Lunes, 23 de Octubre de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos María Ángeles Octavio: Sobre la Iniciacion de una Creadora

María Ángeles Octavio: Sobre la Iniciacion de una Creadora

Correo electrónico Imprimir

Por: R.J.Lovera De-Sola

Registramos un hecho literario inusitado: la aparición en nuestras letras de María Ángeles Octavio(1964). Lo ha hecho con su intensa pasión creadora a través de dos relatos insuperables, “Cinamon roll”(Ana Teresa Torres/Héctor Torres: De la urbe al orbe. Caracas: Alfadil, 2006,p.111-128), “J’ai rendez-vous avec vous”(Antonio López Ortega: Las voces secretas. Caracas: Alfaguara, 2006,p.191-203) y por medio del libro Exceso de equipaje.(Prólogo: Ednodio Quintero. Caracas: Monte Ávila Editores, 2004. 130 p.).

Cuentista
María Ángeles Octavio está exactamente bien construida, por todo lo vivido y por muchas y sazonadas lecturas, para la invención de la narración corta. Hay instantes que al leerla reposadamente se podría decir que sigue los consejos de Anton Chejov(1860-1904), maestro universal del género si los hubo(Carlos Pacheco/Luis Barrera Linares: Del cuento y sus alrededores, ed. 1993,p.317-323), para nosotros nuestro modelo de escritor como narrador, dramaturgo y especial hombre cabal quien sacó a su familia de la pobreza con su trabajo literario y más tarde ejerciendo su profesión de médico, la cual estudió con muchos sacrificios. Su gusto por lo femenino, el ser amigo constante y compañero de varias mujeres, una de las cuales lo acompañó en el momento supremo, siempre nos ha parecido fascinante. Antes de fallecer, cerca de aquella mujer, una actriz, con la que se había casado, tomaron una copa de champaña y él se quedó quietamente dormido, cabeceando para siempre.

Cuando este gran ruso escribe en sus cartas observaciones sobre el modo de abordar la realidad a través del cuento, cuando dice: ”ser breve, poseer carácter y relevancia”,”En la esfera de lo psicológico, los detalles son también la clave”,”no debes dar al lector ninguna oportunidad de recuperarse: tienes que mantenerlo siempre en suspenso”,”Pero en los cuentos es mejor no decir suficiente que decir demasiado”,”el comienzo de mis cuentos es siempre tan prometedor y parece como si fuera el comienzo de una novela, la mitad es apretujada y tímida, y el final es como un esbozo breve, como fuegos artificiales”,”si permito que se introduzca mi subjetividad, la imagen se desdibujará y el cuento no será ya tan compacto como todo cuento debe ser. Cuando escribo, me apoyo enteramente sobre la capacidad del lector para añadir por sí mismo los elementos subjetivos de que carece el cuento”, “la realidad principal aquí no está en el árbol, sino en las emociones que despierta en aquel que lo contempla” y cuando cierra sus meditaciones lo hace con esta: “Y una escritura bien lograda, en un cuento, debería ser captada inmediatamente, en un segundo”: cuando se leen estos hermosos pasajes de un ductor como Chejov no pudimos dejar de pensar, cuando se leen también las narraciones de María Ángeles Octavio, que parecen a ella dirigidas, tal su certera forma de crear cuentos, relatos que abren un espacio particular a nuestra literatura. Es sin duda la vocación de ella: densa y rutilante creadora.

Ella es también diestrísima en el relato brevísimo, de muy difícil concepción y construcción porque en ellos cada palabra es esencial y tiene que estar en su sitio. Relatos como “Ciento por ciento algodón”, “Tobos de placer” o “Perfume de cerdo” de Exceso… son de alta concepción y poseen anécdotas que no podemos dejar de mirar con especial atención, dados sus logros dentro de su modo conciso de contar.

Seductora
Los suyas son ficciones cuyas anécdotas nos atrapan, no nos dejan cerrar el libro hasta llegar a su última línea. Esto es lo que todo escritor desea hacer con sus textos, que seduzcan al lector como escritura hasta tal punto que los hagamos nuestros mientras pasemos nuestra vista sobre sus renglones.

Mujeres Fabuladoras
Uno de los sucesos más singulares que están acaeciendo en las letras latinoamericanas es la presencia de un número singular de mujeres creadoras, muchas de ellas magníficas novelistas, no todas bien comprendidas por la crítica a veces por el solo hecho de ser mujeres. La incomprensión misógina toma a veces el papel principal a la hora de juzgarlas. Aquí sucedió cuando la mexicana Ángeles Mastreta(1949) ganó con Mal de amores.(México: Alfaguara, 1996. 375 p.) el reputado “Premio Rómulo Gallegos” que por vez primera se entregó en esa ocasión a una escritora. En ese momento todo lo que se leía en las páginas literarias era contra ella, como si hubiera cometido un delito por haber escrito una bella novela. Todo se dijo contra ella. A veces incluso por mano femenina. Todo lo que hay de anti-mujer en nuestra sociedad se desató en aquel momento. Tanto que los que escribieron los únicos dos comentarios basados en el sentido recto de entender el acto de creación debieron pagar durante mucho tiempo el precio de su libertad al opinar y comentar un texto cautivador. Fueron dos los discrepantes, el maestro Pedro Beroes y quien esto escribe, desde las columnas que entonces escribíamos en el diario de El globo de Caracas. A Ángeles Mastreta se le llegó a enjuiciar por ser su novela hija del realismo mágico, un modo que define a los caribeños, de hecho su novela se inicia sobre ese ponto. En verdad pocos se dieron cuenta que no sólo el realismo mágico seguirá sino que la influencia de su obra mayor, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, proseguirá viviente, que como las obras maestras, de hecho es el primer gran libro del siglo XX escrito en castellano, seguirá influyendo mucho y por mucho tiempo, tanto como lo sigue haciendo el Quijote desde las generaciones que se sucedieron después de Cervantes hasta nosotros.

Tanto se dijo contra Ángeles Mastreta que fuimos testigos de un palique, un desayuno, en el cual participaron sólo hombres, que se inició criticando acremente Mal de amores. Nosotros guardamos silencio. Sacaron a colación entonces el de Laura Esquivel(1950) Como agua para chocolate.(México: Planeta, 1989. 244 p.) y entonces expresamos que este nos parecía un libro precioso. Siguieron: creemos que estas escritoras hacen sus libros para ser llevados al cine. Contestamos: no creemos que lo hayan hecho para eso pero si sucede nos parece muy bien, las relaciones entre cine y literatura son no sólo cotidianas sino decisivas para el Séptimo Arte que ha versionado numerosas obras para la pantalla, algunas soberbiamente. Debemos anotar otra vez que las mejores películas siempre han brotado de los amores intensos entre literatura y cine, sino no hay senderos para el cinema. Y hay que añadir que nuestra época, es la que vive “bajo el signo del cine”, como lo expresó Arnold Hauser en el tercer tomo de su Historia social de la literatura y el arte(1951) que es ya un clásico.

Después de aquella conversación en el Mercado de Mérida se hizo Como agua…en cine y se logró una bella realización. Mal…no la han llegado hacer pero hasta se pensó en Antonio Banderas para el gran protagonista masculino.

Todo este largo párrafo nos llevará en algún momento a María Ángeles Octavio. Mientras llegamos allá debemos decir que la presencia de la mujer en la literatura hispanoamericana de hoy es ya tan esencial que ellas hasta han influido en nuestros grandes maestros de la novela: tenemos anotado en otro lugar la vasta influencia de lo que escriben las mujeres latinoamericanas contemporáneas en Los años con Laura Díaz.(México: Alfaguara,1999. 600 p.) de Carlos Fuentes(1928), este creador ha sabido escuchar la voz femenina y además dentro de sí mismo la voz de su ánima. Por ello ha sabido entender. Sintonizarse con el ánima es la única manera de entender lo que escriben las mujeres. Y por si faltara otro ejemplo basta leer la novela No será la tierra.(Mexico: Alfagurara, 2006. 527 p.) de Jorge Volpi(1968) cuya anécdota se sostiene sobre cinco mujeres, una de ellas, la más joven, la poeta Oksana, una de las mayores creaciones de un personaje novelesco en la ficción latinoamericana de este siglo XXI.

En Venezuela
Y dentro de este contexto mujeril hay que inscribir a María Ángeles Octavio: una mujer escritora venezolana que viene a seguir las huellas trazadas por todas aquellas féminas que encabezó Teresa de la Parra(1889-1936), por todas aquellas que trajeron la luz de la mujer a nuestras letras desde 1935, meses antes de la muerte de Teresa pero también punto de partida de los movimientos femeninos dentro de nuestro país y de la publicación de un buen conjunto de novelas y libros de cuentos en los años cuarenta y cincuenta que analizó el ojo perpicaz de Luz Marina Rivas(1958) en su Literatura de la otredad.(Caracas: Universidad Central de Venzuela, 1992. 231 p.). Todas estas mujeres, que escribieron desde fines de los treinta hasta fines de los cincuenta, fueron las que abrieron las puertas para la madurez literaria de nuestras creadoras, de las que ahora escriben, de aquellas que saltaron por encima de lo que se consideraba “literatura femenina”, es decir sólo aquello que le sucedía a la mujer, para tratar en sus ficciones todos los temas. Claro está que el amor pero también la soledad, la sociedad, la política, la alienación ciudadana, todo aquello y además todo lo que les llegue hasta los fueros de su imaginación. Es todo un cambio. Y basta ser un hombre sensible, como lo pidió Anais Nin, en Ser mujer, como antídoto contra el machismo, para entender todos los milagros de esta escritura. Creemos que basta leerla sin prejuicios y sintonizarse con nuestra ánima, cosa que por lo demás completa la visión del laberinto humano que tales palabras, emociones, ensoñaciones, pálpitos, nos comunican. Dentro de todas ellas creemos que hay que anotar ahora el nombre de María Ángeles Octavio o llamarla Alucinada Casablanca como una de las protagonistas de uno de sus cuentos.

 

Sexual
Muchos de los cuentos de María Ángeles Octavio además están alimentados por su recurrencia a los temas de la sexualidad, por “el ajetreo erótico” que dijo José Ortega y Gasset(Estudios sobre el amor, ed.1966,p.210), visto esto siempre como un lugar para llegar al máximo esplendor íntimo al cual puede arribar un ser humano. Dentro de estas formas de fabular su contribución es tan importante que debemos ubicarla desde ya entre nuestras escritoras eróticas.

El magnífico “Cinamon roll”, del centón De la urbe…, es la historia de un asesinato, de un homicida en serie y del amor perturbado que una joven siente por él hasta casi entregarse a que este la destruya. En “J’ai rendez-vouz avec vous”, de la analecta Las voces…, están cabalmente, y eróticamente, expresados los deseos y fantasías sexuales de una bella mujer por un pintor del que fue, por largo tiempo, modelo en algún lugar parisino.

En Exceso…encontramos otra vez las atmósferas propias de María Ángeles Octavio: el bello amor por el hombre amado o la inmensa soledad de algunas mujeres(ver las ocho primeras líneas de “Tobos de placer”,p.91) porque siempre los personajes de esta creadora, son criaturas heterosexuales con deseos pasionales. Ese hondo afecto por el otro está bellamente expresado en “Cien por ciento algodón” o en ese bello apólogo, lleno de sensualidad, que es “Perfume de cerdo”.

Pero muchas y diversas son sus aventuras a través de la narración corta. Por ejemplo ese perfecto texto, es un cuento muy bien trabado, como “A juzgar por su condición” es en nuestra literatura una nueva recreación, la transformación ficcional, del relato de Denzil Romero(1938-1999) “Un atraco singular”(de El Invencionero,1982), lográndose ahora mostrar también el exceso de pasión amorosa que ya mostraba el cuento del cual parte. Hay que subrayar aquí la gran lección: el volumen de Romero es uno de los mayores libros de cuentos de las últimas décadas, para nosotros es ya un clásico. Este relato está también en sus Cuentos completos. (ed.2002,p.229-237).

Abundancia
Una lectura de Exceso…debe tener en cuenta que los personajes de María Ángeles Octavio son heterosexuales, que sus protagonistas principales son mujeres, féminas enamoradas o molestas por haber sido dejadas por sus hombres, que un conjunto muy claro de estos relatos son de ascendencia sexual. Hay que decir también que hay algunos sobre el placer de comer(“Páseme la sal, por favor”) o de origen gastronómico(“Ensartada”).

Hay también uno muy hiriente, sobre los maltratos a los cuales somete una madre a su hijo, tal “Ojo por ojo”. Este relato en el cual se presenta tan hondamente los sufrimientos de su niño protagonista nos recuerda mucho por su tema, por su amor a la niñez, a aquel también tan memorable de la mexicana Carmen Boullosa(1954) “Que viva” de su libro Quizá.(Caracas: Monte Ávila Editores,1995. 234 p.), sobre aquel niño al cual completamente dejan solo un día mientras todos los seres de su contorno desaparecen. El amor hacia lo infantil evidente en ”Ojo por ojo” está también en “Que viva”. Las dos narraciones trazan ante nosotros un hermoso paralelismo, constituyen un contrapunto contra el maltrato infantil, escritos por cierto por dos amorosas madres. Y no nos debe llamar la atención que el de Carmen Boullosa, como nos lo confesó un día, aquí en Caracas, en sabroso palique, haya sido concebido para apoyar las campañas a favor de “Los niños de la calle” en su país.

Creadoras Eroticas
Hay varios pasajes que definen muy bien lo que desea hacer en sus cuentos esta escritora centellante.

Muchas de estas acabadas narraciones sitúan, ya lo hemos anotado, a María Ángeles Octavio entre nuestras creadoras eróticas. Son pocas pero significativas. Como autoras de libros redondos hay que citar a varias. Claro que la fundadora de este modo en la escritura venezolana fue Lourdes Morales(1910-1989) con sus cuentos de Delta en la soledad(Caracas: Ediciones del Grupo Orión,1946. 105 p.) en los años cuarenta. A ella siguieron un poco más tarde Irma Acosta, nacida en los años cuarenta, muerta en 1985, primero con ¿Qué carajo hago yo aquí?.(Prólogo: Jesús Sanoja Hernández. Caracas: Tipografía El Sobre,1974. 138 p.) y más tarde en Mientras hago el amor(Caracas: spi,1977.97 p.). Después vino Dina Piera Di Donato(1957) con los asuntos lésbicos de su Noche con nieve y amantes.(Caracas: Fundarte, 1991.71 p.), los cuales ella sin embargo considera, así nos lo dijo, como historias de mujeres. Más tarde Ana Teresa Torres(1945) con La favorita del Señor.(Caracas: Editorial Blanca Pantin/La nave va,2001. 190 p.), que toma su impulso de uno de los libros más bellos que se han escrito sobre el sentimiento amoroso creemos que en todos los tiempos: El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdova, un volumen de allá por el año mil diez en la España musulmana. Desde El collar de la paloma pasaron ocho siglos, ochocientos años, hasta que el gran Sthendhal(1783-1842) publicó su bello tratado Del amor(1822). Después de Ana Teresa Torres apareció Valentina Saa Carbonell(1959) con Mi mano fue su intimidad(Caracas: Alfadil, 2003.106 p.). A estos nombres de escritoras eróticas quienes se expresaron a través del cuento(Lourdes Morales), las nouvelles(Irma Acosta) o ya la novela(Ana Teresa Torres y Valentina Saa Carbonell) hay que añadir los cuentos de este género que han concebido otras escritoras nuestras que tampoco son muchas. A sus nombres hay que agregar ahora, y con todo derecho, a María Ángeles Octavio: sus ficciones son las propias de la época en que el sexo ya no se mira con trabas, como algo pecaminoso, sino que se observa y se práctica con libertad sentida, plenamente. Ya la época de la sexualidad con culpa pasó, quizá se canceló, en la literatura, desde la páginas de El cuarteto de Alejandría(1957-1960) de Lawrence Durrell(1912-1990). El sexo sin culpa se comenzó a vivir plenamente entre nosotros en los años setenta que fueron para los venezolanos nuestros “sesenta”, tiempo también del feminismo, tiempo de la pastilla anti conceptiva, de la minifalda(de los cincuenta es el bikini) y de la libertad para escoger ellas el compañero sexual. Las mujeres de los ochenta fueron más liberadas y algunas vieron al placer y ejercicio sexual como una vía de conocimiento, como una epifanía, como una ceremonia, que es una de las instancias a las cuales nos lleva la sexualidad. Las muchachitas de los noventa, nuestras hijas, son libérrimas, sin culpa pero con las presiones que a ellas le han impuesto las enfermedades de transmisión sexual. Pero ellas quieren gozar eróticamente y no renunciar al sexo oral, siempre tan estimulante y gratificante. Y mucho menos extrañarse de la liberadora masturbación.

Y También Hombres
Y hay que añadir a esto también varios hombres que han cultivado con suerte la ficción erótica: los encabeza Laureano Vallenilla Planchart(1912-1973) con su novela Fuerzas vivas.(Madrid: Vaher,1963. 282 p.) por los sesgos de su apasionado personaje femenino. Le siguen Rubén Monasterios(1938) con Tócamelo en registro de laud(Caracas: spi,1972. 36 p.) y nuestro admirado Denzil Romero fue el autor de La esposa del doctor Thorne(Barcelona: Tusquets,1988. 212 p.), nuestra más grande novela erótica. Los asuntos del placer fueron muy suyos, siempre los tocó. También hay que registrar la nouvelle Horno sapiens.(Caracas: Alfadil, 1990. 83 p.) de Maurice Lambert, un seudónimo de un escritor que quiso ser fiel a una de las tradiciones de la literatura erótica: no revelar el nombre, aunque el magnífico señor de Sade si firmó las suyas, la más significativa, para nuestro gusto, es La filosofía en el tocador(1795), en donde además de ser una novela sádica están expresadas todas sus ideas como un hombre de la Ilustración, como lo que se llamó entonces un filósofo. No se debe olvidar al hablar de Sade lo que nos enseñó Severo Sarduy(1937-1993) en Escrito sobre un cuerpo(ed.1969,p.11 nota 4): el sadismo de Sade más que real fue textual, escrito, como también lo reveló la extraordinaria película Letras prohibidas sobre el divino Marqués, siempre anotando, una tras otra, sus invenciones eróticas. No hay olvidar que además del ensayo del cubano Sarduy tenemos en la literatura latinoamericana todo un libro del maestro mexicano Octavio Paz: Un mas allá erótico: Sade. Creemos que ante Sade siempre será verdad: “Lo leí con asombro y horror, con curiosidad y disgusto, con admiración y reconocimiento”(ed.1994,p.5) como dice Paz.

Y volviendo a nosotros hoy tenemos que nombrar también la novela de Héctor Torres(1968) La huella del bisonte(Caracas: Norma, 2008.247 p.), fina y delicadamente erótica en su revelación de los amores de un padre cuarentón con la adolescente amiga de su hija, muchacha de quince años. Vemos así que La huella…es una recreación entre nosotros de la deslumbrante Lolita(1955) del ruso-norteamericano Vladimir Nabokov(1899-1977).

Don Francisco
En nuestra literatura venezolana sobre los placeres del cuerpo, sobre la sexualidad y sus senderos, no debemos olvidar nunca que el primero en registrarla plenamente en las páginas de su Diario(1771-1792) fue don Francisco de Miranda en el siglo XVIII, a quien nunca “le faltó burdel”, según aquella apreciación de Francisco Herrera Luque(1927-1991), ya que esta vivencia forma parte de la educación sentimental, en el sentido flaubertiano, de los hombres heterosexuales.

 

Erotómanos
Hasta hora, cerramos esta parte con eso, nuestros mayores erotómanos contemporáneos han sido tanto Rubén Monasterios como Denzil Romero. El primero no sólo ha escrito ficciones sino un delicioso tratado, en el sentido académico del término, sobre El beso.(Caracas: Producciones Lithya Merlano, 1993. 253 p.) el cual se inicia con su espléndio elogio de la boca,

Erotología
Dentro de esta atmósfera se deben leer una porción de los cuentos de María Ángeles Octavio que están en Exceso…Y al examen de sus páginas de este género se le pueden aplicar perfectamente los métodos de examen de las letras eróticas dentro de la literatura.

María Ángeles Octavio ha declarado a la prensa que sigue escribiendo narraciones cortas: en sus dos últimos relatos, los que están en las antologías De la urbe…y en Las voces…, a través de los cuales las descubrimos, ella anda con certeza y se supera si las comparamos, sin negarlas, con las que están en Exceso…que son anteriores, todas ellas nos permiten ingresar en sus cogitaciones y buena técnica.

Exceso
La lectura de Exceso…creemos que debe iniciarse con la comprensión de lo motivos que su autora expresa en algunos pasajes. Tales “Sería la más afortunada de las mujeres si lograse siquiera juntar palabras para terminar haciendo frases con cierta coherencia que expresaran alguna idea” como vemos en “A juzgar por su condición” o “valiéndome de una palabra fugitiva, escurridiza o escondida detrás de otra disfrazada”(p.111) como se lee en “El sauce lloró flores de color violeta”, en esas dos citas quizá esta le esencia de lo que ella quiere decir.

La protagonista de la mayoría de los textos de Exceso…es una mujer: en “A juzgar por su condición” sabemos de “su delgado y frágil cuerpo”(p.35), “La piquita me hizo alcanzar el escozor que me recordó de qué está hecha una mujer: violencia, intensidad y terremotos”(p.73) se dice en “Amor desosado”; “Dentro de mí vive una humanidad de seres, cada una con deseos disímiles y sin embargo comparten el mismo cuerpo” dice “Alevosía corporal”; en “Madriguera” aparece el ser femenino: un hueco oscuro(p.89).

Pero las protagonistas de Exceso…están sedientas por el amor, saben de “Las embolias por contener las ganas de amar”(p.101) como en “Destino descifrado”.

O esperan el contacto físico con el hombre amado. En “Qué bueno oír las olas chocar contra las piedras de mi acantilado” se lee “Algo muy íntimo me sucede cuando me acaricias con tus manos, cuando tus labios me excitan con tu movimiento”(p.125) o “Allí está, la veo, esa hembra voluptuosa despierta mi lado masculino. Se ve tan frágil. Tan femenina. Me mira sin mirarme. Abre su boca incitándome. Extiende los brazos tratando de asirme. Le gusto.¿Ya sabrá?”(p.44) leemos en “Provoca entrar”.

 

Una Novela
María Angeles Octavio ahora en un palabreo periodístico con el acucioso Edgar Moreno Uribe nos indica que está trabajando en su primera novela(La literatura no tiene sexo, El mundo, Caracas: febrero 8,2007). Nos dudamos que será un libro ejemplar como todo lo hecho por ella hasta hoy, lo cual nos obliga a considerarla seriamente entre los llamados nuevos escritores, entre los creadores de los noventa, como han sido llamados.

Pero una novela concebida por ella va a ser sin duda producto de un trabajo tesonero, largo, constante, labor de extenso tiempo, que es como se logran hacer las buenas novelas, requieren de gran pasión, de grande tensión en su creador y pero de innumerable paciencia para poder arribar así a resultados significativos. Le deseamos que ahora que escribe su novela todos esos dones se hagan presentes en el momento de su invención.

(Leído en la sesión del “Círculo de lectura” de la Fundación Francisco Herrera Luque del martes 1 de julio de 2008).