decir, no son fines en sí mismos, son medios encaminados a un fin más elevado, establecer jerarquías para lograr el poder. El esquema aplicado para la creación artística se ha empleado para justificar la organización social y ahora la jerarquía social servirá para crear una jerarquía artística y la política-social sirve de justificación para implantar una política-artística. Es decir, de la misma forma que los políticos querían establecer su dominio sobre los hombres, los sabios querían establecer el suyo sobre el pensamiento. La unidad del arte y la vida no era una verdad pero era una afirmación que solo podían justificar los sabios con lo que resultaba la necesidad de su reconocimiento. Ahora ya no se busca la verdad, el interés es el objetivo de la política-artística, y la verdad y la individualidad pertenecen al mundo anterior ya superado. Como se puede apreciar, el valor de esas afirmaciones sobre la unidad de las artes y de estas con la vida era que ofrecían la posibilidad de una valoración interesada. Por su parte, los artistas mostraban ese mismo interés revolucionario a la vez que una queja por la limitación expresiva de su tiempo pero todo ello lo hacían después de haber creado los nuevos medios de expresión cuya valoración exacta no se ha logrado porque no interesa a la jerarquía social.

La unidad de las cosas se basaba en una idea elevada de dotar a las diversas manifestaciones del hombre de un contenido más completo del que proporcionaban las vanguardias. Pero el resultado efectivo, o la interpretación interesada, fue la de extender por la vida social los valores revolucionarios que se habían adherido al pensamiento artístico. El arte del siglo XX se ha empleado como instrumento político, otra vez, pues así se ha venido haciendo desde el establecimiento de la sociedad civilizada.

La idea de unidad de las cosas era una idea que perseguía defender un interés ideológico que se aplicaba a toda interpretación, incluida la del arte. Las corrientes vanguardistas y los estilos que surgieron de ellas respondían a la evolución del pensamiento en la edad moderna, que todavía nos alcanza, y poseen un sentido auténtico y un valor real. Los artistas fueron honestos con sus creaciones, con independencia del valor de sus mensajes, lo que ha fallado ha sido la interpretación de los sabios. Se ha confundido el estudio de las formas artísticas con la postura que con ellas se defendía. El contenido de esas obras no era una idea universal, era una idea social o política. Se ha decretado que el arte expresa ideas universales y eso no es necesariamente cierto, el arte es un medio de expresión con el que cada cual expresa su opinión. Los sabios, por culpa de ese error tan conveniente, han valorado las obras por su intención, el continente por su contenido, cuando lo justo hubiera sido valorar ese continente por sí mismo con independencia de lo que cada artista quisiera poner dentro.