Martes, 28 de Marzo de 2017

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Nombres Esenciales de la Literatura Venezolana

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Los Nombres Esenciales (1498-2010)

Una Interrogante

No se puede pretender hacer la historia de un país, sin detenerse, aunque sea en forma esquemática, en su literatura, que es el espejo en que toda sociedad se refleja. En ella se ve, y a través de ella se comprende. Por ello, insistimos, la visión de Venezuela y lo que somos los venezolanos debemos buscarla, a la vez, en la memoria de nuestro pasado, que es la historia, y en la visión que, a través de la imaginación, han fijado nuestros más destacados escritores.

A la pregunta quienes son los autores esenciales de la literatura venezolana, en las cinco centurias transcurridas de vida venezolana, contestamos que con estas breves glosas de nombres fundamentales, nacidos desde el siglo XVI y hasta mediados del siglo XX, plenamente activos, todos los últimos, en los días que corren, catorceavo año del siglo XXI, iniciado en el 2001. Cerramos con un apretado bosquejo de los últimos sesenta años de creación literaria(1950-2010)[1].

Los nombres, cuya escogencia es producto de largo análisis y reflexión crítica sobre el proceso de la literatura venezolana, se han organizado por orden cronológico, atendiendo a las fechas de nacimiento, sin separar los géneros en los cuales se distinguieron los escritores y escritoras aquí presentados. En todos los casos se traza un rapidísimo boceto sobre el escribir de cada uno, de varias líneas en cada caso. Los nombres elegidos son en todos los casos autores de obras literarias, de creaciones con la palabra escrita, que es lo que es literatura, textos escritos desde la imaginación, hasta en los momentos en que se escriba poesía referente al pasado o narrativa histórica. 

El Siglo XV
Debemos señalar que el “iniciador de las letras venezolanas”, como indicó Augusto Germán Orihuela(1920-2001)[2], fue el descubridor Cristóbal Colón(1451-1506) por su carta sobre el descubrimiento dirigida a los Reyes Católicos(Santo Domingo: agosto 31,1498). Allí incluso se puede encontrar, sobre todo en su relato de las bocas del Orinoco, el primer esbozo de lo que con el tiempo sería llamado, desde 1948, por el venezolano Arturo Uslar Pietri(1906-2001), “realismo mágico”[3], nacido de su mirada, hecha más con la imaginación que con la razón, al país recién descubierto aquel día, precisamente en un lugar del Caribe. En verdad, la Carta de Colón es el primer documento sobre Venezuela escrito, con él empieza nuestra literatyra, nuestra historia y nuestras colecciones documentales.

El Siglo XVI
Juan de Castellanos(1522-1607) debe ser considerado el primer escritor venezolano, aunque no nació en el país, en fue primero en escribir, en sus inmensas Elegías de varones ilustres de Indias(1589), dentro de nuestro contorno como consecuencia de haber conocido y padecido en su propia piel y sangre la tierra venezolana, que registró en su poema, el más extenso de las letras españolas, formado por 113.000 versos.

Siglo XVII
Con razón llamado por Uslar Pietri “el siglo silencioso”[4] por el hecho no no haberse escrito, durante aquella centuria, ningún libro, ni siquiera una historia de aquel período. Apenas nos han quedado los poemas del fraile fray Jacinto de Carvajal y otros recogidos por él. Sigue siendo el siglo XVII el menos conocido de nuestro pasado, pese a la honda investigación a la que lo sometió Guillermo Morón(1926) en su Historia de Venezuela(1971). También lo examinó Francisco Herrera Luque(1927-1991) para poder vertebrar su ámbito en Los amos del valle(1979). Al parecer su periplo debió ser registrado por don José Oviedo y Baños(1671-1738) en el segundo tomo de su Historia, escrito que refiere en las últimas líneas de lo que debió ser su primer tomo, que fue el único publicado. Se presume que la obra fue escrita y luego incinerada por los Mantuanos, cuyas tropelías estudiaba allí don José. La desaparición de ese segundo tomo es la esencia sobre la que descansa la narración de la novela histórica Los amos del valle de Herrera Luque, la primera novela en la que un creador venezolano nos descubrió el mundo de la sociedad colonial, ya que hasta ese momento nuestros narradores se habían centrado en las acción de los conquistadores, caso de Uslar Pietri en El Camino de El Dorado(1948), Herrera Luque en La luna de Fausto(1983),Miguel Otero Silva en Lope de Aguirre, Principe de la libertad(1979), y José Sánchez Lecuna en El viaje inefable(2006).

El Siglo XVIII
El siglo XVIII es la centuria de la madurez de la vida venezolana. Es de ese siglo que poseemos las obras mayores literarias del período colonial. Tal la de don José de Oviedo y Baños quien no puede dejar de figurar en un recuento como este pues si bien es el autor de una obra como la Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela(1723), esta fue redactada con tales galas en su estilo que constituye la obra mayor del modo barroco de escribir entre nosotros.

Francisco de Miranda(1750-1816) cuyo Diario(1771-1790) es la primera obra autobiográfica de la literatura venezolana y a la vez la mayor obra en prosa concebida por un venezolano a todo lo largo de los tres siglos provinciales.

Hay que incluir aquí los aspectos literarios, que no son pocos del Arca de letras y teatro universal(1993) de fray Antonio Navarrete(1749-1814), escrito en las últimas décadas del siglo XVIII.

Fue en ese mismo período en que aparareció nuestra primera mujer escritora, la monja carmelita Sor María de Los Ángeles, María Josefa de la Paz y Castillo(1865-c1818), caraqueña nacida en Baruta, de familia Mantuana, de un escribir hondamente religioso, aunque en su poema “El terremoto” nos dejó el único testimonio literario del cataclismo de 1812, por ella vivido.

El Siglo XIX
Con Andrés Bello(1781-1865) ingresamos en el siglo XIX, sus primeros poemas conocidos datan de 1800. Bello es una figura angular de las letras hispanoamericanas, a las cuales emancipó de la literatura europea, ello desde su poema “Alocución a la poesía”(1823). Fue el fundador de nuestra crítica literaria y el primer gran erudito a través de la edición crítica que preparó del Poema del Mio Cid(1881). La esencia de su pensamiento estético si bien está expresada en sus trabajos crítico literarios, su ideario tiene su esencia en el Discurso que pronunció al inaugurar la Universidad de Chile(septiembre 17,1843), es la página esencial de su escribir y la hoja esencial de su vivir como ser humano..

El introductor de la escuela literaria que cambió la faz del mundo, el romanticismo, fue Andrés Bello, en sus trabajos poéticos y críticos hechos en Londres, a partir de 1823. El sentimiento romántico fue, en el país, primero cultivado por Rafael Agostini(c1808-1881), en La Citara de Apure(1844), pero fue a José Antonio Maitín(1804-1874) quien debimos el hondo esplendor entristecido del Canto fúnebre(1851). De todas maneras, como lo veremos más adelante, el mayor poeta romántico fue Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892).

Simón Bolívar(1783-1830) fue el Libertador político, como Bello fue el emancipador cultural, pero fue también grave escritor de temas políticos, estos fueron redactados con tal belleza de estilo que le dan un lugar en nuestras letras. Sin duda, el primer gran ensayo de nuestra literatura es su Carta de Jamaica(septiembre 6,1815) y su página central como hombre de letras, como estilista, es su Discurso de Angostura(febrero 15,1819). No hay que dejar de lado que Bolívar fue un escritor político, incluso en el momento en que escribió su poema en prosa “Mi delirio sobre el Chimborazo”(1822), que trata de lo que pasaría tras el fin de la contienda bélica, hecho que él mismo había avizorado antes que nadie al escribir que “temía más la paz que la guerra”[5], asunto que es el tema de su poema.

También su epistolario es esencial en su escribir, con misivas que son antológicas en nuestras letras, en ellas están los pálpitos de su alma desasocegada.

Con Fermín Toro(1806-1865) nos hallamos con el el padre de nuestra narrativa, ya que fue él quien escribió nuestro primer cuento, “La viuda de Corinto”(El Liberal, Caracas, julio 25,1837), y la primera novela, Los mártires(El Liceo Venezoano, Caracas, n/ 2-7,1842) de la literatura venezolana. Y fue singular ensayista, al menos en “Europa y América” y en “Ideas y necesidades” y el primer tratadista del socialismo utópico en nuestro país en sus Reflexiones sobre la ley del 10 de Abril de 1834(1843), principalmente considerada, por algunos autores como nuestra primera monografía económica, lo que es cierto, pero sus aspectos filosóficos-sociales son aun más resaltantes.

Juan Vicente González(1810-1866) fue la figura más alta del romanticismo en prosa, tanto por Mis exequias a Bolívar(1842), por su Biografía de José Felix Ribas(1865) y por sus Mesenianas(1932), publicadas en la prensa de Caracas entre 1842 y 1865, poemas en prosa, en los que lloraba a los grandes venezolanos.

Cecilio Acosta(1818-1881) fue a mediados del siglo XIX alto pensador y perfecto estilista. Su página más recordada, la central de su pensamiento, es su ensayo Cosas sabidas y cosas por saberse(1856).

Amenodoro Urdaneta(1829-1905) ,en verdad, es el más sólido tratadista de crítica literaria del siglo XIX, sobre todo por su fundamental indagación Cervantes y la crítica(1877), todavía de estimulante lectura. Fue también el padre de nuestra literatura infantil en El Libro de la infancia(1865).

Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892), ya lo hemos advertido, debe ser considerado el primer poeta romántico de nuestra literatura, romántico crepuscular, sin duda, como lo fue en España Gustavo Adolfo Becquer(1836-1870). Su poema Vuelta a la patria(1876), recogido en su poemario Estrofas(1877), es el segundo gran poema de la lírica venezolana. El primero es “La Silva a la agricultura de la zona tórrida”(1826) de Bello.

Gonzalo Picón Febres(1860-1918) debe ser considerado el primer historiador de la literatura venezolana, ello por su La literatura venezolana en el siglo XIX(1906), hasta él los antecedentes de esta indgaciones descasan en pocos textos, breves exploraciones, aparecidas en la prensa y algún pequeño folleto.

José Gil Fortoul(1861-1943) más que solo como el gran historiador que fue en su Historia Constitucional de Venezuela(1908) debe ser considerado nuestra mayor figura literaria entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Ensayista pleno, crítico y novelista, su Julián(1888), fue fundadora de la expresión modernista en nuestras letras y se tendría de ella mayor consideración si no se le hubieran aplicado criterios parroquianos a su examen. Tal ese de considerar que el Julián no es una novela venezolana por transcurrir en Madrid, ello impidió durante mucho tiempo la consideración correcta de este libro, en el cual hasta el monólogo interior se usa en su desarrollo, lo cual era toda una innovación, que, aunque ya cultivado, tomaría lugar protagónico muchos años después en el Ulises(1922) de James Joyce(1882-1941). Ese absurdo de considerar no venezolano al Julián, cuyo autor lo era, impidió se le colocara en su sitio en el proceso de nuestra novela. Ello sucedió también, por escasa formación literaria, y provincialismo mental, con prodigiosas obras, sucedidas fuera de aquí, como el memorable cuento de Teresa de la Parra(1889-1936) La mamá X(1923) por suceder en París, con su suave sentdio lésbico, o con la bella novela de Pedro Berroeta(1914-1997) La leyenda del Conde Luna(1956), que es una quimera que sucede en la Edad Media.

El Siglo XX

El Criollismo 

Francisco Lazo Martí(1869-1909) con su Silva criolla(1901) y, sobre todo, por su versión definitiva Silva criolla a un bardo amigo(1914) es el poeta del criollismo. La Silva criolla es el tercer gran poema de la lírica venezolana, le anteceden la Silva a la agricultura de la zona tórrida(1826) de Bello y Vuelta a la patria de Pérez Bonalde. Ese modo de poesía telúrica, el llamado nativismo, lo llevó a su esplendor contemporáneo el barinés Alberto Arvelo Torrealba(1905-1971), especialmente en su poemario Cantas(1932), allí está la quintaesencia de su merodear con la palabra.

En Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl(1873-1937) los universos del criollismo en prosa llegan a su plenitud tanto en sus cuentos, de los cuales “Ovejón”(1922) es el esencial, como en su novela En este país(1916), la primera obra literaria venezolana premiada internacionalmente.

El Modernismo

El modernismo significó la madurez de las letras latinoamericanas, ya plenamente emancipadas estéticamente de las españolas, al menos desde 1888, año de Azul del nicaraguense Rubén Darío(1867-1916), fecha también del Julián de Gil Fortoul. Fue así que los galeones retornaron a la madre patria según la expresión precisamente de Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927), novelista, cuentista, ensayista, pensador de lo literario. Sus novelas Ídolos rotos(1901) y Sangre patricia(1902) son las mayores de las suyas y estas lo hacen el primer novelista del modernismo hispanoamericano. Ambas novelas son complementarias: la primera mira la situación social, la segunda una conciencia en crisis, el proceso de una neurosis, lo cual la hace nuestra primera novela psicológica.

Figura también fundamental del modernismo fue el ensayista Pedro Emilio Coll(1872-1947) por las hondas reflexiones de sus ensayos. Pero quien penetró en el alma criolla a través de la honda reflexión psicológica que significó su celebrado cuento “El diente roto”(1898). Obra no menor es su tríptico Las tres divinas personas(1925), considerado por el crítico alemán Ulrich Leo(1890-1964), joya de nuestra prosa modernista.

Los modos del modernismo y del criollismo se hicieron presentes en Rufino Blanco Fombona(1874-1944), polígrafo quien escribió obras muy destacadas en diversos géneros. En poesía en su Cancionero del amor infeliz(1918); su mejor novela es El hombre de hierro(1907); sus Cuentos americanos(1914) nos muestran la esencia de su cultivo del género. Siempre se ha considerado su mejor cuento “El Catire”; ensayista destacado en La lámpara de Aladino(1915) fue Blanco Fombona. Fue también historiador y cronológicamente nuestra primer editor en el siglo XX, con los antecedentes, en el siglo XIX, de Valentín Espinal(1803-1866), los hermanos Rojas y la imprenta El Cojo. Es Blanco Fombona figura siempre central de nuestras letras, historia y pensamiento.

Rómulo Gallegos

Con Rómulo Gallegos(1884-1969), nuestro mayor novelista de todos los tiempos, nunca superado, el universo literario tomó el sendero de la novela de la tierra y del regionalismo, ya cultivada antes tanto por Eduardo Blanco(1838-1912) en Zárate(1882), por Manuel Vicente Romerogarcía(1865-1917) en Peonía(1890) como por Urbaneja Alchelpohl en En este país. Fue Gallegos que llevó la forma a su plenitud, especialmente en su gran creación Doña Bárbara(1929), recibió en España el tercer galardón obtenido por una obra literaria venezolana, el premio de “El Mejor Libro del Mes”, es Doña Bárbara la mejor novela venezolana, insuperada aun hoy, como por medio de Cantaclaro(1934) y Canaima(1935) sus otras dos afortunadas creaciones, Cantaclaro la preferida para él, aunque ambas fueron escritas al unísono durante su exilio en España. Fue Gallegos también sustancial cuentista, especialmente psicologista en la mayoría de ellos, tal es el caso de más recordado de todos “La hora menguada”(1919).

Salustio González Rincones

Se ha dicho con razón que Salustio González Rincones(1886-1933), compañero de Gallegos en la aventura de la revista de La Alborada(1909), es el primer poeta en el cual se produjo una revuelta del lenguaje. Ese sería evidente años más tarde tanto en José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) como en Rafael José Muñoz(1928-1981), y ya en la segunda parte del siglo XX, en una obra aun inclasificable El círculo de los tres soles(1968).

La Crítica Literaria

Jesús Semprum(1882-1931) no solo fue uno de nuestros principales críticos sino el analista por excelencia de los rasgos del modernismo.Luis Correa(1886-1940) por su Terra patrum(1930), Julio Planchart(1885-1948) en sus Temas críticos(1948) y Rafael Angarita Arvelo(1898-1971), fueron de densos analistas de nuestro proceso literario, hondo estilista el primero, siempre certero el segundo en sus exploraciones. Angarita trazó el sendero de un género en su Historia y critica de la novela en Venezuela(1938).

Teresa de la Parra

Nuestra primera poeta mujer fue Sor María de los Ángeles(1765-c1818) a fines del período colonial. Con Enriqueta Arvelo Larriva(1886-1962) se hicieron presentes nuestras grandes aedas, en su caso con su extremo lirismo y dolor, en sus contemplaciones interiores, hay, incluso, quien se ha preguntado sino no fue Enriqueta nuestra mayor poeta mujer.

Teresa de la Parra fue la primera y más singular de nuestras novelistas, su primera novela fue Ifigenia(1924), nuestra primera novela de amor, frustrado en el caso de su protagonista, María Eugenia Alonso. Ifigenia fue la segunda obra venezolana en ser premiada en el exterior, en su caso en París. Su segunda novela Las memorias de mamá Blanca(1929), la siguió un lustro después. Su ensayo Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, escrito en 1929, pronunciado como conferencias a Bogotá, en 1930, impreso en 1961, es nuestro primer libro feminista.

José Rafael Pocaterra

José Rafael Pocaterra(1889-1955), el de la escritura áspera, de ciertos rasgos zolescos, si bien escribió varias novelas, entre las cuales la más importante fue La casa de los Abila(1946) brilló para siempre en nuestras letras como maestro de la narración corta, por sus Cuentos grotescos(1922), libro insuperable e insuperado. Y, desde luego, con sus inclasificables Memorias de un venezolano de la decadencia(1927).

La Generación de 1918 

En 1918 se hizo presente una de las generaciones poéticas más profundas y densas de nuestra literatura: la de 1918. Esta se inició con la publicación de los Primeros poemas(1919) de Enrique Planchart(1893-1953). Entre ellos Ramos Sucre escribió toda su obra en poemas en prosa(no fueron los suyos prosas poéticas, como erróneamente se ha dicho), fue prácticamente el fundador de ese modo sobre todo en Las formas del fuego y El cielo de esmalte, ambas impresas en 1929. Si su obra se inicia con la primera letra del alfabeto griego, Alfa, con el sobrecogedor “Preludio” de La Torre de timón(1925), en el cual la obra íntegra del poeta ya está expresada, se cierra con el “Omega”, útima letra del alfabeto griego, de El cielo Esmalte en donde invita a la parca a visitarlo, un año mas tarde falleció por voluntad propia.

De 1918 fueron también Fernando Paz Castillo(1893-1981), quien brilla especialmente por El Muro(1964), por las mil preguntas metafísicas que se hizo. El finísimo Rodolfo Moleiro(1898-1970) extremó el cuidado y la corrección de su escribir, su primer poemario lo editó después de pasados los cincuenta años, Reiteraciones del bosque y otros poemas(1951).

Andrés Eloy Blanco(1896-1955), otro hombre de los de 1918, ha sido el poeta de mayor popularidad en nuestras letras. En poemarios suyos como Poda(1934) o Giraluna(1955) está la esencial de su hacer. Su Canto a los hijos siempre ha sido considerado como una de nuestras más bellas creaciones, mensaje y manda de un padre a los vástagos. Su elegía A un año de tu luz(1951) debe considerarse como una de las grandes del género en nuestras letras.

Enrique Bernardo Núñez 

Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964) brilló como novelista por esa joya del género que es Cubagua(1931). No menor es La galera de Tiberio(1938), esta que aun espera una edición crítica comparativa de sus dos versiones(1938 y 1967), la príncipe es sin duda la mejor, nosotros, hemos hecho una lectura comparativa de ambas.

Mario Briceño Iragorry 

Mario Briceño Iragorry(1897-1958) fue un historiador, como ensayista, destacado por su ejemplar prosa, pensó con detalle la esencial de ser venezolano, especialmente en su Mensaje sin destino(1951).

Augusto Mijares

A su vez, todavía otro hombre de 1918, Augusto Mijares(1897-1979) se detuvo a buscar los rasgos positivos del ser venezolano y las características de nuestra continuidad espiritual. Su estilo es siempre estimulante y bello. Su libro Lo afirmativo venezolano(1963) es un ideario nacional. No menores son los ensayos que reunió en La luz y el espejo(1955), El Proyecto de América y el discurso preliminar(1960), Vida romántica y romanmticismo literario(1971) y Longitud y latitud(1979), la meditación nacional de Mijares es tan significativa que no se puede pensar en Venezuela sin detenerse ante su escribir.

Leopoldo Ayala Michelena 

Leopoldo Ayala Michelena(1897-1962) es la figura central del llamado teatro criollo, fue considerado padre del teatro venezolano de su tiempo. Fue muy influido por Henri Ibsen(1828-1906), entrañable es su pieza Al dejar las muñecas(1915).

Julio Garmendia 

El siglo XX nuestra literatura ingresó en la contemporaneidad con Julio Garmendia(1898 1977), especialmente a través de sus cuentos de La tienda de muñecos(1927), reacción auténtica contra todo lo adocenado del criollismo ya agotado entonces. Fue Garmendia también el fundador, antes que el argentino Jorge Luis Borges(1899-1986), del realismo fantástico en las letras latinoamericanas.

Mariano Picón  Salas 

A Mariano Picón Salas(1901-1965) se le ha considero siempre nuestro primer ensayista, con antecedentes a nuestro entender tanto en El humo de mi pipa(1891) de Gil Fortoul como en Camino de perfección(1911) de Díaz Rodríguez, auténticos ensayos ambos. Pero todo lo que Picón Salas trata en sus perfectos escritos siempre se transforma en ensayo, incluso cuando escribió su autobiografía en Regreso de tres mundos(1959). También exploró el reino de la infancia en una de nuestras más bellas novelas, Viaje al amanecer(1943), su mejor creación en los reinos de la ficción.

El Explorador de las Palabras 

En Angel Rosenblat(1902-1984) descansa todo el conocimiento que tenemos hoy del castellano que se habla en Venezuela, de allí sus Buenas y malas palabras(1956), obra nunca superada, base del Diccionario de venezolanismos(1983), hecho bajo la dirección de su discípula María Josefina Tejera(1930). Pero fue Rosenblat también maestro del ensayo en La primera visión de América(1965) y muy diestro crítico en La lengua del Quijote(1972).

Lucila Palacios 

Lucila Palacios(1902-1994) marcó el momento del ingreso, en la época post Teresa de la Parra, de lo que podemos llamar la novela mujeril, esto especialmente en sus Tres palabras y una mujer(1944). Se ha considerado siempre como su libro principal El corcel de las crines albas(1950).

Los Maestros de la Novela 

En Ramón Díaz Sanchez(1903-1968), uno de los grandes maestros del pensamiento venezolano, se dieron a la vez, en cuanto a la literatura nos referimos, un destacado cuentista, especialmente en su relato “La Virgen no tiene cara”(1946). Su novela Mene(1936) es nuestra principal novela petrolera, mientras que su fundamental ficción Cumboto(1950) encarnó el arte del recuerdo de forma preciosa, tanto como lo habían hecho Teresa de la Parra en Las memorias de Mamá Blanca, Picón Salas en Viaje al amanecer, Antonia Palacios(1904-2001) en Ana Isabel, una niña decente(1949), Oswaldo Trejo(1924-1994) en También los hombres son ciudades(1962) o Orlando Araujo(1928-1987) en las narraciones de Compañero de viaje(1970). Y ya que citamos a Oswaldo Trejo sea este el lugar para consignar que fue, desde su novela Adén lejano(1968), el autor del experimento más radical con la extraña de la palabra hecho en nuestra prosa de ficción.

Ya nos hemos referido a Antonia Palacios pero debemos indicar también la elegancia y profundidad de sus cuentos y sus elaboraciones dentro del poema en prosa.

Arturo Uslar Pietri 

Arturo Uslar Pietri fue el padre de nuestro siglo XX porque no hubo tema de nuestra contemporaneidad que no tocará, desde la literatura, el teatro, el petróleo, la economía y la politica. Fue además el principal escritor venezolano de la misma centuria. Polígrafo, como Blanco Fombona, escribió obras en todos los géneros y en cada una dejó un libro fundamental. En el cuento, su logro mas hondo, sus cuatro colecciones de cuentos son fundamentales; en la novelas especialmente en Las lanzas coloradas(1931) y La visita en el tiempo(1990). Las lanzas coloradas fue consagrada en Madrid con el premio de “El Mejor Libro del Mes”(1931), pese a ello no se imprimió en nuestro país hasta 1946; en el ensayo, donde no es fácil elegir, Las nubes(1951) pero también Fantasmas de dos mundos(1979) y Godos, insurgentes y visionarios(1985); en el teatro Chúo Gil y las tejedoras(1960), la obra dramática más universal de nuestra escena, cuyo tema es la murmuración; en poesía El hombre que voy siendo(1986); en crítica literaria Letras y hombres de Venezuela(1948) y en prosa de viajes El globo de Colores(1975).

María Calcaño 

En la poeta María Calcaño(1906-1956) encontramos a la mujer que rondó, antes que ninguna otra, los temas de la feminidad y del erotismo, sobre todo en sus Alas fatales(1935), obra de hondas resonancias, redescubierta en estos tiempos.

Miguel Otero Silva 

Miguel Otero Silva(1908-1985) fue poeta, humorista ensayista,y sobre todo novelista. En Fiebre(1939) hizo la memoria de su generación; en un segundo momento, a partir de Casas muertas(1955) y hasta Cuando quiero llorar no lloro(1970), nos ofreció un mural de nuestra vida política. Sus últimas novelas tocaron hondas zonas del ser venezolano, la violencia, en Lope de Aguirre, príncipe de la Libertad(1979), y en la última, La piedra que era Cristo(1984), en ella, al recrear la figura de Cristo, está el mensaje, testamento y manda de un humanista.

Pedro Grases

Pedro Grases(1909-2004) fue el mayor erudito de nuestro siglo XX, en sus estudios y análisis nunca dejó de cultivar la literatura y la exploración crítica, fue quien rescató la figura luminosa de Andrés Bello, su vastísimo investigar y escribir se ha reunido en los veinte y dos volúmenes de sus Obras(1981-2002).

Guillermo Meneses 

De la generación de 1928 fue Guillermo Meneses(1911-1978) quien a través de la novela, especialmente en la principal de las suyas El falso cuaderno de Narciso Espejo(1952), exploró la ciudad a través de las vivencias adolescentes, en esa novela es clara la influencia del James Joyce(1882-1941) de El retrato del artista adolescente(1924). Concibió también La mano junto al muro(1951) cuento que puede ser considerado el mayor de las letras venezolanas.

Vicente Gerbasi 

Vicente Gerbasi(1913-1992) con su poema Mi padre, el inmigrante(1945) escribió el cuarto gran poema de la lírica venezolana. La noche, la niñez y el trópico fueron siempre esenciales en él como se puede ver en su poemario Los espacios cálidos(1952).

Juan Beroes 

Juan Beroes(1914-1975) desarrolló una de las obras de mas sostenida coherencia de nuestra poesía. Clamor de la sangre(1943) es su poemario más definitorio. Ineludible al referirnos a los llamados poetas de 1942, cuya figura cenital es Juan Beroes, a Luis Pastori(1921-2013), tan proclive a las diversas formas del amor y de la amistad, destacaríamos Definitivamente enamorado(1965) o Trofeos de casa(1969).

Luis Beltrán Guerrero 

Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) más que como poeta, en verdad fue un aeda menor, aunque destacaríamos uno en prosa, su bella Oración al padre Libertador. El humanista Guerrero brilló altamente por su cultivo del ensayo y por su honda penetración crítica. Sus obras, de siempre obligatoria lectura, son Perpetua heredad(1965), Modernismo y modernistas(1978), Prosa critica(1983) y El jardín de Bermudo(1986), aunque no son pequeñas las diez y siete series de sus Candideces, publicadas a partir de 1962 y hasta su deceso. Muchas de sus más esenciales páginas están en las Candideces.

César Rengifo 

El inicio de nuestro teatro contemporáneo hay que hallarlo siempre en César Rengifo(1915-1980), su cumbre es su pieza Lo que dejó la tempestad(1961). Su obra dramática tiene la carácterística de ser una historia del país, vaciada en los esquemas del teatro, practicamente hay una pieza suya sobre cada tiempo. Fue también Rengifo destacado artista plástico.

Juan Liscano 

Juan Liscano(1915-2001) fue una figura casi inclasificable, poeta notable, de diversos registros que van desde el amor y el erotismo, nuestro mayor poemario de este género en su volumen Cármenes(1966), hasta la videncia existencial. Fue también poeta religioso, descubridor de los pálpitos del alma; crítico de obligatoria consulta siempre que se desee examinar nuestra literatura contemporánea, erotólogo muchas veces y por encima de todo un humanista, cosa que es posible ver en los últimos libros que publicó en vida.

Luz Machado

Los registros fundamentales de la poesía de Luz Machado(1916-1999) son al menos tres: los universos de su memoria, evidentes en su Canto al Orinoco(1953), el quinto gran poema de nuestra lírica; la exploración de la mujer dentro del hogar y sus faenas en La casa por dentro(1965), poemario de hondas resonancias y la urbe de nuestro tiempo, tal su espléndido poemario La ciudad instantánea(1969).

Ana Enriqueta Terán

Ana Enriqueta Terán(1918) es poeta de las pasiones de la piel y de la sangre, siempre dentro de los metros clásicos del siglo de Oro español. No es casual que su primer poemario sea Al norte de la sangre(1946).

Antonio Márquez Salas 

Aunque Antonio Marquez Salas(1919-2002) dejó de publicar en 1965, cuando imprimió su volumen recopilatorio Cuentos, es uno de los más destacados escritores venezolanos, es una figura central de la narración corta en las letras venezolanas, que fue el género que cultivó. “El hombre y su verde caballo”, “Como Dios” y “Solo, en campo descubierto” son sus piezas más importantes, esenciales dentro de la creación del género entre nosotros. Aunque halla callado tan temprano, es uno de los grandes maestros de la narración corta, dentro de su generación, la de Contrapunto, entre quienes el cultivo del cuento fue lo más esencial de su actividad, fueron ellos, como ahora lo veremos, unas de las promociones que más contribuyó al desarrollo del cuento, dejó una viva huella.

Gustavo Díaz Solis

También un maestro del relato es Gustavo Díaz Solis(1920-2012), aunque dejó de publicar en los años sesenta, es figura esencial del cuento venezolano, especialmente por “Arco secreto”, su cuento más representativo.

Alfredo Armas Alfonzo 

Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990) fue una figura central, sobre todo del relato brevísimo, especialmente en esa obra inubicable que es El osario de Dios(1969), que para nosotros es una novela, dada la coherencia de la historia que narra.

José Ramón Medina 

José Ramón Medina(1919-2010) fue el mayor poeta del grupo “Contrapunto”, con su escribir de hondo lirismo a través del cual penetran en sus obras la angustias del vivir de nuestro tiempo. Fue también destacado historiador de nuestra literatura en sus 90 años de literatura venezolana(1992), que es la tercera edicion, siempre ampliada, de sus dos volúmenes anteriores(1969 y 1981).

Juan Sánchez Pelaez

Juan Sánchez Pelaez(1922-2003), especialmente con su Elena y los elementos(1951), abrió un nuevo espacio lírico en la poesía venezolana, fue, el suyo, el libro de cabecera de una generación.

Ida Gramcko 

Ida Gramcko(1924-1994) apareció en los años cuarenta con su poemario Umbral(1942) pero dejó su huella indeleble en nuestra creación poética con su libro Poemas(1952), en el cual encontramos toda la lucidez de su decir poético. No creemos que deban dejarse se citar aquí sus Poemas de una psicótica(1964).

Salcedo Bastardo

José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005) fue sin duda el ensayista por excelencia de grupo “Contrapunto” aunque siempre cultivó la historia lo hizo con tal belleza estilística que no podemos dejarlo de mencionar aquí. Hay ensayos suyos muy bien burilados tanto en La conciencia del presente(1971) como en De la historia y de los deberes(1976). Cuando trató lo literario también nos dejó páginas representatrivas como su ensayo sobre el positivista Luis López Méndez(1863-1891), sus aproximaciones a Pedro Emilio Coll(1872-1947), su examen del estilo literario del Libertador y su penetrante estudio sobre Andrés Eloy Blanco. Su ensayo Despolitizar la historia: una tarea para el desarrollo(1973), es página central de su pensamiento.

Guillermo Morón

Aparecido en los años finales de la década del cuarenta es Guillermo Morón(1926) en cuya obra, además de la histórica, tienen importante lugar sus estudios literarios, tal sus Escritores latinoamericanos contemporáneos(1979). Morón es un destacado helenista, Sobre Griegos y Latinos(1991), siempre será obra subrayable, es la mayor suma del saber de la antigüedad pergeñado por un escritor venezolano en las últimas décadas. En su madurez cultivó la narrativa, seguramente su más significativa es El gallo de las espuelas de oro(1986) y en la narración corta Ciertos animales criollos(1985).

Francisco Herrera Luque 

La novela histórica ha sido muy cultivada entre nosotros, pero quien más se ha destacado en ella en las últimas cuatro décadas ha sido Francisco Herrera Luque(1927-1991), quien a través de las suyas nos ha ofrecido una historia novelada de Venezuela, él gustó llamarla “historia fabulada”.

Sus obra es una historia del país en clave de ficción por tocar todas sus épocas: a la conquista se refiere La luna de Fausto(1983); a la colonia Los amos del valle(1979); a la emancipación Boves, el Urogallo(1972), Manuel Piar, caudillo de dos colores(1987) y El vuelo del alcatraz(2001); al siglo XIX Los cuatro reyes de la baraja(1991) y en En la casa del pez que escupe el agua(1975), que se cierra, en el siglo XX, con la muerte de Gómez, y en su epílogo con todas las distorsiones del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Quien sucedería en el poder a los hombres de la República Civil, lo vio, con anticipación, en su novelin 1998, novela de politico-ficción, historia del hombre que ganó las elecciones de aquel año.

La crítica ha destacado como la más logrado La luna de Fausto(1983), pero, es nuestra personal opinión, que el conjunto del escribir herreriano tiene unidad plena, que es dificil señalar, si se han leído todos sus libros, cuál es la mejor, dado la perfecta arquitectura con la que dotó a toda la visión balzaciana de nuestro pasado que nos ofreció. Ha sido Herrera Luque en los tiempos recientes, en el último medio siglo, incluso después de su deceso, el escritor más leído de nuestras letras. Sólo Boves, el Urogallo(1972), su primera novela, pasa hoy del millón de ejemplares impresos.

Andrés Mariño Palacio 

Andrés Mariño Palacio(1927-1965) fue la figura clave de la literatura que tomó impulso a fines de los años cuarenta, especialmente a través del grupo “Contrapunto”. Como casi todos sus compañeros de generación cultivó el cuento, en su caso en El límite del hastío(1946). Su obra nos ofrece una honda parábola creadora. Lo esencial como creador es su novela Los alegres desahuciados(1948), la que abrió las puerta de nuestra novela propiamente urbana. Como crítico y teórico literario no fue menor Mariño Palacio, eso lo demuestran sus Ensayos(1967). Fue un espíritu prodigioso, hizo su obra entre los 17 y 21 años, enfermando mentalmente luego hasta su deceso, diez y siete años más tarde. Es, con el mariscal Antonio José de Sucre(1795-1830), con Luis López Méndez(1863-1891), con Alberto Adriani(1898-1936), uno de aquellos jóvenes iluminados quienes dejaron su huella antes de haber llegado a los cuarenta años. Pero, entre ellos, Mariño Palacio, una figura en la que aun no se ha reparado como se debiera, el más joven de todos.

Pedro Berroeta

En los años cincuenta, un hijo de la efervescencia creadora de los años cuarenta, Pedro Berroeta escribió con La leyenda del Conde Luna, su libro más representativo, a la vez la única novela fantástica de nuestra literatura. Libro hermoso y prodigioso este, inexplicablemente nunca reeditado.

Orlando Araujo

Orlando Araujo(1928-1987) dejó su huella como crítico literario, formado en la estilística, de allí su Lengua y creación en Rómulo Gallegos(1955) o en su exploración de nuestra novela y cuento en Narrativa venezolana contemporánea(1972). Pero como creador literario, sobre todo en el cuento y en el relato para niños no fue menor. Sus narraciones de Compañero de viaje son siempre destacables.

Salvador Garmendia

El primer narrador plenamente urbano de nuestra literatura fue Salvador Garmendia(1928-2001) a través de su novela Los pequeños seres(1959). No menor fue su cultivo del cuento que lo hace una de las figuras centrales del género entre nosotros. Nos legó más de doscientas narraciones breves, la más destacada es “Tan desnuda como una piedra”(1989) de sus Cuentos cómicos(1991).

Oscar Sambrano Urdaneta

Oscar Sambrano Urdaneta(1929-2011) es destacado crítico en sus incursiones en la labor creadora de Bello, su exploración, junto con Domingo Miliani(1934-2002), de las letras continentales en su Literatura hispanoamericana (1972), más que solo un manual para la enseñanza, y sobre todo en Del ser y quehacer de Julio Garmendia(1998).

Chocrón, Chalbaud, Cabrujas

Con Isaac Chocrón(1930-2011) se inicia el proceso de la modernidad plena del teatro venezolano. Ha hecho trilogía con Román Chalbaud(1931) y José Ignacio Cabrujas(1937-1995), llamados con razón la “Santísima Trinidad del Teatro Venezolano”.

Fue Chocrón, el primer dramaturgo del siglo XX venezolano, con obras esenciales como la trilogía familiar Animales ferroces(1963), Clipper(1985) y Tap Dance(1999). Siempre las relaciones entre las personas es esencial en su dramaturgia, tal La máxima felicidad(1974) y El acompañante(1978) o La Revolución(1972). Comedias, en donde el dinero es central, como O.K.(1969) o su viaje a la quinta esencia de la palabra en su Alfabeto para analfabetos(1980), que pensó titular Pequeño Chocrón ilustrado.

En Chalabud todo parece venir de la primera de las suyas Caín adolescente(1955), aunque consideramos que la esencial es Los ángeles terribles(1967)

Fundamental en Cabrujas es su teatrología de piezas de interpretación del ser venezolano: Profundo(1972), Acto cultural(1974), El día que me quieras(1979) y El americano ilustrado(1986). Obra maestra, en un acto, es Fiésole(1971), cuyo tema parece ser la memoria. Cabrujas fue también angustiado pensador de lo nacional en los ensayos de El pais según Cabrujas(1992).

La Gente de los Sesenta

Después de la mención a Salvador Garmendia, la figura central de nuestra literatura en los años sesenta, hay que citar al poeta Rafael Cadenas(1930) por su meditación existencial, al ensayista Manuel Caballero(1931-2010), profundo crítico literario aunque pocos lo hayan visto; Juan Calzadilla(1931) introductor del misterio de la metrópolis en nuestra poesía; Adriano González León(1931-2008) escritor central en País portátil(1969) y Viejo(1994), cuestista destacado, esoecialmente en Las hogueras más altas(1967) y Hombre que dabe sed(1967), donde está su mejor cuento “Madame Clotilde” y maestro de la prosa poética en Linaje de árboles(1985); Elisa Lerner(1932) nuestra mayor ensayista de sexo femenino y dramaturga más que destacada, las cuitas de las mujeres constituyen lo principal carnadura de su teatro; Guillermo Sucre(1933) notable poeta de la luz y del trópico y crítico relevante. Es imposible dejar de mencionar, porque sus obras son centrales, al crítico y filólogo Alexis Márquez Rodríguez(1931), pertinaz explorador de las palabras; a poetas como Alfredo Silva Estrada(1933-2009), Ramón Palomares(1935) o Ludovico Silva(1937-1988) crítico y pensador de excepción también.

Los de los Setenta

Miembros muy destacados de las promociones aparecidas ya en la década del setenta hay que nombrar al narrador Denzil Romero(1938-1999), al poeta Eugenio Montejo(1938-2008), al novelista, cuentista, crítico y ensayista José Balza(1939), a la novelista y cuentista Antonieta Madrid(1939) cuyo libro No es tiempo para rosas rojas(1975) tiene un puesto muy especial como testimonio de la presencia de la mujer, y de lo femenino, en nuestra narrativa. Es también uno de los primeros recuentos, sólido, en bella prosa y en mejor fabulación, de los horrores y errores de la izquierda insurgente de los sesenta. Una de las esencias de No es tiempo para rosas rojas es su canto al valor de la vida; también hay señalar que en Eduardo Casanova(1939) destacamos especialmente El arca de Daniel(1985) y Las alegres campanas de la muerte(1988) entre las más significativas, aunque su tetralogía Cuarteto en sol(1993) no dejó de ser un curioso experimento digno de mención; al autor de Rajatabla(1970) Luis Britto García(1940) no puede dejar de aparecer en este recuento, por su maestría en el relato breve; al creador de El mago de la cara de vidrio(1973) Eduardo Liendo(1941), dentro de cuya obra debe recalcarse también el valor de sus novelas El round del olvido(2003) y El último fantasma(2008), memoria, recuento crítico, de los años de la violencia armada de los años sesenta, historia de la “generación que se equivocó soñando” según el propio Liendo declaró; la segunda es el último ajuste de cuentas con el marxismo de aquellos mismos jóvenes de los sesenta; en los años finales de su vida David Alizo(1941-2008) escribió sus mejores novelas, ya cuando miró el mundo heleno, por el que siempre tuvo fascinación, especialmente en su Safo de mil amores(2005). El libro con el que cerró su peripecia No más Lily Marleen(2008) es uno de las obras universales de nuestra ficción, es relativo al holocausto nazi; al dramaturgo Rodolfo Santana(1944-2013), el más fecundo de nuestros autores teatrales, considerado la cuarta figura de nuestra escena, después, desde luego, de Chocrón, Chalbaud y Cabrujas; al narrador Francisco Massiani(1944) cuya novela Piedra de mar(1968) es ya un clásico de nuestra literatura al igual de cuentos suyos memorables como “Un regalo para Julia”(1970); a la escritora Ana Teresa Torres(1945), quien, muertos los maestros del género, es hoy la primera novelista de nuestra literatura. El ámbito de sus novelas es amplísimo pues va desde los rasgos de las vivencias familiares, como El exilio del tiempo(1990) y o el vivir de su generación en Los últimos espectadores del acorazado de Potemkin(1999); al suceder histórico en Doña Inés contra el olvido(1992), lo mujeril en Malena de cinco mundos(1993); la educación para el erotismo en La favorita del señor(2001); los horrores de una inominada urbe contemporánea en Nocturama(2006) hasta la narración policial. Terminamos los años cuarenta con el trujillano Ednodio Quintero(1947) en cuyos cuentos, la parte más sólida de su hacer, se hizo presente el sentido de saudade con el cual se miran hoy nuestros universos agrarios e interioranos cuando la mayor parte del país, el 95%, vive en ciudades y no tienen sus habitantes otras vivencias que las urbanas. Por ello, a la suyas, y a las de Armas Alfonzo las propias del neo-regionalismo.

No podemos concluir este recuento de aquellos nacidos a fines de los años cuarenta, plenamente activos en la creación literaria hoy sin registrar la aparición creadora de Michelle Ascensio(1943-2014); los universos de ficción de una cuentista del relieve, elegancia y suntuosidad como Lidia Rebrij(1948); la práctica del mini cuento en Gabriel Jiménez Emán(1949) o la exploración de los terrenos de la diversidad sexual por José Napoleón Oropeza(1949) a través de El bosque de los elegidos(1986), novela que siempre hay que destacar, además, por la excelencia de su prosa.

Los Ultimos Sesenta Años

Entre los poetas de los cuarenta que siguieron en su labor es imposible no citar por su singularidad Receso de la esmeralda(1974) de Rafael Pineda(1922-2003), poema orgánico, comentario lírico en verso de la poesía de la norteamericana Emily Dickinson(1830-1870). De igual trascendencia universal, por el humanismo que lo empapa, es El árbol de Chernoby(1989) de Lucila Velasquez(1928-2008), juicio contra la destrucción nuclear.

Pero no podemos soslayar que el último medio siglo(1950-2010) nuestra creación literaria ha seguido estando siempre activa y posee ya creadores de ambos sexos que son figuras consolidadas de nuestra literatura. Letras, ya con nombres mayores como el Hanni Ossott(1946-2002) autora del poema “Del país de la pena”(de El reino donde la noche se abre,1987), el sexto gran poema de nuestra poesía. En sus estancias está representada la Venezuela veraz y los deseos de equilibrio.

Pero no es fácil bosquejar, así lo hagamos en rápidos trazos, lo que han sido los últimos sesenta años de las letras venezolanas. Y ello por su riqueza literaria, ha significado sin duda el ascenso de nuestro proceso creador.

Hay nombres de este período de nuestra poesía imposibles de soslayar: tal Francisco Pérez Perdomo(1930-2013), especialmente en sus últimos poemarios en donde convocó sus memorias más personales; Caupolican Ovalles(1935-2001) por su Elegía en rojo a Guatimocín mi padre alias el globo(1967), una de las grandes elegías de nuestra literatura; Víctor Valera Mora(1935-1984) un poeta seguido por su poesía política, pero de quien transcenderá, por su bello registro existencial, sus versos de amor, los cantos a sus amadas; Luis Alberto Crespo(1941): por Si el verano es dilatado(1968) y por sus poemas sobre la seca tierra caroreña o Miguel James(1953) el poeta del amor, con registros más que vivientes, en nuestras letras de estos días, tal el conjunto de su hacer en Mi novia Itala come flores y otras novias(2007); tal poemas como “Amor” de Mi novia Itala come flores(1988); “Para que mi laúd eternamente le cantara” o “Cantar”, de Albenela, Tuttifrutti, Blanca y las otras(1990); “Suma de todo saber y ciencia” de La casa caramelo de la bruja(1993), todo el poema “Tiziana amor mío” o su “Oda a Noamí”. Figura, decisiva de nuestra poesía actual, es Alejandro Oliveros(1948), El sonido de la casa(1983) es destacable como también sus Poemas del cuerpo(2005).

Las Poetas

Debemos abrir aquí con Miyó Vestrini(1938-1991) quien con su poesía siempre agónica, llegó a convocar a la muerte a visitarla en uno de sus poemas más lúcidos. También fue quien primero tocó, antes que ningún otra, los asuntos que nuestra poesía femenina haría suyos.

Las poetas que mencionamos a continuación, con la presencia grande e insoslayable de la mujer son, además de Hanni Ossott, a quien ya hemos referido, a Margara Russotto(1946) siempre consumida por la pasión; Cecilia Ortiz(1951) en su merodeo del amor, “la pasión errante” para ella; Yolanda Pantin(1954), ya una figura central de nuestra poesía, tanto por El cielo de París(1989), el séptimo gran poema de la lírica venezolana; el esplendor desolado de La quietud(1998) o la forma que atisbó los días trágicos que vivimos en El hueso pélvico(2002). En Yolanda Pantin siempre están presentes ironía, delicadeza en el escribir, soledad, horror. Siempre nos ha parecido que El cielo de París podría titularse El infierno de Caracas y La Quietud más bien La inquietud, o El desasosiego que lo que siente a quien lo abandona aquel quien ama. Uno de los poemas amorosos más bellos de nuestra poesía es “Cuerpos” de su poemario Los bajos sentimientos(1993); Edda Armas(1955) quien en sus brevísimos versos nos ofrece la quintaesencia del decir poético; María Auxiliadora Alvarez(1956) por las fuerza desgarrada de sus dos primeros poemarios o Alicia Torres(1960) en su lúcido merodeo de lo mujeril.

Todas ellas son valores centrales de nuestra poesía.

El Cuento

El cuento, hay que advertirlo siempre es el género principal de nuestra narrativa. Y en este período tenemos diversos registros, e incluso aquellos que, como Lidia Rebrij, solo escriben narraciones cortas. Es imposible soslayar a Laura Antillano(1950) porque entre sus ficciones se encuentra una que es memorable “La luna no es como pan de horno”(1978), con toda su bella entonación de elegía; los cuentos de Federico Vegas(1950), una de las figuras centrales de este período, con textos a los cuales hay que atender como los que están en La carpa y otros cuentos(2008), suerte de antología de sus libros anteriores, con piezas reescritas y ampliadas; Antonio López Ortega(1957) quien tanto ha cultivado las formas de la escritura autobiográfica en sus espléndidos cuentos, llenos de poesía, se los puede seguir especialmente en el volumen Río de sangre(2005). López Ortega es un estilista al escribir, hay que situarlo en la tradición de los que mejor escriben entre nosotros, Díaz Rodríguez, Ramos Sucre, Picón Salas y Uslar Pietri; Ángel Gustavo Infante(1957) ha brillado especialmente en el cuento; Oscar Marcano(1958), nombre al que hay que atender ya hoy especialmente, con una colección de relatos premiada internacionalmente (1999): Solo quiero que amanezca(2002); Milagros Socorro(1960) honda en sus registros, con ya algunos textos, de sus libros Una atmósfera de viaje(1991) y Actos de salvajismo especialmente interesantes en su densidad existencial; Sonia Chocrón(1961), poeta de relevancia desde Toledana(1992), pero con una cierta vocación por el relato breve, que cobra singularidad en sus manos. María Ángeles Octavio(1964), por al brillo de los cuentos de su Exceso de equipaje(2004). Tampoco podemos dejar de lado las atmósferas de Salvador Fleján(1966) en su Intriga en car wash(2006). Cerramos aquí con Rodrigo Blanco(1981), ya con dos volúmenes de relatos, señal de sus dones creativos.

La Novela

En la novela es imposible no nombrar a Laura Antillano, seguramente por Solitaria/solidaria(1990); a Federico Vegas en general por las bellas suyas que van desde el registro del amor juvenil en Prima lejana(1999) o del desamor en Miedo, pudor y delite(2007), hasta el relato histórico como que encontramos en Falke(2004), esta ha sido considerada la mejor novela de los últimos veinte años; por Sumario(2010), cuidadosa reconstrucción histórica, a través de la ficción, del asesinato de Delgado Chabaud(1950) o por Los incurables(2012), en la que explora los universos de Armando Reveron(1889-1954), el mayor artista venezolano de todos los tiempos; de Milagros Mata Gil(1951) siempre nos ha inquietado la poca atención con que se han tomado sus novelas, todas magníficas, ella tiene el buril del género; Ibsen Martínez(1951) no puede ser sino leído con atención por sus dos primeras novelas. Es también dramaturgo destacado; Ajena(2001), de López Ortega, es obra siempre ha destacar, la belleza de su prosa es alta; los registros de Israel Centeno(1958) en Calletania(1992) siguen teniendo vigencia en su modo como examina nuestro contorno; es imposible no registrar Puntos de sutura(2007) de Oscar Marcano, hay que situarla dentro de las mejores novelas venezolanas; áspera e hiriente es Valentina Saa Carbonell(1959) en las suyas; La enfermedad(2005) de Alberto Barrera Tyszka(1960) fuera del interés que suscita el tema, la muerte del padre, junto a obras de Oscar Marcano y Boris Izaquirre(1965) han obtenido sonados reconocimientos internacionales; el inicio de Milagros Socorro en la novela, a través de una nouvelle, es subrayable, especialmente por el sesgo mujeril de su narración; en Helena Arellano(1963) el cultivo de la novela corta es subrayable, especialmente en A dos manos(2008) usando los modos de la prosa autobiográfica, el Diario en este caso; la Caracas pintada por Gisela Kozak(1963) posee el doble registro de la urbe que sufrimos y amamos; las tres últimas novelas de Boriz Izaguirre nos hablan de un novelista con palabra propia y sueltos instrumentos expresivos, su Villa diamante(2008) es entrañablemente caraqueña; Mónica Montañés(1966) además de narradora, sólo su libro de cuentos Veintitantos amores y pico(2004) ha tenido cuatro ediciones sucesivas y ya su segunda novela Desconocidos(2009), nos habla en un creador certero. Pero ella es además la dramaturga más montada de toda la historia del teatro venezolano por su pieza El aplauso va por dentro(1997), puesta en escena más de tres mil veces, siempre actuada por nuestra magnífica Mimi Lazo; de Héctor Torres(1968) subrayamos La huella del bisonte(2008) y de Fedosy Santaella(1970) Rocanegras (2007).

Siempre se ha usado en nuestra crítica la expresión, casi siempre no solo injusta sino superficial, “los que llegaron tarde”. Se trata de los escritores que publicaron sus obras más allá de su juventud, en la madurez plena. Caso de Denzil Romero(1938-1999). Pero también debemos nombrar a Antonio García Ponce(1929) y a Atanasio Alegre(1930) a quienes tanto interesan personajes universales; a Elisa Arraiz Lucca(1947) quien supo esperar su hora, acariciada desde muy atrás, ha dejado su huella, sobre todo con Te pienso en el puerto(2004) con tres ediciones ya; o la brillante incursión en la novela histórica por parte Italo Tedesco(1947) en Otros vendrán después de mí(2005); Francisco Suniaga(1954) logró el record, no común en un novelista venezolano, de que su primera novela, tan amada ya por los lectores venezolanas, La otra isla(2005), alcanzara diez ediciones sucesivas, esto no había sucedido desde que Herrera Luque publicó Boves, el Urogallo, hoy con veinte y seis ediciones. Suniaga es también autor de otra celebrada novela, El pasajero de Truman(2008), cuya peripecia más que histórica, que lo es, es política, con sus mil reflexiones sobre nuestra nación. Y cerramos este acelerado recuento con Gisela Cappellin(1959), la poeta de Psicalipsis(2007) y ahora narradora en los bellos novelines La cena(2009) y Primavera en Berlin(2010) y los cuentos eróticos de Espacios privados(2013), donde la sexualidad es tratada con tanta delicedeza y belleza, que hacen a estas narraciones un jalón particular en el el género en donde están inscritos. Fue ella otra escritora que esperó la plenitud vital, ya sazonada su inteligencia con sus mil lecturas y todas las fantasías de su imaginación.

Elisa Arraíz Lucca, Federico Vegas, Francisco Suniaga y Mónica Montañés son los escritores que mayor número de ediciones han alcanzado con sus obras en este período en el cual tampoco ha dejado de reeditarse una y otra vez las novelas de Herrera Luque, Francisco Massiani y Eduardo Liendo. Este es desde luego un asunto que hay que tratar con los parámetros de la sociología de la literatura, casi siempre es un asunto paraliterario: las altas ventas de estos libros. Pero sin duda estos creadores han tocado el alma de sus lectores al tratar sus asuntos inquietantes por lo cual sus libros han sido siempre tan solicitados. Es lo mismo que hay que decir del boom que ha significado la pieza El aplauso va por dentro de la Montañés, hasta su edición impresa voló de las librerías.

Junio 1,2014.

[1] Las obras de historia literaria que hemos tenido a la vista, que son las fundamentales sobre el tema, son las de Gonzalo Picóin Febres: La literatura venezolana en el siglo XIX.3ra.e. Prólogo: Domingo Miliani. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1972.447 p., su primera edición apareció en 1906; Mariano Picón Salas: Formación y proceso de la literatura venezolana. Prólogo: María Fernanda Palacios. Caracas: Monte Ávila Editores,1984. VII,348 p., esta obra fue originalmente impresa en 1940; tuvo una edición aumentada en los Estudios de literatura venezolana. Caracas: Edimer,1961. 315 p., edición, que tomando el título de la primera, es la que se imprimió en 1984; Arturo Uslar Pietri: Letras y hombres de Venezuela.2ª.ed.aum. Caracas: Edime,1958. 345 o., su primera edición fue editada en 1948; Pedro Díaz Seijas: La antigua y la moderna literatura venezolana. Caracas: Ediciones Armitano, 1966. 782 p.; Juan Liscano: Panorama de la literatura venezolan a actual. Caracas: Publicaciones Españolas, 1973.414 p.; José Ramón Medina: 90 años de literatura venezolana, 1900-1990. Caracas: Monte Ávila Editores,1993.634 p.

[2] Augusto Germán Orihuela: Desde la colina. Caracas: Ministerio de Educación, 1969. 167 p. La cita procede de la p.15

[3] Arturo Uslar Pietri: Letras y hombres de Venezuela,p.287.

[4] Arturo Uslar Pietri: Letras y hombres de Venezuela,p.26.

[5] Simón Bolívar: Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia, 1964-2011. 33 vols. La cita procede del t.XX,p.62; “Mi delirio sobre el Chimborazo” está en los mismos Escritos del Libertador,t.XXIII,p.233-234