Domingo, 25 de Junio de 2017

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Mujeres que Escriben Aquí

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Por: Roberto Lovera De-Sola

“Es la mujer quien colora y define el sentido de las sociedades humanas. Las sociedades son tan alegres, tan tristes, tan inteligentes, tan valerosas, tan frívolas, como lo sean sus mujeres”.
Arturo Uslar Pietri:
Letras y hombres de Venezuela,
Caracas: Edime,1958,p.271-271

Aunque hay que enfatizar sobre la presencia de las mujeres en la vida venezolana, que esta ha sido siempre “oculta y feliz”, como señaló para Teresa de la Parra(1889-1936)2, hay una serie de noticias que deben tenerse en cuenta aunque solo sea para señalar hitos que merecen más cuidadosa investigación, así muchos de los datos que aquí damos a conocer proceden de una cuidadosa investigación nuestra, así esta ponencia debe ser tenida como un work in progress sobre el tema y como esquema de una indagación en la que trabajamos.

La primera mujer española en pasar a tierra venezolana, lo hizo en 1534, era una viuda que se llamaba Catalina Pérez, de ello hay asiento documental3. Desde siempre habían estado las indias y pronto, se dice que hacia 1555, llegaron las esclavas negras. Fue así como surgió el crisol de razas que es Venezuela, el mundo mestizo, el “pequeño género humano” que dijo Simón Bolívar(1783-1830) en la Carta de Jamaica (septiembre 6,1815)4.

Hay que partir del hecho, también cierto y documentado, que la primera mujer que tuvo poder en Venezuela actuó en el siglo XVI, la primera centuria de nuestra existencia, porque de siglo XV, cuando se produjo el descubrimiento, solo tuvimos tres años. Esta dama fue doña Aldonza de Villalobos Manrique(c1520-1575), quien a la vez fue la primera gobernadora de la primera provincia creada en Venezuela por el rey Carlos V(1500-1558) en 1525. Aldonza estuvo a cargo de la provincia insular durante viente y tres años(1542-1565).

Hoy sabemos que la primera carta pública de una mujer conocida fue la escribió(septiembre 18,1765) Jacinta Fernández denunciando al obispo de Caracas, monseñor Diego Antonio Diez Madroñero(c1715-1769), los actos de acoso sexual de que era objeto por parte de un rico mantuano de San Mateo, don Juan Vicente Bolívar y Ponte(1726-1786), quien sería años más tarde el padre de Simón Bolívar(1783-1830)5.

Del 26 de agosto de 1785 data la expresión del concepto de la mujer que tenía don Francisco de Miranda(1750-1816), en esto y en todo siempre un adelantado, en este caso fue el primer autor venezolano en escribir sobre tópicos mujeriles. En su Diario(1771-1792) anotó aquel día:

”Cierta atención y aparente interés en nuestros asuntos han aparecido en varias personalidades femeninas y eleva, si fuera posible, la favorable opinión que siempre he tenido respecto al sexo, bueno, y ahora estoy más que nunca dispuesto a creer en la rectitud original y la bondad de sus corazones y que no se desvían nunca de esa línea si no es por la influencia de nuestro sexo, mas vicioso”6.

No nos debe llamar la atención la observación de un hombre que tan profundo trato tuvo con las mujeres, incluso en lo erótico, y más allá de ello, con mujeres intelectuales, artistas y revolucionarias. Y no nos debe llamar tampoco que el Precursor pensara esto porque estaba imbuido en una atmósfera proclive a la mujer y a lo femenino que fue propia de su tiempo. Fue en sus días en que gracias a la inglesa Mary Wollstonecraft(1759-1792), quien con su Vindicación de los derechos de la mujer(1792) dio nacimiento al feminismo, al movimiento de las mujeres. No sabemos si Miranda llegó a leer este libro, no está de hecho registrado en los catálogos de su portentosa biblioteca, sin embargo, ese mismo año fue la primera persona de nuestro mundo en proponer se otorgaran los derechos políticos a la mujer, que esta fuera considerada igual al hombre. Lo hizo al escribir(octubre 26,1792), el mismo año de la publicación de La vindicación de los derechos a la mujer de la gran Wollstonecraft, cuando él era un alto y prominente oficial de la Revolución Francesa, en el momento de escribir aquello andaba en campaña,

“Le recomiendo una cosa de mi parte, sabio legislador, ¡y son las mujeres! ¿Por qué, en un gobierno democrático, la mitad de los individuos no está directa o indirectamente representada, mientras que ellas están igualmente sujetas a la misma severidad de las leyes que los hombres han hecho a su voluntad? ¿Por qué al menos, no se les consulta sobre las leyes que les atañen más directamente como son las del matrimonio, divorcio, educación de los hijos?...Confieso que todas estas cosas me parecen usurpaciones irritantes y muy dignas de ser tomadas en consideración por nuestros sabios legisladores. Si yo tuviera aquí mis papeles encontraría algunas observaciones que he hecho sobre este mismo tema, hablando de ellos con algunos legisladores de América y Europa, habiendo convenido en su mayoría en su injusticia”7.

Ya en aquel momento en que Miranda hizo su proposición Jacinta Fernández había escrito su protesta. Y un lustro después de la proposición de Miranda, en Caracas doña Josefa Joaquina Sánchez(1765-d1811) participó en la Conspiración de Picornell, Gual y España(1797) y fue seguramente la primera mujer detenida política entre nosotros, presa de conciencia como se dice hoy.

Es el período en que ya Sor María de los Ángeles, María Josefa de la Paz y Castillo(1765-c1818) en la celda de su convento caraqueño, en la esquina de Carmelitas, escribía sus poemas místicos. Ella fue nuestra primera escritora.

El 24 de octubre de 1808, en el primer editorial de la recién fundada Gaceta de Caracas, su redactor don Andrés Bello(1781-1865), llamó a las mujeres a colaborar en ella, señal que conocía su preparación. En los sucesos del 19 de abril de 1810 actuó una mujer, Juana Antonia Díaz Padrón(17??-1814), divulgadora entre nosotros del principio politico: “Para que quiere gobierno sino escucha”8.

El 15 de febrero de 1819 en su proyecto de Constitución presentado en Angostura aquel día el Libertador presentó sus ideas sobre la educación de las mujeres. Y dos años después, el periódido fundado por él en Angostura, se refería a las necesidades de la mujer9, alli se proponía además de darles mejor educación, inlcuso concederles el divorcio, asunto ya propuesto por Miranda muchos años antes.

Y tras la guerra fueron varias las iniciativas de Bolívar al respecto, novedosas todas en su tiempo, como lo fue su proposición de educar bien a las madres, paso previo para que recibieran los hijos buena formación, propuesta en 1819 en su proyecto de la “Cámara de educación”, presentado en Angostura.

Y en todo el tejido de la revolución las mujeres estuvieron presentes, entre otras cosas, empujando a maridos, hermanos, esposos o novios a incorporarse al combate por nuestra libertad. Y en la hora aciaga de 1828 fue una mujer la que salvó la vida del Héroe en la noche septembrina, Manuelita Saenz(1797-1856).

De 1830 data el primer escrito impreso de una mujer venezolana, rescatado por Mirla Alcibiades(1953)10, es el poema “Lamentos de Colombia” de Maria Josefa Acevedo, publicado en El Fanal, de Caracas, periódico que dirigia Tomás Lander(1787-1845)11.

De 1836, cuando ya teníamos la poemas de Sor María de Los Ángeles, unas cuartetas de María Josefa Sucre y el poema de María Josefa Acevedo, fue escrito el primer poema de amor pregureñado por una mujer venezolana, son los desolados versos, parece un bolero, de María Antonia Bolívar Palacios(1777-1842), la hermana mayor del Libertador, a su joven amante José Ignacio Padrón, de 22 años, lo escribió cuando este la dejó. Lo titulamos con su primer verso: “Ignacio, no me es posible”. Este texto ha sido descubierto hace poco en un archivo por la historiadora Inés Quintero(1955), quien lo publicó12.

De 1839 data un escrito que se ha prestado a controversia, se ha dicho, por Mirla Alciabiades, que es de factura masculina13, fue exhumado gracias a la paciencia de María Eugenia Diaz(1949)14. Apareció en la importante revista caraqueña La Guirnalda(agosto 18,1839), la que dirigía nuestro humanista José Luis Ramos(c1790-1949), fue impreso bajo el seudónimo de A.M.O.R. Y tiene un especial valor, doble diríamos nosotros, porque es evidente la necesidad que tuvo su autora de escribirlo, nosotros creemos que lo hizo una mujer por su énfasis, quien se escondió tras el seudónimo, el artículo a la vez nos muestra su honda comprensión de lo social de quien lo escribió: pide mejor educación para las mujeres, deja claro la conciencia social de nuestras mujeres, un hecho permanente en nuestras féminas porque nuestros primeros escritos femeninos lo son: Jacinta Fernández primero y Josefa Gedler después protestan contra los abusos. Y A.M.O.R. pide mejor educación para la mujer. En esto es bueno advertir que la educación de la mujer la había iniciado el canónigo Simón Malpica(1714-1776) al abrir un colegio para niñas en Caracas, en 1768. Y a poco, en el campo de la educación pública, don Simón Rodríguez(1769-1854), ¡quién más!, había presentado,en 1793, al Cabildo de Caracas, un proyecto para abrir una Escuela Pública para niñas(noviembre 11,1793)15.

Pasaron los años hasta que otra mujer, Josefa Gedler, de la que sabemos muy poco, publicó el primer libro que una mujer imprimió en Venezuela, en él defendió sus bienes de manos masculinas. Tal su folleto, el primero de tres pero que forman una unidad, La opinión pública juzga siempre a los hombres por sus propios hechos16.

Mientras se sucedían los días los textos literarios de las mujeres aparecieron en nuestras revistas y periódicos, casi todos recopilados por María Eugenia Díaz en su gran suma, que es la antología que formó parte de su tesis de licenciatura, este es libro que amplió nuestro conocimiento del proceso literario femenino entre nosotros, y desde luego de nuestra propia literatura, la mayor parte de sus textos pesquisados fueron impresos en revistas y periódicos del país, entre 1839 y 1899, muchos de estos nombres eran desconocidos por los lectores y estudiosos de nuestras letras hasta ahora17. Allí presenta el examen de las ochenta y tres escritoras halladas en su pesquisa, cada una de las cuales ha sometido a cuidadoso análisis, obra por obra. Y su conclusión es que entre todas ellas hubo siete fundamentales, cuyo estudio es necesario subrayar: Lina López de Aramburu, Antonia Esteller(1844-1930), sobrinabisnieta del Libertador, Concepción Acevedo de Tailhardt(1858-1953), Polita de Lima(1869-1944), Carmen Brigé, Ignacia Pachano de Fombona, quien usó el seudónimo de Blanca, madre de nuestro alto poeta Jacinto Fombona Pachano(1901-1951), Margarita Agostini de Pimentel, quien usó el seudónimo de Margot, madre de esa gran figura de nuestro humorismo que fue Job Pim, Francisco Pimentel(1889-1942). Blanca y Margot, a quienes ya hemos citado, a veces escribieron a cuatro manos, María Eugenia Díaz nos ofrece muestras de su trabajo en común. Y a quien le parezca que falta en esta nómina Virginia Gil de Hermoso(1856-1913) debemos decirle que aquí está estudiada(p.443-460) y si no profundiza en sus novelas es por el hecho de haber sido impresas estas en el siglo XX. Pero fue ella la primera novelista venezolana en lograr amplio eco para sus novelas sentimentales, con su lectura lloraron nuestras abuelas.

En 1885 se produjo un hecho signficativo. Fue el momento en que Zulima, Lina López Aramburu, publicó el primer libro literario concebido por una mujer, fue su pieza María o el despotismo, obra coetánea con su novela El medallón. María o el despotismo pudo imprimirse gracias al apoyo que dio a su autora el presidente Antonio Guzmán Blanco(1829-1899)18 María o el despotismo fue la primera novela publicada por una mujer aquí.

Hay que agregar en esta exposición una acotación relativa a dos novelas publicadas en 1885: es correcto decir que Rosina Pérez, fue un seudónimo del doctor Antonio Parejo(c1830-1900), lo usó en sus novelas Historia de una familia(1885) y Guaicaipuro(1886), por lo tanto nuestra primera novelista es Zulima y no Rosina Pérez, aunque hayan publicados sus novelas el mismo año, 1885. Por cierto, el doctor Parejo es una altísima figura venezolana del siglo XIX. Al historiador Rafael Armando Rojas(1913-2006) debemos una semblanza de Parejo. Pero la autoría de las novelas de Parejo quedó un poco en la penumbra hasta su registro en el Diccionario de Historia de Venezuela, aunque nosotros siempre escuchamos la referencia de nuestros profesores: don Pape Fabbiani Ruiz(1911-1975) lo decía en sus tertulias con nosotros, también se lo oímos decir a Osvaldo Larrazabal Henrríquez(1926-2011), autoridad indisputada en la novela venezolana del siglo XIX, autor del único libro de conjunto sobre este género de nuestra literatura19.

A Zulima le siguió todo el trabajo de la guayanesa de Utapa, Concepción Acevedo de Taylhardat(1858-1953), poeta, la primera mujer en dirigir un periódico en Venezuela, Brisas del Orinoco(1888).

Y como siempre los hombres va a estar inmersos en proceso de lo mujeril, porque todo lo femenino atañe también al hombre, por ser hombres y mujeres concavo y convexo. Por ello nos encontramos en 1878 con los juicios de don Cecilio Acosta(1818-1881), los propios de un hombre cuya relación con las mujeres fue diáfana, juicios tan distintos como poco explorados en sus escritos, distintos a varios que cita, criticando a don Cecilio, Elías Pino Iturrieta(1944) en su libro sobre la mujer20. Tal lo que expresó don Cecilio:

“Algún día, cuando la civilización haya derramado todos sus dones adquiridos, y nosotros la hayamos enriquecido a ella con sus dones naturales, la belleza venezolana, ora en los salones, ora en el hogar, será el modelo de las bellezas, y Venezuela la gran galería de las bellezas del mundo21.

El vaticiano ceciliano llegó a la universalidad, se hizo verdad, el día 20 de octubre de 1956 en que Susana Dujim(1936), de veinte años, fue electa “Miss Mundo” en Londres, hecho que se hizo patente en la hora del 20 de julio de 1981 en que Irene Saez Conde(1961), de veinte años, fue electa “Miss Universo” en Nueva York. Se demostró así que la belleza siempre tiene sus fueros y que ser bella es un valor que sólo algunas mujeres poseen, la cual las define y las privilegia. Por cierto que el humanista que escribió aquellas páginas, en especial una singularísima, “Una morena”, nunca puede ser tratado, como se ha hecho, de ser considerado personas que no gustó de las mujeres, por el hecho de permanecer toda su vida soltero, sus meditaciones sobre la mujer y lo femenino nos lo muestran como hombre de hondo y sensual trato con las mujeres, sus escritos así nos lo indican. Porque como escribió Teresa de la Parra en su primera novela, Ifigenia(1924),

”sin duda ninguna, que la presencia de una mujer bonita, basta y sobra para transformar los mas horribles sufrimientos en raudales de alegría y de felicidad”22.

Y esto porque como lo dijo la misma Teresa, también en Ifigenia, a través del inolvidable tío Pancho, partidario de las mujeres,

”la fortuna mas preponderante que haya tomado hasta ahora sobre la tierra autocracia, o despotismo humano es ésa: el gobierno de una mujer bonita. ¡Ah! ¡qué poder sin límites¡ ¡qué sabiduría de mando¡ !qué genial dictadura¡, a cuya sombra han florecido siempre todas las artes, y aquella ciencia humilde y bellísima, que consiste en descubrir a los ojos de nosotros los hombres, nuestro innato servilismo de perro, siempre dispuesto a lamer la mano que los castiga”23.

¿Y no sería nuestro gran pensador Luis López Méndez(1863-1891) el primero en hablar aquí del voto femenino, tan temprano como en 1888,24? Por cierto,los renglones del positivista no han sido bien entendidos en nuestro tiempo por no haberlos situado en su espacio y tiempo, el único lugar al cual pertenecemos los seres humanos. De ello en su artículo se tocan, dentro de la levedad del ensayo, todos los asuntos que nuestras feministas contemporáneas debieron afrontar. ¡Y grande anticipación!.

Después vino el grupo femenino de escritoras de Coro que nunca antes tuvo Venezuela. Lo encabezó Polita de Lima(1869-1944). Pero entre ellas estuvo también Virginia Gil de Hermoso(1856-1913), la primera mujer novelista en tener largo eco con sus novelas en el país y quien escribió nuestra primera novela social que no llegó a publicar en vida, se imprimió muchas décadas después de su deceso. Nos referimos a El recluta.

De los años siguientes al grupo de Coro fueron Mercedes Pérez Freites(1885-1921), en verdad Mercedes Guevara Rojas de Pérez Freites, la aparición de nuestra figura mayor: Teresa de la Parra, quien con su Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, el que fue nuestro primer libro feminista, redactado en París en 1929, leído en Bogotá en 1930 como conferencias, impreso por vez primera, como Tres conferencias inéditas, en 1961 y más tarde, desde 1965, impreso con su verdadero título25.

Las mujeres estuvieron presentes en el movimiento de la Semana del Estudiante en 1928 y activas en los siguientes siete años. Estos han sido unos años que apenas han sido explorados, en él se abrió el primer bachillerato femenino, los primeros cursos de formación de las mujeres, registrados en la prensa de esos años, como por ejemplo en la Gaceta de América. También se publicó, en Elite, la página femenina, “Al encuentro de la mujer venezolana” que redactó Maruja Llanos, seudónimo de nuestra novelista Trina Larralde(1919-1937)26.

Por ello no estaban nuestras féminas faltas de palabras cuando a los trece días de la muerte del general Juan Vicente Gómez(1857-1935) enviaron su célebre Mensaje de las mujeres al general López Contreras(diciembre 30,1935), que es el primer documento feminista de la historia de Venezuela. Ese día pidieron tanto por las mujeres como por niños.

Allí se inició la gran lucha: obtención de los derechos civiles(1942), de los políticos(1947) y del derecho al voto(1946). Allí todas estas mujeres se desdoblaron porque fueron seres de actividad cívica, luchadoras a favor de la mujer y del niño, activistas culturales y literarias.

De esa misma década fue un decisión fundamental del gobierno, obra del ministro de Educación, Rafael Vegas(1908-1973): el establecimiento de la educación mixta, la cual abrió las puertas de liceos y universidades a las mujeres. De esta decisión nos viene la importante presencia de la mujer en la vida venezolana que vivimos.

Novelas Escritas por Mujeres
Nos referimos aquí a la novela escrita por mujeres, no porque desdeñemos los otros géneros, tan cultivados por las mujeres, sino porque en este trabajo sentimos que la novela se enlaza muy bien con lo que hemos venido exponiendo.

A la hora de hablar de la presencia de la mujer en la literatura venezolana no creemos que podamos dejar de detenernos ante lo hecho por ella en el campo de la novela.

Son las de ellas, es obvio, novelas escritas por mujeres, mirada la realidad a través de sus delicados ojos, asunto sin duda puesto a andar desde que se publicó la primera escrita por una mujer en Venezuela, en la octava década del siglo XIX, nos referimos a El medallón de Lina López de Aramburu, quien firmó toda su obra con el seudónimo de Zulima, ella fue también fue autora de dos novelas más y de la pieza teatral María o el despotismo, que fue el primer libro literario de una mujer editado en el país. La otra novela concebida por una mujer del siglo antepasado fue Castigo o redención, de María Navarrete, quien perteneció al importante grupo de escritoras de Coro27, que lideró Polita De Lima(1869-1944), estas, “las muchachas corianas, como fueron llamadas por el escritor Manuel Vicente Romerogarcía(1965-1917), fue la primera peña literaria formada por mujeres que registran nuestros anales literarios, nació en Coro 1890 con la publicación de la revista Armonía literaria28.

Y hacemos esta referencia entre otras cosas porque como lo hemos observado en algunos de nuestros apuntes de lector si se ponen una al lado de la otra las novelas escritas por creadoras venezolanas en el siglo XX, cuando ya el género se vertebró en las manos de nuestros escritores hombres y mujeres, si se organizan las escritas por mujeres no en el orden en que fueron publicadas sino de acuerdo a los pasos de nuestro vivir de ayer y de hoy tendríamos una historia del país y de la mujer venezolana. Esto lo observamos desde cuando nos damos cuenta de las cuitas románticas de sus protagonistas que pintó tan bien Virginia Gil de Hermoso, en sus románticas y lacrimosas novelas, fue ella además la primera novelista venezolana, a principios del siglo XX, en lograr amplio eco con sus narraciones Incurables y Sacrificios, novelas en cuya lectura lloraron en su tiempo nuestras abuelas, las bisabuelas de nuestras hijas29. Pero ya había en Virginia Gil de Hermoso, otra de las mujeres del grupo mujeril de intelectuales de Coro, lo cual no es casual, un hecho fundamental en el desarrollo de las letras nuestras escritas por mujeres: sentir lo grave de nuestra realidad social, evidente en su novela El recluta, que de haberse publicado en sus días, y no sesenta y cinco años después del deceso de su autora, hubiera sido la iniciadora el la novela social venezolana escrita por mujeres, en ella trató un gravísimo problema social de los días de las guerras civiles, la recluta. Por ello nuestra novela social escrita por una mujer se inició en un pasaje de Ifigenia de Teresa de la Parra cuando María Eugenia Alonso, caminando por La Pastora, le pide al entrañable tío Pancho le enseñe Caracas tal cual es, incluso sus lugares más pobres,

“Llévame por las calles más viejas, tío Pancho, llévame por las más pobres, por las más feas, por las más sucias, por las más tristes, que quiero conocerlas todas ¡todas!”30. Incluso fue Teresa, seis años más tarde, la que escribió en su Influencia de las mujeres en la formación del alma americana nuestro primer libro feminista, el volumen fue redactado en 1929, leído como conferencias en Bogotá en 1930, sólo impreso en 1961.

Y se seguimos a vuelo de pájaro fue Teresa de la Parra quien escribió en Ifigenia la primera historia de amor de nuestra literatura, recuento de un amor frustrado. Pero nuestra gran Teresa a la vez nos mostró la sociedad caraqueña bajo el gomecismo, y el lugar que ocupaba la mujer en ella. Y en Las memorias de mamá Blanca(1929) pintó nuestros ámbitos del siglo XIX, tiempo desaparecido ya para entonces, por lo que esta novela impar es una elegía en prosa. Esas mismas memorias, hechas con saudade, no las brindaría también Antonia Palacios(1904-2001) en Ana Isabel, una niña decente(1949) para nuestro gusto la mejor novela venezolana de los años cuarenta, hija legítima, otra vez, el ficcionalizar de Teresa de la Parra, con quien empezó todo en nuestras letras escritas por mujeres.

Y fue Teresa de la Parra la inspiradora de lo que vino después de ella. Le siguieron, antes de Antonia Palacios, Ada Pérez Guevara(1905-1997) mostrando en Tierra talada(1937) los ideales y proyecto de nuestra primera generación de mujeres activistas, la que apareció el 30 de diciembre de 1935, a trece días de la muerte del tirano, con su célebre Mensaje enviado al presidente Eleazar López Contreras(1883-1973), su significado ya lo hemos señalado. Dee hecho el año 1937 debe ser señalado como significativo, fue el mismo en que apareció la primera novela, Los bezos, de Lucila Palacios(1902-1994), un libro aun imperfecto.

Y tras Ada Pérez Guevara vimos aparecer la realidad vista con ojos críticos y mirando el interior de sus criaturas y sus conflictos en Guataro(1938) de Trina Larralde(1909-1937); la protesta de aquella que no quería ser solo ama de casa, en Tres palabras y una mujer de Lucila Palacios(1902-1994), acusada de ofrecer un “feminismo desquiciado”, pero en donde se desarrolla una honda conciencia social, de hecho fue la primera vez que un aborto apareció en nuestra ficción. Y vino más tarde la tragedia de la incomprensión matrimonial ya en los cincuenta en Amargo el fondo(1957) de Gloria Stolk(1912-1979). Y estos son apenas algunos ejemplos antes que la brújula creadora cambiara y entrara en los nuevos senderos en que hallamos ya en 1971 como la primera novela de Laura Antillano(1950) La muerte del mounstru-come-piedra, en 1975 No es tiempo para rosas rojas de Antonieta Madrid, desde 1989 en los universos de una estupenda novelista hasta ahora poco atendida como lo es Milagros Mata Gil(1951) o la extensa parábola que significan los ámbitos imaginarios de Ana Teresa Torres(1945), nuestro mayor novelista hoy. Todo el proceso descrito nos muestra como nuestras escritoras desde 1937, cuando se publica Tierra talada de Ada Pérez Guevara, pasaron de un vivir represivo al mundo liberado, engendrado sin duda por las vivencias libertarias de los años sesenta31.

Para una Bibliografía Mujeril
Un estudio del asunto que hemos tratado cuenta hoy con significativas obras, escritas la mayoría por mujeres y por algunos hombres. Algunas las enumera Pino Iturrieta en la primera edición de sus Ventaneras y castas, diabólicas y hermosas, continúa el registro en la segunda aparición de su obra.

No hay que dejar de lado los tres singulares textos de don Cecilio Acosta: “La mujer”, “Ella es”, “La mujer venezolana” y el sustancialísimo “Una morena”, ninguno de los cuales Pino Iturrieta llegó a conocer, si lo hubiera hecho su juicio sobre don Cecilio hubiera muy distinto del que ofrece, basado en el examen de un solo texto32; fijarnos más en el de Teresa de la Parra, Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, pese a ser uno de los grandes ensayos de nuestras letras, es poco conocido aun pese a sus varias ediciones (1961,1965,1982,1991,1992). Le siguen los escritos históricos sobre la mujer en el pasado y sus luchas en el presente que debemos a Carmen Clemente Travieso(1900-1983), Trinita Casado, Antonio Reyes(1901-1973), Irma De Sola Ricardo(1916-1991), quien recató para historia de las mujeres el nombre de doña Juana Antonia Díaz Padrón, borrado de ella por la misoginia masculina de Laureano Villanueva(1840-1912)33; Lyll Barceló (1947-2008)34, preparado junto con Irma De Sola Ricardo, primera muestra en donde se pudo evidenciar el talento y el trabajo intelectual de la mujer venezolana en los siglos XIX y XX; la antología de Oscar Sambrano Urdaneta(1929-2011): Por mano de mujer, la primera muestra de nuestra poesía escrita por mujeres; El mito de Orestes. de Fernando Valarino(1934-1985), hondo acercamiento a los que plantea a la sociedad venezolana la figura de la madre, lo que nos hace una sociedad “matricentrista”, terminó distinto al de matriarcado. Nuestro matricentrismo fue expuesto por el psiquiatra José Luis Vethencurt(1924-2008); es ello lo que nos hace una “matria” como lo demuestra el estudio del sociólogo padre Alejandro Moreno Olmedo(1934) y la pieza “Matria” del dramaturgo José Tomás Angola Heredia(1961). Le siguen los cojos libros de Rafael Ernesto López: Dios es mujer seguido por Y… el diablo también es una mujer, lo cual implica un retorno, con ropa científica, a tesis del siglo XIX sobre la inferioridad de las mujeres; y el también el gran galimatías, lleno de confusiones, que es el de Fernando Risquez: Aproximación a la feminidad. Hay que anotar el artículo de Francisco Herrera Luque “La fabula del poder y de la mujer en Venezuela”, redactado a pedido de las dirigentes del grupo feminista La mala vida, Giovanna Mérola(1947-2003) y María Teresa Obligastri, quienes lo publicaron en su revista(La mala vida, Caracas, n/ 5,1984,p.6-7); La mujer en la vida nacional y en la prensa; de Yolanda Ramón Vaello(1961); las historias mujeriles de quien esto escribe en Lo masculino y lo femenino entrelazado; El discurso de la otredad, de Luz Marina Rivas, sobre nuestras cuentistas de las décadas del treinta y cuarenta del siglo XX, período de especial vigor del género concebido por mujeres; el libro por varios autores sobre lo femenino compilado por Silda Cordolini: Diosas, musas y mujeres; la vasta obra La mujer en la historia de Venezuela, obra colectiva dirigida por la abogada Ana Lucinda García Maldonado; las biografías de nuestras mujeres, desde 1499, con Isabel Ojeda, nuestra Malinche, a la cabeza, hasta el siglo XXI, obra de Cristina Guzmán y Silda Cordoliani: Cien mujeres y más; el estudio psicoanalitico sobre la mujer de Ana Teresa Torres en sus Historias del continente oscuro.

Y, desde luego, el vastísimo proceso del escribir femenino en la literatura venezolana. Todo es historia viva del presente. 

1 Ponencia leída en el Primer Encuentro de Literatura y Arte contemporáneo venezolano, celebrado en la Universidad Metropolitana, Caracas, la mañana del miercoles 16 de octubre de 2013. Organizó y dirigió este evento la profesora y escritora Ana María Velazquez.

2 Teresa de la Parra: Influencia de las mujeres en la formación del alma americana. Estudio preliminar:: Roberto Lovera De-Sola. Caracas: Fundarte, 1991.126 p. La cita procede de la p.59.

3 Dato tomado de José Eliseo López: La emigración desde la España peninsular a Venezuela en los siglos XVI, XVII y XVIII. Caracas:: Universidad Central de Venezuela, 1999.2 vols. El dato está en el t.I,p.303.

4 Simón Bolívar: Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2011. 33 vols. La cita procede del t.VIII,p.232.

5 La carta está en Alejandro Moreno Olmedo: Pastor celestial, rebaño terrenal, lobo infernal. Expediente de don Juan Vicente Bolívar. Prólogo: Elías Pino Iturrieta. Caracas: Bid and Co.Editor, 2006. 258 p. La carta está en las p.95-98.

6 Francisco de Miranda: Colombeia. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1978-2006. 20 vols. La cita procede del ,t.III,p.469.

7 Francisco de Miranda: Colombeia,t.X,p.275-276.

8 Augusto Mijares: “Los oidores del Monteverde” en Lo afirmativo venezolano.3ra.ed.aum. Caracas: Dimensiones, 1980,p.97-101.

9 Anónimo: “El bello sexo”, Correo del Orinoco, Angostura: enero 20, 27 y febrero 3,1821.

10 Mirla Alcibiades: La heroica aventura de crear una república. Familia.nación en el ochoicientos venezolano(1830-1865). Caracas: Monte Ávila Editores/Celarg, 2004. XVII,409 p. El dato está en la p.276.

11 María Josefa Acavedo: “Lamentos de Colombia”, en El Fanal, Caracas: marzo 31,1830,p.117.

12 Inés Quintero: El fabricante de peinetas. Ültimo romance de María Antonia Bolívar. Caracas: Alfa, 2011. 223 p. El poema está en las p.152-154.

13 Mirla Alcibiades: La heroica aventura de construir una república,p.158.

14 María Eugenia Díaz: Escritoras venezolanas del siglo XIX. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana, 2009. XIV,621 p. Ver: A.M.O.R.: “La educación del bello sexo”(,p.89-94).

15 El documento lo publicó Gustavo Adolfo Ruíz: Simón Rodríguez, maestro de la Escuela de Primeras Letras. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1990. 301 p. Está en la p.247.

16 Josefa Gedler: La opinión pública juzga siempre a los hombres por sus propios hechos. Caracas: Imp. de Tomás Antero,1840. 52 p.

17 María Eugenia Díaz: Escritoras venezolanas del siglo XIX,p.89-602.

18 Lina López de Aramburu, Zulima: María o el despotismo. Caracas: Imp. Nacional, 1885. 62 p.; Lina López de Aramburu: Zulima: El medallón. Caracas: Imp. Nacional, 1883. 164 p.

19 Rosina Pérez: Historia de una familia. Caracas: Alfred Rothe.1885. 211 p.; Rosina Pérez: Guaicaipuro. Caracas: Alfredo Rothe,1886. 206 p.; Rafael Armando Rojas: “Antonio Parejo” en Rafael Fernandez Heres:Los fundadores. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1988,p.313-323; Varios Autores: Diccionario de historia de Venezuela.. 2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Polar, 1997. 4 vols. Ver en este caso ,t.III,p.500; Osvaldo Larrazabal Henrríquez: Historia y crítica de la novela venezolana en el siglon XIX. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1980. 303 p.

20 Elías Pino Iturrieta: Ventaneras y castas, diabólicas y hermosas.2ª.ed. Caracas: Alfa,2009.158 p.

21 Cecilio Acosta: Obras completas. Caracas: La Casa de Bello,1982. 2 vols. Ver “La mujer venezolana”(1878), t.II,p.443-445. La cita procede de la p.445. Es más que significativo el otro escrito de don Cecilio titulado “Una morena”(t.II,p.445-447). De la misma manera debe verse con atención: “Berta Baldi(t.II,p.241-244), “La mujer”(p.298-301) y “Ella es”(p.436-443.

22 Teresa de la Parra: “Ifigenia” en su Obra escogida, t.I,p.156.

23 Teresa de la Parra: “Ifigenia” en Obra escogida,t.I,p.96.

24 Luis López Méndez: Moisaco de politica y literatura. Bruselas: Alfred Vromant & Cia.,¿1890?. XII, 388 p.

25 Teresa de la Parra: Tres conferencias inéditas. Caracas: Ediciones Garrido,1961.158 p.

26 Hemos podido ver la entrega de esta columna correspondiente a diciembre 15,1934,p.73-74, en la cual recogió un testimonio de una jovencita de 18 años: Irma De Sola Ricardo, el recorte está en su archivo, allí pudimos leerlo,.

27 María Navarrete: Castigo o redención. Maracaibo: Tipografía de Los Ecos del Zulia,1894. 74 p.

28 Manuel Vicente Romerogarcía: “Las muchchas de Coro” revista Cosmopolis, Caracas, n/ 8,1894,p.109-113.

29 Virginia Gil de Hermoso: Sacrificios. Barcelona: Toribio Taberner, 1911. 313 p. ;Incurables;Barcelona: Toribio Taberner, 1915. 313 p.; El recluta. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Falconianos, 1978. 191 p.;2ª.ed.Prólogo:Velia Bosch. Caracas: Seleven, 1980. 250 p.

30 Teresa de la Parra: Obra escogida. Edición y prólogo: María Fernanda Palacios. Caracas: Monte Ávila Editores, 1992. 2 vols. La cita procede de. “Ifigenia”(t.I,p.86).

31 Damos las novelas citadas en el orden cronológico de su aparición: Ada Pérez Guevara:Tierra talada. Carcas: Tip. La Nación, 1937. 203 p.; Lucila Palacios: Losa buzos. Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas, 1937. 512 p.; Trina Larralde: Guataro. Santiago de Chile: Ediciones Ercilla, 1938. 272 p.; Lucila Palacios: Tres palabras y una mujer. Caracas: Asociáción Cultural Interamericana, 1944. 146 p.; Antonia Palacios: Ana Isabel, una niña decente. Buenos Aires:Losada, 1949. 216 p.; Gloria Stolk: Amargo el fondo. Caracas: Tip. Vargas, 1957. 201 p.;; Laura Antillano: La muerte del mounstruo-come-piedra. Caracas: Monte Ávila Editores, 1971. 158 p.; Antonieta Madrid: No es tiempo para rosas rojas. Caracas: Monte Ávila Editores,1975. 184 p.; Milagros Mata Gil: La casa en llamas. Caracas: Fundarte, 1989. 261 p.; Ana Teresa Torres: El exilio del tiempo. Caracas: Monte Ávila Editores, 1990. 263 p.

32 Cecilio Acosta: Obras completas,t.II,p.298-301,436-447.

33 Irma De Sola Ricardo: “Juana Antonia Diaz Padrón, prócer civil del 19 de abril de 1810”, en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, n/ 126 (1980), p.73-84. Ver tambien sobre ella Marcos Falcóin Briceño: “Una mujer en el 19 de abril de 1810” en sus Notas históricas. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1989,p.167-169, trabajo que sirvio a Irma De Sola Ricardo de punto de partida para su indagación.

34 Carmen Clemente Travieso: Luisa Cáceres de Arismendi. Caracas: Tipografía La Nación, 1942. 50 p.; Carmen Clemente Travieso: Mujeres venezolanas y otros reportajes. Caracas: Ávila Gráfica,1951. 183 p.; Carmen Clemente Travieso: Las luchas de la mujer venezolana. Caracas: Agrupación Cultural Femenina, 1962. 36 p.; Carmen Clemente Travieso: Mujeres de la Independencia. México: Talleres Gráficos México, 1964. 364 p.; Carmen Clemente Travieso: Teresa Carreño. Caracas: Editorial Universitaria, 1970. 169 p.; Trinita Casado: Medallones venezolanos. Caracas: Tip. Vargas,1951.135 p.; Antonio Reyes: “Influencia de la belleza femenina en la historia y economía venezolana” en sus Obras completas. Madrid: Afrodisio Aguado, 1959, p.681-698, volumen en donde están también sus muchos estudios sobre mujeres universales; Irma De Sola Ricardo: Las mujeres tenemos vocación de servicio. Caracas: Italgráfica,1973. 19 p.; Irma De Sola Ricardo: María Antonia Bolívar, mujer brújula de la patria. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal, 1973. 19 p.; Fernando Valarino: El mito de Orestes. Caracas: Editorial Médica Venezolana,1975. 134 p.; Irma De Sola Ricardo/Lyll Barceló: Catálogo de la exposición La mujer en letras venezolanas.Caracas: Congreso de la República, 1976.176 p.; Oscar Sambrano Urdaneta: Por mano de mujer. Barquisimeto: Ateneo de Boconó,1980.207 p.; Fernando Risquez: Aproximación a la feminidad. Prólogo: Juan Liscano. Caracas: Monte Ávila Editores, 1983. 212 p.; Yolanda Ramón Vaello: Las mujeres en la vida nacional y en la prensa. Caracas: Editorial Arte,1985. 129 p.; Rafael Ernesto López: Dios es mujer. Caracas: Planeta,1986. 197 p.; Rafael Ernesto López: Y el diablo también es mujer. Caracas: Planeta, 1990. 212 p.; Luz Marina Rivas: El discurso de la otredad. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1992; Roberto Lovera De-Sola: Lo masculino y lo femenino entralazado. Caracas: Pomaire/Fuentes, 1992.262 p.; Silda Cordoliani: Diosas, musas y mujeres. Caracas: Monte Ávila Editores,1993.134 p.; Elías Pino Iturroeta: Ventaneras, castas, diabólicas y hermosas. Caracas: Planeta, 1993. 145p,; 2ª.ed. Caracas: Alfa, 2009. 158 p..; Ana Lucina García Maldonado y otros: La mujer en la historia de Venezuela. Caracas: Congreso de la República, 1995. XXXV,480 p.; Ildefonso Leal: “La educación de la mujer en la época colonial venezolana” en El primer periódico de Venezuela y el panorama de la cultura en el siglo XVIII. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2002,p.111-203; Alejandro Moreno Olmedo: “Solo la madre basta” en Varios Autores: Venezuela siglo XX: visiones y testimonios. Caracas: Fundación Polar., 2003, t.I,p.65-97;Cristina Guzmán/Silda Cordoliani: Cien mujer y más. Caracas: Banco del Caribe, 2007. 151 p.; Ana Teresa Torres: Historias del continente oscuro. Ensayos sobre la condición femenina. Caracas: Alfa, 2007.348 p.