Por: Francisco Herrera Luque
A solicitud de las redactoras de La Mala Vida, voy a tratar de resumir la conferencia La Fábula del poder y de la mujer en Venezuela que di en “Le Grouppe” y en la “Federación Venezolana de Mujeres de Negocios y Profesionales” .1
En principio acepté la tesis de que las mujeres venezolanas de los sectores populares y la pequeña y hasta la mediana burguesía son y han sido explotadas por el hombre, sirviéndose de ella como objeto de placer, paridora de hijos y esclava infatigable. No es menos cierto que la mujer de nuestro país es discriminada profesionalmente y que es muy escasa su representatividad en la funciones ductoras, a pesar de representar ella el 52% del electorado. Todo eso es cierto y no es mi intención negarlo. Pero como bien lo dice el titulo de esta conferencia yo hablo del poder, de esa fuerza que se proyecta sobre el conglomerado, determinando los sucesos fundamentales en la marcha del país. En eso, si no voy a estar de acuerdo, ya que es muy diferente la conducta y actitud de la mujer venezolana en el vértice de la pirámide social que en la base. El poder, por más que se arguya lo contrario, siempre se ha ejercido de arriba hacia abajo, de las líneas de acción e interacción de los grupos de poder, llámense políticos o económicos-sociales. La llamada voluntad popular es, suele ser, una engañifa donde los ilusionistas hacen que el pueblo crea, que es él quien decide cuando en última instancia suele ser un personaje y la camarilla que lo rodea los que determinan los grandes y medianos sucesos.
En Venezuela, país presidencialista por excelencia, el poder se centra casi absolutamente sobre el Supremo Mandatario, quien a su vez es influido por una serie de presiones, correspondiéndole a él y sus inmediatos allegados las últimas decisiones. Las esposas legítimas, y más que ellas las amantes, han jugado papeles muy importantes en el destino de la república desde el Libertador hasta Ignacio Andrade(1839-1925), último presidente que rigió al país en el siglo XIX. El historiador colombiano Indalecio Liévano Aguirre(1917-1982) señala cómo Pepita Machado, la novia-amante del Libertador, desde 1813 hasta 1819, era muy entrometida en política, responsabilizándola directamente en la serie de errores que cometió el Padre de la Patria en esa época. Tal era el amor que José Antonio Páez(1790-1873) tenía por su amante Barbarita Nieves(c1803-1847) que por un tris la capital de la republica no fue traslada a Valencia, de donde era ella originaria. La mujer de José Gregorio Monagas(1795-1858), una bellísima indígena, Clara Marrero, ejerció gran influencia sobre su marido para que decretara la libertad de los esclavos. Doña Jacinta, la esposa del caudillo Joaquín Crespo(1841-1898), mandaba y gobernaba más que su marido y no digamos más sobre la esposa de su sucesor Ignacio Andrade, Isabel Sosa Saa, ya que era de todos conocido, que la doña intervenía desde nombrar ministros hasta en política exterior. Y detengamos nuestra ejemplificación en el siglo XIX para no meternos en honduras al hablar de la Venezuela contemporánea.
El gobierno y mando de la mujer en Venezuela no es un fenómeno republicano; se origina en los primeros tiempos de la colonización. La primera fuente de poder y de riqueza en nuestro país se origina a raíz de la conquista. Los conquistadores se reparten tierras, minas y mujeres. Al envejecer, al aproximarse el último tránsito, como trato de probarlo en mi libro Los Amos del Valle, eligen a la hija mujer y no al varón para que sea heredera y sucesora. ¿Por qué?. Por los prejuicios raciales: como no vienen mujeres españolas hasta la mitad del siglo XVII, la única forma de blanquear la descendencia y retornar al ancestro original es a través de las hijas, ya que así continúan arribando al país españoles busca fortunas, a quienes llamo “las águilas chulas”. Es curioso observar en la descendencia de los conquistadores de Caracas cómo desaparecen de ellos los hijos varones, en tanto que se perpetúa su sangre y riqueza a través de la línea femenina. La india se fue con el conquistador, con el más poderoso; de la misma forma que los pocos adalides de la Independencia y de la Federación que logran injertarse en el viejo tronco de la oligarquía lo hacen siempre sobre la línea femenina, que a su vez insufla a su heredero su ideología. Esto sucedió hasta la Segunda Guerra Mundial(1939-1945).
El subdesarrollo cultural de la mujer venezolana en los sectores de influencia política explica parcialmente la mediocridad de muchas gestiones. Pero al superarse la mujer cultural y técnicamente, como viene sucediendo desde la última guerra mundial, se viene sintiendo en forma progresiva e intensa su influencia sobre el conglomerado.
La mujer, por razones que sería muy largo enumerar, ha demostrado a través de la historia mejor capacidad de gobierno y mando que los hombres, como es fácilmente demostrable de ver en que proporción hubo grandes reinas dentro de las mujeres que gobernaron. De compararse porcentualmente con los reyes, es evidente que la ventaja de la mujer es abrumadora. Recordemos en Inglaterra a Isabel I(1533-1603) y a la reina Victoria(1819-1901); en España, a Isabel la Católica(1451-1504); en Rusia, a Catalina(1729-1796); en Austria, a María Teresa(1717-1780); en Portugal, a María I(1734-1816). Pocas mujeres han gobernando durante la república, pero cuando lo han hecho han gobernado mejor que cualquier hombre y si no recuérdese los casos de Indira Gandhi(1917-1984) y Golda Meir(1898-1978). Y no hablemos de la Thatcher(1925) porque es monárquica y antilatinoamericana.
La mujer venezolana en esta última década aventaja a los hombres en buena parte de las profesiones. La moralización del poder judicial ha sido emprendido con todo éxito y energía por un grupo de admirables jueces. Las mejores estudiantes son mujeres en todas las Universidades. Quizás por los prejuicios que aún las rodean, tienen menos expansividad que el hombre siendo mayor por consiguiente su capacidad para superarse intelectualmente. Según los libreros el 65% de los compradores de libros son del sexo femenino. Muchas otras cosas pudiera decir pero debemos dar por terminada nuestra exposición tomando en cuenta el reducido espacio que nos queda. Es de creer que antes del año 2000 una mujer pueda ser presidente de los venezolanos. Yo observo por parte de ellas una fuerza arrolladora y una voluntad de dominio impresionante. Ojalá no vayamos a caer en el otro extremo y que los machos pasen a ocupar el papel que el lugar común le asignaba a las mujeres.
1 Publicada en la revista La mala vida, Caracas, n/ 5(1984),p.6-7. Artículo escrito a petición de las licenciadas Giovanna Mérola y María Teresa Ogliastri.











‘Como ha sucedido siempre con los grandes creadores de todos los tiempos –pienso en Giotto, en Gauguin, en Van Gogh, en Klee, en Reverón, en Duchamp-, Marisol es un genio raro que encarna por sí solo aquello que puede llamarse una tendencia. Ante su obra la indeferencia y la enajenación se conmueven. No en vano ella se ha impuesto en el mundo, sin ayuda de nadie y por sí sola, con la única, insólita, hierática presencia de sus Marisoles.'