Viernes, 18 de Agosto de 2017

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Hopper: I. Aproximación a su Obra

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Por: Mario Rodríguez Guerras

Introducción
La obra de Hopper es típicamente americana, algo regionalista pero realizada por un artista con un noble espíritu que está decepcionado por las relaciones que ofrece el progreso social y que sabe que no puede hacer nada por remediar esa situación, pero sabe que debe soportarla. Hopper muestra la resignación del hombre hacia los beneficios del supuesto progreso y por las supuestas ventajas del mundo moderno.

Su obra es realista pero con un pequeño trasfondo de ironía pues muestra cómo el progreso que mejora el mundo hunde los sentimientos del hombre. La tecnología lo perfecciona todo pero no se ha ocupado del ser humano.

Las escenas
Hopper nos muestra cierto tipo de emociones en las personas. Esas emociones que surgen del contacto con los demás y se trata de sentimientos personales. La escena que los provoca es anterior o ajena al efecto emocional y no se recoge en la representación. La representación es una reflexión personal que no se muestra en los actos sociales, por ello, las escenas ocurren en la intimidad. Su temática no es la soledad del individuo. La soledad es el momento que un hombre aprovecha para reflexionar acerca de lo que ha vivido o conocido.

Sus escenas son la descripción de la reflexión humana que, denunciada mediante un arte plástico, solo puede ser expuesta mediante la representación de los acontecimientos. En la escena no ocurre ningún hecho que pueda ser digno de atención a la vista de nadie. El conocimiento, que es de lo que trata Hopper, es un hecho interno que no se manifiesta especialmente de una forma externa. El desnudo de las figuras solo hace referencia a la esencia humana en un momento en que la figura reserva a su propia meditación. La escena nada tendría de interés para un observador. El vouyerismo debe hacer referencia a un acontecimiento, lo contrario de lo que refleja Hopper, un sentimiento.

Hopper nos introduce en la escena como forma necesaria para contarla. Hopper es un conocedor del alma y ese hombre reflexiona sobre la condición humana y se lamenta de que esa especie aparentemente tan elevada no perciba la realidad, ni tan siquiera ante la evidencia de sus actos.

La determinación de Hopper de mantenerse fiel a su estilo nos permite justificar lo dicho. Su obra, Noctámbulos, de 1942, muestra las escenas significativas sin entrar en la intimidad de una habitación privada recurriendo a mostrar el interior de un café en el que los personajes se reservan un minuto de intimidad en la soledad que proporciona el anonimato de un local público. Hopper, mediante el cambio de sus escenarios, ha corregido la posibilidad de malinterpretar el sentido de sus representaciones, aunque se haya seguido malinterpretando.

Hopper tampoco opone el espacio público y el privado. Expone los actos de los hombres a la interpretación personal y nos presenta la percepción personal ante el sufrimiento del mundo, y nos refiere todas las causas posibles que le originan.

Técnica
Al principio de su carrera, Hopper realiza obras con gran influencia de la pintura francesa del siglo XIX. Con el tiempo, lo que hará será definir mejor ciertas figuras determinadas, por influencia del arte del siglo XX, y utilizará el color para definir lo que tiene “vida visible” y reservará los colores apagados, según su tradición pictórica, para la vida interior.

Así, vemos que, en escenas con varios personajes, el secundario está más definido. Gridlie Show, de 1941, con un desnudo en un escenario, se aprecia una mayor definición de las cabezas de los espectadores que aparecen en primera fila cortadas. Esta definición indica la claridad con la que se muestran todos los actos que son aparentes. El mundo de la apariencia le muestra mediante al intensificación del color y refleja el mundo del conocimiento con luz pero con formas pastosas.

Hopper emplea una pintura que contrasta con la pintura de las vanguardias. En el estilo y en la ejecución se reconoce el arcaísmo de este artista que ha pasado por París en el auge de los movimientos modernos y no se ha parado ni a mirarlos. La semejanza con ellos es la claridad de los espacios, pero no porque emplee una pintura plana sino porque elige lugares en los que el fondo es de por sí plano para resaltar la luz que es el símbolo de la voluntad y del conocimiento.

Ahora bien, el realismo decimonónico fue un estilo que formaba parte de una corriente destinada a reducir la pintura a sus elementos materiales y el realismo colaboró demostrando que se podía hacer arte eliminando de la pintura su contenido, su idea. Pero, por su parte, las vanguardias tenían la obligación de definir los conceptos del arte y todos los estilos figurativos del siglo XX hasta la segunda guerra mundial debían ofrecer algo concreto sobre las actitudes de las figuras representadas.

Así que Hopper actualiza un estilo apto para un contenido determinado con el fin de poder introducir un contenido propio evitando una incoherencia entre la forma antigua y el contenido clásico, aunque la dificultad para interpretar su obra se debe a la falta de conocimiento que tiene el hombre acerca de su existencia. Por su parte, la dificultad de Hopper para dejarse entender es la falta conceptos comunes para expresar ideas de las que solo él parece tener constancia.

Hopper también ama sus tradiciones y se inspira en pintores costumbristas y acepta la obra de los franceses pero solo del siglo XIX, sobre todo, el realismo. Su dificultad para entender los cambios producidos en el siglo XX es lo que produce su estatismo lo cual no es, de por si, un grave defecto, y su nacionalismo.

El dolor del mundo
Hopper pinta los bastos paisajes americanos, mostrando la grandeza de la naturaleza, pero una naturaleza que, sin conformar, resulta inhóspita para el ser humano. Es precisa la intervención del hombre para que resulte soportable. Pero, cuando se ha realizado esa intervención correctora supuestamente necesaria, por ejemplo, dentro de las viviendas, los hombres todavía notan la mano de la naturaleza y la temen. Una mayor intervención del hombre sobre la existencia parece no resolver el problema y bien parece que la ciudad civilizada resulta ser un escenario artificial en el que se desarrollan las mismas dificultades que en los escenarios naturales y demuestra que la previsión de la razón solo ha logrado sustituir un problema por otro.

Con su obra, Hopper se pregunta, ese dios que crea el mundo y, por lo visto, el progreso americano ¿Dónde está cuando le requiere el hombre?

El saber que nada de cuanto se haga sirve para cambiar el mundo es el sentido profundo de su obra. El conocimiento paraliza, ese es el mensaje que le acerca a la figura de Hamlet, otra figura incomprendida por los sabios de todos los tiempos, y que Hopper quiere trasmitir.

Hemos de reconocer, que fue capaz de situarse en una posición más elevada que la que habían alcanzado las vanguardias europeas al asumir una postura crítica con los acontecimientos. Su aprecio por la pintura superada del siglo XIX es su relativo defecto; y la dificultad para ser entendido el precio que tuvo que pagar.