Domingo, 25 de Junio de 2017

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El Esclavo y su Isla

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Por: Roberto Lovera De-Sola

“La literatura es una forma falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos en el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglifico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente para aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional”.
Mario Vargas Llosa: Elogio de la lectura y la ficción. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura(2010), leído en Estocolmo, Suecia: Diciembre 5,2010(Publicado en El País. Madrid: diciembre 7,2010).

Gracias amigos y amigas por su presencia esta mañana. Y gracias a Julia Carolina Ojeda por permitirnos lanzarla, desde aquí, como dramaturga, al permitirnos leer públicamente su pieza El esclavo y su isla, cuya lectura dramatizada acaban de escuchar. Y gracias a los compañeros y compañeras que nos han permitido hacerla viva desde la palabra que es la esencia del teatro. Y la presencia de Francisco Suniaga, el autor de El pasajero de Truman, ya que El esclavo y su isla es una recreación surgida de un costado de su celebrada novela. Y porque tanto la novela como la pieza constituyen aspectos de una meditación sobre Venezuela, reflexión que hoy nos urge.

Julia Carolina Ojeda es una figura demasiado presente, dentro de la nuestra escena y dentro de nuestra música, como para no sentir, tras la lectura que nos hizo de su pieza para no llamarla aquí, para no dejar de estimular su talento desde esa casa, que ha tenido esa misión entre las que cumplimos a través de nuestras tertulias.

Julia Carolina Ojeda es músico destacada, mezzosoprano, una de las fundadoras, junto con la maestra Isabel Palacios, de la Camerata de Caracas y profesora de voz en la formación de actores, tarea a la que dedica hoy en día buena parte de su tiempo, además de ser productora teatral, quien muchas veces compone también la música que escuchamos desde el proscenio. Pero ella siempre nos sorprende, por su cultura, por su formación, por su sensibilidad, por su profundidad, por la densidad de sus planteamientos y comentarios.

Van aquí algunas reflexiones sobre la lectura de El esclavo y su isla nos proponen.

Debemos comenzar diciendo que su pieza, concebida en clave de comedia, nos pone ante una escritora, es decir alguien que tiene un lenguaje y una visión para expresarla con la palabra. Hay en su texto una escritura certera, clara, bella.

Además, se inspira en los clásicos, tal Goethe y el Fausto, pero, no sé si se dieron cuenta, hasta una idea del Libertador aparece, al menos, no explicita, pero esta allí, muy bien clavada en su sitio.

Y Bolívar es un clásico y fue un gran escritor, hombre que usaba las letras para expresar sus ideas políticas. Y sus dos mejores textos literarios aparecen en El Esclavo y su isla. Fíjense: Primero en su idea de “oro y esclavos”, cuando dice en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815): “oro y esclavos. El primero lo corrompe todo; el segundo está corrompido por si mismo. El alma de un siervo rara vez alcanza apreciar la sana libertad; se enfurece en los tumultos o se humilla en las cadenas”(Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2009. 32 vols. La cita procede del t.VIII,p.244). La segunda: aquella del Discurso de Angostura(Febrero 15,1819), “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política(Escritos del Libertador,t.XV,p.16-17). Bolívar siempre está presente en la meditación de los intelectuales venezolanos, casi siempre implícitamente, porque aunque no se haya leído explícitamente ni la Carta de Jamaica ni el Discurso de Angostura, por cierto obras literarias plenas, las escuchamos leer, desde niños, a nuestros profesores. O las leímos. Es por ese camino, por esas admoniciones, es donde encontramos esta línea de El esclavo y su isla: “es[ta es] la historia de un desierto enloquecido transformado en vergel de paz”: ¿será ese nuestro vivir, nuestra tragedia como pueblo?

Podríamos añadir además que un destacado novelista cubano de hoy, exilado desde luego, Antonio Benitez Rojo(1931-2005) dice en su bella novela Mujer en traje de batalla que lo que define a ese país es “aquella isla enferma de azúcar y esclavitud”(Mujer en traje de batalla. Madrid: Alfaguara,2001. 512. La cita procede de la p.495). En la observación literatura e historia se entrelazan, como siempre sucede en nuestra América Latina.

Pero hay más, a través de la tragedia de Diógenes Escalante(1879-1964), no creemos que se la pueda llamar de otra forma, Julia Carolina Ojeda nos ofreces una visión del país, una meditación sobre nosotros. Esa es, para nosotros, la entraña de El esclavo y su isla. Creemos, que bellamente expresado, con gran agudeza a todo lo largo de bello diálogo que nos ofrece en su pieza.

El título de esta obra implica esta interrogante: ¿pudo Escalante ser un esclavo? Quizá. ¿No lo es todo enfermo mental? ¿Somos los venezolanos un país esclavizado? Seguramente, atenazados, sin poder andar, somos el país de la “historia detenida” que dijo Francisco Herrera Luque(1927-1991): “Esa fijación injustificada a situaciones pretéritas es lo que en mi opinión hace sufrir tanto a Venezuela”(La historia fabulada. Barcelona Pomaire,1983,t.III,p.194). Y lo afirmamos porque a lo largo de El esclavo y su isla está la pregunta si somos un país de locos, o de enloquecidos, quizá por ello la pieza se inicia con la locura, y su protagonista es un demente, pues todo enfermo mental, como ese, es un ser que está atrapado en su dolencia, es un esclavo de ella pues se cree, como escuchamos en la obra, otro, otro ser, otra persona, un ser que solo sueña y no llega a hacer reales aquellos sueños. Es por ello que se podría pensar que no es que Escalante se haya enloquecido sino que el país lo enloqueció. Creemos que esta interpretación vale.

Es tal ello que la idea de sanarlo está expresada cuando escuchamos: “Sanar… la patria… sanar…la patria…sanar…”

O la pregunta de si se hace necesario venir “a verificar si usted enloqueció o como todos en este país, se está haciendo el loco doctor”. Y después le dice algo que nos ha llevado al disparate: “Yo estoy aquí a su lado para darle su última oportunidad…¿la acepta? Si me cuenta la verdad, yo lo convierto en un héroe patrio…”.

Y el hombre, el protagonista, que busca qué será lo que deba hacer, dice en uno de sus parlamentos: “Recuerdo de memoria páginas completas de El Quijote, versos de Schiller, Lord Byron, eso me sirvió de camuflaje pero dentro de mí está agazapado un ser doloroso… un asunto... ¡Hermano! ¡No te vayas! ¡Explícame que me pasa! ¿Esos fantasmas son de la familia?...”. Y como le angustia tanto la nación dice: “¡Alguien ha robado el futuro y como no tienen oficio, me vienen a buscar, otra vez para que arregle el país! a buena broma, caray…”.

¿Es en esa búsqueda que el personaje, el Esclavo, llega a pensar que es otro, ¿por ello lo creen loco?, “él cree que es Diógenes Escalante, ¿el candidato loco o fue presidente? ¡Ay! Con tanto locato que ha llegado a la presidencia”.

De allí su muy sentido deseo: “No…les tenía fobia, les echaba la culpa de esta ruina y creyó que en la historia debía haber un prócer moderno, alguien en quien creer para buscar un ejemplo, un modelo, algo que pudiera ser rescatado y entonces apareció Escalante…ese, el que esperó dos veces para ser presidente y nunca lo logró, el que tenía su civilización, su cultura y todo eso pero, ese hombre escondía un loco.

“Esclavo: No estoy loco! Yo puedo cambiar este país! Estoy llamado a cambiarlo…tengo la fuerza de las convicciones profundas que penetran mi sabia y la enfebrecen… Soy el Elegido…el ungido, yo, Diógenes, el hombre civilizado y conocedor de Europa!”. O que “Mis buenas intenciones llenaron el vacío de mi generación, la utopía del hombre civilizado y progresista, que cree en un porvenir posible: Este país lleno de futuro, progreso y paz… qué precio tan alto hemos pagado por tener una utopía”.

O es, el grave dolor que sentimos los venezolanos y se expresa en El esclavo y su isla tan bien: “Si Concejal Barroeta, el tipo se volvió loco y la negra con él. No pudo soportar ese día de violencia en el parque, creo decidieron olvidarlo todo y enloquecer”.

Y ello porque “apostando a ganador hemos perdido mas de un chance pero, cuénteme”.

(Leído en la sesión de “La tertulia de los sábados”, en la sede de la Fundación Francisco Herrera Luque, la mañana del 29 de septiembre de 2012, dentro del evento de la lectura dramatizada de esta obra de Julia Carolina Ojeda “El esclavo y su isla”, hecha por los actores Inés Muñoz Aguirre, José Antonio Barrios, Marco Antonio Casanova y Carlota Martínez).