Jueves, 24 de Abril de 2014

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Las Quince Grandes Novelas Venezolanas de la Década del Noventa

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Para el coloquio de este mediodía hemos elegido quince novelas las cuales nos permitirán mirar el transcurrir de la última década en la novela venezolana. Iniciamos nuestro paso el año 1990 con un libro magistral del maestro Arturo Uslar Pietri, su última novela, La Visita en el tiempo y los cerramos con un libro impreso el año 2000, con pie de imprenta del 2001, la novela Otros vendrán después de mi de Italo Tedesco. Miraremos a través de nuestro palabreo obras de varias generaciones de novelistas venezolanos los cuales nos indican con sus obras la fecundidad del campo en el cual se mueven los novelistas actuales en nuestro país, cosa que nos demuestra la escasa vigencia de las teorías derrotistas sobre la novela venezolana.

En el interin entre la primera de las novelas elegidas y la última nos pararemos ante Horno sapiens, publicada bajo el seudónimo de Maurice Lambert, Viejo de Adriano Gonzlaéz León, Sabath de Christiane Dimiatriades, Azul petróleo de Boris Izaguirre, Mujeres de un solo zarcillo de Cristina Policastro, Alto, no respire de Iliana Gómez, En su propio beneficio de Sergio Jablon, Los últimos espectadores del acorazado de Potemkin de Ana Teresa Torres, Prima lejana de Federico Vegas, El vuelo del alcatraz de Francisco Herrera Luque, El mono aullador de los manglares de Ibsen Martínez, Arbol de luna de Juan Carlos Méndez Guedez y en La favorita del señor de Ana Teresa Torres.

Queremos hacer constar que con esta lectura no nos proponemos hacer un estudio metódico de nuestra novela en la década del noventa del siglo XX sino aproximarnos a su perfil a través de la lectura de una serie de novelas seleccionadas entre las mejores aparecidas en ese tiempo. Son ellas las que más nos han llamado la atención como lectores de novelas, las que han acariciado con su sentir nuestra sensibilidad, las que más nos han interesado como críticos.

La Visita en el Tiempo
Uslar como novelista siempre ha cultivado la narración de orden histórico, la llamada novela histórica, y esta desde un sesgo particular(Fantasmas de dos mundos. Barcelona: Seix Barral, 1979,p.53-64). La historia siempre ha fascinado a su espíritu, tal como lo recordó en solemne ocasión(Cuarenta ensayos. Caracas: Monte Avila Editores, 1990,p.91). Por ello en sus novelas han desfilado personajes del pasado: Boves en Las lanzas coloradas.(Madrid: Zeus, 1931. 231 p.), Lope de Aguirre en El camino de El dorado.(Buenos Aires: Losada, 1947. 315 p.); Gómez en Oficio de difuntos, Simón Rodríguez en La isla de Robinson; las figuras contemporáneas de nuestro país, tras haber actuado, en Un retrato en la geografía.(Buenos Aires: Losada, 1962. 286 p.) y Estación de máscaras.(Buenos Aires: Losada, 1964. 200 p.). Por ello no nos debe llamar la atención que en La visita en el tiempo se haya detenido ante la figura a la vez trágica y aventurera de don Juan de Austria(1545-1578), el hijo bastardo de Carlos V(1500-1558), como también lo fue Margarita de Parma(1522-1586), el hermano de Felipe II(1527-1598).

Vida corta y prodigiosa fue la de don Juan de Austria. Nació en Ratisbona, Alemania. Fue educado en España por orden dada por su propio padre. El 30 de agosto de 1558, a escasos días de su deceso, en Yuste, un lugar de Extremadura, a donde se había retirado, tras abdicar, su padre dio órdenes de reconocerlo en lo que fue, en darle el trato que merecía por ser su hijo. Aquel día se decidió su destino como bien Uslar lo reconoce en el texto de la narración(p.75,79,80). Tras estudiar, tras recibir la preparación propia de los Infantes, llenó su vida con apenas veinte años de acción. Para más no le dio el tiempo. Tuvo que vivir momentos de grandeza en su lucha contra los Moros en España(1558), su hora estelar ocurrió el 7 de octubre de 1571 cuando logró la gran victoria de Lepanto. Luego luchó en Tunez(1573) y Biserta pasando luego a ser gobernador de Flandes(1576) donde se topó con la muerte, en Gembtoux, a los treinta y tres años.

Fue la suya una hora de especial significación para lo que entonces se llamó la cristiandad. Fueron los suyos los días de la reforma protestante encabezada por Martín Lutero(1483-1546), de la organización de la Contrareforma en el concilio de Trento(1563), los días en que los enemigos de España eran “Francia, Inglaterra, el turco y la herejía luterana”(p.139), la época de la revuelta(1564) de los Flamencos contra España, de la prisión y muerte del infante don Carlos(1545-1568). Fueron aquellas las horas en las cuales aparecieron El lazarillo de Tormes(1554), las Centurias(1555) de Nostradamus(1503-1566), Las moradas de Santa Teresa(1515-1582) o el Canto espiritual de San Juan de la Cruz(1542-1591); fue también aquel el tiempo de la construcción de El Escorial(1557) y de la noche de San Bartolomé, contra los Hugonotes, en Francia(1572).

A este personaje es el que Uslar escogió para recrearlo con mano maestra en una obra de ficción. Así quien fue iniciador en el siglo XX hispanoamericano de “una nueva etapa de esa modernidad de la novela histórica” como lo ha reconocido Alexis Marquez Rodríguez(Historia y ficción en la novela venezolana. Caracas: Monte Avila Editores, 1991,p. 145), nos pone al leer La visita…ante el espectáculo de una vida a la vez tormentosa y fulgurante(A. Márquez Rodríguez: Historia…,p.145), el bastardo hijo y hermano de dos grandes figuras de la historia universal como lo fueron Carlos V y Felipe II, un personaje a quien la ilegitimidad, un asunto muy constante en Uslar, el no saber con precisión su origen sino muy tarde en su vida, cuando ya encaraba la madurez creyéndose otro, va a marcarlo de por vida haciéndolo un desasosegado psicológico. Este asunto, el del origen desconocido, constituye la entraña de La visita…es tal su importancia, tal la impronta que deja sobre su protagonista, que de alguna forma este libro puede considerarse la ficción de la búsqueda del origen. Su desconocimiento deja una traza, una huella, en la vida de quien se llamó por largo tiempo Jerónimo(o Jeromin en la intimidad).

Esto es así. Creciendo como si fuera otro. Logrando conocer al padre en Yuste sin que este le dijera que era su verdadero hijo. Pese a ello, pese a que por su ascendencia tenía derecho al trono, no lo va a lograr, ni va a ser tratado siempre como su alcurnia lo exigía. De allí su drama vital, que Uslar retrata con mano diestra en la que es sin duda una de las grandes novelas venezolanas de todos los tiempos, una de las grandes narraciones históricas latinoamericanas.

Tal desasosiego va a vivir Jerónimo desde que Felipe II, tras la muerte del padre de ambos, le cambie el nombre por el de Juan de Austria, con el que le conoce la historia, que nuestro hombre va a vivir a todo lo largo de su existir una doble relación, como lo reconoce Marquez Rodríguez en su profundo examen de esta ficción, con el progenitor que apenas vio pero que será un guía de su acción. Y con su hermano quien dirigirá su actividad, quien en mas de una vez entorpecerá sus planes, llenará de negrura sus grandes logros. Por ser hijo de quien fue quiso ser un guerrero. Es por ello que resulta sobrecogedor el pasaje de La visita…en el cual don Juan, durante sus días en Flandes, visita la alcoba donde vio la luz el padre o el lugar en el cual él fue bautizado. Las huellas de Carlos V son grandes y graves en su carácter.

Si bien se puede afirmar que la estructura de La visita… es sencilla, nada difícil de seguir, atractiva para el lector, fascinante para quien gusta de ver recreado el pasado a través de la sabia pluma de un escritor de excepción. Si bien todo ello es cierto no podemos dejar de destacar como la honda crisis psicológica que acompaña a don Juan a todo lo largo de su vivir es el asunto que seguimos en esta soberbia narración. De allí que esta obra sea tan rica en matices(A. Marquez Rodríguez: Historia…,p.147), sobre todo en gradaciones del alma, de la psicología, del hombre que no deja ni un momento en interrogarse, por lo cual Uslar encontró, así lo dijo en unas declaraciones(A. Marquez Rodríguez: Historia…,p.149), parecidos entre don Juan y Hamlet, por el incesante interrogarse, paralelismo con don Juan(el de Tirso de Molina) por su ímpetu y con el Segismundo(de La vida es sueño) por sentirse empujado por los sueños como el personaje de Calderón.

Pero también si algún ángulo decisivo tiene La visita…es la forma como Uslar a partir de la historia de su personaje, la cual esta bien contada por la historiografía, logró recrearlo en la ficción con tal esplendidez que en ningún momento el hombre, el ser humano, deja de ser el centro, el corazón, la carnadura, de su invención fabuladora(p.148); de allí lo vivo que encontramos al ser humano don Juan de Austria logrando así aquello que Uslar se ha propuesto hacer en sus novelas, las cuales toman como criaturas centrales a seres históricos, no escribir novela histórica sino colocar la novela dentro de la historia. Y esto en La visita…está muy bien logrado. Y para lograr esto su técnica ha sido la de introducirse en la conciencia de don Juan de Austria, volverlo a revivir, hacerlo expresarse. Lograr así contarnos a don Juan de Austria desde dentro de sí mismo, en una especie de largo monólogo a lo largo de muchísimos pasajes de su invención.

Así este libro tiene como centro, como esencia lograr que el personaje se novele así mismo. Por ello “Mas que lo que veía era lo que no conocía e imaginaba”(p.43), por ello para lograrlo “Se refugian en el juego de la imaginación, con las imágenes que los demás podían tener de él. Lo que pensaban y no le decían, lo que estaba debajo de las lisonjas”(p.252), ya que lo que esencialmente busca, y nunca encuentra, don Juan de Austrria es el “sosiego del alma”(p.307), ya que siempre se siente abandonado(p.325), viviendo todas las formas de desabrigo.

Y el desasosiego es grande. No está claro de su croquis interior, de su identidad. Pero también cuando actúa los éxitos se le van de las manos como sucedió con la batalla de Lepanto, el valor de cuya victoria se pierde muy rápido como consecuencia de las intrigas de la política(p.224, 228, 236, 268). Es por ello que al tiempo lo consideraba su mayor enemigo, ”la imagen de Cronos con su barba blanca y su reloj de arena en la mano. Era ese el enemigo cierto”(p.233), el cual más que a su favor parecía estar en su contra. Es esto también lo que explica el título de la novela, la entrada, el ingreso, la visita del novelista dentro del tiempo para escuchar, para indagar, en sus lecciones, en los avatares hacia los cuales empujó a sus criaturas, a seres como don Juan de Austria. Es por ello que tiene razón Marquez Rodríguez cuando anota “es notoria la concepción del personaje como víctima de un siniestro juego de intereses políticos y personales, con su mezcla de bajas pasiones”(Historia…,p.166).

Y es por ello también que La visita…puede también leerse como un viaje, un itinerario, hacia la angustia existencial, hacia el desasosiego constante, hacia la incertidumbre(p.277,307). Así podemos seguir los avatares de este hombre lleno de dudas, quien siempre es empujado hacia las mujeres sin quedarse con ninguna, quien sueña con un destino superior pero a quien el tiempo lanza, impele, retarda y más tarde siega.

Todo esto lo logró plasmar Uslar en las páginas magníficas de La visita… a través de una prosa lenta, firme, segura, magistral, por medio de una construcción cuidadosa la cual es consecuencia de un estudio detenidísimo de la época que reconstruye para sus lectores. Es así como logra esta creación máxima que es La visita… Una gran novela. Un magno momento dentro del fabular del notable escritor.

Horno Sapiens
“El erotismo es algo muy fuerte, que funciona siempre y que ha encontrado su verdadera expresión y por primera vez en nuestro siglo”
Alberto Moravia
(Vania Luksic: El rey está desnudo. Barcelona: Plaza y Janés, 1982,p.145)

I

Un destacado crítico venezolano se ha aventurado con especial suerte por los predios de la narrativa. En la suya ha trabajado, diríamos que densamente, los senderos de la ficción erótica. Al terminar su bella creación decidió acogerse al seudónimo para publicarla. Y eligió uno de raíz francesa, tierra de fecundos escritores del género, sobre todo en el siglo XVIII, a los cuales encabeza el muy magnífico señor de Sade(1740-1814). De la misma forma en la portada interior se señala que esta sabrosa obra es una traducción. En verdad eso no es así. Ni su autor se llama Maurice Lambert. Ni la obra fue vertida a nuestra lengua por el supuesto Jesús María Villaverde. Pese a todo Horno sapiens.(Caracas: Alfadil, 1990. 83 p.) merece seria atención por ser un nuevo jalón dentro de un área que tiene escasos cultores en la literatura venezolana.

II

El desarrollo del cultivo de la literatura erótica en nuestras letras es reciente. Son pocos los libros que lo forman. A todos estos los encabeza el libro de relatos de Lourdes Morales Delta de soledad.(Caracas: Impresores Unidos, 1946. 105 p.). Le sigue una novela de Laureano Vallenilla Lanz(1912-1973) muy poco conocida entre nosotros. Se trata de Fuerzas vivas.(Madrid: Editorial Vaher, 1963. 282 p.) publicada fuera del país, durante el destierro del autor, tras la caída de Pérez Jiménez, régimen del cual fue figura central, el poder detrás del trono. La figura femenina de esta grata narración es todo un arquetipo de erotismo vivido. Le sigue Rubén Monasterios quien ya en Sobre mis piernas.(Caracas: Taller Gráfico, 1965. 62 p.) roza el asunto. Será el mismo Monasterios, ocho años más tarde, quien nos ofrezca en Tócamelo en registro de laud.(Caracas: spi, 1972), ahora si un libro francamente erótico. Le seguirá Irma Acosta(194?-1990) con sus dos hermosos libros ¿Qué carajo hago yo aquí.(Caracas: Tipografía El Sobre, 1974) y Mientras hago el amor.(Caracas: spi, 1977). Esta escritora colocó en el centro de su imaginar sus intensas vivencias sexuales así como sus hondas preguntas vitales, dos modos que siempre encontramos hermanadas en las grandes obras de la literatura erótica. En sus libros Irma Acosta exhibió también una hermosa prosa, la cual hizo de los suyos obras especialmente atractivas tanto en su temática como en su estilo.

Fue así como alrededor del editor Leonardo Milla se llevó a cabo un especial “boom” erótico. El mismo se interesó por el tema cuando un mediodía de 1982 le propusimos una muestra antológica de piezas eróticas de nuestra literatura. De allí surgieron nuestros Eróticos, erotómanos y otras especies. (Caracas: Alfadil, 1983.), libro cuyo título lo puso el propio editor. A partir de allí, y gracias a la libertad que su editorial, ofreció a los cultores del género, han aparecido la mayor parte de las obras que deben tenerse en cuenta.

Al parecer el momento propicio para el cultivo de este género había llegado. En poco tiempo hemos podido leer de Ruben Monasterios: El hada.(Caracas: La Draga y el Dragón, 1985), Encanto de la mujer madura.(Caracas: Línea Editores, 1987), El pájaro insaciable.(Caracas: Alfadil, 1989) y Rosa luciferina.(Caracas: Ediciones Lytha Merlano, 1988. 91 p.). A estos volúmenes, los cuales hacen de Monasterios el más constante cultor del género, han seguido el de Denzil Romero con La esposa del doctor Thorne.(Barcelona: Tusquets, 1988), Cuerpo de ambar.(Caracas: Alfadil, 1989) de Johny Gavlosky, Lujuria variable.(Caracas: Alfadil, 1996) de Javier Espinoza y Eco de goce ajeno de Ana Teresa Torres, finalista que fue del premio “La sonrisa vertical”(1993). Ahora la tenemos, y más adelante la miraremos, bajo el título de La favorita del señor. En este recuento además de Horno..., nuestro asunto central en estas escrituras, habrá también que tener en cuenta el volumen de Dinapiera Di Donato: Noche con nieve y amantes.(Caracas: Fundarte, 1991) con el cual insurge un nuevo nombre en nuestras letras y aparece dentro de nuestra literatura erótica una obra hondamente lésbica, un tipo de libro, escrito desde los ojos, las vivencias y la sensibilidad de una mujer, un modo que no es muy constante ni siquiera universalmente dentro del desarrollo del género que tocamos en estas notas.

Todo así nuestra literatura erótica cuenta ahora con algunos textos sobresalientes como lo son los relatos de Monasterios: Marina con paloma y tonos oscuros, El hada y In amoris unicornis; La esposa...de Romero que es sin duda nuestra más honda novela erótica, la cual es una aclimatación caribeña de la novela libertina del siglo XVIII, cosa que pocos vieron. El sentido del mirar, lleno de deseos, están en relatos como Bar Le Negué o Noche con nieve y amantes de Dinapiera di Donato o en el relato Llegar a Marigot de Denzil Romero(de ese libro maestro suyo que es El invencionero).

Esta es pues una vertiente que irá encontrado sus cultores en el decurso del tiempo, creadores que sientan como algo genuino su tratamiento. Y lo decimos porque cultivar la literatura erótica es una inclinación vocacional, una manera de recrear nuestras fantasías sexuales. Y sus resultados son válidos en la medida en que estas fabulaciones salgan del interior afiebrado de estos escritores, de su fantasía que no cesa de crear, de inventar, de desear. Y lo decimos porque no consideramos que sea casual que los tres mayores cultores del género en nuestro país vivan cada uno de ellos sólidas uniones matrimoniales, lo que nos indica que sus obras han surgido de sus fantasiosos dones imaginativos. Para entender esto hay que saber que las fantasías eróticas, como escribió Marianela Salazar, en La seducción culinaria.(Caracas: Interarte, 1987), constituyen “la realización de un capricho que generalmenmte es inconfesable. Con la fantasía se experimenta un placer hasta entonces desconocido, porque no conoce la censura, permitiendo absoluta libertad a la imaginación”(p.55).

III

Un intenso ceremonial erótico se escenifica a nuestros ojos cuando miramos el cuerpo de la persona amada. La liturgia sexual está traspasada por la heterosexualidad. En esos instantes una mujer de acerca a un hombre para amarlo físicamente. De allí la presencia, la fuerza del deseo sentido

Así se muestra ante nuestros ojos una honda ansia de mujer, toda feminidad, siempre eterno femenino, raigalmente ánima, quien se acerca al hombre para atraerlo, para amarlo con su piel, para penetrar su alma. A veces esto se hace con rasgos agresivos, los cuales son muestra de una pasión vehemente por llamar al hombre a la comunión sexual. También aquí, y esta es su otra cara, la conjunción de los cuerpos constituye una senda de conocimiento, es una de las caras de la espiritualidad. El sexo proporciona, a quienes lo viven en todas sus instancias, un saber hondo, profundo, el cual surge del encuentro alegre y vivaz de las pieles. Así constituye una de las vías más profundas para llegar a la entraña de nosotros mismos. El otro modo de esa experiencia es la mística. Pero la carne como el espíritu también nos conduce a la plenitud. Y no existe trascendencia humana sino a través de los talles que se encuentran en el orgasmo.

IV

Horno sapiens, de cuya lectura hemos derivado todas las consideraciones anteriores, es obra hermosamente escrita, es una novela de iniciación sexual y de crecimiento vital. Y lo es porque al seguirla nos damos cuenta como su protagonista es iniciado, en plena adolescencia, en los goces de la sexualidad y como él va explorando sus contornos, los aposentos en los cuales transcurren sus aventuras, que en su caso se presentan ante sus ojos como el descubrimiento de un nuevo universo de intensas vivencias.

En las páginas de este libro encontramos contado todo lo que acaece en el mundo externo, a través del cual deambula su protagonista. Pero a la vez nos asomamos al ámbito interno, a la vez secreto, personal, de cada ser: la liturgia del baño, de las abluciones diarias. Y a la vez podemos ser testigos, gracias al acto de leer, de sus intensos ardores y vivencias sexuales. Todo ello nos lo muestra Lambert por dos o tres medios: mediante el relato de cuanto sucede a su personaje; gracias a intercalaciones textuales insertas dentro de su propia prosa, cuyos exactos orígenes se refieren en la página final del relato(p.83). Junto a esto, mientras seguimos los avatares del joven, sus relaciones eróticas con su tía y su prima, cuando percibimos el carácter “trasvesti” del tío o la homosexualidad de uno de los primos, nos vamos topando con una serie de citas, calzadas todas ellas con los nombres de sus autores, las cuales conceden mayor firmeza a la anécdota contada y las cuales se insertan dentro de la tradición dentro de la cual se debe situar a Horno...Todas estas referencias, bellas y hondas la mayor parte de ellas, constituyen guías con las cuales nos encontramos dentro del laberinto de la escritura que Lambert nos ofrece.

A la vez Horno...tiene incluido su propio comentario. Es una novela en la novela. Horno...fue hallada por su autor y transcrita para nosotros: “Del escaparate con vidrio sin azogue extrajo este, mi diario, y sin contemplaciones lo leyó y subrayó. Tachó también una novela que por entonces yo había comenzado a escribir”(p.34).

El protagonista de Horno...llega a casa de sus tíos como consecuencia de un serio percance: sus padres acaban de morir. Lo reciben como a un recogido(p.13). La nueva familia está molesta con él. Tanto que él llega a desear ser invisible(p.12). Ni siquiera le dan un cuarto: lo mandan a dormir en el sofá de la sala. Pero desde el inicio del viaje, toda novela lo es siempre, comienzan a suceder sobre su cuerpo incidentes sexuales. Casi siempre transcurren en la oscuridad. El muchacho tarda tiempo en reconocer si se trata de la tía o de la prima.

Esa casa, el lugar donde habita, está saturada de eroticidad. Prima y tía lo poseen. El tío es medio “trasvesti”(p.68) y uno de los primos homosexual. Así casi desde el momento de su llegada el muchacho comienza a vislumbrar como la sexualidad constituye “el dédalo de lo extraordinario”(p.50).

A partir de allí esta nouvelle se transforma en una lúcida reflexión sobre los poderes creadores de la sexualidad. Es por una parte un aleluya erótico. Y a la vez una meditación sobre los rostros ocultos de las vivencias físicas.

A lo primero lo podemos comprobar gracias a una de las más bellas descripciones del acto sexual heterosexual que hallamos leído en nuestra literatura(p.49-51).

Pero si bien se describe la alegría sexual también nos muestra como vivir el sexo es una navegación(p.54); como “La amplitud de los recursos femeninos me nubló la razón”(p.63); la conjunción entre amor y lujuria: “El amor...es vario, el gozo conoce diversas estaciones...La lujuria habitúa, de ahí que su víctima jamás esté contenta y pida más”(p.72); como el amor erótico si bien su realización puede estar cargada de miedo(p.37), como sugirió Herman Melville(1819-1891); también es una forma de fuego(p.73). Como sexualidad y pasión son hermanas(p.73-74) y como todo “lo cicatriza la felicidad”(p.23) cuando se produce la conjunción de los cuerpos.

Viejo
Creemos que en el campo literario nunca una espera es demasiado larga, el anhelo de leer una nueva obra de un mismo autor es, veces, asunto que debe esperar pacientemente largo tiempo. Y ello porque la literatura es obra del tiempo y requiere honda maceración. Y también porque el talento no es mas que una larga paciencia, como nos enseñó Gustave Flaubert(1821-1880). Eso ha sucedido a Adriano González León(1931). Un cuarto de siglo separan su primera novela País portátil.(Barcelona: Seix Barral, 1969. 278 p.) de la segunda Viejo.(Bogotá: Alfaguara, 1994. 172 p.). Pero mientras transcurrían los veinte y cinco años a los cuales nos hemos referido no dejó González León de escribir ni de esbozar planes de narraciones que nunca se decidió a dar a la luz pública. Pero perseveró, y preservó, su vocación creadora. Y en ese tiempo nos dio libros de hermosas crónicas, algunas llenas de las fantagorías de la prosa poética. Tal aquel librito, tan pequeño que apenas alcanza a los diez centímetros de tamaño, titulado Damas.(Caracas: Ediciciones Elia, 1979. 60 p.), los escritos certerísimos de Del rayo y de la lluvia.(Caracas: Fundación Cadafe, 1983. 303 p.), los fulgurantes textos con los cuales formó su Linaje de árboles.(Caracas: Planeta, 1988. 186 p.), volumen en donde está inserto Damas; su inolvidable discurso sobre San Juan de la Cruz(1542-1591), perorado desde el púlpito de la iglesia de Jajó, en su tierra trujillana. Todos ellos forman la parte visible de su escribir durante estas décadas. Sin embargo este registro, antes de penetrar en las páginas de Viejo, no puede omitir sus columnas críticas Señas de identidad, originalmente publicadas, bajo el seudónimo de Gabriel Zarcos, en las columnas de El Nacional de Caracas(1969), las cuales no ha autorizado imprimir en libro hasta el presente. Los gestos de su generación literaria están allí trazados con honda luz.

A los sesenta y tres años de vida González León nos ofrece su nueva novela. A esa edad no sólo lo acompañan, como ahora veremos, certeros dones literarios sino que se ha asomado, con los instrumentos de la imaginación y de la fantasía, a la ancianidad, hecho esto a través del largo soliloquio que sostiene, afiebrado y angustiado Alfonso, el personaje de su narración a lo largo de las tensas páginas que forman esta bella novela. De su presencia central nos enteramos a través de un relato indirecto(p.40). Otras veces lo hallamos(p.41, 43, 46, 48), aunque hay un lugar en donde no queda duda que es el personaje principal de la ficción(p.47).

Si miramos lo que vemos acaecer en las páginas de Viejo nos encontraremos con que su protagonista es hombre intensamente solitario, a quien sólo visitan por ratos, solamente por breves momentos, su criada Elodia y su amigo Joaquín. Mientras se enfrenta así mismo. Piensa, reflexiona, recuerda. Así va pasando ante el lector el largo monólogo sobre el cual la novela está construida. Pasan los días mientras llega el momento del encuentro con la parca. Por ello escribe sus recuerdos y ensoñaciones. Así la novela si bien es cierto que recoge el parlamento del personaje, también se nos presenta como una novela en la novela, ya que la entraña de Viejo son los relatos que el protagonista va trazando de su propia vida.

Pero también mediante las rememoraciones que hace el anciano González León convoca en sus páginas un tema universal: el de la muerte, asunto tratado, en nuestra lengua, como tema que a todo lo humano roza, al menos desde que Jorge Manrique(c1440-1479) compuso sus famosas Coplas a la muerte de su padre don Rodrigo.

El ser a quien González León revive, dentro de la primorosa y cuidada prosa en la cual está redactado Viejo, escribe, a veces en forma angustiosa(p.96), en busca de un interlocutor el cual termina siendo las más de las veces él mismo. Y esto porque nadie lo visita mientras él vive su desafío con el fin que se acerca. Mientras el tiempo pasa, y su dios, Cronos, según la mitología, sigue activo. Por ello a este creador nuestro ochentón lo impreca llamándolo “viejo zarrapastroso y miserable”(p.54). Es por ello que Viejo nos ofrece la crónica del atardecer de una vida(p.19). Y para sobrevivir al tiempo que le queda, para dejar rasgos de sí mismo, para encontrar a otros, para encontrarse con otros, el anciano escribe. La escritura, como siempre sucede con ella, lo ayuda a traspasar las horas, le permite perdurar. Pero como todo, a lo largo de Viejo, es lento, por no decir que casi inmóvil, este libro se nos presenta como aquel a través de cuyas páginas se imagina la espera(p.145). Alfonso lo hace porque está consciente de su vejez, de su cercano final, de su acabamiento, de su derrumbamiento. Sabe que es la viva estampa de la destrucción. Consciente de todo ello desea relatar, intermitentemente como lo hace, porque ninguno de los fragmentos que escribe llegan a un final, concluyen, siempre quedan abiertos, es posible volver a ellos, reescribirlos. Tal las señas del viaje por la vida del hombre que habita dentro de las páginas de Viejo.

Cuando el antañón piensa “Las imágenes atrapadas en otro tiempo venían de nuevo a poblar la realidad. Lo que un día estuvo cerca y ahora se halla lejano, reconquista su anhelo de cercanía”(p.47) está trazando el sendero que la escritura recorre. Cuando leemos que se siente triste por no poder recordar(p.64); cuando se llama así mismo “pobre idiota que se dedica a escribir páginas mal hechas para que el sol salga de otro modo”(p.65) está aspirando a un nuevo vivir, escribe para tener una actividad que justifique su holgar. Pero también para buscar sosiego para su espíritu atormentado. Por ello busca “los rostros que alguna vez fueron compañía”(p.168). Y eso para no perder su identidad, ya que “Me he buscado a mí mismo y no estoy. No aparezco”(p.168). Es por ello que, para estar presente, decidió redactar sus escritos, sus rememoraciones, sus evocaciones de otros días.

Parte interesante, y particular, de Viejo es la estructura que González León le ha dado a su ficción. Se trata de una novela en la novela, ya que lo que el anciano ve escribiendo, “este cordel de necedades”(p.32), como él los denomina, constituye todo el espacio de la ficción a la cual estamos interrogando.

Que la narración sea espejo de sí misma no es asunto nuevo en la ficción contemporánea. De hecho es muy antiguo en el proceso de la novela, ya que se hizo presente desde las páginas de don Miguel de Cervantes(1547-1616) ya que en el Quijote lo que hizo fue traducir un manuscrito árabe que había hallado en un mercado(ed.1980,Primera parte, Capítulo Primero, p.97). Así, gracias a este modo, puede el novelista reflexionar sobre su propio arte. En Viejo el narrador se transforma en el anciano protagonista de su quimera. A través de él medita sobre el arte de escribir fábulas. Por ello escribe “para alejar tanto vacío…ponerse a escribir porque no hay otra cosa que hacer y se borronean los papeles con la idea de que alguien los encuentre alguna vez”(p.17); escribir “para que el sol salga de otro modo”(p.65), “para que no pase el tiempo ni vuelva la noche ni vuelva el amanecer”(p.66); escribir porque “todavía hay tiempo”(p.96). También consigna “observen la manera como construyo mis frases en perfecta corrección y voy dándole al texto una continuidad lógica para que las cosas vayan unas después de otras”(p.153). Todos estos pasajes nos ponen ante el acto de escribir, oficio siempre solitario, mediante el cual el creador trata de atravesar el tiempo, detener a Cronos en su afán demoledor.

Y el hombre provecto con el cual nos topamos en las páginas de Viejo lo hace para trascender. Y lo hace porque en medio de una civilización como la actual que exalta a la juventud, a la belleza incandescente y apenas repara en la vejez y en sus máximas cualidades: la experiencia y la sabiduría. Por vivir en este medio, en un espacio así construido, el anciano sabe que debe hacer algo. Al menos escribir porque son muy escasos los que lo aceptan, entiende que ni parece ni está bien ni puede iniciar nada nuevo, “es casi un anuncio de la muerte”(p.11), es un “cuerpo volteado hacia ese punto donde tiembla la piel”(p.12), va perdiendo la memoria(p.13). Pero sin embargo en la edad que vive, aunque es mayor y no tiene muy buena salud, puede “ensartar otras visiones”(p.13), cosa que le permite la cercanía a la muerte, la cual nuestro hombre “espera lleno de miedo y ansiedad”(p.13). Y el espacio que puede cultivar es la memoria. Por ello recuerda a trazos ya que la vida se le ha vuelto pedazos y por ello a retazos rememora, lo cual podemos vislumbrar en Viejo tanto en la superficie de la narración como en su perímetro interno, ya que esta obra está redactada en una prosa que logra atrapar con certeza ese modo de evocar, fragmentado, propio de los viejos, el cual es además, en nuestro caso, la característica de la forma con la cual fue construida esta novela. Alfonso inventa, fantasea, porque “sino la soledad se lo va comiendo a uno”(p.32) como él mismo expresa. Y es así como logra evocar a varias de sus andanzas, a los avatares de la tía Ermelinda o a sus amores con Daniela.

Sabath
Desde diversos ángulos se puede leer la primera novela de Christiane Dimitriades: Sabath. (Caracas: Grijalbo, 1997. 91 p.). Narración de un doble exilio: el de la patria primera, Egipto para su protagonista, y de la figura del padre nunca hallado, nunca conocido. Por ello hacer memoria de la tierra, recordarla, escribir su memorial constituye uno de los ángulos de este libro. Pero no sólo el recuento de la primera cuna sino de la segunda a la cual Claudia llegó siendo niña, tan pequeña que pudo crear memoria en el nuevo país. Pero en su madurez la protagonista quiso atar los cabos sueltos, los que psicológicamente son difíciles e intrincados de amarrar, a veces imposibles. Pero la voz del exilado, del lugar de origen, del terruño, no es posible escucharla sino por medio de la escritura. Por ello leemos "únicamente la ficción es capaz de ofrecer una visión integral de los tiempos fragmentados no reencontrados"(p.10) sólo a través de ella es posible sujetar los cabos, dejar oír la voz del desterrado, quien en Sabath es mezcla de nacionalidades, idiomas, culturas, religiones. Por ello hay que abolir el tiempo. Es decir escribir una novela. Y para hacerlo se necesita tiempo libre, los "largos ratos de ocio llenos de actividad" que dijo José Antonio Calcaño (El atalaya. Caracas: Monte Avila Editores, 1977, p. 7).

Y es por ello que la novela se titula Sabath, el día de descanso, el sábado judío (Exodo; XX, 8-11), durante el cual hasta el río Pisón, del Jardín del Edén, descansaba (Génesis: II, 11; Victoria de Stefano: Cabo de vida. Caracas: Planeta, 1993, p. 152) , de donde viene la palabra sabático; momento que es un pedazo de tiempo de la eternidad, el cese de toda actividad, hay treinta y nueve acciones prohibidas para los judíos durante el sábado, es el anticipo tiempo mesiánico, es "refugio del tiempo" (p. 66), "Shabat es una manera distinta de relación con el mundo, es memoria de la creación, es un tiempo en el que se plantean temas esenciales: qué somos, de donde venimos, adónde vamos?. Es una flexión que el hombre realiza sobre su propio ser" (p.42), pasaje en donde la autora nos da la clave de la novela. Y lo hace porque se sufre porque donde no hay dioses no hay redención posible. Por ello elige la novela para dentro de su tempus lograr la claridad. En su esencia Sabath es la historia de tres mujeres: de Claudia, la joven, la protagonista-narradora, pues estamos ante una fábula de honda raíz autobiográfica, Marie la madre y Nadine la abuela. Así el libro se nos presenta como un profundo viaje al interior de si misma; se trata de un ser para quien toda la vida ha sido sábado el cual le ha impedido evadirse de sí misma(p. 10). Y meterse dentro de si misma, dentro de su piel, dentro de su dolor, es el tema de este libro. Por ello mismo Sabath constituye una narración de sucesos vitales pero también de pensamientos e ideas. En este último sentido hay que inscribirla dentro del escaso número de nuestras ficciones intelectuales. Casos singulares entre ellas lo son algunos cuentos de José Balza como su Prólogo en Curazao de sus Ejercicios narrativos. (México: UMAN, 1995. 223 p.) o la bella narración de Victoria de Stefano El lugar del escritor.(Caracas: Grupo Editor Alter Ego 1992. 125 p.). Y decimos que es una novela intelectual, sin dejar de ser pasional, porque Sabath es una novela en la novela, una narración en la cual a todo lo largo de su contenido nos vamos encontrando con los problemas de la creación de una novela y su respuesta sobre el texto mismo de la ficción que se redacta. De tal manera que mientras escribe y se pregunta por los problemas de la creación nove¬lesca deja claro cómo fue su "desprotegida infancia y su bohemia adolescencia(p. 17), como la "trasgresión era su marca original" (p. 19). Pero a la vez medita sobre el tiempo, "implacable titán devora¬dor y castrador" (p. 57), cita a su autor preferido: el filósofo alemán Federico Nietzsche(1844-1900), se mira como mujer de pensamientos, quien vive en pleno desasosiego, quien siempre, como la mayoría de las mujeres en estos días, está sola busca incesantemente la figura del padre desconocido, preterido, ido, quizá ya muerto. Y todo ello lo escribe como forma de exorcismo, de catarsis, porque la escritura como se lee en Balthazar. (Buenos Aires: Sudamericana, 1968), una de las novelas de El cuarteto de Alejandría (1957) de Lawrence Durrell(1912-1990), la cual sucede en Alejandría, Egipto, suerte de arcadia para la protagonista, el lugar natal de quien protagoniza la novela, "Escribo tan despacio, con tanto dolor...recluido en espíritu... como un barco en una botella, navegando a ninguna parte"(p.16).

Azul Petróleo
Es inevitable comenzar esta lectura de la nueva novela de Boris Izaguirre señalando tres cosas: es evidente el progreso literario y estilístico logrado por este joven narrador, de apenas treinta y cuatro años, entre su primera y segunda ficción. Tampoco podemos negar que estamos ante un libro difícil ya que no ha sido muy general en nuestra novela tocar el tema de la homosexualidad de la forma como está abordada aquí. Muy pocos libros homoeróticos aparecen en nuestra novela, a veces casi de paso como sucede en La casa de los Abila.(Caracas: Editorial Elite, 1946) de José Rafael Pocaterra o en Borburata(Buenos Aires: Editorial Nova, 1960) de Ramón Díaz Sánchez. Y novelas gay sólo tenemos una Pájaro de mar por tierra(Caracas: Tiempo Nuevo, 1972) de Isaac Chocrón. Y hay también breves incursiones en el lesbianismo, sobre todo en algunos relatos de Dina Piera Di Donato de su Noche con nieve y amantes(Caracas: Fundarte,1991). De tal manera que Boris Izaguirre vuelve a abrir un espacio apenas tocado. Como tercera cosa quisiéramos subrayar como en la escritura de este libro su autor ha logrado traer a sus líneas lo mejor del estilo de las crónicas que siendo apenas un muchacho escribía con gran belleza y lujo de estilo. En su primera novela este no aparecía con la singularidad con que lo hallamos ahora en Azul petróleo.(Madrid: Espasa Calpe, 1998. 326 p.).

Al leer Azul… estamos ante una novela que no podemos considerar sino como dramática porque su protagonista nunca llega ser feliz, de allí el sentido desgarrador y desolado de esta criatura desarraigada, una “sombra errante”(p.19), para quien recordar es un acto tan doloroso(p.312) como las flechas que martirizan a San Sebastian, santo icono de los gay(p.314), que en Caracas pintó, para la “Santa Capilla”, con grande escándalo, el pintor Pedro Centeno Vallenilla quien es, como Vogás, uno de los personajes principales de Azul

Pero Azul…aunque sucede en dos urbes es una novela escrita por un profundo caraqueño quien quiere su ciudad y ama su montaña tutelar, quien goza con el espectáculo de su luz, de su color, de su olor. Este es su único lugar posible.

Para entrar en la entraña de lo que Izaguirre nos propone debemos auscultar a su protagonista, saber cómo es, quién es, como se siente. Esta criatura es un ser infeliz, a quien adopta un guerrillero fracasado de los años sesenta quien por ello sólo recibió “el triste legado de tristes vidas”(p.29), por ello se siente siempre un huérfano, un recogido, quien sólo vive para observar, como un voyeur, todo lo que sucede a su alrededor(p.62); ser solitario, hondamente fascinado por lo femenino, modo tan desarrollado en el mundo de los “diversos” quienes a pesar de tener una “mirada femenina”(p.48) para verlo todo, no entienden lo que es una mujer ni que es la feminidad. Nuestro personaje es un frívolo, encantado por la gente rica y por el lujo pero quien siempre se siente un “paria” dentro de la sociedad (p.247,265). Y no logra sentir nunca el pasmo del amor, pierde “el aliento inconfundible del amor”(p.17) huye de él, destruye a los que ama, desea un erotismo “inmediato, cruel, intenso”(p.43), asesina a sus parejas, por ello se considera el “espíritu de la violencia”(p.183).

Y este sentido del amor es una de las entrañas de Azul…Para él del amor sólo existe su atmósfera(p.117), es una trampa(p.155) a la cual hay que temer, es un hecho devastador(p.226) pero al cual nada sustituye(p.269). Por ello todo el libro es una “historia de amor imposible”(p.241). Estos son pensamientos que vienen una y otra vez a la mente del personaje de esta novela.

El otro núcleo de Azul…es la belleza, en especial la del cuerpo masculino(p.132,310), por ello el poder de la belleza se le revela(p.99), ella es la única persona que “me ha acompañado siempre”(p.40), “Cuando alguien se desnuda, dejas de oír y empiezas a ver. Como si el ojo se alimentara del brillo de la piel. Entonces todo resalta. Este es el auténtico encanto de la belleza. Cuando la descubres plenamente, solo puedes aceptar la belleza total. La absoluta”(p.41), por ello es también que sólo la belleza lo puede salvar, la lindura encarnada en Amanda Bustamante, el principal personaje femenino de Azul

Hay también a lo largo del libro muchas reflexiones sobre un país como el nuestro cuyo “clima es siempre de incertidumbre”(p.95), es tierra de “mentiras y violencias”(p.135), “vive de tres cosas: el petróleo, las lagrimas que provocan los culebrones y la belleza absurda, ficticia del Miss Venezuela”(p.187); nación cuya tragedia es “que sólo sabemos ser frívolos”(p.189) por ello lo considera un “disparate de país”(p.211) y es quizá por ello que su memoria tiene dos colores mezclados: el negro del “estiercol del diablo”, del mene, y el azul del Avila cinético según la hora en que se le mire.

Mujeres de un Solo Zarcillo
La tercera novela de Cristina Policastro es Mujeres de un solo zarcillo. (Contratapa: Denzil Romero. Caracas: Planeta, 1998. 240 p.). Se trata de un libro rotundamente redondo, tan bien elabora¬do que llama la atención su solidez estructural. En él a propósito de un puñado de noticias que un día registró la prensa diaria y ahora desfiguradas gracias a las virtudes de la imaginación nos ofrece esta rotunda obra de ficción, ligada a los relatos mas veraces de nuestra realidad actual. Por ello este es un libro vivo y palpitante. Y tanto cuando se nos cuenta una historia ligada al comercio (y al vicio) del siglo como cuando nos pone ante los avatares de dos mujeres quienes viven y palpitan en las realidades mujeriles de hoy. Es por ello esta es una doble novela. Pero tan bien imbricadas están ambas historias tan bien concatenadas, que ambas nos ofrecen una profunda narración encadenada a estos días del vivir universal. Y esto porque los acaeceres del narcotráfico no son nuestros sino del mundo en que vivimos. Y los avatares del amor sentido por las féminas de estos días, tan desprotegidas que a casi todas les falta un zarcillo, aquella indumentaria que para el narrador de la historia que seguimos al leer Mujeres... es un signo protector (p. 196 y 197). Su falta las deja a la intemperie. Y por ello no es casual que cuando la policía detiene a Estela a esta le falta un zarcillo.

Ya hemos llamado la atención sobre lo bien concebida que está novela, está tan bien trabada que prácticamente se puede leer de un tirón, tal la forma como la anécdota atrapa al lector. Este no puede parar hasta que nos llega a la última página. Se recrea siguiendo los avatares de la narcolavadora como a través de aquello que sucede en las vidas de Alejandra y de Gisela, las tres mujeres cuyos avatares seguimos a lo largo de esta ficción. Mujeres..., insistimos, está tan bien construida que es difícil, incluso para un lector profesional de novelas, de encontrarle las costuras, de hallar el lugar exacto en donde las dos historias, la del narcotráfico y la de las damas, se imbrican. No hay cosido visible en este libro de la Policastro. Y ello es lo que hace vibrante a la trama novelística cuando seguimos la historia del narcolavado ejecutado por la narcogodiva(por una foto en la que sale desnuda cual nueva Lady Godiva resurrecta). Mujeres... es a la vez un volumen en el cual aparece la vida real del país de estos días, es una novela en donde se transfigura a través de la palabra el presente: lavado de dólares, corrupción, el escaso valor que se da al ser humano, relaciones amorosas rotas, angustia viva en los seres que pueblan esta obra. Esto último es evidente en Alejandra y en Gisela, a través de las cuales la Policastro nos pone ante el presente de la mujer, ante aquello que llena de desasosiego estos días.

Como ya hemos señalado esta novela nos refiere los avatares de una serie de personajes los cuales se hacen presentes en la vida cotidiana de nuestros días: Estela(o Carmen Victoria su seudónimo o Lady Godiva por su desnudo la cual nos hace pensar en la heroína legendaria inglesa); Virgilio el ministro; Terry un policía gringo quien se hace pasar por empresario para poder ejercer su trabajo con libertad; Alejandra una joven mujer liberada, quien mantiene muchas relaciones amorosas, quien se ama poco así misma, desea encontrar el amor, pero se siente siempre infeliz; Estela la narcotraficante quien todo lo sacrifica por vivir bien pero quien vive en medio del miedo de ser apresada y Gisela la casada infeliz quien admira la independencia de Alejandra sin saber la infelici¬dad en que aquella vive. Por entre estas vidas: el policía dispuesto a lograr lo que se propone, el político corrupto, el mundo de la televisión, los testaferros, la cultura de masas, los libros de autoayuda: todos estos elementos sirven a la novelista para trazar los vivires de estos días llenos de incertidumbre

Alto, No Respire
Iliana Gómez(1951) es bien conocida por sus libros de cuentos cuyas anécdotas recrean variantes de las vivencias de nuestro mundo femenino, y de nuestras mujeres de estos tiempos. Ahora nos sorprende con su primera novela Alto, no respire.(Caracas: Contraloría General de la República, 1999. IX, 364 p.). Doloroso periplo constituye la lectura de un libro tan desgarrado como este; crudo, redactado como las partes de un diario(p.248) de una adolescente que estuvo recluida en un hospital público para tuberculosos cuando ya el deterioro, como todo en el país, durante la últimas décadas, tomó posesión de él. Se trata además de una “novela de formación” ya que su protagonista es una adolescente que sufre la enfermedad y quien está hospitalizada en el lugar en donde se dan cita las más dolorosas vivencias de aquella muchacha quien crece, en años decisivos en el desarrollo de su personalidad hacia la adultez en un hospital, un ámbito que como este apenas si se había asomado nuestra literatura en el epistolario de Teresa de la Parra(1889-1936), en el reclusorio psiquiátrico que nos pintó Ana Teresa Torres en su novela Vagas desapariciones o en el lugar en donde se va a morir tal como lo vemos en la ruda pieza Hospital de Blanca Strepponi, de su libro Birmanos. Por todo esto no nos debe llamar la atención que la novela que comentamos tenga un título médico: “alto, no respire” le dice un galeno a la paciente protagonista al hacerle un examen de sus maltrechos pulmones.

Con todo el dolor, el estremecimiento que produce la lectura de esta triste novela, sobre todo en aquellos que han padecido enfermedades respiratorias, como el asma, nos encontramos todo narrado en una época en ya que, gracias a la penicilina, la enfermedad era curable. Pero pese a ello encontramos una visión de lo peor, lo mas negro de la condición humana: aquellos que sufren en un hospital público, en el “calvario de los servicios públicos”(p.97), donde se vivencia lo “terrible que es vivir con gente enferma. Gente deshauciada como yo. Inválida. Gente que es un estorbo”(p.130) para la sociedad como lo son también los pobres y los marginados. No se sabe que hacer con ellos, se espera, como en este libro, que mueran.

Pero quien mira todo eso, quien vivencia tales actitudes, es una adolescente que padece la enfermedad mientras crece, quien por su dolencia debió dejar sus estudios y separarse de sus amigos y vivir recluida cerca de gente distinta a ella quienes han perdido todo esperanza de recuperarse. De allí el drama del personaje central de Alto… Por ello llora defraudada, es maltratada por médicos, enfermeras, pacientes, el desperfecto que tiene la clínica donde está y por la degradación que sufre como ser humano quien todos los días no tiene la esperanza de salir curado en aquellas murallas del hospital(¿El Algodonal?). Se siente maltratada, debe renunciar a los beneficios de la primera juventud, a la transformación de la adolescencia en juventud, debe estar lejos del Liceo, de los estudios que tanto desea proseguir, de los jóvenes que son sus amigos, de las vivencias mas profundas como lo es el amor. De allí, que a fines de los años sesenta, alrededor de 1968, época de la ficción, sus dolores anímicos sean tan intensos, ya que casi todo, en aquellas horas, ha perdido “vigor y sentido para ella”(p.85).

Así en este libro, como en muchos otros, “se registra el resultado de la experiencia humana”(p.302), unas vivencias hondamente dolorosas, entre las cuales rasgos de alguna rara sonrisa muy de vez en cuando aparecen(p.253), en el cual la muchacha enferma no desea otra cosa que inventar un mundo nuevo, distinto, donde se sienta bien y puede ser feliz(p.304), por ello trata “de atar los cabos, en medio de la maraña de palabras grabadas y papeles, se convierte en un enredo inacabable. Aunque todo parece verosímil, siendo que la realidad permanece oculta en el algún rincón, que no logró encontrar”(p.354). En ese lugar están las esperanzas perdidas.

Y pese a ello, repetimos, este es un libro doloroso, como pocos hay en nuestra ficción: desasosegado, siempre a la espera de la hora de la muerte(p.42), buscando refugio en la religión. Así la criatura que llena estas páginas está endeble, asustada, “la agonía no cesa”(p.87), vive “una clase de miseria que no se cura a fuerza de dinero”(p.101), sabe que “Por mucho que los biólogos y psiquiatras conozcan, nadie, sino uno mismo, puede tener verdadera noción de lo que nos pasa por dentro”(p.199). Por ello el tiempo del enfermo es un tiempo detenido.

En su Propio Beneficio
El descubrimiento de las escrituras de Sergio Jablon(1968) ha sido para nosotros, uno de sus primeros lectores, la segura certeza de haber encontrado un creador con palabra propia, quien desde sus inicios nos ofrecía la seguridad de una vocación literaria legítima. De entre las hojas de su escribir surgió bien pronto una primera novela que no quiso publicar, señal de su sentido autocrítico. Luego vino su primer libro Celos y tenedores(Caracas: Fundarte, 1992. 83 p.), deliciosos cuentos que lo señalaban como un escritor a tener en cuenta entre los nuevos nombres de nuestra ficción. También vio con chispa, en una noveleta aun inédita, escrita particular humor, lo vivido por un escritor sin talento. Al hacerlo dejó claro que es uno de nuestros mejores humoristas de estos días. Ahora en su novela En su propio beneficio.(Caracas: Planeta, 1999. 266 p.) mira las vicisitudes financieras recientes.

Alguna vez hemos anotado que la corrupción se va a convertir en uno de los temas focales de la narrativa venezolana. Al leer En su propio…estamos ante uno de esos casos. En este volumen a través de una prosa fresca, llena de gracia, con amor por la ciudad, Caracas, la cual recrea con bella mano(p.83, 84, 127), Jablon nos expone como en una comedia del absurdo todos los abusos cometidos durante la crisis bancaria de 1994. Y lo hace con tal precisión que esta novela no podemos situarla en otro lugar sino entre aquellos tomos que documentan un caso, situándose así es una rica vertiente de nuestra novelística: la novela realista que cuenta sucesos determinados.

Aquí el tema de la corrupción en uno de sus sesgos, la crisis de los bancos, se asume como tema literario. Y se lo hace desde el ángulo de su pleno cinismo. Así lo que leemos en este libro se sitúa en tres polos con los cuales nos encontramos al leerlo: “El mundo financiero es muy pequeño. La lealtad termina siendo más importante que la honestidad”(p.172); ”aquí todos nos debemos favores”(p.191); “En este país los escándalos no prosperan. Aquí hay mas anécdotas que castigos”(p.265).

Todo ello se ha organizado aquí a través de la anécdota de una sabrosa novela que se puede leer de un solo tirón, tal la forma como está contada. En ella logra mirar, con ojo zahorí, y dentro de una escritura certera, precisa, la fauna perversa que ha formado en nuestro país la corrupción. Jablon observa esto en días de graves trances escribiendo así una obra de gran actualidad, llegando con su escritura hasta el meollo de aquello que provocó con sus actos la caída de los bancos, el universo de la picardía criolla siempre presente, mirando a corruptos y corruptores, los que nunca han sido juzgados entre nosotros, hincándose sobre aquellos que son sólo honestos porque no han tenido oportunidad de no serlo. Nos revela así hasta que punto puede un novelista hurgar en los sucesos del presente.

Para llegar al meollo de lo que deseaba mostrar Jablon estructuró En su propio…como una novela de personajes, son ellos los que nos narran las historias de sus acciones; el novelista apenas interviene, sus criaturas cuentan por si mismas sus actos, tal es la precisión con que todo está presentado que este libro sirve mas que los fríos libros de los economistas para entender este proceso. En este sentido En su propio…además de novela puede ser considerada pieza de lo que se ha dado en denominar “new journalism”.

Ya hemos señalado que los banqueros de Jablon y sus cómplices(p.191 y 265) narran su propia historia. Así aquí nos encontramos con Revenga: presidente de un banco quien engaña(p.19), roba, corrompe, al contador y a una arquitecta quien sufre el “síndrome del maletín”(p.221), y luego se escapa a Miami; al contador Cohen quien lleva la doble contabilidad del banco quebrado y a quien solo el miedo a caer preso le hace denunciar a sus jefes(p.49). Podemos ver también el otro lado: la Superintendencia: impreparada para la crisis y complaciente para con los bancos en graves problemas; vemos también el Estacionamiento, una construcción que habla por si sola, ya por él salen las maletas llenas de dinero y los documentos comprometedores. Observamos también como Ana Laura, un arquetipo de los días de la corrupción, es sólo honesta porque no ha podido dejar de serlo. El presidente del banco la tienta y ello basta. Y por fin vemos como el que denuncia lo hace para salvarse y no por convicciones éticas y quien es detenido es apenas un empleado menor.

Con En su propio…en las manos nos podemos dar cuenta como el cuadro general de la corrupción, de sus agentes decisivos, los gerentes y los políticos y todo lo que conforma “la sociedad cómplice”, no podía estar mas completa, así lo vislumbramos en las páginas de esta bien trabada novela.


Los Ultimos Espectadores
Un libro que trata una serie de tópicos a través de los cuales hemos pasado al leer las novelas de Ana Teresa Torres son aquellos con los cuales nos topamos otra vez en Los últimos espectadores del Acorazado de Potemkin. Así por medio de una incursión en el pasado cercano, a través del arte de recuerdo, el fin: la muerte, la realidad y el deseo, el tiempo, las imágenes de una vida todo ello visto por un narrador descreído de la aventura humana(p.68), se nos ofrece en este libro desesperanzado(p.124), agrio, amargo, a través de cuyas páginas observamos el fin de un tiempo, la muerte de unos ideales, de una idea que no fue fecunda, es por ello que aquí nos topamos con los “escombros de una vida”(p.8).

Aquí estamos ante una historia en la cual dos interlocutores, quienes conversan a lo largo de la narración, quienes al hacerlo crean vínculos hondos. Pero esta es a la vez es una novela en la novela porque todo la conversación de aquellos dos seres solitarios, un hombre y una mujer, ruedan alrededor de lo que leen en un texto intercalado, La noche sin estrellas, y a veces sobre todo aquello que se lee en una traducción que ejecuta la mujer del relato La segunda muerte de Eurídice. Ambos textos se entrecruzan en las confidencias de aquellos dos derrotados: él fracasó en su vida, cuyos testimonios quiere borrar, de quien se puede decir que ha bajado a los infiernos, como Orfeo, en busca de su mujer desaparecida: Euridice, pero quien también lo hace en busca de las huellas de su hermano muerto, un guerrillero de los años sesenta. Ella, la interlocutora, apenas espera la parca traduciendo precisamente el libro sobre Eurídice. Haciéndolo descubre que asiste al segundo deceso de quien la acompaña cada noche en el bar “La fragata”, también el nombre de un barco que navega o puede haber dejado de hacerlo; por ello buscan el tiempo perdido y para hacerlo deben entrar en los recuerdos, lo único que posee el ser humano. Las memorias que están en La noche sin estrellas si bien son las propias de lo vivido por un insurgente recogen también los vivires de su abuelo, un caudillo de montoneras de los días finales de nuestras guerras civiles. Pero como aquello está redactado por un insurgente de los años sesenta toda está justificado a través de cierto ropaje de ideas izquierdistas, concepciones que no poseen muchos matices ideológicos, son mero barniz aprendido en manuales venidos de la antigua URSS o de superficiales lecturas de Marx. Lo que pervive, y la autora lo dice en un pasaje decisivo de su obra, es la esencia de la vividura nacional: los caudillos no desaparecieron, están vivos en nuestra experiencia colectiva. Vivos pero con ideas importadas, llenos de etiquetas(p.53), creyendo que se realizará aquello que se observa en la película de Sergei Eisentein que se nos ofrece como clave de la novela, sus últimos espectadores son los postreros de una idea que dejó de vivir. Y para mostrar este proceso el personaje, que muy bien puede ser el guerrillero, quien no cuenta la historia de su hermano sino la de sí mismo(p.162), ya que “no sé diferenciar mi memoria de mi imaginación”(p.306) debe escribir para esclarecer lo que cuenta a su amiga. Por ello ella le dice “Quiero hacer de su vida un texto. Escribirlo y borrarlo. Esa es la verdadera escritura. Ser uno mismo el personaje de ficción. Lograr que la vida sea sólo una ficción modificable”(p.78). Así todo puede ser verdad pero puede ser mentira, invención o recreación. Y eso sólo se puede hacer, repetimos, con el arte del novelista(p.92).

Recordando quiere el protagonista exorcizar sus fantasmas. Por ello se presenta como el último revolucionario venezolano, como alguien que se acuerda “del fallido envío de armas…de la fallida revolución”(p.169). Y ello porque “Aquí hubo una vocación histórica, comprende, aquí nos gusta que la gloria, la desgracia y el vituperio queden registrados. En cambio, a ellos les importó un pepino la historia. Nosotros nos pasamos la vida en las leyendas, las doradas o las negras, debatiendo la metafísica de violar indias o de traer esclavos, preguntándonos si se dejó una cultura o se impuso un idioma, si la democracia debe ser populista o neoliberal”(p.120), “este señor…decretó que la historia ha terminado. Pero para nosotros no, nosotros nadamos en ella, estamos inundados de ella, vivimos en ella”(p.121), es por ello que estamos cargados de testimonios, de memorias, de nostalgias, apestamos al pasado, somos una pesadilla, no podemos salir de lo hecho y mirar hacia delante, dejar atrás lo ya superado, como sucede al personaje de esta novela para quien lo ido, lo hecho por el abuelo caudillo y no concepciones marxistas tiene mas valor que aquello que le dice la realidad la cual habla por si misma, resplandece en sus signos, lo es todo, le es imposible por ello ver los cambios que suceden a su alrededor, como han muerto las ideologías, ciertas concepciones de la vida, ciertos mitos que su generación elevó a categoría de dogmas. Y esto sucede porque esta criatura está engolfada en el pretérito. Es por ello que la esencia de Los últimos espectadores…no es otra que la interrogante en torno al modo como debemos ver al pasado porque su consideración superlativa nos puede hacer fracasar, no nos deja ver los signos del tiempo en que vivimos y esto porque lo muerto está “vaciado de sentido”(p.54), cuando todo acaba “la muerte organiza nuestras vidas pero pertenece a los otros”(p.7) por ello no podemos seguir contando la historia de una muerte como sucede en este tomo porque sería como revolcarnos en ella(p.22). De allí que tras la desaparición vemos como lo creído se difumina, no tienen sentido ciertas cosas, ciertas concepciones, ciertos artefactos como por ejemplo la película La hora de los hornos(en donde se infama a Borges y a Mujica Lainez).

Pero aquí se nos narra también, con acentos huracanados, el fin de un tiempo en la vida de la humanidad, un espacio en donde todos están derrotados, en la cual no sólo todo se ha mutado sino que diversas concepciones ya no tienen lugar: el amor se ha degradado tanto que es “tan corto el amor como el olvido”(p.150), la sexualidad ha decaído(p.127),sólo pervive el sexo compartido (o el voyerismo), vivimos días de derrota colectiva, sobre todo en América Latina, todo se ha vaciado de sentido, ahora contemplar “la belleza es siempre contemplar la muerte”(p.6), “la muerte organiza nuestras vidas pero pertenece a otros”(p.7), el vivir así derribado y alterado(p.8), “Contamos siempre historias de muertos, nos revolcamos siempre en la muerte”(p.22). Y sólo es “el azar el que nos salva de la desaparición”(p.170). Así la meditación sobre los mas negro de la condición humana constituye la entraña de Los últimos espectadores…Es la pervivencia de la noche oscura, sin estrellas que den luz.

Prima Lejana
Después de descubrirnos su mundo narrativo a través de dos libros de cuentos Federico Vegas(1950) nos ofrece en Prima lejana. (Caracas: Artetip, 1999. 128 p.) su primera novela, la cual es fácil y grato recorrer gracias a la frescura de su prosa, a la transparencia de su estilo, al fino humor con el cual nos encontramos en ella. En su Prima…Vegas es un continuador pero no epígono, de la prosa fresca de algunos narradores nuestros de fines de los años sesenta pero sus visiones nacen por sí mismas, de su propia verdad, de su propia intuición del mundo familiar caraqueño.

En su Prima…nos encontramos con dos hermanos, hijos de estos mismos días, enfrentados, uno celoso de la libertad del otro. El mayor es casado: vive un matrimonio que parece bueno pero que es todo lo contrario: está preso en su unión, dominado, en todo sentido, ni siquiera puede tener alguna aventura, por su celosa esposa quien se nos presenta, pese al aparente orden de su mundo casero, es una infeliz atrapada por los celos, siempre vigilando al marido.

El otro, el verdadero protagonista de Prima…,es soltero, libre, envidiado por su hermano quien no se ha dado cuenta que también este deseaba tener un hogar, hijos, “nadie sabrá que ando desesperado buscando hogar”(p.128). Entre ellos aparece Cecilia, la prima.

En varios sentidos Prima…es la historia de una mentira, de una falsa verdad, de una suplantación que está implícita en la envidia del hermano casado por el hermano soltero, a quien engañará un día, sin que el otro lo sepa por mucho tiempo, en el amor de la prima lejana. Pero el otro, pese a la mentira está en guardia: “Pero no caí en su trampa, no seguí su juego. Su papel siempre ha sido tomar el lugar de mi madre y afrontar los conflictos…Yo voy atrás, en la zona de calma, sin turbulencias, sin dar ni pedir explicaciones”(p.54).

En esta historia en donde se hace presente un supuesto incesto y la infidelidad, un hermano haciéndose pasar por el otro dado el parecido, dadas las pocas veces que la tía y la imaginaria prima lo han visto, ya que siempre ha sido él, dentro de su familia, el paria, en el que poco se ha reparado.

Es por ello que junto con la historia de los hermanos y la prima vemos aparecer también la memoria familiar, a la tía Jane y a su hija Cecilia, la prima de la historia, a la amistad entre mujeres, la tía y la madre de los muchachos, lo difícil que es dominar “las verdaderas mareas de la feminidad”(p.37).

El hermano mayor suplanta al menor. En algún momento el menor conoce a Cecilia y se enamora de ella. Es intenso aquel amor, “quiero que me recuerdes deseándome”(p.116) le dice ella, conociendo la “indisciplina del deseo”(p.102), sabiendo el significado de la primera relación: ”ese primer orgasmo de presentación que comienza lento y termina demasiado rápido. Lo que se libera en esos primeros abrazos es un extracto de angustia achacable al pasado, es toxina más que semilla. Después de esa suerte de excreción de antiguos testamentos, es cuando se inicia una verdadera relación, un verdadero presente”(p.75-76).Y él lo sabe. Lo dice suavemente, siendo fiel a así mismo, a su modo de ser, “siempre acierto cuando me hago el gracioso, nunca cuando opino con seriedad”(p.95). Por ello, desde sí mismo, sin conocer el cinismo del hermano y la cuñada, vive aquel amor intenso sabiendo que “Todo amor trae en su seno su propia medida del universo y sólo atiende a sus propias expectativas, a sus propios descubrimientos. Todo amor es un modelo de sí mismo, nada le antecede, no tiene referencias y no pretende ofrecer enseñanzas”(p.69). Y así surge esa epifanía con la bella Cecilia sabiendo que “Es difícil que coincidan un tiempo propicio y un mundo amable”(p.99).

El Vuelo del Alcatraz
Cuando Francisco Herrera Luque(1927-1991) falleció en Caracas dejó inéditos cuatro libros: Los cuatro reyes de la baraja.(Caracas: Grijalbo, 1991. 260 p.), 1998.(Caracas: Grijalbo, 1992. 181 p.), Bolívar en vivo.(Caracas: Grijalbo, 1997. 163 p.) y El vuelo del alcatraz.(Caracas: Alfaguara, 2001. 180 p.). La lectura de El vuelo… debemos iniciarla llamando la atención sobre las características de su original y situándolo en el lugar que le corresponde dentro de la obra de ficción histórica de su autor.
El vuelo…, como se lee en la portada del original, mecanografiado y corregido por su autor, fue terminado en Caracas el 15 de octubre de 1986. En este sentido fue redactado después de La luna de Fausto.(Caracas: Pomaire, 1983. 343 p.). Terminado este se entregó su autor a la creación de su novela Manuel Piar, caudillo de dos colores(Caracas: Pomaire, 1987. 268 p.).
La edición que el lector tiene en sus manos es una trascripción directa de las hojas del original dejado por Herrera Luque. Esta era una obra en plena gestación, sobre la cual pensaba volver su autor, cosa que no pudo hacer. Por ello encontramos en sus manuscritos dos posibles inicios: ambos se han conservado en esta edición, debidamente anotados por el prologuista quien, además de corregir sus pruebas, ante esta obra ha hecho también lo que los anglosajones denominan “editing”: preparar el original para su publicación, poniendo las notas históricas del autor, que son dos, en sus lugares correspondientes, llamando la atención a los lectores sobre aquellos lugares del original que son ilegibles en los borradores.

El original de El vuelo…fue escrito en una máquina de escribir mecánica y luego fue cuidadosamente corregido por su autor. Prácticamente no hay página donde no haya una, o varias, correcciones, la mayor parte de ellas de estilo, las cuales mejoran la escritura. Esto es evidente para el lector de la obra cada vez que es posible leer también lo testado primero y lo añadido, o cambiado, al hacer la corrección. No hay que olvidar que Herrera Luque tenía por costumbre escribir sus libros siete veces.

II

En El vuelo…nos encontraremos otra vez, en la obra de Herrera Luque, con la figura de Simón Bolívar(1783-1830). Su presencia tutelar siempre está presente en sus obras. Si leemos con atención a Herrera Luque nos daremos cuenta que el Libertador aparece ya en su primera novela Boves, el Urogallo.(Caracas: Editorial Fuentes, 1972. 330 p.); conque con su bautizo se cierra Los amos del valle.(Barcelona: Pomaire, 1979. 2 vols.), que muchos episodios de su vida le dan pie a diversas de las crónicas de La historia fabulada.(Barcelona: Pomaire, 1981-83. 3 vols), que su libro Bolívar de carne y hueso y otros ensayos.(Caracas: Editorial Ateneo de Caracas, 1983. 141 p.) contiene una meditación ensayística sobre la personalidad del Caraqueño; que en su Manuel Piar, caudillo de dos colores presenta su enfrentamiento con este militar, uno de los episodios más difíciles de la biografía de Bolívar; que en Los cuatro reyes de la baraja se le menciona diversas veces al trazar los avatares del poder en Venezuela; que su Bolívar en vivo es otra forma de entrar en sus grandes encrucijadas, utilizando entonces la técnica de la entrevista imaginaria.

Así El vuelo…, podemos certificarlo ahora, no sólo formó parte del proceso de su acercamiento al Libertador sino que fue como un eslabón más hacia la escritura de un libro que la vida no le permitió escribir entero: una novela sobre Simón Bolívar, que todos sus escritos bolivarianos proponían.

El vuelo… es también el último original inédito que quedó entre sus papeles. Así prácticamente toda la obra de Herrera Luque está ahora impresa. Para que su órbita sea íntegra sólo nos falta compilar la suma de sus ensayos, volumen en el cual se reunirían sus páginas científicas y humanísticas, sus clases de psiquiatría, sus discursos, sus polémicas, todo aquello que redondearía, desde la prosa, la figura pública de este escritor siempre controvertido, quien vivió entre polémicas, pero a quien la gente siguió, agotando una y otra vez las ediciones de sus libros. Fue por ello el escritor más leído de nuestra historia literaria. Sólo uno de sus libros, en castellano y en sus traducciones, pasó del millón de ejemplares impresos.

III

Gustó a Herrera Luque plantear los momentos más arduos de la vida de Simón Bolívar, como sus pasos por Puerto Cabello, sitio de desdichas sin par, sus relaciones con las figuras claves de entorno como José Antonio Páez o Francisco de Paula Santander, como José de San Martín o Manuel Piar y lo hizo siempre para volver a contar la historia, para no mentir a través de ella, para humanizar a sus protagonistas, para hacer comprensible nuestro pasado a los venezolanos de hoy.

Y es eso mismo lo que ahora hallamos al leer El vuelo… No sólo los grandes “nudos” de su vida, sus rudas relaciones, sino sus propias crisis personales. De allí que Herrera Luque, a través de buen José Palacios, lo compare con el alcatraz. Tal los delicados momentos que vivió el héroe desde que volvió del Perú en 1826, cuando estuvo en Venezuela en 1827, cuando por poco lo asesinan a Bogotá en 1828, instante en que lo salvó Manuelita Sáenz. Por ello no es casual que en esta novela encontremos a Bolívar meditando frente a la rada de Puerto Cabello, que más tarde subiendo los Andes, en 1819, en el medio de esta novela, recuerde otra vez, todo lo acaecido en su vida desde el año doce, Caída de Puerto Cabello, hasta aquel día en el cual meditaba, andando por los senderos del páramo de Pisba, vísperas de su más rotunda victoria: Boyacá.

Por ello en El vuelo…Puerto Cabello es lugar de ida y vuelta en sus pensamientos, su arranque y retorno, como lo observamos al leer el capítulo X de la segunda parte. Por ello ante Puerto Cabello lo encontramos al inicio de esta ficción. Y frente a Puerto Cabello al final de esta recreación. Siempre pensó Herrera Luque en este comienzo y en esta conclusión. Pero preparándose para escribir este libro también redactó un esbozo en Caracas, en la Quinta Anauco, días después del último paso de Bolívar por Puerto Cabello. Este segundo germen es una de las más bellas páginas inspiradas por el espíritu caraqueño que Herrera Luque siempre cultivó. Otros rotundos renglones los encontramos en 1821 cuando el Libertador se dirige de Carabobo a Caracas y se detiene en San Mateo. Allí una noche, sentado en las escaleras de la mansión de sus mayores, viendo sus floridos campos, rememora días de triunfo y de dolor, lo que es y lo que puede ser. Su hazaña sureña, su paso del Caribe al Pacífico, apenas comienza en aquellos días. Será verdad un año después.

Y puestos a señalar los más bellos pasajes de El vuelo…no podemos omitir el viaje que hacen Bolívar y Pepita Machado, su querida novia caraqueña, hacia Bogotá. Aquella bella morena fue su compañera desde 1813. Y fue la mujer que mayor posibilidad tuvo, como dice Augusto Mijares, de ser la segunda esposa del Libertador(El Libertador. Caracas: Monte Avila Editores, 1998, p.519). Pero Pepita enfermó. Y siguiendo a Bolívar hacia Bogotá murió en Achaguas. Allá está enterrada. Pero en El vuelo... viaja con el Libertador. Este pasaje, pura y bella fabulación literaria de Herrera Luque, concluye en el lugar, tierras de Apure, en donde se le acabó la salud a Pepita.¿Le contagió ella la tuberculosis a su amante?. Esta es pregunta que el lector no puede dejar de hacerse. Siempre se cita en las biografías a las mujeres contagiadas por los hombres, Katherine Mansfield o Isak Dinesen, y no lo contrario.

IV

En Puerto Cabello, y también en Caracas, recordemos el segundo posible inicio de El vuelo…, hallamos al Libertador sumido en la “gran crisis” que se produjo el año veinte y seis. Su alejamiento primero y más tarde, al año siguiente, su ruptura con Santander. Y en Venezuela el significado de la “Cosiata” y de su jefe: José Antonio Páez. Es en esos días, para Herrera Luque, que el alcatraz se queda ciego, perdió la mirada del gavilán de sus grandes años. Estos son días de hondas controversias. Herrera Luque a través de la novela histórica las ilumina, las trata de ver con debieron haber sucedido, su escritura heterodoxa, irreverente, buscadora de la verdad, se hace presente otra vez al imaginar con las armas de ficción una de las horas más graves y oscuras en los días del Libertador.

Lo que está en juego aquel año veinte y seis es la unión. Bogotanos y Caraqueños quieren andar por sí mismos. El Libertador quiere la integración que nos hará más fuertes. Fracasa.

Y es esto a lo que mira Herrera Luque a través de los personajes de su novela. Observa los cambios, las marchas y contramarchas, de Bolívar desde 1817, fusilamiento de Piar, hasta su victoria en Carabobo, cuatro años mas tarde.

1817, en verdad desde el último día de 1816, cuando llegó a Barcelona, le dio al Libertador la plenitud del mando político de la revolución. Tenía las armas y la dirección de todo: reinosos, llaneros y orientales tendrían que dejar de lado sus querencias regionales para dar la independencia a la amplia nación en la cual pensaba el Libertador. Por ello en El vuelo… lo encontramos, en el año nuevo de 1818, preparando la guerra. A poco se encontró con Páez. Y días después inició la fatídica “Campaña del Centro”. No tuvo suerte aquel año. Hasta sufrió un atentado contra su vida en “El rincón de los toros”(abril 17,1818). Por ello planteó la necesidad de poner la bases para un estado que aun era una utopía, porque aun era sólo el jefe de la “hermosa y desesperada causa” que dijo Arturo Uslar Pietri(La otra América. Madrid: Alianza Editorial, 1974,p.71). Tal la instalación del Congreso de Angostura(febrero 15, 1819). Y después puso en práctica la quimera: el “paso de los Andes”(mayo 27-julio 5). Y este lo llevó al triunfo. Y gracias a una serie de batallas, “Gámeza”(Julio 11), “El pantano de Vargas”(julio 25) y “Boyacá”(agosto 7), se hizo posible la estrategia que culminó en Carabobo(junio 24, 1821) dos años mas tarde. Apenas llegado a Caracas(junio 29), al fin su ciudad conquistada por los suyos, pudo pensar en la estrategia tantos años acariciada: darle la libertad a los países del sur: Ecuador y Perú, desde donde se desgajará otro: Bolivia.

El logro de esta victoria en su vivir y las dificultades que siempre tuvieron Santander y Páez para entenderse, la crisis de 1826 y sus meditaciones en Puerto Cabello al año siguiente, forman el núcleo de esta novela que los lectores de Herrera Luque, y los nuevos que ahora surjan, leerán con encanto, encontrando como nuestra historia puede ser materia honda para las fantasías del novelista que quiere verla otra vez a través de sus ojos fabuladores.

El Mono Ahullador de los Manglares
En verdad que se debería entrar en la primera novela de Ibsen Martínez(1951) con algunas reflexiones sobre su obra literaria.

Ibsen Martínez ha sido certero en su cultivo del teatro, hasta ahora la parte más importante de su obra literaria. Brilló sobre todo en La hora Texaco, fue buen monologista en LSD, memorias de un venezolano de la democracia y utilizó el humor en su celebrada comedia Humboldt y Bonpland: taxidermistas.

Había también que dedicar algunas reflexiones a los caracteres de la crónica manejados por él a través de la cual muchas veces crea columnas antológicas del género: ya sea en el campo del insulto o de la sátira, cuando las impregna de humorismo o las llena de ácido, tal el asunto que le da materia para cada una de ellas.

Su novela El mono aullador de los manglares.(Caracas: Grijalbo, 2000. 310 p.), es la primera tentativa de él en este género. Nos las venía prometiendo desde hacía tanto tiempo y nunca nos las entregaba que este cronista pensó que era tan falsa como la que intenta escribir el protagonista de su narración.

Pero pese al tiempo dedicado a ella creemos que Martínez ha salido bien airoso de su primera tentativa por crear un mundo de ficción. Su libro brilla por su humor, por su ironía; nos angustia por la misoginia(p.208) de su protagonista quien se burla de las mujeres, las trata mal, les pega, no cree en su formación intelectual; a las cultas amigas de su esposa las considera “serpentario feminista”(p.208); y él es infiel, mentiroso y falso con su consorte que a la larga lo deja.

El mono aullador…es por segunda vez entre nosotros una novela sobre(¿contra?) la televisión. Atrás queda El mago de la cara de vidrio, la divertida noveleta de Eduardo Liendo. En El mono aullador... la literatura enjuicia a su enemiga, a aquella que le quita sus lectores: la que siempre lo que ofrece es una exhibición de incultura, es capaz de jugar con lo más querido por la mayoría: la devoción por José Gregorio Hernández, a través de un programa que no es otra cosa que “una simplona mojiganga”(p.268). La televisión, lo vemos al seguir este tomo, es capaz de crear con mentiras cosas que parecen verdad, como la historia de aquel hombre que se va caminando de Maracaibo a Caracas: pero sólo ante las cámaras por breves minutos, cada día, cosa que luego se edita para hacer parecer como si fuera verdad que ha andado todos los kilómetros que separan a Maracaibo de Caracas. Es la “caminata de Dimas”. A la larga engañado por la televisión, y la televisión engañando a las mayorías.

El protagonista de El mono aullador…es un guionista, quien se propone renovar la telenovela: para ello desnaturaliza a los clásicos al versionarlos para la pantalla, se burla de las telenovelas brasileñas, y de todo lo bien hecho, en otras partes, para la pantalla chica, endiosa a Delia Fiallo, elogia la juventud, como la de Vicky, se burla de la vejez, sobre todo de las señoras mayores que ya no tienen la belleza de las muchachas pero que no son drogadictas como Vicky.

En verdad El mono aullador…debe ser visto como la historia de una impostura(p.295) y el arte del novelista se aplica a la creación de una farsa en su libro. Así esta novela es libro bien cernido, de prosa seca, de escritura directa, situándose siempre en la ficción. Hay que ver las mutaciones que introduce este escritor en la verdadera historia de personajes reales que novela, los que cambian tanto que lo convierte en seres de fantasía.

Está tan bien trazada que por momentos se nos presenta Ibsen Martínez como el escritor especialmente dotado para contar, cosa no se ha hecho todavía y nos urge, la gran tragicomedia nacional, la de la pobre rica Venezuela, el gran drama en que nos hemos convertido ante el cual, a veces, es mejor reír que llorar. Si lo hiciéramos, con “fiero amor”, no terminaríamos de llorar por la gran oportunidad perdida para nosotros y nuestros hijos(¿y los hijos de nuestros hijos?). Tal los errores cometidos a lo largo de los años de la “gran Venezuela”, los “años perdidos” que dice Ana Teresa Torres(A beneficio de inventario. Caracas: Editorial Memorias de Altagracia, 2000,p.237), lo difícil de superarla, la inconsciencia de los responsables en comprender la suma de sus errores, hoy mas que evidentes, después de su caída.

Este de Ibsen Martínez es un buen comienzo para un novelista. Pero para que hundamos nuestra uña en sus ficciones requerimos de otras novelas suyas. Hacerlo es trabajoso, difícil, vocacional: pero es el único sendero para llegar a ser un narrador con obra sólida. Talento le sobra. Ya nos lo ha probado en el escenario y sus crónicas, que a veces son ensayos.

Arbol de Luna
Entre nuestros nuevos novelistas se encuentra Juan Carlos Méndez Guédez, cuya primera novela es El libro de Esther. (Madrid: Lengua de Trapo, 1999.188 p.) y la segunda Árbol de luna. (Madrid: Lengua de Trapo, 2000. 254 p.).

Méndez Guédez es otro escritor en formación, con vocación literaria legítima, que si persiste, fantasea y corrige mucho un día nos dará su nítida cosecha creadora. Es miembro de la cuarta generación que recibimos en ejercicio crítico, por ello sus libros los analizamos con gusto y a su autor lo estimulamos sin disimulo.

Pero vayamos a su primera novela, El libro de Esther, ficción de formación, historia de una adolescencia: “Quizá toda la energía de mi existencia reposa en ese pasado. En el verdadero: Esther, el liceo, esas tardes soleadas”(p.148). Pero a la vez historia del primer amor vivido un día, perdido en otra un jornada, el deseo sentido ahora de recuperarlo.

Es esta la crónica de amores de liceísta(p.140). La presencia de Esther, con quien desea volver para vivir, para con ella pasar horas “deliciosas, magníficas, tiernas e intensas”(p.99)

Es esta también la historia también de un joven quien desea ser escritor, el cual recreando su propia adolescencia escribe su libro inicial, de allí sus reflexiones sobre la escritura. Sobre ella anota: “Quizá ocurre que hay actos que se impregnan de desmemoria y al volver sobre ellos creemos descubrir algo que siempre ha estado allí, esperando”(p.80). Por ello hay que escribir, como dice en San Juan (Capítulo I,versículo1): “en el principio existía la palabra” como lo traduce la Biblia de Jerusalén(ed.1992,p.2431).

Y por ello también que aquí hay numerosas referencias a Piedra de mar, la novela de la adolescencia por excelencia de nuestras letras, escrita por Francisco Massiani. Así Corcho, su protagonista, es Dedalo que lo conduce por el laberinto. Pero el creador está también fascinando por La última mudanza de Felipe Carrillo de Alfredo Bryce Echenique, formando también el entretejido intertextual de esta obra.

Y la novela sucede en la urbe: “una ciudad que ha hecho de la desmemoria su principal atributo”(p.56), la cual, como dice en otro de sus libros, tiene “El Avila…como una señal inmóvil, como un talismán”(Árbol…,p.35).

Cuando pasamos página tras página de esta novela nos encontramos con una obra fresca, bien contada, de suave humor, en donde aparece un personaje absorto por el trópico, el calor, el “sol caribeño”(p.27). Este volumen encanta a quien lo repase como todas las historias de la primera juventud: el lector recrea sus propios días juveniles al repasar sus hojas, “creo reaccionar y descubrirme montado en un viaje demencial”(p.21). Viaje a la locura o más bien, sencillamente, a los recuerdos más caros de alguien que hace poco ha salido de la adolescencia y que se cree adulto, aunque está lejos de serlo, que piensa que lo vivido es delirante. Por ello escribe en la primera línea del cuarto párrafo: “A la gente le fascinan las emociones fuertes, la angustia, el delirio. Supongo que en medio del aburrimiento de sus vidas les gusta tener algo miserable en que pensar, algo terrible a lo cual enfrentarse”(p.13). Sin embargo hay en la adolescencia siempre algo dramático, dolorosamente recordable, difícil de revivir. Por ello son también angustiados los testimonios adolescentes como los de J.D. Salinger(El guardián entre el centeno), Alain Fournier(El gran Meaulnes),James Joyce(Retrato del artista adolescente), Robert Musil(Las tribulaciones del joven Törles), Denton Welch(El viaje que fue) porque recordarla es doloroso. Y hay que hacerlo como única forma de entender, comprender, la adolescencia de nuestros hijos e hijas.

Por ello el narrador escribe: “decidí caminar de nuevo por los alrededores del liceo y deslizar mis ojos por la geografía que recubrió nuestra adolescencia”(p.56) o “Teníamos veinticinco años. Ése es un momento en que te encuentras demasiado obsesionado con abandonar de una definitiva vez todo resabio de adolescente. Eres un adulto torpe, desprovisto de malicia”(p.74)
--oo--

La segunda novela de Méndez es Árbol de Luna. Una vez leída debemos reconocer su constancia frente al oficio de escribir, el intento de convertirse en un creador profesional.

Y aquí en Árbol… lo hace mostrándonos las diversas facetas humanas que la corrupción política implica. Por ello nos muestra a Estela o Marycruz, la protagonista, la amante de un corrupto; nos deja ver la figura del “testaferro”, sin la cual los delitos contra el Estado son muy difíciles de realizar; podemos mirar también a los hijos de los antiguos comunistas, la guerrilla de los sesenta(p.85,103), los subversivos, vistos con los ojos de sus hijos que sufrieron el abandono de los que se fueron a hacer la Revolución, asunto que ha nutrido la pluma de Ricardo Azuaje, de Azul petróleo de Boris Izaguirre y ahora fragmentos de Árbol

A Estela para perpetrar sus negocios la mueve una idea: “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”(p.20). A través de esto Méndez nos permite ingresar en el laberinto de la corrupción política y administrativa en Venezuela cercana a los años noventa. Estela se abre un camino desde atrás metida entre los políticos y los militares, en sus “raras historias”(p.47). Pero ella es sólo un medio, es una barragana(p.65), sirve a su amante para hacer negocios que luego pasan a nombre de los testaferros. Por ello Estela “nunca pierde detalle”(p.74), se “encontraba segura… detrás de este bochinche”(p.201). Un día Estela desaparece, debe hacerlo. Se la busca, debe esconderse, es mucho lo que sabe de los delitos que ella ha ayudado a cometer(p.149).

Estela es una mujer atractiva, con “una boca carnosa y sólida”(p.46), a quien le gusta “escuchar el tintineo de sus pendientes en las orejas; una sensación que le encanta”(p.46). Por ello se esconde en España. En la madre patria nunca se encuentra con otros corruptos también escondidos en la península, algunos, otros viviendo allá gratamente de lo mal habido, de lo no trabajado. Estela sabe que pronto todo se olvidará. Por ello leemos “sabemos que la memoria de un venezolano dura diez días…A los diez días el delincuente mas buscado aparece abrazando al ministro de Relaciones Interiores”(p.110).

Árbol… es una novela bien hecha en su estructura, la lucha del joven escritor: poder vertebrar un libro. El libro máximo sólo se produce con el tiempo, creciendo, no olvidando la lección de Marcel Proust(1871-1922): cómo se preparó a escribir su gran ciclo En busca del tiempo perdido a través de los vastos capítulos, que forman dos tomos, de su Jean Santeuil, nunca impreso en vida. Una lección que no debe ser olvidada. No hay que precipitarse a publicar.

Sin embargo todavía Árbol…es un borrador para una novela, es un libro aun no terminado, concluido; es aun mero proyecto, con páginas preciosas, como el capítulo en el cual Estela se presenta así misma a través de una carta. Es cuando el lector cree lo que de allí saldrá: una obra con el nivel de aquel capítulo, cosa que no logra el autor. Sin embargo ha alcanzado crear un personaje vivo, testimonio de todas las malandanzas de la democracia venezolana. Ser no superado ya que la ética aun no ha entrado en nuestra función pública. Y Estela es muchos seres, bajo la democracia de los setenta como bajo el chavismo, también corrupto. O más corrupto pues controla todos los órganos contralores.

En Árbol… su autor no logra convencernos, los pasajes que suceden en España, salvo alguna excepción, rara, no nos cautivan, no encontramos allí la novela que en las primeras páginas parece surgir, novela que luego se les escapa de las manos. A veces resurge y parece encaminarse hacia el hilo perdido, tal algunos acontecimientos que encontramos después de la p.149. Pero ello no sucede, no logra seducirnos.
Méndez tiene verdadera vocación literaria, buen acopio de lecturas, formación literaria seria. Pero debe porfiar frente a la página en blanco, escribir, corregir, romper muchas páginas, tener cerca el tobo de basura, que aconsejó Julio Cortazar(1914-1984) un día, para tirar todo lo no esté acabado, lo imposible de reescribir. Méndez tiene una inclinación por la palabra escrita de la que podemos esperar mucho. Pero que no se apure, cuide mucho lo que hace, no entregue para su publicación las hojas hasta que en ellas no haya culminado el proceso de su paridura, que es terca, lenta, silenciosa.

La Favorita del Señor
Mientras escribía su novela Malena de cinco mundos.(Washington: Literal Books,1997. 268 p.) le sucedió a nuestra novelista Ana Teresa Torres que una de sus capítulos creció tanto que se hizo autónomo de aquel libro, se abrió paso solo para dar nacimiento a una obra que se desanudó de aquel árbol. Tal el caso de La favorita del señor.(Caracas: Editorial Blanca Pantin/Fondo Editorial La nave va, 2001. 190 p.), volumen que ya estaba redactado a fines de 1992.

La génesis de La favorita... la encontramos en una idea que dio calor a la composición del libro del cual se desprendió: que las mujeres encontraran en las propias mujeres sus verdaderas maestras. Es por ello que en Malena de cinco...nos encontramos con concepciones que de algún modo vinieron a dar como un río a La favorita...

En Malena de cinco...leemos: “Malena sentía una nostalgia en su educación y era la de no haber encontrado a una mujer maestra...Ella hubiera querido una amiga que fuera una mujer definitivamente sabia, y no la había encontrado...Debería haber en alguna parte una mujer que le explicara la verdad de todos sus procesos”(p.127). Siendo así habían sido los hombres los maestros de las mujeres, así “Los humanos han tenido la costumbre de dirigirles la vida a las humanas”(p.193), tanta influencia han tenido los hombres en la vida de las mujeres que “Hay una fantasía difícil de perder y es la de que el hombre es quien le enseña a la mujer qué es el amor”(p.200).

Y es precisamente La favorita... la ficción en la cual se sueña con la aparición de mujeres que sean ductoras de las mujeres(p.113), en todos los terrenos, incluso en el sexual, única forma de evitar que las mujeres sean eróticamente solamente el “eco de goce ajeno”, que fue el título que en su escritura original llevó La favorita..., que sus cuerpos dejen de ser los sólo encaminados para el disfrute de los otros. Eco, no lo olvidemos, es una ninfa en la mitología griega que sólo puede utilizar su voz para repetir las palabras de otros. Esto tiene un sentido muy profundo en La favorita...

¿Es La favorita...una novela erótica?. No lo creemos, pese a su pasajes hondamente pasionales. Es más bien una novela de educación sexual, escrita dentro de la tradición de uno de los libros antiguos más bellos sobre el amor jamás escrito: el de Ibn Hazm: El collar de la Paloma(Año1022, Madrid: Alianza Editorial, 1971. 338 p.).

Pero como toda novela La favorita... es una fantasía de la imaginación, no es un tratado, ni una receta, ni un modo de proceder, es una novela fruto de la inventiva, de la invención fantaseadora, por ello en sus hojas leemos: “la verdad y la ficción se me confunden”(p.188).

Ana Teresa Torres nos ofrece en La favorita...un libro en el cual aparece una capacidad bien encaminada para reconstruir la época en que transcurre la novela: el mundo medieval hispano, la Edad Media de los Trovadores, días de la herejía Cátara. Aisa, protagonista de La favorita..., novela que sucede en un impreciso lugar a mediados del siglo XII de la era cristiana en la España musulmana, siente “el irrenunciable orgullo de ser islamita”(p.31), mora que dicen los españoles.
Aisa lleva la tragedia encima: fue mal recibida por haber nacido niña y entregada a un Eunuco para que la arrojara al mar. Este la salvó. Fue así como creció en un harén hasta los 17 años cuando Roger de Tamarit la raptó, después de haber asesinado a toda su familia. Este se la llevó a su castillo y la convirtió en su amante.

Pero antes Aisa había vivido dentro del harén, así creció en un mundo femenino, dominado por las mujeres, fue formada por mujeres con la única aspiración de llegar a ser un día “la favorita del Señor”(p.6). Para ello recibe una honda instrucción sexual y erótica en la cual pasa por todos los estadios de la relación sexual, dominada por el deseo por el hombre, “cuan profundo navegaba nuestro deseo”(p.49). Así aquí hallaremos las fantasías eróticas, “que los cristianos consideran pecaminosas”(p.133), el sexo oral, el goce del miembro masculino, “lentamente fue llegando a mí su fuerte olor a animal mojado de placer”(p.45), todo ello en conjunción con el deseo por el hombre, por lo masculino: “la delicadeza de sus gestos...su clara y entonada voz, el fresco olor de sus vestidos y de su boca”, recuerda de su primer amante, su propio padre, ¿incesto?; “Su cuerpo fuerte y grande, sus manos callosas, sus rasgos toscos y su penetrante olor eran para mí una nueva experiencia” recuerda de Roger.

Por estas razones, por su formación, por su afinamiento, logra la unión amorosa plena: “Su cuerpo, su olor, su sabor se confundían con el mío...me parecía él ser yo misma”(p.46). Por ello vive plenamente el erotismo, la “borrachera sin vino”(p.106), en el cual todos los sentidos están presentes: la voz, el tacto, el olor. Y se pasa por todas las estaciones de la sexualidad entre hombre y mujer. Y también por las que son personales, íntimas como la masturbación. Dentro de Aisa la penetración, el voyerismo, el masoquismo, el sadismo, el onanismo(coitus interruptus) o el menage a trois significan hondas vivencias de la piel y del espíritu.

De allí que para ella el amor se despierta sólo cuando nadie piensa que ello puede suceder, “el amor no es por voluntad. El amor se impone sobre nosotros...la causa del amor es la voluntad de amar”(p.93). Por ello puede decirle a quien ame estas palabras que leemos en una cita intertextual, subrayada, “No quiero de ti otra cosa que el amor, fuera de él no te pido nada”(p.97): el deseo verdadero de la mujer, de la mujer de hoy, autosuficiente en casi todo, incluso para embarazarse sin la participación del hombre: sólo necesita al hombre para que la ame y amarlo. Así la consigna para la mujer es lograr la libertad plena, su goce constante, cosa que con muchas dificultades, quizá logra Aisa, “comprendí que amar es empezar a sufrir”(p.105), hay en él un “gozo sufriente”(p.105).

Y para llegar a ello su educación la ha puesto frente al placer, a la formación sexual de mujer a mujer(p.50) lo cual las hermana, les enseña “el secreto del cuerpo”(p.52), a no temer el propio deseo(p.53), “fui revelándole los caminos de su cuerpo que ella misma desconocía”(p.53), por ello en la ficción se distingue entre amar y enseñar a amar(p.98), “enseñarle un mejor ritmo para el placer”(p.100)

Así Aisa se transforma en educadora de las mujeres en lo sexual: tal Helena, la esposa de Roger; en iniciadora sexual de un adolescente; en vivir el amor elegido por si misma: Tadeo y mas tarde Bertrand.

Y ello, el amor, las vivencias de la sexualidad, que son una forma de conocimiento, la llevan a la búsqueda de si misma: lo que en provenzal podría ser “la alegría, el gozo, el feliz hallazgo de uno mismo, la vida dedicada a la vida”(p.89).

Y por fin a la búsqueda de la libertad, dejar de ser eco de otro, del hombre, ser ella misma.
Este libro también puede ser considerado como una pieza del feminismo contemporáneo, volumen que obligará a muchas mujeres a hacer de él una lectura peculiar, mirándose desde las palabras de Ana Teresa Torres en el espejo de sí mismas. Este obra pertenece por su génesis a las denominadas hoy “historias de mujeres” las cuales aparecen en la literatura, en el ensayo o en el cine. Obras para mujeres que no siempre escriben ellas. A veces también los hombres se aventuran a comprender estos senderos. Son los “hombres sensibles” que pidió nacer Anais Nin.

Otros Vendrán Después de Mi
Estamos, al leer con honda fruición, la novela de Italo Tedesco: Otros vendrán después de mi.(Caracas: UCAB, 2001. 339 p.) ante un raro caso, un ser habituado al análisis literario y a la enseñanza de la literatura, conocimientos que no le hicieron imposible, como muchas veces ha sucedido, vertebrar una ficción. Supo aquí el profesor Italo Tedesco dejar de lado la parte racional de sus conocimientos y abrirse ampliamente a la vertebración de una certera novela histórica la cual no puede ser considerada sino como un ejercicio pleno de la imaginación, hecho en estimulante y sabio estilo. Nos demuestra en su bello libro, que ocupará su lugar entre nuestras mejores novelas, que para el cultivo de este género no basta poseer una bien desarrollado estilo, tenso y terso en esta obra, sino que con él hay que saber fabricar una realidad novelesca, una obra que sea literaria plenamente. Y esto lo logra en esta sobrecogedora novela, una tragedia(p.11), que nos lleva a uno de los tramos más entrañables y más dolorosos de nuestro vivir en los días de la emancipación. Y como sucede siempre con las novelas históricas la memoria del pasado se proyecta sobre el presente y sus interrogantes. “Es el pasado que regresa como fantasma”(p.126).
Aquí estamos ante la historia de un héroe, Leonardo Infante(1798-1825), un hombre del pueblo, de raza negra, quien vivió “con el único amparo del caballo y de la lanza”(p.27), quien fue uno de los centauros de las “Queseras del Medio”, quien en algún momento, días difíciles del año veinte, mantuvo al Libertador gracias a su suerte en el juego de dados(p.27 y 83; Cartas del Libertador. Caracas: Banco de Venezuela, 1964, t.II,p.333); fue uno de los que hizo el “Paso de los Andes”, de los que peleó en Gámeza, el Pantano de Vargas y Boyacá.

Pero esta novela es también la historia de una venganza: se sabía que Infante había sorprendido a Francisco de Paula Santander(1792-1840) escondido, por momentos, en una “casa de tejas”(p.170) durante la batalla de Boyacá. Otra señal de miedo le había observado en el “Pantano de Vargas”. Eso lo conocía también el general José Antonio Anzoátegui(1789-1819). Por ello este fue envenenado en Pamplona. No muerto de apoplejía como enseña la historia escolar(p.74). Por ello también fue perseguido Infante. Cazado en la mala hora de comienzo de las crisis final de la Gran Colombia, que jugó un papel de trasfondo en su historia. La real y la que se recrea en este libro. Con estos recuerdos de la tradición oral ya está puesta la base de una invención novelesca. Cosa que tomó Tedesco en sus manos y supo con ello inventar su narración.

Que fuera oficial venezolano, llanero de Charaguamal, sitio cercano a Maturin, feroz, como la califica el propio Simón Bolívar(Cartas…t.IV,p.382), ”veneco” como llamaban en Bogotá a los aquí nacidos, los mulatos como también les decían, león victorioso, pobre, negro, no bien visto por los antiguos realistas, como Azuero, pasados a la república. Todo ello jugó un papel en la acusación, nunca probada, por la muerte de Francisco Perdomo. Por ello en el patíbulo el titán dijo, “Otros vendrán después mí”. Entre otros Sucre y el propio Bolívar, a quien salvaron suaves manos femeninas. “De nada le sirven los bríos al centauro, si lo cercan las espadas”(p.11). Tenía aquel día, el de la culminación de la tragedia, 26 años. “No pude vivir entre los hombres que ayudé a libertar”(p.239), lloró el héroe.

Aquí, en el libro que glosamos, desde la cárcel, a donde había sido enviado preso por un asesinato que no había cometido, donde se casó con María Dolores Caicedo, crimen por el cual fue juzgado y fusilado, no lográndose probar su culpabilidad, el coronel Leonardo Infante evoca su vida en largo, tormentoso y tirante monólogo, “Me muero en la única querencia que no me pudieron quitar, la de las evocaciones”(p.240).

A este soliloquio, uno de los grandes logros de Tedesco, lo seguimos aquí al unísono con la narración de su vida, la intercalación de documentos, diversas citas intertextuales(p.70, 186, 195, 196, 197); lo miramos junto a lo mágico de nuestra tierra, de nuestro modo de ver el universo. De allí la presencia de las barajas, de los albures gitanos, de las predicciones de un brujo.

Pobre fue Infante. Como a todos los oficiales de sus días le pagaban siempre tarde los sueldos. A veces ni eso. Por ello apenas podía alquilar una habitación, en el barrio de San Victorino, donde no tenía otras pertenencias que: un catre, un chinchorro, un taburete, una silla rústica, una mesa de madera, un mantel “de tela ordinaria”(p.148), “un manuscrito de varias anotaciones sobre el arte de la guerra”(p.148), un jarro, una taza, una botella de licor, una pequeña tinaja, un espejo, una estampa de Nuestra Señora de los Dolores, un sable, “con la punta desportillada”(p.227) como dicen viejos infolios.

Novela del infortunio es esta de Italo Tedesco. “Nadie viene a despedirse. No te sorprendes. Los perdedores se quedan solos. Fue siempre así. No va a cambiar. Vas a decir los adioses. Como en una letanía. La ves. Siempre la viste. Te la llevarás”(p.257), “Quiron es un doble y te viene a buscar…La cercanía de la muerte trae fantasmas y también eres clarividente”(p.281). Quiron es el centauro de la mitología griega, maestro de Aquiles.

Novela de los que todo lo dieron y nada recibieron, de los que no participaron en el reparto que trajo el poder.

Rememorando encontramos siempre a Infante: “Como estos recuerdos que te llegan tenaces y no te dejan vivir. No los culpas. Al contrario. Los bendices. Les agradeces. Son tu única visita. Sólo por ello puedes decirte que estás vivo. Todavía”(p.35).

El novelista sabe que trabaja con las palabras, con el lenguaje, comprende que todo “Fueron palabras que el viento se llevó. Las guardó la tradición oral”(p.70) y ahora las revive el narrador, el hablador, como llamó Vargas Llosa al contador de cuentos. Este aquí recrea, reescribe, recuenta, “Agregándoles detalles. Quitándole aquí. Poniéndole allá. Envenenando la narración para hacerla más sabrosa. Un cacho, pues”(p.75).

Cuento del fin de un vivir, “La muerte, ésta se acerca, porque alguien se atribuyó el designio de los dioses y decidió cortarle el hilo”(p.105). Sólo sobrevive la memoria de los otros “a ti, que hasta más allá de la muerte vas ser un Coronel de verdad”(p.20).

Sobre la tumba de este hombre del pueblo, en el epitafio de la sepultura de este soldado victorioso, cuya catástrofe nos cuenta otra vez Italo Tedesco, escribió el Libertador(julio 11,1825), “nadie lo amaba ni estimaba más que yo”(Cartas…t.IV,p.282).

(Leído en la Sala E de la biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, al mediodía del 9 de abril de 2003).