Miércoles, 23 de Agosto de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos La Invención del Amor

La Invención del Amor

Correo electrónico Imprimir

Por: Roberto Lovera De-Sola

Creemos que debemos comenzar nuestra lectura de la novela de José Ovejero(1958): La invención del amor(Caracas: Alfaguara, 2013. 242 p.), refiriendo una observación suya sobre su escritura, cuando escribe:

“igual que leemos una novela para añadir historias a nuestra vida”(p.17).

Esto nos recuerda unas observaciones de Mario Vargas Llosa(1936), la citamos a partir de esa idea de Ovejero:

”definiré provisionalmente la novela como aquella rama de la ficción que intenta construir con la fantasía y las palabras una realidad ficticia, un mundo aparte, que, aunque inspirados en la realidad y el mundo reales, no los reflejan, más bien los suplantan y niegan. La originalidad de toda ficción consiste aunque esto parezca una tautología, en ser ficticia, es decir, en no parecerse a la realidad en la que vivimos, en emanciparse de ella y mostrar aquella que no existe y que, por no existir, soñamos y deseamos[la novela es]…una realidad otra, distinta de la que sirve de escenario a los sucesos, que se va trasluciendo sútilmente, al sesgo, en ciertas alusiones del diálogo…Una bella y seductora ficción que existe solo, pero ese sólo debe entenderse como un universo de riquezas para la sensibilidad y la fantasía, dentro de la hechicera vida de los sueños y las ilusiones que son la realidad de la ficción”2.

Y en otro de sus libros sobre el arte de escribir narrativa acota:

“La ficción es una mentira que encubre una profunda verdad…Ella no es el retrato de la historia, más bien su…reverso, aquello que no sucedió,y, precisamente por ello debió de ser creado por la imaginación y las palabras para aplacar las ambiciones que la vida verdadera era incapaz de satisfacer, para llenar los vacíos que mujeres y hombres descubrián a su alrededor y trataban de poblar con los fantasmas que ellos fabricaban…La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio…La raíz de todas las historias es la experiencia de quien las inventa, lo vivido es la fuente que irriga las ficciones. Esto no signfica…que una novela sea siempre una biografía disimulada de su autor…La ficción no es la vida vivida, sino otra vida, fantaseada con los materiales que aquella le suministra y sin la cual la vida verdadera sería más sórdida y pobre de lo que es”.

Esta Novela
Es La invención del amor la historia de un solo personaje, los demás, que aparecen y desaparecen, sencillamente están allí para sostener la historia del protagonista. Este ser es una persona común, soltero(p.42). Con él a cada paso nos asomamos a este libro meláncólico. Dice el diccionario académico que melancolía “es una tristeza vaga, profunda, sesegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto o diversión en nada…depresión profunda e inominada”3..

Desde la Terraza de Javier
Dentro de la novela la terraza del apartamento de protagonista es esencial, él mismo lo dice: “La terraza es mi salvación, porque estar allí, comiendo o leyendo, o pensando en mis cosas, tengo la impresión de no estar solo matando el tiempo, sino disfrutándolo”(p.43). Y ello, nos confiesa, porque ”son ya tantas las sorpresas, tanto el desasosiego de estos días”(p.87). Y lo explica, siempre sentado allí, mirando hacia la estación de Atocha, de Vallecas, siempre en Madrid, donde este libro trascurre.

Esta triste, Javier, porque sabe que “El mayor enemigo de la felicidad no es el dolor, es el miedo. Para estar realmente vivo tienes que estar dispuesto a pagar un precio por lo que obtienes”(p.43).

Pero su desasosiego lo explica también lo difíciles que son las relaciones amorosas, y no solo para él. Tal lo explica lo que meredea con su memoria: “La primera vez pensé que debía llevar años sin, porque colega, qué energía, qué entusiasmo. Y luego fui conociéndola, conociéndola de verdad,a esa buena chica que esperas que te haga un bizcocho los domingos. Eran dos personas. Ya todos somos dos personas, o tres o cuatro; yo a algunas personalidades ni siquiera me las he cruzado todavía. Pero en ella vivían dos enemigos, no se como explicártelo. Así que no puedes imaginarte, y luego de pronto, y no sólo en la cama, ahora vamos a eso, salía de ahí adentro una tía segura de sí misma, con garras y comillos, eso es. Caperucita y el lobo en una persona. Me entaba follar con ella, con las dos em una”(p.158-159). Dos en uno somos, y no pueden ser felices juntos si cada uno no es por su parte. No hay alternativa en esto.

Y por ello evoca ese su sitio en su casa, la azotea. Cada ser humano tiene su sitio favorito donde viven, hay para quienes es un rincón de su sala en donde se sientan a leer; para sus otros es su cuarto. Hay personas que han hecho sus estudios acostado en la cama con sus libros rodeándolos y la labtop sobre sus piernas. Hay mil lugares, tanto como los gustos de la personas. Pero en este caso es ese pequeño balcón, tan importante en la trama de este libro que el periodista del programa de libros de la Televisión Española entrevistó a Ovejero lo hizo desde una veranda que mira hacia los lugares que este escritor recrea.

Así la vemos descrito, el lugar en donde el personaje piensa, fantasea o enamora a aquellas mujeres que le gustan. Leemos allí “y ahora subo las escaleras, salgo a la terraza y siento el aire seco de la madrugada que limpia mi cara del entresueño producido por el alcohol y la hora tardía. Un murciélago zigzaguea por encima de las cabezas de mis amigos, comosi los inspeccionase inquieto desde lo alto, y vuelve a desaparecer en las sombras. Es de noche, en Madrid, en mi terreza, estamos bebidos, en ese momento que tanto me gusta en el que la gente discute sin mucho tino, en el que todos están más alegres o más tristes de lo que se permiten a diario, sin llegar a ser violentos ni a romper a llorar ni a cantar. La noche(más bien el amanecer, porque hay un filo rosado que bordea el cielo allí, al otro lado de Madrid, más allá de la estación de Atocha, de Vallecas, de los paralelepípedos alineados sobre lo que, desde aquí, parecen la confines de la ciudad) se ha vuelto lenta, como nuestras lenguas, como nuestros párpados, todos los movimientos ligeramente ralentizados; la mano de Fran atusando sus propios cabellos mientras dice, ‘No, sé, tío, no sé’, probablemente porque ya incluso se le ha olvidado de que estában hablando y solo le quedfa esa pesadumbre que arrastra de un día al siguiente, y que se le escapa en cada broma o que a veces, cuando se pone melancólico, pretende que es pesar por el estado del mundo y no el luto de si mismo, por las propias ilusiones difuntas, que lleva desde hace tanto tiempo”(p.9).

De allí que insistiera, sentado reflexionando allí: “Lo que me preocupa es el vacío. Los días y las noches en mi terraza, en mi casa, sin o con televisión, desaseado, porque en algún momento acabaría perdiendo la batalla contra la desidia, quizá bebiendo demasiado, quizá sin contestar el teléfono cuando llamaran mis amigos”(p.108).

La Entraña
Desde que leímos el libro nos pareció que estábamos ante una novela del vivir de todos los días, del vivir gris: un ser igual a otro miles más, gris, es decir persona de lo igual, de lo que se repite todos los días.

Así leemos:“Cuando cumplí viente y cinco años entré en IKEA y salí con una pequeña alfombra bajo el brazo que no me detuve a pagar en caja. Me parecían que haber cumplido veinticinco años y no haber robado nunca nada era reconocer una sumisión que a mi mismo me parecía excesiva y a la que debía poner remedio con urgencia. Unos meses más tarde, como resultado de una apuesta con amigos a los que he perdido la pista, me presenté a una entrevista de trabajo para un puesto administrativo en un compañía eléctrica que en realidad no me interesaba mucho…Esas son mis dos únicas rebeliones abiertas, dos actos estériles, un magro historial para un hombre de cuarenta años”(p.27). Es tan igual a miles que llega a pensar: “No sabemos de las cosas que no dejan huella, de los deseos no expresados, de planes que habían llegado a concretarse”(p.27).

Cómo Era
Pero, es desde luego, un personaje lleno de preguntas, de diversa índole, sobre todo relativos al conlocimiento de las personas: “Todos somos conscientes de que no conocemos a los demás”(p.63), “ella creía que alguién que nunca se ha atrevido a hacer nada arriesgado no está calificado para dar consejos, ni siquiera para entender a quien se arriesga”(p.69)
“Pero en aquel momento no me hizo ninguna gracia; mi hermana estaba expresando en voz alta mis temores de entonces; es verdad que me daba miedo no ser capaz de encontrar mi propia vida, haber perdido ya irremediablemente la posibilidad de ser quien yo quería ser”(p.70).

La Esencia de la Novela
Pese a todo, allí en su terraza, pese al lugar, no se siente bien, por ello dice: “No, otra vez no…porque los discursos de Fran le exasperan y al mismo tiempo le permiten responder con su propia rabia; la suya, al contrario de la de Fran, no es una rabia dirigida contra el mundo, sino individual, contra cada una de las personas que lo componen”(p.9-10)

Lo que lo atrapa es la cotidianidad: “Me encantan nuestras discusiones inútiles, el gusto por la repetición, que nos recuerda quien somos.No conversamos para llegar a una conclusión, sino para escuchar al otro rebatir cualquier argumento nuestro, saber que podemos contar con él que nos va a dejar solos con nuestras contradicciones”(p.10-11), “Hemos superado los cuarenta, los seis asomados ya a ese caer, hundirse desde lo alto si que alguno llegó a lo alto, asomados también, a una promesa de cambio”(p.11)

“Vuelvo a hacer memoria, a pasar revista a los rostros que han ido desapareciendo de mi vida: la amiga de siempre que se mudó primero a otra ciudad y luego a otro país; aquella que se casó con un hombre al yo no soportaba; la que se enfadó estúpidamente conmigo por un mero plantón y no volvió a dirigirme la palabra. Repaso las caras y los nombres de amigas y amantes, ese albúm de fotografías algo amarillentas que me hace sentir más viejo de lo que soy”(p.19)

“Pero aunque me demoro en el pasatiempo de intentar reconstruir mi historia sentimental, ese rompecabezas desordenado, hecho de piezas que no encajan, sé que el esfuerzo es inútil: estoy seguro de no haber conocido nunca a ninguna Clara”(p.19), tanto que “Somos buitres del pasado, habituados a hurgar en la carroña que han ido dejando nuestros errores e insuficiencias”(p.58)

El Suceso que todo lo Desencadena
No es importante en La invención del amor los problemas relativos a la venta de la empresa de la que es socio; ni el intento de Carina(p.63), la hermana de Clara, se ser su pareja, tratando con ello de obtener noticias sobre su hermana, sobre su modo de ser, sobre su manera de hacer el amor(p.159)

Ello es verdad, pero a nuestro modo de ver, el hecho que todo lo desencadena es Clara. La muerte de Clara. El lo sabe de sopetón: “Si, Clara. ¿Y?....Llegando a Madrid, en la carretera de La Coruña…¿Está bien?...Que se ha matado. Que está muerta. Es acojonante. No lo puede creer. Clara muerta”(p.17).

Y, de allí viene la insólita interrogante: ¿la conoció o no?¿Fue su pareja o no? Esa es la gran pregunta de la novela, su “supuesta relación con Clara”(p.57). ¿No la recuerda o no quiere recordarla, tan le duele aquel ser, tanta huella dejó en él?

Así aunque dice “Si cierro los ojos veo el rostro de Clara con mayor precisión que el de cualquiera de mis ex novias”(p.43). Y ´piensa: “A ratos me da rabia no haber podido conocerla; ignorar el sonido de su voz, se me gustarían o no sus opiniones, la mímica, los gestos que definen cómo nos sentimos en el mundo”(p.43).

Y sigue, si Clara apareciera, “La traería a esta terraza, nos besaríamos frente al inmenso parque urbano”(p.52), “Me alegro entonces de no ser el otro Samuel, salvo porque me hubiese gustado conocer a Clara, que ella hubiera sido mi amante; ella habría venido entonces a buscar consuelo en mí, excitación, la constatación de que la vida puede ser más intensa y, sobre todo, que podría ser distinta, y que ella por tanto podría ser otra, diferente de la que es en su casa, con Alejandro”(p.98).

Pero, poco a poco, surge la verdad: “Que no quiero que me consuelen.Hay una novela, no recuerdo de quien, un belga: la mujer del protagonista se muere y él se va a vivir a Brujas porque le parece un lugar tan triste que no le permitiá olvidar su propia tristeza. Yo tampoco quiero consolarme de la muerte de Clara, porque eso sería como desennamorarme, olvidar qué sentía cuando la deseaba o la echaba de menos”(p.198). Un amigo le dice: “Valiente idiotez. Hay pastillas para eso. Te tomas una y dejas de revolcarte en la tristeza”(p.196).

Porque es verdad que conoció a Clara, mucho. Tal este diálogo: “Mamá no me encuentro muy bien…Mamá, Clara ha muerto. Se ha matado en un accidente de coche…Aquello si capta su atención. Quita la mano de mi rodilla y la junta con la otra en el regazo. A ella siempre le interesaron las noticias de muertes y enfermedades, incluso aunque afectases a gente que sólo conocía de oídas o ni siquiero eso…¿Me has oído? Clara ha muerto…Tu la querías tanto, me dice…Muchisímo…Qué lástima…Con lo que querías tu a esa chica…¿Te acuerdas de ella?...Claro que me acuerdo. ¿Cómo no me voy a acordar?...Era muy cariñosa contigo…Sí lo era”(p.148-149).

Y, surgen los celos, de otro levante de Clara, “Me resulta difícil imaginar a Clara de esta ruina, de este pelele desmadejado que ahora bebe de manera ruidosa y poco a poco va quedándose dormido. Es indigno de ella, no se la merece ni puedo aceptar que se la haya merecido nunca, incluso sobrio y enamorado sería insuficiente para Clara este cuerpo desparejo de adolescente que ha crecido demasiado deprisa”(p.153-154). Estos personajes tan desvaídos, extraños, sin futuro aparecen a veces en la novela española actual, nos muestran cómo la sociedad de la seguridad, de los derechos, no es tan buena, no hay en ella luchas por venir ya que la gente lo tiene todo. Tal un hombre que aparece en la novela de Lourdes Ventura(1956) Casa de amantes, una escritora de la misma generación de Ovejero, en donde además leemos esta línea insuperable: “El cuerpo tiene su propia memoria”(p.160). Esta escritora, poco conocida aquí, es autora El poeta sin párpados, una bella evocación de la figura del gran poeta español, seguramente el mejor del siglo XIX, Gustavo Adolfo Becquer(1836-1870), un romántico crrepuscular, como nuestra Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892). Becquer fue el que escribió “volveran las oscuras golondrinas” o de “!Los suspiros son aire y van al aire!/Las lágrimas son agua y van al mar!/Dime, mujer, cuando el amor se olvida/¿sabes tu dónde va?”4

Amor
Es constante en La invención del amor la pregunta por el amor. Leemos: “por qué, ¿a qué aguarda?¿se ha repentido?¿está diciéndose que no puede acostarse con el ex amante de su hermana, que es una infidelidad acostarse con un recuerdo de ella, como si fuese una manera de robárselo?”(p.77)
El amor es una planta que hay que saber cultivar, sino “Quizá sea una muestra más de que soy incapaz de mantener una relación estable. Las plantas necesitan dedicación, no la que yo les doy regando y abnando con entusiasmo durante unas semanas y olvidándome después de ella hasta que su deterioro me recuerda mis obligaciones, como un hombre que solo presta atención a su compañera cuando ella llora o ameneza con marcharse o se toma un frasco de pastillas. Lo que necesitan es cansancio, engtrega, compromiso, y también deseo. Pequeños cuidados, nada espectacular(p.169-170).

Así Es
Ella dice:“pero no prometo fidelidad, no puedo decirte que no habrá otro, porque el tiempo pasa, y las cosas suceden, buscándolas o sin buscarlas, y no solo nos mueve la voluntad, también el deseo, no vivimos para un proyecto, porque lo inesperado ocurre”(p.99).

Agosto 9,2014.

1Leído en el Círculo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del martes 25 de febrero de 2014.
2Mario Vargas Llosa: La verdad de las mentiras.2ª.ed. aum. Madrid: Alfaguara,2002.413 p.. La citas proceden de las p.105-106,109,110. Todas estas reflexiones fueron tejidas como un comentario a la novela de André Breton: Nadja. México: Joaquín Mortiz,1968.119 p.
3La primera cita procede de Mario Vargas Llosa: Cartas a un joven novelista, Barcelona: Ariel,1997. 151 p. Las citas proceden de las p.13,21-22,125; la segunda de Diccionario esencial de la lengua española. Madrid: Real Academia Española de la Lengua,2008.1631 p.. La cita procede de la p.959.
4Lourdes Ventura: Casa de amantes. Barcelona: Debolsillo, 2001.270 p. El poeta sin párpados Barcelona: Ediciones: Desrtino, 2002.191 p.; Gustavo Adolfo Becquer: Obras completas.2ª.ed. Madrid: Cátedra, 2007. 1693 p.. La cita procede de la p.58 y 74 .