Sábado, 19 de Agosto de 2017

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Las Fantasías de Juan Bimba

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Varias veces hemos señalado en las intervenciones que abren nuestro Círculo de Lectores que el país vive la gran época de la gran introspección nacional producto de la gran crisis que vive el país, la que ha llevado al venezolano a preguntarse el por qué de lo que nos está sucediendo para tratar de explicárselo. Una de esas preguntas, acuciantes, es la relativa a la identidad nacional que ahora gracias al libro de Axel Capriles(1953) Las fantasías de Juan Bimba(Caracas: Taurus,2011.277 p.), del cual vamos a tratar esta tarde, se nos ofrece una manera de explorarlo desde un ángulo novedoso, que antes no se había tocado.

El asunto siempre nos ha inquietado, tanto que el maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001) anotó “Desde el siglo XVIII, por lo menos, la preocupación dominante en la mente de los hispanoamericanos ha sido la de la propia identidad”(En busca del Nuevo Mundo. México: Fondo de Cultura Económica,1969,p.9), lo que el crítico uruguayo Fernando Ainsa(1937) ha señalado ser el tema predominante de la novela latinoamericana(Los buscadores de utopía. Caracas: Monte Ávila Editores,1977.429 p.).

Axel Capriles lo ha logrado tocar desde un particular ángulo porque al parecer siempre que nos interrogamos sobre él lo que hemos hecho es más bien una exploración histórica. Y nuestro psicólogo jungiano nos hace ver que hay otra arista, más que compleja para penetrar en él.

La Identidad: Su Tema
Pero nos confiesa que si bien este ha sido su tema central de preocupación, desde la publicación de su primer artículo, en El Mundo caraqueño(1972), a la edad de diez y nueve años, “a pesar de haberle dado vueltas al tema y haberlo estudiado durante años, el asunto del carácter social, la mentalidad colectiva y la identidad nacional sigue siendo ininteligible para mi y me sigue causando la misma perplejidad. La simple mención de la palabra identidad, en lugar de orientarme, me inquieta”(p.28). Y subraya, llamando la atención sobre su gravedad, apenas comprendida entre nosotros: “Así como la confusión de identidad individual puede llevar a la disociación y a la psicosis, la ausencia de sentimiento de identidad colectiva lleva al aislamiento, a la anomia y a las fragmentaciones que desembocan en movimientos de masas”(p.29). Es por ello que para él la identidad, contrario a lo que se piensa, no es lo no movible, lo mismo, lo idéntico(p.58), es lo activo, lo dinámico en el vivir de la sociedad. A él le parece que la confusión viene del hecho de ser la noción de identidad un hecho fundamentalmente “etéreo”(p.30), que nos lleva a un laberinto(p.30), aunque también entrar a un laberinto es también estudiar a Venezuela, de hecho la historia de Venezuela no es otra cosa que la crónica de los laberintos de la memoria.

¿Qué es?
Para definir el problema que trata indica Axel Capriles que según el filósofo inglés David Hume(1711-1776), a quien sigue, “en vez de preocuparnos por el Ser, lo que debemos es Hacer. En lugar de interrogarnos sobre nuestros orígenes o sobre una hipotética esencia, lo que necesitamos son acuerdos prácticos de convivencia, plantearnos metas comunes y trabajar orgánicamente por alcanzarlas. Más que buscarnos en un pasado que ya no existe”(p.31).

Por ello en Las fantasías de Juan Bimba parte de estas observaciones: “No sabemos, con precisión, en qué se fundamenta la noción de identidad colectiva de los pueblos, pero lo que si sabemos es que, con frecuencia, su solo planteamiento y búsqueda desembocan en intolerancia y sectarismo”(p.16). Y lo explica por ver que “El baluarte de la identidad religiosa, étnica o nacional ha sido, y es, el móvil de los más horrendos episodios de la historia universal”(p.17). Ejemplos, terribles en todos sus casos, han sido el fascismo en Italia, el genocidio armenio, el nazismo en Alemania, el stalinismo en Rusia, lo sucedido en Ruanda, las masacres de Pol Pot en Comboya o los actos de limpieza étnica en Serbia que aun nos horrorizan. Por ello nos dice nuestro autor “El baluarte de la identidad religiosa, étnica o nacional ha sido, y es, el móvil de los más horrendos episodios de la historia universal”(p.17), indica que hay una relación, siniestra, entre “la idea de identidad racial o nacional con la locura”(p.17), “La noción de identidad, como igualdad a sí mismo, revela renuencia al cambio y esconde un déficit de adaptación. Psicológicamente hablando, se relaciona con la identificación y su concreción extrema es sinónimo de psicosis”(p.17).
Por ello también le parece peligroso el nacionalismo: por ser “una ideología que convierte el artificio administrativo de la frontera en un mecanismo de identificación y solidaridad a través de mitos compartidos, historias y simplificaciones discursivas. Es, sin embargo, una poderosa realidad política, social y psicológica”(p.21-22)

Pasajes Fundamentales
Para aclarar lo que desea exponer nos encontramos con estos pasajes de su libro que vamos a citar por ser sumamente esclarecedores del tema que toca.

Para definir la identidad nacional anota que es esta es “es mucho más que una comunidad racial, un área geográfica o territorial, un idioma o un conjunto de hábitos y costumbres. Implica formas institucionales y estructuras legales capaces de de dar uniformidad a la vida de la colectividad, consciencia de continuidad histórica, patrones valorativos, tradicionales, proyectos compartidos y metas comunes que dan sentido de unidad. Es un fibroso y persistente hilo de Ariadna que conecta el pasado con el presente, que orienta y permite atravesar el laberinto de la vida enlazando el punto de arranque con el de salida que enseña el perfil del horizonte. La anamnesis historiográfica, la recuperación de los acontecimientos que tuvieron lugar antes de nosotros, es una manera de encontrar una hebra conductora, un encadenamiento entre los hechos dispersos en el tiempo para conectarnos simbólicamente con los fundamentos de nuestra existencia, para obtener una grado deseable de integridad”(p.175).

Para aclarar aquí debemos señalar que por “anamnesis” el término que usa, es un vocablo griego que quiere decir traer a la memoria, denominamos recolección, reminiscencia, rememoración. La anamnesis en general apunta a traer al presente los recuerdos del pasado, recuperar la información registrada en épocas pretéritas. En psicología, que es el tema del libro que presentamos, es la recopilación de datos sobre un paciente para poder reconstruir su historia personal y situar sus síntomas en la dinámica de la evolución individual. Desde el punto de vista del paciente puede referirse a la traída a la memoria de las ideas de los objetos o hechos olvidados. Se estructura en dos fases: una es la objetiva que se realiza con los familiares y allegados del paciente. La otra es la subjetiva que se realiza directamente con el paciente y que se llama así pues los datos del paciente están o pueden estar cargados de datos subjetivos. Es importante revisar el estado pre-morboso del paciente para conocer su tipo de vida antes del problema psicológico o médico que padece.

Aclarado esto seguimos la exposición de Axel Capriles cuando apunta que también: “La identidad colectiva es una construcción ideológica que tiene por función crear un ser general común para consolidar los lazos de confianza y solidaridad a fin de lograr una mayor cohesión social. Es un sistema de significaciones, representaciones y sensibilidades compartidas. Ese cuerpo de gestos, ideas y emociones…toma forma a partir de arquetipos, mitos, estereotipos, creencias, que anudan el sentido de pertenencia”(p.183)

Pero, insiste, concepto confuso y peligroso es este de la identidad nacional: “el estudio de la cultura, los patrones valorativos, la personalidad modal y el carácter social de los pueblos son de importancia capital, con esa visión resurgió también el concepto sumamente confuso y peligros de la identidad nacional…la identidad es una ficción que busca explicar retrospectivamente el presente creando esencias inalterables y fantasmales que permitan imaginar relaciones casuales…insisto en que en lugar de fundar la identidad social en un conjunto de enlaces étnicos, geográficos, históricos y culturales, tenemos que construir nuestro sentido de pertenencia y continuidad social en la consciencia presente de formar parte activa de una comunidad concreta…sobre la quimera de la identidad, debemos trabajar sistemáticamente para crear consensos y hacernos en el esfuerzo para alcanzar propósitos comunes”(p.264-265).

Los Aires de Familia
Así mejor que hablar de identidad deberíamos hablar de pertenencia a una sociedad y a un medio y enfrentar aquello que ese contorno es. Por ello Axel Capriles insiste que la pertenencia a un lugar y a un tiempo existe. Son los “aires de familia” que dijo el lúcido ensayista mexicano Carlos Monsivais(1932-2010), “pertenencia” es “la huella que deja la experiencia compartida de un mismo patrimonio cultural, como es, en las sociedades latinoamericanas, un amplio espectro que va desde el idioma hasta el culto a los héroes de la independencia o las religiones sincréticas”(p.22), es ello lo que nos unifica y nos distingue de otros(p.22).

Aquello que somos, dice nuestro ensayista, lo encontramos en “América Latina, [en] las discusiones más sugerentes sobre el ser que pensamos que somos han surgido de la literatura y de la meditación histórica y se han expresado, principalmente, en forma de ensayo…Cada una tiene sus voces e intelectuales dominantes y sus obras referenciales, pero por encima de las fronteras nacionales, la idea de América reúne un número de argumentos e interpretaciones que tienen significación y validez desde el río Grande hasta la Patagonia”(p.27). Cita ejemplos como El espejo enterrado(México: Fondo de Cultura Económica, 1992. 440 p.) de Carlos Fuentes(1928) en donde se puede ver la confluencia España-América Hispana en nuestro vivir, lo que explica su idea que somos el “territorio de La Mancha”, pues el Quijote(1605) de nuestro libro esencial, El laberinto de soledad(1950, Madrid: Cátedra,1998.578 p.) de Octavio Paz(1914-1998), su interpretación de México; se podría mencionar también Aires de Familia(Barcelona: Anagrama,2000.254 p.) de Carlos Monsivais, sobre los rasgos de nuestra cultura contemporánea, tan exacto y completo que no hay detalle que se le escape, al que hace referencia; entre nosotros la meditación de Arturo Uslar Pietri, Mariano Picón Salas o Mario Briceño Iragorry(1897-1958), pensamientos pivotales siempre los de los tres. Y, desde luego, no son los únicos pero si lo más relevantes.

Así, más que la identidad debemos poner por delante, la autoestima y el autoconcepto, los cuales se “fundamentan en categorías centrales de los grupos de pertenencia. Nos evaluamos y representamos a nosotros mismos a partir de los rasgos compartidos con los prototipos que tipifican a los grupos significativos y nos distinguen a los demás”(p.23). Es por ello que “casi todas las sociedades han sido en algún momento de su historia…etnocéntricas”(p.23), centradas en si mismas, explicándose por su propia cultura, tal el “Ana karina rote”, el “solo nosotros somos gente”, de los Caribes; o el “Santiago y cierra España” que gritaban los conquistadores españoles, evocado por Herrera Luque en una página de Los amos del Valle(Barcelona: Pomaire,1979,t.I,p.92).

Así “Gran parte de la idea que, hasta ahora, habíamos tenido de la identidad nacional consiste en un conjunto de caracterizaciones de rasgos fijos, de memorias y narrativas históricas, de prácticas folklóricas, de consideraciones geográficas o de hechos biológicos, y no en la conciencia de formar parte activa de una comunidad que tiene que resolver conjuntamente problemas actuales, tomar decisiones y llevar a cabo determinadas acciones para construir ciudadanía y país”(p.34).

Pero su asunto central, y esta es la novedosa lectura que nos ofrece Axel Capriles, es que “necesitamos entenderla como una consciencia de los derechos y deberes ciudadanos, como un compromiso con fórmulas de participación, como un conjunto de actividades, esfuerzos y acciones institucionales que conduzcan a metas y propósitos consensuados escogidos para satisfacer ciertas necesidades y aspiraciones…se trata de construir comunidad a través del hacer común”(p.34).

 ello sin olvidar un hecho que él subraya: “Llama la atención que también en otros campos ajenos a la psicología, la preocupación y el estudio de la identidad hayan ocurrido en momentos de transición y de grandes cambios, en situaciones de crisis”(p.35-36), ejemplos gráficos podían ser la España de 1898, cuando esta perdió los últimos restos de su imperio colonial, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y surgió la Generación de 1898 en la península, Unamuno, Ortega, Azorín, Pío Baroja, con sus mil preguntas sobre el ser español. O en entre nosotros por nuestro “deseo de conocer mejor nuestra idiosincrasia para comprender las transformaciones sociales y políticas”(p.36), razón entre otras, del lugar que en nuestra literatura ocupa hoy la novela histórica, caso Herrera Luque, pero, cuando el “liberalismo amarillo”(1863-1899) cerró su ciclo, a comienzos del siglo XX, aparecieron los Episodios venezolanos, auténtica “historia fabulada” de Venezuela, de don Francisco Tosta García(1846-1921), publicados a partir de 1903, el primero de ellos, titulado El 19 de Abril, aparecido el mismo año en que concluyeron nuestras guerras civiles y el caudillismo feneció, fueron tan populares que la gente se reunía en la puerta de la imprenta de Rómulo A.García, donde se imprimían, para comprarlos al terminarse de editar, sin esperar a que llegaran a las librerías. De Tosta García viene Herrera Luque, con su mismo proyecto balzasiano de reconstruir toda la historia del país, hecho aquello cuando avizoró que nuestra república democrática estaba entrando en crisis. De hecho la primera de estas novelas, Boves el Urogallo, apareció en 1972, un año antes de la subida de los precios del petróleo que fue lo que hizo, aunque parezca paradójico, que la República Civil entrara en crisis, un lustro después, pese a la inmensidad de los recursos que teníamos, no hubo superavit económico(Diciembre 31,1977) por vez primera desde la muerte de Gómez.

La Venezuela Paradójica
Expuestos sus elementos teóricos pasa Axel Capriles a nuestra realidad. Expresa que “Es fácil imaginar una geografía psicológica”(p.43), “exploraré algunos de los problemas y complejidades de la vida venezolana contemporánea a partir del análisis de mitos y leyendas históricas que permanecen vivos en la psicología colectiva y que tienen un lugar destacado en el acontecer político, económico y social de la nación”(p.38). Es en ellos en donde residen “las formas de pensarnos e imaginarnos”(p.39) a nosotros mismos.

Los hechos centrales de su exploración son: el mito de el Dorado, Canaima, “el espíritu del mal, de la venganza o de la muerte”(p.126); lo que significó el Decreto de Guerra a Muerte(Junio 15,1813), que dividió al país, y produjo, a nuestro entender la aparición de José Tomas Boves(1782-1814) o de una figura paralela, durante la Guerra Federal, Martín Espinoza(c1820-1859), incluso de “taitas” como Ezequiel Zamora(1817-1860); estudia las religiones sincréticas a través del culto a María Lionza y, desde luego, se detiene ante la abundancia económica de la Venezuela petrolera; señala el impacto de la geografía en nuestras gentes(p.46), la significación que todos tiene la presencia del sol, la canícula(p.47) y la luz(p.53), de la “exuberancia tropical”(p.53). Pero también se detiene ante el caudalismo, los horrores de las guerras civiles. Y ya en el siglo XX ante el discurso de los “caudillos populistas”(p.53), ante el “don populista” que dice la politóloga Ruth Capriles(p.102,103,105), la forma como ”el consenso mudó en clientelismo, en evasión del disenso, en complacencia, en negación de la esencia misma del método democrático”(p.159): o en algo peor, anotamos nosotros(ver p.166), en el resentimiento (p.117, 136, 137); en la forma como hemos pasado del paraíso colombino, de la “tierra de gracia”, el primer nombre de Venezuela, a las imágenes opuestas de nosotros mismos “particularmente la figura de Juan Bimba enfrentada al ideal del ‘bravo pueblo’ y el arquetipo del ‘alzao’…[la] particular disposición a la gozadera y el cheverismo”(p.39).

Debemos detenernos ante cheverismo, tan bien definido por Axel Capirles, como la “desconexión con lo trágico, es una forma superficial de relacionarnos con la vida y con sus aspectos duros…tapamos el sufrir”(p.233). Es el cheverismo el que nos llevó a inventar la inmensa falacia “éramos felices y no lo sabíamos”, cuando el sistema político hacía aguas, la ética estaba erosionada y mandaba la picardía.

Pasa al insurgente. Explicó Uslar Pietri, siempre maestro en la comprensión del país, “Al hojear la historia colonial de Venezuela, el personaje con quien se tropieza con más frecuencia es el insurgente…La insurgencia, visible o soterrada, es el reverso constante de la sociedad colonial. El esclavo que se fuga, el indio que se vuelve al monte, el cuatrero, el alzado, el bandido popular, las cédulas de la anti-sociedad, como los ‘cumbes’ negros…los pasquines anónimos, el carácter de conmoción social, de algunos incidentes”(La otra América. Madrid: Alianza Editorial, 1974,p.47).

Es por esto que Axel Capriles se detiene en uno de ellos, uno que nos gobierna hoy, “El alzao es el deslinde grueso de un modo de existir, el esbozo de una peculiar forma de sentir e interpretar el mundo, una imagen colectiva del individuo independiente y libre en una tierra ancha y sin fronteras, sin amos ni normas que lo sometan ni nadie que lo pueda domesticar”(p.190), “Venezuela ha sido característicamente vista como un pueblo indómito, una población levantisca llena de personalidades insumisas y altivas, de caciques y caudillos, donde todo individuo quiere ser jefe”(p.190) de este país “inmanejable” que somos(p.191).

Y del alzado nos llegan estas contraimágenes: el “¡Bochinche, bochinche¡¡Esta gente no sabe hacer sino bochinche” de nuestro Precursor; “el mundo es los valientes”, que dijo Pedro Carujo(1801-1836), ebrio, ante el sabio José María Vargas(1786-1854); el “tan joven y ya traidor” de don Pedro Gual(1783-1862) ante el coronel José Echezurría joven oficial que vino a sacarlo de la presidencia(Agosto 29,1861).

Es grave todo esto, sobre todo el hecho de que el mundo prudente de los pensadores no ha sido visto como se debería: pocos han reparado en el proyecto ideológico que sostuvo la emancipación más importante que las acciones bélicas o la modernidad que trajo Guzmán Blanco(1829-1899); que el Estado Moderno fue posible instaurarlo gracias al látigo del general Juan Vicente Gómez(1857-1935). Y lo peor: no hemos encontrado como “administrar el bochinche” que dijo agudamente Ramón J.Velásquez(1916).

Vivimos además la distorsión que nos llevó a aparecer en el 2008, en el libro de record Guines “como el país de los ciudadanos más felices del mundo”(p.229), el 55%; o hace poco, en el programa televisivo, de Humberto Najim como uno de los países que están más contentos con el gobierno que tienen, 45% en la encuesta; el país que dice estar mayoritariamente contra el actual presidente pero las encuestas dicen lo contrario. ¿Cómo me lo explican, les dijo el entrevistador peruano Jaime Bailly a unos venezolanos que encontró en el aeropuerto de Miami? Cuando le respondieron: “es el peor Presidente que hemos tenido pero es un hombre muy simpático”. Y eso en medio de un país con su infraestructura destruida, con la economía en el suelo, donde no hay dinero, ni trabajo, ni comida, la educación y la salud pública en su peor momento y la doctrina del “idiota latinoamericano” se sigue imponiendo.

¿Qué es lo Auténticamente Venezolano
¿Qué es lo auténticamente venezolano? se pregunta Axel Capriles. Responde: “si nos guiamos por los cronistas de los certámenes de belleza…lo auténticamente venezolano sería: la irreverencia, la tez morena, los ojos negros, el hecho de preferir el casabe a la baguette, añorar terriblemente el mondongo y el chichorro, comer besitos de coco”(p.20). La baguette es el panecillo francés, de origen austríaco, con el que se hacen los pasapalos.

“Pero, ¿es válido hablar de un venezolano general, de un carácter nacional?¿Qué tienen en común un taciturno chamán del Alto Orinoco, un introvertido campesino de los Andes, un extrovertido maracucho, un alegre negro pescador de Choroní, el rubio de ojos azules de la Colonia Tovar, el hijo de un inmigrante libanés nacido en el llano, o el conductor mestizo de abuelos curazoleños, sin seres absolutamente distintos, caracteres diferentes”(p.21), “ese es el misterio de la ficción de la identidad”(p.21). ¿Cómo somos?. Ruth Capriles ha dicho que los venezolanos somos: “país alegre y multicolor, adverso a la uniformidad, al orden, a la disciplina”(El libro rojo del resentimiento. Caracas: Mondadori,2008,p.40); el poeta Harry Almela nos ha visto en estos días trágicos que vivimos como nación “dulce y parejera, descontrolada, sin instituciones, poblada de gritos y susurros. Y fantasmas”(Cartas en la batalla. Caracas: Alfadil,2004,p.12). Nosotros a la vez nos preguntamos si además ¿no seremos más bien todos gentes alegres, intensas, francas, tolerantes, díscolos, enemigos de toda reglamentación, bolerosos, díscolos, a los que la cercanía del mar Caribe les da su tono de vida?.

Un País Lleno de Paradojas
Mágicos somos, lo advirtió Mariano Picón Salas(Comprensión de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores,1976,p.148). Vamos a la iglesia y a la bruja a que nos lea las cartas; nos creemos ricos y nos olvidamos que siempre hemos sido la nación del “suelo rico y gente pobre”, que “el rasgo mas saliente de la vida venezolana desde sus comienzos es la pobreza y la dificultad” que dijo también Uslar Pietri(Las nubes. Caracas: Monte Ávila Editores, 1997, p.283), por ello pensaba que por ello “Recogemos perezosa y desmoralizadoramente la riqueza que regala la abundancia del petróleo”(Las nubes,p.288).
Por ello dice el autor de Las fantasías de Juan Bimba vivimos “la ilusión de la riqueza”(p.81), en medio del rentismo(ver p.94).

Y, además, valdría la pena preguntarse, si llegamos a buscar un camino para nuestra realización, más allá del desastre, del caos, de la anarquía en que vivimos, por qué aquí todo cambia tan rápido, por qué no hay constancia, por qué persiste tanto lo emocional sobre lo racional, la casi inexistencia de los antagonismos ya que estos son “dirimidos por medio de un simple abrazo”(p.42) y por ello la gente no gusta de la discrepancia, de la critica constructiva. ¿Por qué preferimos el país anestesiado de estos días?. Debemos preguntarnos también el por qué “la intensidad y profundidad de nuestras recurrentes crisis siempre pasajeras”(p.42), el que el país ande de la misma manera en que este el precio del petróleo, en crisis si están bajos, en el gran jolgorio si están altos; inquirirnos por la existencia del “vasto campamento petrolero” que dijo Uslar(Vista desde un punto. Caracas: Monte Ávila Editores,1971,p.267); el “Estado del disimulo” que comentó José Ignacio Cabrujas (1937-1995), del “el país provisional”, portátil, de Adriano González León(1931-2008).

Si es verdad que la palabra revolución ha desaparecido del vocabulario político de nuestros días, sobre todo desde la caída del socialismo autoritario(Noviembre 10,1989), insistimos en ella. Pero el término “revolución”, explica Axel Capriles, siempre ha sido algo distinto a su esencia entre nosotros(p.178); ha sido siempre romper con todo, con todo lo construido bien logrado(p.181); no se ha dado lugar a los hombres “virtuosos, prudentes y esforzados”(p.181) que pidió el Libertador en su Oración de Angostura(Febrero 15,1819); se la confundido destrucción, llamándola revolución, con rebeldía(p.189) que se siempre creadora. Es por ello que aquí hemos creado lo que nosotros hemos denominado el “anti-Maquiavelo criollo”, el cual gobierna haciendo todo lo contrario de lo que indica la prudencia. Es lo que Herrera Luque señaló cuando escribió: “Estos no son países para actos heroicos, son de un realismo atroz”(Los cuatro reyes de la baraja. Caracas: Grijalbo,1991,p.49). En Venezuela, anota Axel Capriles, “nunca hubo un imperio ordenado a conquistar, un centro institucional al que llegar, un espacio con fronteras definidas, un enfrentamiento definitivo, un gran acto conclusivo. Siempre se dieron una sucesión de escaramuzas”(p.188): eso ha sido nuestra historia política. Pero ello teniéndolo todo, gracias al oro negro y más una vez buenas elites dirigentes, nada hemos logrado, no hemos llegado a nada, somos un país de gente infeliz, cuyo gobernante actual prefiere citar Las venas abiertas de América Latina, obra falaz, llena de errores históricos, en vez de dar cuenta que en el mundo contemporáneo globalizado, las naciones [son] multirraciales y multiculturales y los ideales democráticos privilegien las identidades móviles y plurales, la alteridad, las diferencias individuales y los derechos de las minorías, las categorías prototípica perduran en la psicología del hombre arcaico que todos llevamos dentro”(p.23-24).

De allí la interrogante no respondida: “¿Cuáles son los prototipos dominantes? ¿Somos sumisos o alzados?¿Somos Juan Bimba o Maisanta?”(p.183-184)

Diciembre 12,2011.
(Leído en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión del martes 7 de Febrero de 2012).