Lunes, 23 de Octubre de 2017

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Hopper: Su Estilo

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Por: Mario Rodríguez Guerras

El problema que han tenido los sabios para interpretar la obra de Hopper ha sido su racionalidad. Hopper, como buen genio, expresaba sensaciones e intuiciones. Nada de esto puede ser interpretado por una mente racionalizada ni por los hombres que han renunciado a su naturaleza humana y a sus conocimientos personales para refugiarse en el mundo fantástico de los conceptos. Y decimos fantástico porque los conceptos han nacido a partir del mundo personal pero eso fue originariamente. La evolución del hombre y el reconocimiento exclusivo de una existencia social han llevado a los hombres sociales a olvidar y rechazar la idea de la existencia de un mundo real y de un conocimiento irracional. La lógica es útil para profundizar en conocimientos vedados al conocimiento irracional pero no puede prescindir, como hace todo sabio, de la existencia de un mundo sensible.

La intuición de Hopper
La obra de Hopper corresponde a una expresión intuitiva. Pretender mediante la lógica conocer una expresión intuitiva es como intentar leer, por saber español y estar titulado, un libro escrito en chino.

Para entender una expresión intuitiva es preciso poseer intuición, eso en primer lugar pero, en segundo lugar y tan importante como lo anterior, es poseer ese mismo conocimiento. No es posible conocer nada que no sea conocido.

Todo lo irracional puede ser conceptualizado pero es necesario poseer sensibilidad para poder comprender, y racionalidad para poder expresar la conclusión mediante la lógica

Lo irracional, igualmente, puede ser expresado mediante imágenes que, cuando hacen referencia a cuestiones no conceptualizadas, no pueden ser entendidas más que por hombres sensibles o intuitivos pues la racionalidad es inadecuada para conocer a cerca de estas cuestiones.

El estilo de Hopper
La obra de Hopper es genial, pero falta determinar qué tipo de obras realiza, cual es su posición dentro de la historia del arte.

Es evidente que la obra de Hopper no pertenece a las vanguardias pero tampoco a ningún estilo de los generados en el siglo XIX aunque se haya inspirado en ellos. Aunque Hopper no pertenece al realismo decimonónico, actualiza la forma de representación que existía hasta la llegada de las vanguardias. Hopper pertenece a una generación de hombres americanos que entienden que USA es algo diferente de Europa, puesto que hasta entonces toda influencia cultural era europea. USA necesita poner los cimientos de su cultura y no parte de la nada puesto que eso no es posible. USA debe partir de lo que tiene y conoce, la herencia europea. Antes de realizar las creaciones originarias de los años cuarenta, USA debe generar referencias culturales propias.

Es innegable que, durante el siglo XIX, USA tuvo artistas. La cuestión era cómo integrar en el siglo XX todas las influencias existentes para generar un estilo propio, algo que no fuera acumulación de las ofertas que habían hecho las gentes de otros pueblos que habían llegado al nuevo mundo. En Usa había arte pero, en cierto modo, era arte europeo realizado en América.

A partir de la segunda década del siglo XX se realizan creaciones artísticas que, con influencias antiguas, tienen por contenido la experiencia de un pueblo que ahora puede identificar como propia. La historia sobre el suelo americano habría estado forjada por hombres de diversos orígenes pero esa historia no pertenecía a ningún otro pueblo, era la historia de esa nación. Los hombres, primero, hicieron historia y, luego, tuvieron conciencia de haberla realizado. Al asumir su historia, asume lo accesorio de la historia, por ejemplo, el arte. Como muestra de este estado de identidad podemos citar cómo, en los años treinta, el grupo The pioneer trio (con Roy Rodgers y más tarde con Bob Nolan) fue rebautizado por un locutor de radio como Sons of the pioneers, sin duda alguna, mucho más adecuado. [1}

El arte de esos años muestra la tradición USA, es decir, la afirmación de lo americano como propio, por ello, el arte hace afirmación de las formas artísticas anteriores. No es, en ese aspecto, un arte en exceso culto, es decir, racionalizado, en comparación con lo que se estaba haciendo en Europa.

Los americanos, en ese tiempo, recogen las formas artísticas existentes y afirman que son suyas. El arte popular no puede consistir en las últimas tendencias artísticas, el arte popular es el poso de una interpretación de la cultura según el sentir colectivo, no es, como el arte culto, una forma avanzada de creación individual.

El arte culto es producto de la racionalización de la cultura. Hubo un tiempo en el que no existían otras formas que las populares y llegó el momento en el que se diferenciaron. Pero un pueblo no puede construir formas cultas si no posee formas populares y sensibles que racionalizar. Eso fue lo que construía USA a comienzos del siglo XX, los cimientos de su independencia cultural.

Lo que caracteriza a la cultura americana es, con respecto a la cultura europea, una falta de referencia a ningún tipo de ideales. Existe en su arte esa referencia a la tragedia de la existencia pero recogida de los europeos y guardada por hombres sensibles y, a parte de ellos, no parece que sea sentida como un conocimiento sino solo como identificación de los inconvenientes de la vida ya que todas sus aspiraciones han sido siempre aspiraciones materiales. Pero no parece que haya nada que reprocharle a ese pueblo que no ha hecho otra cosa que ser el mejor en definir la corriente de un tiempo que exigía su manifestación.

Pero, aunque sea contrario a su idiosincrasia, es posible que, en algún caso, se ponga en evidencia un sentido trascendental, o una percepción de los acontecimientos con una valoración que no sea meramente material, es decir, una comprensión del hombre.

Nota 1.- Las Bristol Sessions y otras grabaciones similares realizadas por diversas compañías discográficas representan esta misma corriente de forma mucho más clara. Las sesiones fueron realizadas en diversas ciudades americanas a las que se desplazaban las compañías para recoger la música popular de gentes que no podrían presentarse en los lejanos estudios musicales. Las más conocidas, las de Bristol (Tennessee), de la Victor Talking Machine Company, producidas por Ralph Peer, de 1927 y 1928, lo son por los muchos cantantes que fueron descubiertos y por su calidad, entre ellos, Jimmie Rodgers y la familia Carter. Hasta entonces había grabaciones de blues y de Country, Ernest Stoneman, por ejemplo, ya había grabado discos, y habían tenido gran éxito. En aquel entonces, no se distinguían esos géneros y lo que lo que se distinguía era la raza del cantante clasificándose la música, por iniciativa de las discográficas, en la Race Music y el Hillbilly.