Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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Miranda y los Judíos

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Nos da gusto reunirnos en esta sesión de nuestro Círculo de Lectura y recibir en él a José Chocrón Cohen, el autor de La identidad secreta de Francisco de Miranda(Caracas: Alfa, 2011.233 p.), volumen que nos va a permitir por vez primera en nuestras tertulias referirnos a don Francisco de Miranda(1750-1816), uno de los hombres polos de Venezuela, una de sus ocho grandes figuras, al menos hasta el comienzo del siglo XX, los nombramos cronológicamente, tras Miranda, Juan Germán Roscio(1763-1821), Miguel José Sanz(1756-1814), Simón Rodríguez(1769-1854), Andrés Bello(1781-1865), Simón Bolívar(1783-1830), Antonio José de Sucre(1795-1830) y Teresa Carreño(1853-1917), la primera mujer prominente de nuestro devenir.

El Primero que lo Hizo Todo
Miranda ha sido llamado el Precursor y en él los venezolanos, con nuestro excesivo gusto solo por los héroes de la espada y por el militarismo, hemos omitido que Miranda fue mucho más. Fue, desde luego, el pionero, fue más que el Precursor el “inventor” de la Independencia hispanoamericana, que dijo el doctor Carracciolo Parra Pérez(1888-1964), uno de sus grandes estudiosos(Discursos. Madrid: Altamira Artes Gráficas,1961,p.382).

Pero Miranda fue mucho más, fue el primero que lo hizo todo. Y ello no lo hemos querido ver bien ni los latinoamericanos ni los venezolanos. De hecho fue Miranda, el de la “vida épica y atormentada”, que también dijo Parra Pérez(Discursos,p.379), el mayor hispanoamericano del siglo XVIII. Y lo decimos, es una síntesis nada fácil, tratándose de una personalidad tan compleja y portentosa, y no exageramos, porque si bien fue un oficial de carrera, fue mucho más: era un universitario, había cursado sus estudios en la Universidad de Caracas; desde muy joven fue músico de escuela; gran lector y bibliófilo insigne, quien en su casa de Londres, la legendaria casona de Grafton Street, logró reunir una de las mejores bibliotecas que persona alguna tuvo en su tiempo; fue desde luego como buen lector asiduo a los clásicos, a los griegos y a los latinos, los cuales coleccionó en sus estanterías; su gran conocimiento de Grecia lo hizo el primer helenista latinoamericano del siglo XVIII, hablaba, leía y escribía aquella lengua; su gran conocimiento de aquel mundo lo llevó a ser el hombre que descubrió el sitio en donde había estado Troya. ¿Cómo fue posible aquello? por el gran conocimiento que tuvo de la geografía de Grecia, por ser cuidadoso lector de Estrabón(63-21 aC), eso sucedió el 21 de julio de 1786, cuando atravesó el mar Egeo, tras pasar por la isla de Lesbos, la de la legendaria poeta Safo(650-610 aC). En el canal de Tenedos hizo el hallazgo (Colombeia. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1979-2006. 20 vols. Ver el t.IV,p.402). Este fue el mismo sitio donde, ochenta y cuatro años más tarde, en 1870, la encontró Henry Schiemann(1822-1870), era aquella la ciudad descrita por Homero en la Iliada; fue Miranda nuestro primer escritor autobiográfico, quien gracias a su Diario(1771-1792) fundó el género en nuestras letras; su Diario es además la más importante obra en prosa escrita por un venezolano a todo lo largo del período colonial, aunque él sólo haya redactado aquí las primeras páginas de aquel recuento y el resto en Europa, de hecho es texto clave para entender el siglo XVIII en el Viejo Mundo, cosa que la investigación europea, e incluso la norteamericana, no ha descubierto aun. Y es por sus diarias anotaciones que lo podemos considerarlo nuestro primer crítico de arte; por las anotaciones de los muchos libros que leía, nuestro primer crítico literario, la frase “hoy en casa leyendo” se repite constantemente en su cotidiano recuento; fue nuestro primer crítico de teatro, dadas las anotaciones que allí consignaba de las obras que veía; nuestro primer crítico de ballet y, desde luego de música, arte que conocía con perfección, su instrumento era la Flauta transversa. Tan músico era que cuando vivió en La Habana(1780-1783) fue criticado por dejar de ir a misa los domingos para quedarse en casa tocando su flauta; filosóficamente fue un hombre de su tiempo, un Enciclopedista; fue nuestro primer penitenciarista, las grandes reformas hechas en las cárceles escandinavas, a su paso por aquellas tierras, se debieron a insinuaciones suyas; fue el primer latinoamericano en usar la palabra romántico, cuando esa escuela daba sus primeros pasos; fue conservacionista de las grandes obras de arte. Y por qué siempre le dio sentido a lo que hacía conservó en su archivo, formado, en su primera edición caraqueña, por veinte y cuatro volúmenes impresos, allí, en aquella “himalaya de papeles”, como la llamó el historiador José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005), no solo hallamos todos sus escritos, incluido su Diario, sino cuanto papel le interesó, de toda índole. En su archivo, que cuando lo organizó y empastó, con sus propias manos, le puso el nombre de Colombeia, que quiere decir papeles relativos a Colombia, la república que él deseó fundar, cosa que hizo su discípulo Simón Bolívar, porque don Francisco fue también maestro de libertadores y, además, guía de escritores, las grandes investigaciones de historia literaria medieval que hizo don Andrés Bello fue porque en su biblioteca londinense encontró la primera edición impresa del Poema del Mío Cid. Y fue por insinuación de aquel gran erudito que era don Francisco que nuestro humanista estudió griego. Y como fue novedoso en todo fue el primer venezolano en anotar en su Diario los rasgos de su vida sexual y las veces que cada noche alcanzaba el orgasmo, con lo cual pionero en ello. Y paremos de contar porque el recuento podría seguir, mientras más estudiamos a nuestro General más cosas singulares hallamos, ya, que como indicó Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) fue a la vez Ulises, don Juan y Don Quijote(Francisco de Miranda. Caracas: Ediciones GE,1997.779 p.), tal lo que vamos a ver hoy a través del libro de José Chocrón Cohen, quien se detiene un tópico singular.

Quién Era
José Chocrón Cohen señala que Miranda fue “Hombre del libro y de la espada al mismo tiempo, culto soldado, sabio y aventurero”(p.17), “Hombre exquisito por su cultura y su intelecto, Miranda llamó la atención y se relacionó con los personajes más relevantes de su tiempo”(p.18), fue “Pensador, masón, mujeriego e idealista, admirado por unos y aborrecido por otros”(p.18). Indica también: “No debemos olvidar que la fina y precoz sensibilidad arqueológica de Miranda”(p.135), ello antes que la arqueología fuera creada, fue ese modo de ser y mirar lo que le llevó a descubrir el sitio en donde había estado la legendaria ciudad de Troya, la cual por siglos se consideró invención literaria de Homero(s.IX.VII aC), el padre de la literatura occidental, cuando en verdad había sido una urbe real de la antigua Grecia.

Dice Chocrón, observación de la que discrepamos, que nuestro hombre “no logró su cometido, ni podría lograrlo jamás, porque la verdadera importancia y significación de su existencia, precisamente, en la singularidad de su propia humanidad”(p.17). ¿Se puede sostener que fracasó? Desde luego que no, todo lo que se hizo en América Latina, en todos los sentidos, lo dejó proyectado él. Fue por él, por su magisterio de Londres, que Simón Bolívar llamó Colombia a la nación que formó en 1819. Y no solo esto, tratar la influencia de Miranda en las realizaciones del Libertador sería largo asunto, deslinda nuestro tema de esta tarde. Con razón Bolívar lo llamó(julio 11,1826) el “mas ilustre Colombiano”(Correspondencia del Libertador. Caracas: Fundación Vicente Lecuna,1974,p.296), es decir preclaro, notable, egregio, afamado, eminente, distinguido, célebre, esclarecido.

¿Tuvo Miranda Orígenes Judíos?
Pregunta esencial del libro que nos ha reunido este atardecer miradófilo, es el interrogante, sugerido por Chocrón Cohen, sobre si Miranda tuvo raíces judías. Cree nuestro autor poder demostrar las raíces judías de Miranda, cosa imposible, no hay ningún papel en su archivo que nos llave a poder aseverarlo. Si tuvo raíces judías, su familia tenía orígenes canarios, allá había nacido su padre don Sebastian Miranda Ravelo(1721-1791), lo que es posible, nos quedaremos sin saberlo. Sin embargo, no se nos escapa que mas de media España es judía, para demostrarlo bastaría repasar la Guía judía de España(Madrid: Altalena,1978. 294 p.) de Juan García Atienza, reeditada como Caminos de Seferad(Barcelona: Robin Book,1994.332 p.), para ver hasta que punto es España es judía. Sefarad quiere decir España en hebreo. Pero con relación a Miranda creemos que aquello era muy difícil de probar, sobre todo en una persona nacida en 1750 cuando ya habían trascurrido más de dos siglos de la expulsión de los judíos de España, cosa sucedida en 1492, es decir doscientos sesenta y ocho antes del nacimiento de Miranda, en su casa familiar de la esquina del Hoyo, en La Candelaria caraqueña. Lo decimos porque aunque, lo sabemos bien, la historia toda de España se debe hacer deteniéndose en los cristianos, en los judíos y en los musulmanes, como lo hizo el gran maestro don Américo Castro(1885-1972), todos creyentes, como él mismo lo indica (España en la Historia. Cristianos, moros y judíos. Barcelona: Critica,1983.675 p.). Bastaría para un ejemplo de la importancia de la influencia judía en España este hecho: cuando el rey don Alfonso X EL Sabio(1221-1284), en plena Edad Media, decidió hacer las leyes de las Siete Partidas estas fueron redactadas por los eruditos de su corte que eran judíos, fueron ellos los que decidieron que debían redactarse en castellano porque ese era el idioma de la nación, cuya capital era entonces Toledo, la ciudad judía por excelencia de la península, llamada también la urbe de las tres culturas, por la presencia en ella de los tres credos. Cualquier viajero, como nos sucedió a nosotros, hijo de una sefardita, no puede dejarse de emocionar cuando entra en la Iglesia de la Virgen Blanca en Toledo y descubre que esta fue en algún momento una Sinagoga, se dice que también fue Mesquita. Queda en el centro de Toledo, muy cerca de la Catedral y del sitio en donde podemos ver “El entierro del Conde de Orgaz”(1586) de El Greco(1541-1614). No dudamos de la argumentación de Chocrón Cohen con relación al judaísmo de Miranda pero creemos que es difícil de probar. Desde luego, aunque inadvertida aun, la presencia judía en Venezuela durante la colonia existió, sobre todo a través de las familias de orígenes converso, aunque en nuestra historia las primeras documentaciones que conocemos de la presencia de hebreos entre nosotros date de los días de la Independencia cuando varios judíos curazoleños vinieron a pelear en las tropas del Libertador, tal Benjamín Henríquez(c1795-d1820), y otros que luego se quedaron y fundaron sus familias, caso de Juan De Sola(1795-1858), quien peleó en la batalla de Carabobo y tuvo su familia y acción pública en Valencia. Fue el fundador de este apellido entre nosotros.

Con los Judíos
En cambio lo que si nos ofrece Chocrón Cohen, y no es poco, es el itinerario de la relación de Miranda con los judíos, lo que es más que importante, es para nosotros lo esencial de su obra. Hemos pesquisado en el volumen, como ahora lo veremos, treinta y seis menciones sobre estas conexiones. Y desde luego aparece aquí un documento judaico fundamental, hallado en el Archivo del Precursor, la “Carta sobre los judíos” de Benjamin Szepeir, enviada por su autor al emperador de Austria, la cual tomada de la colección de papeles de mirandinos, Chocrón Cohen la reproduce íntegra en su libro(p.207-215).

Contra la Inquisición
Importante, importantísima, es también la presencia de Miranda en el primer congreso venezolano, el de 1811, en el cual, entre otras iniciativas, se tomó la decisión de abolir la Inquisición entre nosotros, el 6 de Febrero de 1812(p.216-219). En ello, como siempre hemos sido los venezolanos, la decisión se tomó primero en Caracas que en España, donde las Cortes de Cádiz también abolieron el fatídico tribunal al año de la decisión caraqueña(febrero 22,1813). Fue la Inquisición organización propia de la intolerancia. Que Miranda participara en su abolición, aunque no está su nombre entre los que asistieron a la sesión que lo aprobó, estaba en campaña aquel día, tiene pleno sentido.

El fue, en sus días en España, víctima de aquel Tribunal, quien lo persiguió por tener una buena colección de los llamados “libros prohibidos”, tales volúmenes eran los que iban a cambiar la faz del mundo muy poco tiempo después, durante la Revolución Francesa(1789). ¿Y que dirían los frailes dominicos de la Inquisición cuando hallaron entre aquellos libros, que dejó en Madrid al viajar a Cuba, un volumen sobre la masturbación y otro sobre la ninfomanía que tenía nuestro Miranda en su biblioteca?. Hay otro sobre las enfermedades venéreas. Aunque, además, en los volúmenes registrados en la lista hay verdaderas maravillas, todo el pensamiento de la Ilustración está consignado en ella y muchas cosas más. Consultando este catálogo se podría escribir un estudio sobre la cultura que ya Miranda había logrado para aquel año 1780, tenía treinta años entonces. Todo esto lo sabemos porque antes de viajar, don Francisco, quien siempre todo lo registraba, todo lo escribía, hizo un catálogo de aquellos libros, lista que está en su archivo, allí podemos leerla (Colombeia, t.I,p.586-593).

Esencia del Libro
Dice Chocrón Cohen en aquellos pasajes de su libro que consideramos definitorios de su labor, que “Solo faltaba una para completar su larga lista de atributos: el ser descendiente de marranos, también llamados de judaizantes o criptojudíos”(p.18). Marranos se llamó en España, despectivamente, a los judíos, convertidos al cristianismo, quien practicaban su religión ocultamente. Fue el caso, entre muchos, de Fernando de Rojas(c1465-1541), el autor de La Celestina(1499, Caracas: Los Libros de El Nacional,1999.247 p.), quien después de haber escrito aquel clásico, en donde está una de las más bellas y certeras definiciones del amor que han dado los tiempos(La Celestina,p.154), líneas que más tarde influyeron en nuestra Teresa de la Parra(1889-1936), fue cuando la protagonista de Ifigenia(1924) dice lo que es el amor(Obra escogida. Caracas: Monte Ávila Editores,1992,t.I,p.219). Pero Fernando de Rojas no volvió a escribir por miedo de la persecución por ser judío, drama hondamente revivido por el hispanista Stephen Gilman, en notable obra sobre el tema que tratamos (La España de Fernando de Rojas. Madrid: Taurus,1978.534 p.).

Sigue Chocrón Cohen: “Si no hemos contado con datos más contundentes acerca de la procedencia judaica de Miranda, esto se debe, en primer lugar, a que él mismo intentó ocultarlo”(p.18): ¿en que se basa para afirmarlo, nos preguntamos? Lo mismo, en que se basa para decir, “la mayoría de los papeles y documentos que pudieran haber arrojado alguna luz en torno a los orígenes judaicos de Miranda fueron sistemáticamente destruidos”(p.19): se puede decir esto de quien guardó prácticamente cada papel que tuvo que ver con su vida y actividades, ¿podríamos imaginarnos a Miranda quemando papeles sobre su vida?

Que sus apellidos, tanto el paterno, Miranda, como el materno, Rodríguez Espinosa, fueran de origen judío solo demuestra lo que hemos indicado antes que más de la mitad de España era, es, de origen judío. De hecho, ¿no ha hecho Américo Castro la historia de España a través de sus tres grandes comunidades, cristianos, judíos y musulmanes, los allá llamados moros.

Por ello indica Chocrón Cohen: “Cabe finalmente aclarar que nada hay más lejos de nuestra intención que el pretender que Miranda fue en todo momento consciente o responsable de sus antecedentes judaicos. Probablemente estos le eran en gran medida indiferentes”(p.22). Pues en cuanto a religión debió ser, esto lo subrayaba Parra Pérez, en la introducción de su Miranda y Revolución Francesa(Caracas: Banco del Caribe,1966. 2 vols) “sencillamente deísta, apenas cristiano, pero como político no era ni enemigo del catolicismo ni positivamente anticlerical”. Ser deísta fue una condición de los Ilustrados, cosa aplicable al Libertador, como lo hizo el doctor José Gil Fortoul(1861-1943), pero nada enemigos de la Iglesia como lo prueban los largos tratos de Miranda en Kherson, Rusia con el arzobispo griego Eugenio Vulgaris(1716-1806), la relación que tuvo, en 1792, con el obispo de Amberes o sus paliques que en la Caracas de 1810 tuvo con el arzobispo Narciso Coll y Prat(1754-1822). Además, lectores de Nicolás Maquiavelo (1469-1527), pese a sus criticas a las doctrinas del pensador florentino, tanto Miranda como Bolívar, sabían que el Príncipe, hoy diríamos el Presidente, está obligado a respetar la religión de pueblo, que entre nosotros era la católica.

Es por la misma razón que se hace difícil creer hoy en día(p.40), con la documentación que conocemos que la controversia, áspera lo sabemos, de los Mantuanos contra don Sebastian de Miranda, en especial los de Juan Martín de Ponte y Martín de Tovar pudieran esconder consideraciones sobre su posible origen judío. Que pudieron ser los Miranda descendientes de judíos conversos(p.22) siempre es una posibilidad.

El Alegato de un Judío
Visto todo esto, muy interesante es la afirmación de Chocrón Cohen: “se ha pretendido, asimismo, rastrear a lo largo de su Diario la afinidad de Miranda con el judaísmo, resaltando las frecuentes muestras de simpatía y afecto de este hacia los judíos con quienes entabló relaciones a lo largo y ancho de sus viajes por América y Europa”(p.20), de hecho fue “consecuente siempre con su simpatía hacia todo lo judío”(p.92). Como de hombre civilizado, como político previsivo, sabía que la controversias religiosas no son útiles en la vida de las sociedades, vio con muy buenos ojos, propios del hombre cultísimo que fue, de político prudente, por ello, más por su misma condición de ilustrado, respetuoso de la pluralidad de valores y creencias, recordando las persecuciones sufridas por los judíos a través de los siglos, leyó con especial interés el proyecto y la petición al emperador José II (1714-1790) para que los hebreos pudieran disfrutar de los mismos derechos que los demás súbditos en los territorios del imperio, enviada por Benjamin Szepeir. Su pensamiento plural, libre e Ilustrado, precursor igualmente de los derechos y la dignidad del hombre lo secundó. Entre los múltiples documentos que están en Colombeia, la nueva edición de su Archivo, se halla la copia de esta carta en favor de la emancipación de los judíos, escrita al emperador austríaco por un judío, Benjamin Szepeir, cuyo yerno el príncipe Dolgoruky le entregó copia a principios de 1787, de nuestro General(Verla en Colombeia,t.IV,p.528-536). Esta misiva le fue entregada, a principios de 1787, por Dolgoruky, durante el encuentro de ambos en el puerto ruso de Kherson(Colombeia,t.V,p.85). La recibió con el interés de todo lo que sirviera a la libertad humana. No olvidar que los judíos, al igual que él, fueron perseguidos por la Inquisición. De allí que en Colombeia se encuentre la petición de Benjamin Szepier al mismo José II a favor de los judíos, que escrita sin duda en alemán, Miranda la guardó, en su versión francesa, fue traducida al castellano, como todos los papeles de su archivo redactados en otras lenguas, para la edición de Colombeia como se lee allí(t.IV,p.536)

Constantes Contactos con los Judios
La parte más interesante de La identidad secreta de Francisco de Miranda, la que arroja numerosa luz para el estudio de Miranda y de su época es el examen que nos ofrece Chocrón Cohen de sus relaciones con los judíos. Para nosotros constituye el valor esencial de este libro. Creemos que para un hombre culto, enemigo de toda persecución de carácter religioso, como lo fue Miranda, hecho evidente en las cláusulas de sus cuatro proyectos constitucionales (1790, 1798,1801,1808).

Pero quizá para un intelectual y hombre culto como lo fue Miranda no podía dejar de observar la significación de la presencia judía en el desarrollo cultural, de allí muchas de las noticias halladas por Chocrón Cohen en su cuidadosa lectura de los papeles del archivo del Precursor y de su Diario. Además, el judaísmo, ayer y hoy, pese a las mil persecuciones sufridas, siempre ha sido esencial en el desarrollo intelectual de las naciones.

Interesantes Noticias de una Relación
Veamos las noticias que Chocrón Cohen va poniendo ante nosotros. Escribe: “Entre las interesantes observaciones que, por aquella época…Miranda anota en su Diario en torno a sus encuentros con judíos, destaca la referencia elogiosa a la persona de Jacob Rodríguez Rivera, a quien conoció en el transcurso de su estadía en Newport, durante el tercer trimestre de 1784. Miranda le había entregado a este una carta que traía de Nueva York y le describió como ‘judío de carácter y honradez’” (p.78-79); otro judío que trata durante su periplo por los Estados Unidos(1783-1784) es Aron López, empresario naviero también de Newport(p.80); durante su viaje a Prusia hace referencia a los judíos de esa nación, preocupándose de las opresiones que sufren(p.90); igual es su platica con el banquero judío Veitel Efraim(p.91) de Berlín; tal lo que hallamos cuando anota: “Miranda, consecuente siempre con su simpatía hacia todo lo judío, curiosamente relata en su diario, en fecha 12 de septiembre de 1785, su encuentro con el célebre médico y naturalista hebreo, residente en Berlín, Marcus Eliecer Bloch, uno de los más importantes ictiólogos de su siglo, haciendo elogio, además, de la intelectualidad judía centro europea”(p.92); “No obstante las medidas discriminatorias de Federico II, El Grande(1721-1786), otro brillante personaje judío de proyección universal había surgido de entre la oscuridad de la judería de Dessau….Moisés Mendelssohn, conocido también como él filósofo judío de Berlín’, quien era autor de una célebre traducción de la Biblia aparecida en Berlín en 1783, popularmente conocida como la ’Biblia alemana del Mosche Dessau’”(p.93); con Mendelssohn “llegó a enfrascarse en una fogosa discusión en torno a la libertad y la independencia ‘con tanto celo como el rey de los judíos’”(p.93), recuérdese siempre que como el propio Miranda escribió la “libertad era su diosa favorita”(América espera. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1982,p.118); en 1781 José II había establecido que los judíos podían asistir a las escuelas públicas, era aquello un rasgo de tolerancia(p.94); Miranda, ya lo hemos anotado, conoció el proyecto de Benjamin Szepeir para que los judíos tuvieran los mismos derechos que los demás súditos(p.95); en 1795 cuando visitó a Joseph Haydn(1732-1809) en Esterhaz, el mayor compositor del mundo entonces, vio con buenos ojos “que los judíos pueden habitar en aquella parte”(p.96); en Módena, anotó con molestia que algunos pensaban que a los judíos no se le debían contar con los demás habitantes(p.99); en Livorno(enero 3,1786), dice que en esa ciudad viven 12.000 judíos, elogia la Sinagoga de los urbe(p.100) y la tolerancia de credos que allí acordada; en Roma(Enero 30,1786) dice que para realizar el Coliseo romano el emperador Vespasiano(9-79 dC) utilizó numerosos judíos(p.102); de Italia pasó en Grecia, se detuvo en la isla de Chíos(Julio 2,1786), en donde se aprobó la primera Constitución que conoció el mundo, como ha indicado un helenista de nuestros días, Guillermo Morón (Sobre griegos y latinos. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1991, p.260); en Esmirna, al día siguiente, tuvo una muy mala impresión del barrio judío, “el más cochino y pestífero que quiera imaginarse”(p.103), dicho propio de una persona cuidadosa de su aseo personal y del cuidado de su persona que fue siempre Miranda, diversas anotaciones del su Diario nos lo indican; ya en Rusia, a donde llegó a fines de ese mismo año(noviembre 9,1786), le fue entregado en Kherson(Enero 1,1787), por el príncipe Dolgoruky la “Carta sobre los Judíos” que Benjamín Szepeir envió al emperador austríaco(p.106, 214); indica en estos pasajes Chocrón Cohen “No es difícil deducir que se debió a su personal condición de hombre ilustrado, respetuoso a cabalidad de las creencias ajenas, que…Miranda decidió compartir el proyecto de emancipación judía”(p.107); en aquel periplo conoció, en Kiev, al polaco Jan Potocki(1761-1715), autor de la célebre obra El manuscrito encontrado en Zaragoza, un sobrino de Potocki, llamado Valentin Potocki, se dice, leemos aquí, “que se hizo judío tomando el nombre de Abraham Ben Abraham…y fue condenado por la Iglesia a ser quemado en la hoguera(1749)…por haber renunciado a su originaria fe católica”(p.109-110). Fue allí en Kiev en donde nuestro Miranda conoció a la emperatriz Catalina II(1729-1796), de cuya relación se han propagado tantas fantasías. Lo que no queda duda por los testimonios veraces que en hay en su archivo y en las hojas de su Diario fue la gran impresión que ambos se causaron mutuamente, en lo cual el gran encanto personal de Miranda jugó su papel; se pregunta en estos párrafos Chocrón Cohen: ¿”qué razones pudieron haber inducido a Miranda, durante el transcurso de su larga estadía de casi un año en Rusia, para no denunciar la flagrante discriminación cometida contra los judíos?” allá(p.110-111); sin embargo, observó allá al jasidismo(p.111); en una visita a la Academia de Ciencias sueca, “Miranda observa entre los libros de la biblioteca las obras de Eliecer Bloch, el célebre médico y naturalista judío que Miranda había conocido(1785) en su gabinete en Berlín” (p.122); siempre hay observaciones suyas en el diario sobre los judíos, incluso de aquellos que “lucen judíos”(p.124); en Copenhague se encuentra con un doctor judío”(p.127); del cónsul británico en Elsinor, también en Dinamarca, anota su “aspecto e inclinaciones judías”(p.132); del general Weiner, quien “posee un apellido que suena incuestionablemente a judaico”(p.133,136); igual en Berlín(1785) se había comunicado con un judío masón, de apellido Von Hirshfekld(p.137), también Miranda era masón(p.140-141); el 2 de mayo de 1788, en Amsterdan, asiste al Shabat en la Sinagoga(p.144). Observa, esto anota Chocrón Cohen, que al ir Miranda a aquel oficio religioso responde, no tanto a sus posibles ancestros judíos, nunca probados hasta hoy, sino a su “conciencia, tal vez, de un tortuoso destino compartido, sembrado de intrigas y avatares que, hábilmente sorteados por la personalidad compleja y versátil de Miranda”(p.144-145), esto tiene sentido porque también era Miranda y lo sería siempre un perseguido de la Inquisición como muchos judíos, pero también un perseguido de la corte de Madrid por sus opiniones políticas, lo que lo hermanaba con cualquier perseguido, los judíos entre otros; además sabía Miranda el numeroso grupo de judíos españoles y portugueses que huyendo de la persecución de la Inquisición y de la corona española habían encontrado refugio en Holanda(p.145); en Colonia(julio 12, 1788) visita el taller de David Roentgen, conocido ebanista de origen judío(p.155).

Tal los datos de la buenas relaciones de Miranda con los judíos que Chocrón Cohen ha pesquisado con detalle, precisión y admiración por aquel caraqueño impar leyendo las páginas de su Diario y la inmensa cantidad de los papeles de su archivo, tantos que en su en Colombeia, que llega, hasta ahora hasta 1803, se pueden leer 4930 piezas de la más variada índole.

Los Vio con Buenos Ojos
¿Cómo no iba a ver bien Miranda a los judíos, dado la consigna de su vida fue luchar por implantar la libertad entre en los pueblos? Pero como indica Chocrón Cohen siempre fue clara, y las hojas de su archivo y las entradas de su Diario lo proclaman con claridad, su “adhesión al principio de la libertad e independencia de credos e ideologías que les inspira”(p.101).

Demuestra también Chocrón Cohen todo lo que en el campo de los estudios mirandinos puede surgir del estudio monográfico de sus temas. Y que, en el caso de Miranda, era imposible que no tuviera interés por los hebreos siempre abresurcos en el desarrollo de la humanidad.

La expulsión de los judíos de España, en 1492, significó el comienzo de los ruina económica de aquella nación, eran ellos los que sostenían el desarrollo económico, debacle completada después con la expulsión de los musulmanes y por oponerse España, con la Inquisición, a todo lo que significó la reforma protestante, que si bien fue una reforma religiosa, por la proposición de Martín Lutero(1483-1546) de facilitar el libre examen abrió un sendero para la libertad de pensamiento y el camino al desarrollo capitalista en los países del norte de Europa, y en los Estados Unidos después, mientras España, con todo su poder, era la mayor potencia de su época, pese al oro venido de América, caía en la decadencia y no lograba el desarrollo. Para saber la situación de pobreza a la que llegó la rica España del siglo XVI vasta leer todo el hambre que pasaban el Lazarillo de Tormes y los personajes del Quijote. Hoy en los lujosas restaurantes de Madrid se sirve la comida que consumían los personajes de la novela cervantina sin darse cuenta los comensales de hoy que lo que comen es comida de pobres, la única que se podía servir en la España de Carlos V(1500-1558) y Felipe II(1527-1598).

Pero hay algo peor: fue de los métodos de la Inquisición de donde aprendieron las terribles policías de los países totalitarios, fascistas, nazis y comunistas, todos enemigos del judaísmo, como perseguir, cómo torturar, como ideologizar, como desarrollar el miedo entre los habitantes de sus países, lo mismo que habían hecho los hombres del Gran Inquisidor de los Reyes Católicos, Tomás de Torquemada(1420-1498), en el pasado. Basta leer una buena historia actual de la Inquisición, como podría ser el caso de la del profesor británico Toby Green para comprobar lo que hemos afirmado(La inquisición, el reino del miedo. Barcelona. Ediciones B, 2008.468 p.), en este libro podemos darnos cuenta(p.380, nota 79) lo que decimos. Y poder comprender que con represión las naciones no van a ningún lugar. Solo con libertad progresan los pueblos.

Tal la perpetúa gran lección mirandina, revivida ahora, con honda admiración por don Francisco, en el cuidadoso estudio de José Chocrón Cohen.

(Leído en Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la tarde del martes 7 de agosto 2012).