Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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‘En Rojo’, Cincuenta y un Cuentos de Gisela Kozak

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Al reunirnos en esta tertulia para dialogar con Gisela Kozak(1963) sobre su nuevo libro, los cuentos que forman su obra En rojo, narración coral(Caracas: Alfa, 2011.174 p.), su tercera obra de ficción, creemos que debemos comenzar por señalar que en forma rotunda debemos observar al abrirlo la forma como ha crecido esta escritora en el uso de sus dones imaginativos, como ha madurado el desarrollo de la vocación creadora. Y eso que en el sendero cronológico de su escribir todavía nos falta un eslabón, su novela, aun por publicarse, Todas las lunas, que es la que permitiría explicarnos mejor los logros que En rojo encontramos. Todas las lunas es la novela que siguió a sus Latidos de Caracas(Caracas: Alfaguara,2007. 115 p.) y es, sin duda, lo que explica el proceso de maduración tan esplendoroso que hallamos en En rojo. Todas las lunas está por publicarse en la editorial Equinoccio, por los lectores de sus originales sabemos la sazón literaria que encontraremos en ella.

En rojo vuelve a hacer verdad que el cuento es el principal género de la narrativa venezolana, por ello no nos deben sorprender que sea constante para nuestros lectores el encuentro con maduros libros destacables de narraciones cortas como es el caso de En rojo.

Un Manojo de Ficciones
En rojo ha sido denominado por Gisela Kozak “Narración coral”, de hecho es un coro de voces desesperadas surgidas de esta Caracas en la que vivimos. Cincuenta y un breves, o brevísimas, ficciones lo forman, alguna como “Amor constante más allá de la muerte” podría considerarse un poema en prosa. En ese mosaico no solo están todas las situaciones sino todas las vivencias, desde el mal vivir que ha dado a nuestra gente, las muertes sin sentido mil veces infringidas, las crisis de la parejas hasta incluso las vivencias de la diversidad sexual, de hecho “La pasión” es el mejor cuento lésbico de nuestras letras.

En el cultivo de la brevedad, cosa nada fácil, mas bien ardua, la autora de En rojo brilla por su especial certeza al alumbrarlos. Contiene este libro un manojo narraciones ásperas(p.70), durísimas(p.121), como ahora veremos, ello no podría sino ser así dado lo que sucede en esta urbe nuestra.

Entre los cuentos que forman En rojo destacamos “Zanahoria rayada”, “Piedra de sol”, “Yo”, “Ya que para despedirme”, “La pasión”, “¿Qué se ama cuando se ama?”, “La realidad y el deseo”, “Dientes de flores, cofia de rocío”, “Mujeres” y ”El único esplendor”. Pero en general todos no solo son certeros sino precisos, exactos, como lo exige el modo en el cual están vaciados estas dolorosas recreaciones de nuestro contorno citadino, en cuyas siete partes encontramos registros del conjunto de los que vemos, de los vivimos, de lo que sufrimos en nuestra ciudad.

Cada cuento está precedido de un epígrafe, casi siempre tomado de un poema, líneas que son como un Cuaderno de Bitácora para seguir las narraciones, pero a la vez para navegar en esta ciudad nuestra. Son a la vez de guía una bella antología de hermosas líneas de grandes poemas de nuestra lengua, son todos ellos cicerone, más bien lazarillo para ser más literarios, en el laberinto del libro, volumen que es a la vez otra ciudad, una metrópolis imaginaria.

La ciudad de En rojo es Caracas. Y dado el estado en que está, una ciudad que hoy en día no tiene autoridad que la quiera bien, En rojo nos ofrece un mosaico del registro del suceder del lugar. Resulta por ello un libro desgarrado en donde lo feo, el deterioro, el horror, la visión aterradora vividas por las gentes aparece. Y eso tanto en sus aspectos sociales como en los personales y desde luego también en los íntimos.

Lo grotesco aparece a cada paso, el deterioro, que es la vez una variable obligatoria para entender la sociedad venezolana de estos tiempos no solo está presente sino que está vivo, lo hallamos a cada paso. Por ello nos topamos con las ”existencias tocadas por el caos”(p.64), los descreídos de todo se hacen presentes, como el que aparece en el último párrafo(p.43) de “Zanahoria rayada”; el pánico permanente, con una peculiaridad muy de hoy, tal cuando leemos ”no sabe que morirá en manos de un dogmático cualquiera que le susurrará no puedes matarte tu porque tu vida no te pertenece, lo haremos por ti porque el suicidio es un delito y en este país está prohibido”(p.38). Y ello dado que el ámbito en el que viven los personajes de En rojo es el propio de la ciudad de la gente dividida, mandan ahora lo intolerantes, los que conspiran contra lo que ha sido nuestro permanente sistema de vida, en donde todos pensamos que siempre tendríamos cabida.

La Entraña
Si quisiéramos entrar en la cáscara, en el corazón, en la entraña, de todo lo agónico que a través de estos veraces cuentos Gisela Kozak nos cuenta, debemos detenernos en algunos de sus pasajes.

Con este libro en manos estamos en Caracas, buscamos en ella como “pasar la pesadez de una tarde de agosto sin emociones ni ruido”(p.31), “mientras que los demás sufren de una imperdonable doblez y una cómoda actitud de aceptación ante el deterioro de las instituciones tanto en el ámbito público con en privado”(p.40).

Estos relatos tiene también mucho de mujeriles, una sensibilidad femenina plena es la que registra el acontecer, se pone ante la urbe, en ellos “piensa una mujer callada y común que lo ama en secreto y oye los latidos de su alma arañada por el infortunio”(p.51), lo hace desde “la punzada cruel de la soledad, la sensación siempre repetida de que su vida no es su vida porque no se parece a la de casi nadie”(p.55), esa mujer “se cuece en el calor del mediodía caraqueño y en la propia salsa de sus años y recuerdos”(p.57), siente que vive “en una ciudad arruinada”(p.68), se pregunta “¿Por qué tanto gusto por la derrota?”(p.68), “Tiene una personalidad fuerte y un orgullo de hierro, la mejor manera de vivir en medio de un mundo que apenas sabe que existe”(p.69). Es aquella, duele consignarlo pero esa así, una “ciudad sucia, peligrosa y sin alma”(p.75), una urbe “vencida”(p.89), donde el día del máximo horror está presente cada día, “Tu y yo no olvidaremos este once de abril de 2002”(p.107). Sabe esa mujer y su interlocutora(que puede ser perfectamente también un interlocutor): “Chica, pero qué mundo el que nos ha tocado vivir, un mundo en el que apenas cabemos gente como tu y como yo”(p.143). Y lo dice porque sabe que como todo escritor debe decir la verdad, ella lo expresa, por lo que está consciente “los que decimos nuestra verdad nunca somos gobierno”(p.60), porque todo escritor siempre está íngrimo, diciendo sus palabras, que es lo único que posee todo creador.

Tal el país en que vivimos hoy, el que se revela en En rojo observando a Caracas, universo lleno de paradojas. Pero ¿qué debemos hacer?, ¿cómo debemos actuar? siente la narradora, que a la vez una y muchas, uno y muchos, algo hay que hacer “para evitar que el caos siga”(p.106). Para que al país, y sobre todo a la ciudad retorne “su gracia”(p.97), no todo sea “dura la vida, duro …trabajo”(p.97). “Grita para evitar que el caos siga”(p.106).

El Ámbito
El ámbito de los tensos relatos de En rojo, ya lo hemos indicado, es esta Caracas de hoy, la autora entra en ella para “entrever, intuir, saborear y oler”(p.138), “el calor de Caracas late en sus huesos”(p.172). Pero es que la ciudad de hoy es “idéntica a mi, dividida, extraña, destruida y reconstruida”(p.173), “ciudad color miseria que no permite que la olvidemos ni por un segundo”(p.154), en ella “observa miradas furiosas, displicentes, asustadas, indiferentes, despectivas, sarcásticas, cálidas, admirativas”(p.171), todo en ella está dañado, todo está saturado de violencia. En medio de ella vive gente taciturna, deprimida, “los tristes” se les llama en algún momento. Son todos perdedores(p.43), y el paisaje nos muestra a un “interlocutor fantasma por la compasión frente a la crueldad de los derrotados”(p.142). Una urbe, como en las mil de nuestro tiempo, vivimos en medio de “la paz y la seguridad imposibles en el siglo XXI”(p.130).

En este libro, bello por lo bien trazado, doloroso por el suceder que se encuentra dentro de sus tapas, que es el nuestro, vemos el registro de todos los modos de vivir que observamos a diario.

Pero como es lógico en medio del horror se añoran otros días, como se sugiere en la línea con la que se cierra el libro, “La felicidad es una resplandeciente espada del tiempo”(p.174). Y ello porque los caraqueños vivimos cada día en tres Caracas: la actual que no nos gusta es la primera; la que añoramos nazca es la segunda y la eterna, la que han cantando los poetas, la que en este libro hallamos en un verso de Rafael Arraiz Lucca(1959), en cuya poesía el sentido de lo caraqueño y la luz de Caracas siempre está presente. Este poeta dice: “Al fin termino por entender que yo amo a esta ciudad hasta la rabia”(p.147). Allí está el curso de la Caracas perenne, la de la eterna primavera que dijo don José de Oviedo y Baños(1671-1838) en 1723, y recalcaron Arturo Uslar Pietri(1906-2001) y Guillermo Meneses(1911-1978) tres siglos más tarde; en la que vivió “la época más feliz de la vida” nuestro Andrés Bello(1781-1865), aquella de la que dijo el primer caraqueño, Simón Bolívar(1783-1830), que si el país era el ídolo de su corazón, Caracas era su patria. Es por ello que sabemos que en medio del caos, de la anarquía actual, del desorden de estos días, hay esperanza, debe retornar el amor: “Quiero ser cobija para tocar toda tu piel en una sola caricia”(p.89).

El Deterioro como Constante
Creemos que para cerrar En rojo son obligantes unas reflexiones sobre el deterioro, ya que eso es lo que palpamos cada día. Y ello porque, como ya lo hemos advertido, cuando se analiza la Caracas como la Venezuela actual y sus problemas surge siempre para el estudioso, o para el lector de libros sobre nuestro presente, la palabra deterioro como una de las constantes que hay que examinar cuando se trata de comprender al país que comenzó a tocar sus horizontes en 1977, el primer año sin superavit fiscal desde 1935. Deterioro que se va hacer presente poco a poco, según trascurran los años que nos separan de aquella fecha, en todos los órdenes de nuestro vivir: en el orden económico tras la caída del bolívar, las constantes devaluaciones, la inflación; en el orden social en el abandono en que ha llegado nuestra población y en el altísimo número de homicidios; en el orden educativo porque si es verdad que ahora va mas gente a la escuela también es un hecho que cada día la gente sabe menos, conoce menos, desea menos cultivar el saber, sabe en la universidad lo que los niños de los años cincuenta sabíamos en la escuela primaria. Está por lo tanto nuestra gente joven, que es la mayoría del país, impreparada para el desempeño laboral más mínimo; deterioro evidente en la salud; deterioro evidente en la vida democrática porque si bien la tenemos ella ya no funciona porque sus poderes independientes ya no lo son y sólo obedecen al ejecutivo. Esto es tan grave que si bien existimos dentro de una democracia, en verdad no es una verdadera democracia si no hay respeto por la opinión disidente y si no hay tolerancia para con los discrepantes. Y si no hay respeto a las leyes y si estas no se aplican con imparcialidad.

Así vemos como cada vez que pensamos sobre nuestra realidad aparece el “deterioro” como explicación a aquello que nos sucede.

Si bien seguimos siendo en parte las coordenadas trazadas por Manuel Caballero(1931-2010) hace cinco lustros(“El siglo XX Venezolano” en La pasión de comprender. Caracas: Ariel,1983,p.11-20) también varias de ellas no nos han servido hasta ahora, especialmente desde 1999 y sobre todo desde el 2001 para llevar adelante a un país más democrático, verdaderamente democrático. Si bien en verdad, seguimos aquí a Caballero, seguimos siendo un país pacífico, civilizado, democrático, venezolano, culto, sano. No todo esto se nota y no somos desde tiempo atrás un país sano, con salud. El deterioro ha invadido por dentro nuestras características más plausibles. Y se han instalado otras mucho más graves las cuales nos llevan al deterioro: educación en el suelo, pocos lectores, sanidad pública en mal estado, en pésimo estado, población desasistida y olvidada pese a lo que dice la propaganda pública, economía que no favorece a las grandes mayorías. ¿Cómo se explica, sin tener en cuenta el deterioro, que a una época de altos precios petroleros, sostenidos a través de la única política que tiene el gobierno, corresponda una aguda crisis económica para la población? ¿O es que sólo somos el “suelo rico y la gente pobre” que recalcó el maestro Arturo Uslar Pietri(19062001) en una página de Las nubes(Caracas: Ministerio de Educación, 1951, p.220). ¿En qué se gastan los ingentes recursos que el oro negro nos da cada día?. No es posible que en Venezuela no exista hoy ni un economista que de buenos consejos a los que mandan, gobernar es otra cosa, es la ciencia de prever para proveer, para que sus políticas económicas sirvan a la mayoría. Allí se ha instalado también el deterioro. Algún día habrá que escribir un libro que nos permita mirar el deterioro en todas las áreas del vivir venezolano en estos años de tantas dificultades, pobreza, carencias e incertidumbres pero de altos precios petroleros. Todo esto es lo que nos permite comprender esta tarde como la literatura recrea la vida, es el espejo de la sociedad, del hombre y de la mujer. porque, por ejemplo, Alberto Barrera Tyszka ha englobado sucesos de nuestra cotidianidad bajo el nombre de Crímenes(Barcelona: Anagrama,2009. 161 p.) y no porque su libro sea una colección de ficciones criminalísticas sino una manera de ver lo que sucede a nuestro lado o como, con maestría, lo subrayamos, nos lo ha mostrado Gisela Kozak en las páginas dolorosísimas pero veraces de En rojo.

Nuestros Universos Lésbicos
Tocamos más arriba el punto de la diversidad sexual, que no puede dejarse de señalar en una reseña sobre En rojo, valga señalar que si “La pasión”, el relato de este libro al cual nos referimos, es el mejor cuento lésbico de nuestras letras consideramos que hace familia con otros textos de esa misma ascendencia.

Tal el poema “VII” de La pasión errante(1986), poemario ahora inserto en sus Daños espirituales(Caracas: Bid & Co. Editor,2006,p.115) de Cecilia Ortiz(1951); con uno de Carmen Isabel Maracara(1965), el “XVII” de la sección “Vuelta” de su Ser de viento(Caracas: Fundarte,1991,p.25), ella es también la autora de uno de los más bellos poemarios de iniciación lésbica que hallamos leído en nuestras letras, aún inédito; igual nombraríamos varios poemas de Verónica Jaffé(1957), tal El arte de la perdida(Caracas: Angria,1991) como en El largo viaje a casa(Caracas: Fundarte,1994); todo el poemario Olympia(Caracas: Monte Ávila Editores,1992), único sin duda, de Manon Kluber(1961) o la “Sextina lésbica” de Ana Nuño(1957) en su Sextinario(Caracas: Esta Tierra de Gracia,1999). O en la narrativa los relatos de Noche con nieve y amantes(Caracas: Fundarte,1991) de Dina Piera di Danato(1959), que tuvimos el privilegio de ser su editor. Su autora lo consideró entonces más que lésbico un conjunto de historias de mujeres, como nos lo confió entonces; toda la novela de Ana Teresa Torres(1945) La favorita del señor(Caracas: Editorial Blanca Pantin /La nave va,2001), que sentimos es un libro de educación erótica en la tradición del medieval El collar de la Paloma(1022, Madrid: Alianza Editorial,1972.338 p.) de Ibn Hazm de Córdova(994-1063), del siglo X de nuestra era, en la España islámica. Decimos amor no solo lesbianismo al referirnos a El collar de la paloma, de hecho lo consideramos junto con Del amor(1822, Madrid: Alianza Editorial,1968.431 p.) del inmenso Sthedhal(1783-1842) y La llama doble(Bogotá: Seix Barral,1994.223 p.), de Octavio Paz(1914-1998) tres de los grandes libros universales dedicados al amor. A los nombrados en nuestras letras hay que sumar al menos dos cuentos de Pecados de la capital(Caracas: Monte Ávila Editores, 2005) de Gisela Kozak. En verdad tiene razón la propia Gisela Kozak cuando advierte que “el lesbianismo venezolano es asunto de pocas páginas[propio] de una sociedad conservadora atravesada por el fantasma y la realidad de la violencia, por la hipocresía y el silencio”(p.131). Una sociedad, añadimos, en la cual lo mas vivo, lo que rodea a la practica de la sexualidad y del erotismo, es el miedo, incluso en estos tiempos del siglo XXI, a cuatro décadas de la gran revolución sexual de los sesenta del siglo pasado. Y por ello quizá verdad que no deje de llamar la atención al estudioso de nuestras letras el poco cultivo explícito del amor entre mujeres en nuestra literatura. Sus textos son escasos, toda queda en lo implícito, en lo cubierto con suaves velos. Incluso dentro de la homosexualidad masculina. Fue lo que el crítico Néstor Leal(1936) en su deliciosa antología de nuestra poesía erótica, libro completísimo, único aun hoy, Cuerpos desnudos, lechos ardientes(Caracas: Grijalbo,1996. LVII,262 p.) criticó(p.XLII) al poeta Ramón Sosa Montes de Oca(1914-1986), grande y admirado amigo nuestro, quien si bien dejó de escribir nos deleitó, junto a nuestras amigas y amigos, con sus pláticas sobre sus inmensas lecturas, con su honda sensibilidad para percibir el misterio literario.

Nuestro lesbianismo literario ha sido hondamente explorado por la misma Gisela Kozak en su ensayo “Literatura venezolana y representación de la mujer lesbiana”(en Varios Autores: Sabanagay. Caracas: Alfa,2009,p.112-134), el título del volumen se refiere a nuestra Sábana Grande como patria de la diversidad sexual caraqueña, hecho no registrado hasta la aparición del volumen organizado por la mirada acuciosa del sociólogo Carlos Colina. En este hondo análisis encontramos que es la primera vez que se hace una referencia a “Nuestra gran escritora lesbiana Teresa de la Parra”(p.123). Y era necesario registrarlo. El safismo de nuestra gran Teresa, si se la sabe leer con ojos contemporáneos, post freudianos sin duda, aparecía suavemente en sus dos inolvidables novelas e incluso se colaba, era imposible que no lo fuera, en su rotundo relato, de de los años veinte, La mama X(Caracas: Tipografía Moderna,1923. III,59 p.), hermosísimo texto que estuvo pensado como pasaje de su Ifigenia, más tarde eliminado de ella para que la novela no perdiera su unidad. Eso mismo hizo Gabriel García Márquez con su memorable “Monologo de Isabel viendo llover en Macondo” al sacarlo de La hojarasca(Bogotá: Sipa,1955.137 p.), este texto es sin duda su mejor cuento(verlo en sus Cuentos,1947-1992. Bogotá: Norma, 1996,p.107-115). Se dice también que “Un regalo para Julia” de Francisco Massiani(1944), su mejor cuento, tuvo el mismo origen, formó originalmente parte de la escritura de su Piedra de mar(Caracas: Monte Ávila Editores,1968.129 p.). Está en el volumen Las primeras hojas de la noche(Caracas: Monte Ávila Editores, 1970,p.31-51)

Y ya que nos referimos a nuestra gran Teresa debemos subrayar, dado el tema que tocamos que nuestra novelista y pensadora Ana Teresa Torres por su parte exploró los universos íntimos, tanto tiempos soslayados, pese a sus testimonios claros, de nuestra primera creadora en su luminosa exploración: “La mutilación de memoria: los papeles privados de Teresa de la Parra”(en Margara Russotto(1946): La ansiedad autorial. Caracas: Equinoccio,2006,p.253-273). Allí hizo “una revisión desacralizada, [para]restaurarla como una mujer que insurgió en la escena venezolana con la pretensión de ser independiente de su clase, libre del patriarcado, y de oficio, escritora”(p.273).

(Leído en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque en su sesión del martes 2 de Agosto de 2011).