Sábado, 24 de Junio de 2017

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Otras Reflexiones sobre 'Al Azar del Viento' de Ana María Velazquez

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Por: R.J.Lovera De-Sola

He aquí algunas reflexiones más, complementarias de nuestra reseña sobre la novela Al azar del viento(Caracas: Lector Cómplice,2012.223 p.) de Ana María Velazquez.

Dos Lecturas
Hay una primera observación: creemos, y en ello coincidimos con Blanca Arbelaez, que de Al azar del viento se pueden hacer dos lecturas. La primera sería leerla como ficción, como la historia de un amor surgida, dentro de los hilos del poder, en un lugar determinado. La segunda es su lectura política, que fue la de Milagros Socorro al presentarla en la Fundación Herrera Luque(Junio 9,2012), poniéndole los nombres reales a los personajes y mirándola casi como una sucesión de hechos reales, dejando de lado ficcional.

La Historia
Anota Milan Kundera, en unas de sus jugosas reflexiones sobre la novela, que “Aplicada al arte, la noción de historia…parece más bien un viaje con el fin de explorar tierras desconocidas y de inscribirlas en un mapa. La ambición del novelista…es…la de ver lo que no han visto, la de decir lo que no han dicho”(El Telón. Barcelona: Tusquets,2005,p.28). Y más adelante expresa. “el novelista no es un lacayo de los historiadores; si la Historia lo fascina es porque para él es como un foco que gira alrededor de la existencia humana y que ilumina las desconocidas e inesperadas posibilidades que, cuando la Historia está inmóvil, no se realizan, permanecen invisibles y desconocidas” (El telón, p.88).

He comenzado con estas citas porque cuando señalé tu novela es histórica, con lo que discrepó Milagros Socorro, quise señalar, muy pensadamente, que toda novela se da en el espacio, en el tiempo y, desde luego, en la historia. Siempre hay un ámbito. Incluso cuando se da el caso de una novela fantástica en las cuales siempre hay un universo en un sitio determinado, tal podría ser el caso de Nocturama de Ana Teresa Torres: aquella ciudad es un paraje casi desconocido, pero es real. En nuestro caso consideramos que Al azar del viento es una novela histórica por suceder en un momento determinado y en un lugar y porque en ella se usa la imaginación para iluminar el suceder, es decir la historia. Desde luego, Al azar del viento, no es solo una novela histórica, lo histórico es uno de sus paisajes. El otro es el íntimo. Y eso le concede otro valor a tu ficción, es otro hecho a tener en cuenta. Y es lo que lo hace una novela total, aquella en la que reconcilian lo social y lo personal.

Pero no creo que se pueda pensar que Al azar del viento no es histórica, de hecho está situada en el tiempo, en un lapso muy preciso. Ello nos hizo recordar una observación del maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001): “La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida. Soy uno de esos que la sienten palpitante en todas las formas del pensar y del hacer social. La he sentido viva en mi vida de venezolano, he asistido a su nacimiento diario en mis horas de acción política, he tratado de revivirla en obras de ficción, he meditado sobre ella en largas horas de pensamiento escrito o tácito, la he buscado en los tratados de los eruditos y en las colecciones documentales con el ansia de un hombre que siente que en ella está la clave de su propio ser junto con la del destino de su pueblo; sin embargo, con todo esto no soy un historiador, sino a lo sumo un venezolano consciente de vivir dentro de la historia, tejido en sus hilos, enfrentado a sus enigmas, atado a su curso y necesitado de entenderla para poder vivir y justificar su vida de una manera más plena”(Veinticinco ensayos. Caracas: Monte Ávila,1969,p.121). Esto lo dijo don Arturo en una especial día de su vida: al incorporarse, en 1960, a la Academia Nacional de la Historia. Pero esto es lo que hizo Ana María Velazquez al meter su novela dentro del tejido de la historia, asunto del cual debemos también jugosas observaciones críticas al mismo Uslar(“La historia en la novela” en Fantasmas de dos mundos. Barceona: Seix Barral,1979,p.53-64). Dice en él, “El tema verdadero de la novela es el tiempo y en la medida en que está incorporado a ella se convierte en historia”(p.58).

Por ello creemos que en las palabras de Milagros Socorro, un ser al que admiro y quiero profundamente, pero confundió, al discrepar de nuestra observación allí expresada, dos cosas que tienen que ver con la historia pero que son distintas. Es la diferencia entre lo histórico y escribir historia, consultando documentos, desde ellos, que es el arte del historiador.

Y estaba tan metida en la historia Milagros Socorro que todas sus observaciones de aquella mañana fueron de orden histórico, hasta identificó a los personajes con sus nombres reales, e hizo una lectura política de tu texto, olvidando la inmensa presencia que tiene lo histórico en nuestra ficción, que es donde la sitúas su autora.

El Hombre de los 77 Asesinatos
Y en cuanto a las tropelías de Pedro Estrada, el Roberto Yánez de Al ser del viento, nosotros no consideramos un hecho cerrado el que se le haya atribuido la muerte de Alejandro Ibarra Casanova, eso se dijo en Caracas desde el primer momento. Nosotros nos tomamos el trabajo durante años de interrogar a varios testigos que conocieron el hecho e incluso a quien reconoció el cadáver. De hecho el suceso no pudo ser hecho público hasta después de la caída de la dictadura cuando el suceso apareció en las columnas de La Esfera de Caracas.

Hay que tener en cuenta que Caracas entera lo dijo, y en Al azar del viento hay algunas observaciones sobre lo que se murmuraba.

Tengo en cuenta lo dicho por mi admirado José Agustín Catalá, yo lo conocí tanto como Milagros Socorro, con la diferencia que al trabajar con él, cada vez que me encargaba de preparar ediciones de libros de su editorial, tuve la oportunidad de escuchar sus muchas observaciones sobre nuestro suceder politico y sobre Estrada en particular, quien tanto daño físico le hizo con las torturas que le aplicó. Laborada con él cuando salió el libro de Blanco Muñoz al cual él respondió con el volumen Los crímenes de Pedro Estrada. No dudamos que Catalá les dijo que Estrada no había mandado a matar a Alejandro Ibarra Casanova, que no era hombre de hacer actos como ese. Pero hizo Estrada muchos otros tan graves como ese: ordenó el asesinato de 77 venezolanos opositores.

En esta cuenta de los 77 muertos de Estrada no están incluidos los que murieron con el tiempo como consecuencia de los maltratos o de los que estuvieron siempre enfermos a todo lo largo de sus vida, caso de mi querido amigo el historiador Manuel Vicente Magallanes(1922-2009), quien fue tan maltratado como el propio Catalá. O el caso del expresidente Jaime Lusinchi que pudo salir al exilio porque se le acercó uno de los policías de la Seguridad Nacional, le agradeció de nuevo haber salvado a su hijo, Lusinchi es médico pediatra. Le dijo ¿Qué puedo hacer por Ud. doctor? Lusinchi se quitó la camisa de la pijama ensangrentada, como consecuencias de las torturas, y le dijo “Llévale esto a mi mamá”. Así doña María Angélica logró que el hijo saliera al exilio. Recuérdese aquí que Francisco Herrera Luque(1927-1991) consideró a Estrada uno del quinteto de los grandes asesinos vesánicos del país: Lope de Aguirre(c1511-1561), José Tomás Boves(1782-1814), Juan Vicente Gómez(1857-1935), Pedro Estrada(1906-1989) y El Chacal, Carlos Ilich Ramírez(1949).

Que Estrada no mandó a matar a Alejandro Ibarra Casanova lo han creído muchos durante mucho tiempo, incluso mi propio papá, quien conversó la tarde del accidente, en la puerta del Concejo Municipal de Caracas con Alejandro y su hermano Vicente Ibarra Casanova, el magnífico cronista de la columna “Desde París”, de El Nacional, lo mejor que ha salido de su pluma, tanto que merecería reunirse en un volumen. Ambos hermanos Ibarra Casanova era entonces abogados al servicio de la Sindicatura Municipal. Mi papá le pidió a Alejandro tener cuidado con el carro y en sus andanzas, conocidas ya, por la avenida La Paz en construcción entonces. Después buscamos testimonios sobre el mismo hecho de Jorge Maldonado Parilli y mas tarde con el doctor Lucio Baldo, ambos están referidos a final de la reseña que escribimos sobre Al azar del viento. A Maldonado Parilli Estrada lo había sustituido en la Seguridad Nacional, fue cuando a la SN se les escapó Alberto Carnevali del Puesto de Socorro de la esquina de Salas. Con Maldonado Parilli nunca hubo torturas en la SN, como lo reconocen los propios adecos, ya perseguidos, testimonios que están en Pedro Estrada y sus crímenes, el libro de Catalá.

Pero hay más, antes de llegar al meollo de lo que deseo decir, a Maldonado Parilli también mandó a matarlo Estrada. Para ello mandó un día a su casa a Ulises Ortega, uno de sus esbirros, pero se encontró el torturador que a Maldonado, hombre valiente, no le podía hacer nada. De hecho lo encontró armado en su casa Los Caobos y no se atrevió a hacerle nada, conocía muy bien a Maldonado, quien había sido su jefe en la SN. Se dio aquella mañana en el baño de la casa de Maldonado un suceso del mismo cariz del enfrentamiento, que se describe en la novela, de Estrada en el aeropuerto de la ciudad de Guatemala. Maldonado era en aquel momento, lo fue por varios años, nuestro Cónsul en Los Ángeles, y en los días del suceso estaba pasando sus vacaciones en Caracas. Pero Estrada no deseaba que existiera, no quería testigos de sus acciones, Maldonado es una conciencia, está vivo aun, pasa de los noventa años y está muy retirado, nos imaginamos que leyendo tanta historia como siempre lo ha hecho. Maldonado, hombre agudo y observar, temible por sus dones de compresión del suceder, estaba en Caracas el 23 de Enero de 1958 y fue inmediatamente llamado a organizar la seguridad de la Junta de Gobierno instalada aquella madrugada. Recordamos aun que cuando pasábamos por el Palacio Blanco vía nuestro Colegio La Salle de Tienda veíamos la camioneta verde de Maldonado parada en el estacionamiento del Palacio.

Con todo esto solo ofrecemos una suma de datos, no pretendemos probar nada. Pero viene a cuento por un hecho psicológico en el que hay que reparar al tratar el punto, si es que alguna vez se hace. No tratarlo en Al azar del viento fue correcto, sería otra novela, una ficción criminalista, que escrita por Ana María Velazquez, el día que lo haga, será mejor que Cuatro crímenes, cuatro poderes del comisario Fermín Mármol León, aquellas historias de cuatro crímenes sin castigo.

“El perdió completamente la cabeza por Alicia” me dijo un testigo de aquellos hechos. Así que pudo haberse dado el caso, es lo que deseo observar, esto es solo hipótesis, de que por la extrema pasión que Estrada sentía por Alicia Parés Urdaneta, que ante el temor de que su marido se acercara otra vez a su ella, cuando él murió en el accidente, memorablemente descrito en Al azar del viento, no se habían divorciado, ella se había ido con Estrada y dejado atrás todo,¿con quien se quedaron sus hijas con Alejandro Ibarra Casanova? Nunca hemos logrado averiguarlo. Pero pudo, esto es un hecho pasional, no querer la presencia del exmarido, a quien él le había enamorado la esposa, y con todo el poder que tenía pudo haber organizado aquello, con toda las maldad intrínseca a él, perversidad siempre evidente en todo lo hecho por la SN contra las gentes de la Resistencia, ¿por qué quien puso allí, ya oscuro, la Pala Mecánica encendido su motor pero con la luz apagada, lo que la hacía parecer como solo estacionada? Eso no fue casual. Y además, con todo el poder que tenía Estrada, de haber sido cierto aquel crimen: ¿quién lo iba a juzgar?¿quién sería el abogado acusador de la familia Ibarra Casanova para asumir aquello, fuera verdad o mentira en aquella circunstancia?

Pérez Jiménez gobernaba gracias a la represión montada por Estrada. El policía tenía tanto poder que un día Laureano Vallenilla Lanz, Laureanito como lo decían sus amigos, Ministro de Relaciones Interiores, el otro pilar de Pérez Jiménez, quiso defender a un perseguido político, gran amigo suyo, comunista para más señas: Gabriel Bracho Montiel(1903-1974), Dominguito, el humorista, el autor de la novela Guachimanes(1954), cuyo título aclimató el venezolanismo, surgido en los campos petroleros. Por las redes clandestinas del PCV Dominguito había sabido que la manzana donde se escondía sería inspeccionada por los agentes de la SN y llamó a Vallenilla, quien además siempre le enviaba dinero para que viviera. Y este, nada menos que Vallenilla Lanz, no le quedó otro camino, para evitar pusieran preso a su amigo, que llamar a Estrada y decirle que él sabía que la SN allanaría las casas de esa cuadra y le pidió que no molestaran a quienes vivían en el número 33 “pues allí vive una mujer con la que yo me acuesto”. Días después, Vallenilla, tuvo que optar por sacar a Dominguito de Caracas. Como este temiera que en Maiquetía lo detendrían lo envió en su propio automóvil, habiéndole dado orden a su chofer, hombre de toda su confianza, de parar el carro ante las escalerillas del avión y esperar hasta que Dominguito entrara en la nave. Esto puede dar idea del poder de Pedro Estrada, nadie estaba libre de él dentro de Vernzuela, es por ello imposible que Alicia Parés no tuviera noticias de las tropelías practicadas por el monstruo con quien vivía, sobre todo en la quinta en donde hoy está la Radio Nacional, en la cual se dice aun se oyen de noche los gritos de los torturados.

El poder del dúo Estrada-Vallenilla era tal, sustentaban la dictadura, que al mediodía del 10 de Enero de 1958, escuchamos a nuestro papá entrar en el comedor de la casa de sus padres en San José, a donde estábamos, y decirle a su mamá, mi abuela: “El gobierno está caído. Esta tarde salen al exilio Laureano y Pedro Estrada”. La dictadura solo logró sobrevivir nueve días más, es de todos conocido que a las 9 de la noche del 22 de Enero toda Caracas sabía ya que “el General se va”, varias horas antes de que la Vaca Sagrada sobrevolara el cielo de nuestra capital y sonaran las campanas anunciando el fin de la dictadura, gracias a la voz de Alberto Ravell perorada a través de la radio(1905-1960).

Con este poder: ¿Quién iba a perseguir o enjuiciar a Estrada? Estábamos en una dictadura.

Incluso tan autocracia era que la viuda de Delgado Chalbaud, Lucía Levine, tuvo que irse de Venezuela para poder denunciar, desde Londres, la participación del gobierno, Pérez Jiménez en particular, en el asesinato de su marido. Desde luego, el magnicidio sucedió en 1950, Estrada no era aun Director de la SN, fue nombrado en 1951. El Jefe de la SN el día del asesinato era Maldonado Parilli, quien entre otras cosas, después que don Hernán Gabaldón logró sacar a Urbina, el asesino del presidente Delgado, de la embajada de Nicaragua, fue, como criminalista, testigo de la autopsia en la cual se comprobó que a Delgado le habían dado un tiro de gracia: lo que corrobora que lo dicho por Urbina de que no pensaban sino detener al presidente y expulsarlo del país era falso. Y el principal beneficiado de ese crimen fue Pérez Jiménez.

Así en 1951 Estrada logró tener el gran poder, este le dio la posibilidad, de que alterada su psiquis por la pasión erótica por Alicia Parés Urdaneta, llevar a cabo un hecho inicuo como el asesinato del marido. De ello se habló siempre en Caracas, vox populi vox Dei, hay que recordarlo. El sucede es tradición nuestra. Y esto debe tenerse en cuenta porque como escribió Augusto Roa Bastos(1917-2005), en un pasaje de uno de sus libros,”la tradición oral es la única fuente de comunicación que no se puede saquear, robar, ni borrar(Vigilia del almirante. Madrid: Alfaguara,1992,p.78), así de sencillo.

Junio 23, 2012.