Miércoles, 23 de Agosto de 2017

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En los Noventa Años de Gustavo Díaz Solís

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Por: R.J.Lovera De-Sola

Ha llegado a las nueve décadas vitales Gustavo Díaz Solis (Guiria, estado Sucre,Febrero 2,1920) el mayor de los narradores venezolanos del presente, un maestro del cuento. Le rendimos honor como solo se puede hacer con los escritores: volviendo a leer, con sentido crítico para así encontrar su contribución a nuestra literatura contemporánea.

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Antes de penetrar en los universos narrativos de Gustavo Díaz Solisse hacen necesarias unas observaciones previas sobre el cuento venezolano.

El cuento es uno de los géneros a través del cual la literatura venezolana exhibe un conjunto de sólidas obras que se encuentran entre las mejores de nuestra prosa narrativa. De allí que sea uno de los modos de expresión peculiar de nuestras letras, en el cual han dejado su huella definitiva varios de nuestros mas rigurosos creadores. Pocos son también los países que pueden exhibir dentro del conjunto de su literatura un grupo de verdaderos maestros del género como José Rafael Pocaterra(1889-1955), Julio Garmendia(1898-1977), Arturo Uslar Pietri(1906-2001), Guillermo Meneses(1911-1978), Gustavo Díaz Solis, Antonio Marquez Salas(1919-2002), Alfredo Armas Alfonzo(1921-1990) sin cuya obra es imposible entender el proceso de nuestra palabra escrita.

Y el hecho de poseer la literatura venezolana tan buenos cuentos, y tan escasas novelas de significación, debe llamar a la reflexión no sólo a los estudiosos de la misma sino también a los propios creadores, quienes deben interrogarse sobre los por qués de este hecho: deben tratar de explicar porque siempre a través de piezas breves, que se escriben con mucha mayor rapidez que la novela, la cual exige un lento, sostenido y laborioso trabajo de invención, es como nuestros creadores han consignado sus palabras mas certeras. Es posible, como lo sostiene Uslar Pietri(Letras y hombres de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores, 1995, p.250), que esto estribe en la atormentada vida que ha llevado el país, en el cual ha sido muy poco el sosiego que nuestros escritores han tenido para la faena literaria. De allí que haya sido a través de cuerpos breves como nos han ofrecido lo mas hondo de su imaginar. Estas son conjeturas que deben ser respondidas. Y son estos los enigmas que subyacen siempre que nos enfrentamos a cualquier sólido conjunto de narraciones cortas como puede ser el caso de las de Díaz Solis, uno de los maestros del cuento venezolano.

Es por esto mismo que hemos expresado que Mariano Picón Salas(1901-1965) escribió: ”Si hay algún género en nuestra historia literaria que habría menester detenido examen, es el cuento, desde su brillante iniciación modernista en 1895, siguiendo con los grandes nombres de la generación de 1910, como Gallegos y Pocaterra, deteniéndose en el nuevo aporte temático y estilístico que hace un Arturo Uslar Pietri...Antonio Arraíz...Ramón Díaz Sanchez...Guillermo Meneses...Después de 1940, con influencias cosmopolitas, el cuento venezolano parece haberse hecho más crítico, mas ansioso de sorpresas y enigmas, y tanto Díaz Solis como Márquez Salas, Armas Alfonzo y Gonzalez León trabajan sus relatos con sumo rigor estilístico”(Estudios de literatura venezolana. Caracas: Edime, 1961, p.195).

Y una observación que hay que hacer hoy sobre el cuento venezolano que es toda una revelación: sabemos ahora, gracias a las investigaciones del joven profesor Carlos Sandoval(1964), en su libro El cuento fantástico venezolano en el siglo XIX(Caracas: Universidad Central de Venezuela,2000. 149 p.), que si bien el cuento apareció en nuestras letras el 25 de julio 1837 cuando don Fermín Toro(1806-1865) publicó el primero de ellos, “La viuda de Corinto”, en las páginas de El Liberal caraqueño, el cuento no se inició en nuestra literatura con los grandes relatistas del modernismo y criollismo como siempre se había sostenido sino mucho antes, al menos dos décadas antes, desde que el 9 de abril de 1875. Hasta ahora siempre se había sostenido que el cuento apareció en nuestra literatura con el cuento modernista por lo siempre se había fijado el año 1895 por encontrarse los textos originalmente en las columnas de la revista Cosmópolis, fundada precisamente el año anterior, o sea espigaba desde el año siguiente, 1896, con la aparición del primer libro de cuentos de Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927) Confidencias de psiquis(Caracas: Tipografía El Cojo, 1896. XXII, 133 p.) en donde estaban las primeras narraciones que consideraron los historiadores de nuestra literatura y en los relatos que aparecen en el volumen Palabras.(Caracas: Imprenta Bolívar, 1896. 155 p.) de Pedro Emilio Coll(1872-1947) publicado también el mismo año, ya que los de Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl(1873-1937) el otro autor que se señala, padre del cuento criollista, si bien publicó los primeros suyos en Cosmópolis, no llegó a imprimir su primer libro sino catorce años más tarde cuando imprimió Los abuelos.(Caracas: Imprenta El Cojo, 1909. 64 p.) y cuyo cuento mayor, que marcó la plenitud del criollismo, “¡Ovejón!” no se editó hasta 1922(Momento homo.¡Ovejón!. (Caracas: La Lectura Semanal, 1922. 24 p.). Así la primacía es la Benito Esteller, un escritor de quien apenas si conocemos algunos datos biográficos, quien al publicar, en la revista La tertulia de Caracas, su cuento “Después de muerto” con el seudónimo de Hixen, nos ofreció el primero de la gran floración de las breves historias fantásticas, de clara estirpe romántica, publicadas a partir de la fecha señalada. Desde allí se espiga el cuento venezolano con plenitud artística. La exploración de Carlos Sandoval nos ha permitido hacer ahora toda una mirada a los autores por el rescatados y examinados por él, o leer a otros conocidos desde el ángulo por él sugerido y comprender otra vez la singularidad del cuento venezolano que de nuevo el estudio de Sandoval vuelve a revelar. Los cuentos fantásticos descubiertos por Sandoval, muchos en las páginas de revistas y periódicos del siglo XIX que nadie había visto con la mirada comprensiva y escrutadora suya, le dieron materia para la compilación de una antología, que es paralela a su libro, Días de espantos.(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 2000. 300 p.).

Es por la razón aludida que Uslar Pietri ha anotado: ”La rica y caracterizada tradición del género se afirma cada vez más como una de las manifestaciones más impresionantes de la existencia de una literatura venezolana, que ya se parece mas a la vida y espíritu de la nación que a ninguna otra cosa...Acaso sean los cuentistas venezolanos los que mejor pueden reflejar, en su obra breve e intuitiva, esa realidad fluida, atormentada y contradictoria...Sin ellos el rostro de Venezuela estaría incompleto y mucho de su misterio no habría empezado a expresarse...No tiene manifestación más alta la literatura venezolana, ni en ninguna otra forma se ha revelado con mas poderosa y variada espontaneidad su genio propio”(Letras y hombres de Venezuela,p.255).

Tal la alta significación del cuento venezolano, ya sabemos que no es el año de 1895, como dice Picón Salas, o en 1896, como señala Uslar Pietri, cuando Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl(1873-1937), sin duda el primer gran autor del criollismo, inició la publicación de sus cuentos en las columnas de El cojo ilustrado(1892-1915). De tal manera sino nosotros antes de la aparición el estudio de Carlos Sandoval nos habíamos inclinado por elegir no 1895 sino mas bien el 1894, fecha de la publicación de la revista Cosmopolis, en donde Urbaneja publicó sus primeros bocetos narrativos, lo mismo que Pedro Emilio Coll, ya que la trayectoria del cuento venezolano, tanto el artístico, que llevaría a su plenitud Manuel Díaz Rodríguez, como el criollo, y mas tarde el realista, será la obra de Urbaneja. Y todos ellos comienzan a publicar en los días en los cuales echó sus raíces el modernismo y el criollismo entre nosotros. Y tal aventura fue la propia que vivieron los fundadores de Cosmopolis, entre los cuales se encontraban Urbaneja y Coll, gaceta de la cual fue colaborador Díaz Rodríguez, aunque aun no dio allí a la estampa ningún relato sino dos crónicas de viaje, las cuales formarían parte de su celebrado volumen Sensaciones de viaje.(París: Garnier, 1896. 177 p.). Díaz Rodríguez publicó su primer libro de narraciones cortas, Confidencias de psiquis también en los que se consideraron, hasta el año 2000 cuando publicó Sandoval su trabajo decisivos días, esenciales, sin duda todavía hoy para el análisis del cuento modernista y criollista no para el inicio del desarrollo del cuento venezolano. Todo esto debe ser tenido en cuenta para el análisis del cuento bajo el modernismo y el criollismo pero no para datar desde allí el nacimiento del cuento venezolano. Eso, hoy lo sabemos, gracias a Carlos Sandoval, sucedió viente años antes.

Maestro del Cuento
Gustavo Díaz Solis, publicó su primer cuento, en 1938, en la revista Elite. Tenía entonces diez y ocho años. Dos años mas tarde publicó su primer libro Marejada.(Prólogo: Fernando Cabrices. Caracas: Editorial Bolívar, 1940. 74 p.). Sin embargo su revelación plena se llevó a cabo cuando, en 1942, obtuvo el premio de cuentos del semanario Fantoches con su relato “Llueve sobre el mar”. En ese momento el jurado que le concedió el galardón, entre cuyos miembros se encontraba nada menos que el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969), dieron carta de ciudadanía literaria a un escritor raigal, a un creador que dejaría una huella indeleble en nuestras letras con su hacer. Esto se ratificó, en 1947, cuando Díaz Solis fue finalista del concurso de cuentos del diario El Nacional con su certerísimo relato “Arco secreto”. Aquel año el galardón lo obtuvo Antonio Marquez Salas con su magistral narración “El hombre y su verde caballo”. Ambos relatos dejaron su huella en la evolución posterior del cuento venezolano.

A todo lo largo de años de intenso trabajo creador Díaz Solís fue dando muestras de la forma como practicaba el arte de escribir cuentos. Y todo lo hizo a través de apenas veinte y cinco piezas insertas en sus libros Llueve sobre el mar. (Caracas: Asociación de Escritores Venezolanos, 1943. 73 p.), La efigie.(Caracas: Ministerio de Educación, 1948. 10 p.), Cuentos de dos tiempos.(México: Gráfica Panamericana, 1950. 163 p.), Detrás del muro está el campo (Caracas: Ed. Ancla, 1951. 18 p.), Cinco cuentos.(Prólogo: Oscar Sambrano Urdaneta. Caracas: Asociación de Escritores Venezolanos, 1963. 88 p.) y Cachalo.(Caracas: Imprenta Universitaria, 1965. 18 p.). Selecciones antológicas son Ophidia y otras personas. (Caracas: Monte Avila Editores, 1968. 120 p.), Arco secreto y otros cuentos.(Prólogo: José Balza. Caracas: Monte Avila Editores, 1973. 126 p.) y Cuentos escogidos.(Caracas: Monte Avila Editores, 1997. 161 p.;2ª.ed.Caracas: Monte Avila Editores, 2005). De una obra tan intensa, formada, por apenas veinte y cinco textos, Díaz Solis ha escogido sólo doce como los significativos de su hacer. Son pocos quizá. Pero con ellos basta para pasear a través de los meandros de su imaginar.

Los Cuentos
Cuando nos asomamos a los relatos de Díaz Solis nos encontramos como el silencio, como en “El niño y el mar”, la soledad, como en “Crotalo”, se hace presente; en ellos aparecen escasos personajes, casi siempre dos o tres, a veces animales, especialmente serpientes; en ellos hay hechos violentos, como en “Ophidia” o en “Hechizo”; la muerte se hace presente a cada rato, como en el pasaje final de “Crotalo”; hay en ellos, indica José Fabbiani Ruíz(1911-1975), “cierta tristeza, derivada del mismo paisaje”(Cuentos y cuentistas. Caracas: Cruz del Sur, 1951, p.179), en ellos hay sensualidad, como podría ser el caso de ciertos sutiles pasajes de “Entre las sombras”, o la expresión de la sexualidad plena, como en “Arco secreto”. Pero en todos ellos Díaz Solis es sutil, delicado; en muchos de ellos se hace presente el paisaje, y especialmente la presencia del ponto, ya que como se lee en “Llueve sobre el mar”, “se oía imponente la eterna voz del mar”(Ophidia y otras personas. 2ª.ed.aum. Caracas: Monte Avila Editores, 1989,p.53), al lado del cual nació Díaz Solis en Guiria. Tal traza, la del paisaje, sigue en sus cuentos, sin abandonarla del todo, hasta un momento en su escribir cuando se produjo para sus críticos, como Fabbiani Ruíz(Cuentos y cuentistas, p.182), el cambio evidente en “La efigie” o ya presente en “Arco secreto”, como indica Sambrano Urdaneta(Cinco cuentos, p.25). Pero a todo lo largo de los relatos que aquí examinamos se hace presente la brevedad, la concisión, la tensión el rigor narrativo, siempre evidente en las narraciones de Díaz Solis como lo anotó Orlando Araujo(Narrativa venezolana contemporánea. Caracas: Tiempo Nuevo, 1972, p.313). Pero en todos ellos una honda carga poética está presente, en todos hay una muy bien tejida tensión, la presencia de lo misterioso que dijo Juan Liscano(Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas: Publicaciones Españolas, 1973, p.97), la “sorpresiva perfección” apuntada por Domingo Miliani(1934-2002) en su Tríptico venezolano. (Caracas: Fundación de Promoción Cultural de Venezuela, 1985, p.129). Y siempre el presentir antes que el sentir, la presencia alucinante del calor, la figuración de personajes quienes rememoran lo ido al borde del sueño. Es por todo ello que es tan decisivo en el mundillo de Díaz Solis una observación, que leemos en “El niño y el mar”, según la cual “Sin haberlo visto lo imaginaba como recordándolo”(p.6); por ello que en sus ficciones “él afirmaba la vida, clara y sincera como un cuchillo”(p.26) como leemos en “Arco secreto”. Y es por ello que en un pasaje de un cuento tan hermoso como “Velando a pensamientos desatados” hallamos expuesto lo que se ha propuesto hacer al imaginar sus fantasías. Allí leemos “Cuentos dispersos, incompletos muchos, otros simples anécdotas, bocetos de retratos, rasgos apenas, pero tan firmes y expresivos que por si solos evocan un mundo en torno a las personas, las definen y explican, y aún las justifican en algunos casos”(p.85). En verdad Díaz Solis, como recuerda Sambrano Urdaneta, “sabe ver para contar”(Cinco cuentos,p.21).

Todo esto que hemos señalado es especialmente gráfico cuando repasamos, o reelemos, sus cuentos. Ese ver para contar al cual hemos aludido es evidente en “El niño y el mar”, relato escrito con toda finura, tanto en el modo de contar la anécdota como en su dibujo estructural.

En “Ophidia” hallamos la sutileza, lo casi onírico; este relato constituye la parábola del amor destruido por la maldad humana, acción que sólo puede ser contestada con un acto vindicador. Esta narración, como algunas otras de Díaz Solis, permite también una lectura ecológica.

“Arco secreto” ha sido considerado muchas veces como la obra mayor de Díaz Solis. Se le puede mirar desde diversos ángulos pero su esencia descansa sin duda en la forma como se relata su anécdota: desde dentro del personaje es desde donde mira el narrador aquello que nos va contando. Tal cuando tras el encuentro con aquella bella mujer el protagonista piensa, “él sentía su presencia inminente, actuante sobre su piel y sus sentidos”(p.29). Por ello él “la percibía viva de espera, tensa y emocionante como una intriga. Ella lo percibía varonil y alerta, tendido en la sombra como un esbelto arco”(p.29-30). En esta narración, ya lo hemos indicado, se esboza, según Sambrano Urdaneta(Cinco cuentos,p.13-14), un nuevo estilo en el escribir de su autor. Pero también resultó un relato precursor dentro de nuestra narración corta. Sus ecos y su relación podrán verse un poco mas tarde en “Como Dios” de Márquez Salas, La mano junto al muro de Meneses e incluso en “La metamorfosis” del libro Los sonámbulos.(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1962. 85 p.) de Héctor Malavé Mata(1930). El cambio en su técnica lo encuentra el mismo crítico citado en el primer párrafo de la tercera parte de “Arco secreto”(p.32).

“La efigie” por su parte es narración misteriosa. Un cazador y una serpiente se dan cita otra vez en un relato de Díaz Solis. Una muy bien trabada atmósfera empuja al lector en cada pasaje hasta que se da, con espléndida sencillez, el encuentro decisivo, “Por momentos el humo casi ocultaba la piedra. Miró fijamente. Y entonces logró ver, borrosamente detrás de la humareda, la efigie de una gran serpiente que lo miraba penetrante con un ojo iracundo y desproporcionado desde el resplandor de fuego que asaltaba la piedra”(p.45).

“Llueve sobre el mar”, el cuento que marcó la madurez de Díaz Solís, brilla por lo rápido, por lo exacto, de sus descripciones, por la beligerancia íntima del personaje, por su final violento. En él las notas del realismo mágico se hacen presentes.

En “Hechizo” todo es corto, veloz, escueto, con solamente las palabras necesarias para contar el acaecer de aquel conquistador ajusticiado por los indígenas durante algún episodio de la conquista.

En “El cocuyo” apenas la luz, lejana, tenue, ilumina el conjunto.

En “Entre las sombras” asistimos al silente encuentro entre dos amantes. Aquí Díaz Solís brilla por la sutileza con la cual narra.

En “Velando a pensamientos desatados” de alguna manera Díaz Solís vuelve al cuento de estructura tradicional, quizá criollista si se quiere. Mediante esa manera rememora momentos del pasado, recuerda todo lo que se decía en las conversaciones de sobremesa, convoca otra vez a su página los días durante los cuales el país vivió la época de las revoluciones y los guerrilleros. Estos fueron tópicos constantes del relato venezolano en sus primeros tiempos.

En “El punto” capta sonidos, a través de ellos observa.

Si en algún relato suyo Díaz Solís cuenta con suavidad es en “Cachalo”. En él con sigilo, con calma, su protagonista piensa en como atrapar al corroncho que está en el estanque.
En “Crótalo” se hace verdad la observación según la cual la lucha es uno de los tópicos constantes en Díaz Solis. Aquí otra vez es la serpiente la cual se enfrenta al ser humano.

(Leído en la sesión del “Círculo de Lectura” de la Fundación Francisco Herrera Luque, celebrada la tarde del 3 de marzo de 2009).