Sábado, 24 de Junio de 2017

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Miranda Revivido por Inés Quintero

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Por: Roberto Lovera De-Sola

En verdad, siempre lo hemos pensado, creemos que Miranda es, él solo, un territorio entero, una nación, con todos los accidentes geográficos posibles. Ello siempre lo hemos señalado también de Simón Bolívar(1783-1930) y de Andrés Bello(1781-1865), regiones enteras cada uno. Y por ello para escribir sobre ellos hay que estudiarlos con atención y ello lleva tiempo, muchos años. No se puede improvisar ante ellos, hay seguir las miles de páginas que escribieron y los avatares, llenos de sortilegios, de sus vidas[1].

¿Quién fue Miranda?
No creemos que se pueda negar que Francisco de Miranda(1750-1816) fue el primer venezolano, por haber sido más que el Precursor, o el Protolíder, como lo denominó Alfonzo Rumazo Gonzales(1993-2002)[2], sino, el “inventor de la indepdencia”, como lo dijo Caracciolo Parra Pérez(1888-1964)[3], cuyos signos y símibolos entregó, especialmente en Londres, en 1810, en sus reuniones con Simón Bolívar(1783-1830), Andrés Bello(1781-1865) y Luis López Méndez(1758-1841), a la generación fundadora de nuestra libertad[4].

Desde luego, hay que señalarlo, Miranda tuvo la posibilidad de participar en las tres grandes revoluciones de su tiempo: la nortamericana, la francesa y la latinoamericana. Hizo eso, dejando huella siempre, pero fue mucho más, muchísimo más.

Pero fue tanto Miranda, tan precursor, usando la palabra desde su sentido más lato, el primero en todo. Probaremos ahora, al iniciar este trabajo, la veracidad de nuestra afirmación.

Hay que comenzar por decir que a Miranda siempre se le ha visto solo como un militar, como alto oficial que fue. Pero, hay que advertirlo, fue muchas cosas más, todas le sirvieron de fundamentos a lo que fue la esencia de su vica: su congración a lograr la emanciáción latinoamericana.

Ha sido la apreciación de Miranda solo como oficial, que lo fue, militar de escuela, destacado muchas veces, las que no nos ha permitido verlo de cuerpo entero. Mirarlo solo por ese solo tamiz ha impedido observar y examinar la esencia de su grande personalidad, ya que fue hombre destacado en aquello que hizo. Decir que fue el primero en todo no es un juicio apresurado, en su Diario y en los papeles de Archivo están las pruebas requeridas;¡no exageramos!..

Miranda fue la mayor figura latinoamericana y venezolana del siglo XVIII. Tan prominente y tan ecuménico que para percibirlo con exactitud debe ser estudiado dentro de la historia universal del siglo XVIII, solo los que lo han hecho así han llegado a la entraña de su ser.

Desde luego, fue “good looking man” y además hombre de grandísimo encanto personal, que terminó bariendo todas las puertas, incluso las más difíles de franquar en sus días.

Fue, en su vivir y en sus acciones más Ulises y don Quijote que don Juan, pese a su gran actividad erótica, que, además dejó consignada en su Diario, siendo el primer venezolano en hacerlo. Pero la vez que Ulises y don Quijote fue también otro Colón, ya que descurbió para nuestros países la emancipación, la libertad y las virtudes republicanas, como el genovés había descubierto el nuevo continente.

Es por ello que para detallar las notas de aquello que formó su personalidad y sus acciones debamos repetir que él fue una región humana, un intelectual, el mayor helenista hispanoamericano del siglo XVIII, fue como lector, como devorador de libros, conocedor de todas las iteraturas, desde las clásicas hasta las de sus días, tanto que decir que lo leyó todo no sea una exageración, basta leer con atención los dos catálogos de los libros que habían en su biblioteca londisense, cuando esta fue subastada, después de su muerte, para comprenderlo. Fue ello lo que llevó al maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001) a señalar, “Nada revela mejor la calidad del espíritu de un hombre que los libros que lee o que posee”[5].

Gran lector, en las anotaciones sobre sus lecturas dejo consignadas, dentro de la rapidez y precisión del Diario, lo que pensaba de cada obra que leía. Y no habiéndose desarrollado entre nosotros la Crítica Literaria, esta sería la tarea de Bello, a partir de 1823, sus anotaciones pueden ser tenidas como las de nuestro primer crítico.

Fue cultor de todas las formas del arte, por lo que se ha dicho, por Rafael Pineda(1926-2003), que fue nuestro prier crítico de arte[6]. De hecho la sensibilidad para mirar las diversas formas de las artes plásticas de la que estaba dotado le hizo dejarnos, son apenas unos ejemplo,observaciones agudas de todas las pinturas que vio, de muchas de las grandes esculturas, como las de Miguel Ángel(1475-1584) que vio en Florencia y en Roma; su descripción de la Basilica de San Pedro en el Vaticano, de la Catedral de Santa Sofía, en Estambul. Pero hubo muchas más observaciones.

Pero en el campo de las artes fue el primer conservacionista de las obras de arte, el primero de Venezuela, especialmente de las de la antigüedad. Conservacionista de ellas en sus críticas a Napoleón Bonaparte(1769-1821) por las obras de arte italianas que había ordenado llevar a París; o su angustia por los tesoros del Partenón de Atenas, robados por los ingleses. En este sentido no hay ejemplo más fechaciente que las ideas sobre estos temas que trató en su correspondencia con el arquitecto Antoine Quetrecemere de Quincy(1765-1849) correspondencia que lo hace “el ideologo de la conservación de los bienes culturales”, como escribió el arquitecto venezolano Juan Pedro Posani, el frente del libro de Quincy hace poco, ¡al fin¡, traducido al castellano y publicadas entre nosotros, obra que nos acerca a otra feceta en la cual Miranda fue pionero[7].

Miranda fue músico de escuela, su instrumento fue la flauta travsersa. Alguna vez fue acusado, por alguna mala lengua, en La Habana, de no ir a misa los domingos por quedarse en su casa tocando su flauta. Allá también tenia un pianoforte. Y fue entre nosotros el primero en escribir sobre música. En ese mismo campo son sus apreciaciones de las Óperas, que escuchó en Europa lo que le da un lugar en nuestra crituica de ese espectáculo que llegó a conocer tan bien. Y que, como músico, pudo apreciar con especial certeza. Recuerdese siempre que en su época caraqueña no había una orquesta sinfónica, ni se había montado una Opera, esto último sucedió en 1808, en aquellos días, el joven Andrés Bello se enamoró, pese a su timidez, de la soprano a quien dedicó un poema. “A una artista”, que es uno de los más antiguos poemas amorosos de nuestra literatura, no, desde luego, el primero[8].

Fue también el primer venezolano en dar su opinión sobre los Ballets Clásicos que veía, lo que lo hace nuestro primer critico de este arte, que es la quinsencia de la belleza escénica.

También sus anotaciones sobre el teatro, lo hacen también nuestro primer critico de ese arte.

Fue el primer latinoamericano en utilzar la palabra romántico, por primera vez el 15 de julio de 1788(Colombeia,t.VII,p.330,350,383,408,452;t.VIII,p. 68, 166), la que bautizará primero ciertas actitudes humanas y luego la gran escuela literaria así llamada. Fue Miranda un romántico vital, pese a que su educación fue neo-clásica, pero él estuvo situado en medio de las dos épocas[9]. También la educación de Bello y de Bolívar fue neo-clásica.

Creemos que para entender todo esto que venimos señalando, “sin prisa pero sin pormenores”, no debemos perder nunca de vista, sino no podríamos comprenderlo, que Miranda fue por encima de todo un humanista, es decir, alguien a quien todo lo humano interesaba. O, como señaló Pierre Henri Simon(1903-1972), humanísmo es “una actitud de pensamiento que comporta dos afirmaciones esenciales: existe una naturaleza humana; y lo humano se caracteriza por la vida del espítu”[10].

Y es esa condición la que lo dotó de las cualidades de gran lector, de coleccionar los libros que había leido o deseaba leer, de gozar con lo que significaba la imprenta, del gran amor por las bibliotecas, lo que le empujó a formar la suya propia.

Gran lector, desde luego, la historia, la literatura y los idiomas siempre lo cautivaron. Cuando leemos su Diario nos damos cuenta que conoció todas las literaturas desde los clásicos griegos y latinos hasta las letras de su tiempo. El conocimiento era tal que fue, por ejemplo, el primer venezolano en comentar el Quijote, del que tengamos noticia (Colombeia,t.V,p.124).

Y, desde luego, la literatura griega fue esencial en él. La conoció directamente en su idioma, ya que hablaba, leí y escribia en la lengua helena. Y, además, su conocimiento de aquella nación, de la cual es hija toda la civilización occidental, era tal que ello fue lo le permitió ser el descubridor del sitio en donde se encotraba la ciudad de Troya (Colombeia, t.IV,p.402), lo hizo tan certeramente que los descubrimientos arqueológicos, hechos ochenta años después, lo dieron la razón, pese a que entonces su Diario, en donde está consignado aquello, no había sido editado. Fue impreso en 1929 en cuatro volúmenes. Y pudoo hacer aquello por que gran conocimiento de la literatura griega, de Homero(s.IX-VIII aC), en particular, quien es quien describe a Troya en la Iliada. Y ademas por su versación en la geografía griega, gracias a su lectura de Estrabón(63aC-21dC). Ello fue lo que permitió, primero tomar al largavista y decir “aquí es”. Y luego bajarse del barco, en donde viajaba, a caminar por sl sitio un rato, bajo sus pies estaba Troya, no era aquella, una ciudad invención del Poeta Ciego sino una que había existido, donde aquella guerra se había peleado.

A todo lo largo de su recuento, que recoge su Diario, hay otros hechos en los que debe reparar: la interesaban mucho los grandes personajes de la historia, pero entre todos, el que ´mas admiró fue a Cristóbal Colón(1451-1506), lo consideró el hombre más grande del mundo por su descubrimiento. Era tal su devoción por el italiano, desde luego judío, de origen espáñol, quien había escrito partes de sus papeles en ladino, que Miranda hizo un viaje a Génova para conocer el lugar de su nacimiento, que entonces se consideraba Cogoletto, alli estuvo dos veces(diciembre 25,1788, enero 11,1789). Incluso fue a la parroquia del pueblo que se consideraba como el natal, para pedirle al sacerdote que le mostrara la partida de bautismo del Almirante. Este le indicó que tal registro se había iniciado después del Concilio de Trento y que no lo había en el momento del nacimiento del gran hombre(Colombeia,t.VIII,p.221,234). Hoy sabemos que Colón no nació en Cogoletto sino en la Puerta de La Olivella[11].

Y, desde luego, como todos los grandes pensadores venezolanos se ocupó de la educación y meditó sobre ella.

Fue siempre adversario claro, lo que llegó por el ideario Enciclopedita, del fanatismo, del despotismo y de la esclavitud.

Además sus preocupaciones sociales eran extensas: siempre se interesó en los hospitales y en las cárceles, por su iniciativa fue que se hicieron en Dinamarca una serie de reformas del sistema penitenciario aconsejadas por él mismo. Fue por ello,también, nuestro primer peniteciarista.

Fue el primer latinoamericano a pedir la concesión de los derechos a la mujer, en 1792 (Colombeia, t.X,p.275-276). Había una atmósfera en su tiempo propicia a la mujer. Y aquella petición suya fue hecha el mismo año, 1792, en que la inglesa Mary Wolltonecraft(1759-1797) fundó el feminismo a través de su Vindicación de los derechos de la mujer. También en Francia, en aquellos mismos tiempos, como paralela a la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano(1789), una mujer, destacada publicista, Olympe de Gauges(1748-1793) hizo conocer la Declaración de los Derechos de la mujer y de la ciudadana(1791).

Fue, en relación a nuestro continente, el primer hispanoamericanista, su conocimiento fue largo y extenso, fundamento de las ideas que quiso poner en acción y que logró establer la generación que lo siguió, con Bolívar a la cabeza. Fue, por ello, tambien un destacado analista politico.

Para cerrar esta parte una última observación: no es claro, sino más bien erróneo, yerro varias veces cometido, solo explorar la personalidad de Miranda a través de sus acciones públicas y de sus campañas militares. Ello porque hay otro rostro de Miranda, que forma casi el 40% de su personalidad, es el estudio de lo que debemos llamar sus horas quietas, los tiempos en que realiazó su faena intelectual, dentro de la cual ocupan un lugar destacado sus planes para la Independencia. Pero hay más, hay que explorar también aquel tiempo dedicado a la formación, a las lecturas, al conocimiento de los idiomas y a la escritura de su propio Diario. Sin la comprensión de esta face Miranda se nos escapa pues fue un intelectual y un escritor, no solo de temas politicos. Y es por ese sendero que encontró la esencia de su modo de ser en Grecia, en su literatura, en su teatro, en su filosofía. Por ello, por encima de todo, fue un nuevo Odisea, el Ulises de la tradición latina.

Una Nueva Biografía
Son las ideas expuestas las que nos lleva a pergueñar esta reseña del libro de Inés Quintero(1955): El hijo de la Panadera(Caracas: Alfa,2014.261 p.), que es una segunda segunda edición revisada y ampliada del anterior(p.9), Francisco de Miranda(Caracas: El Nacional/Banco del Caribe, 2006.136 p.), en esta además se han corregido muchos de los dislates que leímos en su primera aparición, aunque la bibliografía consultada resulta todavía demasiado breve, ya que no detuvo ante varios de los libros fundamentales sobre nuestro General, el conocimiento de esas obras le hubieran dado mucha más carnadura a su estudio. A ello volveremos al final,

Creemos que lo logrado, sobre todo en las partes que subrayaremos más adelante, nos ofrece una vida del Precursor que puede ser bien ententida por todo el público, aunque aun hay elementos que debe explorar aun más, para llegar a un certero juicio, ya que siempre Miranda se presenta a sus estudiosos con intrincada personalidad, complejidades que hay que examinar, laberintos a los que se refiere la autora del libro que comentamos, pero que aun puede explorar aun más, Miranda, ya lo hemos indicado, es todo un territorio. Desde luego, es también intrincado ser Dédalo en el enmarañado mundo mirandino, porque desde el punto de vista politico al examinar su vida nos enfrentamos a los hechos del mayor conspirador que ha tenido la historia venezolana.

Su Proyecto
Inés Quintero se propuso en el libro que tenemos a la vista, “la revisión del fascinante y abrumador Archivo de Miranda…[para] hacer una lectura…fue fuese más allá de la politica…y la atención puestas también en los detalles de su vida cotidiana, pendiente de sus placeres, sus gustos, sentimientos, afectos, dolencias y caprichos…Releí con delite minucioso y detallado el Diario de Miranda”(p.9). E indica: “revisé sus cartas, sus peticiones, reclamos, alegatos, inventos, excesos, sus relaciones afectivas, sus contactos galantes, su pasión por la politca, su capacidad infinita para convencer a sus interlocutores, su insólita habilidad para conseguir que se le prestaran dinero; su insaciable entusiasmo por los libros y la lectura; sus desengaños, sus manías, sus desplantes”(p.10).

Por ello anota que “Fue un sujeto de una personalidad avasallante, de una vehemencia incontenible, histriónico, de trato complicado, soberbio, pedante, simpático, locuaz, terco, caprichoso e intransigente, de muy buen ver, elegante, cuidado de si mismo, pendiente de su ropa y apariencia: su seductor”(p.10)

Este Libro
Desde luego, Inés Quintero, señala, con todo sentido, que “Escribir una biografía de Miranda representaba un esfuerzo monumental”(p.7), ya que “la comprensión del personaje, de sus contradicciones, ambiciones, espectativas, emociones; sus pareceres y consideraciones sobre su entorno; la enome complejidad de los procesos en los cuales tuvo oportunidad de participar; su mirada sobre la experiencia de la Revolución de los Estados Unidos; su presencia y actuación en la Revolución Francesa; su obsesivo empeño por alcanzar la independencia de Hispanoamérica; sus cartas, sus proclamas, sus proyectos”(p.8), exigían una gran paciencia de parte de su biografa.

Vamos aquí a detenernos, antes de llegar a la entraña de vida de Miranda, ante el modo como esta autora nos pinta al personaje que ha asediado; el significado que tienen para poderlo comprender hondamente su Diario, su Archivo y su Biblioteca, siempre espejos de su alma, las tres fuentes para entenderlo. Luego exploraremos su Grand Tour y su signficado por los Caballeros Ilustrados de su tiempo, uno de los cuales fue él. También nos detendremos ante su vida erótica y en la presencia de las mujeres en su vida, fundamentales en su caso, todas las cuales no fueron sus amantes. Aunque las mujeres de su intimidad sexual, fueron más de doscientas, según su biografo Tomás Polanco Alcantara(1927-2002)[12].

¿Cómo Fue?
Indica Inés Quintero sobre la personalidad de Miranda, “Los libros, al igual que las mujeres, serán otra constante de su vida”(p.35). Eso fue así. Nunca ni estuvo lejos de los libros, ni alejado de las mujeres, siempre presentes en su vida.

Dice la autora, cuya obra reseñamos, que fue Miranda “sujeto de un carácter excepcional, entrador, extrovertido, sin complejos, entusiasta y vehemente”(p.42); refiere que “Paul Barras…reconoce las cualidades de Miranda, destaca su ‘memoria inconcebible’, su facilidad para expresarse en todas las lenguas, sus muchas facultades”(p.97). Subraya “Su tenacidad y constancia no se detienen”(p.142) o indica, siguiendo a William Spence Robertson(1872-1955), “su vitalidad física y su constitución de hierro”(p.151).

Y, en relación a sus relaciones con las mujeres, anota: “Su relación amorosa, galante, afectiva o simplemente sexual con las mujeres es una constante en la vida de Miranda…En los diferentes momentos de su existencia, no importa lo complejo y cometido de la circunstancias, es posible encontrar el rastro o la huella de diferentes mujeres con quienes mantuvo alguna proximidad de mayor o menor intensidad. Asi será hasta el fin de sus días”(p.24-25). De todas maneras, esto también hay que matizarlo, volveremos a ello más adelante.

El Diario, el Archivo y la Biblioteca
Para entender a Miranda no podemos separarlo ni de las anotaciones de su Diario, de todos los papeles, propios o de otros, que guardó en su Archivo, ni de las estanterías de su biblioteca, de ninguno de los tres fue poco lo que se separó.

El Diario
Empezamos aquí por el Diario, iniciado con las anotaciones que escribió en La Guaira cuando estaba por salir de Venezuela(enero 25,1771), El Diario es un escrito singular por tratarse de un escritir personalísimo. Para nosotros es la mayor obra en prosa escrita por un venezolano a los largo de los tres siglos coloniales. Es, a la vez, la primera obra autobiográfica de nuestra literatura.

Escribe Inés Quintero: “sin hay alguna posibilidad de tener un acercamiento mas próximo a Miranda, a su cotidianidad y a su intimidad es precisamente a través de su Diario”(p.58). Pero, el Diario, es eso, desde luego, y mucho más también, ya que es el gran memorial para comprender el Siglo de la Luces, el único escrito por un venezolano. Siempre hemos sentido que solo una parte haya sido traducida al ingés, su paso por los Estados Unidos, ya que este es un documento del cual ha carecido hasta ahora, al menos desde 1929, cuando se imprimió por vez primera completo, para el examen de aquella época nodal de la humanidad, como lo fue el siglo XVIII.

La Biblioteca
“Poesía, literatura, geografía, historia, enciclopedias, diccionarios, campañas militares, epistolarios, biografías, cursos de física, tratados de arquitectura, de aves de corral, manuales, libros de medicina, de viajes, memorias, textos constitucionales,, arte…no hay tema que no ocupe su curiosidad y consumo…es un lector voraz”(p.62). Tanto que llegó a decir, en una de las numerosas entradas de su Diario, dedicadas a anotar sus lecturas:

“me he quedado en casa leyendo con gusto y provecho. ¡Oh libros de mi vida, que recurso inagotable para alivio del alma humana!”(Colombeia, t.VII,p.67).

Tanto que el término “hoy en casa leyendo” se repite constantemente en el Diario.

Su biblioteca, de 6000 volúmenes, cuyo contenido conocemos gracias a lo catálagos de la misma elaborados cuando fue subastada en 1828 y 1833, despertigandose entonces la famosa colección. Solo se salvaron los clásicos griegos que por disposición testamentaria dejó a la Universidad de Caracas, los que están casi intactos aun. Los guarda nuestra Biblioteca Nacional. Fueron salvados, esos tomos, en nuestra vida contemporpanea, ya que el profesor Pedro Grases(1909-2004) los encointró en uno de los sótanos de la Biblioteca Naciuonal y los volvió a colocar en el sitio que le correspondían. Uno de los bibliotecarios, Terso Tarffi, hizo su catálogo. En verdad faltan pocos del listado hecho en Londres, y autenticado por Bello, cuando los tomos fueron enviado a Caracas, en donde lo recibió nuestra universidad. Están en la Biblioteca Nacional porque cuando Guzmán Blanco decidió formarla dio órdenes de iniciar con la colección universitaria, razón por la cual su primer catálogo, hecho por el sabio Adolfo Ernst(1832-1899) es el listado de los libros de la biblioteca universitaria[13].

La biblioteca era, desde luego consecuencia del amor de Miranda por los libros. Formar una biblioteca es lo que hace todo lector impeniente con los libros que compra y lee, y con aquellos que adquiere pensándolos leer, aunque no puede hacerlo en el momento de su adquicisión, pensado, con lógica, que si no los tiene en su poder el día que decida leerlos no los encontrará por haberse agotado. Además, en el tiempo de Miranda, los tirajes no eran muy extensos.

El Archivo
Creemos que podríamos decir que el inicio del Archivo fue simultaneo con el inicio del Diario, el año 1771, aunque por las fechas de algunas constancias personales podemos decir que se inicio antes, con la partida de matrimonio de sus padres(abril 24,1749) y sigue con su partida de bautismo, meses más tarde(abril 5,1750), trece días después de su nacimiento, en la casa familiar de la esquina de El Hoyo, en La Calendaria caraqueña.

El Archivo de Miranda fue a la vez el registro de su vida, pero también el inventario de sus trabajos. Además, se puede concluir al leerlo, que Miranda guardó cuanto papel le interesó y pareció verle valor presente o futuro. Hay muchas piezas de su Archivo con son únicas. El Archivo de Miranda estaba dividido y organizado, por él mismo, en tres secciones. El Archivo estaba formado por 63 volúmenes, con 14.740 folios, formado por varios miles de papeles. La reedición del archivo, ahora bautizada, como Miranda la denominó, Colombiea, es decir papeles relativos a Colombia, entre los años 1771-1803, recogen 4950 documentos, faltando aun los años 1803-1816, pero la edición fue suspendida por el gobierno actual, creemos que púesta en manos imprepartadas por seguir el magno esfuerzo hecho bajo la dirección de Josefina Rodríguez de Alonso, con el apoyo de Glora Henrríquez Uzcategui y Miren Basterra Ariño, quedando bajo la resposabilidad de las dos últimas una vez fallecida don Josefina. Los 20 tomos hechos por ese equipo, edición anotada, traduciendose al castellano todos los papeles que estaban en otras lenguas, es impecable, es una edición tan estupenda como la edición caraqueña de las Obras completas, de Bello o la publicación de los primeros 33 tomos de los Escritos del Libertador, cuya edición también cesó, se quedó en el 31 de diciembre de 1825. Por suerte, los originales de ambos archivos están digitalizados en la Academia Nacional de la Historia, y hay entradas a ellos, en Internet.

Fue alredededor de 1805 cuando Miranda decidió ordenar sus papeles, los dividió en tres secciones: Diarios de viaje, Revolución Francesa y Negociaciones. Estos hojas fueron editados, bajo la dirección del historiador Vicente Dávila(1874-1947), una vez comprado el Archivo por el gobierno de Venezuela, gracias las gestiones del historiador Caraciolo Parra Pérez(1888-1964). Fue impreso en 24 volúmenes. Quien se enteró de su existencia fue el historiador William Spence Robertson(1872-1955), ya en 1922. Esta en el castillo de Cirencester, residencia de la familia Bathurst, gracias a uno de cuyos miembros, Lord Bathurust, amigo de Miranda, se salvó el Archivo, que había logrado ser sacado, milagrosamente de Venezuela por Pedro Antonio Leleux(1781-1849) uno de los asistentes de Miranda, y amigo suyo de tiempo atrás, quien estuvo en Venezuela en aquellos trágicos años y logró sacar los papeles desde La Guaira a Curazao, lo cuales fueron luego enviados a Londres y entregados a este fiel amigo, quien los guardó en su castillo de Cirencester, en donde, primero intuitivamente y luego consultándolo, lo encontró Robertson, pasandole la noticia que al doctor Parra Pérez, quien, por no estar en Inglaterra, mandó al diplomático Alberto Adriani(1898-1936) a constatar el hecho y luego se dirigió allí. Pudo comprarlo, y salvarlo para Venezuela, gracias a que el general Juan Vicente Gómez(1857-1935) le dio el dinero necesario para hacerlo.

El profesor Robertson, fue el autor de la primera biografía de Miranda hecha consultado su Archivo, había comprendido, estudiando a su personaje, en los arcvhivos del Forieign Office, en Londres, la segura existencia de los papeles mirandinos, por lo cual sabemos que la deuda que tiene Venezuela con él. Su descubrimeinto nos permitió leer la gran primera biografía de nuestro Precursor escrita por él, que en conjunto no se había podido hacer, por la carencia de sus papeles antes. La única excepción hasta ese momento, con noticias de los archivos europeos, por solo relativa a un período de su vida, fue Miranda y la Revolución Francesa(1925) del doctor Parra Pérez, libro, escrito y publicado originalmente en francés, obras que nos sigue deslumbrado aun por su denso estudio de aquel proceso en el que nuestro Miranda participó.

La nueva edición, iniciada en 1978, es la titulada Colombeia. Está ordenada cronologicamente y dividida en “Miranda, subdito español,1750-1783”; “El viajero ilustrado,1783-1790”; “Intervención de Mirada en la politica europea en búsqueda de un camino para liberar Ibero-Amperica,1790-1801”; “Revolucionario a tiempo completo,1801-1812” y “Prisión y muerte,1812-1816”. Se le puso el título de Colombeia, que fue con el cual lo bautizó su dueño. La fecha de su ordenación, alrededor de 1805, no deja de llamar la atención, de ese mismo año, data su testamento, era el momento en que se proponía Miranda salir a realizar la expedición que hizo al año sioguiente, en 1806, en la que sabía podía morir. De sus papeles ha escrito Gloria Henríquez Uzcategui, “la mejor biografía del Precursor era ciertamente su Archivo”[14]

El Gran Tour
Lo que se llamaba Gran Tour en el siglo XVIII era el viaje que hacían los Caballeros Ilustrados para mejorar y ampliar su cultura y formación. Fue lo mismo que se propuso hacer Miranda. Desde luego la palabra “tour” nada tiene que ver con lo que así se llama en nuestros días.

Para entenderlo seguimos lo que la gran mirandófila Gloria Henriquez Uzcategui explica:

“De tal manera que viajar, en el siglo XVIII, era una verdadera aventura…el siglo XVIII ha pasado a la historia como la gran época del viaje a Europa. Es cuando más se ha viajado como consecuencia del auge de la literatura de aventuras y de relatos de viaje, de autores de la talla de Daniel Defoe, Laurence Sterne, Tobías Smoler, Arhur Young, Lady Mary Worley Montagu, Edvard Gibon, William Hazlitt, Pollnitz, el abate Prevost, [Giocomo]Casanova y muchos otros. Y la moda comenzará en Inglaterra, que se despetará muy pronto a la vida moderna, al producirse el despegue industrial que ya para la segunda mitad del siglo XVIII se manifestaba, y la implantación del poderío inglés en muchas partes del planeta. Desde tiempo atrás este país se había sentido atraído por la cultura latina, y será allí justamente donde surgirá el ideal del Grand Tour…Jóvenes ricos saldrán a recorrer el Continente, para efectuar el ‘viaje pedagógico’ que venía a completar su educación…La usanza de la época consistía en prepararse, en todo sentido, a efectuar una travesía que debía ser aprovechada al máximo. La practica del ‘diario de viaje’ era corriente y obligatoria”[15].

También en su Archivo, Miranda conservó unas “Sugerencias para un viaje por España”, escritas en inglés, señal que ya en 1780, cuando dejó España para pasar a Cuba, ya tenía en mente la idea de realizar el gran viaje(Colombeia,t.I,p.318-319), lo que reiteró luego, en frases bien claras, por ejemplo, en una carta(abril 16,1783) a Juan Manuel de Cagigal(Colombeia,t.II,p.423).

Sobre lo que signifcó aquel gran periplo, escribe Inés Quintero: “Cuando concluye finalmemnte su inverosimil recorrido y se instala de nuevo en Londres, tiene una visión única de la vasta geografía de dos continentes: ha tenido la oportunidad de conocer las más importantes ciudades europeas, ha estado en contacto directo con la vida política de su tiempo, ha conocido los diferentes sistemas de gobierno de entonces, la organización militar de lo más imporantes imperios de la época, las tradiciones, sus costumbres, su historia; ha perfeccionado sus idiomas y ha llevado un registro pormenorizado de todo ello, convitiéndose, sin proponerselo, en uno de los grandes memorialistas del siglo XVIII”(p.57), fueron sus anotaciones reflejo cierto del “complejo período histórico del cual Miranda fue protagonista y memorialista esencial”(p.58), al menos como hispanoamericano. No creemos, sin embargo, que lo haya hecho “sin proponerselo”, ni pueda ser considerado “inverosmil”(p.57) si lo comparmos con otros recorridos por los recorridos hechos por muchos de sus contemporáneos, además, en su caso, conocemos las razones expuestas: basta conocer su gran avidez dc conocimientos y comprender que fue un hombre que amó a su tiempo, por lo cual tenía la necesidad de penetrar en su esencia. Creemos, que de hecho, fue el único venezolano en realizar el Gran Tour y en dejar su constancia escrita, lo que lo hizo el primero de la trilogía de los grandes viajeros aquí nacidos, seguido por don Francisco Michelena y Rojas(1801-1876), llamado “el viajero universal” y por Arturo Uslar Pietri, para este último,, en medio de los registros de su periplos, basta fijarse en su volumen que dedicó a su viaje alredeor del mundo[16].

El Grand Tour mirandino debe ser examinado dentro del conjunto de su biografía, deteniéndose el lector en los tópicos que va tocando, al menos hasta 1790, cuando las anotaciones del Diario van mermando. En los años siguientes, lo volverá a escribir pero no con la asiduidad del período que inició con su paso a los Estados Unidos, en 1783 y se cierra en 1790. Sin embargo, el gusto por escribirlo tenía ya muchas entradas. Y, además, hay dos diarios militares, el de Melilla y el de Pensacola.

Una Acotación
Inés Quintero pasa por alto(p.53) del hecho de que el primer encuentro de Miranda con los Jesuitas, con el primero que convsersó, fue con Sebastian Arteaga, en Venecia, inicio de su relación con los Jesuitas expulsos. Cuando vio a los Jesuitas en Florenica, en Bolonia y en Roma, ya sea había encontrado con Arteaga. En Venecia habló largo con Artega. Dice el Caraqueño, “Despues de haber comido tuve la visita del señor Abate Don Sebastian de Arteaga, madrileño, exjesuita español, a quien envió Ulloa”(Colombeia,t.IV,p.186). Arteaga le entregó una lista de los exjesuítas americo-españoles expulsos que estaban en Bolonia (Colombeia,t.IV,p.201-202). Aquí la obsrrvación cabe porque fue Venecia la primera ciudad italiana que Miranda vistó, venía de Trieste. Luego recibio una lista más amplia de Jesuítas de varios países hispanoamericanos. Al pie puso Miranda unas anotaciones, en las cuales por vez primera se refiere al padre Juan Pablo Viscardo y Guzmán(1748-1798), el autor de la Carta a los españoles americanos, que Miranda traduciría del francés al inglés y castellano, ya que estaba había sido redactada en francés. Fue Miranda quien la publicó años mas tarde, en dos ediciones conociddas. (Colombeia, t.IV,p.303).

Las Mujeres, el Amor Sexual y el Erotismo
Desde luego, este es un aspecto que se refiere siempre que se habla de Miranda sin detenerse a sus pormenores. Su íntima relación con ellas no debe referirse solo a las “chapas” que hacía, según la palabra que usó en su Diario, y que conocen bien los linguistas.

Por ello, el punto debe ser tratado en sus diferentes aristas. La primera es su interés por las mujeres y el tema femenino; el segundo fueron sus grandes amistades con mujeres. Y aquellas que amó, como Catalina Hall en Suecia, y,desde luego, a su esposa, hoy sabemos que lo fue, Sarah Andrews(1774-1847), madre de sus dos hijos Leandro(1803-1886) y Francisco(1806-1831)[17]. Y, desde luego, a sus amores de viajero, a todas aquellas, geralmente jóvenes y hetairas que lo acompañaron en sus noches. Desde luego, siempre gustó sexualmente de las mujeres. Y describió bien los mundos de las prostitutas de aquellos días, un ejemplo muy significativo es la descripción de un burdel en Livorno, Italia, toda cuyas detalles consigna en su Diario (Colombeia,t.IV,p.243-244).

Ahora bien, lo que singulariza a Miranda ante la sexualidad fue que llevó, en su Diario está un registro pormenorizado de su actividad. Siempre nos ha llamado la atención como algunas de las entradas del Diario celebra cuando la muchacha se desnudaba completamente, ya que no era esa, al parecer, la costumbre entonces. Y, su anotación, “Y después se marchó muy contenta”, frase varias veces repetida. Fue, desde luego, el primer venezolano, en dejar cuenta cierta de su actividad sexual.

Inés Quintero apunta, Miranda fue “un hombre que se dispuso a llevar el registro pormenorizado de sus andanzas y cuya acuciosidad, dedicación y prolijidad nos han permitido conocer de primera mano estos y muchos otros pasajes de su vida privada”(p.70). Dejó cuenta de ello, inlcuso de las veces, en cada noche, en que llegaba al orgasmo.

Pero para entender esta faceta hay que comprenderla de acuerdo con las ideas y practicas de su época, tiempo de gran libertad sexual, siglo XVIII, tiempos anteriores a aquellos en que el romanticismo impuso sus directrices sobre el amor, estas perviven hasta hoy. Sobre ello hay buena bibliografía, destacamos especialmente, la biografía de Giacomo Casanova(1725-1798) del diplomático gringo Rives Childs. Recuérdese al respecto que en el campo de la sexualidad tanto Casanova como el marqués de Sade(1740-1814), fueron contemporáneos de Miranda. Desde luego, el magnífico señor de Sade, no podemos leerlo, sin tener el cuenta, la forma aconsejada por Octavio Paz(1914-1998), también estudioso del tema erótica, hacerlo “con asombro y horror, con curiosidad y disguisto, con admiración y reconocimiento”. Y sin perder de vista, lo obervado por Severo Sardy(1937-1993) que el sadismo de Sade fue más textual, escrito, que real, ya que pensó que Sade lo escrito por Sade eran “páginas mas discursivas que eróticas, más de pensador que de libertino”[18]. Pero, desde luego, también hay que decir, que la intensa senxualidad fue para Miranda el reposo del guerrero, las horas quietas de alguién que dedicaba su vida a un proceso más alto: la independencia. Este punto ,lo eclareció bien don Carlos Pi Sunyer(1888-1971) en su parelelo entre Miranda y Casanova, el cual es examen decisivo para la comprensión de la sensibilidad sexual del caraqueño[19], es una lástima que Inés Quintero no lo haya conocido.

Desde luego, no siempre fue “sumamente discreto, cauto y respetuoso de esa intimidad”(p.65), basta recordar su relación con Catalina Hall, en 1787, en Suecia, que muy bien analiza Inés Quintero(p.68), contada en todos sus apasionados detalles, porque entre Catalina y Miranda hubo un verdadero amor, no solo un acercamiento erótico. Tanto que le pidió, después de irse, en la correspondencia que le remitió, “Pero, mi querido amigo escriba de forma que púeda enseñar las cartas de Ud. a mi marido”(Colombeia,t.VI,p.103).

El uso constante de la palabra “chapar”(p.64), “copula carnal con prostituta”, “hacer chapas” era la mujer que se dedicaba a la prostitución, sin duda un uso de su tiempo, aunque a veces se haya en alguna novela contemporánea española, el vocabllo siempre ha llamado la atención a los lectores de su Diario[20].

Otro hecho, es que siempre fue Miranda un ser con mujeres cercanas. En este libro Inés Quintero, gracias a los datos que ofrece la historiadora canadiense Karen Racine nos da una serie de noticias sobre las mujeres que rodearon a Miranda en su último período caraqueño(1810-1812). Son noticias interesantes, que la investigadora Racine encontró en un archivo ingles.

Todo lo que expone Inés Quintero es esto: en Caracas encontró don Francisco a algunos miembros de su familia, una de sus hermanas, Ana Antonia, dos sobrinas, Josefa Almeyda y Maria Catlina Arrieta y una prima, Mariquita(p.204).

Y tuvo relación, no íntima, con otras mujeres, incluso cuando estuvo en el poder como Generalísimo. Entre todas estas llama mucho la atención una mujer: Manuela Huerta, sus cartas “las mas numerosas del conjunto. El contenido de estas cartas deja bastante claro la muy crcana relación que tiene, o tuvo, Manuela con el Generalísimo” (p.207). Manuela lo llamó “Mi dueño y señor”,”Mi amado y querido señor”, “Mi amado señor”(p.207). Le dice también “Yo no soy capaz de olvidarlo jamás”, “mi amor a la persona de usted no tiene límites, lo amo sin comparación y solo deseo complacerlo en todo, esta noche voy si es su gusto a verlo”(p.207). No se sabe casi nada de Manuela(p,208-209), pero sin duda el dato nos sirve para llenar un vacío: siempre nos había llamado la atención que en sus años caraqueños no hubiera tenido Miranda una mujer íntimamente cercana, siendo como era, lo que parace ser, bastante claramente, esta Manuela Huerta.

Más de Doscientas
En verdad Miranda estuvo sexualmente con muchas mujeres a lo largo de su vida. Tantas que el historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2002) afirma que entre sus brazos estuvieron más de 200, a tantas acarició el Precursor[21], conservando en un fino estuche muchas veces, lo que lo hace hondo varón erótico, pelos de los pubis de aquellas queridas mujeres que tantas horas de placer le habían hecho pasar. De otras, como informa Inés Quintero, conservó algunos de sus cabellos, costumbre muy antigua y que se usó en Venezuela hasta hace pocas décadas como recuerdo de seres especialmente queridos. La misma Inés Quintero se refirió a los cabellos de una de las amantes del general Antonio Guzmán Blanco(1829-1899) encontrrados por su esposa Ana Teresa Ibarra(1849-1913), y el gran lío que le formó su celosa esposa[22].

Tantas fueron que más bien llama la atención a quien estudie estos asuntos que no haya constancia de ninguna relación, aunque sea con una hetaira, en los años que pasó en Cuba(1780-1783), ya que ahora, gracias a Inés Quintero, conocemos a varias con la que se relaionó en Caracas, la principal parece ser Manuela Huerta.

Quien sabe si algo se sabrá en el futuro sobre las relaciones que pudo tener en sus años en La Habana(1780-1783) de los cuales no tenemos noticia alguna al respecto.

Informaciones tenemos de las mujeres que lo visitaron en las prisiones en las cuales estuvo preso en París. durante la Revolución Francesa, allí conocemos que quien lo visitaba, tenía mucho afecto por él pese a ser casada y tuvieron una relación siempre erótica en muchos de sus encuentros en la misma cárcel: madame Delfina Custine.

Y en sus últimos tres años, preso en La Carraca(1814-1816), se ractivaron los afectos que había tenido por algunas gaditanas, años atrás, cuando llegó de Venezuela muy joven. A parecer la llamada María Teresa, desconocemos su apellido, se ocupó entonces mucho de él, ella había sido su amante en 1778, allá mismo(Colombeia,t.I,p.466-470).

Los Mejores Momentos
Debemos decir, para que se nos entienda bien, que pese a ciertos momentos, en general estamos ante un libro bien hecho, lo que, desde luego, podíamos esperar de Inés Quintero.

Sin embargo, creemos que los mejores capitulos del volumen se hayan en las siguientes partes:

A) todo la sección en que trata el conflicto que tuvo que padre de Miranda, don Sebastian de Miranda y Ravelo(1721-1791), con los Mantuanos en Caracas, lo que impulsó al hijo a salir de Venezuela, pasar a España e ingresar en el ejército real;

B) el período en Estados Unidos, fundamental en la oreintación de su vida en adelante, aunque para realizarlo se había preparado con sus muchas lecturas de los años anteriores, de ellas surgió el revolucionario que fue;

C) Sus largas, e infructosas, conversaciones que tuvo con el gobierno británico, la clave de todo escriba, como ella dice, que cada vez que toda parecía estar preparado para la realización de sus ideas emancipadoras de de Hispanoaméricase, “las circuntancias internacionales y los vaivenes de las guerras y alianzas entre las potencias europeas condcionan las posibilidades de seguir adelante con sus planes libertarios”(p.109). Aunque siempre hay que tener en cuenta lo que anota más adelante:

“no obedeció a las consideraciones manifestadas por Miranda,sino que este divorcio de intereses provino, ás bien, de la inquebrantable posición del caraqueño, desde el primer día, respecto al apoyo de la Corona británica debía ser en aras de conseguir la independencia, para el mutuo benificio de Hispanoamérica y de Inglaterra. Siempre manifestó esta determinación; cualquier apoyo militar, económico y politico debía ser ‘unicamente para la Independencia absoluta’. En ninguna o´portunidad aceptó la posibilidad de que la expedición, el proyecto, o las tropas estuviesen conducidas por oficiales británicos. Tampoco estivo dipsuesto a ingresar al Ejército inglés a fin de que, en esa condición, se pusiese en marcha el proyecto” (p.128. El subrayado es de la autora);

D) La parte relativa a la Revolución Francesa, ha sido cuidadosamente hecha, pese a enmarañada que fue. Sin embargo, no creemos que pueda decirse que el Acta de Paris(diciembre 22,1797) fue apresurada, así su firma se haya hecho sin perder el tiempo. La lectura del Acta de París nos indica que fue redactada, por Miranda, como consecuencia de un detallado examen y producto de muchas reflexiones, la esencia de su dedicación a la independencia sudamericana está claramente expresada allí;

E) La expedición de 1806, ante lo cual hay que tener claro que cuando llegó a Estados Unidos era un hombre tan prominente internacionalmente, que fue fácil seguirlo y espiarlo para los representantes diplomáticos españoles, quienes logaron frustrar el intento.

Era tan grande su figura, que apenas llegado a Washington, el Secretario de Estado, James Madison(1751-1836), lo recibió e inmediatamente redactó una minuta de lo hablado dirigida al presidente,Thomas Jefferson(1743-1826) ,quien lo recibió a poco. El informe del Secretario de Estado se encuentra en la sección de manuscritos de la Biblioteca del Congreso, de ese país, en donde pudimos leerlo. En verdad, el fracaso de la expedición de 1806 no ha sido visto de un ángulo que es singular: Miranda, que bien conocía nuestro continente y sus hechos, conocía la rebelión de los esclavos en Haiti y las diversas tentativas en Venezuela, incluso de la de Picornell, Gual y España, pese a que la mencione. Creía que era esperado para poner a andar el proceso de la emancipación. En ello se equivocó. No fue bien visto por venir de afuera y por pensarse estaba protegido por un poder imperial, que además era Luterano. Es esta una razón ha tener en cuenta. Y fíjese el lector que cuando la independencia, bien fraguada, se dio fue desde dentro de nuestros país, en donde ya en 1806, muchas personas conocían el ideario Enciclopedista y todo lo llegado en los llamados “Navíos de la Ilustración”, que eran los barcos de la Guipuzcoana. Este es un hehco que hay que tener claro, además de lo que antes hemos comentado, siempre a partir de los papeles de Miranda y de las grandes interpretaciones que sobre él existen.

F) 1808-1810: tras haber regresado derrotado de la expedición de 1806, pero sin perder tiempo, se iniciaron los años de intensas comunicaciones con todos los puntos posibles de América Latina en donde podía tomar carta la insurección. En esos tiempos, aunque no bien entendido en la Gran Bretaña por el gobierno, por la participación inglesa en España en apoyo a la lucha de los españoles en su guerra contra la invasión napoleónica, que no terminara hasta 1813, cuando ya Miranda estaba preso en Venezuela y en Puerto Rico.

En 1808, dice Inés Quintero, “Era Miranda uno de los pocos que, ante el descalabro politico de la monarquía[española] en 1808, vio la posibilidad cierta de arremeter contra el poderío español en la totalidad de las provincias hispanoamericanas” (p.136). Apunta esto, pese a que piensa “En la capitales, pueblos y villas de Hispanoamérica la respuesta fue de abierta, sólida y homogénea lealtad a Fernando VII(1784-1833), contra la usurpación de los franceses, en defensa de la patria, el rey y la religión”(p.136-137). Ahora, no creemos que sea tan sencillo lo que afirma cuando escribe: “Una vez más, la percepción y expectativas de Miranda respecto al continente colombiano no se ajustaban a la realidad”(p.157). En eso que ella dice es lo que se veía en la politica de todos los días en hispanoamerica, pero, atrás, detrás, calladamente, en vilo, todavía como algo secreto, estaban los que se preparaban para la liberación del continente. En Caracas, en menos de dos años, entre la Conjura de los Mantuanos(noviembre 24,1808), quien mejor la ha estudiado ha sido Inés Quintero[23], y la declaración de independencia(abril 19,1810) pasaron solo menos de dos años. Y, declarada la emancipación en Caracas, muy pronto se vio clara en las diversas capitales del continente que se unieron a la decisión caraqueña, Argentina(mayo 25), Colombia(julio 20), México (octubre 16), Chile(octubre 18), Paraguay(mayo 14,1811), la de Perú fue muy tardía(julio 22,1821), se las dio en primera instancia el general argentino José de San Martín(1778-1850) y la consolidó Simón Bolívar, el verdadero libertador del Perú.

Aunque habla Inés Quintero de 1808, entonces todo daba razón a Miranda. Y pese a todo, Miranda, no se detuvo en sus actividades, son los tiempos de su revista El Colombiano(marzo 15-mayo 15,1810), de sus colaboraciones para la The Edinburg Review y la publicación del libro de José María Antepara(1770-1821), South American Emancipation(1810), formada, casi toda, con documentos tomados del Archivo de Miranda, seguramente hecha bajo su mirada. Al fin, después de casi dos siglos de su primera edición, contamos con su traducción castellana[24].

G) Su participación en la Independencia de Venezuela, pero solo hasta la firma del Armisticio con Domingo Monteverde(1773-1832);

H)su casa londinense escribió(marzo 24,1810): “Mi casa en esta ciudad(como en cualquier otra parte) es, y será siempre, el punto fijo, para la Independencia y libertades del Continente Colombiano”(Archivo, t.XXIII,p.368)

I) Allá en Londres llegó la gran noticia de la declaración de la Independencia en Caracas. Fue el 22 de junio de 1810, así lo leyó nuestro General aquel día en The Courier y, al día siguiente, en The Times y The Morning Choronicle, “En su opinión, finalmente se habían cumplido los vaticinios que con tanta tenacidad y perseverancia había expuesto desde 1790”(p.144), ello, aunque, desde luego el sueño lo había acompañado, posiblemente desde 1780, como se lee en un papel de su Archivo(Colombeia,t.X,p.274); que en 1781 peleó en Pensacola, dentro del ejército español por la Independencia de Estados Unidos y tres años después, en 1784, trazó el programa de la emancipación en Nueva York; 1790, como bien dice Inés Quintero, es la fecha de la presentación de su primer proyecto a las autoridades británicas.

Y tras la llegada de nuestros primeros diplomáticos se realiza lo que Salcedo Bastardo llamó, en su libro Crisol del americanismo, ya mencionado, “los simposium de Grafton Street”.

En Caracas
Miranda regresó a Caracas el 14 de diciembre de 1810, el hecho lo registró la Gaceta de Caracas y el padre Juan Antonio Navarrete(1749-1814)[25]. El sabio Navarrete, como ha indicado Juan Carlos Chirinos(1967), se parecía mucho por su saber a Miranda, solo que Miranda había adquirido sus mil conocimientos viajando y el religioso sin salir de la celda de su convento caraqueño. Navarrete conoció bien a Miranda en Caracas ya que fue capellán de su ejército[26]. Al registrar esto, no puede uno dejar de preguntarse que hablarían estos dos eruditos cuando pudieron juntarse a tertuliar, De hecho, hay que decirlo hoy, la publicación completa y anotada de la obra de Navarrete, que debemos a Blas Bruni Celli(1925-2013), ha sido, seguramente, el más alto suceso intelectual de los últimos cuatro lustros entre nosotros.

Cuando Miranda llegó a Caracas aquel año, era en aquel momento el venezolano más prominente en el mundo.

El Asedio
También a poco de llegar, comenzó el gran asedio contra él, tan bien examinado por Augusto Mijares(1897-1979)[27]. Hay advertir, frente a esto, que no fue lo que se ha propalado tanto tiempo, que fue su imprepáración política o su desconocimieto de Venezuela, o el verlo como un persaje que vivía en el reino de la utopía, que terminó derrotado, e inlcuso detenido por los mismos patriotas. La verdad que le impídió realizar lo que se proponía fue tan terrible asedio, completamente injusto, propio de un pequeño y cerrado mundillo, cerrado sobre si mismo, en el cual los descedientes directos de los Mantuanos que habían tenido aquella polémica con su padre, don Sebastian, aparecieron, como a cobrrase de nuevo las viejas cuentas, que ni don Sebastián, ni su hijo Francisco debían, ya que todos los argumentos usados entonces fue producto de los prejuicios de los aristócratas. Por ello indica Mijares que

“existía tan tácita pero implacable confabulación contra Miranda, ensañada en aislarlo, espiarlo y tergiversar todos sus actos y palabras, desde su propia llegada al país”(p.209),

fue un agavillamiento, celebrado por algunos, entre los que es inexplicable que lo hayan hecho, es el caso de Juan Germán Roscio(1763-1821), quien no era Mantuano. Fue tanto que el propio Mijares se pregnta

“cómo pudo estabalcerse un asedio tan minucioso y tan cruel alrrededor del hombre que tenia cerca de treinta años luchando por la emancipación americana; cómo buscaron, y lograron, hacer sospechoso cada uno de sus pasos; lo excluyeron de cualquier actuación, y hasta sus gestiones políticas de obvia necesidad se convirtieron en motivos de suspicacia y en nuevos pretextos para inmovilizarlo”(p.211).

Y añade una observación de algo que ha estado demasiado vigente en nuestra vida politica, la de aquel momento, después, e incluso en el presente. Dice don Augusto:

“Pero no debe extrañarnos que en el subsuelo de tan grandes acotecimientos tan despreciable hormiguero de malas pasiones. Para lo que todavía tendremos que decir acerca de ello, recuérdese que en todos los países los tratornos políticos suelen facilitar el encumbramiento de hombres sin ningún valor que, naturalmente, se entienden muy bien entre si para detener o derribar al que pretende sacarlos de sus menidos apetitos y rencores y ponerlos al servicio de una causa superior. Son muy numerosos también los que en esos momentos andan siempre como enredados entre las piernas de los grandes hombres, buscando ocasión de trepar. Y a los anteriores se suma una tercera clase que es la más que es la más temible: la de aquellos individuos que tienen carácter, talento y actividad, pero son perversos, intrigantes o envidiosos. Estos hombres son terriblemente dañinos en las épocas de turbulencia, y a diferencia de los otros que apenas son pobres diablos, sobreviven durante largos años, siempre colocados en la precisa situación de hacer el mayor daño. De todas estas categorías aparecen cómplices en aquel asedio que se hacía a Miranda…Tejera, perverso enrredador; Rafael Diego Mérida, el malo; Miguel Peña, el eterno Yago de la República”(p.211).

Fue, dice el mismo autor, una “inflexible obstrucción”(p.212). Tal el terrible dianóstico hecho por el gran pensador. Fue ello, por lo que Miranda fue vencido.

En 1811, Miranda razonó su voto(p.173) al firmar nuestra primera Constitución(diciembre 21,1811). Es posible que pensara que la Carta se había redactado, con relación, al Poder Ejecutivo(artículo 73) de forma que él no pudiera aspirar, ya que se señalaba que para ser miembro del Poder Ejecutivo había que haber nacido aquí, pero que era necesario haber vivido en el país los diez años anteriores a la elección, cosa que en el caso de Miranda no era así, ya que diez años antes vivía en Europa y en Venezuela llevaba viviendo en aquel momento solamente un año. Pudo molestrarse, aunque su voto es hondamente sustancioso.

Recuérdese, también este otro hecho: que años mas tarde, en 1830, el Congreso Admirable, reunido en Bogotá, cambió la edad que debía tener el futuro presiente, más de 40 años, para cerrar así al mariscal Antonio José de Sucre(1795-1830) la posibilidad de ser presidente. Todos sabían que él debía ser el sucesor de Bolívar, pero le cerraron el paso. Sin duda, ya daba pasos la conspiración que terminó con su vida en la montaña de Berruecos, meses más tarde(junio 4,1830).

En el periodo mirandino hay que señalar que solo fue dictador, nombrado por el Congreso, durante 101 días(abril 23-julio 25, 1812). Ni un día más ni un día menos. Y al llegar a esa posición casi todo estaba patas arriba. Y se complicaría aun mas con la caída de Puerto Cabello, que estaba al mando de Bolívar, a manos realistas. Por ello, Miranda, exclamó al saberlo, “La patria estpa herida en el corazón”.

Pero ello, antes de ello, ya Dictador, la situación se fue haciendo muy difícil para la República, tanto, que junto con el gobierno, no él solo, como se ha señalado, sin consultar los documentos, todos tomaron la decisión de parlamentar con Monteverde y llegar a un armisticio, que era un natural recurso en toda guerra. Fue grave momento en la vida de nuestro General, tal lo indica Parra Pérez, aquí citado,

 

“No hay tragedia escrita comparable a la que debió desarrollarse en aquel alto espíritu cuando convencido de que su país no podía ser libre sino a costa de un terrible conflicto social, decidió entrar en conversación con los realistas, sacrificar el magno ideal de su heroica vida y abandonar su honor y su reputación a la saña de sus enemigos y al juicio de la posteridad mal informada”[28].

La Prisión
Consecuencia del Armisticio(julio 25,1812) fue la prisión de Miranda, seis dias después de haberlo firmado(julio 31). La prisión de Miranda fue un suceso intrincado. Aquí, Inés Quintero realiza un estudio bastante completo. Pero si hubiera examinado más documentación hubiera llegado, con mas certeza, a su terrible meollo, ya que fue un grave error, de Bolívar y de sus compañeros detener al Precursor. Máxime, además, lo que es más grave, que no supieron los patriotas que hicieron aquel acto inicuo, que el coronel Manuel María de Las Casas(c1785-d1827), Jefe Militar de La Guaira, nombrado por Miranda, a quien consideraban uno de ellos, se habían pasado al bando español y actuó para detener a Miranda y entregarlo a Monteverde, jefe de las tropas españolas. Casas en adelante, como puede leerse en la Gaceta de Caracas, ejerció diversos cargos, sobre todo en Petare, en el gobierno Realista hasta 1821. Y, desde luego, al estudiarlo, en nuestro caso, no pretendemos condenar o salvar a nadie, sino mostrar los sucesos y los papeles en donde fueron consignados para poder llegar al meollo de aquello. Este no es sitio para detenernos con mayor detalle, como lo hemos hecho en otro lugar, con suma copiosa de documentos y testimonios, siguiéndole así los pasos a sus protagonistas, entre los cuales los únicos en referirse a ello fueron Bolívar y Pedro Gual(1783-1862), quien no participó en la detención de nuestro General[29]. Bolivar, como el gran espiritu que fue,Y rectificó de su actuación, años después. El Libertador lo hizo en dos cartas, una a Sucre(julio 11,1826), en la cual llama a Miranda, el “más ilustre colombiano” y en otra misiva al hijo mayor del Precursor, Leandro Miranda, en 1827. Ambas significación graves momentos psicológicos para él. Sobre todo cuando escribió a Leandro(julio 2,1827), “Me ha sido muy apareciable ver un retarto de Ud….él me ha recordado ideas gloriosas y tristes a la vez que reviven a mis ojos las facciones de su ilustre padre”. Desde luego, las ideas gloriosas se refieren al encuentro entre ambos en Londres, en 1810; y las tristes, al momento de la detención, grave error siempre. Pero tuvo Bolívar la gallardía de rectificar[30]. Y esta no fue la última vez que apareció Miranda en su correspondencia. No hay que olvidar tampoco, que los hijos de Miranda fueron apasionados bolivarianos, Francisco, el menor, fue edecán del Libertador.

Se refiere Inés Quintero a la correspodencia que Domingo Monteverde(1773-1832) sostuvo con la Regencia, en la carta que cita hay referencia a Bolívar, como uno de los resposables de la detención, que la tuvo, junto con Casas y Miguel Peña(1780-1833). Pero no cita Inés Quintero la segunda carta de Monteverde, del mismo día(agosto 26,1812), que está también en la obra de Giovanni Meza Dorta[31], que ella usa, en la cual, Monteverde no cita a Bolívar como si lo había hecho en la primera. Para nosotros esto tiene una explicación: por haberse entrevistado con él y haber negado Bolívar enfáticamente que no había detenido a Miranda para hacer un favor al rey de España. Esto, además, lo conocemos, por el testimonio de un testigo privilegiado del encuentro Monteverde-Bolívar, don Francisco Iturbe(1769-1847), referido por Iturbe a don Felipe Larrazabal(1816-1873), quien lo refiere en su biografía del Libertador(1865). Fue, luego, en 1821, cuando Bolívar acusó a Casas de traidor[32], documento que nunca ha logrado ser refutado, ni siquiera en el escrito de los hijos de Casas, publicado años más tarde, ya muertos ambos.

Hay, sin embargo, el asunto relativo a la historia de los 22.000 pesos que se dijo sacó Miranda sin permiso de Venezuela, y que eran propiedad pública. Todo indica, en los textos que hemos podido revisar, que todo indica, según el testimonio de Pedro Antonio Leleux(1781-1849), hombre cercano a Miranda, de su absoluta confianza, la persona que salvo su Archivo al sacarlo de Venezuela en aquellos confusos días. Según Leleux, los 22.000 pesos eran propiedad personal del Precursor, no habían sido extraídos del tesoro público. Ademas, la insidia de que se ha había vendido al gobierno realista, quedó aclarada por don Manuel Landaeta Rosales(1847-1920), llegandose a pensar de una persona honesta como era Miranda que ese dinero provenía de aquello, que no dejó de ser una maléfica conseja más, de las muchas que inventaron en aquel tiempo contra nuestro General[33]

Unas Observaciones
Inés Quintero, pese a su estudio de Miranda, no comprende el por qué de su dedicación a la Independencia hispanoamericana, como consecuencia de su acción en Pensacola, Estados Unidos. Miranda mismo si bien dijo haber formulado el proyecto de la Independencia en Nueva York en 1884, en otro papel de su Archivo señala que ya en 1780 se estaba ocupando del asunto. Todo ello se puede comprender si se repasa línea a línea las listas de los libros que formaban su biblioteca en España, ya que el asunto está bien visible en sus lecturas hechas en la peninsula y que registra el listado de los libros que dejó allá, cuando se trasladó a Cuba(Archivo,t,VII,p.139-184)[34].

Además, cuando peleó en Pensacola(1781), de donde se ha datado el inicio de su actividad a favor de nuestra emancipación, a los pocos meses fue escrita, en Caracas(febrero 24,1782) la llamada Carta de los Mantuanos.

La Carta de los Mantuanos
La Carta de los Mantuanos requiere especial análisis. Sus tres firmantes Juan Vicente Bolívar y Ponte, Martin de Tovar y marqués de Mijares, le referían también otras cartas que le enviaron en julio del año anterior, misivas que desconocemos. Esta, de 1782, es la llamada Carta de los Mantuanos, la cual le fue enviada a La Habana con el padre Cárdenas, el documento no da el nombre de pila del fraile.

Aunque ya en 1927 Caraciolo Parra Pérez la dio con veraz, lo que es correcto[35], para otros autores, caso Augusto Mijares, la carta era apocrifa[36]. Nuestra indagación alrededor de ella nos ha llevado a un juicio contrario. Hemos partido de una sugerencia de Juan Carlos Chirinos(1967) quien pide, en su bello libro sobre Miranda, hacer otra lectura, distinta a la que hasta ahora se ha hecho[37]. Tiene razón.

Desde luego, la carta no es apócrifa. Para certficarlo basta leer, en el mismo Archivo de Miranda, las cartas con las cuales le fue acompañada la comunicación, venidas de su casa caraqueña, firmadas por su cuñado Francisco Antonio Arrieta y por su hermana Rosa(Colombeia,t.II,p.533-540). Los documentos que acompañan la Carta de los Mantuanos son sufientemente gráficas para probar la verdad de aquel mensaje. Se sabe, inlcuso, el nombre del portador que se la llevaría a La Habana.

Si le escribieron, los tres Manuanos, como le dicen en la misiva, en julio de 1781, fue aquel año de grande actividad protestaria tanto en Perú, con la insurección de Tupac Amaru, en la Nueva Granda, con los Comuneros de El Socorro y en los andes venezolanos con los llamados Comuneros de Venezuela, ello tenía sentido.

Ahora, desde luego, cuano los tres Mantuanos escribieron, en 1782, la epístola que conocens, lo hicieron en defensa de sus propios peculios, podrían querer separación de España pero no con los grandes ideales que acompañeron la concepción que para este trazó Miranda. Sentimos cierto parelalismo con lo dicho, diez y seis años mas tarde, en la Conspiración de Los Mantuanos(noviembre 24,1808).

A la Carta de los Mantuanos se refirió Miranda, sin nombrarla así, para no compremeter a aquellos, en varios de sus documentos, lo hizo cuando dijo “Llamado por vosotros en 1781 al socorro de la patria”(América,p.119). Por cierto, al anotar lo que sigue, certica la veracidad de la Carta de los Mantuanos. Allí leemos: “Llamado por vosotros en 1781 al socorro de la Patria, extremadamente agitada por las vejaciones y opresión excesiva que en aquellos tiempos ejercía sobre sus infelices habitantes el Ministro D.José de Galvez” (América,p.119), a Galvez se le menciona en la Carta de los Mantuanos.

Es por todo ello que la observación de Inés Quintero, basadas en la cita de Salcedo Bastardo, con quien nosotros concondamos, no es fehaciente(p.27). Cuando recibió la Carta de los Mantuanos ya Miranda estaba en su ruta, que se haría más clara tanto en 1781 como en 1783 y 1774. Tanto, que ya era tan conocido que a poco de llegar a Londres, en 1785, el Political Herald and Reiew dijo de él: “En Londres, nos aseguran, se encuentra en este momento un hispanoamericano de gran importancia e investido de la confianza de sus concidadanos, que aspira a la gloria de ser libertador de su país. Es un hombre de ideas sublimes y penetrante comprensión, diestro en las lenguas antiguas y modernas entendido en libros y conocedor del mundo”.

Y, fue siempre tan prominente, que al llegar, preso de Estado, a Cadiz en 1814, el periódico de la ciudad, El Redactor General(enero 8,1814) anunció su presencia allá, preso en La Carraca[38].

Los Restos de Miranda
Las cenizas de Miranda existen, fueron halladas, en 1964, en el cementerio de La Carraca, donde fue enterrado, por el Hermano Nectario María(1888-1986). Están en el osario. Solo se requiere hoy en día los estudios de ADN para certificarlos, pero están allí, no desaparecieron, solo que, hasta que el gran historiador lasallista hizo sus pesquisas, nadie se había tomado el trabajo de hacerlo[39].

El Título y la Ilustración de la Portada
Creemos que el titulo, El Hijo de la Panadera, no debió utilizarse porque el mote de una biografía debe definir al personaje estudiado en todas sus facetas. No es que no sea verdad, si lo es. Pero Miranda fue mucho más. Y de su mamá es de la persona que menos conocemos. Y es curioso, que una autora que siempre titula tan bien sus libros nos haya ofrecido un cognomento que para para nada nos dice quien fue, en su esencia, su biografiado, el primer venezolano de todos los tiempos.

También pensamos que la ilustración de la carátula, hallada en el Museo Nacional de Colombia, y que se dice hecha cerca 1810, no es Miranda, quien en esa época ya no tenía el pelo negro, y que se vistiera como un pirata, aquel gran señor de los salones, no es creíble. Menos aun, por un hecho fisonómico esencial de su rostro: su prominente y larga nariz, que en la miniatura bogotana no parece. Debería haber usado el retrato del pintó Juan Lovera(1776-1841), testigo de los hechos del 5 de julio, en donde pinta bien a Miranda, con su grande estatura, su pelo blanco y su larga nariz, hecho evidente en otros de sus retratos de Miranda, como los examinados por don Alfredo Boulton(1908-1995), maestro en la iconografía.

Corregir
Creemos que hay algunas correciones que Inés Quintero debe hacer pensando en las nuevas ediciones de su libro:

A) Salvador de Madariaga era español, no colombiano como asienta(p.97).

B) La residencia de Grafton Street nunca fue de Miranda(p..64), siempre fue alquilada; la única casa que poseyó Miranda, a lo largo de toda su vida, fue la que compró en Atenas, cuando estuvo allá(Colombeia,t.IV,p.379-380).

C) El nombre del discipulo de Bello, y su biografo, no fue José de Amunategui(p.144) sino Miguel Luis de Amunategui(1828-1888).

D) Hay otro hecho a corregir, se ha repetido mucho sin examinarlo, es el siguiente: en las sesiones del Congreso Constituyente de 1811 el padre Manuel Vicente de Maya(1767-1826), uno de sus diputados, primero salvó su voto al discutirse la necesidad de declarar la independencia, señaló que sus electores no lo habían autorizado para hacerlo. Pero cuando la mayoría votó por la Independencia él se sumó, votó positivamente y firmó el Acta de la Independencia, basta leer el Acta para encontrar su firma. El es desde luego, uno de los padres de la patria(p.160).

Si Hubiera Leido Estos Libros
Si Inés Quintero hubiera leído todas las grandes obras sobre Miranda su libro hubiera sido mucho mas acabado y podido observar hechos y momentos de su trayectoria que son insoslayables y son los que nos permiten señalar la singular figura que fue. Debió asomarse más, con especial detalle, a todos los renglones de los catálogos de su biblioteca londinense y a otras listas de obras de su propiedad que están en su Archivo.

No consultó todas las grandes biografías: si bien consultó la Avenura y tragedia de don Francisco de Miranda(1935) de José Nucete Sardi(1897-1972), para la primera edición, para esta segunda no lo hizo. Esta es obra que está en plena vigencia, además por la belleza de su prosa y por haber sido don Pepe el primer venezolano que escribió la vida de Miranda consultando el Archivo. Su libro ocupa un lugar destacado dentro del género biográfico en Venezuela, ya que fue uno de los primeros autores nuestros a seguir las pautas del género en nuestro tiempo, divulgadas en las grandes obras de André Maurois(1885-1967), Emil Ludwig(1881-1948), Stefan Zweig(1881-1942) e Hilaire Belloc(1870-1953); no se refiere al El Libertador de Mijares, dentro del cual está una cuidadosa biografía de Miranda(Capítulos X-XIII); a la del profsor Rumazo González, Miranda protolider de la Independencia y la de Tomás Polanco Alcántara: Francisco de Miranda: ¿Ulises, don Juan o don Quijote?, que es la última gran biografía de Miranda publicada, copioso estudio, que el autor consideró, mientras lo escribía, que era el libro más difícil que habia concebido, según nos lo confesó.

Le faltaron también conocer estudios esclarecedores como los de don Carlos Pi Sunyer, insertos en sus Patriotas americanos en Londres, allí en el ensayo “Miranda y Casanova” hubiera comprendido la esencia de la actividad sexual de Miranda; en la de Juan Carlos Chirinos: Miranda, el nómada sentimental, hubiera descubierto muchos matices. Chirinos revisó, uno a uno, los 3000 links sobre Miranda que hay en Internet; no llegó a comprender la fundamental incidencia de la literatura y el pensamiento griego en Miranda, que es sustancial para comprenderlo, Miranda no solo hablaba y leia en aquella lengua sino que escribía en ella; ni pudo observar por ello cómo fue Miranda el primer en señalar donde estaba la ciudad de Troya, dado el gran conocimiento que tenía de la geografía griega, abrevada en Estrabón; además lo esencial de su personalidad está hermanada con Odiseo, o Ulises; lo que ha sido explorado en obra esencial por el mayor helenista latinoamericano actual, el chileno Miguel Castillo Didier en su Grecia y Francisco de Miranda, investigación impar, de alquien, quien por también conocer el griego, que pudo entrar el ese gran laberinto de hechos, de libros, de sucesos, con los cuales se encontró Miranda.

Y hubiera comprendido mejor el Grand Tour mirandino de haberse detenido en el libro de Josefina Rodríguez de Alonso: El siglo de las luces contado por Francisco de Miranda, quien para hacerlo recorrió, con su esposo, toda la ruta del viaje mirandino. Es tan sugerente, que Henri Troyat(1911-2007), biografo de personajes rusos y uno de los grandes autores del género en los últimos sesenta años, biógrafo desde luego de Catalina II la Grande(1729-1796), le escribió diciéndole que era mucho lo que había aprendido de la parte rusa de su libro.

Igual hubiera sido mucho más precisa, con relación al encuentro de Miranda, Bolívar, Bello y López Mendez en Londres, en 1810, si se hubiera detenido en el libro de Salcedo Bastardo, Crisol del americanismo, sobre aquel más que singular encuentro.

Junio 7,2014.

[1] A lo largo de este trabajo las citas de textos de Francisco de Miranda que hacemos proceden de Archivo del General Miranda. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1929-1950. 24 vols.; Colombeia. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la Repúblñica, 1978-2006. 20 vols y América espero. Selección, prólogo y notas: José Luis Salcedo Bastardo. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1982. XLIII,686 p., la cuales citares, dentro del cuerpoo del estudio, utilizando la primera palabra de su título: Archivo, Colombeia, América.

[2] Alfonso Rumazo González: Francisco de Miranda, protolíder de la Independencia de América. Caracas: Antelux,2011. 399 p. La cita procede de la p.5. La primera edición de este libro fue impresa en 1985.

[3] Caracciolo Parra Pérez: Discursos. Madrid: Altamira Talleres Gráficos,1961. 397 p. Ver: “Miranda en Valmy”(p.377-383). La cita procede de la p.382.

[4] José Luis Salcedo Bastardo: Crisol dek americanismo. La Casa de Miranda en Londres. Caracas: Cuadernos Lagoven,1980.107 p. Ver el capítulo: “Los simposiums de Grafton Street”(p.19-20), aunque todo el libro está dedicado a este asunto.

[5] Arturo Uslar Pietri: En busca del Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica,1969.221 p. Ver: “”Los libros de Miranda”(p.63-80). La cita procede de la p.69

[6] Rafael Pïneda: Francisco de Miranda, el primer crítico de arte. Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas mirandinos, 1986. 147 p.

[7] Antonine Quatremere de Quincy: Cartas a Miranda. Sobre el desplazamiento de los munumentos dearte de Italia. Prólogo: Juan Pedro Posani. Traducción: Julieta Fombona. Caracas: Instituto Instituto de Patrimonio Cultural,1998.148 p.

[8] Andrés Bello: Obras complettas. Caracas: La Casa de Bello,1981-1986. 26 vols. Está en el t.I,p.34. La artista a quien se lo dedicó se llamó Juana Facompré.

[9] Fernando Paz Castillo: El romamticismo de don Francisco de Miranda. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua,1965.50 p.; Auguto Mijares: Vida romnatica y romanticismo literario. Caracas: Ministerio de Educación,1971.94 p.; Arturo Uslar Pietri:”Miranda y el romanticismo” en En busca del Nuevo Mundo,p.81-90.

[10] Pietre Henri Simón: Proceso al hombre. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1963. 180 p. La cita procede de la p.9.

[11] Paolo Emilio Taviani: Cristóbal Colón, génesis del gran dscuibirmiento. Traducción: Maeisa Vanini de GeruleviczBarcelona: Ediuorial Teide,1977. 2 vols, La dato está en eñl t.I,p.15.

[12] Tomás Polanco Alcátara: Francisco de Miranda: ¿Ulises, don Juan o don Quijote?. Caracas: Ediciones GE, 1997. 779 p. La noticia la tomamos de la p.335. Damos aquí el título completo de este libro, ya que en el taller de impresión la primera palabra del subtítulo fue omitida.

[13] Adolfo Ermest: Catálogo de la biblioteca de la Universidad de Caracas. Caracas: Imp. de La Opinmión Nacional, 1875. VIII,279 p.

[14] Gloria Henrriquez Uzcategui: Historia de un archivo. Francisco de Miranda, reconstitución de la memoria. Caracas: Fundación para la Cultura Urbana,2001.XXIII,294 p. La cita procede de la p.263.

[15] Gloria Henrrrquez Uzcategui: Los papeles de Francisco de Miranda. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1984, 289 p. Ver las p.24-27. La cita procede de la p.24.

[16] Francisco Michelena y Rojas: Viajes ciuentíficos en todo el mundo, en los años 1822-1842.2ª.ed. Prólogo: Pedro Grases. Caracas: Instituto Nacional de Hipódromos, 1971. XX, 428 p. La primera edición de esta obra fue impresa en 1843.; Arturo Uslar Pietri: La vuelta al mundo en diez trancos. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo, 1971. 86 p.

[17] Miriam Blanco Fombona de Hodd: El enigma de Sarah Andrews, esposa de Francisco de Miranda. Prfólogo: Pedro Pablo Barnola SJ. Caracas: Banco Mercantil y Agrícola,1981 131 p..

[18] J.Rives Childs: Casanova, el rostro oculto de un seductor. Madrdi: Espasa Calpe,1991.357 p.; Octavio Paz: Un mas allá erótico: Sade. Bogotá: Tercer Mundo,1994.84 p. La cita procede de la p.5; Severo Sarduy:: Escrito sobre un cuerpo. Buenos Aires: Sudamericana,1969.108 p. Ver: “Del yin al yan”(p.9-31). La cita procede de la p.9.

[19] Carlos Pi Sunyer: Patriotas americanos en Londres. Edición y prólogo: Pedro Grases. Caracas: Monte Ávila Editores,1978.364 p. Ver “Miranda y Casanova”(p.131-160).

[20] Camilo José Cela: Diciconario del erotismo. Barcelona: Grijalbo,1992.2 vols. La información aparece en el t.I,p.237..

[21] Tomás Polanco Alcántara: Francisco de Mirada: ¿Ulises, Don Juan o Don Quijote?, p.335.

[22] Inés Quintero: La palabra ignorada. La mujer: testigo oculto de la historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar, 2008.270 p. Ver las p.210-211.

[23] Inés Quintero: La conjura de los Mantuanos. Ultimo acto de fidelidad a la corona española. Caracas 1808. Caracas: UCAB,2002. 240 p.

[24] José María Antepara: Miranda y la emancipación suramericana. Documentos, histórcios y explicativos, que muestran los proyectos que están en curso y los esfuerzos hechos por el general Miranda durante los últimos vienticinco años para la consecusión de este objetivo. Prólogo: Carmen Bohórquez..Traducción y notas: Amelia Hernández y Andrés Cardinale. Caracas: Biblioteca Ayacucho,2006. XLII,311 p.

[25] Juan Antonio Navarette: Arca de Letras y teatro universal. Edición crítica y prólogo: Blas Bruni Celli. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1993. 2 vols. La noticia se lee en el t.II,p.92.

[26] Juan Carlos Chirinos: Miranda, el nómada sentimental. Prólogo: José Balza. Caracas: Norma,2006.335 p. Ver p.107-111.

[27] Augusto Mijares: El Libertador. Caracas: Editorial Arte,1964.686 p. Debemos recordar que en los capítulos X-XIII de este libro están dedicados íntegramente a Miranda, hecho que muchas veces se olvida, de hecho es una biografía del Precursor.

[28] Caracciolo Parra Pérez: Historia de la Primera República de Venezuela.3ra.ed. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1992.LI,623 p. La cita procede de la p.532.

[29] Ver nuestro “A doscientos años de un gran error: la prisión de Miranda en La Guaira” www.analitica.com, Caracas: julio 26,2012

[30] Esta carta es menos conocida porque sólo ha sido publicada en Simón Bolívar: Corrrespodencia del Libertador(1819-1829). Caracas: Fundación John Bolton, 1974. XXVII,402 p. La carta está en el p.296. La carta a Leandro Miranda está en Simón Bolívar: Cartas del Libertador.2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Vicente Kecuna/Banco de Venezuelaq,1964-1970. 8 vols. Está en el t.VI,p.13.

[31] Las cartas de Monteverde a la Regencia están en Giovanni Meza Dorta: Miranda y Bolívar: dos visiones.2ª.ed. Caracas: Bid and Co. Editor,2007.227 p. Verlas en las p.219-221.

[32] Simón Bolivar: Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2011. 33 vols. La cita procede del t.XX,p.616-617.

[33] Caracciolo Parra Pérez: Historia de la Primera República de Venezuela,p.556, nota 7.

[34] Están también en Los libros de Miarnda.2ª.ed.Prólogo: Arturo Uslar Pietri. Advertenbcia bibliográfica: Pedro Grases. Caracas: La Casa de Bello,1979. Varias paginaciones. Las listas a las que nos referimos se leen en las p.XXXIX-L.

[35] Caraciolo Parra Pérez: Páginas de historia y de polémica. Caracas: Litografía del Comercio, 1943. VII,349 p. Ver:”Miranda y los Patricios de 1782”(p.30-31).

[36] Augutso Mijares: El Libertador,p.127.

[37] Juan Carlos Chirinos: Miranda, el tómada sentimental. p.152-156.

[38] William Spence Robertson: La vida de Miranda. Edición revisada, compulsada y con prólogo de Pedro Grases. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2006. XII,491 p. Lo citado se lee en la p.54. El subrayado es nuestro. La noticia de su llegada a Cádiz, la consigna en la p.414.

[39] Hermano Nectorio María: Miranda en La Carraca.2ª.ed. Prólogo: David R. Chacón Rodrpiguez.Caracas: Alcaldía de Caracas, 2006. VIII,222 p. Este es más completto estudio, documentado, que cnocemos, sobre los tres últimos años de la vida del Precursor. Para la muerte, la partida de defunción, sitio de sepultura y los restos ver las p.115-133.