Domingo, 30 de Abril de 2017

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Nueva Relectura de la Literatura Venezolana en el Siglo XVI

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Los Escritores de una Centuria

Ya hemos visto que el único testimonio que tenemos de nuestro siglo XV, que fue para Venezuela de apenas tres años, ya que el nuevo siglo se inicio en 1501, es la Carta de Colón. Las noticias para la vida literaria del siglo XVI que hemos logrado ordenar son las que siguen ahora, como a veces los datos son escuetos hemos ordenado la vida de cada uno de esos escritores, algunos de los cuales casi nunca, o muy poco, se ha hablado entre nosotros y para nada aparecen en la historia literaria. Presentar sus rasgos humanos hacen mucho más vivida la historia que a través de ellos, y de las obras de ellos que nos han llegado, creemos que la historia de ese siglo cenital de la vida venezolana que fue el XVI se nos presenta mucho más viva. De todas maneras a lo largo de toda la centuria la gran figura literaria es la de Juan de Castellanos(1522-1607), el poeta de las Elegías de varones ilustres de Indias, el más largo y extenso poema de la literatura en lengua española, formado por más 113.000 versos. Fue Castellanos además el primer poeta de Venezuela, aquel que escribió sobre lo que amaba, lo que sintió, padeció y anduvo a través de los mil caminos de la tierra venezolana en el siglo XVI, lo cual es el fondo requerido para escribir, sentir la tierra en la sangre, padecerla como el conjuro y añoranza que pidió Picón Salas1. Además para que lo literario expresado a través del lenguaje sea válido es necesario de escribir sobre aquello que está en nuestra alma, detrás de nuestros ojos, en nuestras pasiones. Castellanos fue un conquistador quien vivió plenamente la vida venezolana de aquel siglo-alborada en Cubagua, a donde llegó siendo un joven, en Margarita más tarde y en Tierra Firme, en Coro en particular después.

El poeta Pedro de la Cadena, de quien hablaremos, si bien fue cronológicamente el primero en referirse a Venezuela en un texto literario, nunca estuvo en nuestro país y por lo tanto ni la vivió, ni la sufrió, su poema, que tiene valores literarios precisos, es una obra libresca no vivencial, abrevada en la relación de los servicios del fundador de Cumaná quien le contó sus aventuras para que el bardo escribiera su testimonio dentro del estilo poético propio de aquellos años.

Los Otros Nombres

A lo largo del siglo XVI en varios lugares en ese país recién descubierto, cuya exploración se inició entonces, cuyas primeras ciudades, Cubagua(1519) y Margarita(1525), ambas descubiertas por Colón en su viaje de 1494, ambas, configuraron, años después del paso del Descubridor la primera hora del país, la Venezuela insular. Después vino el paso a la Tierra Firme, cuyas principales ciudades fueron fundadas en ese siglo: Coro(1527) que fue la primera establecida en tierra firme y no Cumaná(1569) como equivocadamente se sostuvo por mucho tiempo. La continuidad y permanencia de Coro no se ha detenido en las últimas cuatros centurias de vida venezolana. Le siguieron Maracaibo(1529), El Tocuyo(1545), Borburata(1548) Barquisimeto(1552), Valencia(1555), San Cristóbal(1561), Caracas (1567), Carora(1569), Trujillo(1558), Mérida(1558), Cumaná(1569) la cual no fue la “primogénita del continente” como se la ha llamado falsamente, pues para el momento de su definitiva fundación ya Coro tenía cuarenta y dos años de haber sido establecida.

A lo largo del siglo XVI vamos a ir encontrándonos con algunas figuras de nuestra incipiente literatura cuyos nombres y los rasgos de algunos de sus escritos debemos consignar, ello sin olvidar que la figura literaria mayor de todos estos cien años es el poeta, conquistador y, mas tarde, sacerdote, Juan de Castellanos(1522-1607). De aquí que más adelante demos sus señas, su estudio más detallado exige una exploración mucho más amplia. En ellos siempre se van a entrelazar historia y literatura. Y como siempre en Venezuela la historia siempre va a estar presente porque como lo ha señaló Uslar Pietri:

”La historia está presente y nos rodea en todas las horas, porque no es otra cosa que la vida. Soy uno de esos que la sienten palpitante en todas las formas del pensar y del hacer social. La he sentido viva en mi vida de venezolano, he asistido a su nacimiento diario en mis horas de acción política, he tratado de revivirla en obras de ficción, he meditado sobre ella en largas horas de pensamiento escrito o tácito, la he buscado en los tratados de los eruditos y en las colecciones documentales con el ansia de un hombre que siente que en ella está la clave de su propio ser junto con la del destino de su pueblo; sin embargo con todo no soy un historiador, sino a lo sumo un venezolano consciente de vivir dentro de la historia, tejido en sus hilos, enfrentado a sus enigmas, atado a su curso y necesitado de entenderla para poder vivir y justificar su vida de una manera más plena”2.

O como ha escrito Germán Carrera Damas:

”La historia es quizá el ramo del conocimiento que más ha pesado hasta el presente en el complejo cultural venezolano. Las diversas expresiones de nuestra cultura exhiben huellas de una fuerte carga histórica, manifiesta no solamente en la que sería normal integración de sus componentes, sino también en la presencia de la Historia como disciplina básica en la elaboración de los múltiples productos culturales. Así, es constante, a veces enconado y por momentos ridículo, el ardor puesto en el debate en torno a las cuestiones históricas, tradicionalmente consideradas de mayor significación”3.

Es así, pero para nosotros con un matiz: para estudiar a Venezuela, para sentirla y comprenderla hay que hacerlo a través de su historia y de su literatura. Hacerlo ha sido nuestro proyecto intelectual que es un plan de vida, del cual este trabajo es una de sus muestras.

Figuras y Obras del Siglo XVI

Las figuras y las obras encontradas fueron concebidas por Juan de Castellanos, Lázaro Bejarano, Pedro de la Cadena, Francisco Carreño, Juan Fructos, Bautista Reina, el dean Juan Rodríguez de Robledo, Francisco Soler, Fernán Ulloa, Francisco Vasquez y Gonzalo de Zuñiga.

Lázaro Bejarano, quien vivió en Coro, fue una figura destacada de la poesía hecha en Sevilla y eramista confeso. Lo que conocemos de sus producciones es escaso y fue lo pesquisado por el maestro dominicano Pedro Henríquez Ureña(1884-1946) en uno de sus trabajos sobre la literatura colonial latinoamericana. Lo destacó como uno de los “erasmitas del nuevo mundo”4. Es él quien no da las mayores huellas de este intelectual al cual si bien citan las fuentes históricas, muy pocas veces se le ha nombrado al hacer el recuento de nuestra actividad literaria en aquellos años de los albores de Venezuela. Fue Bejarano yerno del fundador de Coro Juan de Ampíes, muerto en 1533.

Sabemos siempre que muchos de estos escritores, los conocemos por la relación que de ellos hace Juan de Castellanos(1522-1607) en sus Elegías. A Bejarano lo conoció el gran bardo en Curazao, en 1540, isla que formaba parte de Venezuela como posesión española entonces(1499-1648)5.

Castellanos hizo amistad con Bejarano y en su poema dice que “Su musa digna fue de nombre eterno”6.

Santo Domingo era el centro intelectual más importante del Nuevo Mundo. En ese ambiente brilló Bejarano por su cultura e ingenio. Allí hizo conocer sus textos, algunos de los cuales se han salvado como su “Sátira al presidente de la Española”(1522) que recogió Mauro Páez Pumar(1923-1974)7. Bejarano fue también autor de un “Diálogo apologético” contra Juan Ginés de Sepúlveda(1490-1573), que según Alonso de Zorita estaba bien escrito.

Pedro de la Cadena(1542-c1607) ha pasado a nuestra historia literaria por haber sido el autor del poema Los actos y las hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa(1563), el primero cronológicamente referido a Venezuela, anterior a La Araucana(1569) de Alonso de Ercilla(1533-1594) y a las Elegías(1589) de Juan de Castellanos. Sólo que Pedro de la Cadena nunca estuvo en Venezuela y por lo tanto ni sintió, ni padeció nuestro vivir, ni tuvo la vivencia del trópico. A base de lo que le relató el fundador de Cumaná, Diego Fernández de Serpa, muerto en 1570, en otras fuentes está escrito Hernández, escribió su poema, que es pieza interesante pero el cual para nada trasmite el sentir de lo vivido, cualidad fundamental de la literatura. Por ello, pese a haber publicado sus Elegías veinte y seis años después de Pedro de la Cadena la prioridad como nuestro primer poeta corresponde a Juan de Castellanos. El poema de Pedro de la Cadena fue impreso por vez primera en los años setenta del siglo XX, gracias a Pablo Ojer(1926-1996) y Efraín Subero(1931-2007)8.

Francisco Carreño fue un personaje de quien conocemos pocos datos. Pudo haber estado en Cubagua, lugar en el cual residió su padre. Pasó luego a la región coriana. En el Cabo de la Vela prestó socorro a los restos de la expedición de Ambrosio Alfinger(1505-1533). En 1543 era Alguacil en ese mismo pueblo. Debió tener alguna inspiración poética, cosa que colegimos de lo que sobre él señala Juan de Castellanos(1522-1607)9. Pero de él no llegó hasta nosotros ni un solo verso.

Juan Fructos: en el occidente de Venezuela, en la ciudad de Coro, se menciona el nombre del clérigo Juan de Fructos quien era poeta. Fructos era natural de Tudela, fue capellán de las fuerzas de Felipe Hutten(1511-1546) y testigo del terrible y espantable ajusticiamiento de su jefe al pie de la sierra de Coro. Fue él quien logró permiso para enterrar a Hutten, cuyo cadáver permaneció muchas horas insepulto. Fructos escribió un epitafio a su jefe el cual conocemos gracias a Juan de Castellanos. En él se lee:”Felipe de Hutten difunto/ queda en esta tierra dura,/Y con igual desventura Bartolomé Berzar junto./Y en la misma sepultura. Ambos fueron alemanes. Y excelentes capitanes/ Los cuales en una hora/Vieron por mano traidora/ Sus mortíferos desmanes”10. Este hecho añade un pormenor, a lo revivido por Francisco Herrera Luque(1927-1991), sobre el asesinato de Hutten en una de sus celebradas novelas históricas11.

Bautista Reina: se le menciona como cronista de aquellos primeros tiempos venezolanos, sólo sabemos que era sacerdote, que fue vecino de Cubagua, que el nombre de su padre fue Francisco Reina, quien fue hombre de conocida actividad pública. Perteneció, según Ismael Silva Montañés(1901-1983), a la elite de Cubagua12. Sobre los sucesos de la isla de Cubagua, donde vivía, escribió Bautista Reina una crónica que conoció Juan de Castellanos(1522-1607). Es Castellanos quien nos da noticia de Reina al escribir en su poema:”Sacerdote prudente y avisado/el cual es de estas cosas cronista,/y en ellas vive ocupado”13. La relación de los sucesos cubagüenses escrita por Reina no ha llegado hasta nosotros, por ello sólo se lo mencionan como el “Cronista de Cubagua”14.

Juan Rodríguez de Robledo(1503-1570): el dean Rodríguez de Robledo es figura bien conocida en los orígenes y primer desarrollo de la ciudad de Coro, en donde residió y en donde suplió muchas veces, muchísimas, las constantes ausencias del primer obispo(1534-1542) de Venezuela Rodrigo Bastidas (1498-c1570) y de los otros que le siguieron. Al obispo Rodrigo de Bastidas no hay confundirlo con su padre el conquistador Rodrigo de Bastidas, también explorador de nuestro país en el siglo XVI. Coro fue la primera diócesis de Venezuela, matriz de la de Caracas. Sobre los aspectos literarios del Dean, que son los que nos interesan aquí, aunque su vida está ampliamente registrada por nuestra historia de esos años, debemos señalar que también lo conoció bien Juan de Castellanos(1522-1607), quien pasó por Coro. Según Isaac Pardo(1905-2000) el provisor Rodríguez de Robledo escribía en “un latín no muy perfecto...ingeniosos epitafios”15. Uno de estos fue el que le atribuye el cronista poeta sobre Jorge Spira16, el cual es, según Guillermo Morón, un elogio del colonizador alemán17. Fue escrito a raíz de su muerte(junio 11,1540) y es la más antigua composición firmada por un autor conocido de las letras venezolanas, el cual hace del dean el primer poeta venezolano conocido. Se puede leer en el poema del Cura de Tunja18.

Francisco Soler: del mismo siglo XVI fue también Francisco Soler, a quien también conocemos gracias a Juan de Castellanos. Es muy elogioso lo que de él escribió el Beneficiado de Tunja en su poema: “Varón de entendimiento peregrino,/regalo de las musas y halago,/tanto, que lleno de furor divino,/podría rehacer lo que yo hago,/el cual andando por la laguna/ notó sus partes todas una a una”19. Como lo dice Castellanos había peregrinado Soler por la región del lago de Maracaibo de la cual hizo un plano que obsequió a Castellanos. Silva Montañés anota que fue sólo un croquis20. Castellanos tenía tan alto concepto de Soler que dijo que este “podría rehacer lo que yo hago”.

Fernán Ulloa fue un poeta que se presentó en Caracas en 1593. A los veinte y seis años de su fundación Caracas era una ciudad muy pobre según se colige de la lectura de los papeles del Cabildo, los cuales se conocen a partir del 8 de abril de 156821. Sin embargo, como escribió Arístides Rojas(1826-1894), no faltaban nobles deseos: “Sucede con los pueblos lo que con los individuos: el espíritu creador que en la pobreza es casi siempre lúcido, es abandonado en la opulencia: los pueblos pobres son lo más celosos de su suerte, más entusiastas de su adelanto que los prósperos y abundantes”22. Fue en esta época, y precisamente el año de 1593, cuando apareció en Caracas este soldado quien era poeta, se ofreció al Cabildo para escribir en verso una crónica sobre la historia de la fundación de la ciudad. Envió el soldado poeta una representación al Ayuntamiento y este lo nombró cronista el 26 de noviembre de aquel año como consta en el acta respectiva23. Los miembros del común nombraron a varios conquistadores de la ciudad, Juan de Riveros, Garci González de Silva(c1546-1625), para que le comunicaran a Ulloa datos y noticias sobre la conquista del valle de Caracas, desde el primer viaje de Francisco Fajardo(c1524-1564) a las costas de Chuspa, en 1555, hasta que fueron vencidos los indios Quiriquires en 1579.

A partir de 1593 se pierden las huellas de Ulloa. Ni siquiera se conoció su nombre de pila por varios siglos24. Sólo el historiador José Eustaquio Machado(1868-1933) fue quien señala que se llamó Fernán pero sin señalar en que se basó para hacer la afirmación25. El nombre de Ulloa ha quedado en tal penumbra que muy bien podría aceptarse el nombre que el muy erudito Machado debió encontrar en algún viejo documento. Como se verá cuando llamamos Fernán a Ulloa no lo hacemos por invención nuestra, como se ha insinuado, sino por haber hallado ese patronímico en la lectura de los libros que tienen que ver con nuestro pasado literario remoto. Nadie había advertido antes la precisión de Machado, nosotros la hicimos conocer26, de allí pasó cuatro años más tarde a la primera edición del Diccionario de Historia de Venezuela.

Francisco Vázquez y Gonzalo de Zúñiga: Las dos personas con las cuales se cierra nuestro recuento fueron participantes, y también cronistas, de una de las grandes, y más delirantes, aventuras ocurridas en el siglo XVI: la insurrección(1561), aquella orgía de sangre y asesinatos, de Lope de Aguirre(c1511-1561), el Tirano de nuestra historia. Rebeldía, sobre todo contra el rey Felipe II(1527-1598), iniciada en una expedición por el río Amazonas pero la cual terminó en Venezuela, primero en Margarita, luego, ya en tierra firme, en Borburata, Valencia y Barquisimeto en donde fue sometido y ajusticiado, por uno de los suyos. Uno de los hombres de la expedición del Tirano Aguirre fue Francisco Vasquez. Fue una de las dos personas que tras participar en la aventura de Lope de Aguirre legaron escritos sobre su participación en la peripecia del vasco.

Francisco Vásquez era bachiller, figuró entre el grupo inicial de los expediciones de Pedro de Ursua(1526-1561). Durante el periplo por el Amazonas, una vez muerto Ursua por Aguirre, Vásquez se plegó a los que seguían al Tirano. Fue él quien calculó(julio 4,1561) la longitud de las bocas del río Amazonas o Marañón, nombre este último que tomaron para sí los seguidores de Lope de Aguirre.

Cuando los Marañones desembarcaron en Margarita Vásquez huyó de la hueste. También lo hicieron Gonzalo de Zúñiga, de quien más adelante nos ocupamos, y Pedrarias de Almesto.

Su escondite en Margarita, en donde no lo pudieron hallar, le sirvió al Bachiller, según narran los historiadores de la época, para escribir su relación sobre la insurgencia del etarra contra el rey Felipe II(1527-1598). Esta es considerada como la “de mayor autoridad que se conoce sobre las aventuras de Lope de Aguirre”27.

De Margarita pasó Vásquez a tierra firme. El 3 de marzo de 1562, ya muerto Lope de Aguirre, declaró como testigo de Pedro Alonso Galeas28, otro de los compañeros del Tirano, quien huyó del grupo. Vásquez pudo escapar de la pena de muerte impuesta a quienes siguieron a Lope de Aguirre y pudo volver al Perú.

Como ya hemos señalado Vásquez escribió una relación de toda la aventura del Tirano Aguirre, la cual es considerada la “descripción más exacta de esa orgía de sangre que acunada en la selva amazónica...se cierra en Barquisimeto”, según el decir de Julio Febres Cordero González(1918-1988)29. El escrito de Vasquez fue publicado en 188130.

Gonzalo de Zúñiga también tomó parte en la expedición del Tirano Aguirre. Sobre ella redactó una relación y compuso un romance sobre esta aventura escrito en 1561.

Zúñiga era natural de Sevilla. Anduvo por Popayán y allí, según testimonio de Lope de Aguirre(c1511-1561), se levantó contra el Rey. Mas tarde fue uno de los Marañones. Firmó la carta que el Tirano redactó contra el rey Felipe II(1527-1598), muchas veces publicada, aquí seguimos la edición de Antonio Arellano Moreno(1912-1982)31. Al llegar la tropa marañona a Margarita desertó Zuñiga. Y también compuso, como ya hemos indicado, un poema sobre la misma32. A Zúñiga se le siguió juicio por su insurgencia y se le condenó. Estaba preso en Madrid el 12 de septiembre de 1562. Su poema lo publicó fray Alonso de Zamora33.
Otros participantes en la expedición como Pedro Monguía, Pedrarias de Almesto, Gonzalo Henríquez y Cristóbal García escribieron memoriales sobre la misma. El de Pedrarias de Almesto fue publicado en 1944 atribuida a Francisco Vásquez, error que ahora se corrige34. La de García, a la cual hace referencia Oviedo y Baños, se ha perdido35.

La “Carta” del Tirano Aguirre ha sido asiduamente comentada, pero fue el Libertador quien la definió como “Acta primera de la Independencia de América, el año 1560”. Razón por lo que comentó Manuel Pérez Vila(1922-1991), quien encontró ese testimonio:

“¡Sí, allí, en ese documento escrito hacia 1561 estaba claramente expresada una de las bases teóricas, no la única, por supuesto, ni siquiera la más trascendental, sobre las cuales se afincaba la ideología del movimiento emancipador!”36.

Todo este periplo ha dado mucha materia a los escritores venezolanos para mirar estos sucesos con los ojos de la imaginación, tal El camino de El Dorado de Arturo Uslar Pietri, Lope de Aguirre, príncipe de la libertad, de Miguel Otero Silva o el poema Tirano de sombra y fuego, de Vicente Gerbasi. La peripecia de Aguirre se cuela en un pasaje de Los amos del valle, de Francisco Herrera Luque(t.I,p.223-224). De hecho la mejor biografía del tirano también la escribió un venezolano, Casto Fulgenio López(1893-1962), Lope de Aguirre, el peregrino37.

Juan de Castellanos
Isaac Pardo(1905-2000), el mayor estudioso venezolano de la obra de este escritor, dejó claramente sentado que “El nombre de Venezuela aparece por primera vez en poesía en 1589 al ser impresas en Madrid…las Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos”38. Ello aparece en donde se lee:
“Y en ver la Tierra Firme se desvela/e islas hasta el mar de Venezuela”(Elegia III, Canto III, Estrofa 55ª).

El primer poeta quien con sus versos reveló las características de la tierra venezolana fue Juan de Castellanos, quien nació en 1522 en Alanis, provincia de Sevilla, España. Fue bautizado el 9 de marzo de ese año, dato del cual podemos colegir que había nacido pocos días antes, ya que era costumbre de la época bautizar a los niños a los pocos días de haber nacido. Los padres de Castellanos fueron Cristóbal Sánchez Castellanos y Catalina Sánchez.

Estudió Castellanos en Sevilla con el presbítero Miguel de Heredia. Ahora bien, como indica Isaac Pardo, “tal estudio no pudo ser ni son mucho una Universidad. A lo más una modesta escuela al alcance de un hijo de labradores”39. Hoy sabemos que tal formación fue mucho mejor que lo se conocía hasta ahora, logró el muchacho una preparación que es la que nos explica la cultura que subyace en las Elegías, como lo ha precisado ahora el profesor Juan Marchena Fernández40. Entre 1540-1541, cuando tenía entre los diez y ocho y diez y nueve años, debió trasladarse Castellanos desde España a nuestro continente. Estuvo primero en Puerto Rico. En 1540 lo encontramos en Curazao, donde conoció al también poeta y conquistador Lázaro Bejarano. Al año siguiente se hallaba en Cubagua. Fue ese año cuando un maremoto destruyó la isla.

No sabemos con exactitud que hizo entre 1541-1562. Suponemos que debió llevar vida activa en el trópico. Sabemos que en la primera de estas fechas estaba en Nueva Cádiz, nombre de la ciudad que existía en Cubagua. En 1542 pasó a Margarita tras la destrucción de Cubagua. En Margarita debió llevar vida tranquila, “apacible y regalada” que dice Pardo. Desde Margarita debió trasladarse a otras islas y a la llamada Tierra Firme, donde están en la actualidad Venezuela y Colombia. Estuvo también en Maracapana y entró en territorio venezolano bastante adentro. En 1544 lo encontramos en el cabo de La Vela. Al año siguiente se encontró en Cartagena con el poeta Lorenzo Martín, quien como él era soldado. Estuvo un tiempo en esa ciudad. Se trasladó luego a Santa Marta y de allí a Río Hacha. En 1548 estuvo en Venezuela. Retornó a Río Hacha en donde fue testigo de la muerte del gobernador(1545-1547) Juan Pérez de Tolosa, muerto en 1548 en ese poblado, territorio del Nuevo Reino de Granada, hoy la actual Colombia.

Su vida comenzó a cambiar poco a poco41. Sabemos que ya en 1550 tenía la idea de hacerse sacerdote42. En 1551 lo encontramos en Santa Fe, la actual Bogotá. En 1552 estaba en Santa Marta. De allí pasó a Cartagena. En Cartagena recibió las órdenes menores y las mayores hasta ordenarse de presbítero. Esto debió suceder entre 1554-1555. No sabemos quien le otorgó la ordenación pero si conocemos que celebró su primera misa en Cartagena. Tenía para ese momento treinta y dos años.

Su ministerio pastoral lo inició ese mismo año al ser nombrado Cura de la iglesia de Cartagena. Ejerció este cargo hasta 1557 cuando fue nombrado Canónigo. En 1558 era Tesorero del Cabildo Eclesiástico. Entre 1558-1560 fue Cura en Río Hacha. Estando otra vez en Santa Fe lo nombraron Párroco de Tunja. Corría el año 1562.

No fue hasta 1568 cuando tomó posesión de su parroquia en Tunja. De ella será Beneficiado hasta su deceso.

La Iglesia de Tunja producía beneficios que le permitieron vivir bien ya que “dispuso de holgados bienes en Tunja, en Velez y en la Villa de Leiva”43.

En 1589 aparecieron impresas, en Madrid, la primera parte de sus Elegías de varones ilustres de Indias. En 1606 escribió su extenso testamento. Al año siguiente lo amplió. Falleció ese mismo año(noviembre 27, 1607). Tenía ochenta y cinco años. Fue enterrado en la iglesia de Tunja.

Por su codicilo sabemos que el Beneficiado de Tunja, como también lo conoce la historia, tuvo una hija llamada Jerónima. Cuando ésta casó, con Pedro de Rivera, el padre le dio una buena dote. El soldado poeta, otro de sus cognomentos, quiso mucho a sus nietos María de la Paz, quien se hizo monja, y Gabriel, quien llegó a ser sacerdote como su abuelo. El nacimiento de la hija nos dice que Castellanos debió estar casado y haber enviudado antes de hacerse sacerdote, porque si no le hubiera sido posible optar al sacerdocio.

Las Elegías de varones ilustres de Indias constituyen la obra fundamental de Juan de Castellanos. Hacia 1569 la inició escribiéndolas en prosa44. Años más tarde, entre 1577-1578, comenzó a vertirlas en versos. Y lo hizo, siguiendo los consejos de algunos de sus amigos, quienes como él también habían sido soldados de la “hueste indiana”, quienes le incitaron a componer un poema sobre la hazaña conquistadora en la Tierra Firme el cual fuera digno paralelo de La Araucana(1569), compuesta por Alonso de Ercilla(1533-1594) sobre la conquista del sur del continente, particularmente la de Chile.

Fue así como el cura poeta pacientemente vertió en versos su crónica. Todavía en 1601 seguía redactando su poema. Es el más extenso de la literatura española. Son 113.609 versos para algunos intérpretes45. Sólo ahora las técnicas del computador nos podrán revelar el verdadero número de los versos de las Elegías las cuales siguen apabullando a los lectores por su amplitud. Las Elegías nos permiten vislumbrar cuál fue la cultura literaria de aquellos que pasaron de España a las Indias durante el primer siglo de la vida hispanoamericana.

Isaac Pardo(1905-2000), cuyos estudios sobre el tema seguimos, subraya la fuerza descriptiva del poema de Castellanos, indica que con él aparece en la literatura el “paisaje fascinante del Nuevo Mundo”46. A los estudios de Pardo hay que añadir ahora, cuando se ha producido una nueva fascinación por la Beneficiado de Tunja además del ya citado libro del español Marchena Fernánez el que le ha dedicado el colombiano William Ospina(1948) Las auroras de la sangre, el que citamos de la edición que hemos tenido a la vista, aunque se impresión original data de 1999.

Pero la interrogante que subyace cuando nos acercamos a Castellanos no es otra que la pregunta en torno a dónde adquirió la cultura que exhibe. Pardo ensaya una respuesta: siempre lo encontramos topándose con gente culta47 y, sin duda, a través del contacto con estas personas le llegaron las noticias de las novedades literarias. Es así como prosigue su formación: siempre en contacto con la cultura clásica y el desarrollo de la cultura española. Fue así como se familiarizó con el verso endecasílabo y es por ello, como escribe Pardo, que las Elegías constituyen “reflejo luminoso de la cultura que volcó España en Indias, como un bálsamo sobre la cruel herida de la espada”48.

Claro está que para componer tan vasto poema no hubiera bastado sólo esto. Fue necesaria la recia voluntad del Beneficiado de Tunja, su mente alerta y equilibrada, sus variadas lecturas y la acción estimulante de las amistades, como también indica el doctor Pardo49.

Fue así como Castellanos compuso sus Elegías, utilizando la octava real en estrofas de ocho versos endecasílabos. Y esto le permitió llegar a ser ”un poeta con aciertos felices, a quien una obra más breve, menos ambiciosa, hubiese colocado en lugar no deslucido entre los poetas quinientistas del Nuevo Mundo”50. Quizá porque lo que encontramos en las Elegías es sobrecogedor, ese contrapunteo entre historia y escritura literaria. Y además de alguna forma lo que hoy denominados criollismo se espiga desde las Elegías al igual que lo que podemos llamar nuestra poesía histórica, la historia recreada en versos, como lo hacen hoy el más sobresaliente de sus cultores: el trujillano Ramón Palomares(1935) o lo hizo el caroreño Alí Lameda(1923-1995)51, quien en El corazón de Venezuela(1966), quiso, sin duda, volver a revivir a través de los metros clásicos la hazaña de la comprensión de Venezuela intentada en el siglo XVI por Juan de Castellanos.

Recuérdese además que fue en Venezuela en donde las Elegías de varones ilustres de Indias, se imprimeron completas por primera vez, gracias a la cuidadosa edición de Caracciolo Parra Léon(1901-139)52.

 

1 Mariano Picón Salas: “Prólogo a Suna de Venezuela” en Suma de Venezuela,p.439.

2 Arturo Uslar Pietri: Veinticinco ensayos. Caracas: Monte Avila Editores, 1969.248 p.Ver: “El rescate del pasado”(p.121-135). La cita procede de la p.121.

3 Germán Carrera Damas: Historia de la historiografía venezolana. Textos para su estudio. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1961. LXXII,650 p. La cita procede de la p.X.

4 Pedro Henrríquez Ureña: La utopía en América. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978. XL,571 p. Ver: “Erasmistas de el Nuevo Mundo”(p.110.116). La cita procede de la p.113.

5 Carlos Felice Cardot: Curazao hispánico. Antagonistmo flamenco-español. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1973. XV,550 p., estudia el período español de la isla.

6 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias. Introducción y notas: Isaac Pardo. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1962. XCVII, 284 p. Esta es la edición que utilizamos. La cita procede de la p.173.

7 Mauro Páez Pumar: Orígenes de la poesía colonial venezolana,p.133.

8 Pablo Ojer/Efráin Subero: El primer poema de tema venezolano. Caracas: Ministerio de Educación, 1973. 436 p.

9 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias, p.189.

10 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias,p.251.

11 Francisco Herrera Luque: La luna de Fausto. Caracas: Editorial Pomaire, 1983. 343 p.

12 Ismael Silva Montanés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1983-1984. 4 vols. Ver el t.IV, p.47.

13 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias,p.

14 Isaac J. Pardo: Esta tierra de gracia. Imagen de Venezuela en el siglo XVI.5ª.ed. Caracas: Monte Ávila Editores, 1986.281 p. La cita procede de la p.73 y 75 e Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano,t.IV,p.46.

15 Isaac Pardo: Esta tierra de gracia, p.75.

16 Isaac J. Pardo: Juan de Castellanos, estudio de las Elegías de varones ilustres de Indias. Prólogo: Ángel Rosenblat. .Caracas: Universidad Central de Venezuela,1961.497 p.,Ver p.297 y en Esta tierra de gracia,p.75.

17 Guillermo Morón: Historia de Venezuela,t.

18 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias,p.234, primera columna.

19 Juan de Castellanos: Elegías de varones ilustres de Indias,p. 170, primera columna.

20 Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano, t.

21 José Antonio de Armas Chitty: Caracas: origen y trayectoria de una ciudad. Caracas: Fundación Creole, 1967. 2 vols. La información está en el t.I,p.52.

22 Arístides Rojas: Estudios históricos. Orígenes venezolanos. 2ª.ed. Caracas: Oficina Central de Información, 1972. 482 p.La cita procede de la p.213.

23 Actas del Cabildo de Caracas. Caracas: Consejo Municipal del Distrito Federal, 1943-1950. 3 vols. La cita procede del t.I,p.298.

24 Enrique Bernardo Núñez: La ciudad de los techos rojos.3ra.ed. Prólogo: Guillermo Sucre. Caracas: Banco Industrial de Venezuela, 1967. 297 p. La cita procede de la p.47.

25 José Eutaquio Machado: Viejos cantos y viejos cantores. Caracas: Tipografía Americana, 1921.XXVII,122 p. La cita procede de la p.IX; José Eustaquio Machado: Cobre viejo. Caracas: Tipografía Americana, 1930. XV,332 p. La cita procede de la p.41.

26 Ver nuestro: Hispanagente. Caracas: Editorial Papi,1984. 291 p. Ver: “Fernan Ulloa”(p.24-26), de allí pasó la noticia a la primera edición de Varios Autores: Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar,1988-1989. 3 vols. Ver: “Fernán Ulloa”(t.III,p.771); está también en la segunda edición aumentada de la misma obra,,t.IV,p.121, artículo firmado por Sara Colmenares..

27 Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano, t.

28 Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano,t.

29 Julio Febres Cordero González: Historia del periodismo y de la imprenta en Venezuela. Prólogo: Ramón J.Velásquez. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1983. 640 p.La cita procede de la p.44.

30 Una muy buena edición contemporánea es Francisco Vazquez: El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursua y Lope de Aguirre.3ra.ed. Introducción y notas: Javier Ortiz de la Tabla. Madrid: Alianza Editorial,2007. 172 p. La carta de Lope de Aguirre a Felipe II se puede leer aquí(p.137-144).

31 Antonio Arellano Moreno: Documentos para la historia económica de Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1961. 420 p.Está en la p.281-297.

32 Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano, t.

33 Alonso de Zamora: Historia de la provincia de San Antonino. Caracas: Parra León Hermanos, 1930. A.V,559 p. Está en la p.182. También lo inserta Mauro Paez Pumar en su antología Orígenes de la poesía colonial venezolana,p.133.

34 Julio Febres Cordero González: Desperdicios de historia y geografía. Caracas: Presidencia de la República, 1981. 253 p. Ver: “Antecedentes de algunos descubrimientos literarios”(p.201-202).

35 José Oviedo y Baños: Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela.11.ed. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1992. XLIX,347 p.La referencia aparece en la p.164. Esta es la edición que utilizamos a todo lo largo de este libro.

36 Manuel Pérez Vila: Los libros en la colonia y en la Independencia. Prólogo: Pedro Grases. Caracas: Ofiicna central de Información, 1971. XIII, 236 p. Ver: “Bolívar, el Tirano Aguirre y la propaganda revolucionaria”(p.107-109).

37 Arturo Uslar Pietri: El Camino de El Dorado. Buenos Aires: Editorial Losada,1947.315 p.; Miguel Otero Silva; Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad. Barcelona: Seix Barral,1979.345 p.; Francisco Herrera Luque: Los amos del valle. Barcelona: Pomaire,1979. 2 vols; Vicente Gerbasi: Tirano de sombra y fuego. Caracas: Tipografía La Nación,1955. 80 p.; Casto Fulgencio López: Lope de Aguirre, el peregrino. Caracas: Tipografía Americana,1947.334 p.

38 Guillermo Morón: 25 clásicos venezolanos. Caracas: Meneven,1981. 297 p. Ver: Isaac Pardo: “Juan de Castellanos”(p.23-30). La cita procede de la p.23. Estudios de autores venezolanos sobre aquel gran poeta son los de Orlando Araujo: Juan de Castellanos o el afán de expresión. Caracas: Asociacíón de Escritores Venezolanos,1960. 39 p.; Roberto Lovera De-Sola: “Juan de Castellanos”, en su Hispanagente,p.12-13;Guillermo Morón: Imprerfecciones. Caracas: Editorial Roble,1972.185 p. Ver: “Castellanos o la presencia del paísaje”(p.53-57); Pardo Isaac: Esta tierra de gracia. Imagen de Venezuela en el siglo XVI. Buenos Aires: Imp.López, 1955.363 p,, que es la primera edición. La aquí utilizamos, como ya lo hemos referido, es la 5ª.ed.,de 1986; Juan de Castellanos. Caracas: Ediciones de las Fundación Eugenio Mendoza,1959. 78 p.; Juan de Castellanos, estudio de las Elegías de varones ilustres de Indias, ya citado; La ventana de don Silverio. Caracas: Monte Ávila Editores,1978.172 p. Ver: “Dos obras sobre Juan de Castellanos”(p.9-34); en Isaac Pardo: “Juan de Castellanos”, en Varios Autores: 25 clásicos venezolanos,p.21-30; Carraciolo Parra León en sus Obras. Madrid: Editorial JB,1954. 810 p. Ver:”Prólogo a las Obras de Juan de Castellanos”(p.649-711)

39 Isaac Pardo: Juan de Castellanos, estudio de las Elegías de varones ilustres de Indias, p.23-24.

40 Se han publicado en tiempos recientes dos extraordinarios libros sobre nuestro poeta: el del español Juan Marchena Fernandez: Desde las tinieblas del olvido. Los universos indígenas escondidos en la crónica americana de Juan de Castellanos Caracas: Planeta, 2008.473 p. y el del colombiano William Ospina: Las auroras de la sangre. Juan de Castellanos y el descubrimiento poético de América. Bogotá: Norma, 2007.480 p. La referencia a Marchena Fernández que hemos señalado la tomamos de las p.25-27. Para una lectura actual de nuestro escritor estas dos obras son sustanciales.

41 Isaac Pardo: Juan de Castellanos: estudio de las Elegias de Varones Ilustres de Indias,p.31, la cita anterior, la “vida apacible y regalada” se refiere a los años pasados en Margarita, tras la despoblación de Cubagua, posteriores a 1542.

42 Isaac Pardo: Juan de Castellanos: estudio de las elegías de varones ilustres de Indias,p.34.

43 Isaac Pardo: Juan de Castellanos: estudio de las Elegías de varones ilustres de Indias,p.39.

44 Isaac Pardo: Juan de Castellanos: estudio de las Elegías de Varones Ilustres de Indias, p.51.

45 Juan Marchena Fernández: Desde las tinieblas del olvido,p.11-12.

46 Isaac Pardo: Esta tierra de gracia, p.73.

47 Isaac Pardo: Esta tierra de gracia, p.74-75.

48 Isaac Pardo: Esta tierra de gracia,p.90.

49 Isaac Pardo: “Juan de Castellanos” en Guillermo Morón: 25 clásicos venezolanos, p.27.

50 Isaac Pardo: ”Juan de Castellanos” en Varios Autores: 25 clásicos venezolanos,p.29.

51 Tal los poemarios de Ramón Palomares: Santiago de León de Caracas. Caracas: Ediciones del Cuatricentario de Caracas,1967. 89 p.; Honras fúnebres. Caracas: Poesía de Venezuela,1965. 33 p., 1830. Mérida: Concejo Municipal, 1980 o Alegres provincias.Caracas: Fundarte,1988; Alí Lameda: El corazón de Venezuela. Corea del Norte: Ediciones Culturales,1966. 554 p.

52 Juan de Castellanos: Obras. Prólogo: Caracciolo Parra León. Caracas: Parra León Hermanos/Editorial Sur América, 1930-1932. 2 vols., esta fue la primera edición completa de las Elegías que fue impresa, tres siglos después de la muerte de su autor en Tunja, Colombia.