Viernes, 20 de Octubre de 2017

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Medio Siglo sin Marilyn Monroe

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Pensar sobre Marilyn Monroe, meditar sobre los alcances de su figura, asomarse a su tragedia personal, es cuestión que siempre nos ha asediado. A ese peculiar ser, una actriz que dejó su estela en la pantalla, podemos volver. Podemos retornar a interrogarnos sobre los sucesos de su vivir, sobre todo este año en que se recuerdan los cincuenta años de su deceso.

Algo especial habitó en ella. Uno de sus maestros de actuación, nada menos que Lee Strasberg(1901-1982), el creador del “Actor’s Studio”, dijo “Estaba sumergida en una llama mística, como cuando vez a Jesús en la Ultima Cena y hay un halo alrededor de él. Marilyn estaba envuelta en esa gran luz blanca”, según leemos en el libro de Anthony Summers Las vidas secretas de Marilyn Monroe. (Barcelona: Planeta, 1987, 349 p.), del cual tomamos muchos de los datos biográficos que utilizamos. Y Constance Collier, cuya relación con Marilyn evocó Truman Capote(1924-1984) en memorable página(Música para camaleones. Buenos Aires: Emecé, 1981,p.217-232), dijo de ella “Oh, sí, hay algo ahí. Es una criatura hermosa. Yo no creo que sea en modo alguno una actriz, no, en cualquier sentido tradicional. Lo que tiene, esa presencia, esa luminosidad, esa inteligencia a ráfagas, no podría salir nunca a la superficie sobre un escenario. Es algo tan frágil y tan sutil que sólo puede captarlo la cámara. Es como un colibrí en vuelo; sólo la cámara puede congelar la poesía que hay en él. Pero cualquiera que crea que esa chica es otra Harlow...está loco. Yo espero....que sobreviva el tiempo suficiente para dejar en libertad el talento extrañamente delicioso que anda vagando por ella como un espíritu enjaulado”. Jean Negulesco, quien la dirigió en Como casarse con un millonario, expresó, “Acabé por adorarla porque no era más que una niña que tenía algo que Dios le había dado, y que todavía no podemos definir ni comprender. Es lo que ha hecho que sea una estrella”. Bert Stern, quien la fotografió para Vogue, en las famosas gráficas en las cual posó desnuda tapándose con un pañuelo transparente, fotos tomadas pocos días antes de su deceso, confesó “Marilyn tenía la fuerza...Era el viento, esa forma de cometa que pinta Blake moviéndose alrededor de una figura sagrada. Era la luz y la diosa y la luna. El espacio y el sueño, el misterio y el peligro”. Y Susan Strasberg, “Era una mariposa de hierro. Las mariposas son muy bonitas, proporcionan gran placer, y tienen una vida muy corta”. O el ya citado Lee Strasberg, “Tenía una luminosidad especial, una mezcla de melancolía, resplandor y anhelo, que la apartaban de los demás, y que sin embargo, hacía que todos los demás desearan ser parte de ella”. Estas son algunas de las opiniones de sus contemporáneos, que siempre son los únicos quienes realmente nos conocen. El juicio de la posteridad es otra cosa. En estas aseveraciones encontramos trazado no sólo su retrato interior sino los por qués de su tragedia personal.

Porque no otra cosa fue la vida de Marilyn, nacida en Los Ángeles, California, Estados Unidos(Junio 1,1926). Norma Jeane(o Jane como lo escribió a veces) fue el nombre con el cual vio la luz. Nunca supo, ni lo sabemos todavía hoy, quien fue su padre. Igual pudo ser el esposo de su madre o uno de sus amantes. Debió arreglárselas con un progenitor imaginario. Sin padre, asechada muy de cerca por las muchas enfermedades mentales de miembros de su familia, quizá violada por uno de sus padrastros, hecho del cual uno de sus biógrafos no está muy convencido pues no hay argumentos para afirmarlo y es posible que Marilyn haya usado este cruento suceso para atraer amor hacia ella. Y afecto fue lo que siempre estuvo buscando, en forma intensa, a lo largo de su deambular. Fue ese conjunto de privaciones infantiles y adolescentes lo que la hizo percibirse así misma como “una niña triste, amargada, que creció demasiado a prisa”; quien pudo decir “No viví nunca, nunca me han querido”; quien estuvo buscando quien le prestara atención; quien con esa conciencia de sí misma, que aparece en ciertas personalidades psicopáticas, de la cual no escapó, pudo afirmar que siempre quiso ser aceptada por sí misma. Sabía, como lo dijo alguna vez, que el “amor es la única cosa inmortal que tenemos. Sin eso ¿qué puede significar la vida?”. Ella lo comprendía pero no pudo tenerlo. Por ello, desde muy joven se afirmó en ella “un guión para el esplendor y la tragedia” como escribe Summers.

Y ambas cosas son evidentes cuando observamos la forma como ella, por sí misma, sin que nadie la empujara a llevarlo a cabo, por propia decisión, llegó a ser la actriz que fue. Pero también las fuerzas negativas de su personalidad le impidieron ser una mujer feliz.

Su esplendor fue actuar. Antes había sino una modelo con suerte. La foto del almanaque alimentó la fantasías de muchos. Como histriona se formó con seriedad. Estudió actuación y canto. Lo primero junto a Natasha Lytess, al lado de Michel Chejov, sobrino del gran narrador ruso, quien divulgó en Estados Unidos el método de Konstantin Stanislavski(1863-1938) de quien había sido alumno directo, y en el “Actor’s Studio” bajo la tutela de Lee Stransberg. Con Hal Schaefer se preparó para cantar. Con constancia desde que decidió ser actriz en 1945, Marilyn se preparó. Estudió mucho, leyó en grandes cantidades, cosa que muchos dudaron creyendo que ella fue solamente un ser frívolo. Uno de los valores del volumen de Summers estriba en mostrarnos esta faceta y señalarnos hasta lo títulos de muchas de las obras que ella leyó. Entusiasmada por las mujeres que habían logrado triunfar, Marilyn fue “perfeccionando su arte en silencio”. Fue así como surgió Marilyn Monroe. Norma se transformó en Mariliyn el 1 de Junio de 1946. Tenía veinte años. El 31 de Julio de ese año actuó por primera vez ante una cámara de cine. Su primer contrato lo logró al año siguiente. Su primer paso importante en el cine lo constituyó, en 1950, el film La jungla de asfalto. El crítico de The New York Times dijo que la suya había sido “una interpretación impecable”. Debió sentirse ella un poco feliz ya que siempre fue un ser que actuaba para seducir. Y no sólo para buscar pareja sino para tratar de recibir amor. Llegó a dominar de tal forma su arte que su maestro Stasberg pudo decir, “He trabajado con cientos...de actores...y no hay más que de dos que estén muy por encima de todos los demás...El número uno es Marlon Brando(1924)...y la segunda Marilyn”. Por su parte, Billy Wilder(1906) señaló, “Como actriz de comedia era un verdadero genio, con un extraordinario sentido de los diálogos cómicos. Era un don de Dios”.

El caos lo constituyó en su vida íntima. Muchos factores, entre ellos Hollywood, contribuyeron a precipitarle en él. Pero no sólo Hollywood. Las raíces estaban en su interior. Y crecieron hasta acabar con ella. Buscadora de afecto, perseguidora de familias en las cuales se sintiera querida, tanta ansiedad la frustró. No nació en una familia donde fuera amada. Adolescente, nos informa Summers, tuvo un hijo que sus tutores le quitaron y fue entregado en adopción. Nunca pudo volver a verlo. Tampoco logró tener otro, pese a que tuvo varios embarazos.

Sus ansias de encontrar pareja resultaron frustradas. Se casó muy joven, antes de los diez y seis años, unión forjada por sus tutores para salir de ella rápidamente. Fue así como contrajo nupcias con Jim Dougherty. Con Robert Slatzer estuvo casada dos días, con Joe di Maggio() algunos meses y varios años(1956-1961) con Arthur Miller(1915). Su unión con Dougherty duró hasta que ella tomó su camino hacia el celuloide; con Slatzer, un amigo muy cercano, quien siempre la quiso, debió disolver su compromiso porque los estudios así lo exigieron. Estos sólo veían con buenos ojos su relación con Di Maggio, un astro del béisbol, en la cúspide de su fama en aquellos días, y el mito sexual que ellos estaban construyendo para ella. Pero Di Maggio, el hombre que sin duda más la amó, no era persona para ella. La quiso pero no pudo comprenderla. Era, como italiano, un ser posesivo, un típico macho latino quien no supo entender que ella tenía una vida propia, autónoma a él, que él estaba obligado de respetar. El no podía entender que se estaba casando con quien mucho simbolizaba para todos, quien, meses antes de su boda con él, había aparecido en público con el célebre vestido que fue hecho para mostrar sus famosas curvas y que fue cosido después de puesto. Un traje hecho solamente para su cuerpo. Di Maggio no podía soportar eso. Y menos la escena, filmada cerca de Times Square, en donde la falda del vestido blanco se subía por encima de sus rodillas. El rudo siciliano quien estaba mirando la escena, sin que ella lo supiera, huyó deprimido. La unión no podía perdurar. Y Marilyn no estaba especialmente enamorada de él. Ella pensaba, y mucho, en Arthur Miller.

Con Miller tuvo la relación conyugal mas larga de su vida. Se inició en un momento de plenitud de su carrera, cuando había logrado como actriz, gracias a Bus Stop, pasar más allá del solo símbolo sexual, como lo reconoció un crítico de The New York Times. Pese a esto, el drama crecía. Mientras “la actriz alcanzaba el sueño, la mujer se estaba desintegrando”. Y así el matrimonio no podía durar. Por más que hiciera Miller. E hizo mucho. Pero es imposible una relación entre lo sano y lo enfermo. Lo mórbido termina por predominar. Así, pese a su amor, que en estos casos fracasa en sus intentos, Miller se consumió al tener que vivir con Marilyn. Hasta dejó de escribir. Y esto pese a que fue quien “dedicó a Marilyn más tiempo de su vida que ningún otro hombre”. Fue en ese tiempo cuando Marilyn comenzó a morir. Fue perdiendo el sueño, se lanzó a exagerar con los somníferos, a tomar en cantidades impresionantes. Mientras sus males se aceleraban. Se separaron en 1961. A ella sólo le restaban diez y nueve meses de vida. Se convirtió entonces en una “mujer sola y desorientada”. Fue entonces cuando conoció a los hermanos Kennedy. Con el Presidente, hombre casado, tuvo una relación, que hoy sabemos duró varios años, según lo ha revelado Francois Forrestier(Marilyn y JFK. Madrid: Aguilar,2010.240 p.), fue de aquellos romances a los cuales él era muy adicto, como algunos de sus biógrafos nos lo han hecho conocer. Después, muy enferma, viviendo en medio del laberinto fue despidiendose de la vida. Un día muy deprimida, en grave estado mental, sin atención alguna, tomó dos medicamentos que juntos le produjeron la muerte(agosto 4,1962). Hoy sabemos, por su biógrafo Donald Spoto que no se suicidó(Marylin Monroe. Barcelona: Anagrama,2000,p.662,667-668). No llegó a saber lo que hacía. Solamente tomó unas pastillas para dormir que no debía consumir. Y se quedó soñando para siempre.

La conmoción universal que produjo su deceso hizo que el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal(1925) la presentara ante Dios en su sobrecogedora “Oración por Marilyn Monroe”. La copiamos íntegra en el apéndice.

Así se inició la vida perdurable de quien, como dice Summers, “era un montón de paradojas, un símbolo sexual que no encontraba felicidad en el amor, una actriz que temblaba de miedo cada vez que tenía que pisar un escenario...Una persona con enorme afán de aprender, que nunca aprendió a vivir consigo misma, y al final cayó en algo muy próximo a la locura...El legado de Marilyn está hecho de algo más sólido que la fantasía. Ese ‘todo el mundo’ al que ella ofreció su última aspiración pública, continua hechizado por una mujer que fue capaz de una hazaña asombrosa. Marilyn, una niña con una infancia desgraciada, luchó por abrirse paso en el mundo y ocupar un puesto destacado con algo más que sexo. Lo hizo a fuerza de trabajo, y con una brillantez que aparece incluso en las más tonta de las películas con que Hollywood decidió lanzarla. Durante doce años, su presencia dentro y fuera de la pantalla hizo reír y llorar a millones de personas, y esas personas no dan señal alguna de olvidarlo...Su risa nerviosa y demasiado prolongada nos sigue a través de los años”.

Marzo 3,2012.


Apéndice

Oración por Marilyn Monroe*
Por: Ernesto Cardenal

Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de
Marilyn Monroe
aunque ese no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a
los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.

Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia
(según cuenta el Time)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras. Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso…
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
Mi templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecados y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda. Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-El de nuestras propias vidas- Y era un script absurdo. Perdona Señor y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Pscioanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje -insistiendo en maquillarse en cada escena-
y como se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras eI Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)
contesta Tú el teléfono!

*Ernesto Cardenal: “Oración por Marilyn Monroe” en Antología. Buenos Aires: Carlos Lolhé,1971,p.103-105