Jueves, 02 de Octubre de 2014

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La Integración Latinoamericana por Medio de sus Letras

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(O ¿qué somos los hispanoamericanos? Para una definición de los ciudadanos del Nuevo Mundo. Las miradas de Miranda, Bolívar, Bello y Simón Rodríguez).

Por: Roberto Lovera De-Sola
Fundación Francisco Herrera Luque

Para la reunión de esta tarde en la cual el historiador Tomas Straka nos ha hecho la pregunta relativa al por qué y al proceso de la integración de nuestra América Latina hemos escogido el tema de los orígenes de ese proceso mirando nuestra literatura continental, y especialmente a aquellos que pusieron su fundamento y al hacerlo lograron crear el cuerpo de lo que es ella hoy en día, en su prodigioso desarrollo a través de aquellos libros que nos permiten vernos como ante un espejo, el retrato de nuestras esencias1.

Con el Inventor de la Emancipación
Como todo entre nosotros, todo esto empezó con Francisco de Miranda(1750-1816), el hombre que fue el primero en todo. Fue este caraqueño el primero de una estirpe nueva, el primer latinoamericanista, la primera persona que tuvo la concepción de una América Hispana, completa, plena e integrada. Así lo que fue nuestra integración, cuyo primer paso organizativo fue el Congreso de Panamá, convocado por Simón Bolívar en 1824, realizado dos años después. Pero todo empezó con Miranda. Y, además, no fue Miranda hombre lejano a la literatura. Para la comprensión de su inmensa cultura, fue de hecho el primer helenista hispanoamericano del siglo XVIII2, hay que reparar en aquello que estaba en las estanterías de su grandísima biblioteca londinense, en los muchos papeles de toda índole que guardó en su Archivo y los testimonios de su época que consignó en su Diario(1771-1792). Es su Diario lo que lo hace un importante escritor, esta obra es el mayor libro en prosa escrito por un venezolano durante todo el período colonial. Son su biblioteca, su Archivo y su Diario que hacen de Miranda, aunque no lo hallamos visto así, el primer latinoamericano del siglo XVIII, el más prominente, no hubo otro, quien dejó hondo testimonio de sus días, precisamente en su Diario, están consignados todos los cambios, las revoluciones y las alteraciones de las cuales nació el mundo moderno precisamente en aquellos días, en las tres estuvo presente, revolución norteamericana(1776), francesa(1789) e hispanoamericana(1810). Es por ello que siempre hemos sentido tanto, sobre todo a partir de 1929, cuando los cuatro tomos de su Diario fueron impresos, que los historiadores europeos ni lo consulten ni lo citen, es el mejor testimonio de lo sucedido en aquel tiempo decisivo en la vida del Viejo Mundo. Y en medio de todo aquello, siempre portentoso, solo tuvo una idea-eje: el porvenir independiente de nuestra América Latina, la que él no concibió sino integrada, fue lo que expuso en su idea del nuevo mundo que bautizó como Colombia, para él la mayor figura de la humanidad fue Cristóbal Colón(1451-1506): así debía llamarse el nuevo mundo liberado3.

Las Letras Coloniales
Aquí debemos ir un poco atrás y formular algunas preguntas sobre la literatura colonial venezolana. Lo hacemos porque fue de Venezuela y de varios venezolanos de donde surgió la idea de la América integrada.

Una pregunta que subyace siempre entre quienes examinan esta época de nuestras letras es una: por qué fue tan escaso el cultivo de la literatura entre nosotros, ya que si bien se pueden señalar la existencia de un conjunto de obras estas no son tantas como para permitir un examen crítico hondo y destacar entre ese conjunto un grupo de obras valiosas. Entre nosotros solo podemos apelar, por su hondura literaria, a las Elegías de varones ilustres de Indias(Madrid: Viuda de Alonso Gómez,1589. 202 p.) de Juan de Castellanos(1522-1607) a las cuales sigue ciento treinta y cuatro años más tarde la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela(Madrid: Imp. de Gregorio Hermosilla,1723.380 p.) de José de Oviedo y Baños(1671-1738) y a esta, cuarenta y ochos años mas tarde, el Diario(1771-1792) de Miranda, el Arca de letras y teatro universal del padre Juan Antonio Navarrete(1749-1814) debió escribirse en las décadas finales del siglo XVIII y desde allí hasta la madurez de la obra de Andrés Bello(1781-1865), con la “Alocución a la poesía”(Abril 16,1823), transcurrirán otros cincuenta y dos años. En el medio quedan un grupo de poemas, sermones, y algunas obras teatrales, la primera de autor conocido, al primera del teatro venezolano, es la Venezuela consolada(1804) de Bello. Ninguna novela, ni un relato. La ausencia de obras ensayísticas las llenaron en aquel período los sermones, los cuales al decir de Octavio Paz(1914-1998), “Del mismo modo que las preocupaciones intelectuales de nuestro tiempo asumen la forma del ensayo, las del siglo XVII adoptaron la del sermón”4. Observación que Paz escribió pensando en el siglo XVII pero que podemos hacer extensiva tanto al siglo XVI como al XVIII.

Todo esto que hemos planteado tiene varias respuestas. Con relación a las obras narrativas es bien conocido que pese a ser España la patria del género novelístico, desde que Miguel de Cervantes y Saavedra(1547-1616) publicó el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha(1605), existió una prohibición, que fue consecuencia de una Real Cédula(Abril 4,1531), de no enviar a territorio americano, y filipino, entonces bajo el dominio hispano, “libros de romance, de historias varias y profanas ‘como los Amadís’ por considerarse su lectura perniciosa para los indios. Esta disposición...nunca tuvo aplicación”5. En esto tanto la Corona como la Inquisición fracasaron en esto. El historiador norteamericano Irving Leonard(1896-1996) demostró, con espléndido acopio de pruebas, lo que hemos señalado.

Pero, sin embargo, pese a ello el cultivo de la ficción fue escaso entre nosotros y bastante exiguo a nivel continental, como lo podemos comprobar si seguimos el estudio sobre las más destacadas figuras de la literatura colonial hispanoamericana realizado por el novelista José Balza(1939)6. En esa obra analiza lo escrito por un memorialista, el Inca Gracilaso de la Vega(1539-1616), cuatro poetas, Hernando Domínguez Camargo(1606-1659), Juan de Espinosa Medrano(1630-1688), Carlos Singüenza y Góngora(1645-1700) y Sor Juana Inés de la Cruz(1651-1695), un cronista, Juan Rodríguez Freyle(1566-1642), la obra de tres críticos: uno anónimo, quien compuso el Discurso en loor a la poesía(1608), que quizá fuera una mujer7. Los otros dos firmaron sus trabajos, Domínguez Camargo su Invectiva apologética(1652) y Espinosa Medrano, el Lunarejo, su Apologético a favor de don Luis de Góngora(1662). Todavía quedó uno que cultivó la prosa, Singüenza y Góngora, el cual, según Balza, fue mucho lo que se acercó al discurso narrativo8. De Espinosa y Medrano indica Balza su convencimiento de haber sido con él que nació nuestra prosa ensayística9. Para que este cuadro estuviera completo sólo falta un nombre: el dramaturgo Juan Ruíz de Alarcón(1580-1636), el primer hispanoamericano, había nacido en México, en imponerse con su obra en España. Sus obras más representativas, las cuales todavía se ponen en los escenarios, fueron Las paredes oyen(1628) y La verdad sospechosa(1634). Como se verá en este cuadro no hay ningún narrador. Y no lo tendremos entre nosotros hasta que el también mexicano Joaquín Fernández de Lizardi(1776-1827) publique El periquillo sarniento(1816), que es la primera novela de las letras latinoamericanas. Y esto se explica: la novela es un género de las épocas de crisis. Por ello surgió el Quijote cuando España entró en grave decadencia. La crisis de la sociedad colonial hispanoamericana será la que hará posible el surgimiento de nuestra novela y más tarde, tras el costumbrismo, de nuestra narración corta.

Pero en aquellos tiempos la literatura latinoamericana se formó desde peculiares perspectivas. Detengámonos ante las observaciones que sobre su génesis trazó Arturo Uslar Pietri(1906-2001). Uslar Pietri, en 1951, en su ensayo “Lo criollo en la literatura”, de su libro Las nubes10, se preguntó qué es lo novedoso que América Latina ofreció al mundo, respondió: ”Viejo era el indio y viejo era el europeo...Lo nuevo fue el contacto entre ambos. Nuevos fueron los unos para los otros. Enteramente desconocidos y sin precedentes”(p.23), ”El indio se hizo al caballo, el español al maíz...como el español que vivió en la nueva tierra ya se diferenció para siempre del español que no había venido. El indiano y el indio latino son los seres alterados por el poder del contacto ... hasta que la novedad termina en el criollo...El criollo ya no tiene la sensación de estar en presencia de una novedad. Tiene como el instinto de que aun lo desconocido de América le pertenece y le es afín, como lo es afín lo español, y lo latino, y lo hebreo y lo griego”(p.26).Por ello el idioma, la palabra española, que se usa para bautizar los nuevos descubrimientos y los nuevos hechos, es tan importante porque de “la lengua castellana toman palabras para designar las cosas nuevas que no conocían”(p.25); el contacto también lo es con los nuevos alimentos y por ello también “nueva era la suavidad y el complicado refinamiento del trato”(p.24). Y es de allí de donde surge el mestizaje. “Un apetito de mestizaje lleno de contenido vital, de donde nace el destino de lo criollo...el fecundo mestizaje espiritual...está en la raíz de la vida criolla y que ha determinado los valores y los ideales de la civilización hispanoamericana”(p.48-49). Es así como del mestizaje nació el mundo criollo y todas sus expresiones “cuya esencia es una suprema empresa de mestizaje”(p.51), por ello “lo mestizo, lo impuro...es una de las características que más se marcan en lo hispanoamericano”(p.77), por eso “el gran problema simbólico, el gran problema criollo, es llegar a saber lo que es”(p.78). El proceso es tan amplio y denso, nos dice Uslar Pietri, que “Todo lo original que ha creado la literatura hispanoamericana está marcado por el mestizaje”(p.27-28).

Es por ello mismo, y Uslar Pietri medita en ello, que la literatura latinoamericana es distinta a la española y lo fue desde el albor de nuestra historia, mucho antes de Andrés Bello(1781-1865) y de su “Alocución a la poesía”(1823) y antes del modernismo, anterior a Rubén Darío(1867-1816) y, desde luego, antes del “boom” de la novela latinoamericana en los años sesenta del siglo XX. Nuestra literatura tiene para nuestro escritor, desde muy atrás, al menos ocho rasgos que la definen y distinguen de las letras castellanas que se cultivaban en la península para el momento del encuentro entre hispanos e indios. Y esos caracteres son: 1)”presencia de la naturaleza”, 2) el mestizaje, ”la literatura hispanoamericana nace mezclada e impura, e impura y mezclada alcanza sus más altas expresiones...Nada es mas difícil que clasificar a un escritor hispanoamericano...Tiende a extravasarse, a mezclar, a ser mestizo”(p.110); posee 3) “su antigua devoción por las formas más artísticas...La larga permanencia del barroco, y la profunda compenetración del alma criolla con ese estilo, es un fenómeno harto revelador en este sentido. Es el estilo que más se naturaliza y se arraiga en América. En cierto modo adquiere en ella un nuevo carácter propio. Sació el amor del criollo por lo oscuro, lo difícil, lo elaborado”(p.112-113); 4)siempre será evidente en nuestras letras el “primitivismo”(p.113), “Hay en la literatura hispanoamericana cierta forma de realismo que no es sino realismo de primitivo”(p.114);5) la “truculencia moral y anormalidad psicológica”(p.125); 6)”sonríe poco. El buen humor le es extraño” (p.116); 7)es una “literatura... predominantemente concebida como instrumento” (p.118); 8) ”lo objetivo le es extraño” (p.119), todas estas características, enumeradas por Uslar, algunas de las cuales pueden haberse mutado durante la gran transformación que sufrieron nuestras letras continentales en los años sesenta del siglo XX, deben tenerse en cuenta al estudiarla, ya que ellas “afirman la necesidad de considerar la literatura criolla en su ser, en su circunstancia, en su condición con un destino tan propio y tan caracterizado como el mundo americano que expresa. Literatura original de un nuevo mundo”(p.121).

Si bien Uslar atrapa nuestra primera figuración literaria en la colonia hay otros tres momentos que es necesario recalcar, necesario que sean tomados en cuenta: el primero sucedió en 1823 cuando don Andrés Bello(1781-1865) publicó en el primer número en su revista londinense la Biblioteca Americana su poema “Alocución a la poesía”, considerado la proclama de la emancipación cultural latinoamericana. El segundo momento es el modernismo, datado de la publicación en 1888 de poemario Azul de Rubén Darío, con los lógicos antecedentes en la poesía de José Martí(1853-1895), sobre todo en su Ismaelillo(1882) y en Venezuela con los poemarios de Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892), aunque hayan sido impresos en Nueva York. En Venezuela los momentos esenciales de esa escuela lo vimos con la publicación el mismo año de 1896 de las Pentélicas(Caracas: Tip. El Cojo, 1896. 100 p.) del poeta Andrés Mata(1870-1931) y del emocionario Sensaciones de viaje(Paris: Granier, 1896. 177 p.) de nuestro Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927). Fue Díaz Rodríguez quien marcó el suceder de aquella generación al señalar que se había producido el “retorno de las carabelas”11pues por vez primera América Latina se hizo escuchar en la península, fue el viaje inverso al de los descubridores. En ese momento ya no era un escritor latinoamericano que se imponía en España en un momento crucial de su literatura, el Siglo de Oro, como sucedió al dramaturgo mexicano Juan Ruiz de Alarcón(1580-1639), ni un continente que tomaba su camino autónomo en las letras en los días de la guerra emancipadora, que fue a aventura de Bello. Ahora en el modernismo logramos influir en los senderos de las letras hispanas. El cuarto momento fue el singular instante del de la “nueva novela latinoamericana” de los años sesenta del siglo XX, realizado a partir de la muy publicitada edición de La ciudad y los perros(Barcelona: Seix Barral,1963.343 p.) de Mario Vargas Llosa(1936, Premio Nóbel de Literatura,2010) pero con nítidos antecedentes ya en la prosa de Jorge Luis Borges(1899-1986) y en los grandes nombres del realismo mágico, cuya figura mayor es Gabriel García Márquez(1927, Premio Nóbel de Literatura,1982) y sus Cien años de soledad(Buenos Aires: Sudamericana, 1967. 351 p.), considerada con razón la mayor novela escrita en lengua española en el siglo XX, en los dos lados del Atlántico, el llamado, por Carlos Fuentes(1928-2012), “territorio de La Mancha”. Pero en aquel vasto proceso había sucedido un hecho que fue precisamente Uslar Pietri quien mejor lo explicó al escribir: “El siglo XX fue sin duda, el primero en el que la literatura de los países hispanoamericanos adquirió una presencia y un prestigio universales…Para este final del siglo, en los catálogos de las principales bibliotecas de Occidente figuran los libros hispanoamericanos con toda la plenitud de un prestigio bien ganado que le da validez universal…cuando se habla de América Latina…cuando se habla de literatura y de arte, todo aquel inmenso conjunto de creación viviente y actuante entra por propio derecho en lo más alto y válido de la creación universal”12.

Pese a todo el cultivo de la literatura fue escaso en Venezuela durante los días provinciales. Casi siempre parece que se cultivaron como simple adorno, ya que muchas de las obras conocidas, sobre todo los poemas y sermones, fueron trabajos de ocasión: la exaltación de un hecho, la toma de posesión de un gobernador, la llegada la trono de un nuevo monarca, la muerte de un Obispo o de una persona esclarecida, una acción digna de registro a través de la palabra escrita.

Y luego los frenos jurídicos, las normas establecidas para publicar un libro, que siempre debían ir primero al censor, y la carencia de una imprenta en muchos lugares, hecho sin duda de grande influencia en lo que se refiere a la literatura venezolana, ya que carecimos de prensas de imprimir hasta 1808 y la mayor parte de las obras publicadas conocidas lo fueron realizadas en España, tal las Elegias de varones ilustres de Indias, que sin duda la obra del primer poeta, que en la parte venezolana de las Elegías, podemos considerar como nuestro primer aeda. Igual podemos decir de la Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela de Oviedo y Baños y los Sermones magistrales de Mijares de Solórzano o los de Bartolomé de Villanueva. Otras obras fueron editadas en México, como los sermones de Nicolás Herrera y Ascanio o el poema anónimo Rasgo épico, firmado por “Un ingenio Cántabro”.

Sobre la carencia de imprenta en Venezuela señaló Guillermo Morón(1926): “La falta de una imprenta es una de las causas por las cuales no puede apreciarse, con mejor criterio, el estado de la cultura intelectual en Venezuela durante la época colonial, y causa de la dolorosa impresión de pobreza que ha producido en las generaciones posteriores hasta hoy”13. Fue este hecho el que llevó a Héctor García Chuecos(1896-1973) a anotar: “No fue abundante ni valiosa en calidad la labor artística, literaria y científica de la época colonial venezolana”14.

Por su parte Joaquín Gabaldón Márquez(1906-1984) dedicó un trabajo a la dilucidación de este asunto15. En él anota “Las escasas manifestaciones de la literatura venezolana colonial, presentan los caracteres de una identidad casi absoluta con las de la península, cuyos hijos hallaron en estas tierras campo propicio para desarrollar sus tendencias sin someterse a las reacciones de la raza indígena y modificándose apenas por virtud del medio físico y de la circunstancias de orden económico, más o menos poderosas, pero incapaces por si solas para dar nacimiento a una literatura autónoma”(p.4). Y más adelante insiste “Otras de las causas a que hechos hecho referencia fue la rígida estrechez de las medidas legislativas tomadas por España en todo cuanto se refería a la imprenta y al comercio de libros”(p.6). Esta es una de las explicaciones del por qué del número escaso de obras. La carencia de imprenta hacía que los escritores no trabajaran en sus escritos porque estas eran de muy difícil, y a veces casi imposible, divulgación una vez redactadas. Y esto fue así pese a que un medio tan intenso de estímulo como lo son los libros para la creación literaria hoy sabemos que circularon con mucha libertad, pese a las normas de prohibición y también sabemos que es falso que la Corona haya insistido en mantener ignorantes a los hispanoamericanos, carentes de toda formación. El proceso educacional, las universidades y los colegios son un mentís a una peregrina tesis según la cual el Rey Carlos IV(1748-1819) habría declarado “No conviene instruir a los Americanos”, palabras que seguramente nunca pronunció, ya que al contrario lo que hizo fue poner su firma a iniciativas que llevaron al desarrollo de la educación y por ende de la cultura. Tal su decisión de crear en Mérida el Colegio Seminario de la ciudad, matriz, como el de Caracas, de la Universidad de aquella urbe. Caracciolo Parra León(1901-1939) aclaró que la frase atribuida a Carlos IV fue forjada, durante los días de la guerra emancipadora, por el colombiano Juan García del Río(1794-1856), quien la publicó en un estudio aparecido en la revista londinense El repertorio americano, en 1826, que este editaba junto a don Andrés Bello16.

Es por lo expuesto que lo que debemos hacer es acopiar lo que existió en Venezuela durante esas tres centurias, examinarlo y estimar su valor desde el punto de vista crítico sin obviar su valor como elemento de la historia del espíritu venezolano. Ya que serán estas obras un puente hacia lo que será, una vez logremos ser una sociedad bien constituida, cosa que sucedió a mediados del siglo XVIII. Fue en esa época cuando se hizo verdad el apotegma de José Martí(1853-1895) según el cual “no hay letras, que son expresión, hasta que no hay esencia que expresar en ellas”17.

Una Literatura Autónoma
Ya nos hemos referido a Miranda. Su magisterio independentista fue constante en su vida. Fue el 22 de Junio de 1810 cuando la noticia de los sucesos de Caracas del 19 de Abril se hicieron públicos al Londres gracias al The Courier. El 23 The Times y The Morning Choricle los confirmaron al igual que el The Courier. Podría imaginarse la gran alegría que ante aquella noticia sintió don Francisco, él tenía casi tres décadas propiciando aquel proceso, al menos, según su propia confesión, desde 1784, hacía veinte y seis años entonces. Pero si la datamos de 1781, cuando participó en la guerra de independencia de los Estados Unidos sumaban entonces veinte y nueve años, casi tres décadas de los sesenta años que tenía entonces, media parte de su vida. Aquello se hizo evidente cuando en el verano de 1810 se presentaron en Londres nuestros tres primeros diplomáticos, los primeros enviados por una nación latinoamericana ante una corte europea. Nos referimos a los miembros de la misión venezolana: Simón Bolívar(1783-1830), Luis López Méndez(1758-1841) y Andrés Bello, caraqueños los tres. Estos habían llegado a Londres el 14 de Julio, ese día, o el siguiente, fue Miranda a conocerlos en el hotel en donde se habían hospedado.

En aquel momento, desde que los tres, a los pocos días de haber llegado a la metrópolis del Támesis, se hospedaron en la casa de Miranda en el número 27 de Grafton Street, se inicio con ellos el magisterio del Precursor, tan importante que el historiador José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005), quien los ha estudiado con atención, los llama “los simposios de Grafton Street”18. A esos coloquios, entre los tres grandes caraqueños, los consideró don Augusto Mijares(1897-1979) la mas importante tertulia de la época emancipadora19.

Instrucción y traslado de poderes pudiera llamarse a lo allí hecho por don Francisco: le abrió los ojos a Bolívar de las nuevas tareas que las nuevas naciones iban a emprender, tanto en el sentido político, militar, educativo y diplomático, que al decir también de Salcedo Bastardo van a ser las tareas a las que iba a dedicar su vida20. A ello nosotros añadimos también su constante trabajo jurídico, dentro del cual caben sus labores como proyectista constitucional.

En el caso de Bello puso en sus manos todo lo que habría de hacer en el terreno jurídico, en el literario y en el educativo. Y ambos la comprensión de que todo lo que debía hacerse desde una perspectiva continental, de allí que la palabra America comenzara a aparecer en los escritos de ambos en adelante.

A López Méndez se le cita poco, y con injusticia, porque fue él quien pasó también, como Bello, largos años como diplomático en Londres, le tocó una ardua tarea logística, necesaria para el triunfo bélico: formar lo que más tarde se llamó la Legión Británica y enviar las armas necesarias para los combates, todo esto esclarecido por las investigaciones de Edgardo Mondolfi Gudat(1964)21 .

El Libertador Cultural
Gracias a lo que Miranda había comprendido desde muy temprano, su acción continental la había iniciado en 1781 cuando participó como oficial español en la guerra de Independencia de los Estados Unidos; en 1781 fue la rebelión en el Perú de José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru(1740-1781), en la cual nació, al decir del maestro uruguayo Emir Rodríguez Monegal(1921-1985), el martirologio patriótico en América Latina22, ya que tras ser vencida su insurrección le fue impuesta la pena de muerte. Su acción tuvo largo eco en los papeles de Miranda. Sin embargo, al año siguiente(Febrero 24,1782) Miranda fue llamado por sus compatriotas ha liberarlos del yugo español a través de la llamada “Carta de los Mantuanos”. Don Augusto Mijares(1897-1979) pensó que está misiva era apócrifa, pero Miranda no era hombre para haber inventado aquel papel. Nosotros no creemos que fuera falsa, su lectura nos hace verla de otro modo, en verdad aquellos aristócratas pedían emancipación pensando solo en sus intereses, en verdad pedían liberación de la Compañía Guipuzcuana. Hay un trasfondo muy interesante en la carta de Juan Vicente Bolívar y Ponte, Martín de Tovar y el Marqués de Mijares, doble fondo que podría alargarse hasta la Conspiración de los Mantuanos(1808) y hasta la declaración de la Independencia(1810). No es una carta falsa si la cotejamos con los siguientes cuatro documentos que aparecen en el archivo mirandino. Creemos que se impone ahora la nueva lectura de esta, como la sugerida por Juan Carlos Chirinos(1967) de esta misiva23.

El plan para nuestra emancipación lo formó en Nueva York Miranda en 1784, según su propia confesión24.

En el caso de Bello, muy pronto la idea de América puesta ante sus ojos por Miranda lo hizo ponerse a trabajar en su vasto poema “América”, inédito como la mayor parte de su obra poética a todo lo largo de su vida. Pero del poema “América” surgió un vasto texto fundamental, su “Alocución a la poesía”25, considerado el acta de la liberación cultural hispanoamericana y de hecho el momento en que nació la literatura autónoma de América Latina. Ello fue tan importante que no le bastó llamar a la musa a venir a nuestra América sino que inmediatamente en su primer artículo de crítica literaria, publicado en la misma revista, y en el mismo número en donde apareció su poema, se dirigió a “nuestros lectores americanos”26, es decir a nosotros los hijos del mundo de Colón, a aquellas tierras que pidió a la Musa de la Poesía visitar cuando expresó en la “Alocución a la poesía”: “Divina Poesía,/ tú de la soledad habitadora,/a consultar tus cantos enseñada/…tiempo es que dejes ya la culta Europa, que tu nativa rustiquez desama, y dirijas el vuelo adonde te abre el mundo de Colón su grande escena”(p.20, Versos 1-10).

Con Bello comenzó el desarrollo de la literatura latinoamericana, que aquí tocamos en lo hecho por sus escritores en aquellos tiempos, al menos hasta después de la batalla de Ayacucho(Diciembre 9,1824).

En 1823, también en la Biblioteca Americana, a través del poema “Alocución a la poesía”, pronunció el humanista de Caracas la independencia literaria de América Latina. No lo olvidemos la literatura autónoma de América Latina nació en Londres por la mano de Bello, quien no solo hizo eso sino que nos pidió pensar por nosotros mismos, un mensaje en el que subyace otro, el de su vecino caraqueño, Simón Ródriguez(1769-1854), de hecho vivía en la casa de al lado en la callejón de La Merced, cuando escribió en su libro mayor Sociedades americanas(1828)27, “O inventamos, o erramos”28.

Bello en aquellos años, hasta su viaje a Chile en 1829, puso las bases para nuestra emancipación cultural, ya que la política se había logrado en los campos de batalla. Y lo hizo en diversos frentes, en el jurídico, de hecho sus Principios de Derecho de Gentes29, convertidos más tarde en sus Principios de Derecho internacional30, publicados a los dos años de su llegada a Santiago, sin duda fueron concebidos en Londres, allí están los principios que debían normar la diplomacia para las nuevas repúblicas. En sus artículos crítico literarios londinenses, sin salirse del gran equilibrio que fue la esencia de su personalidad, hizo la crítica del neo-clasicismo y puso las bases para el desarrollo del romanticismo en América Latina, es decir nos puso en el camino de lo que era la vanguardia en su tiempo. Antes que él no lo había hecho ningún otro. Sus estudios filológicos de ese período fueron esenciales y sobre todo su gran estudio sobre el Poema del Mio Cid, a partir de su primera versión impresa que encontró en la biblioteca londinense de Miranda, lo llevó a hacer ver los orígenes de nuestra lengua y forma de expresión a través de la literatura. Cuando este libro se publicó(1881), en el cual estuvo trabajando a todo lo largo de su vida, deslumbró a la erudición hispana. Y, desde luego, todos sus estudios sobre nuestra lengua que con el tiempo desarrolló en su Gramática de la Lengua castellana destinada al uso de los americanos31, gracias a la cual fue considerado el salvador de la integridad de nuestra lengua,
Y fue además, el primer diplomático latinoamericano en Londres durante diez y nueve años, el mayos conocedor de las relaciones internacionales y fue el asesor de cuanta misión de nuestros países llegó allá.

Y, aunque Bello haya pasado a Chile en 1829, y no regresado más a Venezuela, desde Santiago, como lo había sido desde Londres, ofreció su magisterio, en todos los temas de su especialidad, que eran los propios de un estadista y de un educador, a toda la América española, recién emancipada. Es por ello que la esencia de lo que Bello la expresó el mismo en su Discurso de instalación de la Universidad de Chile(Septiembre 17,1843), el hombre, el civilizador, el escritor, el educador, aparecen en estas páginas que son las esenciales que hay que leer para comprender los afanes a los que dedicó su vida aquel sabio único32. Y en todo momento lo movió el sentido continental por lo americano, cosa que él expresó en las obras que hemos nombrado pero que le tocó encabezar como director de la política internacional chilena, como asesor de los presidentes de la nación austral33 y con el eco latinoamericano que tuvo el Código Civil34 que redactó para Chile cuya influencia fue extensa en nuestros países. Así en él cuajó el magisterio mirandino, no fue casual que a uno de sus hijos le haya puesto el nombre de Francisco Bello Boyland(1817-1845) y muerto este al nacerle otro varón también lo llamó Francisco Bello Dunn(1846-1887).

Bolívar
Todo aquello que Miranda les enseñó en las tertulias de Grafton Street fecundó en Bolívar. Y en todo momento lo que movió a Bello, sobre todo desde el inicio de su acción y muy pronto llenó la primera vez que fue el jefe del Estado, en 1813, tras la Campaña Admirable. Lo podemos observar desde que apareció en sus escritos la idea de América Latina, ello se puede datar, especialmente desde el momento en que dirigió un documento, ya en Cartagena(Noviembre 2,1812) “A los americanos”, escribiendo en su siguiente página la expresión: “Oh, Americanos” 35 que leemos en uno de sus documentos de 1812, el mismo año en que expuso, en su memoria de Cartagena(Diciembre 15,1812), su primer análisis de fondo de nuestra situación política, en este caso de lo sucedido en Venezuela y los porqué de la caída de la Primera República. Fue este su primer impreso, el que inicia su bibliografía36.

Escritores de aquel Período
Debemos nombrar también a aquellos que en aquel período escribieron con el mismo sentido. Debemos comenzar con el Libertador, no solo escribió mucho y bien, con páginas singularísimas como la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815), sin duda el primer ensayo de nuestra literatura, un ensayo concebido en forma epistolar u otro ensayo, no menor, para ser leído en público, el Discurso de Angostura(Febrero 15,1819) su mayor página como estilista. Y si es cierto que Mi delirio sobre el Chimborazo fue escrito en 1822, se conversa una copia manuscrita, redactada en Loja de aquel año(Octubre 13,1822), otra aparecida en Brasil tiene la misma fecha, para la exactitud de la fecha de su escritura no se ha podido demostrar, pero es del Libertador. De ser de 1822 sería Bolívar nuestro primer poeta ya que su bello texto, un bien cernido poema en prosa, el primero en su género de nuestras letras, antecedería en meses la “Alocución a la poesía” de Bello37.

Desde luego, fue el Libertador un escritor político. Y el valor de Mi delirio sobre el Chimborazo estriba precisamente en eso, lo político subyace en él.

Pero lo principal en el Bolívar escritor es la renovación de la prosa que en su escribir produjo. Aquel estilo lleno de vida, de sangre, de vigor y de honda belleza literaria como es el suyo, en el cual resalta como el mayor epistológrafo latinoamericano, con frases de un pulimento casi perfecto, todo hecho desde aquella cabeza tan bien organizada como fue la suya, ya que la mayor parte de lo escrito fue dictado, que era su modo de hacer el trabajo intelectual. Y, desde luego, después corregido como se puede ver en las diversas versiones que se conservan de algunos de sus textos. Llegó a corregir incluso la versión al inglés de la Carta de Jamaica hecha por uno de sus oficiales, el canadiense John Robertson(1767-1815). Fue por su estilo que Rufino Blanco Fombona(1874-1944) pensó que también Bolívar había hecho una revolución en la literatura38, además que en la política; por ello Uslar Pietri lo consideró el mayor escritor latinoamericano de su época39, de hecho fue quien escribió mejor en su época, tanto en América Hispana como en España, en la península escribían los adocenados creadores neo-clásicos y entre nosotros, en nuestros países, o en los exilios, muchos, caso Miguel José Sanz(1756-1814), Bello o Juan Germán Roscio(1763-1821) lo hacían en el clásico modo académico aprendido en nuestras universidades.

Otros Nombres de Escritores
Ese mismo proceso que hemos visto en sus líneas generales, sin prisas pero sin pormenores, lo continuaron otros escritores del mismo período.

Desde luego es imposible no nombrar a Simón Rodríguez, aquí más por su traducción castellana de Atala(1801) de Chateabriand(1768-1848), hecha el mismo año de su publicación original, esta tuvo grande influencia en el desarrollo del romanticismo en América Latina, prácticamente fue su primer argumento pues será después de 1810 cuando Bello se ponga en contacto en Londres con aquella escuela, sobre todo en su versión inglesa, aunque el origen del romanticismo fue alemán. El romanticismo francés tomó carta de ciudadanía en 1827 cuando ya el magisterio de Bello estaba bien sentado. Lo prosiguió después con sus traducciones, imitaciones las llamó, de los grandes románticos franceses, caso la “Oración por todos” de Víctor Hugo(1802-1885).

Compañero de Simón Rodríguez lo fue en sus correrías europeas el mexicano fray Servando Teresa de Mier(1765-1827), gran pensador, evocados ambos en la bella novela El mundo alucinante de Reynaldo Arenas(1943-1990)40.

En el período de guerra hay obras cuyo valor debemos subrayar por el sentido continental que tiene: tal las del ecuatoriano José Joaquín de Olmedo(1780-1847), el cubano José María de Heredia(1803-1839) o el mexicano José Joaquín Fernandez de Lizardi(1776-1827), el fundador del arte novelístico latinoamericano en 1816.

Un Mundo Unido
La tarea de Miranda, luego cumplida por Bolívar y Bello y los hombres de la generación de la Independencia en todos los puntos de América, desde México hasta el Río de la Plata quedó así fijada, incluso antes de la reunión panameña que presidió don Pedro Gual(1783-1862)41.
En 1815, exilado de Jamaica, en la Carta de Jamaica expresó:

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí en el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; más no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen la América. ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración; otra esperanza es infundada, semejante a la del abate St.Pierre, que concibió el laudable delirio de reunir un congreso europeo para decidir de la suerte y de los intereses de aquellas naciones”(p.153).

Ya en 1818 escribió Bolívar, desde Angostura(Junio 12,1818) cuando la independencia era todavía un sueño, la mayor parte de Venezuela estaba aun dominada por el gobierno y la tropas realistas. Pero él dijo:

“¡Habitantes del Río de la Plata! La República de Venezuela, aunque cubierta de luto, os ofrece su hermandad; y cuando cubierta de laureles haya extinguido los últimos tiranos que profanan su suelo, entonces os convidará a una sola sociedad, para que nuestra divisa sea Unidad en la América Meridional”(p.151).

Y el 7 de Diciembre de 1824, en la carta a los jefes de Estado, mediante la cual convocó el Congreso de Panamá, diez y siete días ante de la victoria de Antonio José de Sucre(1795-1830), en la batalla de Ayacucho,

“es tiempo ya que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos”(p.154).

En aquel mismo documento también expresó:

“El día que nuestros plenipotenciarios hagan el canje de sus poderes, se fijará en la historia diplomática de América una época inmortal. Cuando, después de cien siglos, la posteridad busque el origen de nuestro derecho público y recuerden los pactos que consolidaron su destino, registrarán con respecto los protocolos del Itsmo. En él encontrarán el plan de las primeras alianzas, que trazará la marcha de nuestras relaciones con el universo. ¿Qué será entonces el Istmo de Corinto comparado con el de Panamá?”(p.157).

Y Bello, en Londres, en 1827, señaló:

“Me parece de suma importancia aprovechar todas las coyunturas que se presenten de entablar relaciones con los Estados extranjeros”(p.152).

Buscar una norma de acción distinta a la europea, las ideas que siguen las concibió Bello como whost writer, redactor de sus discursos al parlamento, de los presidentes chilenos Joaquín Prieto(1786-1854), Manuel Bulnes(1799-1866), muy importantes las ideas internacionales de estos textos por haber sido don Andrés el director de la política exterior chilena desde su cargo de vice canciller de aquella nación. Base de todas aquellas ideas había sido esta máxima suya, expuesta en sus Principios de derecho internacional, La primera antes que ningún otra,

“distinguir lo justo de lo injusto, y lo conveniente de lo pernicioso, es no conocer ni a los hombres, ni a los gobiernos”(p.160).

Los presidentes australes expusieron estas concepciones: la necesidad de

“fijar principios uniformes sobre aquellas cuestiones de derecho internacional, cuya indecisión ha puesto tantas veces en armas la Europa”(p.155),

Texto en el cual se lee también:

“Una exacta neutralidad ha sido, y seguirá siendo, la regla de nuestra conducta en las contiendas que las vicisitudes de las cosas humanas pueden suscitar entre ellas”(p.155).

Otro de los principios de la política internacional fue este:

“hemos conciliado en cuanto era dado a la prudencia, lo que la amistad y la neutralidad exigían con el amparo hospitalario que el espíritu suave y humano de la civilización moderna, y el mismo derecho público, cada día más liberal e indulgente, aseguran al infortunio. Sí, llegará el día en que calmadas las pasiones, mirados los hechos en su verdadera luz, se nos haga en todas las cuestiones de esta especie la justicia que ya hemos obtenido en algunas”(p.158)

1Ponencia leída en la sesión de las XII Jornadas de Historia y Religión, celebrada en la Universidad Católica Andrés Bello, Montalbán, Caracas, la tarde del miércoles 16 de Mayo de 2012.
2Esto se puede deducir de la investigación de Miguel Castillo Didier: Grecia y Francisco de Miranda.2ª.ed. Caracas: Monte Ávila Editores, 2007. XV,422 p.
3Fundamental es aquí la consulta del estudio del uruguayo Arturo Ardao: “La idea de la magna Colombia, de Miranda a Hostos” en sus Estudios latinoamericanos de historia de las ideas. Caracas: Monte Ávila Editores,1978,p.9-32.
4Octavio Paz: Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Barcelona: Seix Barral,1982. 656 p. La cita procede de la p.83
5Ildefonso Leal: Libros y bibliotecas en Venezuela colonial. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1978. 2 vols. La cita procede del t.I,p.XXV. Ver también Irving Leonard: Los libros del conquistador. México: Fondo de Cultura Económica, 1953. 396 p.; Manuel Pérez Vila: Los libros en la colonia y en la independencia. Prólogo: Pedro Grases. Caracas: Oficina Central de Información, 1970. XIII,236 p. Consultar también, sobre el mismo punto, y en especial sobre el libro de Leonard, Mariano Picón Salas: “Mítica americana y libros de caballería” en De la conquista y la independencia y otros estudios. Caracas: Monte Ávila Editores,1990,p.228-231.
6José Balza: Iniciales. Caracas: Monte Ávila Editores, 1993. 110 p.
7José Balza: Iniciales,p.32
8José Balza: Iniciales,p.70
9José Balza: Iniciales,p.56
10Arturo Uslar Pietri: “Lo criollo en la literatura” en Las nubes.3ra.ed.Caracas: Monte Ávila Editores,1997,p.103-121.
11Manuel Díaz Rodríguez: Camino de perfección. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1995,p.70
12Arturo Uslar Pietri: “Los libros latinoamericanos tienen ganada su validez universal”, en El Universal, Caracas: Mayo 11,1995
13Guillermo Morón: Los cronistas y la historia. Caracas: Ministerio de Educación, 1957. 192 p. La cita procede de la p.132.
14Héctor García Chuecos: Historia de la cultura intelectual de Venezuela desde su descubrimiento ensta 1810. Caracas: Editorial Sur América, 1936. 125 p. Este importante trabajo, pionero en su tema, lo citamos a lo largo de este estudio por su segunda edición: “Cultura intelectual de Venezuela desde el descubrimiento hasta 1810” en El Real Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Merideños,1963,p.197-314. La cita procede de la p.199.
15Joaquín Gabaldón Marquez: Causas del atraso literario en la colonia. Caracas: Editorial Sur América,1928. 7 p.
16Guillermo Morón: Historia de Venezuela. Caracas: Italgráfica, 1971. 5 vols. La cita procede del,t.IV,p.387-388; Caracciolo Parra León: Obras. Madrid: Editorial JB,1954,p.388-389. De donde procedió la conseja fue del patriota Juan García del Río: “Revista del estado anterior y actual de la instrucción pública en la América antes española” en Repertorio americano, Londres, t.I(1826),p.231-253. La falaz observación puede leerse en la p.144.
17José Martí: Obra literaria. Caracas: Biblioteca Ayacucho,19787. XXII,497 p. La cita procede de la p.404.Pensamiento también citado por José Balza: Iniciales,p.11
18José Luis Salcedo Bastardo: Crisol del americanismo. La Casa de Miranda en Londres. Caracas: Cuadernos Lagoven,1980. 107 p. La referencia procede de la p.19.
19Augusto Mijares: “Bello libertador” en La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana.4ª.ed.aum. Caracas: Monte Ávila Editores,1998,p.169-179.
20José Luis Salcedo Bastardo: Historia fundamental de Venezuela. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1970. 779 p. Ver sobre este la p.312
21Son fundamentales aquí los estudios de Edgardo Mondolfi Gudat: Luis López Méndez. Caracas: El Nacionla/Banco Caribe,2011. 112 p. y El lado oscuro de la epopeya. Caracas: Alfa, 2011.253 p.
22Emir Rodríguez Monegal: The borzoi anthology of Latin American Literature. New York: Knopf,1977. 2 vols. Escribió: “In the rebelión of Tupac Amaru can be found og another legend: that of the revolucionary martyr”(t.I,p.164).
23Francisco de Miranda: Colombeia. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República,1978-2006. 20 vols. La carta y los documentos que referimos están en el tomo II,p.533-541 del archivo del Precursor, documentos número 514,515,516,517,519; la referencia que hacemos a Augusto Mijares está en El Libertador. Caracas: Editorial Arte,1964. 586 p. La aseveración está en la p. 127 El libro de Juan Carlos Chirinos citado es Miranda, el nómade sentimental. Prólogo: José Balza. Caracas: Norma, 2006.335 p. La interpretación a la que aludimos se puede ver en las p.152-156.
24Francisco de Miranda: América espera. Selección, prólogo y títulos: José Luis Salcedo Bastardo. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1982. XLIII,686 p. La referencia aparece en la p.120.
25Andrés Bello: “Alocución a la poesía” en revista Biblioteca Americana, Londres,1823,t.I,p.3-16;t.II,p.1-12, la citamos aquí de Andrés Bello: Obra literaria. Compilación y prólogo: Pedro Grases. Caracas: Biblioteca Ayacucho,1979,p.20-40
26Andrés Bello:”Juicio sobre las obras poéticas de don Nicasio Alvarez de Cienfuegos” en la Biblioteca Americana, Londres, t.I(1823),p.35-50, en su Obra literaria.,p.250-260.
27Simón Rodríguez: Sociedades americanas en 1828. Arequipa: spi,1828. 32 p.
28Simón Rodríguez: “Sociedades ameriacanas” en sus Obras completas. Caracas: Universidad Simón Rodríguez,1975,t.I,p.257-412. La cita procede de la p.343.
29Andrés Bello: Principios de derecho de Gentes. Santiago: Imprenta de La Opinión,1832. IV,267 p.
30Andrés Bello: Principios de Derecho Internacional. Santiago: Imprenta del Mercurio,1844. IV,285 p.
31Andrés Bello: Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. Santiago: Imprenta del Progreso,1847. XIII,334 p.; edición venezolana: Caracas: Imprenta de Valentín Espinal, 1850. XVI,336 p.
32Andrés Bello: Discurso de instalación de la Universidad de Chile. Santiago: Imprenta del Estado, 1843. 38 p.. Edición facsimilar: Discurso de inauguración de la Universidad de Chile, 17 de Septiembre de 1843. Estudio preliminar: Rafael Fernández Heres. Madrid: Oficina de Educación Iberoamericana, 1981.65,38 p.
33Andrés Bello: Textos y mensajes de gobierno. Estudio preliminar: Guillermo Feliu Cruz. Caracas: Ministerio de Educación, 1964. XCIV,699 p. puede ser seguida toda esta labor.
34Andrés Bello: Código civil de la República de Chile. Santiago: Imprenta Nacional,1856. 641 p.
35Simón Bolivar: Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2009.32 vols, La cita procede del t.IV,p. 108 y 109.
36Fue impreso bajo el título Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granda por un Caraqueño. Cartagena de Indias: Imprenta del C.Diego Espinosa,1813. 8 p., el cual, casi inmediatamente, fue reimpreso: Bogotá: Imp.del Estado,1813. 6 p.
37Pedro Grases: “Mi delirio sobre el Chimborazo de Bolívar” en sus Obras. Barcelona: Seix Barral,1981,t.IV,p.367-386. Lo referido está en las p.379-380.
38Rufino Blanco Fombona:El espiritu de Bolivar. Caracas: Ministerio de Educación,1970. 315 p. Ver aquí el capítulo “Bolívar, escritor y tribuno”(p.183-208) donde está la observación que hemos hecho(p.190).
39Arturo Uslar Pietri: Letras y hombres de Venezuela. 2ª.ed.aum. Caracas: Edime,1958. 345 p. “Bolívar podría tomarse como el primer prosista hispanoamericano de su hora”(p.61), dijo el maestro.
40Reynaldo Arenas: El mundo alucinante. México: Diógenes,1969. 222. Hay edición venezolana: Caracas: Monte Ávila Editores,1982. 523 p. Fue esta novela la que lo hizo reconocer su talento internacionalmente.
41Todas las citas del Libertador y de Bello que hacemos a continuación proceden, a menos que indiquemos lo contrario, de Pedro Grases/Manuel Pérez Vila: Bolívar, Bello y el porvenir. Pórtico: Arturo Uslar Pietri. Epílogo: Rafael Caldera. Caracas: Fundación Eugenio Mendoza, 1981. 188 p. Al lado de cada cita hemos puesto el número de la página de donde la tomamos.