Viernes, 20 de Octubre de 2017

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La Recuperación de la Sexualidad

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Por: R.J.Lovera De-Sola

En cualquier panorama de nuestro tiempo debe estar presente el examen sobre la recuperación de la sexualidad, lo cual es el gran tema de nuestra época. No es casual que el siglo XX haya sido llamado la centuria del sexo(es también la era de la mujer), en verdad ha sido el tiempo de la reincorporación del sexo a la vida, de su activa presencia en nuestro vivir, los días de no esconder su vivencia, aquel en el que se comprendió que si se deseaba entender al hombre y a la mujer había que detenerse ante la cama y ante la mesa, había que saber cómo hacen el amor y como comen los hombres y las mujeres para comprenderlos, tal como nos lo hizo ver Octavio Paz(El ogro filantrópico. Barcelona: Seix Barral,1979,p.212-234).

Este hecho tiene varios hitos, todos vienen desde luego de la obra de Sigmund Freud(1856-1939) quien puso a la sexualidad en su lugar. Y, en lengua castellana, desde la lección de Freud, no hay que olvidar los Tres ensayos sobre la vida sexual(1926) del agudísimo doctor Gregorio Marañón(1887-1960) insólitamente vigentes aun en muchas de sus sabias observaciones.

Pero el mundo siguió andando hasta que apareció el biólogo norteamericano Alfred Kinsey(1894-1956) con sus dos famosos Informes(1948 y 1953) sobre el comportamiento sexual del hombre y la mujer norteamericana los que desmitificaron muchas cosas y acercó la gente a la verdad de aquello que tienen en el bajo vientre, a lo que tenemos entre las piernas. Kinsey había comprendido los tortuosos mundos por los que andaban la sexualidad en sus días desde cuando, en 1938, se hizo cargo del Curso Prematrimonial de la Universidad de Indiana, institución de la que era profesor, fue ello lo que lo empujó a sus grandes estudios, tan minuciosos que siendo él un entomólogo aplicó al análisis de la sexualidad la metodología y minuciosidad de esa ciencia.

Kinsey venía de Freud y entre sus dos informes apareció El segundo sexo(1949) de Simone de Beauvoir(1908-1986) el cual puso a la mujer en el centro de toda consideración dentro de la condición humana y desde luego a la mujer y a su sexualidad, fue la primera vez que se estudió el amor desde el ángulo femenino, la sexualidad de la mujer, su iniciación sexual, la mujer enamorada, la madre, la lesbiana, la prostituta e incluso la mística. El amor en El segundo sexo fue examinado desde el ángulo del existencialismo por lo cual las interrelaciones que hay en el capítulo sobre el amor de El segundo sexo como la misma sección de El ser y la nada(1943) de Jean Paul Sartre(1905-1980), especialmente en su tercera parte, son numerosos, no han sido examinados hasta ahora como se debiera. No es casual que Sartre fuera la pareja de Simone de Beuvoir y que las vidas amorosas de ambos hayan tenido las peculiaridades que tuvieron, ella además era bisexual pero tuvo a lo largo de su vida una rica vida heterosexual con varios hombres, siendo siempre Sartre su amor fundamental, igual que ella lo fue para él, es obvio que para ellos la fidelidad era un valor del pasado, del mundo patriarcal. El poder vivir una vida bisexual fue lo que dotó a Simone de Beauvoir de la posibilidad de la honda comprensión que tuvo del ser femenino.

Kinsey presentó la verdad de la vida sexual norteamericana, la cual tenía por el lugar que ocupa ese país el carácter de una experiencia universal por lo que rápidamente fue entendido en todas partes así. Kinsey desmitificó además a la homosexualidad masculina y femenina y permitió ver, en la sociedad norteamericana, que un número muy alto de hombres y mujeres habían tenido relaciones homosexuales, muchas veces en los tiempos de su iniciación sexual, aunque estas después no hubieran sido predominantes en su vida erótica. Desde Kinsey se pudo ver que la práctica sexual entre personas del mismo sexo no eran patológicas, que una sociedad bisexual existía en el siglo XX. Muy pronto las consecuencias de los Informes del biólogo de la Universidad de Indiana fueron extrapoladas a otras sociedades del mundo. Y no solo del primer mundo sino también del segundo, América Latina, y del tercero, África y Asia.

Pero además estaba viva la atmósfera sexual y erótica en aquella sociedad que leyó los Informes del doctor Kinsey, como ya se había podido ver en la deslumbrante novela Lolita(1955) del ruso-noatermaeircano Vladimir Nabokov(1899-1977), publicada a mediados de los años cincuenta.

Como Kinsey lo había mostrado la atmósfera y vida sexual era muy activa en esos años, incluso antes de la aparición de la pastilla anticonceptiva en 1960, fabricada por el laboratorio “Searle” de Chicago, que significó una revolución en la sexualidad humana: la mujer pudo decidir desde entonces el momento de embarazarse y, además, lo que no es poco: sino deseaba preñarse, si deseaba permanecer soltera pero sin renunciar a los goces de la sexualidad podía hacerlo, un cambio completamente drástico, revolucionario sin duda dentro de la historia humana.

Las mujeres, tal y como Kisney lo había comprobado en sus encuestas, vivían, ya hacia fines de los años cuarenta, mucha vida sexual prematrimonial incluso, y abundaban las relaciones extramatrioniales, lo que quería decir que los valores que rodeaban a la virginidad de la mujer habían ido desapareciendo. En poco tiempo para nada interesaron a las mujeres de las generaciones siguientes quienes, bajo el impacto de los cambios de los sesenta de hecho comenzaron a iniciar su vida sexual en plena adolescencia y la pastilla le permitió una mayor libertad sexual.

Otros hitos se habían sucedido en esos mismos años: en 1946 se había comercializado el traje de baño de dos piezas, convertido en bikini en los años cincuenta, popularizado por dos bellas impresionantes actrices: primero por Brigitte Bardot y más tarde por Ursula Andrews. La minifalda se difundió a partir de 1965 y el sujetador, usado desde 1914, fue desechado por las feministas en los años sesenta, aunque el mayor icono femenino de nuestro tiempo, Marilyn Monroe(1926-1962), se aseguró siempre que al morir sería amortajada con esta prenda, pedido que se respetó su querido modisto al vestir su cadáver. Pero la lucha contra el sujetador y contra toda opresión del cuerpo venía del siglo XIX, la socialista y feminista Flora Tristán(1803-1844) había encabezado en su tiempo la lucha contra el “corsé”.

Se vivía la plena revolución de los sesenta, el feminismo había tomado carta de nacionalidad gracias a La mística de la feminidad(1963) de Betty Friedman(1921-2006), donde están los fundamentos del movimiento feminista, y a Política sexual(1970) de Kate Millett(1934), el gran análisis del sexo en la sociedad patriarcal, y desde luego por El segundo sexo. En esa época todo lo femenino comenzó a ser recuperado. Se inició a la vez la gran revolución erótica de los años sesenta, que incluyó la recuperación del cuerpo y del desnudo, sobre todo en las artes, especialmente en el cine, también el happening y el sexo en grupo se vivió intensamente, de hecho el gran festival de Woodstock(Agosto 17,1969) fue una inmensa celebración orgiástica tanto como aquella que se veía en el escenario el la comedia ¡Oh!, Calcuta(1969) de Keneth Tynan con la presencia de bellos cuerpos de mujeres y hombres desnudos en el escenario, todavía en 1977 se seguía poniendo en escena en el teatro Edison de Nueva York. Eran los días de las presencia del movimiento hippie, de la contracultura, de la película Easy Rider(1969) de Denis Hopper(1936-2010) en la cual se hacía eco de los postulados literarios de la Beat generation, de Jack Keruac(1922-1969), de hecho Easy rider era una recreación de su gran novela En el camino(1957), una de las veinte mayores del siglo XX. El gran poeta de esta promoción Allan Ginsberg(1926-1997), el autor del poema Aullido(1956).

Y es por ello la presencia grande, en medio de la recuperación y nueva vivencia de la sexualidad de la literatura erótica, representada por diversos autores, siempre encabezados por el maestro de las letras sobre la sexualidad, el magnífico señor marques de Sade(1740-1814), sobre todo por La filosofía en el tocador(1795), quizá su obra más representativa. Ansidades y vivencias sexuales representadas en nuestro tiempo por el profeta de las nuevas vivencias eróticas el inglés D.H.Lawrence(1885-1930), desde El amante de Lady Chartely(1928) pero no solo por ella porque sus obras están penetradas por sus convicciones pasionales, tanto Hijos y amantes(1913) o Mujeres enamoradas(1920), incluso otras, ahora con la suerte que tras la edición de la universidad británica de Cambridge las obras de este gran vaticinador de lo que sería la sexualidad en nuestro tiempo han sido editadas sin supresiones, restituyéndoles a las obras todo lo que la censura y los editores de su época suprimieron de sus obras. La eliminación de la censura es uno de los gran hitos de los sesenta tanto para la literatura como para el cine. Así lo que escandalizó sin sentido a muchos pacatos de El último tango en Paris(1972) de Bernardo Bertolucci, quien por haber nacido en 1941 es u n hombre de los sesenta, cumplió veinte años en 1961, fue solamente que era la primera vez que una cámara de cine entraba en una alcoba pues todo lo que se ve en la cinta es lo que todas las parejas hacen en la intimidad de sus habitaciones.

Y es por ello que tras las obras de Lawrence, e incluso las de Henrry Miller(1891-1980), y desde luego las de Anais Nin(1903-1977) y no solamente sus relatos de Delta de Venus(1977) porque la indagación en la sexualidad recubre todo su fascinante Diario(1931-1971). Por ello nuestros días cuentan con una serie de obra eróticas destacadas, de la mayor parte de las cuales se han hecho versiones cinematográficas. Elegimos estas: Historia del ojo(1928) de Georges Bataille(1897-1962), Historia de O(1954), publicada bajo el seudónimo de Pauline Reage, la ya citada Lolita de Nabokov, Enmanuelle(1959) firmada con el seudónimo de Enmanulle Arsan, en esta novela esta una de las bellas definiciones del erotismo que hallamos leído, “El erotismo no es una manual de recetas para divertirse en sociedad. Es una concepción del destino del hombre, un yugo, un canon, un código, una ceremonia, un arte, una escuela…Y también una ciencia. O, mejor dicho, el último y más selecto fruto de la ciencia. Sus leyes se fundan en la razón y no en la credulidad; en la confianza, no en el miedo, y en el gusto de la vida en vez de en una mística de muerte”(ed.1984,p.125).

Seguiríamos con Nueve semanas y media(1978) de Elizabeth McNeill, el encuentro apasionado e inivitable entre un hombre y una mujer en una calle de Nueva York, El amante(1984) de Marguerite Duras(1914-1996), la mejor presentación de la iniciación de la vida sexual de una adolescente, La pasión turca(1993) de Antonio Gala(1930), donde podemos ver como la necesidad de una vida sexual completa e intensa, hondamente deseada, puede llevar a una mujer incluso a la muerte, aquí por la escogencia del amante equivocado que hace. En algunos estudios se registran también dos novelas españolas, además de la magnífica de Gala, Las edades de Lulú(1989) de Almudena Grandes(1960) y Los años prohibidos(1980) de Leopoldo Azancot(1944), a los que añadiríamos dos de autores venezolanos: La esposa del doctor Thorne(1988) de Denzil Romero(1938-1999), una novela histórico-erótica y La favorita del señor(2001) de Ana Teresa Torres(1945) una nueva mirada a El collar de la paloma, un libro de la España medieval del siglo X en donde se propone la idea de que las mujeres deben ser las maestras e iniciadoras sexuales de las mujeres. A estas obras añadiríamos también la pieza teatral Monólogos de la vagina de la norteamericana Eve Ensler, en la que expone el ideal de toda mujer, que su pareja masculina conmocione su vagina y haga estallar su corazón, como se lee allí. En todos estos casos que hemos citados para nada hablamos de la pornografía sino las vivencias sexuales. La pornografía es la antitesis de la vida sexual plena, como estudiosos del erotismo nosotros la condenamos.

Todos esos hechos que venimos describiendo fueron percibidos por los ojos agudos de la periodista Helen Brown(1922) cuando a comienzos de los años sesenta, dos años después de la aparición de la píldora, publicó su libro El sexo y la mujer soltera(1962) al que siguió a poco El sexo y la oficina(1965). Estas obras, de la directora de la revista neoyorkina Cosmopolitan, la inventora de la Chica Cosmo, siempre han sido consideradas obras frívolas pero tienen un valor documental indiscutible: la comprensión de que la mujer deseaba vivir los dones todos de su sexualidad. Helen Brown, pese a que las feministas tanto la criticaron, le dio nuevos matices a aquel movimiento porque fue una de las adalides de la libertad sexual de la mujer(y para la mujer) y la divulgadora de la idea de la mujer lo podía hacer todo, tenerlo todo: ser completa mujer, tener amor, tener hijos y desarrollarse profesionalmente. De hecho Helen Brown ha tenido unas de las más estables relaciones matrimoniales de nuestra época.

En el período en que las ideas de Kisney andaban rodando muchas personas se dieron cuenta de las mentiras que las rodeaban, de que había que contar lo que se escondía. De allí surgió una novela, un best seller, de la también norteamericana Grace Metalious (1924-1964): Peyton place(1957) universalmente conocido porque no solo el libro, por haber sido traducido a muchas lenguas sino que tuvo una versión cinematográfica y una serie de televisión. Es un libro de escaso valor literario pero que logró amplio eco por relatar la vida de la gente menuda, lo que escondían todos, incluyendo la verdad de sus vidas íntimas y sexuales, de hecho la muchacha que asesina al padre en su trama lo hacen porque este intenta violarla.

Pero estábamos en los años sesenta, los del gran cambio en la sensibilidad, en el erotismo, en la moral sexual. Por ello las investigaciones sobre la sexualidad continuaron en los estudios y acciones de los sexólogos norteamericanos William Master(1915-2001) y Virginia Johnson(1925) con sus análisis sobre la respuestas sexuales, especialmente por La respuesta sexual humana(1966) y El vínculo del placer(1975). Ampliaciones de las indagaciones de Kinsey han sido las obras de la sexólogo gringa Shere Hite(1943) en su Informe Hite sobre la sexualidad femenina(1976), al que siguió, años más tarde el del hombre(1981) y exploraciones como las que se hayan en sus libros Buenos, malos y otros amantes(1991) y en sus Mujeres sobre mujeres(1998).

Por estos párrafos se puede ver a todo lo que nos lleve a contestar la pregunta sobre la recuperación de la sexualidad en los días y horas que vivimos.