Martes, 02 de Septiembre de 2014

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Las Puertas Ocultas, de José Napoleón Oropeza

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Por: Roberto Lovera De-Sola

*Esta novela obtuvo el Premio de la Crítica a la mejor novela venezolana de 2011.

“La literatura en general y la novela en particular, son expresión de descontento”.
Mario Vargas Llosa: Contra viento y marea. Barcelona: Seix Barral,1983,p.174.

Recibimos esta tarde con emoción a José Napoleón Oropeza(1950), nacido en Puerto Nutrias, Barinas, quien ha vivido la mayor parte de su vida en Valencia, en cuya Universidad de Carabobo ha desarrollado su carrera docente y a cuyo calor ha escrito su obra literaria. De él sabemos que es uno de los mejores escritores contemporáneos, aparecido en los años setenta, a partir de haber obtenido el premio del concurso de cuentos del diario El Nacional con su relato “La muerte se mueve con la tierra encima”(agosto 3,1971), galardón que es consagratorio entre nosotros. Hazaña que repitió en el 2002 con su emocionado relato “Entre la cuna y el dinosaurio”. El haber repetido este galardón es logró que muy pocos tienen en nuestras letras, sus nombres son los Antonio Márquez Salas(1919-2002) y Gustavo Luis Carrera(1933), los únicos en obtenerlo tres veces y José Napoleón Oropeza en dos oportunidades.

Fundamental narrador es Oropeza, autor de muy destacados cuentos, de novelas cuya prosa es de honda belleza lírica, entre ellas sobresale El bosque de los elegidos(Caracas: Fundarte,1986.140 p.), novela única, que no se parece a nada de lo escrito entre nosotros, su singularidad es notable, largos de sus pasajes son poemas en prosa. Es autor de una teoría de la narrativa, Los perfiles de agua(Valencia: Universidad de Carabobo, 1978.130 p.), de una honda exploración de nuestra novela contemporánea, en Para fijar un rostro(Valencia: Vadell,1984.572 p.), y otro sobre nuestra poesía, que es toda una introducción a ella, El habla secreta(Valencia: Universidad de Carabobo,2011. 322 p.).

Ahora nos sorprende con una nueva y fascinante novela Las puertas ocultas(Caracas: Bid & Co. Editor,2011. 260 p.), como se trata de una ficción relativa a Cuba, a la persecución de sus escritores, a la presencia de sus disidentes intelectuales consideramos que debemos comenzar nuestra lectura con las observaciones que siguen, hechas antes de entrar en el bello y tenso libro que ahora nos ofrece.

Así que iniciamos nuestra exploración con estas observaciones: Cuba ha interesado siempre a los estudiosos de las letras latinoamericanas, ¿cómo se explica, tal es la interrogante, que un país tan pequeño, aislado en medio del mar Caribe, haya producido una literatura tan nutrida, incluso desde el siglo XIX, cuando tuvo a la gran figura latinoamericana como José Martí(1853-1895), y no fue la única, cuando aun era una colonia española, ya que ese país no fue independiente hasta 1902?

Solo en el siglo XX podría citarse las grandes figuras: Dulce María Loynaz(1902-1997), Lidia Cabrera(1900-1991), Lino Novas Calvo(1905-1983), José Lezama Lima(1910-1977), Guillermo Cabrera Infante(1929-2005), Virgilio Piñera(1912-1979), Calvert Casey(1924-1969), Severo Sarduy(1937-1993), Antonio Benítez Rojo(1931-2005), autor de Mujer en traje de batalla(Madrid: Alfaguara, 2001. 512 p.) y de uno de los mayores estudios sobre la región caribeña: La isla que se repite(Hanover, NH: Ediciones del Norte, 1989. XXXIII,350 p.) y ahora Leonardo Padura(1955), el autor de El hombre que amaba a los perros(2009,Barcelona: Tusquets, 2011.765 p.), que podría titularse Historia de un engaño(p.322), él único escritor cubano importante que vive en Cuba, pero nacionalizado español, para poder entrar y salir con libertad de aquella prisión en la que se ha convertido aquel país para los allí nacidos.

Pero desde 1959 primero el pensamiento de José Martí fue tergiversado, y segundo las persecución intelectual se ha desarrollado, paralizándola, solo al parecer se han salvado de la persecución, a pesar de su militancia cristiana, Cintio Vitier(1921-2009) y su esposa Fina García Marruz(1923), figuras altísimas de la literatura cubana. La historia de Alejo Carpentier(1904-1980), escritor cubano nacido, con el nombre de Alexis, en Lausana, Suiza(diciembre 26,1904), es distinta, al ser partidario a ciegas del régimen ha sido salvado, pero su conducta con los escritores disidentes fue imperdonable. La gran tragedia que vive la intelectualidad cubana ha sido descrita en sus acentos más graves y oscutos por Guillermo Cabrera Infante en su dolorosísimo libro Mea Cuba(Barcelona: Plaza y Janés, 1992.484 p.), algunos de sus trabajos aparecen también en su libro Vidas para leerlas(Madrid:Alfaguara,1998.294 p.).

Todo esto se explica, y nos pone de hecho en la entraña de Las puertas ocultas, por el hecho de haberse instalado en ese país, desde 1959, una dictadura marxista, una autocracia pordiosera que en vez de trabajar lo ha pedido todo a otros, a la URSS antes y ahora de Venezuela. Es este un régimen que le quitó todo a los cubanos, les pidió a sus ciudadanos que le entregaran su libertad a cambio de desarrollo y no les dio ni lo uno ni lo otro. Basta viajar a ella para verlo y regresar con el corazón contraído. Pero a ello le ha acompañado el régimen no solo de censura sino de persecución a los intelectuales, sobre todo por razones sexuales, la diversidad sexual siempre ha sido perseguida, su respeto es uno de los logros de nuestro tiempo. Tal situación ha hecho que siempre se haya visto con interés, una militancia intelectual y no partidista, nada comunista entre los demócratas latinoamericanos, lo que allí sucede, tanto políticamente como intelectualmente. La persecución ha sido tal que hoy en día la mejor literatura cubana sea la que se cultiva en el exilio, caso Zoé Valdés(1959), para nombrar un caso, quien cada noche paseo por el Barrios Latino parisino memorando su amado malecón habanero.

Además, desde países democráticos como Venezuela, la literatura de Cuba, escrita sin libertad, se lee emancipadamente y se la puede apreciar en todas sus matices y connotaciones, tal el caso de la que puede ser la mejor novela escrita por un cubano en las dos últimas décadas, desde luego fuera de Cuba, la fascinante Mujer en traje de batalla de Antonio Benítez Rojo y, desde luego, la gran requisitoria contra la revolución bolchevique y el socialismo autoritario que es El hombre que amaba los perros de Padura, quien amaba sus cachorros no era, en esa ficción, desde luego, el sicario comunista Ramón Mercader(1914-1978) sino el dirigente ruso León Trostky(1879-1940), el hombre que llevó a los Bolcheviques al poder al encabezar sus dos levantamientos: el de 1905 y el de 1917. No Stalin(1879-1953), ni Lenin(1870-1924), este se paseaba por los pasillos del Palacio Smolny de San Petesburgo mientras Troski dirigía la Toma del Palacio de Invierno, hace ahora setenta y cinco años.

Todo esto que advertimos está en la base de la novela de José Napoleón Oropeza que estamos comentando.

La gran persecución intelectual cumplida en Cuba es el tema de esta novela. Su asunto nos lo presenta este narrador mostrándonos como su protagonista busca sin suerte, dentro de la isla, a uno de los mejores escritores cubanos contemporáneos, Reinaldo Arenas(1943-1990), disidente, preso por razones sexuales(1974-1976), a quien se le impidió publicar sus obras allá, excepción hecha con su Celestino antes del alba(1965,Caracas: Monte Ávila Editores,1980.225 p.), la primera, ahora titulada, en su versión final, Cantando el pozo(Barcelona: Argos Vergara,1982. 215 p.), ella mientras Arenas triunfaba en el exterior con sus libros, sacados clandestinamente de ella por manos amigas. Tal El mundo alucinante(México: Editorial Dióegenes, 1969.222 p.; 2ª.ed.Caracas: Monte Ávila Editores,1982.523 p.) la novela con la que el mundo lo conoció, el diario Le monde, de París la consideró como la mejor novela de un autor extranjero editada en Francia aquel año(1969), aquí la conocimos a través de la edición mexicana de la editorial Diógenes, nos dejó sin palabras. De alguna forma nos atañe pues uno de sus personajes es don Simón Rodríguez(1769-1854). Estaba tan aislado allá Reinaldo Arenas, en los años setenta, que el primer libro suyo aquí publicado, su precioso novelín La vieja rosa(Caracas: Ediciones Cruz del Sur,1980. 114 p.), ahora en el volumen Termina el desfile(Barcelona: Seix Barral, 1981.174 p.) fue sacado de allá por su primera y entrañable amiga venezolana, Cristina Guzmán, solidaria de su escritura y de su afecto. Igual hizo con El palacio de las blanquísimas mofetas(Caracas: Monte Ávila Editores, 1980. 397 p.;2ª.ed.Barcelona: Argos Vergara,1983. 292 p.), también aquí publicada antes que en España, pero ello después que Reinaldo Arenas, utilizando el apellido de Arinas, logró salir de Cuba por el puerto Mariel. Pasó entonces por Caracas, en donde lo conocimos y conversamos con él, lleno de desasosiego y temor. Pasó a los Estados Unidos, vivió en Nueva York, como profesor, allá le se fue diagnosticado el Sida(1987) y allá se suicidó ya muy enfermo(1990).

La búsqueda imposible del gran Arenas y sus libros le ha dado a José Napoleón Oropeza la materia para escribir su novela Las puertas ocultas. Allá lo buscó sin encontrarlo. En este libro aparece también la figura de José Lezama Lima, con quien el narrador se encuentra, en su casa de la calle Trocadero, número 162 en La Habana Vieja, ante ella nos detuvimos con devoción una mañana de 1992. Fue Lezama Lima otro disidente singularísimo, perseguido por ser católico, anti comunista y homosexual.

Libro doloroso e inquietante es Las puertas ocultas. Una obra densamente literaria, se nos ofrece como siempre lo hallamos en toda literatura veraz, la cual siempre construida “a partir de espejos cruzados”(p.183), sintiendo al hacerlo que se abría “la puerta del sueño”(p.136), que aquella “escena no vivida aún, quizá formase parte del sueño”(p.15). Tan onírico parece aquello, que pareciera que estamos al leerla dentro de una vivencia kafkiana, como dando vueltas alrededor del Castillo del checo: buscar una persona de quien nadie sabe nada pero sin embargo vive allí, lo hizo hasta 1980, cuando escapó en uno de los barcos que salieron del puerto Mariel, considerado, sin haber hecho nada indigno, solo pensar distinto y tener una conducta sexual mal vista por el régimen comunista, todos sabemos lo represores de la sexualidad que son los regímenes totalitarios. De allí en Las puertas ocultas leamos: “Tu muy bien sabes la clase de lacra por la cual anda preguntando con tanta insistencia”(p.166), “lacra” por disentir, con coraje, sin arma alguna, solo con sus palabras que es lo único que tiene todo creador; por ello, por miedo todos guardaban silencio, “callar será siempre la mejor virtud”(p.180), se lee aquí. Tal el libro que planeó escribir el protagonista de Las puertas ocultas: el “episodio de una proyectada novela o un relato sobre aquella experiencia”(p.164).
Por ello, a medida que seguimos al protagonista y a su esposa por La Habana vemos la vida, que en medio del miedo, llevan los cubanos, los cuales, como leemos “nosotros, sin reconocerlo, somos los enfermos de nostalgia”(p.88), “Acá en este país uno camina todos los días sobre una alfombra de vidrio. No resulta lo mismo ser turista que cubano”(p.115), todo es inexplicable, tal este fragmento: “Algo le decía que en esos diez minutos captaría alguna imagen reveladora para la novela que proyectaba escribir Eduardo, según comentó a la salida de librería, donde fingieron esperar a Reinaldo”(p.126). Un país inexplicable, que no puede ser visto desde la sana lógica. Tal cuando leemos al ver al personaje entrar en el Cementerio de La Habana: “Eduardo entraba en el río de monumentos, de tumbas”(p.129): ¿es eso Cuba?, aquel país, puede uno preguntarse al leer esa línea. Recuerda el crítico que esto escribe que Benítez Rojo dice, en su memorable Mujer en traje de batalla, “aquella isla enferma de azúcar y esclavitud”(p.425). Por ello lo único vivo es el consejo que a Eduardo da Lezama Lima en una dedicatoria: “Enseña tus alas. Realízate. Se siempre anterior a la muerte. Cúmplete. Afectísimo José Lezama Lima. La Habana 26 de diciembre de 1974”(p.241), tiempo en que transcurre la ficción.

Insistimos en el sentido kafkiano que hallamos en Las puertas ocultas. Desde el momento en que Eduardo se baja del avión comete el error de decir a lo que viene, cosa que no debe hacerse en ningún país comunista donde todo extranjero es seguido a ver qué hace, a qué viene. Y él va en busca de un opositor destacado: Reinaldo Arenas.

Y, además, va en busca de los grandes libros cubanos, de nada fácil acceso. Dice: “Deseo llevarme tan solo unos pocos libros. Una buena edición de La Edad de oro, de José Martí, la primera novela de Arenas(Celestino antes del alba). Todo lo que se pueda hallar de la poeta Dulce María Loynaz. La luna nona, de Lino Novas Calvo y algunos ejemplares de de la revista Orígenes(1944-1956). Bueno y Paradiso de José Lezama Lima”(p.70). Y en otro pasaje leemos: “los cuentos de Onelio Jorge Cardozo(1914), la primera edición cubana de La edad de Oro, de [Biografía de un]Cimarrón, ya un clásico, del antropólogo [Miguel] Barnet”(1940)” (p.188).

Pese a esas búsquedas sin suerte dijo haber obtenido un ejemplar del poemario Fuera del juego, de Heberto Padilla(1932-2000) y de la pieza Los siete contra Tebas de Anton Arrufat(1935), los libros que provocaron el Caso Padilla(1971), lo que dio impulso al embajador chileno en Cuba, Jorge Edwards(1931), para escribir su Persona non grata(Barcelona: Barral,1974.478 p.), el primer enjuiciamiento crítico de aquella revolución y el inicio en las letras de habla castellana de las obras que explican la caída del socialismo, que tomó su impulso en la Primavera de Praga(1968), al que siguieron la Autobiografía de Federico Sánchez(Barcelona: Planeta,1977. 343 p.) del español Jorge Semprum(1923-2011) y Del buen salvaje al buen revolujcionario(1975, Caracas: Criteria,2005. 316 p.) del venezolano Carlos Rangel(1929-1988).

Un amigo llega a decirle al personaje de Las puertas ocultas: “Si. Tú deseas el libro…Ya obtuvimos ése y los demás libros de la lista en sus primeras ediciones. Nos costó mucho obtenerlos. Porque son libros que ya desaparecieron de circuación y quien los tenga, los guarda bien en secreto para no entrar en problemas como la policía”(p.187. Ver también las p. 70 y 188). La esencia de su búsqueda, es por encima de todo Celestino antes del alba(p.236), la primera novela de Arenas, el único libro suyo publicado en Cuba. Por ello llega a decir: “Yo no busco libros incunables. Yo busco un solo libro. Todos esos, excepto el de cuentos de Onelio Jorge Cardozo, ya los adquirí. Tu me dijiste que podía conseguir el de Arenas…¿Tampoco te interesa Lino Novas Calvo? Es uno de nuestros mejores cuentistas. Tú sabes que acá existen autores que no se editan. Autores prohibidos pues…Tú estas buscando autores enemigos de este gobierno”(p.88).

Y hay quien le dice: “El recibió la información de que tú querías que te ayudasen, a través de algún programa de la emisora, a trasmitir un mensaje a los escuchas sobre el libro de Arenas, o sobre el propio Reinaldo. Ellos no te darán esa oportunidad, en ninguno de los dos sentidos. Eduardo, creo que debes desistir de tu búsqueda del libro de Arenas…algo me dice que ese Reinaldo no es muy querido acá”(p.194). Y no lo era, como ninguno que pensara por si mismo, una característica de los regímenes del socialismo autoritario es la incapacidad de quienes los gobiernan de vivir junto a los que piensan distinto. Y eso fue lo que hizo, por hondas razones de conciencia, Reinaldo Arenas. Por ello bautizó su autobiografía como Antes que anochezca(Barcelona: Tusquets, 1992. 343 p.), que los que no la han leído, es libro más que estremecedor, lo vieron en el film(2001), dirigido por Julian Schnabel(1951), protagonizado por Javier Bardem(1969), con cuya actuación logró ser nominado el Oscar a la mejor actuación masculina.

Leído en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque en su sesión de la trade del martes 5 de Febrero de 2013).