Martes, 17 de Octubre de 2017

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Nube De Polvo, Primera Novela De Krina Ber

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Por: Roberto Lovera De-Sola

 “como cada ser humano escribe/la novela de su vida/letra a letra/y hay gozo en ello”.
Yolanda Pantin: La épica del padre. Caracas: La Nave Va,2002,p.96.


Una Polaca Venezolana

Una vez vimos una declaración de nuestra invitada esta mañana, de Krina Ber(1948), diciendo que ella no se sentía polaca porque al salir de aquel país con su familia, a los nueve años, le habían quitado el pasaporte, todos sus papeles y perdió la nacionalidad. Le hicieron todo lo que los países comunistas le han hecho a aquellos que logran salir en búsqueda de la libertad, que es lo que nos mueve a todos. Sin embargo, al oír aquello, nosotros pensamos que la pertenencia a un lugar, a una tierra, no se pierden nunca, menos por una decisión burocrática, que Krina debió llevarse más de un recuerdo, maxime de aquella arcadia que es la infancia pasada allá. Reflexionado en esto recordamos, sobre este punto, la forma como el Libertador, Simón Bolívar, el gran intuitivo de Venezuela, definió lo que es el “suelo nativo”, a la patria, como lo llamó en carta(octubre 26,1826) al general Andrés Santa Cruz(1792-1865), en la cual le decía:

”Primero el suelo nativo que nada: él ha formado con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro propio país; allí se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado alma por la educación; los sepulcros de nuestros padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra inocencia, de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y al consagración?”2.

El Escribir
Hace mucho que los lectores de Krina Ber(1948), que no somos pocos, celebramos su escritura, la que hasta ahora nos había dado modélicos cuentos, los que están en sus Cuentos con agujeros y Para no perder el hilo, en donde están los memorables “Amor”, “El quiosco de Nilda” o “Los dibujos de Lisboa”, en donde hemos hallado el desarrollo de toda una teoría sobre la literatura. Con “Amor”, que nosotros casi nos sabemos de memoria, obtuvo el premio del Concurso de Cuentos de El Nacional(2007), galardón que es consagratorio en nuestra literatura3. Ahora, nos ha llegado su primera novela, Nube de polvo(Caracas: Equinoccio, 2015.430 p.), de la que nos ocuparemos esta mañana. De la segunda novela, se titula La Visita, ya existe una primera versión sobre la cual trabaja su autora febrilmente, como lo hace todo trabajador literario constante.

Dentro de Nube de Polvo
Creemos, como viejo lector de literatura, que el toparse con Nube de polvo será inolvidable para sus lectores. Ello, por las razones que pasamos a apuntar: por la frescura en el narrar que tiene su autora, creemos que eso por encima de todo, aquel modo nos mantiene pegados al libro cada vez que lo abrimos. Las otras razones, fuera de sus entrañables personajes, de los que hablaremos, por su inmersión en nuestra realidad de hoy, por la presencia del mar, por la sensualidad que se saca de estar cerca del piélago y del sol, porque es una historia de amor con sus dos caras: el amor al padre y el descubrimiento del otro, a través del novio de su adolecencia, hablamos, desde luego de Vilma, la protagonista; por acercarnos otra vez, repetimos, al tema a la figura del padre, aquel ser que es quien nos siembra en la entrañas de la madre, no hay que otro que lo pueda hacer, y es ella, la madre, la única que nos puede parir. Además, el tema del padre, como también veremos, es importante en las letras venezolanas.

Título
Desde que comenzamos nuestra lectura de la novela nos preguntamos por qué “nube de polvo”, sabíamos que dentro del libro encontraríamos la respuesta. El título de la novela está inspirado en un pasaje del Quijote, a lo cual se alude varias veces en su texto. Para hallar el pasaje fue mucho lo que me ayudó la propia Krina pues por mas que repasaba aquel libro siempre amado, Don Quijote, nos damos con el exacto lugar en que sus protagonistas se encontraron con la polvareda4. El pasaje del libro de don Miguel a que se alude está en la Primera Parte, Capítulo XVIII, del “condenado por Dios a ser novelista”, que dijo nuestro Felipe Maassiani(1906-1995)5.

Los pasajes son lo que siguen. Recuérdese siempre que Cervantes escribía en el castellano del siglo XVI, por lo que hay en las referencias que vienen palabras que no se usan así hoy En el primero se lee:

“En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y, en viéndola, se volvió a Sancho y dijo: Este es el día, ¡Oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; éste es el día, en que de mostrar tanto en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la Fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e inumerables gentes por allí sigue marchando…A esa cuenta, dos deben ser, dijo Sancho, porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda”(p.233)

Y el segundo trozo es:

“Hiciéronlo ansi y posteriormente sobre una loma, desde la cual se vieran tan bien las dos manadas que a don Quijote se le hicieron ejército, si las nubes del polvo que levantaan no les turbara y cegara la vista; pero, con todo esto, viendo en su imaginación lo que no veía ni había, con la voz levantada comenzó a decir…”(p.235)

Y entonces deja volar su fantasía imaginando personas, que siempre pegado a tierra Sancho no ve, por lo que dice

“quizá todo deber ser encantamiento, como los fantasmas de anoche…¿Cómo dices eso?, respondió don Quijote,¿no oyer el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atanbores…No oigo otra cosa, respondió Sancho, sino muchos balidos de ovejas y carneros”(p.238).

De aquí, en lo que podríamos detenernos largamente, como siempre sucede cuando abrimos el Quijote. Podemos ver a la “nube de polvo” cervantina dentro de la novela que glosamos. Tal cuando leemos:

“recórdandole al padre esos caminos terrosos del país de su infancia donde el Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero vieron una vez cómo como toda la llanura manchega se le venía encima en una espesa polvareda.Y qué materia más blanda que una polvareda, más cercana al sueño”(p.78):

“De pronto fue como si la lluvia hubiera lavado el aire disipando los últimos rastros de povo”(p.126-127),

“Y Vilma le dijo que fue por la nube de polvo. Porque todo era una nube de polvo”(p.150).

Esto en cuanto a lo mas imaginativo, que tiene que ver con los personajes con los que nos encontramos en la novela. Al final veremos que la “nube de polvo” tiene unas connotaciones politicas relacionadas con estos días trágicos que vivimos.
Tal la idea de la “nube de polvo”(p.307), venida de la polvareda que ven don Quijote y Sancho Panza.

Personajes
Debemos decir que los personajes principales lograron quitarnos el sueño, tanto por lo bien trazados que están, como en su suceder dentro del laberinto que es toda ficción. Estos son especialmente Vilma, la protagonista; Antonio Sandoval, el padre; Yurama, la estonces pareja de Antonio, ya embarazada; Jorge, el novio de Vilma y la desconcertante Margó.

Vilma
La primera de todo, y que desde luego domina la narración, es Vilma(llamada también Chinita por su papá). Cuando ella aparece es un adolescente que se va acercando a los grandes misterios del vivir: descubre la sexualidad, hace el amor por vez primera, se enamora. De allí que dijera ”porque yo tenía catorce años y no estaba hecha para soportar una tan despiadada apertura a la desnudez del mundo”(p.224), ”por más descabellada que fuera, prefería la esperanza”(p.88), ”entre las cercas de alambre de púas que me erizaban por dentro”(p.181).

Vilma era esencialmente una hija, un oficio más que biológico existencial para ella. De allí que dijera: “Yo amaba a mi padre. Lo amaba con locura, lo amaba más que a mí misma, lo amaba como quisiera ser capaz de amar a alguien más en lo que me resta de vida”(p.107). Pero ello, aunque deseado era imposible, la vida se le improndría.

Y es allí que se topa con la iniciación sexual, tema, como es lógico, siempre presente en nuestra literatura escrita por mujeres6
Vilma lo hizo, y dentro de un bello sortilegio, trazado por la autora.

Pero Vilma debe también enfrentarse al caos(p.98) que la va a rondar, desde el momento en que le matan a su perro, Hudini. Y, deberá, luchar contra el miedo, porque “Y todo habría estado casi perfecto,si no fuese por el miedo que estaba incrustado en los días, el miedo soterrado y negado como sino existiera. El miedo que entraba en todos los resquicios de la vida peor que la arena y el polvo”(p.99).

Fundamental en el relato sobre Vilma es su crecimiento y, desde luego, la crisis con el padre, necesaria para crecer. Sin parricidio, en su sentido simbólico, no hay madurez posible. Eso hecho, sabiendo el infinito amor que los unía, que nadie, tras superar la crisis, podría derrotarlo, asunto muy bien enhebrado por la autora.
Ligados con Vilma vamos a encontrar a Yuruma(p.154 y 157) la segunda esposa de su papá; a Jorge, su novio y, hacia el final, desde la p.224, al enigmático personaje que es Margó.

La Figura del Padre
Hay tres cosas centrales en la historia que encontramos en Nube de polvo: la historia del papá, Antonio Sandoval, la Casa como centro de la narración y la relación de Vilma con su enamorado.

No creemos que exageremos al decir que estamos con Nube de polvo en las manos con la novela del padre, la del progenitor.
Esto que anotamos nos lo explicamos a medida que leemos la novela: “sería pura pérdida tratar siquiera de explicarle el nexo entre el padre y la hija, el universo de felicidad que habían tanta ingenuidad que podría inmicuirse solo porque lo tenía amarrado a él por ese algo oscuro e incontrolabre que embrutecía, Vilma ya lo sabía,, a todos los hombres, incluso a los superiores, como lo era Antonio Sandoval”(p.50).

Y ello, porque desde muy niña, muerta la mamá, escapada primero con un amante y fallecida drogada hasta los tequeteques. Pero se salvó porque su papá la amada hondamente. Vivieron siempre juntos y entrelazados, este nunca le confesó la verdad sobre la mamá, y se ocupó de ella como padre y madre a la vez. Por ello leemos: “Vilma se quedaba, pues jamás dejaban la casa sola. Se sorprendía hurgando en sus papeles, hojeando sus libros, revisando sus notas y ensayos, intrusa furtiva e impotente en la intimidad que ya no era de él sino de ellos dos; se metía un momento en su cama antes de tenderla, se envolvía en las sábanas que conservaban aun, mezclando olores de humo y del sudor conocido de su padre”(p.73), aquel maravilloso papá fue siempre su espejo. Ella, Chinita, tal el sobrenombre que él le había puesto, “la niña de sus ojos, pequeña y grande, sola o con su adorado papá, y que el rostro dulce y misteriosamente oriental de su madre seguía siempre allí, en el cajón, le placiera o no a su sucesora”(p.73). Tal relación solo la molesta, en el caso de Vilma, la presencia de Yuruma, desde que llega a aquella casa de la playa a donde pasan los veranos, incluso ella, la hija, los escuchaba de noche jadeando en la cama mientras hacían el amor, así “La presencia de Yuruma le pesaba mucho más aquí, en la casa de la bahía que siempre había sido su espacio privilegiado de papá y de ella”(p.50-51). La única manera de no tenerle tantos celos a Yuruma, quien siempre miró a Vilma con buenos ojos, como parte de su relación con quien ahora era su pareja. Había que esperar que se hiciera mujer. Yuruma esperó, sin preocuparle que le hubiera dicho: acuérdate que mi papá es solo mío. Yuruma sabía, que, cuando Vilma se enamorara e hiciera el amor comprendería aquello que le ataba a su papá, a Antonio.

Una Disgresión Necesaria
Una digresión sobre este asunto: El tema del padre es digno de examinarse. Es tema muy antiguo en las letras universales: a tratar sobre la figura del padre que está tan presente en la vida de todo ser humano porque todos podemos carecer de muchas cosas pero nunca de un padre, todos venimos de uno, toda la humanidad, desde Adán. Y el asunto está en la literatura universal desde las páginas de la Iliada, cuando Priamo pide Aquiles le entregue el cadáver de Héctor, su hijo, para darle sepultura, momento sublime en cualquier padre, sabe que lo que hace lo contrarro de lo que se debe hacer: los hijos deben ser los que enturren a los padres7. Igual relación aparece en La Odisea, el segundo poema del Poeta Ciego. Y en la lengua castellana desde los metros que todo el mundo conoce de las Coplas de Jorge Manrique(1440-1479) en el siglo XIV, ”Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es morir”, de su lamentación por la muerte de su padre, don Rodrígo(1406-1476).

En la literatura latinoamericana se encuentra más de una vez, destacamos, por su honda entonación, Los ríos profundos(1958) de peruano José María Arguedas(1911-1969), libro engtreñable sobre este tema.

En la literatura venezolana está muy presente el tópico. En ella vuelve, como otros tres creadores venezolanos de estos mismos días, aquí lo veremos a la luz de Nube de polvo, pero tiene antecedentes en nuestras letras, en nuestra ficción y en nuestra poesía. Tal en Puntos de sutura, de Oscar Marcano(1958); es el asunto crucial del vivir que ha interesado mucho en estos últimos tiempos en nuestra literatura también a Alberto Barrera Tyszka(1960): en La enfermedad, a Héctor Bujanda(1968) en La última vez y ahora a la autora de Nube de polvo8.

En nuestra poesía había sido tratado poéticamente en los más bellos y altos tonos de su voz, por Yolanda Pantín(1954) en La épica del padre.

Claro está, que el padre es ser siempre presente en nuestras letras, especialmente en nuestro decir poético desde hace mucho tiempo, incluso antes de que que Pedro Francisco Lizardo(1920) en La viva elegía y Vicente Gerbasi(1913-1992), en Mi padre, el inmigrante publicaran sus soberbios poemas al progenitor, en 1944 Lizardo, en 1945, Gerbasi, a quienes siguieron después que Caupolican Ovalles(1935-2001) en su Elegía en rojo a la muerte de Guatimocin, mi padre, alias el globo(1967) o que Enrique Hernández de D’Jesús(1947) haya evocado al otro padre, al segundo, en Mi abuelo primaveral y sudoroso(1974), los tres poemas se cuentan entre las grandes elegías de nuestra letras. El asunto ha estado tan presente que el poeta José Barroeta(1942-2006), a quien el tema tanto lo tentó a lo largo de su propia creación, escribió su sugerente estudio El padre, imagen y retorno(1992)9. En su pagina inicial el inolvidable Pepe, que se nos fue demasiado temprano, dice algo que ahora podemos aplicar también a las novelas que hemos citado sobre esta temática:

”Mi afecto a aquellos que han contribuido de manera solidaria a la realización de este trabajo en el que mi padre revela y sostiene enigmas, sombra y fábula de un origen que protege y se perpetua”(p.7. Subrayado nuestro). Así es. Según Barroeta el asunto aparece en nuestra literatura contemporánea por vez primera en el “Canto a rebeldía” de Antonio Arraiz(1903-1962), que está en su libro Parsimonia(1932), doce años antes que La viva elegía(1944) de Pedro Francisco Lizardo(1920-2001), siempre subrayable por su emotiva belleza y trece antes de Mi padre, el inmigrante de Gerbasi.

Nos hemos referido tanto a este tema en la poesía porque en el fondo ella es la raíz, el fundamento, la esencia, el cimiento de la literatura, no hay palabra escrita cabal sin la poesía. Ella es, como dijo Susan Sontag(1933-2004), en uno de los ensayos del fin de su vida, siempre llenos, como todos los suyos, de genialidad,

”la poesía es una forma del lenguaje y del ser: un ideal de intensidad, de candor absoluto, de nobleza, de heroísmo”10.

Pero, claro está, hoy también la poesía aparece en la prosa, la hallamos en la novela y nos vamos a topar con ella ahora en varios momentos de la novela que vamos a escrutar, Nube de polvo.

La Casa
La casa, aquella casa en la playa, que unos constructores desean arrebatarles para construir un club de playa, es el gran tema de la novela, tanto que los personajes habitan en ella, tanto que nos recuerdan las refexiones de Gastón Bachelard(1884-1962) sobre aquel lugar cuando escribió en La poética del espacio: “Para un estudio fenomelógico de los valores del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere la casa a la vez su unidad y su complejidad, tratando de integrar todos sus valores particulares en un valor fundamental…la casa albertga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz””11. A esto, Krina Ber, arquitecta ella también, lo compende y lo debe haber visto cuando ha construído lugares para que los seres humanos habiten.

Y si miramos aquella casa amada de Antonio y Vilma veremos como ”su casa, la de Antonio y Chinita, se alzaría en toda la hermosura hasta la primera embestida de las máquinas y se iría intacta al recuerdo en una nube de polvo”(p.127), es decir, donde no queda nada.

La casa es el lugar para el amor íntimo, tanto que Manuel Caballero(1931-2010) el agudo ensayista llegó a pensar que el erotismo había nacido en la primera casa que se construyó en el mundo, porque

“solo con la aparición de la casa se pudo comenzar a tener la experiencia de que el amor no era solo una cosa de química, de jugos seminales, de instinto bruto, sino que la participación del cerebro era fundamental, no sólo para comandar reacciones primarias, sino para la elaboración de toda poética vital del acto amoroso. Es en la casa donde nace entonces la poesía amatoria; es en la casa donde nace el erotismo. Visto todo lo cual, acaso no sea muy exagerado dcir que solo con la aparición, con la construcción, de la casa, aparece el amor”12.

Por ello, en Nube de polvo leemos:

”El beso de anoche era un regalo de esos que no se podía abrir sin mas…Si él no lo veía por si mismo, cómo explicarle que esta era la casa de la infancia, su única casa, una casa, Jorge, más que un sitio para dormir y guardar cosas, y que no existía ya, ahora todo era desolación y polvo, la casa y ella, la misma materia desecha. Quiso dominar esas tercas lágrimas que no paraban de brotar entre las pestañas y deslizarse en silencio mejillas abajo, para ser capaz de hablarle los veranos que habían pasado aquí, solos en un mundo de belleza, Antonio y su Chinita, que crecía años tras años y la casa crecía con ella. Necesitaba hablar de esi y recordar y llorar y contarle la historia de cada rincón, de cada mata que plantaron juntos, de cada caraccol gogante que habían que había encontrado en las islas e incorporado en el mundo de piedra, necesitaba un ritual de palabras, de muchas palabras, un exorcismo para aliviar la pérdida insoportable”(p.133-134).

Relacionada con la casa está el memorable fragmento, sabio que citaremos, en él Antonio se refiere a la mamá de Vilma, cuenta lo que ha escondido de la hija por largos años: “Era el caso de los así llamados boderline people, dijo, gente que vive siempre al filo de su propio vacío, tratando de llenarlo con cosas externas. Un ser trágico. A veces se aferraba a mi llorando, pidiéndome que la salvara, que nunca la dejara ir. El embarazo pareció sosegarla por un tiempo, así como los primeros días del bebe que eras tu. Pero más que eso no pudo soportar. No estaba hecha para la maternidad, ella misma nunca había crecido. Dejó de ocuparse de ti y de la casa. Se encerraba en otro cuarto y te dejaba llorar mientras se metía rayas y hasta se inyectaba…Nunca supe cómo se las arreglaba para conseguir esa porquería. La esondía, y hyo revolvía la casa para buscarla. Era un infierno. Volvió a ser insultante, ofensiva, gritaba que la dejase ir. Y la dejé”(p.334-335).

Entre estos tanto los maladros que matan el perro de Vilma, asaltan la casa, que Antonio se niega a vender y más tarde lo hieren físicamente. Pero tan boderline poeple es el urbanizador que todo lo organiza para lograr lo que se propone, al precio que sea, inlcuso de la vida humana.

El Momento
La novela trranscurre en estos días. De allí:

“Vilma era yo. Y era el final del último verano que pasaron en la bahía…Lo pasaron atrincherados en su casa como los heroicos sobrevivientes de las ciudades asediadas en esas grandes batallas del pasado que estaban en los libros y todas las cosas se cubrián de polvo rojizo, pegajoso de arena y sal, que el viento trata sin tregua der las obras cercanas. No obstante, ese trocito de cotidianidad que compartieron en la inminencia del final había sido sorpresivamente bueno, a ratos sublime y en general muy tolerable. Menos el miedo, aunque Antonio Sandoval nunca quiso admitir que existía”(p.10-11)

Venezuela
Imposible hoy, en este país que se está destruyendo, reventándose a pedazos, no encontrar pasajes que nos lleven a meditar sobre esta tierra, dulce y áspera, tanto que leemos: “Ese último verano estábamos mas solos que nunca en el trozo de espacio cada vez más aislado, rodado de hostilidades”(p.63); lugar en que habita el miedo(p.99). Asi ya “No había casa, era una ilusión parida de la nube de polvo como esos manantiales y palmeras que tiemblan en el aire de los desiertos, el sueño de su padre al borde del mar y nada más”(p.124: El subrayado es nuestro). O, ni siquiera eso. Ya que lo que se veía y sentía eran “los últimos rastros de polvo”, ¿será lo único que quedara en este país que perdió su rumbo y no ha logrado recuperarlo? Dominado como está por los “boderline people”, término que ahora ha sustituido, en la psiquiatría a quienes antes se llamaban personalidades psicopáticas(p.334), de las cuales tanto habló nuestro epónimo Herrera Luque. Pero aquel país “y que no existía ya, ahora todo era desolación y polvo”(p.133), es decir la “nube de polvo” de don Quijote.


Mensaje

Querido Roberto:
Quiero agradecerte este evento(noviembre 7,2015). No me dio tiempo hacerlo en sitio; te fuiste mientras firmaba un libro, entonces te lo escribo ahora. Honestamente, era el mejor de los tres eventos que tuve sobre Nube de polvo. Dos personas me han dicho que tu exposición fue extraordinaria por lo que destacaba de la novela: los temas principales que yo, por supuesto, tenía  allí, pero al escribir, no nos damos cuenta claramente de esas cosas. El acierto al destacar los  arquetipos de la casa (ref. Bachelard) y la del padre, así como la importancia del Quijote, fue un gran aporte al nivel del evento. Temía, como sabes, de que los otros eventos nos van a dejar sin asistencia, y no solo que estaba lleno, también la gente que vino era cálida, interesada y atenta, muchos, me imagino, habituales de tus Circulos de Lectura. Espero con gran expectativa el texto completo, y me despido con un abrazo, ¡Gracias!, Krina Ber.  

 

1 Leída en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la mañana del sábado 7 de noviembre de 2015, en el cual participaron tambien las escritoras Gisela Cappellin y Sonia Chocrón; y en el Círculo de Lectura de la Asoaciación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 16 de dicimebre de 2015, con la presencia de nuevo de Gisela Cappellín.

2 Simón Bolivar: Cartas del Libertador. 2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Vicente Lecuna/Banco de Venezuela,1964-1870. 8 vols. La cita procede del t.V,p.282. Los subrayados son del historiador José Luis Salcedo Bastardo en sus Concordancias ideologicas y literarias en Bolívar. Caracas: Comité Ejecutivo del Bicentenario de Simón Bolivar,1981. 58 p. La referencia está en la p.16.

3 Krina Ber: Cuentos con agujeros. Caracas: Monte Ávila Editores, 2004. 157 p.; Para no perder el hilo. Caracas: Mondadori, 2009. 169 p.; La hora perdida. Caracas: Editorial Igneo,2015. 222 p. Consultar sobre ella Carlos Pacheco: Persistencia y vigor del cuento venezolano en el nuevo milenio. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua, 2009.89 p. Ver: “Krina Ber narra a Venezuela con los ojos del mundo”(p.45-50.)

4 Miguel de Cervatantes y Saavedra: Don Quijote de La Mancha. Edición critica y notas: Florencio Sevilla Arroyo. Madrid: Castalia,2000. 419 p. En este caso en la Primera Parte, Capítulo XVIII,p.231-243. La cita proceden de las p.233-235. El subrayado es nuestro.

5 Varios Autores: Cervantes. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1949. 327 p. Ver: Felipe Massiani: “Miguel de Cervantes: el condenado por Dios a ser novelista”(p.303-327).

6 Todo indica que la iniciadora del trato del tema fue Irma De-Sola Ricardo(1916-1991) con su cuento “Leticia”(1935), inserto en su libro Síntesis. Caracas: Asociación Cultura Interanericana, 1940. 61 p., resccatado por Luz Marina Rivas en Las mujeres toman la palabra. Antología de narradoras venezolanas,1915-1995. Caracas: Monte Ávila Editores,2004.221 p. “Leticia” fue escrito, en 1935, su autora tenía diez y nueve años, además fue concebido el mismo año en que el erotismo apareció en nuestra poesía con el libro de Maria Cacaño: Alas fatales. Santiago de Chile: Nacimiento, 1935,146 p., esta obra es la mejor y más representiativa del escribir de la maracucha, quien tenía aquel año viente y nueve años. Silda Cordoliani(1953) se ha inmerso, bellamente, apasionadamente, en el tema de la iniciación sexual femenina, en su cuento “Babilonia”, varias veces impreso, que aquí tomamos de su En lugar del corazón. Prólogo: José Balza. Caracas: Bid and Co., Editor,2008. 153 p. Ver: “Babilonia”(p.140-145).

7 Homero: Iliada/Odisea. Madrid: Espasa Calpe,1999. LXXXIV,1766 p. La cita procede del Canto XXIV, verso,139-,p.917

8 Oscar Marcano: Puntos de sutura. Caracas: Seix Barral, 2007. 265 p.; Alberto Barrera Tyszka: La enfermedad. Caracas: Anagrama/Alfa,2006. 168 p.; Héctor Bujanda: La última vez. Caracas: Norma, 2007. 152 p.; Yolanda Pantin: La épica del padre. Caracas: La Nave va, 2002. 151 p.

9 José Barrroeta: El padre, imagen y retorno. Caracas: Monte Ávila Editores,1992.170 p.

10 Susan Sontag: Cuestión de énfasis. Madrid: Alfaguara, 2007. p.389 p.Ver:”La prosa de un poeta”(p.15-22). La cita procede de la p.16.

11 Gaston Bachuelard: La poetica del espacio. México: Fondo de Culura Económica,1983.281 p.La cita procede de la p.33 y 36. En el ejemplar que usamos están también los subrayados que hizo al leerlo nuestra amada arquitecta Eglee Medina.

12Manuel Caballero: El desorden de los refugiados. Caracas: Alfadil, 2004. 255 p. Ver: “La casa fue primero que el amor”(p.236-239). La cita procede de las p.238-239.