Sábado, 24 de Junio de 2017

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El Gran Coreógrafo de Venezuela. La Vida y la trayectoria de Vicente Nebrada.

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Por: R.J.Lovera De-Sola

 “Bailar es como escribir poesía
con el cuerpo”
Elif Shafak:
La bastarda de Estambul,
ed.2009,p.97

El libro que el crítico e historiador de la danza Carlos Paolillo ha dedicado a la figura mayor de este arte en la Venezuela contemporánea, su Vicente Nebrada(Caracas: El Nacional/Banco del Caribe,2010. 121 p.) merece toda atención y una atenta lectura. La que ofrecemos aquí se centrarán en un hecho que consideramos el fundamental: presentar a Vicente Nebrada como una de las figuras centrales de la cultura venezolana contemporánea por haber sido el fundador del arte del ballet entre nosotros, que era entonces, “un arte nuevo, casi desconocido, serio, difícil, que precisa no solo una organización muscular determinada, sino de una conciencia y una dedicación constante: un arista”(p.26), como lo escribió Elías Pérez Borjas (1932-1993). Toda la exposición que ofrecemos aquí parte del libro de Paolillo y de los datos y documentos que él presenta, habrá, desde luego alguna excepción con personales aportes, aquellos que todo comentador crítico de un libro debe hacer.

La Vida
Vicente Nebrada Darias nació en Caracas, bajo el signo de Aries, el 31 de Marzo de 1930, en una casa de la parroquia San José, la familia vivió en la zona la mayor parte de los años de formación del hijo, hasta que este salió al exterior: cerca de la Iglesia de Trinidad, en Altagracia, y más tarde, de forma definitiva, en La Pastora, de Ceiba a Delicias número 59, con la sola excepción fue el período que vivieron en Quebrada Honda.

Nebrada estudió en la Escuela Experimental Venezuela, más tarde en el Liceo Andrés Bello y en la Universidad Central de Venezuela, aunque no terminó la carrera de Química pues en esos años definió su destino: cultivar su vocación artística, fue primero bailarín hasta los cuarenta años en 1970 y desde allí, por el resto de su vida, pedagogo de la danza y coreógrafo, el más grande que ha tenido Venezuela y uno de los más connotados del continente.

Fue temprana su vocación, porque “su facilidad y su fascinación por el movimiento fue muy innato”(p.17), como lo reconoce su hermana Mireya Nebrada. Indica Paolillo que la génesis de la vocación de Nebrada se puede decir se halla en el año 1944, tenía catorce años, cuando vio una compañía española en el Teatro Municipal. Al año siguiente estuvieron en Caracas los Ballets Rusos del coronel Basil.

Un Hecho Inadvertido
Sin embargo, para nosotros, y esta es una acotación de historia cultural, hay un hecho que debe subrayarse con detalle, sobre todo porque el acto creador siempre debe ser visto como unos vasos comunicantes que unen a una generación con la siguiente. Así con la presencia de la compañía del coronel Basil en Caracas a Nebrada le llegó a través de sus maestros de Caracas la esencia del arte de la danza del siglo XX, de hecho lo conectaron con la gran creación del ballet clásico y neo-clásico: la compañía de Basil fue una de las sucesoras, la otra fueron los Ballets Rusos de Montecarlo, de la creación uno de los más altos espíritus de esa centuria, la de Sergei Diaghilev(1872-1929): los célebres Ballets Rusos, fundados en 1911, que cambiaron el senderos del ballet en nuestro tiempo. Este es un hecho que consideramos fundamental en el vivir de Nebrada: desde muy temprano estuvo situado en la gran tradición de su arte, que fue vanguardia desde muy temprano, sobre todo en sus grandes presentaciones en el París de los años diez de los Ballets Rusos, en 1913 se estrenó allí una ballet que lo cambió todo: La consagración de la primavera, con música de Igor Stravinski(1882-1971), aunque ya para ese año, esencial en la historia artística del siglo XX, ya Diaghilev había estrenado, siempre con música de Stravinski, El pájaro de fuego(1910) y Petrushka(1911). Pudo ver entonces Nebrada en Caracas coreografías de Mikhail Fokine(1880-1942), Leonide Massine(1896-1979) y Serge Lifar(1904-1986), figuras claves de este arte, todos venidos de la rica cantera de los Ballets Rusos. No hay que olvidar que una destacada bailarina de esa compañía, Anna Pavlova(1881-1931), había bailado en Caracas en 1917: el 17 de Noviembre en Caracas y 10 de diciembre en Puerto Cabello(Carlos Augusto León: “La Pavlova en Caracas” en Palabra viva. Caracas: Monte Ávila Editores,1982,p.132-142). Y tampoco soslayar que en sus años de formación también vivía en Caracas Gally de Mamay, ex integrante de los ballets rusos de Diaghilev, la “primera en dictar clases de ballet en Venezuela”(p.35).

Haciéndose Bailarín
Además desde la primaria, en ese gran semillero de talentos que fue la Escuela Experimental Venezuela, tuvo compañeros con vocación por las artes como Isaac Chocrón(1930) y Román Chalbaud(1931). Y muy pronto, ya en el Liceo Andrés Bello, trabó relación con Elías Pérez Borjas, gran amigo, compañero y con los años “consejero y muchas veces cómplice”(p.81) como acota Paolillo. Fue Pérez Borjas también figura clave en el desarrollo de la danza entre nosotros pues su nombre está ligado a la fundación de Ballet Internacional de Caracas(1974), del Ballet Teresa Carreño(1984) y al desarrollo de Danzahoy(1979) al cual tanto apoyo y proteccióndio, estas dos últimas en su fecunda acción como director-gerente del Teatro Teresa Carreño(1984-1991).

En 1945, siendo ya Vicente Nebrada estudiante del Liceo Andrés Bello, se inició, en el mes de noviembre, la Cátedra de Ballet de ese Liceo, dirigida por Hery y Luz Thomson. Más tarde otros dos bailarines de la compañía del Coronel Basil, que se quedaron en Venezuela, David y Eva Grey, tomaron en sus manos esa cátedra de Ballet, eran los días siempre tan fecundos para la educación en el país en que el profesor Dionisio López Orihuela(1895-1975) dirigió aquella institución(1936-1952), allí ya estaban también como profesores Freddy Reina(1917-2001) en musica y en teatro Alberto de Paz y Mateos(1915-1967).

Allí también se encontró con Irma Contreras(1930), juntos serán “una pareja artística de especial empatía”(p.19). Con el tiempo se les unió Graciela Henríquez(1932), fueron la trilogía de nuestros bailarines en los años cincuenta, siendo Vicente siempre el de las ideas creativas e Irma la organizadora y Graciela, después de Irma Contreras, otra de sus parejas en el escenario.

Aquellos años finales de los cuarenta fueron los del inicio de su formación artística: “yo sin saberlo, tenía unos pies con unos empeines muy altos, unos pies perfectos para bailar, lo que me estimuló mucho a continuar”(p.18) declaró. Fue su sendero hacia el desarrollo de su carrera, lo cual fue norte desde sus inicios, algo nada fácil de lograr en aquellos años entre nosotros donde no había bailarines profesionales ni tal carrera existía.

Luego vino el Club de Ballet de los Thomson en una casa de San José, considerada como “el primer conjunto de de ballet creado en Venezuela”(p.26), cuyas clases “estaban basadas en la gran tradición de la escuela rusa”(p.26), lo que nos reitera la idea de la forma como ese arte llegó a Nebrada desde su fuente principal.

El 29 de Junio de 1946 fue el día de su debut como bailarín en el Teatro Municipal como integrante del Cuerpo de Baile del Liceo Andrés Bello. Hicieron Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev(1891-1963) y una versión para ser bailada de los Cuadros de una exposición de Modest Mussorgsky(1839-1881), bajo la dirección de de Henry Thomson. Ese día se iniciaron sus veinte y cuatro años como bailarín, se cerraron en 1970 cuando cumplió los cuarenta años, edad ya de retiro para todo danzante.

En 1948 ingresó en la Escuela Nacional de Ballet creada por la María Enriqueta Coronil Ravelo(1922-2001), siempre conocida como la Nena Coronil. Allí también estudiaron Irma Conteras y Graciela Henríquez “con quienes Vicente conformaría pronto un trío de interpretes histórico”(p.27) indica Paolillo. Conoció a Belen Lobo(1932), de catorce años entonces, “Seguir a Vicente en las clases de ballet significaba para ella una verdadera inspiración…verlo ere un prodigio. ¡Era tan bello! Una belleza muy particular. Tenía unos pies impresionantes que llamaban poderosamente la atención…Vicente era un interprete fascinante, poseía una soltura notable y un sentido muy claro de la ejecución”(p.31), recuerda Belén Lobo.

En esos años ya Nebrada iba mucho a Nueva York, en las vacaciones, para empaparse bien de todo lo que podía ver allí.
Idos los Thomson tomó clases con los Matlinsky. Ya en 1950 los tres, Nebrada, Irma Contreras y Graciela Henríquez, fueron a Nueva York y tomaron clases en el Carnegie Hall y en el Metropolitan Opera House.

En La Habana
En 1952 estuvo un año trabajando en la compañía de Alicia Alonso en La Habana, ella al verlo en Caracas bailar en 1949 lo invitó al darse cuenta de su talento.

Escala en Caracas
En 1953 regresó a Caracas desde Cuba. Volvió al ballet de la Nena Coronil. Bailó, como parte de esa compañía, en la primera emisión televisiva de RCTV(Noviembre 15), día del comienzo de la televisión privada en Venezuela, en donde se ejecutó su versión de Las sílfides, hecha a partir de la pieza de Mikhail Fokine.

Entonces llegó a Caracas el bailarín inglés Henry Danton, “El fue el gran artífice de la escuela de ballet y la inspiración de la Nena, además del coreógrafo de las danzas en la ópera. Todo de nuestro universo de la danza giraba alrededor de él”(p.30) recordó Graciela Henríquez.

Pero, era lógico, ya para esos años, casi mediados de los cincuenta, “El medio venezolano de la danza comenzó a hacerse estrecho para Vicente Nebrada, quien sintió necesidades imperiosas de viajar al exterior”(p.37), “comenzó a vivir una paradoja. Se había convertido en profesional de ballet dentro de un medio, el venezolano, que no permitía una verdadera carrera artística dentro de la danza”(p.37), todo porque aquel arte, ya suyo, estaba prácticamente naciendo entre nosotros. En 1949, ya lo hemos indicado, había conocido en Caracas a Alicia Alonso(1920), asistió a sus clases y esta lo invitó a incorporarse a su compañía en La Habana, era ya la meca latinoamericana del ballet y de la danza como lo sigue siendo aun hoy cuando Alicia Alonso de noventa años sigue activa. En 1952, después de una temporada en Nueva York, se fue a La Habana, fue su “primera experiencia como bailarín dentro de una compañía profesional internacional”(p.38). Allí actuó como bailarín solista.

En 1953, como lo hemos indicado, retornó a Caracas. Volvió a la compañía de la Nena Coronil, en ella hizo sus primeros intentos coreográficos, señal que esa vocación ya había comenzado a ser suya.

París
El 6 de Diciembre de 1954 viajó a París junto con Irma Contreras, Graciela Henríquez y Henry Danton, con una beca que le dio el gobierno. Era importante porque Francia es la patria del ballet desde 1581, en donde en el siglo XVII se desarrolló plenamente en Paris dado el impulso que le dio Giovanni Battista Lully(1632-1687), con el apoyo del Rey Sol, Luis XIV(1630-1715).
De 1955 y 1956 fueron sus primeros trabajos coreográficos en el exterior.

Paso por Caracas
En 1957 en Caracas, de regreso de Europa, participó como bailarín y coreógrafo en la primera temporada del Ballet Nacional de Venezuela creado por las hermanas Irma y Margot Contreras(1927). Allí se encontró con Sandra Rodríguez(1947), bailarina de diez años entonces, le vio claramente sus dotes.

La Internacionalización
Paolillo no precisa la fecha exacta del paso de Nebrada a los Estados Unidos. Según sus datos en 1959 ya encontramos a Nebrada en Nueva York, en ese momento se inició su alejamiento de Venezuela que llegó, con una interrupción en 1967, hasta el momento en que vino a Caracas para crear, junto a Sandrá Rodríguez, el Ballet Internacional de Caracas. En Nueva York se reencontró con sus amigos Chocrón y Pérez Borjas. Ingresó en el Joffrey Teatre Ballet, más tarde denominado el Harkness Ballet, “era un ámbito en extremo riguroso…Tal vez de allí provenga mi fama de exigente”(p.59) declaró.

Desde ese momento hasta 1970 actuó allí como bailarín, de ese año en adelante será coreógrafo, su primera gran obra, aunque no fue su primera coreografía, fue Percusión para seis hombres(1969), memorable pieza sin duda, constituyó, con razón, “un impacto internacional”(p.61).

En 1970 tenía cuarenta años, dejó de bailar, se dedicó a la creación balletística, a la puesta escena de sus piezas y a la pedagogía de la danza la que ejerció entre los bailarines que dirigió en las puestas de sus obras: Concibió a lo largo de su vivir más de sesenta coreografías, “inscritas dentro de las más disímiles tendencias de la danza escénica”(p.79), en las cuales su contribución al “pas de deux” fue fundamental. En este aspecto consideramos como su obra esencial su “Lento, a tempo e appassionato”(1978), inmensamente pasional.

En 1974 se creó el Ballet Internacional de Caracas, iniciativa de María Cristina Anzola y Elías Pérez Borjas. Nebrada y Sandra Rodríguez fueron llamados a Caracas para ponerlo en marcha. Creemos que se puede decir que ese momento fue el gran instante del ballet en nuestro país, su hora fundacional estelar. Desde su estreno deslumbró a espectadores y baletómanos.

Su debut fue en Caracas, en el Tetaro Municipal, el 4 de Septiembre de 1975. Las seis obras del programa eran coreografías de Nebrada y el público caraqueño pudo descubrir a Sandra Rodríguez, ya rutilante estrella internacional. El Ballet Internacional de Caracas fue a la vez una compañía internacional, la primera en su género que tuvo Venezuela.

Por ello su lamentable final, producto de un enfrentamiento de Sandrá Rodríguez con Nebrada, fue un hecho doloroso, uno de los peores momentos del arte en entre nosotros, se perdió algo demasiado esencial. Eso fue en 1981 en que el BIC cesó en sus actividades, con una “violenta discusión pública e incluso demandas judiciales”(p.70). Algo que debió evitarse porque los logros eran demasiado altos y la continuidad de aquel proyecto necesaria.

En ese triste momento Nebrada volvió a su trabajo internacional, en cuatro continentes, excepción hecha de África, donde fueron puestas en escena sus creaciones, fue así junto con Teresa Carreño(1853-1917) los únicos artistas venezolanos en haberse presentado en Australia, aunque la Carreño le ganó por un cuerpo: también tocó en Sudáfrica.

El 6 de Diciembre de 1984, otra vez gracias a Elías Pérez Borjas, se creó el Ballet del Teatro Teresa Carreño, cuya primera presentación fue ese día. Nebrada, siempre con el apoyo de Pérez Borjas, logró allí hacer realidad plena lo planeado para el Ballet Internacional de Caracas. En el Ballet del Teatro Teresa Carreño tuvo lugar siempre tanto el ballet neo clásico como el clásico, siempre, indica Paolillo, “sin olvidar la libertad y la personalidad en el movimiento”(p.76), ella propia del modo de Nebrada de abordar su arte.

En ese período, 1984-2002, surgieron obras fundamentales suyas sino también, producto de su propia enseñanza entre nosotros, los “Bailarines Nebrada”, como los llama con razón Paolillo, quienes fueron formados por él y comprendieron el “espíritu regocijante que orienta su danza”(p.91).
Siendo una figura central de nuestra creación dancística y nombre esencial de nuestro proceso cultural en el siglo XX, Vicente Nebrada murió en Caracas el 26 de Mayo de 2002.

Nuestra Creación
Sin prisas pero sin pormenores debemos decir que cuando Vicente Nebrada(1930-2002) apareció en nuestro ballet este prácticamente no existía, todo lo que nuestros espectadores conocían les venía de los compañías extranjeras que nos habían visitado. Así todo empezó con él.

Pero aquel 1944 cuando Nebrada, de catorce años, vio en Caracas bailar a un bailarín profesional, Joaquín Pérez Fernández, la cultura venezolana vivía un singular momento, ello desde finales de los años veinte, comienzo de nuestra modernidad, en sus diversos campos. En la literatura, al menos desde que en 1924 Teresa de la Parra(1889-1936) había publicado Ifigenia; en 1927 Julio Garmendia(1898-1977) sus cuentos de La tienda de muñecos con volumen con el que se convirtió en fundador del realismo fantástico en la ficción hispanoamericana; Rómulo Gallegos(1884-1969), en 1929, Doña Bárbara a la que siguieron un lustro más tarde sus otras dos grandes novelas Cantaclaro(1934) y Canaima(1935); también en 1929 aparecieron Las memorias de mamá Blanca de nuestra gran Teresa; en 1931 Arturo Uslar Pietri con Las lanzas coloradas la cual junto a Doña Bárbara recibió sonados galardones internacionales en Madrid, el premio “El mejor libro del mes”; también de 1931 es Cubagua de Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964), un libro esencial que tardó en ser entendido por su particular manejo del tiempo narrativo; de tres años mas tarde son el cuento La balandra Isabel llegó esta tarde y la primera novela, Canción de negros, de Guillermo Meses; de 1936 Mene, nuestra primera e indiscutida novela petrolera, de Ramón Díaz Sánchez(1903-1968); de 1936 son también los cuentos uslarianos del volumen Red en donde aparece, en el cuento “La lluvia”, el realismo mágico en la ficción latinoamericana; de 1939 es Fiebre de Miguel Otero Silva(1908-1985). Y qué decir de nuestro decisivo movimiento poético, que tuvo a los poetas de 1918 con Fernando Paz Castillo(1893-1981), Rodolfo Moleiro(1898-1970), Andrés Eloy Blanco(1896-1955) y José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) sus figuras estelares; los de Viernes, con Vicente Gerbasi(1913-1992) a la cabeza y los de 1942 con Juan Beroes(1914-1975) e Ida Gramcko(1924-1994) entre sus nombres decisivos. Tal Al norte de la sangre(1943) del primero y Poemas(1952) de la segunda.

Pero no solo la literatura, siempre nuestro modo de mayor de comprensión del país, sino que también ya era grande el movimiento musical, desde la fundación de la Orquesta Sinfónica Venezuela en 1930 por el maestro Vicente Emilio Sojo(1887-1974) y por el proceso del trabajo de nuestros compositores como Antonio Estévez(1916-1988), su Concierto para orquesta y su Cantata criolla son de ese período en el cual también actuó también Juan Vicente Lecuna(1891-1954) sus hermosísimas Sonatas de Altagracia son también de aquellos años.

En nuestras artes plásticas estaban vivas las lecciones del Círculo de Bellas Artes y la presencia de Armando Reverón(1889-1954), “uno de los venezolanos más importantes que en este momento viven” como lo había dicho Mariano Picón Salas(1901-1965) dicho de él en 1939(Suma de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores, 1988,p.385). Francisco Narváez(1905-1982), nuestro primer escultor, laboraba día a día. Y ya las raíces de lo que sería el gran cambio plástico a través del Taller Libre de Arte(1948) y del grupo Los disidentes(1950), fundado en París, había comenzado a andar.

Dentro de todo el vivo proceso creativo de los años cuarenta, tiempo del grupo Contrapunto(1946-1948), en el cual Andrés Mariño Palacio(1927-1965) su teórico y crítico puso las bases, sobre todo con sus Ensayos(1967) y con su novela Los alegres desahuciados(1948) de lo que sería la nueva literatura venezolana, que surgió sobre todo con Los pequeños seres(1959) de Salvador Garmendia(1928-2001), proceso apenas examinado como se debiera. Es allí donde hay que situar también a Vicente Nebrada, allí está su raíz. Eso fue lo que encontró. Y con esas bases pudo ser también un fundador y un innovador. Nunca un creador de su jerarquía nace en la tierra yerma, sería impensable.

Su Esencia
Aparecen en la obra de Paolillo al menos dos declaraciones de Vicente Nebrada, la exposición de sus ideas más entrañables, que consideramos que debemos citar. La primera es: “Creo que la danza es un lenguaje universal y que desde el comienzo el hombre baila con el propósito de comunicarse…y…no hay barreras…para expresarse y comprenderse. Hago danza porque pienso que con ella logro expresar este sentimiento y esta necesidad de comunicarse con todos, sin ninguna excepción”(p.9). La segunda es: “El cuerpo en movimiento, la energía formando círculos. Una energía no lineal, sino circunferencial. No se basa en una anécdota, sino en estados de ánimo románticos”(p.79), aunque esto último fue escrito a propósito de una de sus grandes coreografías, Nuestros valses(1976), en verdad es la expresión de un modo de crear en su campo.

Cómo Era
En las primeras líneas del capítulo final de su libro Carlos Paolillo retrata a Vicente Nebrada así: “Personalidad controversial, rigurosa y exigente. Creador sin límites geográficos, aunque apegado profundamente a su sentido de identidad. Sensible y sensitivo. Fríamente distante, cálidamente cercano, poseedor de un cínico sentido del humor. Gran amante de la música, las antigüedades, el blanco y el negro y el art decó. Obsesionado por la escena, mago del espectáculo. Precursor y visionario. Venezolano, latinoamericano y universal”(p.97).

Testigos de su vivir, sus contemporáneos, los únicos que nos conocen con certeza nos han dejado estos testimonios: “Era un muchacho tranquilo de muy pocas palabras…Era fuerte de carácter…eras generoso y tenía muy buen corazón…su voluntad siempre se imponía en todo momento”(p.34) señaló Henrry Danton. Como “sereno y tranquilo” lo vio el bailarín gringo Zane Wilson, su compañero de vida a lo largo de treinta y dos años de vida personal y artística.

Rasgos
Hay rasgos que definen las tareas de Nebrada. Dice Paolillo de los días de su iniciación: “La danza para la época no era una profesión estable, sino toda aventura”(p.21).

A muchos, sobre todo a sus compañeras, llamó la atención siempre su belleza física, “muy blanco y con el pelo muy negro, con un mechón rebelde que le caía en la frente, los pómulos salientes, que le daban un aire achinado, más bien alto y con un cuerpo que ya empezaba a tener cierta musculatura que le daba el entrenamiento en danza”(p.20) lo recuerda, joven liceísta en aquellos días, Graciela Henríquez.

Su hermana Mireya Nebrada indica: “su facilidad y su fascinación por el movimiento fue algo muy innanto”(p.17), de hecho la esencia de su fascinante Percusión para seis hombres(1969) es la presencia absoluta de lo que es el movimiento, esta es la esencia de aquella coreografía.

Como bailarín, dice Irma Contreras, “demostró ser un bailarín nato y como partenaire era sumamente exigente”(p.19), de “sorprendente presencia escénica”(p.39) dice otro testigo; “se destacaban sus increíbles empeines”(p.40) dice el bailarín venezolano Tulio de la Rosa, compañero desde los días de Caracas, tiempos en que ambos estaban en la escuela de la Nena Coronil, estuvo también en la compañía de Alicia Alonso cuando Nebrada y él bailaban en ella. Tulio de la Rosa ha desarrollado amplia tarea en México. Isaac Chocrón remata el retrato al afirmar que Nebrada, su amigo desde la infancia, “era un bailarín de un gran magnetismo y de un carisma estupendo”(p.58).

Qué Hizo
Fue Vicente Nebrada la figura central fundadora del ballet clásico en Venezuela que entonces prácticamente no existía, tarea que no pudo hacer solo, el ballet es un arte colectivo, junto a él estuvieron para ello el maestro Henry Danton y las bailarinas Irma Contreras y Graciela Henríquez, los cuatro “representantes cimeros del ballet venezolano de los años cincuenta”(p.98) como indica Paolillo. Tuvo la suerte Nebrada, en su momento inicial, de haber llegado a Caracas los buenos maestros que lo formaron, la presencia de la Nena Coronil, gran impulsora de ese arte, logró así empaparse de todos los elementos que le pudieron llegar en el campo del ballet en los años finales de la década del cuarenta y principios de los cincuenta, leer todo lo posible sobre lo que movería su vida, ello antes de salir por temporadas a Nueva York, de haber permanecido un tiempo en La Habana como solista de la compañía de Alicia Alonso, ciudad ya convertida en meca del arte del baile en el continente y sacar todo el fruto que pudo a su paso por Francia, gozando de una beca del Ministerio de Educación, lo cual lo pudo en contacto con todas las formas más avanzadas de la danza, trabó relación con Maurice Bejart(1927-2007), y Roland Petit(1924), entre otros. Bejart fue por cierto uno de los grandes insomnes de nuestro tiempo(como el peruano Alfredo Bryce Echenique). Eso fue lo que fue a nuestro entender, basándonos en la rica documentación del libro de Carlos Paolillo, lo que le preparó para sus fecundos años en Nueva York primero como bailarín hasta 1970 y más tarde, por el resto de su vida, como maestro de danza y coreógrafo, lo que lo convirtió en uno de los venezolanos universales del siglo XX, ya que en los cuatro puntos cardinales de la tierra se bailaron sus coreografías. Y aun se las sigue poniendo en escena, a veces montadas por sus propios bailarines caraqueños.

Teniendo en cuenta lo que hemos señalado antes sobre la forma como la gran tradición del ballet del siglo XX llegó a Nebrada, también él encontró, siendo liceísta, que había ya el proyecto de “Formar en Venezuela un ambiente propicio para el desarrollo de la más antigua de las artes, la danza, a través de una de sus formas más nobles: el ballet”(p.25). Y se entregó a ello. Tener un proyecto es esencial para toda creación, política o cultural, porque como nos enseñó don Simón Rodríguez(1769-1854): “Donde no hay proyecto no hay mérito”(Obras completas. Caracas: Universidad Simón Rodríguez,1975,t.II,p.302).

Anota Paolillo: “Como creador Vicente Nebrada se inscribe dentro del estilo neo-clásico desarrollado a partir de [George] Balanchine(1904-1983)”(p.72), otro coreógrafo que venía de la rica veta de los Ballets Rusos de Diaguilev. Y es por ello “El denominado neo-clásico latinoamericano tiene en Vicente Nebrada a un representante lúcido y revelador”(p.79), pero viene de la inmensa creación hecha posible por el talento sin par de Diaguilev, no sin razón considerado no solo el mayor promotor artístico del siglo XX sino el mayor mecenas de las artes desde los Medici en la Florencia del Renacimiento, en el siglo XVI. Venir de allí no es poco. Es lo que permitió a Nebrada hacer lo que debe hacer todo creador: estar en la vanguardia sin olvidar la tradición, estar en el péndulo que sostiene toda invención artística: la aventura y el orden.

Unos Ejemplos
Producto de ello fue su singular cosecha en ballets inolvidables. Esta es nuestra particular antología: Percusión para seis hombres(1969) que es la pura reivindicación del movimiento; La luna y los hijos que tenía(1975), con su bella carga erótica, pocas veces subrayada; Nuestro valses(1976) que muestra la singularidad, ya recalcada por los musicólogos, del valse venezolano del siglo XIX; Una danza para ti(1980) en donde revivió las composiciones de nuestra Teresa Carreño y Ramón Delgado Palacios(1863-1902); Una celebración de Haedel(1982) que nos deslumbró desde la primera nota musical y desde el primer paso de los bailarines sobre el escenario y desde luego Romance(1996), en donde por medio de nuestros grandes boleros, en las versiones del méxico-boricua Luis Miguel, quien posee la voz precisa para cantarlos, está en ese ballet toda la esencia de lo que somos y sentimos los caribeños.

Y, desde luego, en sus años finales sus estupendas versiones de los clásicos del ballet: Copelia(1987), El lago de los cisnes(1991) y Don Quijote(1992).

El Mensaje
Tal el hombre, el creador, que confesó: “sigo creyendo en la validez de ese acto de magia: que llene el cuerpo de cada bailarín con algo inexplicable y que llene al público, sepa o no de danza, con lo que experimentaron los bailarines. Esa es mi búsqueda: llegar a comunicar al público algo que les produzca eso inexplicable. Es parecido a cuando uno llora y ríe al mismo tiempo. Es como una satisfacción”(p.100).

Septiembre 21,2010