Lunes, 23 de Octubre de 2017

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Herrera Luque: Clave y Razón de una Obra

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Por: R.J.Lovera De-Sola

“Pero sin duda todos lo buscamos porque encontramos en él parte de nosotros mismos”.
Orhan Pamuk: El libro negro.
Barcelona: Mondadori, 2006,p.240

El Recuerdo
Dos hechos se recuerdan este año de la vida y del escribir de Francisco Herrera Luque(1927-1991): los cincuenta años de la publicación de su obra fundamental: Los viajeros de Indias(Caracas: Imprenta Nacional, 1961.536 p.) y los veinte de su deceso en Caracas(Abril 15,1991). Ello nos lleva al volver a lo que su vida y su escribir sigue diciéndonos.

Abriendo sus Libros
Sólo se puede escribir sobre aquello que se ama. No se puede analizar un tema que no haya escogido a nuestra sensibilidad, que no nos que haya elegido, que nos atrape. Sin ello es imposible cualquier análisis, cualquier indagación porque entre otras cosas también existe una erótica de la lectura, y también del escribir, el acto amoroso de conocer y comprender un asunto.

Para penetrar en los libros, novelas, ensayos y artículos de Francisco Herrera Luque, gran escritor quien tuvo entre sus venturas y sortilegios, un elegido de los dioses de la escritura, de Dionisio y de Orfeo, ser el escritor más leído de la literatura venezolana desde el mes de julio de 1972 cuando publicó su primera novela Boves, el Urogallo(Caracas: Editorial Fuentes,1972. 321 p.). Sólo esta pasa hoy en día de más de un millón de ejemplares vendidos y va por su edición número veinte y cinco, la última lanzada por “Alfaguara”, nuestra anfitriona de esta noche, gracias a Mariana Marczuk y Daniel Centeno.

Esto que describimos es lo que hay que hacer cuando se trate de ordenar algún examen crítico de una obra literaria o histórica, cosa que en Herrera Luque se entrelazan. Sin afecto, sin inclinación cariñosa por la obra y por el autor, es imposible lograr trazar el itinerario y comprender las ideas que sostienen una obra. Y esto, entre otras cosas, porque “críticos y amantes”, la frase es de nuestra María Fernanda Palacios(Sabor y saber de la lengua. Caracas: Monte Ávila Editores,1987,p.37-47) siempre están imbricados, sin ello es imposible el análisis meditado de algún libro o escrito. Por ello para hacerlo, para comprender obras muy diversas, hay que tener un “corazón promiscuo” por las expresiones de la literatura y nuestra fidelidad a lo imaginado, o a lo redactado en un libro de historia, debe ser la propia de un “monógamo sucesivo”, de un constante amador.

Bien Conocido
Herrera Luque era ya un ensayista bien conocido en 1972 cuando publicó Boves, el Urogallo porque antes había publicado Los viajeros de Indias, impresa por vez primera en 1961, presentada, en su siguiente redacción, en 1963, a la Universidad Central de Venezuela como tesis doctoral bajo el mote Fundamentos para una interpretación antropológica de Venezuela. Pero no se detuvo allí su autor, prosiguió trabajando sobre su libro para su nueva aparición. En los siguientes siete años, desde la aprobación de la tesis con honores en su alma mater, prosiguió laborando sobre ella y elaboró los treinta “Estudios complementarios” en los cuales razonó documentadamente cada una de las críticas y observaciones que se hicieron a su libro desde que inició la presentación pública de su hipótesis en Caracas en los años cincuenta, a su regreso de España y al rayar los años sesenta en su impresión, hecha por decisión del doctor Ramón J. Velásquez(1916) en la Imprenta Nacional. Fue así como se decidió a autorizar la publicación y de su edición definitiva, muy trabajada y muy ampliada como lo hemos explicado, en 1970. Esa es la versión que consideró final, esa es la que se ha leído desde entonces, editada por Monte Ávila Editores primero(1970), después por Pomaire(1991) y en pocas semanas volverá a serlo gracias a la nueva edición que lanzará “Alfaguara”(5ª.ed.Los viajeros de Indias. Caracas: Alfaguara,2010.660 p.). Y siempre cada vez que circularon Los viajeros de Indias tuvieron la suerte de agotarse inmediatamente. Todo lo explicado nos indica que Herrera Luque trabajó en Los viajeros de Indias durante veinte años, desde que, en 1950, se hizo las primeras conjeturas sobre la sobrecarga psicopática que encontraba en los venezolanos, en el proceso que lo llevó a la primera versión concluida en 1952, la que publicó en 1961, con cierta celeridad porque se dio cuenta que sino hacía público su libro sus ideas serían plagiadas por otro médico, prosiguió al vertebrarla como tesis de grado, presentada con el título que hemos referido antes y más tarde preparó su edición definitiva(Los viajeros de Indias.2ª.ed.aum. Caracas: Monte Ávila Editores,1970. XVII,507 p.). De este proceso no se puede excluir, a lo que nos referiremos más adelante, el prólogo que concibió en 1977 para la edición popular de Los viajeros de Indias(Caracas: Monte Ávila Editores,1977,p.9-33), publicación en este caso de la cual sólo se imprimió toda su investigación sin los decisivos “Estudios complementarios” que están en las ediciones de 1970, 1991 y 2010 y estan ahora en su nueva publicación por “Alfaguara”, que recoge la totalidad del libro, tal cual lo pensó, muy demoradamente, Herrera Luque y lo publicó pero siempre con la disposición, nos lo confesó más de una vez, de proseguir trabajando sobre este libro que ha convertido en el medio siglo que lleva circulando en una de las obras fundamentales para el estudio de Venezuela.

Siempre Polémico
Y, claro está, desde 1961, cuando imprimió Los viajeros de Indias hasta su deceso se convirtió Herrera Luque en un hombre polémico, la controversia lo acompañó toda su vida, fue el agua en la cual nadó, tanto a través de sus libros como su actuación pública, sobre todo en las veces que se topó con la corrupción, ya fuera la psiquiátrica o la diplomática, la cual denunció siempre sin siquiera detenerse a pensar si hacer aquello sería bueno para él o no y lo hizo así porque siempre, como lo dice en una de sus novelas(Los amos del valle. Barcelona: Pomaire, 1979,t.II,p.136), amó la verdad y contribuyó a su desarrollo pleno, quiso siempre seguir las huellas de todo aquello que entre los venezolanos es digno de elogio como condenar aquello que merece reprobación. Este último fue el signo de su vida, algo que puede inscribirse en el epitafio que se debe grabar sobre el mármol de su tumba. A ello habría que añadir además su clásica definición de la historia que dice uno de los personajes de Los amos del valle(t.I,p.425) con la cual cerraremos esta incursión herreriana. Y las disputas desde la impresión de Los viajeros de Indias lo acompañaron de por vida. Y él que fue siempre rebelde, siempre combativo, siempre aceptó como suyo ese camino vital.

Y el debate estuvo junto a él siempre: el día anterior a su muerte se publicó un artículo de Arturo Uslar Pietri(1906-2001) en el cual se pedía se escribiera un libro sobre José Tomás Boves(1782-1814). Aunque no cita a Herrera Luque debe tenerse en cuenta como una perspectiva ya que en él Uslar Pietri anota que “Ya es tiempo, a 177 años de su muerte, de rescatarlo [a Boves] de la diatriba combatiente y de tratar de restituirle su verdadero sitio en la historia del país”, que fue lo que Herrera Luque se propuso desde el ángulo de la ficción histórica. (Arturo Uslar Pietri: “La tumba de Boves”,El Nacional, Caracas: abril 14, 1991).

Más áspero e injusto fue el narrador Gabriel Jiménez Emán(1950) al anotar, a setenta y seis días de su muerte, “Herrera Luque pretende 'fabular' episodios de la historia venezolana con un lenguaje tan torpe y pobre, que no vacilamos en señalar la inexistencia del novelista Herrera Luque, aunque sí la de un psicólogo documentado que satisface al público grueso, ávido de encontrar visos patológicos en héroes y personajes. Sus sagas suelen estar complementadas por libros 'desmitificadores' como ese Bolívar de carne y hueso dibujado como poco menos que un eunuco físico e intelectual”(“El séquito de Cervantes”, en El Nacional, Caracas: febrero 26, 1991).

Estos dos ejemplos nos demuestran como la polémica, y por qué no la incompresión, de la comunidad intelectual, acompañó siempre a Herrera Luque. Mientras sus libros triunfaban, se reeditaban una y otra vez, sus lectores sentía que comprendían ese gran enigma que es Venezuela mirándose en el espejo del pasado venezolano tal y como lo pintaba Herrera Luque.

En cuanto a Boves, pese a lo que señaló el maestro impar ya Herrera Luque lo había hecho cumplidamente y la gente lo había recibido plenamente. Juicios favorables le sobraron. El fue uno de nuestros creadores contemporáneos sobre los cuales más comentarios se hizo: para elogiarlo o atacarlo, basta consultar su archivo, que tuvimos la suerte de organizar, para dar fe de ello. Y también grandes inteligencias venezolanas certificaron la significación de Boves, el Urogallo como lo hizo el gran pensador Augusto Mijares(1897-1979) o el humanista Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) quien consideraba que Boves, el Urogallo era el más completo libro sobre el Asturiano escrito por un venezolano. Pero para Pancho Herrera Luque, como siempre lo llamaron dentro de su familia y entre quienes fueron sus amigos, era imposible llegar a la hora decisiva y suprema, al de la muerte, sin litigios a su lado. La controversia era su aire.

Novelista Histórico
Herrera Luque escribió una serie de novelas en las cuales contó al pueblo venezolano su historia. Y este lo recibió así, tanto y tan bien que una tras otra, constantemente, sus ediciones se han agotado y han debido volver a imprimirse una y otra vez. En Herrera Luque no se cumplió aquello de que en Venezuela sólo se pueden imprimir mil ejemplares de cada obra y que en la siguiente edición, si las hay, los mismos lectores volverán a leerla.

Antecedentes de Herrera Luque
Herrera Luque historió a Venezuela, nos ofreció su visión de conjunto de nuestros aconteceres como lo hicieron Honorato de Balzac(1799-1850) en Francia con “La comedia humana” historia novelada del Segundo Imperio, de allí que por paralelismo se haya denominado “balzaciano” el ciclo de las “historias fabuladas” de Herrera Luque. Lo que hizo el gran escritor galo antes citado lo realizó con España Benito Pérez Galdós(1843-1920) con Los episodios nacionales(1898-1912) y con Venezuela, a partir de 1907, don Francisco Tosta García(1846-1921) de quien se han celebrado tanto sus Memorias de un vividor(Caracas: Ministerio de Educación,1946.222 p.) conocida también, en su edición príncipe, como Partidos en facha(Caracas: Tipografía La Semana,1913.307 p.). Los libros de Tosta García constituyen el verdadero antecedente de Herrera Luque, a principios del siglo XX, con sus Episodios venezolanos, los cuales tuvieron tan buena acogida en su tiempo como los de Herrera Luque desde 1972.

Antecedentes también de lo que comenzaría a hacer Herrera Luque cuando dio vida, según declaró, al novelista que siempre había presentido existía en él, son dos libros poco o mal leídos. Uno es Los Riberas(Madrid: Ediciones Independencia,1957.363 p.) de Mario Briceño Iragorry(1897-1958), el otro es La cola del huracán(Madrid: Coclusa,1968.641 p.) de Víctor Manuel Rivas(1909-1965). Que había un narrador dentro de él nos lo confesó en una carta(Ciudad de México: mayo 3,1976).

Su Ciclo Histórico
No sabemos si ha sido bien entendido por los lectores de su obra pero las novelas de Herrera Luque constituyen una historia de Venezuela, hecha dentro de las claves de la novela histórica, que él quiso llamar “historia fabulada”. Si se organizan sus obras novelescas de acuerdo a las etapas en las cuales ha sido dividida nuestra historia para su estudio se dará cuenta quien lo haga que para cada período histórico hay una o varias novelas suyas. A la conquista y colonia se refieren La luna de Fausto(Caracas: Pomaire,1983.323 p.) y Los amos del valle; a la Independencia Boves, el Urogallo, Manuel Piar, caudillo de dos colores(Caracas: Pomaire,1987.268 p.), Bolívar en vivo(Caracas: Grijalbo,1997.163) y El vuelo del alcatraz(Caracas: Pomaire,2001. 147 p.). A Bolívar en vivo lo hemos considerado nosotros más que una ficción una entrevista imaginaria; al siglo XIX se refieren En la casa del pez que escupe el agua(Caracas: Editorial Fuentes, 1975.472 p.) y Los cuatro reyes de la baraja(Caracas: Grijalbo,1991.261 p.). El siglo XX está, los años finales del gomecismo, En la casa del pez que escupe el agua y en el epilogo de la misma novela, muy significativo, están los años setenta del siglo XX. El ulterior desarrollo de nuestra democracia y su fin abrupto en el golpe de estado de 1992, en las elecciones de 1998 y en el chavismo a partir de 1999, está en su novelín 1998(Caracas: Grijalbo,1992.181 p.). Esta última ha sido considerada por Alexis Márquez Rodríguez más bien como un ejercicio de “política ficción” con lo cual, y no es poco, entronca así la de Herrera Luque dentro de la tradición de 1984(1948) de George Orwell(1903-1950). A quien sigue, en sus críticas a las sociedades autoritarias, caídas el 10 de Noviebre de 1989 con “El muro de Berlin”, el checo Milán Kundera(1929) en La insoportable levedad del ser(1985). Sobre el personaje central de la 1998 herreriana comprendemos hoy plenamente quien es realmente su protagonista y cómo se anticipó Herrera Luque en su percepción de los sucesos que se sucederían en el país en los años sucesivos. Esto lo hizo no por ser profeta, cosa que no fue, sino por su honda percepción de la sociedad venezolana. De hecho vaticinó que el personaje llegaría al poder en 1998 como realmente sucedió. Hoy conocemos muy bien quien es el verdadero Taten de esta ficción. Y no es el político tachirense familiarmente apodado así.

Que sin duda ser acercaba un gran pronunciamiento nacional contra la inmensa corrupción del sistema democrático, contra los partidos políticos dominantes que llevabaron nuestra democracia al degredo, quizá un golpe de Estado, lo presagio Herrera Luque en 1990 con la anticipación de dos años en una conversación con la periodista sureña Margarita Esquenazi, quien lo hizo conocer tras el pronunciamiento chavista(“Francisco Herrera Luque: A lo mejor alguien me escucha”, Diario de Caracas: abril 15,1992). Nosotros siempre hemos denominado a esa página “Vaticinio del 4 de febrero”.

Lo que Fue
Debemos señalar cual fue el perfil de Herrera Luque como historiador de la conducta humana, como estudioso del pasado y como creador de ficciones.

Para ello hay que tener en cuenta siempre que Herrera Luque fue un psiquiatra, en sus obras el médico que examina nunca deja de estar presente. Y fue a través de la psiquiatría que penetró en nuestra alma, en nuestras raíces y en nuestras escorias.

Fue honda, debemos decirlo, la formación que en España bebió Herrera Luque en sus estudios allá, guiado siempre por su maestro de la ciencia de la conducta Juan José López Ibor(1906-1991), prologuista más tarde de su libro Las personalidades psicopáticas(Barcelona: Editorial Científico Médica,1969. XV,111 p.), libro fundamental para la lectura de Herrera Luque y para la comprensión de su observación según la cual a todo lo largo de su escribir deseaba hacer ver “lo más nítidamente posible...la validez científica de los conceptos de personalidad psicopática que utilizamos”(Los viajeros de Indias, ed. 1970,p.XI). Simultánea con Las personalidades psicopáticas fue la publicación de La huella perenne(Caracas: Alfar, 1969. XVI,432 p. ), también a punto de volver a ser lanzada por “Alfaguara”, uno de sus grandes tratados de psiquiatría histórica, con el cual ganó el mayor premio científico que se otorgaba entonces nuestro país. La huella perenne, bautizada por un vasco amigo nuestro como “guía telefónica de locos”, siempre que se vuelve a editar inmediatamente se agota. La huella perenne, hay que decirlo, también llega tan hondo en el estudio clínico de España que durante la tiranía franquista la censura prohibió su circulación en la península.

La Obra Fundamental
Siempre que se lea Los viajeros de Indias sus lectores deben tener en cuenta varios asuntos cada vez que se asomen a las páginas de esta obra que Herrera Luque siempre consideró como la esencial de las suyas por estar contenida en ella la esencia de su pensamiento.

Fue en España, durante sus estudios de post grado en Madrid, donde redactó Herrera Luque, a partir de 1952 esta obra mayor. Su maestro López Ibor al leerlo y aprobar su manuscrito le dijo a su discípulo que cuando se publicará “te traerá más canas para tu cabeza”: fue profético. Así sucedió. Cambió de su vida. No fue el mismo desde que publicó Los viajeros de Indias, alteró rotundamente su vida como él mismo lo comprobó y como lo dijo a raíz de su muerte el historiador Tomás Polanco Alcántara(1927-2003) en el artículo necrológico que le dedicó(Venezuela y sus personajes. Caracas: Italgráfica,1997,p.493).

Y Herrera Luque, desde 1961, fecha de la edición príncipe para la cual reelaboró en muchos puntos el original leído por su profesor en los años cincuenta, no hizo otra cosa que defender los puntos de vista expresados en Los viajeros de Indias al cual consideró como la indagación en donde está la clave de todo su escribir y de todo su meditar sobre Venezuela. Y no sólo cuidó que se editara varias veces, incluso hizo un compendio para todo público, que tuvo dos ediciones(1977), para la cual escribió el significativo prólogo, que sólo está en esa edición, “Los Viajeros de Indias: el libro que hizo y deshizo a su autor”(Caracas: Monte Ávila Editores,1977,p.9-33). También las hipótesis sobre la sociedad venezolana expresadas por él en Los Viajeros de Indias pudieron también encontrarlas sus lectores, muchos situados más allá del mundo académico, en sus celebradas novelas.

Y fue con el bagaje hondo de la psiquiatría y con su profunda formación histórica que Herrera Luque examinó la historia de Venezuela, fue de hecho el primer psiquiatra en analizar nuestra peripecia con lo ojos, con la mirada, que le habían formado sus estudios psicopatológicos. Y por ello pudo ver, con esta formación, con esa sabia mirada tan suya que todo lo que veía lo registraba, con su preparación en genética, una ciencia apenas entrevista no sólo en Venezuela sino en varias partes del mundo cuando él la estudió y comenzó a hacer sus estudios en los años cincuenta. Tan importante fue ella en su desarrollo como investigador que se le consideró, por el padre y académico Basilio Tejedor, “un obseso de la herencia”. Y su mirada genética de los males de la sociedad venezolana, aquellos que hacen sufrir tanto a los venezolanos, los que fundamentan nuestra historia como aquella, lo dijo Herrera Luque, que no puede ser considerada sino como “la historia detenida”(La historia fabulada.Tercera serie. Barcelona: Pomaire,1983,p.194). De esa formación en historia y en genética surgieron las grandes conjeturas suyas expuestas en Los viajeros de Indias, de esa grave comprensión fue donde se fundamentaron las historias patológicas de las Familias Reales europeas que constituyeron el fundamento de La huella perenne en donde demostró como a diferencia de los casi quinientos años cuyas pisadas podían ser seguidas desde los conquistadores en Venezuela hasta el presente, la historia europea le permitía seguir las pistas enfermizas de mas de mil años de historia, de patografía y sucesión como escribió.

La Historia Detenida
Y hay un hecho más que añadir aquí: el libro de Herrera Luque que se tituló La historia detenida, en el cual estudiaba la proyección de los viajeros de Indias en nuestra vida contemporánea, el cual se debió publicar a poco, como el mismo lo dijo, de la edición de 1970 de Los viajeros de Indias, estaba ya listo en momento, algunos amigos cercanos como el poeta y crítico Juan Liscano(1915-2001) lo leyeron. Pero Herrera Luque destruyó sus originales en la gran crisis personal, en aquel inmenso desasosiego y dolor personal que vivió cuando fue expulsado de su cátedra de psiquiatría de la Universidad Central de Venezuela. De hecho hay varias citas a pasajes de La historia detenida en el prólogo que escribió Liscano para la edición de 1970 de Los viajeros de Indias, bello exordio que se ha mantenido cada vez que aparece la obra y ahora puede ser leído en la nueva edición de “Alfaguara”. Pero la idea de que los venezolanos vivimos una “historia detenida” aparece en diversos momentos de las novelas de Herrera Luque. Y está definida en uno de los programas de La historia fabulada. Allí expresó que esto era: ”Esa fijación injustificada a situaciones pretéritas es lo que en mi opinión hace sufrir tanto a Venezuela. Es lo que alguna vez llamé La historia detenida”(t.III,p.194), es decir la historia que no prosigue, que se vuelve anacrónica, que se llena de equívocos, de yerros, de desaciertos.

Otra Vez el Análisis Psiquiátrico
Y fue el análisis psiquiátrico de nuestro pasado lo que más se criticó a Herrera Luque y lo que más, para nuestra desgracia, se ha hecho vivo y firme a medida a han pasado los años desde que escribió la primera versión de Los viajeros de Indias siendo aun cursante de su postgrado en Madrid, aunque sus primeras interrogantes le surgieron cuando apenas tenía veinte y tres años, en 1950, y era sólo un estudiante de medicina en Caracas, atisbos que fue documentado a lo largo de muchos años. En un primer momento fue singular para él además de sus observaciones en los enfermos que debía atender como cursante de la carrera para ser galeno, el libro de Oswald Bumke: Nuevo tratado de enfermedades mentales.(Barcelona: Seix Barral, 1946. XLVI,850 p.), cuyo ejemplar aun se conserva en las estanterías de su biblioteca, allí pudimos consultarlo. Esta obra es fuente de Los viajeros de Indias, Las personalidades psicopáticas y La huella perenne.

A proseguir en lo que serían Los viajeros de Indias lo alentó en aquel tiempo en España don Mario Briceño Iragorry, uno de nuestros grandes historiadores, quien vivía en Madrid exilado de la dictadura de entonces, quien conoció las pesquisas del joven Herrera Luque.

Sabemos ahora que el único que llamó la atención sobre las situaciones psicopáticas gravísimas que suceden cada día en Venezuela, fue Herrera Luque. Hoy nos basta señalar una que nos abruma: fue él quien llamó la atención, antes que nadie, el primero, de la alta taza de homicidios que se cometían en Venezuela. Y esto lo hizo público en 1961. Ahora vivimos, cada semana, una verdadera masacre. Que somos “el país más homicida” lo certificó años después de plantearlo Herrera Luque la “Organización mundial de la salud”, noticia que recogió El Nacional en su momento en su primera página(Febrero 3,1974).

Una Acotación Más
Este estudio fue leído en un foro celebrado en la Universidad Metropolitana de Caracas(Abril 12,2008). Allí pronunció una exposición sobre Herrera Luque el profesor Carlos Sandoval(1964), un destacado docente e investigador de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Hay una observación suya, muy interesante, sobre Los viajeros de Indias y sobre lo psicopático que hay en los venezolanos que deseamos ahondar un poco más.

Dijo Sandoval que la evidencia y comprobación de lo psicopatológico que hay en los venezolanos era un asunto que había sido mencionado entre nosotros desde el siglo XIX. Eso es así. Citó el célebre estudio de don Lisandro Alvarado(1858-1929): “Neurosis de hombres célebres en Venezuela”(El Cojo ilustrado, Caracas: noviembre 1,1893) tan importante que lo reprodujo a poco el célebre maestro Cesare Lombroso(1835-1909), el divulgador de la tesis del “hombre delincuente”(1876), en Italia, traducido a la lengua de aquella nación, en su Archivo italiano de psiquiatría. El estudio de don Lisandro se puede leer hoy en sus Obras completas(2ª.ed.Caracas: La Casa de Bello, 1989,t.II,p.1189-1199).

A esto hay que añadir otra observación que hace el propio Herrera Luque en Los viajeros de Indias: que ya el doctor José Gil Fortoul(1861-1943), amigo y compañero de Alvarado, había deslizado en ciertos pasajes de su Historia constitucional de Venezuela(Berlín: Carl Heymann Editor, 1907-1909. 2 vols) sus advertencias sobre las patologías de los conquistadores(Los viajeros de Indias,ed.1970,p.68). Y las graves patologías de los viajeros entre nosotros ya habían sido observadas también por Rufino Blanco Fombona(1874-1944) en El conquistador español del siglo XVI(Madrid: Mundo Latino,¿1921?. X,294 p.), a quien también Herrera Luque cita.

Hay sin embargo otra referencia que añadir. Esta ha sido poco tomada en cuenta. Fue el propio Herrera Luque el que nos habló de ella en los largos coloquios sobre su escribir y meditar que sostuvimos con él desde 1972 hasta días antes de su desaparición física. Esto fue su lectura anotada del libro La psiquiatría en Venezuela.(Caracas:spi, 1942. 443, IX p.) del médico Ricardo Alvarez(1896-1956). Este además fue el primer libro de psiquiatría publicado en Venezuela. En él se traza todo el devenir de la ciencia de la conducta en Venezuela desde sus primeras manifestaciones en el mundo indígena, se estudian cada uno de los casos clásicos de demencia producidos a lo largo de nuestra historia, desde la colonia, cada una de los artículos y tesis sobre asuntos psiquiátricos escritos por venezolanos. Nos muestra como fue el 2 de julio de 1903 a través de un escrito del galeno Rafael Medina Jiménez que se planteó la necesidad de iniciar los estudios y la práctica de la psiquiatría en Venezuela(p.273-290). Este libro fue bien conocido por Herrera Luque quien nos insinuó leerlo en la Biblioteca Nacional. Tuvimos la suerte, al poco de tiempo, de podernos poner en un ejemplar de su única edición encontrado en una venta de libros de segunda mano. Y el doctor Álvarez fue bien conocido por Herrera Luque por ser compañero de su propio papá, el doctor Francisco Herrera Guerrero(1902-1950), también psiquiatra. Y tanto Álvarez, Guillermo Aranda como Herrera Guerrero, como nos lo recalcó Herrera Luque más de una vez, fueron los tres primeros psiquiatras propiamente tales que hubo en Venezuela. Los anteriores sólo habían sido “loqueros” según su propia observación dicha más de una vez en nuestros paliques.

Y además al leer a Los viajeros de Indias se debe tener también en cuenta que Herrera Luque creció escuchando en su casa por un lado al abuelo Andrés Herrera Vegas(1871-1948), médico también, contarle la historia de Venezuela, aquella que el nieto llamó “silenciada” y que nosotros bautizamos como “secreta”. Pero a la vez Herrera Luque vivió en su propio hogar la controversia política: los Herrera eran adversarios del dictador Juan Vicente Gómez(1857-1935) y los Luque destacados gomecistas, así la historia y la política de cada día estaban vivas en su casa y la estuvieron en su experiencia y en sus recuerdos. Mientras el abuelo le hablaba de historia y le apoyaba y la estimulaba en el desarrollo de su precoz inclinación para la investigación, la escritura y la literatura, de hecho fue su primer editor al publicarle, cuando tenía quince años, en 1942, su primer cuento en la revista de “La liga antituberculosa” que dirigía. Se titulaba “El carretón del diablo” que es el único escrito de Herrera Luque que no hemos podido encontrar en nuestras pesquisas para escribir su biografía porque la gaceta en donde se insertó ha desaparecido totalmente de nuestras bibliotecas médicas. Ni siquiera está en nuestra Biblioteca Nacional.

El segundo escrito de Herrera Luque fue su primera novela Las memorias de doña Eufrasia o la vida galante de una señora decente, escrita al parecer en 1945, la cual destruyó y quemó la mamá de uno de sus compañeros, la señora Espinoza, por considerarla una obra pornográfica. Pero el dato documental nos da la idea de la forma como la vocación literaria de Herrera Luque estaba implantada en él desde muy atrás. Fue primero inventor de ficciones que ensayista y tratadista de psiquiatría.

Pero mientras el abuelo le contaba la historia del país, y ponía en sus manos los libros necesarios para este aprendizaje, el padre le hablaba de psiquiatría. De hecho pareció estar claro siempre que el hijo sería médico como el abuelo y el padre. El bisnieto del viejo Herrera Vegas, Juan Manuel Herrera Teran(nieto de Herrera Guerrero e hijo de Herrera Luque) también estudiaría medicina en el futuro, así la cadena de los médicos Herrera se alargó por cuatro generaciones. En esto al parecer no hubo vacilación. Sólo que el hijo, Francisco Herrera Luque, escogió la rama médica más cercana a la literatura como lo es la psiquiatría.

Pero el doctor Herrera Guerrero hizo más por su hijo Francisco José: desde la adolescencia hacía que lo acompañara a las visitas médicas que hacía a sus pacientes enfermos mentales. El hijo estaba presente en la consulta, escuchaba los consejos que el médico daba a sus enfermos y también observaba las instrucciones que el galeno daba a las enfermeras. Y al regresar a casa escuchaba todas las observaciones clínicas que el padre le hacía sobre sus enfermos. Fue así formando el ojo clínico del hijo. Tanto que por ello no nos debe llamar la atención que siendo apenas un joven estudiante tuviera los primeros atisbos sobre la personalidad del venezolano que desarrollaría en Los viajeros de Indias y en sus otros libros e investigaciones, a partir de 1957 cuando publicó su primer estudio, un folleto, Las neurosis en los medios populares venezolanos(Caracas: Gráfica Castellana,1957.19 p.) al cual siguió a poco, ese mismo año, el opúsculo Aspectos psicológicos y psiquiátricos de la inmigración en Venezuela(Caracas: Gráfica Castellana,1957. Páginas sin numerar). Y a poco vinieron, en esos mismos meses, las primeras reseñas públicas en la prensa de lo dicho por el joven psiquiatra de treinta años. El primer artículo sobre su obra lo escribió la novelista Gloria Stolk(1912-1979).

Y que fuera un escritor de literatura el primero que comentara su obra como psiquiatra no dejó de ser singular. Eso mismo le había sucedido a Sigmud Freud(1856-1939) cuando publicó sus Estudios sobre la histeria(1895), su primer reseñista no fue ni un médico ni un psiquiatra sino un crítico literario vienés, Alfred von Berger, quien dijo que el doctor Freud practicaba en su libro la “cirugía del alma”(Marthe Robert: La revolución psicoanalítica. México: Fondo de Cultura Económica,1978,p.111-112). El paralelismo es grande y no es casual. Herrera Luque, al decir de su maestro López Ibor, lo que buscaba siempre al tratar un enfermo, y más tarde, añadimos nosotros, ahora a la vista del conjunto de su obra, al examinar el país llamado Venezuela y sus gentes, era encontrar siempre “el lenguaje de su vida...sentirse llamado a descifrar, a través de la patología, la clave o las claves de la personalidad”(Las personalidades psicopá ticas,ed.1973,p.IX). Estas referencias que hemos anotado ahora al corregir la versión final de nuestra intervención deben tenerse en cuenta para una más recta lectura de Los viajeros de Indias.

Siempre la Historia
Pero es importante al leer a Herrera Luque, además de sus bases científicas, muy pausadamente adquiridas, siempre pensadas y muy meditadas, observar que el otro fundamento, clave diríamos, de Herrera Luque fue el estudio de la historia el cual no suspendió hasta su expiración. Recordamos que cuando trabajaba en sus obras nos pidió muchas veces consultar en los fondos de la Biblioteca Nacional, donde trabajábamos, en búsqueda de datos que requería o de informaciones que deseaba verificar, rectificar o ratificar: cuando escribía sobre lo que fue después En la casa del pez que escupe el agua buscamos para él lo que se había escrito sobre Joaquín Crespo en el mismo tiempo en que este estaba en el poder; para La luna de Fausto, que aun no tenía nombre, fue bautizada así una noche de 1983, casa de Guillermo Morón, por el periodista José Pulido, cuando este nos pidió en aquella cena que le presentara a Herrera Luque a quien mucho admiraba. Para La luna de Fausto logramos encontrarle la traducción al castellano de la carta de Felipe Hutten(1511-1546) a su hermano en Alemania, misiva escrita en Venezuela, en donde le confirmaba las predicciones que le había hecho el estrellero Fausto, la carta certifica además que fue Fausto un personaje histórico, el mismo que convertido en leyenda inspiraría con el tiempo a Goethe(1749-1832) y Thomas Mann(1875-1955) en la escritura de obras esenciales. Existe una traducción de la epístola hecha por la doctora Federica de Ritter y esta correspondencia es básica en la anécdota de la novela, por ello la requería. No sabíamos en ese momento ni él ni yo que Hutten había escrito tal mensaje pero la investigación siempre nos conduce a lugares insospechados. Y cuando redactaba, en los meses finales de su vida, Los cuatro reyes de baraja, de hecho su tránsito final fue al día siguiente de haberla concluido(en el manuscrito está consignada, de su puño y letra, la fecha exacta y su firma autógrafa), verificamos en las fuentes ciertos datos que requería. En esa novela logró ofrecernos el mejor retrato psicológico de Antonio Guzmán Blanco(1829-1899) con el cual contamos.

La Historia Secreta
Pero antes, desde muy joven, estudió la historia y se le hicieron presentes sus observaciones sobre la patología del venezolano. Ese estudio de la historia fue complejo y variado: de Europa examinó la historia de las Casas Reales desde antes del año mil de nuestra era; en España analizó con pormenor la historia de ese país sobre todo en su relación con América Latina y como es lógico con Venezuela. Se dio cuenta entonces hasta que punto es veraz lo sostenido, décadas después, por el gran hispanista británico John Lynch(1927): ”España sin América es incompleta y América sin España es inimaginable”(Los Austrias. Barcelona: Editorial Crítica,2000,p.8).

Y exploró siempre, claro está, la historia de Venezuela, la cual fue el fundamento de sus novelas en las cuales lo que es histórico está consignado con toda precisión, sin cambiarlo ni mutarlo, escrito en relación con una concepción de la novela sobre el pasado que él mismo forjó, un poco separada para él, ya lo hemos apuntado, del sentido que tiene la novela histórica. A eso fue a lo que llamó “historia fabulada” no porque la falseara, cambiara o alterara sino porque ese fue su modo de ver los sucesos del pasado, de estar en contra de la historia oficial, de hurgar en viejos infolios para combatir todas las destrucciones de papeles, de folletos y de libros hechos a lo largo de nuestro devenir por aquellos que estaban en el poder o aquellos que siempre han tenido poder económico que les permite hacer lo que deseen. Entre los casos citados por Herrera Luque podemos contar dos muy significativos: el segundo tomo de la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela(Madrid: Imprenta de Gregorio Hermosilla,1723.380 p.) de don José de Oviedo y Baños(1671-1738) desaparecido, aunque don José dijo en las líneas finales del primer tomo que trabajaba en su redacción(Oviedo: Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992, p.327). El hecho es tan sustancial en Herrera Luque que la desaparición del libro de Oviedo es central en Los amos del valle, novela en la cual Herrera Luque quiso escribió la historia de Caracas en el siglo XVII que era la materia que debió consignar Oviedo en el volumen desaparecido, destruido o incenerado por los Mantuanos, de su Historia, cuyo primer tomo, el único que conocemos, no es sólo célebre en nuestra historiografía y de interés para nuestra historia literaria por las bellas gracias de su estilo. Es también obra principalísima para hacer aquel aprendizaje de ser venezolanos que nos inculcó el maestro Arturo Uslar Pietri, en 1948, en la página inicial de sus Letras y hombres de Venezuela(2ª.ed.aum.Caracas: Edime, 1958,p.7).

Otro ejemplo, con fuerte asidero en Herrera Luque, fue la total desaparición del folleto escrito por monseñor José Manuel Arroyo Niño(1814-1884) Orígenes y educación del general Manuel Carlos Piar, hecho sobre la base de lo que escribió en sus memorias el canónigo Remigio Pérez Hurtado(1764-1822) quien fue el sacerdote que confesó al general Manuel Carlos Piar(1774-1817) y luego lo acompañó hasta el suplicio. El librito del obispo guayanés Arroyo Niño fue impreso en el siglo XIX según testimonio del propio sobrino del prelado al historiador Bartolomé Tavera Acosta(1865-1931). Esta obra se eclipsó totalmente, tanto que ni siquiera logró encontrarla y registrarla nuestro máximo bibliógrafo Ángel Raul Villasana(1921-2004) en su pródiga obra(Ensayo de un repertorio bibliográfico venezolano 1808-1950. Caracas: Banco Central de Venezuela,1969-1979. 6 vols). Ni del folleto de monseñor Arroyo ni de las memorias de Pérez Hurtado hay traza alguna en las entradas correspondientes a cada uno en el Diccionario de historia de Venezuela.

Fue por lo apuntado que Herrera Luque quiso sacar a la luz lo que él denominó la “historia silenciada”, basta leer Los amos del valle y Manuel Piar, caudillo de dos colores para ingresar en el laberinto de la “historia secreta” que Herrera Luque recibió oralmente por el testimonio de sus mayores, en especial de su abuelo paterno el médico Andrés Herrera Vegas, a quien llamó “albacea de la historia silenciada”. Así lo dice en la dedicatoria de Los amos del valle(t.I,p.7).

Como lo Hizo
Lo que Herrera Luque narró, y esto hay que tenerlo en cuenta siempre que se examinen sus escritos, estaba fundamentado en tres pilares, que el registró en las primeras líneas de su novela inicial Boves, el Urogallo. Desde ese momento, días de 1972, lo que hizo estaba construido sobre estos tres cimientos: lo verídico, fabulado y verosímil. Verídico que respetara los fueros de la verdad histórica. Fabulado en el sentido que sin desvirtuar lo sucedido debió crear diversos personajes para poder narrar todo el conjunto de lo acaecido en diversas parcelas de nuestra historia con seres que son verídicos, de hecho en sus novelas con notas a pie de página él señala cuáles son reales y cuales imaginarios. Inventados en el sentido que fueron creados por él pero para poder contar el conjunto de nuestra historia, necesarios para no omitir pasajes y llegar a precisiones, un caso más que singular es el general Corrales En la casa del pez que escupe el agua, él mismo indica que es un personaje de ficción, tan bien fabulado está que es imposible que el lector no lo sienta que con un ser real de su época, fines del siglo XIX.

Esto es tan importante que fue ello lo que le llevó, porque le decían públicamente que inventaba sucesos, hechos y personajes, recibió tantas críticas sobre Boves, el Urogallo que cuando se hizo su versión televisiva, escrita por José Ignacio Cabrujas(1937-1995), debió declarar públicamente que su Boves no se separaba en absoluto del Boves de la historia(El Nacional: diciembre 24,1974). Y por ello cuando hizo la edición de 1980 le añadió notas explicativas. Y lo siguió haciendo con sus novelas siguientes, siendo así el raro caso de un novelista que escribía sus obras con notas críticas, tal era su veneración por personajes y hechos y sus condenas a todos aquellos que lo merecían. Desde 1978, cuando se imprimió en España En la casa del pez que escupe el agua y de allí en adelante, añadió sus anotaciones que a veces convirtieron sus novelas casi en ediciones críticas. Y en la única de sus novelas que estas anotaciones no aparecen es en Los cuatro reyes de la baraja, precisamente por haberse precipitado su fallecimiento. Sin embargo, entre sus papeles pudimos leer, en forma manuscrita, la hoja en la cual comenzó a organizar la serie de observaciones documentales que iban a acompañar esa novela.

Y hay que añadir además que buena parte de la historia universal, más allá de Herrera Luque, no podría comprenderse sólo con los estudios de los historiadores, por más precisos y documentados que estos sean. Hay muchos pasajes de la historia mundial en los cuales podemos penetrar gracias a la novela histórica, gracias a la imaginación de numerosos hombres y mujeres que escriben las historias noveladas. La novela histórica también puede ser, y de hecho es muchas veces, una forma complementaria de entrar en el pasado para mirar hechos, sobre todo los de naturaleza psicológica, que pueden escapar a los historiadores los cuales no pueden ir más allá de lo que encuentran en la documentación, amarrando siempre su imaginación para que no actué como lo que es “la loca de la casa”, como decía Santa Teresa de Ávila(1515-1582). Pero los novelistas históricos en cambio pueden fabular, preguntarse hechos más allá de los papeles, sugerir, condenar, acotar, dejarse impresionar. Hay numerosas obras, muchísimas novelas históricas de diversos países que avalan nuestras últimas observaciones.

Y ello también puede ser bien aplicado a Herrera Luque y a otros narradores de nuestro país que parten en rememoraciones memoriosas del pasado venezolano, de lo sucedido y a partir de allí, libremente, entran en el laberinto, complejo y difícil de entender, de la memoria venezolana, en aquello que hicieron o dejaron de hacer los venezolanos de carne y hueso, muchos de los cuales hay que desacralizar, bajar de la estatua a punta de piqueta, ponerlos en el piso, en la calle, en las plazas, de frente a la gente, a su gente, e interrogarlos.

El mirar el pasado para entender el presente y planear el porvenir es tan decisivo que cerramos esta intervención copiando la esencia de lo que ella fue para Herrera Luque. Está en un pasaje en Los amos del valle en donde se lee:“La historia es para un pueblo lo que la memoria para un hombre: fuente de experiencia, fundamento de legislar, comprensión del presente, atalaya del futuro. Por ello ha de ser veraz y valiente quien la escriba”(t.I,p.425). Así es, así será.

Abril 4, 2011