Viernes, 31 de Octubre de 2014

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Las Siluetas del Fuego

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Por: Roberto Lovera De-Sola

El Perfil
La caraqueña Elisa Arraiz Lucca(1947) tiene ya en su haber cuatro novelas: Te pienso en el puerto.(Caracas: Ala de Cuervo, 2004. 195 p.), la cual, lo que es todo un logro para una escritora que comienza su carrera en las letras, ha tenido tres ediciones sucesivas y está siendo traducida al francés. A esta siguió Viernes a la sombra.(Caracas: Alfa,2007. 244 p.), ya con dos ediciones, Las siluetas del fuego(Barcelona: Editorial Alrevés,2012. 208 p.) y sus Aromas del diluvio, aun inédita, relativa a la Tragedia de Vargas(1999).

De ellas nos ocuparemos esta tarde de la tercera, aoarecida hace pocos meses en España, Las siluetas del fuego, relativa a la vida de la destacada española Zenobia Camprubí(1887-1956), esposa, desde 1916, de poeta Juan Ramón Jimenez(1881-1958), Premio Nobel(1956).

Elisa Arraiaz Lucca es Comunicadora Social graduada en la UCAB, habiendo egresado también por sus estudios en Dirección de Televisión de la Academia de las Artes del Cine y TV de Caracas, como especialista en el mundo audiovisual como guionista y directora de cine. Es también traductora intérprete de las lenguas inglesa-castellana, de la Academia Berlitz.

Su experiencia laboral siempre ha estado relacionada con la comunicación oral, escrita y audiovisual. Esta experiencia ha sido adquirida a través de proyectos relacionados con instituciones, entes gubernamentales, comunidades, grupos de opinión y medios de comunicación. Su labor ha dado énfasis a la producción de publicaciones, televisión, guión, doblajes, mercadeo, publicidad, análisis de tendencias y financiamientos. Elisa Arraiz Lucca ha sido Productora Asociada para la BBC-TV Londres para las series “Made in Latinoamérica” y “Music of the World”, guionista traductora y directora de doblaje para estudios LAIN de programas de televisión y largometrajes; guionista del programa “Susanita y Morrocoy”; productora y directora del piloto de televisión: Europa en América.

Pero la vocación literaria tan sólida, aparecida en su plena madurez, estaba implantada ya en ella desde muy atrás, esta que le llegó la hora impostergable en que era ineludible sentarse a escribir. De allí ha brotado su obra tan celebrada por tantos lectores.

Las Siluetas del Fuego
Esta es una primera aproximación, producto de la lectura del manuscrito, de Las siluetas del fuego, la tercera novela de Elisa Arraiz Lucca.

Esta es la historia de Zenobia Camprubí(1887-1956), quien en la narración es siempre “Z” y su esposo el poeta español Juan Ramón Jiménez(1881-1958), quien es en la ficción “JR”. Ambos se casaron en 1916, ella era seis años menor que él, la perfecta edad de diferencia entre marido y esposa como se ha dicho muchas veces.

Las Dos Escritoras
Las siluetas del fuego, como novela en la novela que es, fue escrita por dos mujeres: “le propongo escribir una biografía de Zenobia porque es mucho el material que tenemos, le propongo una biografía donde apenas asome JR”(p.257). La amiga acepta. Pero deja clara una interrogante: “me asegura que todavía no entiende cómo ese hombre logró que Z se quedara con él para siempre, y que ese misterio significa una gran dificultad para nosotras, que nunca lograremos llegar a un final convincente”(p.258): ese es el gran enigma y el por qué esta preciosa novela fue escrita. Es una interrogante que sigue vive siempre que nos acercamos a Zenobia.

Hemos anotado que es un libro dentro de otro libro por la doble historia que aquí leemos es la de, dice la otra redactora, la de “mi amiga boricua…todo lo que tiene que ver con Zenobia y con Marisa merece la pena”(p.51). Por ello le dice: “Para mi encontrarte después de años fue demasiado grato para hablar de cosas tristes, y luego, la coincidencia de nuestra pasión por Zenobia opacó todo el demás”(p.3-4). Y surgieron las preguntas: “Preguntó quién sabía si el flechazo entre Z y JR había sido en La Rábida; pregunta sorprendente sazonada con su sabroso acento caribeño”(p.4)

Pero el encuentro tiene tintes feministas: “Yo también deseo una conversación de mujeres con Marisa a ver si entiendo”(p.9): ¿entender lo que narra o lo que recrea?¿Las vidas reales de ambas o la vida imaginada de la que escriben? “En este proyecto que hemos asumido juntas, a ella le toca trabajar los peores años de Zenobia y eso la tiene en un estado deplorable, eso es lo que le pasa”(p.23). Es por ello que desde una observación,”pero fue precisamente después de Huelva que la idea de salvarme yo invadió mi vida”(p.29), es allí donde aparece, en el momento de la confidencia de la amiga, en donde aparece la otra novela: “pero fue precisamente después de Huelva que la idea de salvarme yo invadió mi vida”: mirar, explorar otra mujer, su vivir, para mirarse como en un espejo. A veces parece, algún pasaje lo insinúa, que el personaje se mete en el novelista. Por ejemplo cuando leemos:”cuando yo bajaba por la Quinta Avenida…me imaginé que era Zenobia envuelta en su abrigo de cuello de astracán, me sentí igual que ella”(p.43).

Pero lo que planean tiene carnadura socio-histórica, sino no es posible comprender aquel proceso humano. “para contar nuestra historia de Zenobia era necesario mezclarla con lo que sucedió en España”(p.95).Por ello dicen también: “Cómo vamos a contar el exilio de Z y JR sin mención de los acontecimientos políticos, sin hablar de esa loca fiesta trágica, como la llamó Juan Ramón”(p.84).

El Escribir
El escribir de Elisa Arraiz Lucca es de los más eco ha tenido en letras venezolanas de los últimos tiempos, precisamente desde el 2005 en que ella, Federico Vegas por Falke, Francisco Suniaga por La otra isla y Mónica Montañés por sus cuentos de Veintitantos amores y pico, con cuatro ediciones ya, han alcanzado extensa resonancia, precisamente desde sus primeras novelas, lo cual no es común, ambas sucesivamente reeditadas, las cuales curiosamente se refieren a las tierras de la añoranza venezolana: el interior, un puerto frente al mar, Carúpano(Te pienso en el puerto,2004), en la de Elisa Arraiz Lucca, la Margarita en la de Suniaga(La otra isla,2005). Con ellas la Venezuela ya absolutamente urbana, el 95% de sus habitantes viven en ciudades, sienten nostalgia por el mundo rural desaparecido.

En el caso de Elisa Arraiz Lucca desde las primeras líneas de Las siluetas del fuego nos encontramos la angustia de aquel que se expresa con palabras, el escritor. Por ello leemos: “Yo no estoy atorada sino aterrada, cuando te lo lea me moriré de angustia”(p.8): ¿es eso escribir? O porque como nos escribió la propia autora, al enviarnos el manuscrito de su novela, en un pequeño papelito: “Una de las circunstancias más turbadoras de escribir novelas es que uno se expone al otro para siempre”: ¿quizá, seguramente?

Caribeña
Hasta ahora las novelas de Elisa Arraiz Lucca han sucedido a en el borde del Caribe: Carúpano y sus aledaños(Te pienso en el puerto), el Litoral Central(Viernes a la sombra,2007), La Guaira(Aromas del diluvio), ahora Cuba y Puerto Rico, en Las siluetas del fuego, Borinquen ”tierra de los antepasados de Zenobia”(p.113). Y parece ser así porque la nueva novela que tiene como epicentro La Guaira al igual que otra que merodea su imaginación sobre un suceso acaecido en nuestro primer puerto en el siglo XVIII, que será contado alrededor de la figura de doña Josefa Joaquina Sánchez de España(1765-d1811), la primera mujer detenida política de nuestra historia, una presa de conciencia, esposa que fue de José María España(1761-1799).

Es tan caribeña Las siluetas del fuego que vamos hallando pasajes como estos: ”al día siguiente nos iríamos al mar al añorado Caribe que tanta falta le hace a quien se ha dado un chapuzón en él desde pequeña”(p.67),”Pues sí, adoro esta mar, es algo que se agudiza a medida que pasa el tiempo, no sé por qué”(p.68). Así este piélago es esencial pero lo es también la dimensión del gran lago de agua salada, el Talasa de nuestros tatarabuelos los griegos,”ya estoy en el estado de trance que me produce el mar, su olor, el sonido rítmico de las olas y el color azul”(p.67).

Mujeril
Es también Las siluetas del fuego novela mujeril, de recuperación de todo lo femenino. Zenobia fue una feminista pionera en España, especialmente durante los días de la República(1931-1939). Ser feminista tiene para ella un sentido especial, era ”la única forma de ser algo más que ilustres cocineras y costureras era estudiando”(p.73). Y lo hizo porque buscaba su lugar propio, su “cuarto” como dijo Virginia Woolf(1882-1941), ”este es el tesoro al fin: un lugar propio”(p.52)

Contrapunteo de los Tiempos
Mientras seguimos Las siluetas del fuego vamos encontrándonos con el contrapunteo de los tiempos: del pasado al presente y viceversa, el acaecer del vivir de Zenobia o la Venezuela chavista(“la reelección indefinida, eso es intolerable, a los venezolanos nos gusta el cambio y vivir en democracia”,p.107); un país involucionado, como Cuba, Chávez y su gente “son personas que están retrocediendo sin capacidad para ver hacia adelante”(p.114); tal también, por ejemplo, La Habana en que vivieron Zenovia y Juan Ramón en los años cuarenta o La Habana derruida de la Revolución castrista.

Pero vemos también el acaecer vital actual de la protagonista, la que propone a la otra escribir la novela. La vemos desde dentro de si misma y desde el eco de lo que sucede en el país le dice, a su espíritu y sobre todo a su corazón al ver destruido lo que costó tanto tiempo construir.

Las Entrañas
Si al leer Las siluetas del fuego buscamos la entraña de esta bien cernida novela la iremos hallando en expresiones que leemos en algunos de sus pasajes. Tal, por ejemplo, “algunas veces me siento tentada a contar el cuento poniéndole la magia que me imagino”(p.44).

Las preguntas esenciales que la novela plantea al lector, el cual nunca se sale de la gracia con que está contado, está cuando leemos: “Cuando juramos aclarar la memoria de nuestra Zenobia”(p.27) o la gran interrogante, si Zenovia,“Se enamoró equivocadamente del genio”(p.7) porque al comprometerse y casarse ”Juan Ramón estaba contento; el día a día con Zenobia prometía el orden que necesitaba para continuar su obra”(p.57). En verdad “la realidad de Zenobia es Juan Ramón”(p.66). Claro que los ojos de nuestros días que leen esta obra y ven la historia de Zenobia, sobre todo lejos del feminismo radical de Rosa Montero(Historias de mujeres. Madrid: Alfaguara, 1995,p.59-71) no pueden dejarse de preguntar si la, o las renuncias, que Zenobia hizo de su propia vocación y deseos para atender aquel genio, no significaron una grave mutilación.¿Lo vio así ella? Nosotros pensamos que dos no pueden ser felices sino cada uno no es feliz por su lado, dentro de aquello que ha escogido como lo propio de su realización personal: ¿pero pensó eso Zenobia?¿O su admiración por Juan Ramón, que ella con su delicada cultura pudo entender en todas sus aristas, le bastó?

Zebobia
Zenobia quien durante mucho tiempo, cuando la esencia de su personalidad y obra comenzó a ser atrapada en sus verdadera dimensiones, precisamente gracias a todo lo que hecho posible el movimiento feminista en el redescubrimiento de mujeres destacas, fue prácticamente solo la esposa de Juan Ramón Jiménez y la traductora de las poesía del hindú Rabindranath Tagore(1881-1941). Hoy sabemos que fue mucho más. Y ahora, gracias a Elisa Arraiz Lucca la encontramos dentro de la trama de una suerte de ficción biográfica, bellamente escrita, la cual nos permite entrar en la esencia de esta mujer tan singular, sin la cual sin duda Juan Ramón no habría podido culminar la esencia de su obra.

Pero antes de conocer al poeta Zenobia fue feminista, es decir tenía una visión del mundo, puso así hondo empeño en el desarrollo individual de la mujer(p.123), supo que ser madre y esposa no era lo que hacía una mujer realizarse. Y pudo así con el buen carácter que poseía pudo con su personal habilidad “desarrollar una vida propia, paralela a la obra del genio”(p.85). Tan consciente estaba de lo que deseaba que ya enferma “decía que no se quería morir sin sentir la vida”(p.239). Juan Ramón era distinto: “JR prefería ser solo un poeta, reafirmaba que su vida estaba dedicada única y solamente a la poesía”(p.86). De su relación con Zenobia escribió Juan Ramón: ”Sólo tu, mujer mía, puedes ser tranquila estrella de mi tarde, estrella inquieta de mi amanecer”(p.235), tal se lee en su libro De ríos que se van.

¿Pudo sucederle a Juan Ramón y Zenobia que una vez pasada la pasión, que se dice dura solo cuatro años, se hayan transformado en amigos? Esto sucede a muchas parejas, lo que una mujer es en el vida de un hombre ha sido muy bien descrito en el poema “Aniversario” de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), lo puso dentro de la servilleta de su esposa Isabel Braum el día que cumplieron cuarenta años de unión,” allí se lee:”A veces madre, a veces hija/y novia inmarchitable,/presencia de mujer, hora tras hora,/en las mil soledades de mi día/sin que cambies,/la misma y tan distinta”(El hombre que voy siendo. Caracas: Monte Ávila Editores,1986,p.83). O como lo leemos en dos líneas de Las siluetas del fuego: “Pero cuando uno renuncia al fuego y al juego del deseo, comienza la amistad, la paz, la armonía, eso que aunque no es amor eterno tiene sus ventajas”(p.38).

Pero fíjese el lector de Las siluetas del fuego que aquí se cuenta la vida de Zenobia, no la de Juan Ramón, con ella como telón de fondo, de atrás, como si no hubiera tenido una personalidad y una voluntad propia. Así esta novela es un avance en el modo de mostrar el vivir mujeril. Es lo que mismo que ha logrado en los últimos años con la vida de Manuelita Saenz(1797-1856) la cual hasta hace poco siempre fue contada en su relación con Simón Bolívar(1783-1830) como si ella no hubiera tenido una vida propia anterior, previa al momento en que se conocieron en Quito el 16 de Junio de 1822 cuando ella tenía veinte y cinco años y era patriota convencida, relación, significativa, mucho, para ambos, pero de solo ocho años. Los siguientes veinte y seis años ella siguió estando sola. Eso mismo: mostrar a Zenobia por si misma es lo que logra Elisa Arraiz Lucca, dentro de los sortilegios de la escritura literaria.

Mayo 8,2010

(Este trabajo fue concluido el 8 de mayo de 2010, hecho en base a los originales de la novela, las citas de las páginas que aquí hacemos son los de la copia que tuvimos a la vista. Fue leído, con necesarias correcciones, en la sesión de la tertulia “Al pie de la página” de la Fundación Francisco Herrera Luque la tarde del martes 11 de diciembre de 2012).