Jueves, 19 de Octubre de 2017

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El Vampiro es Latinoamericano

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Por: Roberto Lovera De-Sola

 Para Yolanda Pantin.

Más interesante y decisivo, aunque menos conocido es el tema del vampiro, una de las contribuciones latinoamericanas a la ficción occidental. El vampiro es un murciélago de las selvas tropicales de nuestro continente. Este coleóptero puede alimentarse de sangre de animales y personas, mordiendo a sus víctimas. Este animal es nuestro, de gran trascedencia literaria desde que Johann Goethe(1749-1832) escribió el primer poema que se le dedicó, ”La novia de Corinto”(1898) o John William Polidori(1795-1821) escribió el primer cuento sobre él, El vampiro(1819).

Como Polidori era secretario de Lord Byron(1788-1824) se atribuyó al gran poeta la narración de Polidori, tambien escrita en los días cuando Byron, Polidori y los Shelly, Percy(1792-1822) y Mary(1797-1851), él un notable poeta romántico con Lord Bryron y ella, la autora de Frankestein(1818), ella era además hija de la fundadora del feminismo(1792), Mary Woltonecraft(1759-1797). Estos amigos escritores, británicos todos, vivian en la Villa Diodati, en Suiza, frente al lago de Leman1. Y, aunque las narraciones vampirescas casi siempre suceden en la Europa central, en Hungría en particular, en Transsilvania, el genio que los inspiró es un murciélado aparecido en nuestras tierras, siendo el Dracula, conde de Valaquia del siglo XV, quien existió, un hijo de las contribuciones que nuestro continente ha dado a la imaginación europea, cuyo mas alto caso es el Dracula(1897), del irlandés Bram Stoker(1847-1912), esta novela siembra de miedo a sus lectores, por ello recomendamos leerla de día.
La gran vampira de todos los tiempos, un ser también real, fue Erzsebeth Batthory(1560-1614), la “condesa sangrienta”, quien hacía desengrar a las niñas de sus posesiones para luego bañarse con la sangre de sus víctimas para lograr así conservarse siempre joven. Erzsebeth ha sido considerada una de las más grandes asesinas de la historia, en cierto modo una especie de Gilles de Rais femenino, ambos vivieron en medio del horror de sus actos, “en ese torbellino primitivo y prohibido. Pues esto es precisamente lo que recibe el nombre de caos, ese abismo lleno de tinieblas y de luces abortadas, re retumbos de truenos y de esbozos del primer sonido. Ahí es donde gira Satanás, el primer descendiente de la gran virgen Lilith. Las tinieblas eran antes que la luz y el infierno antes que el cielo. Y para que el hombre comprenda, también le es menester asomarse a este abismo y mirar”2. La Lilith aquí citada fue, según los textos rabínicos, la primera esposa de Adan, según lo cual Eva fue la segunda.

Fíjense nuestros lectores todo lo que viene del vampiro y, sobre todo, aunque no siempre, de su recreación literaria. Ya hemos visto que vampiros fueron tanto Gilles de Rais(c1405-1440) como Erzsebet.

Reiteramos, Vampiro es una palabra húngara a través de la cual se ha bautizado un espectro o cadáver quien durante las noches chupa la sangre de los seres dormidos. Es por lo tanto un aparecido, que actúa cobijado en la oscuridad, con los ojos bien abiertos, gracias al cual Yolanda Pantín(1954) nos ofrece en su libro Los bajos sentimientos, una visión escatológica de la realidad. Vampiro es ese animal pero lo es también la persona codiciosa que chupa lo que no le pertenece. A la vez este es, según la zoología, un quiróptero americano, parecido a un murciélago, que habita en las selvas sudamericanas. Así este hematófago, a quien siempre hemos creído centroeropeo, pero es nuestro paisano, pese a las muchas ramificaciones de su acción en las letras del viejo mundo. De allí su prodigiosa presencia. Es, ya lo hemos advertido, otra contribución latinoamericana al viaje inverso de los descubridores: el nuevo mundo en el viejo, es el retorno de los navíos que ya hemos indicado. España, para el caso del vampiro, vale por todo el Viejo Mundo. En los textos europeos, y en algunos latinoamericanos, como es el caso aquí eferido, como los que aparecen en la poesía de la venezolana Yolanda Pantín, sobre todo en su poemario Los bajos sentimientos, en los cuales utiliza el vampiro al recrear la realidad a través de sus redondos poemas y por medio de él, ya lo hemos señalado, nos ofrece una visión terminal de nuestra época, una mirada a todo aquello que puede considerarse suceso de la decadencia, del comienzo de las postrimerías, del inicio de la vida de ultratumba, tanto como la expuesta por Paul Auster(1947) en su novela, también de un mundo final, El país de las últimas cosas3.

También los textos vampirescos se sitúan en la noche. Como el vampiro, esos escritos están situados en la oscuridad, la cual está tan intensamente relacionada con lo femenino, quien es siempre oscuro, de hecho la vagina lo es, como lo inconsciente, lo cual nos lleva por extraños senderos. Es por ello que la noche es fértil, es virtual, es simiente de vida, madre de los dioses para los Griegos. Tal el laberinto de los poemas de Los bajos sentimientos con los cuales ejemplificamos aquí. De allí que en esos poemas todo es quedo, es sombra, a través de ellos se explora lo más hondo, lo abismal, lo último. De allí que muchas de estos versos en vez de estar dichos están simplemente susurradas, no son canciones sino palabras dichas en baja voz, en casi silencio, aterida la poeta, inmerso él en un territorio onírico el cual nos lleva a todo lugar, a cualquier sitio.

Enero:17,2016.

1 John William Polidori: El vampiro. Traducción: Camila Loew. Bogotá: Norma, 2009.69 p. Los sucesos de la Villa Diodati, en 1816, decisivos para la historia de la literatura, por la sinificación de los personajes que allí se dieron cita aquel verano, han sido bellamente recreados por el novelista argentino Federico Andahazi(1963) en su novela Las paidosas. Barcelona. Plaza y Janés,1998. 219 p.; Bram Stoker: Drácula. Madrid: Edimat, 2003.444 p.

2 Valentine Penrose: La condesa sangrienta. Madrid: Siruela,1987.266 p. La cita procede de la p.127-128.

3 Yolanda Pantin: Los bajos sentimientos. Caracas: Monte Ávila Editores,1993.69 p. Este motivo se hizo presente en sus poemas “Nosferatu” y “La otredad y el vampiro” de su libro La canción fría. Caracas: Angria,1989.69 p., llenó su obra teatral La otredad y el vampiro.Caracas: Fundarte, 1994. 45 p.,, apareció en su relato Ratón y Vampiro se conocen. Caracas: Monte Avila Editores, 1991.Páginas sin numerar, textos que nos conducen a su nueva exploración imaginaria la cual llena las páginas de Los bajos sentimientos que nos ha dado pie a las consideraciones que se acaban de leer, con la cual nos hemos salido un poco del asunto que tratamos, pero la historia literaria universal nos ha empujado a ello. La novela de Paul Auster a la que nos hemos referido es El país de las últimas cosas. Barcelona: Edhasa,1989. 205 p.