Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

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En la Casa del Pez que Escupe el Agua, Cuarenta Años Después

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Por: Roberto Lovera De-Sola

Ya en México, trabajando como lo hizo por nuestras relaciones con aquel país, siguió dedicando su tiempo libre a escribir. Cuando llegó a ese país en 1974 ya llevaba muy avanzada su segunda novela En la casa del pez que escupe el agua2. La terminó hacia fines del año setenta y cinco. Su impresión terminó en Caracas durante el mes de noviembre de 1975. Fue presentada en Caracas por su fraterno amigo Augusto Germán Orihuela(1920-2001), en la sede de la vieja casona del Ateneo de Caracas, una noche a comienzos de Diciembre de ese año, fue publicada también por la editorial de Domingo Fuentes. Este fue el último de los libros de Herrera Luque que se imprimió en esa casa, tuvo varias ediciones sucesivas.

Pero también la fama de Boves, el Urogallo siempre le persiguió. Ese año fue llevado a la pantalla chica, en versión de José Ignacio Cabrujas(1937-1995), protagonizada por Gustavo Rodríguez(1947-2014). La serie tuvo grande acogida al ser transmitida por Radio Caracas Televisón, Canal 2. Varias nuevas ediciones del libro debieron tirarse. Pero las críticas no dejaron de arreciar. La serie, y el libro, fue adversado por la “Sociedad Bolivariana de Venezuela” la cual publicó un documento en contra de la serie3. Fue entonces cuando Herrera Luque se sintió en la obligación de contestar públicamente. Lo hizo a través de las páginas de El Nacional. He aquí sus palabras4:

“No cree el doctor Francisco Herrera Luque, autor del libro Boves, el Urogallo y actual Embajador de Venezuela en México, que la adaptación de esa obra que está siendo pasada por TV vaya a ser suspendida por presiones que pueda estar ejerciendo a tal objeto la Sociedad Bolivariana de Venezuela.

-Hace dos días- dijo Herrera Luque-, hablé con los señores Peter Bottome y Hernán Pérez Belisario, directivos de la planta de TV que está transmitiendo dicha adaptación y ellos me dijeron que lo que se haya dicho al respeto no tiene fundamento. Están muy satisfechos de los resultados obtenidos y sus planes son los de prolongar la obra hasta principios de Marzo del 75. No obstante, me es imposible predecir lo que sucederá.

Pero, lo que sí le llama la atención al autor de Boves, el Urogallo, es cierta “manipulación de la opinión pública, difundiendo noticias falsas que, aunque pudieran ser ciertas, aún no están confirmadas, observándose esa orquestación de los órganos divulgativos de intención nuevamente malévola”.

Si considera Francisco Herrera Luque que la Sociedad Bolivariana está haciendo artículos procedentes de fuentes asociadas a la misma.
-Por lo demás, esa actitud me parece cónsona con lo que ha sostenido siempre esa Sociedad a quien un gran historiador venezolano llamó “las Beatas de Bolívar”. Siempre he creído que la presión, “como lo demuestra la publicación de un comunicado emanado de ella y diversos[dirigidos] a la Sociedad Bolivariana es una institución arcaica, que antes que hacerle bien a la imagen del Libertador, le resta prestancia el Padre de la Patria... Toda idolatría conduce al escepticismo. Donde no hay análisis ni discusión, no hay ciencia, ni belleza, ni arte. Se cae en el oscurantismo y en la esterilidad, como es el caso de la Sociedad Bolivariana.

Agrega Herrera Luque que “siempre ha sido enemigo, por carácter y temperamento, de ser paladín de las causas ganadas. Confesarse admirador de Bolívar en Venezuela no tiene gracia. Pero tengo que hacer acto de fe de mi admiración profunda por acusación de que yo sea enemigo de su obra y genio”.

No está demás señalar el hecho de que mi familia está íntimamente ligada a la de Bolívar, y que mi antepasado Bernardo Herrera fue su primo y edecán. Mi afecto por el Libertador lo mamé en la cuna, antes de comprender intelectualmente los alcances de su genio. No obstante, si yo hubiera pensado lo contrario; si yo hubiera llegado a conclusiones diferentes a la que es su verdadera imagen en la historia de América, las habría expresado, porque como hombre de ciencia que pretendí ser en otra época, siempre consideré que el primer deber del científico, es la búsqueda de la verdad. Y si tenemos valor suficiente, como hice al escribir Boves, el Urogallo, debemos expresarla, gústele a quien le guste.

Bolívar, agrega, tiene suficiente poder específico como para resistir cualquier prueba. “Yo creo que con mi «Urogallo» he contribuido a divulgar más la historia de Venezuela, que todas las obras y discursos publicados por la Sociedad Bolivariana”.Lo que no cree el autor de Boves el Urogallo es que se haya hecho presión “desde arriba” para hacer suspender la transmisión por TV.

Vivimos, dice, en una sociedad democrática. Si la Sociedad Bolivariana tuviera poder para prohibir una obra porque discrepe simplemente de lo que ellos consideran como la verdad, mejor salimos corriendo, porque ya ese no sólo significaría un atentado contra la libertad de expresión, sobre la cual se basa esa sociedad democrática, sino también contra la libertad de cultos. Yo, por la Constitución, puedo ser antibolivariano si lo sintiera así, que no lo siento por todas las razones expuestas. Pero el derecho de discrepar es un derecho contra el cual no se puede atentar sin destruir la esencia y nuestra democracia.
Respondiendo luego a una pregunta, dijo que no cree que ninguno de cuantos han leído su Boves, el Urogallo pueda decir que es distinto del Boves de la Historia.

No oculto sus crímenes ni su afán destructivo, añade, para hacerme cómplice de los mismos. Tan sólo explico las motivaciones que lo llevaron a ser quien fue, luego de tres años de investigación, de consulta de documentos, y de tradiciones diferentes que creo haber expresado exhaustivamente en [la revista] Zona Franca y concretado en mi libro.

Sigue diciendo que Boves el Urogallo ha merecido elogiosos comentarios, “y me veo forzado a decirlo de los más brillantes historiadores venezolanos y extranjeros. Cabe citar a Augusto Mijares, José Nucete Sardi, Juan Liscano, Jesús Sanoja Hernández, Luis Beltran Prieto, monseñor Gómez Hoyos de la Academia de Historia de Colombia, y Mamantov de la Academia Soviética de Ciencias. Se dice que ha sido el libro más comentado y favorablemente, por las mejores plumas, en los últimos quince años años. Yo no creo que esto hubiera podido suceder si la obra no tuviera valor histórico y científico”.

Me veo obligado a invocar estos juicios de autoridad, sólo para contraponerlos a la mencionada Sociedad[Bolivariana de Venezuela], ya que mi pueblo todavía cree el valor de ciertas instituciones caducas y en el peso de las condecoraciones. La historia de Venezuela todavía está por escribirse en gran parte. En gran parte, y hoy por hoy, es un cúmulo de falsedades. La vida de Bolívar está sujeta a revisión. Hay que bajar al Libertador de su caballo de bronce y ponerlo a caminar entre los pueblos, porque si algo tenía Bolívar, era su inmensa humanidad.

Expresa luego que “el Bolívar acartonado es contraproducente y negativo; como es negativo también escribir la historia según la moral calderoniana o de película de vaquero, para la cual los españoles son malos, malos y los venezolanos buenos, buenos. Aquí en Venezuela no había españoles para el momento de la Independencia. Esta fue una guerra civil, de hermanos, como lo sabe todo el mundo y parece ignorarlo la Sociedad Bolivariana. Tan venezolanos eran los que combatieron en La Puerta y en Carabobo tanto del lado realista como de lado patriota.

Boves llegó a Venezuela a los 15 años y en su modo de ser era tan venezolano, como Arismendi y Bermúdez, y tan feroz como ellos. La historia es reflexión sobre el pasado para proyectarse en el futuro. La historia de Venezuela es una progresión constante hacia la síntesis. Boves, malvado o no, por razones patológicas o no, rompió la estructura de clase, y por eso fue el primer demócrata de nuestra historia, tesis que es la que yo trato de demostrar en mi libro. Debemos reconocer este hecho.

-Si Boves, sigue diciendo, hubiera sido un vulgar malandrín, como quiere la historia clásica, entonces no hubiera levantado los ejércitos formidables que levantó, ni su nombre hubiera perdurado después de 150 años, si tomamos en cuenta que su gestión publica duró apenas año y medio. Ni su imagen se evocaría, como se hace en algunas partes de tierra adentro, así como se hace con ciertos santos milagrosos.

Yo antepongo, enfatiza, razones a creencias deformadas por el odio que hoy no se justifican.
Y esas razones me conducen a la verdad. Como dice el poeta: “La copia estaba en el aire”. Yo me limité a recogerla.

Concluye diciendo Herrera Luque que no se explica que la Sociedad Bolivariana, “tan celosa del prestigio del Libertador” le diera su visto bueno a la filmación de “ese tremendo fiasco qué fue la película Bolívar, donde fue personificado por Maximillian Schell”, y el que no haya protestado porque “ciertas personalidades negativas” hayan sido llevadas a compartir “con el Padre de la Patria los honores del Panteón”.

En México se mantuvo siempre atento a su trabajo intelectual. De este período data su estudio sobre el dictador Juan Vicente Gómez(1857-1935), “Juan Vicente Gómez visto por un psiquiatra” (revista Resumen, Caracas: Octubre 5, 1975, p.52-55). Este y otros trabajos interpretativos sobre personalidades, casi todos venezolanos con la excepción Felipe de Hutten(1511-1546) o José Tomas Boves(1782-1814), los reunió años más tarde en el volumen Bolívar de carne y hueso y otros ensayos(Caracas: Editorial Ateneo de Caracas,1983.141 p.). Mientras siguió laborando hasta terminar su segunda novela.

Primera Lectura de la Segunda Novela

Señalamos antes que una de las preocupaciones de Herrera Luque fue trazar la biografía interior del país. Para esto tuvo que estudiar la historia explícita e implícita, o la historia secreta de la nación.

Consciente de que difícilmente se puede explicar lo que somos y seremos sin un análisis del tiempo que va de la frustración de aquel acto fallido que fue la Guerra Federal(febrero 20,1859-abril 24,1863), hasta el ascenso al poder de Antonio Guzmán Blanco(1829-1899), inició En la casa del pez que escupe el agua en el año en que este tomó el poder (abril 27, 1870). De aquellos tiempos dominados por la voluntad del “Autócrata Civilizador” hay, necesariamente, que pasar a la explicación del por qué de la invasión andina (octubre 22, 1899) y al por qué de la consolidación en el poder de Juan Vicente Gómez(diciembre 19, 1908). Esta problemática y este período le dio material para su segunda novela.
En la casa del pez que escupe el agua forma parte de la trilogía que formó con sus novelas Los amos del valle(Barcelona: Pomaire,1979. 2 vols) y Boves, el Urogallo(Caracas: Editorial Domingo Fuentes,1972. 330 p.) las cuales cubren desde la fundación de Caracas(Julio 27,1567) hasta el la muerte del general Juan Vicente Gómez(1857-1935) con la que cierra En la casa del pez que escupe el agua, es decir atraviesan un período de trescientos sesenta y ocho años, un poco más de tres centurias. Aunque los tres libros fueron publicados en orden diverso, cronológicamente, de acuerdo a los períodos en que se divide la historia de Venezuela, deben ser organizados como lo hacemos: Los amos del valle, Boves, el Urogallo y En la casa del pez que escupe el agua, ello nos permite observar el largo período de nuestro pasado que cubren y recrean.
El título de su segunda novela herreriana, que es la tercera en orden cronológico de su suceder, En la casa de pez que escupe el agua no puede ser más significativo. Se trata de los peces que estaban sobre las pilas de agua que había en las casas de la oligarquía caraqueña en el siglo pasado, en el caso de esta novela, pero que podemos observar en todas las novelas del ciclo. Fueron esos peces los testigos silenciosos de los cambios y mutaciones de los hombres que han ayudado a encumbrar en el poder a los caudillos, quienes les han sostenido y quienes les han dado la espalda, en el caso de la novela que nos ocupa. Bajo este motivo se puede examinar, como lo hace Herrera Luque, toda la historia de nuestro país, desde 1830 hasta 1975, es muy significativo su épilogo que sucede ese año.
Como ya lo advertimos En la casa del pez que escupe el agua nos ofrece una novela histórica de los acontecimientos del país desde 1870, toma del poder por Antonio Guzmán Blanco(1829-1899), hasta la muerte de Juan Vicente Gómez(1857-1935). Sin embargo, no se trata de un libro sólo sobre el gomecismo, ni es solo una interpretación psiquiátrica de ese gran enigma que fue Gómez. Este libro es un examen de los días de Gómez pero para lo cual traza el novelista el panorama de la época que le antecede, desde los gobiernos de Guzmán Blanco, pero especialmente a través de todo el período del “liberalismo amarillo”(1870-1899). Para el autor de esta obra lo más importante es hurgar en el pasado para explicarnos aquellos largos veintisiete años, que detenerse solamente en la figura del antiguo hacendado y luego dictador, aunque eso también en esta novela, que es obra de largo aliento.

Herrera Luque compuso este libro con personajes reales y ficticios. Seguimos al citar la edición de 1978, considerada por su autor como definitiva5. Hallará el lector aquí figuras con las cuales ya se topó en Boves, el Urogallo y nombres reales que influyeron en nuestro devenir. Examinar nuestra peripecia es la clave de este libro. Porque por encima de todo, Herrera Luque deseada interpretar el país, la evolución de su espíritu, el por qué de nuestro camaleonismo politico, cómo se cambia, en función de quién está el poder y no para llevar al poder tal o cual idea positiva política o social. En fin, muestra el autor de En la casa del pez que escupe el agua como el pueblo fue en aquellos años el gran ausente, el que se quedó solo, el triste, el empobrecido, el marginal.

La personalidad de Juan Vicente Gómez es observada con minuciosidad, de hecho está novela es la segunda interpretación certera del personaje, la segunda fue Oficio de difuntos(1976) del maestro Uslar Pietri, publicada mesesmás tarde. Se leen En la casa del pez que escupe el agua, a lo largo de las páginas consagradas a sus años en el poder, oportunas acotaciones. Herrera Luque está muy lejos de creer que el viejo caudillo andino fue un hacendado bueno sino hombre silencioso, cavilador e implacable. Aquél que cambió de su expresión bonachona a la dureza, cuando subió al poder. Hombre duro, despiadado, enemigo de sus enemigos, quien sólo creía en los suyos, los andinos, quien fue capaz de legalizar lo ilegal. O de ilegalizar lo legal cuando fue necesario. Por todo esto observa que “el país, más que paz, tiene la tranquilidad de los enfermos graves” (p. 313) durante el gomecismo.

Este segundo libro de ficción de Herrera Luque confundió a más de uno. A veces lectores profesionales, acostumbrados a definir bien las obras que comentan en sus trabajos con precisión, se fueron por senderos que no les condujeron a una justa interpretación de la obra.

Consideramos que todo estriba en el hecho de que algunos críticos insistieron en señalar que En la casa del pez que escupe el agua no es una novela, una narración de orden histórico. Y aquí quizá esté el error de apreciación porque este libro es primero una novela pero es la vez compleja creación novelesca. Y ello, sin dejar de ser considerado como una novela histórica aunque va mucho más allá de ello. Por eso Herrera Luque llamó a sus libros “historia fabulada”.

El concepto de “historia fabulada”, creado por Herrera Luque, largamente desarrollado, es de hecho una variable herreriana de la novela histórica, fue explicado por él en la serie de conferencias dictadas en el Banco Interamericano de Desarrollo, Washignton(Octubre 10,11, 12, 1979) sobre el punto, aun ineditas. Este trabajo constituye la fundamentación teórica de sus ideas en el campo de la novela y de la ficción que se basa en hechos históricos. Por tal entendió, concepto que desarrolló en diversos pasajes de su escribir, uno de los cuales citamos:

“Es más fatigoso crear dentro de la verdad que repetir la historia conocida por todos. La Historia Fabulada exige más esfuerzo que la llamada historia verdadera…La Historia Fabulada…no es ficción, fábula o fantasía discrecional del autor…La creación literaria es la de la Historia fabulada…una manera de decir lo que es impepinablemente cierto…el objetivo primordial es revelar lo desconocido, que es lo mismo que sorprender…el entender, el comprender el sentido y significación de una serie de hechos que nos rodean, y que hasta entonces nos eran invisibles…En materia humanística…no hay una sola verdad que no sea rebatible o cuestionable. Las verdades se demuestran en última instancia por su eficacia, que tiene mucho que ver con su perennidad y universalidad…Las interpretaciones históricas varían sustancialmente de un autor a otro; de una generación a la siguiente…La historia arroja constantemente nuevas evidencias, que pueden modificar sustancialmente la imagen que se tenía de un hecho o de un personaje…La historia oficial afirma que fueron los nobles ideales de libertad lo que llevaron a los patriotas a la Independencia de España; cuando es harto sabido, aunque silenciado, que fueron otros móviles, como los económicos, los que más pesaron en tal decisión…Pero quien diga esto es una repróbo, un hereje o un embustero…Por eso cada generación y cada autor tiene su modo de interpretar la historia”.

Una segunda observación sobre En la casa del pez que escupe el agua tiende a señalar que se trata solo de un libro sobre Gómez. Esto no es totalmente cierto, aunque una buena parte se ocupe de este tiempo venezolano y de la personalidad de ese tirano.

Creemos que para enfocar bien el contenido de En la casa del pez que escupe el agua habría que comenzar por situarlo dentro de la obra escrita por su autor. Herrera Luque ha transitado diversos caminos: el ensayo de investigación histórica y el trabajo de indagación psiquiátrica. Otra vertiente de su labor ha sido la interpretación del venezolano dentro del contexto de nuestra historia a través de libros que bien podrían definirse como híbridos porque en ellos hay investigación, análisis, escritura literaria y personajes de ficción que ayudan a la trabazón de la realidad que se desea presentar. Estas son sus novelas.

En este último sitio se encuentra el proyecto de Herrera Luque de investigar la peripecia del hombre de nuestro país y así llegar a iluminar y explorar la raíz del venezolano. Estos trabajos más literarios, y apoyados en la historia, y menos científicos, se comenzaron a conocer con su Boves, el Urogallo en el cual presentó un mural de los días que van desde fines del período colonial hasta la muerte de Boves. Un segundo trabajo de este ciclo es el libro que motiva estas consideraciones y que examina el período de historia de nuestro país que va desde la toma del poder por Guzmán Blanco hasta la muerte de Gómez(diciembre 17, 1935). El tercero es Los amos del valle.

Ahora bien, ¿Qué es En la casa del pez que escupe el agua?. No creemos que tan sólo sea una novela histórica, aunque el libro tiene mucho de ello, contiene elementos ensayísticos que se deslizan en más de una de las discusiones que tienen lugar entre los personajes del libro. Pensamos que si bien el volumen contiene esto estamos ante un libro mixto, pese a que su carácter de novela histórica está por encima de todo y nunca se pierde. Y la presencia del ensayo en la novela contemporánea es uno de sus componentes.

En la casa del pez que escupe el agua se inicia con la muerte de Eugenia, un personaje de Boves, el Urogallo con lo cual observa el lector la idea de continuidad que tiene este proyecto balzaciano de contar toda la vida venezolana en el cual trabajó su autor. No hay que olvidar que buena parte de Boves, el Urogallo, trascurre en la “casa del pez”, mansión que es el hilo conductor de toda la narración y de todo la trilogía que se cierra con Los amos del valle, aunque cronológicamente la organización sea, como ya lo hemos advertido Los amos del valle(1567-1783), Boves, el Urogallo(1782-1814) y En la casa del pez que escupe el agua(1870-1935), con su significativo epílogo “Algo ha sucedido en el Caribe”(p.557-560) que transcurre en los años setenta, en 1975 específicamente.

Aquella Vieja Casa
Sobre la casa verdadera donde sucede la novela debemos señalar lo que sigue: no hay que olvidar que buena parte de Boves, el Urogallo transcurren en la “Casa del pez”, mansión que es el hilo conductor de toda la narración y de todo el ciclo de obras formada, cronológicamente, a partir de la Fundación de Caracas, en 1567, por Los amos del valle, Boves, el Urogallo y En la casa del pez que escupe el agua, ya que se trata de una trilogía. Sobre la presencia de la pila con el pez en el patio central de la antigua casona consultar Boves, el Urogallo. Se puede consultar también el artículo de Herrera Luque: “Los peces de Miraflores”, allí explica claramentte que el Pez de sus novelas no es el Pez que se encuentra en la pila que se encuentra en el patio central del Palacio de Miraflores de Caracas. Recuérdese que la Casa del Pez fue la mansión construída en el siglo XVI, a una cuadra de la Plaza Principal, o del Mercado, desde 1874 Plaza Bolívar, por el conquistador Francisco Guerrero, el Cautivo. Estaba sitiuada en la esquina de las Madrices, se dice que en los finales de la colonia fue llamada “la casa de los animalitos” por las imágenes de aquellos que forman el zodíaco. En esa casa, vivía el 19 de abril de 1810, el Capitán General y Gobernador don Vicente Emparan y Orbe(1747-1820). Fue desde allí que salió ese día, Jueves Santo, para dirigirse al Cabildo, donde se realizó la histórica sesión que lo destituyó del cargo y proclamó nuestra Independencia. No tenía el Gobernador y Capitán General una casa propia, una mansión propia de su autoridad, pues por siglos, como lo demostró Manuel Rafael Rivero(1921-2008) el Cabildo se opuso a su construcción. El dato sobre Emparan, inquilino en la casa de la esquina de Las Madrices lo trae Rafael Díaz Casanova(1939), aunque este autor no se dio cuenta que era lo que historiaba, ya que la casona de Las Madrices, la casa solariega de su propia familia, fue la que Herrera Luque utlizó para ubicar el sucederse de su novela. La histórica casona de Las Madrices es la “casa del pez que escupe el agua”, situada en el llamado cuadrilatero historico de Caracas, zona donde vivió el mantanuaje, estaba situada a una cuadra de la Catedral de Caracas.

No Confundirla con el Palacio de Miraflores
Se ha confundido la casa de esquina de La Madrices, es decir “la casa del pez que escupe el agia” con el Palacio de Miraflores, mansión que no es palacio, si escaso un palacete, esta fue construida, como casa del general Joaquín Crespo(1841-1898) y su familia a fines del siglo XIX. El terreno fue adquirido por el general Crespo en 1884, la edificación fue terminada en 1898, el año final de la segunda presidencia de Crespo(1892-1898). El caudillo no llegó a habitarla pues murió a los pocos meses, en el combate de La Mata Carmelera(abril 16,1898). Tampoco llegó a habitarla su familia. El Palacio fue construído con dinero del Estado, lo cual era natural durante el régimen de los caudillos para quienes no había separación entre los dineros propios y los del Estado. Los gastos llegaron a ser tan altos que un día el Ministro de la Obras Públicas dijo al General Presidente, con las facturas de las cuentas en las manos, lo subido que venían siendo los gastos. Crespo simplemente le dijo “Entonces rompa las cuentas”. Una escena, narrada por Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964) en La ciudad de los techos rojos, que parece más bien propia del realismo mágico. Pero así fue.

Quien primero habitó Miraflores fue el presidente Cipriano Castro(1858-1924) tras el terremoto de 1900, por ser el edificio el único anti-sismico de Caracas. En 1901 el gobierno decidió comparlo a los Crespo para residencia presidencial. Fue el general Juan Vicente Gómez(1857-1935) quien los adquirió para la nación, a través del abogado Felix María Galavis el 29 de junio de 1911. El Palacio de Miraflores es la llamada “Casa del odio”, según lo recogió la periodista Rosana Ordonez, quien trabajó en el Palacio como Jefe de Prensa(1993-1994) del presidente Ramón J.Velásquez(1916-2014), ella escribió un libro así titulado, pues el Palacio de Miraflores, anota Rafael Ramón Castellanos(1932), “sigue siendo la morada terrible, donde abundan las zancadillas, se escurren las malas intenciones por debajo de los escritorios más sólidos y la comidilla corroe, atrapa, embrutece y enferma”(p.155) así lo dice Castellanos. Mucho de lo que decimos sobre la historia del “viejo caserón crespero”, como lo llamó Rómulo Betancourt(1908-1981), los hemos tomado del libro de Castellanos, quien se basa en datos de la Historia de Miraflores de Rafael Pineda(1926-2003), aun inédita cuando redactamos estas líneas6.


Herrera Luque En la casa del pez que escupe el agua logra reconstruir con veracidad el tiempo que transcurre en el libro. Llama la atención la seguridad conque logra recrear aquella época y hacer que sus personajes hablen en aquél lenguaje de la vieja Caracas de mediados del siglo antepasado hasta los años treinta del siglo XX, tiempo en el cual se produce más de un cambio en el habla del caraqueño que, de afrancesado pasa a ser influido por lo norteamericano.

También nos ofrece Herrera Luque personajes que son, en muchos sentidos, arquetipos del ser nacional. Tal Juan Otáñez, que es aquel silenciado personaje que muchos creen tonto o idealista por el solo hecho de pensar que “es la falta de coraje lo que ha sumido al país en la barbarie” o porque está convencido de que la tragedia del país estriba en el hecho de que el “hombre honrado en Venezuela, si se niega a ser cómplice, es automáticamente enemigo mortal”(p.374).

Encontramos en este libro, razonablemente pesimista, que el autor reflexiona sobre hechos fundamentales, desde el punto de vista psicológico, como el siguiente: quien en Venezuela es idealista, o sirve toda la vida a una misma idea, y todo lo sacrifica por ella, siempre queda de lado, es un ser marginal. Y en cambio, los miembros de esta familia protagonista, los Machado, cuya peripecia se narra En la casa del pez que escupe el agua, todo lo van dejando de lado, hasta su mentalidad de clase, por el solo hecho de estar en el gabinete, cerca del poder y sin preocupación alguna por las diferencias que puedan existir entre un mandatario y otro, entre un dictador o un presidente electo democráticamente. En esto estriba la tragedia del país, como bien nos lo muestra Herrera Luque a través de estos personajes ficticios tan bien tallados, los cuales brotan del barro de nuestra manera de ser. Es por ello que la clave de En la casa del pez que escupe el agua la encontramos cuando uno de los personajes del relato dice:

“El problema de Venezuela no es Gómez sino los venezolanos que permiten ese estado de cosas” (p. 525).

O cuando nos topamos con la siguiente cita,

“Si Venezuela está atrasada después de cuatrocientos años de haberse incorporado a la civilización occidental, es porque su clase dirigente no estuvo a la altura de su deber. Si en Venezuela no hay hogar es porque la oligarquía desde los tiempos de la conquista, trató el problema del sexo y de la familia con una irresponsabilidad brutal. Por eso es que yo creo que si hay un Gómez, no es porque el pueblo venezolano lo merezca, sino porque se clase dirigente lo ha permitido por su irresponsabilidad, ausencia de valor y codicia” (p. 525-526).

El Escritor Explica su Creacion a Tres de sus Corresponsales
También En la casa del pez que escupe el agua creó, a raíz de su publicación, un gran escándalo. Pero también inmediatamente la crítica se expresó, con hondura y precisión, sobre el valor de esta novela. Herrera Luque se sintió muy comprendido, en lo más hondo de aquello que deseó expresar, con los juicios que el historiador Antonio Moreno (1912-1982) insertó en una revista, por el de Carlos Ramírez Faría y el que hizo publico la psicologa Senta Essenfeld, el cual insertó luego en uno de sus libros7. Vamos a copiar las cartas que Herrera Luque les remitió a ambos haciendo consideraciones sobre las observaciones que cada uno de ellos habría tejido en sus comentarios. Conservamos estos textos pues el mismo Herrera Luque nos remitió copias fotostáticas de los mismos junto con una carta suya (Ciudad de México: Marzo 11, 1976) para que las conociéramos y conserváramos. Por ello se encuentran en nuestro archivo.
Esta fue la misiva a Carlos Ramírez Faría:

“México 2 de mayo de 1976
Carlos Ramírez Faría.
Caracas.
Mi querido amigo:

Estando en Caracas y a punto de regresarme a México, tuve el placer de leer el sesudo y meduloso artículo que dedicas a mi obra En la casa del Pez que Escupe el Agua. Antes de hacerte los comentarios pertinentes, permíteme felicitarte por esa magnífica revista, a la cual me gustaría suscribirme razón por la cual te adjunto un cheque equivalente a los 34 dolares como señala la tarifa para América Latina.

También quiero aprovechar la oportunidad para expresarte mi condolencia por la muerte de mi gran amigo y mejor venezolano tu padre, Carlos Ramírez Mac Gregor(1906-1975), un hombre que en mi opinión fue víctima de la incomprensión de esa Venezuela, que tanto tú como yo, y con armas que a diario se asemejan más, combatimos con energía y hasta con fiereza. Don Carlos fue para mí, un hombre lleno de sensibilidad y de talento, a quien muy pocas personas supieron captar y valorar en su justa dimensión. Cuando yo partía hacia México me dedicó un bello artículo, donde con singular perspicacia y compasión aludía a mi ostracismo voluntario y también doloroso. Fue esa mutua identificación lo que hizo florecer nuestra amistad. Por eso lamenté tanto su muerte. Estoy seguro de que el afecto que tu padre me profesó influyó sobremanera en la generosa calificación que haces de mi controvertida obra, aunque al principio y con singular habilidad traes a colación opiniones adversas que finalmente refutas cuando afirmas que En la Casa del Pez que Escupe el Agua es un libro importante y aleccionador. Su contenido no es mera chismografía, sino un reflejo de Venezuela. Es una lastima que un libro tan valioso....

Te agradezco sobremanera esta declaración de que no es un centón de chismes, como han pretendido señalarlo los que me adversan y recogen ingenuamente los lectores desprevenidos. Chisme, como dijo alguien en Bohemia, asumiendo mi defensa, es lo que se susurra contra seres de humilde y modesta prestancia y de contenido banal. No puede ser chisme lo que se grita en la plaza o se escribe con firma responsable contra los amos del país y menos como lo señalas cuando se les echa en cara su tremenda responsabilidad, hasta hacer un libro tesis. Mi libro puede llamarse memorial de agravios y de denuncias y nunca chismes, como lo señalan mis enemigos y que tú refutas hábil y generosamente. Paso ahora a comentarte algunos otros aspectos de tu ensayo donde no estoy del todo de acuerdo con tus apreciaciones.

1- No creo, y a lo mejor estoy equivocado, de que haya seguido el método anecdótico, como tú señalas. Hasta donde yo entiendo lo que es una anécdota es una microhistoria fugaz y circunscrita, un corte transversal escueto y autónomo o hablando en términos médicos: una biopsia, un pequeño corte en el ser a través del cual se pretende adentrar en la hermeneútica de un hombre o de una sociedad sin tomar en cuenta su historia ni su circunstancia. Método que entre paréntesis ha sido el preferido y casi el único con que se ha pretendido esculcar a Juan Vicente Gómez y contra el cual me revelo expresamente, ya que nunca he creído que pueda comprenderse (en estricto sentido psicológico) ni a un hombre ni ilustrar lo que el autor quiere decir sin haber recurrido a la afirmación frontal, como pueblo con un rosario de anécdotas, aunque ellas sean indispensables para lo que exige la novelística. La anécdota es el acné, la expresión gráfica de una sucesión de hechos y de situaciones actuales y presentas, pero no la clave que capta lo esencial. Y voy a tratar de demostrártelo gráficamente.

Si tomamos los ocho primeros capítulos que constituyen la primera época (1875) observaremos que en ellos hay una recreación de los ambientes de tanto en los Andes como en el seno de la oligarquía caraqueña. Otro tanto pudiéramos apuntar para la segunda época, donde se intercalan tres microhistorias que lejos de ser autónomas, creo yo, robustecen y se continúan sin solución de continuidad con el relato o narración que esgrimo. En ellas hay parlamentos, soliloquios, diálogos que en mi opinión dicen bastante sobre el ambiente psicológico político, como es el caso de Presidente de la República que se hace tocar el Himno Nacional en un burdel. Hecho tan cierto como una fotografía y del conocimiento de las generaciones de mis padres y abuelos que me lo transmitieron. ¿No viene esta anécdota a reforzar lo que el viejo Juan Otañez y otros personajes vienen diciendo sobre la inmoralidad y la degradación de las costumbres?. No radica en esa historia verdadera, el acento fundamental de mi tesis, como también generosamente calificas el contenido de mi libro. Es simplemente la concretización de ideas confluyentes que preceden y suceden la anécdota, como lo son las microhistorias de La Muñeca, el Marinerito y el Soldado de la Garita. En fenomenología, método que sigo tanto en psiquiatría como en sociología, el autor debe sugerir y no decir. Hay que dejar que los hechos hablen por sí mismos. Que el lector llegue a sus propias conclusiones. Dejar incluso un margen lo más amplio posible a la subjetividad del lector hasta el punto de que su valoración afectiva sea tan elástica que produzca las más diversas conclusiones sobre ellos. Tal técnica, que he pretendido seguir, asegura la fiel objetividad que se le exige al autor, según tengo entendido. Por ejemplo, muchas personas afirman que trato a Gómez despiadadamente, en tanto que otros y en idéntica proporción dicen que le hago justicia y que mi trato es benévolo. En Boves, el Urogallo, con el personaje Doñana sucede idéntico fenómeno. Unos dicen que es un ser maravilloso y tierno y otros que es una vieja malévola e insolente. ¿Son estos los equívocos a que te refieres en su escrito?. Con el respeto y consideración que me mereces creo tener derecho a recordarte que esa neutralidad del narrador hasta el punto de provocar en los lectores en más variados juicios y opiniones sobre el mismo asunto es un ideal de perfección de la actual literatura, radicando precisamente en ese hecho una virtud que tú, quizás con derecho y desde tu punto de vista me arrostras. Pasemos a un segundo punto:

2-Creo tener derecho, y aún más, estoy obligado como novelista a plantear problemas sin resolverlos. De acuerdo a serias opiniones que sigo, el novelista debe evitar o puede evitar resolver los problemas, ya que su labor concretarse a señalar los hechos lo más fiel posible. En mi libro los personajes hablan libremente y sustentan opiniones que no son las del autor, aunque el autor se exprese a través de algunos personajes, a los que adrede no se les da un mayor perfil de los que tienen otros contrarios a su credo. José Rosario García(c1860-1934), por ejemplo, hace una apología de Gómez y lo justifica en tanto que Justo Ceballos lo agrede acremente. ¿Dónde estoy en medio de todos esos personajes?. Creo que es difícil encontrarme.

Dentro de todo este juego, de la misma forma que tú para defenderme, pareces acceder a las acusaciones que se me hacen, yo enfrento y justifico las más variadas opiniones hasta llegar a una resultante final: La oligarquía caraqueña es la responsable, por las causas que señalo, del atraso y barbarie del país y si hubo un Gómez es porque ella lo permitió. Creo que esta tesis, o esta afirmación, que como bien señalas mantengo desde Los Viajeros de Indias, hace quince años, hasta la obra actual pasando por Boves, el Urogallo, y que es el meollo del libro, creo que llega sin equívocos ni ambigüedades a todo público, que es lo que interesa. De modo que si creo resolver lo fundamental, aunque deje de hacerlo con los más variados asuntos. Creo que estás de la misma forma que alertó tanto al pueblo como a los gobernantes (véase apéndice) de los seductores cantos de sirena de una oligarquía que en mi opinión es la más hábil de América Latina, pues aunque es la misma desde la Conquista (como trataré de demostrar en mi próximo libro Los amos del Valle) de la impresión de que no existe. Nuestra clase dirigente jamás se ha identificado con su pueblo. Persiste todavía en ellos las ideas de casta que si fueron obligadas a batirse en fuga desde 1945 todavía hacen sentir su presencia. Esa clase dirigente siempre se ha conducido ante su país como si fuesen colonos belgas en Africa y es ese desprecio profundo hacia su pueblo lo que explica mucho de sus actitudes entreguistas ante las potencias del Viejo y del Nuevo Mundo. Dicho así parece una exageración; pero yo que soy caraqueño y miembro por nacimiento de esa oligarquía puedo dar fe, como trato de hacerlo en todas mis obras, de que es cierta mi afirmación. Cuando traté de hacerlo científicamente mi mensaje quedó trunco. El lenguaje académico me impidió llegar hasta las masas y los que habrían de ser mis traductores desvirtuaron o silenciaron mi tesis lo que sumió en una gran frustración hasta que cansado decidí romper con el lenguaje de la academia para comunicarme directamente con el pueblo, como lo hice con Boves, el Urogallo. Esta vez lo que yo quería decir llegó hasta donde yo quería llegar y me sentí satisfecho, como buen psiquiatra que soy, de que mi voluntad terapéutica hubiese encontrado el vehículo apropiado para verter mi diagnóstico, profilaxis y advertencias. Por eso me entusiasmé y proseguí con En la casa del pez que escupe el agua y haré con Los Amos del Valle y con los años que van de 1935 a nuestro tiempo. Se me acusa de haber descendido de mi sitial académico donde tenía posición privilegiada para hacer concesiones a la masa. No me arrepiento. Poco me habrían dicho las academias y mucho el sentimiento del deber cumplido. Si observas la segunda edición de Los Viajeros de Indias verás como en el prólogo anuncio la aparición de La Historia Detenida, obra que no solo no publiqué sino que destruí con el fin de no incurrir en la tentación de publicarla. En esa obra se analizaba muy detenidamente y con rigor científico la huella que sobre nuestra personalidad básica tuvieron y tienen el primer germen de clase dirigente de Venezuela Los Viajeros de Indias, luego llamados Mantuanos. Renuncié a ella, porque era toda una montaña de retos y de esfuerzos que no estaba en disposición de enfrentar, ni con ánimos de proseguir, ya que sabía de antemano la escasa o ninguna aceptación que merecería por parte de mis jueces naturales. Tanto Boves, el Urogallo como En la casa del pez que escupe el agua y Los Amos del Valle, son la traducción novelada de todos esos conocimientos. Quizás cuando haya terminado de agotar esa historia, volveré a los predios científicos y desarrollaré las ideas que han absorbidos mi vida a todo lo largo de veinticinco años. ¿Me comprendes ahora?. Y te das cuenta de cuanta razón tienes cuando afirmas que al escribir Boves, el Urogallo y En la casa del pez que escupe el agua realicé una pequeña venganza por no haber merecido la atención que creía merecer por mi aporte científico a la comprensión del pueblo venezolano?. Ello es absolutamente cierto

3- No hago concesiones sensacionalistas al traer a colación con tanta intensidad y frecuencia la lujuria y la cólera, creo sencillamente que copio fielmente la realidad. Desde los primeros tiempos hasta nuestros días la lujuria desenfrenada y la ferocidad más inaudita ha sido norma constante en nuestra historia, como lo demuestra el hecho de que tengamos los índices de homicidios y de hijos naturales más altos del mundo. La mujer moderna en Venezuela ¿cuántas son? siempre ha sido botín de guerra. A las muchachas mejor parecidas de las haciendas las preña el dueño y a sus hijas el pequeño burgués y a las habidas con el boticario si gozan de igual prestancia el señorito caraqueño pudiendo alcanzar por esta vía las posiciones más altas. Eso no es fábula, ni engañifa pornográfica para atraer la atención malsana de los lectores. Eso es pura realidad y como novelista [no pretendo] predicar estos hechos sino que estoy obligado a hacerlo so riesgo de parecer irreal. La mujer en Venezuela es un valor al cambio, como lo es la propiedad(es la conciliación de Freud con Marx). El sexo no solo es botín sino instrumento de afirmación y de posesión. La familia patriarcal en Venezuela no existe. Eso es un legado de la conquista. Ese libertinaje ha sido fuente de muchísimos males, de complejos, sentimientos. El régimen de castas persiste. El venezolano no es revolucionario como el mexicano sino parejero, como se puso de manifiesto en las últimas elecciones[1973]. En nuestro país, como no creo suceda en ninguna parte, nadie tiene consciencia de clase. El obrero especializado imita al burgués, el burgués al oligarca, el oligarca a la sociedad del Jet. Son tantas las tradiciones sucedidas que el hombre de nuestro pueblo ha perdido la fe en las soluciones colectivas. La oligarquía y hoy más que nunca práctica la estrategia que inició cuando perdió por un momento el poder político en la Guerra Federal, que es seducir e incorporar (hasta que sea indispensable) a los conductores y dirigentes revolucionarios. Cualquier líder que se destaque, o algún escritor que moleste, se le abren las puertas de los grandes salones. Y son muy pocos los que resisten. Cuantas veces he visto yo a respetables revolucionarios tratando de convertir a la orilla de una piscina en el Country Club a una bella damisela de nuestra sociedad. La charca del sexo bien manejado y dirigido por nuestra oligarquía ha sido la gran trampa. Por eso hay que señalarlo y recalcarlo, sin que sea expresión necesariamente de artimañas sensacionalistas, como también lo quieren mis detractores. No se te olvide que ha pasado un cuarto de siglo oyendo en un consultorio las historias secretas de todo el mundo y no solo aquí sino en España. Puede pensarse que el psiquiatra trabaja con muestras no representativas de la sociedad donde vive, y eso es una apreciación absolutamente falsa, ya que por cosas del status el psiquiatra se ha convertido en otro objeto de valor al cambio; aparte de que tus informantes te traen noticias de todo el mundo. Por cinco años consulté en los sectores populares y aunque tú no lo creas he vivido y me he mezclado con mi pueblo, mucho más de lo que cree la gente. Por tres largos años recorrí el llano hablando con campesinos y hombres del pueblo recaudando datos. Si En la casa del pez que escupe el agua son solo sirvientes los representantes del pueblo es porque la obra citadina y oligárquica así lo exige. En cambio en Boves, el Urogallo, abunda Juan Palacios, el Indio Eulogio, Chepino García, María Trinidad porque la obra lo permitía y exigía, con lo cual creo responder a tu ilusión a mis remilgos aristocráticos.

Muchas otras cosas quisiera comentarte pero el tiempo apremia. Tan solo quiero agradecerte y muy profundamente la atención que has puesto a mis obras y en especial a esta En la casa del pez que escupe el agua.

Recibe un gran abrazo de tu afmo.:
Francisco Herrera Luque

P.D. Mándame la revista a esta dirección:
Paseo de la Reforma 2610
Embajada de Venezuela.
México D.F”.

La carta remitida a Santa Essenfeld (Ciudad de México: mayo 2, 1976) es la siguiente:

“México, D.F. 2 de mayo de 1976.
Dra. Santa Essenfel de Breuer.
Caracas, Venezuela

Muy apreciada amiga:
Y permítame llamarla amiga aunque no la conozca de trato y comunicación, pues luego de leer su profundo y generoso estudio sobre mi obra, En la casa del pez que escupe el agua, no puedo llamarla de otra manera. No sólo por el afecto y aprecio que expresa hacia mi obra, como por la sorprendente y estrecha coincidencia de nuestras interpretaciones. Me he sentido fielmente interpretado, pues nadie hasta ahora me había dicho el sentido de “psicología del poder en Venezuela” que tiene mi obra, como la señala usted certera en los primeros párrafos. En efecto, si algo he querido demostrar en este libro son los móviles y motivos que han llevado a nuestros gobernantes y en particular a [Cipriano]Castro y a [Juan Vicente]Gómez a detentar parcialmente, ya que sólo comparten con “La Casa del Pez” el poder en Venezuela y de qué manera nuestra oligarquía a través de los siglos se las ha dice usted: “de una década a otra, de un poderío a otro”.

Asimismo, es usted la primera persona que señala la importancia del libro en la psicogénesis de Gómez, tarea en la cual me esmeré lo más que pude dentro de mis investigaciones y de los postulados de La Psicología de la Personalidad.
Me alegra y enorgullece que una persona de su talla y saber apreciar esa parte de mi trabajo en la cual el gran público no repara.

Le agradezco sobremanera cuando justifica el por qué la crudeza de las pasiones que describo y el bajo vuelo con que a veces aparece lo vulgar y lo procaz. Vulgar, sórdida y procaz es nuestra historia y nuestra gente demasiadas veces y como aspirante a una descriptivo no me queda más camino sino retratar lo que veo. Yo como usted, no soy político: no intento halagar. Soy psiquiatra, hombre de ciencia, prestado por los momentos a la novelística y a la diplomacia. Mi labor y mi deber es señalar fenomenológicamente la realidad que me rodea, independientemente del signo de las reacciones afectivas que produzcan. Estoy imbuido de una voluntad terapéutica. Creo que el escritor cuando acierta al delinear un fenómeno social con palabras claras y precisas hace igual que el psicólogo y el psiquiatra: lo destruye con el instinto. Una conducta solapada y maligna cuando se concretiza en un personaje muere. Cervantes mató a los caballeros andantes. Yo guardando las distancias quisiera matar a los Gonzalos Machados, a las Miricusas y a las Doña Concha que todavía en nuestros días siguen conduciéndose como los tiempos de Castro y de Juan Vicente Gómez. Cuando el gran público descubre estos arquetipos del malhacer los digiere entre burlas, de nuestros o silenciosos rechazos. De ahí el entusiasmo y la indignación que produce la lectura de En la casa del pez que escupe el agua.

Los afectados por mi diagnosis lanzan contra mi obra y persona los más absurdos y envenados venablos, como es mi ensañamiento contra una clase, particular lo negativo o utilizar mi obra como vehículo de ásperos resentimientos. Ni yo mismo hubiese podido defenderme mejor de lo que usted lo hace cuando refuta tales objeciones y en especial cuando afirma en relación a la acusación de resentido que se me hace que “cada vez que hay crítica se alude a resentimiento”. Aunque no hay escritor sin heridas y yo he sido herido gravemente muchas veces, no creo ser un resentido ya que no es la producción y el trabajo sus características predominantes sino un silencioso y estéril rumiar. La gente que tal dice se olvida o parece ignorar que el hombre tiene valores o superyó (según los gustos), y de la misma manera que no puede tildarse de resentido al que lucha contra la prostitución, el juego y el crimen tampoco tiene porque serlo al que se enfrenta y lucha contra la inmoralidad, la injusticia y la abyección, como creo haber hecho en este libro.
Me entusiasma sobremanera que usted glose precisamente las frases a las que doy mayor importancia y en especial con la que termina su artículo y habla de la responsabilidad de las clases dirigentes en el desarrollo de los pueblos primitivos o atrasados. Ahí está el meollo de mis afirmaciones y el señalamiento social que hago.

Mucho me gustaría conocerla y hablar ampliamente sobre cosas y hechos que señalan el camino de una gran amistad, ya que es la comunidad de pensamiento y de resonar afectivo lo que hace amigos a los seres humanos. Hágame saber de usted. Si viene a México no vacile en llamarme. Si voy a Venezuela (lo cual hago con frecuencia) me gustaría estrechar su mano.

Créame desde ahora su afectuoso amigo:
Francisco Herrera Luque.

Dirección: Paseo de la Reforma 2610.
México D.F.
Telfs: 570-1011”

Cuando nos remitió las copias de sus misivas a Ramírez Farías y la profesora Essenfeld, Herrera Luque las acompañó con esta epístola (Ciudad de México: marzo 11, 1976) en la cual volvió abundar en comentarios personales sobre lo que lo había llevado a concebir su segunda novela. En esos pliegos se lee:

México, D.F. 11 de marzo de 1976.
Roberto Lovera De Sola
Caracas.
Mi queridísmo Roberto:

Hace ya tiempo recibí tus dos cartas pero por falta de tiempo (el trabajo de esta Embajada es para locos) no he podido responderte con la celeridad del caso. En primer lugar, tu comentario crítico sobre En la casa del pez que escupe el agua me pareció extraordinario, aunque yo no soy la persona llamada a juzgar mi obra, creo contigo que el libro en referencia no es ni novela, ni historia, ni ensayo, siendo al mismo tiempo las tres cosas. No sé, y te pregunto, si tal carencia de ubicación es virtud o es defecto.

Otro tanto sucedió con mi obra Los Viajeros de Indias, donde los especialistas en la materia se tiraban pelos buscando una ubicación. A mí en lo personal, me parece que estas disquisiciones clasificatorias carecen de sentido, ya que el primer objetivo de un autor es amoldar el método a la cosa que pretende demostrar. Quizás para dar una visión adecuada de nuestra realidad y ficción. Como tu bien dices, la gente tiende a creer que la sola presencia de unos elementos de ficción (Más ciertos muchas veces que los personajes históricos) son suficientes para pensar que todo está dentro del mismo orden.

Hace poco recibí una carta de nuestro común y querido amigo, Antonio Arellano Moreno, donde me observa que el relato es tan fidedigno que pareciera que yo hubiese sido testigo de aquella tremenda realidad.

Tienes razón cuando dices que no se trata de una biografía de Juan Vicente Gómez, aunque sea uno de los personajes principales. Sería absurdo pretender entender a Gómez sin comprender su circunstancia, como en una ocasión me señalara Ramoncito Velásquez. Y en esa circunstancia, como tú también lo recalcas, juega un papel prevalente en nuestra oligarquía, pues en los países en formación son ellos los responsables.
Muchas gracias por los elogiosos conceptos donde se percibe el afecto del amigo y que emites sobre mi obra.

No puedo quejarme de la difusión y venta de libro, ya que 25,000 ejemplares en tres meses es una cantidad muy significativa. Boves, el Urogallo tiene hasta ahora en Venezuela un tiraje de 56.000 ejemplares en tres años. A propósito, y difúndelo, ayer recibí una carta del Círculo de Lectores donde los editores me comunican la grata noticia de que Boves, el Urogallo ha sido todo un best-seller, ya que en dos meses y medio agotó el tiraje inicial de 25,000 ejemplares. Es bueno recalcarlo, en mi opinión, para que mis implacables detractores vean que también triunfo afuera. Trataré de adjuntarte fotocopia de la carta recibida. Fuentes siempre paga pero muy tardía y lentamente, hasta la fecha sólo me ha enviado 10.000 bolívares cuando las tres ediciones harían un total de 87.500 bolívares. Tú bien sabes como, por fidelidad al amigo, he desechado cinco editoriales y, aunque no es el dinero el propósito fundamental, ni siquiera el secundario, que me lleva a escribir, creo tener derecho pleno y oportuno a la mísera participación de 10% que se le da a los autores.

Observa la carta que te adjunto del Círculo de Lectores y verás como esa gente liquida con puntualidad inglesa cada seis meses. Si Domingo “se hace bolas”, como dicen los mexicanos, con la suma señalada, ya te imaginarás qué pasará cuando esa cifra se duplique o triplique. Encomiendo a tu fina habilidad de que persuadas a Domingo que me envíe de cada edición agotada la suma correspondiente, ya que tengo entendido que las ediciones se esfuman al salir y que los libreros pagan hasta con anticipación. Domingo siempre tiene pretextos varios, tales como problemas personales, que se echó a perder la imprenta, etc., etc. lo cual, como tú comprenderás, resulta bastante molesto, aparte que el papel es de ínfima calidad. Con decirte que rechacé una propuesta inicial del Fondo de Cultura Ecoinómica de querer publicar En la casa del pez que escupe el agua “sólo” en Caracas pues ya sus agentes saben de que el mercado ofrece una posibilidad de 100.000 ejemplares. Les señalé que sólo aceptaría una cuota inicial de 20.000 ejemplares y la condición de que el libro fuese distribuido en todo el mundo. Bien conoces la calidad y prestigio de los libros del Fondo de Cultura Económica. No obstante, y eso va con la [Alicia] Segal, no quise perjudicar al amigo enfrentándole a una competencia que sin duda iría en su perjuicio, a pesar de la mengua considerable que para mis ingresos eso representa. Actualmente, el Fondo de Cultura Económica estudia mi propuesta y de no darme respuesta satisfactoria dentro de 15 días, la entregaré a la Editorial Posada que sí acepta todas mis condiciones. Tú sabes como quiero a Domingo pero a veces se le va la mano, todo el mundo comenta que esa obra merece un mejor papel y, si otras editoriales con igual formato y número de páginas ofrecen mejor calidad (Los Viajeros de Indias se vende por 5 bolívares más), no veo porqué Domingo no puede hacer otro tanto.

Me ha molestado la crítica de la Segal, en el sentido de considerar que la obra tiene éxito porque está plagada con chismes que vienen susurrándose desde hace cien años. Chisme, como ella misma lo dice, es lo que se susurra y no lo que se grita en el foro. Chisme es lo banal e intranscendente y se ceba contra personas inermes. ¿Cómo va a ser chisme que alguien se atreva a decirle a las 106 familias más poderosas del país que sólo son una farda de salteadores?. Como no puede ser chisme referir la horrenda tragedia de un pueblo envilecido hasta la saciedad por esos grupos que hoy se llaman gente decente. Chisme no puede ser recordarle a las generaciones nuevas, que en los tiempos de Juan Vicente Gómez y con la anuencia de los augustos padres y abuelos de nuestra oligarquía, se colgaba a los hombres del país por los mismos testículos y que vendieron miserablemente nuestra riqueza al extranjero. Chisme nunca es la tragedia, porque la tragedia jamás es banal salvo que la Segal, por buena judía que es recién llegada al país, considere que el dolor de los latinoamericanos nunca podrá alcanzar tal rango, como si el dolor y la epopeya fuese exclusividad del “pueblo elegido”. Ella es una pobre infeliz que se siente aludida cuando hablo de la periodista judía que curó la impotencia del tímido Gonzálo Machado, aunque no fue mi intención tal alegoría. Realmente, sin darme cuenta, puse en evidencia una realidad, ella simplemente trata de congraciarse con la Junta Directiva de Resumen, involucrados en mis acusaciones, y posiblemente atraerse la buena pro de algunos psiquiatras en cuyas filas milita su mediocre marido.

Cuídate, mi querido amigo, de las mujeres feas y especialmente si pertenecen a los grupos sionistas que lenta y progresivamente le están alienando a la colectividad judía, a la que pertenece tu madre, el cariño y el afecto que los venezolanos, y en particular yo, que les hemos profesado.

En cuanto a mi resentimiento de clase por el cual te pregunta me puedes preguntarle a los interesados ¿qué si el ideal de justicia que anida en muchos hombres y que, según los psicoanalistas, tiene su origen en pulsiones sadomasoquistas con resabios de homosexualidad inconsciente, es una entelequia o una realidad?. Procedo de las toldas de la oligarquía y del contubernio de los mantuanos con los hombres de garra; unos me aportaron linaje y otros riqueza mal habida. Por tradición y porque me da la gana, me siento, como tú, parte de la conciencia histórica de mi pueblo, y los éxitos logrados y el amplio espaldarazo de apoyo recibido por ese pueblo me ha hecho ver con sentido, probablemente mesiánico, que debo consagrarme hasta el fin de mis días a la develar la historia silenciada de mi país. Antes fui médico, ahora lo sigo siendo, no de individuos sino de pueblos, y si el médico, por lo que tiene de artista, disfruta plenamente ante la recuperación de la belleza y de la armonía cuando ese mismo efecto se logra dentro de amplias masas, el placer se hace infinito. ¿Satisfecho?.
Bueno mi querido Roberto, recibe un gran abrazo de éste tu amigo y ojalá te eches otra escapadita y te pases una semana con nosotros. Saludos a tus padres.
Pancho.

P.D. La Negrita salió personalmente a buscarte los libros que me pides, espero enviártelos junto con esta carta o posteriormente”.

1. Estudio presentando en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la mañana del sábado 28 de marzo de 2015. El texto corresponde al capitulo XV, “La segunda novela: “En la casa del pez que escupe el agua” de nuestro libro, aun inédito, Un formulador de interrogantes llamado Francisco Herrera Luque.

2 Francisco Herrera Luque: En la casa del pez que escupe el agua. Caracas: Editorial Domingo Fuentes,1975.472 p., esta es la primera edición del libro. Fue presentado en noviembre de ese año, en la sede del Ateneo de Caracas, por el profesor Augusto Germán Orihuela.

3 “Acuerdo de la Sociedad Bolivariana de Venezsuela” en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, Vol.XXXII, n/ 105(1975),p.8-13.

4“Nadie puede decir que mi Boves es disnto al Boves de la historia”. Declaración de Francisco Herrera Luque. En El Nacional, Caracas: diciembre 24,1974.

5Todas las citas que hacemos proceden de Francisco Herrera Luque: En la casa del pez que escupe el agua. Barcelona: Pomaire,1978. 583 p. Esta edición incluye dos apéndices: uno sobre el “Valor histórico de los hechos presentados”(p.561-563) y 201 “Notas al texto”(p.564-569). A esta edición de su novela la consideró su autor como definitiva, es la que se ha publicado desde entonces en numerosas ediciones que suman diez y nueve, siempre rápidamente agotadas. La cita sobre el concepto de “historia fabulada” creado por Herrera Luque procede de su programa histórico: “Sentido de la historia fabulada” en La Historia fabulada. Segunda serie. Barcelona: Pomaire, 1982,p.269-270.

6Las citas hechas proceden de Francisco Herrera Luque:Boves, el Urogallo.24.ed.Caracas: Alfaguara, 2001. 397 p. Ver las p.42,129,175,195,236. Francisco Herrera Luque: “Los peces de Miraflores”, en revista Momento, Caracas: Junio 3,1985; Manuel Rafael Rivero: Memorias y fantasías de algunas casas de Caracas. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1980. 178 p. La referencia, la hace en el capítulo “Casas Reales, Capitulares y de Gobernadores”(p.379); Rafael Díaz Casanova en Andrés Herrera Vegas. Caracas: Editorial Ateproca,2009. IX,125 p. La noticia está en la p.109; Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964): La ciudad de los techos rojos. Caracas: Tipografía Vargas,1947. 2 vols; ;Rosana Ordonez: La casa del odio. Caracas: Planerta,1994. 209 p.; Rafael Ramón Castellanos(1932): Los fantasmas vivientes de Miraflores. Caracas: Pomaire,1994. XIII,499 p. La cita procede de la p.155. Otras datos los tomamos de las p., 77-78, 445-458 de la misma obra, cuypo autor se basa en datos de la Historia de Miraflores de Rafael Pineda, aun inédita cuando redactamos estas líneas6. La referencia que sigue, en el siguiente párrafo, procee de Senta Essenfeld: Lo que nunca se dice. Caracas: Monte Ávila Editores,1991. 348 p. Ver: “Un pez y un país”(p.296-305).

7Antonio Arellano Moreno: “Sí señor, si”, Resumen, Caracas: agosto 22, 1976; Carlos Ramírez Faría: “En la casa del pez que escupe el agua”, revista Libros al día, Caracas, n/ 15 1976, p. 4-9; Senta Essenfeld: “Un pez y un país”. Revista Resumen, Caracas, n/ 130, 1976, p. 24-25, inserto en su libro Eso no se dice,p.296-305.