Sábado, 24 de Junio de 2017

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El Doble Arte de Morir

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Por: R.J.Lovera De-Sola

El nuevo libro de “ejercicio narrativos” de José Balza es El doble arte de morir.(Bogotá: Bruguera, 2008. 195 p.). Aunque él llama así a sus textos en verdad son cuentos, diez y nueve y una apretadísima y muy perfecta novela corta, “Rodrigo, el capitán” la cual hay que catalogarla como narración histórica, como lo fue antes su bello relato “Historia de alguien” de nuevo reproducido en este libro. En ese relato se fabula el supuesto viaje de don Miguel de Cervantes y Saavedra(1547-1616) a América, periplo nunca realizado, gracias a que la autoridades reales no lo autorizaron a viajar es por lo cual tenemos el Quijote(1605). Periplo bellamente invencionado este por Balza. Con estos ejemplos vemos como la ficción histórica, tan importante en las letras latinoamericanas actuales, ha sumado a Balza entre sus cultores. Es la crisis de la democracia latinoamericana la que explica su cultivo, al menos es una de sus razones: la necesidad de explorara el pasado para entender este presente deshauciado.

Es precisamente en “Historia de alguien” en donde hallamos este pasaje: “Pero únicamente en un Mundo Nuevo se puede desafiar a la retórica: convertir en versiones libres todo lo que ha sido y será codificado. Solo dentro de esta luz y ante este mar que lo convoca y lo acoge podrían surgir los versos que se le convierten en prosa: la historia de otro y su otro, el refugio de alguien múltiple”(p.45) donde nos encontramos a Cervantes poniendo sobre la hoja blanca las primeras palabras de Don Quijote, “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme”.

Hay en El doble arte de morir relatos de diversa extensión. Los brevísimos, a veces de un párrafo, como “La respuesta”, o de solo líneas, como “Azar”, “Certeza” o “Dudas”, o de un poco más de una página, como “La compra”, son todos exactos, precisos, nos llevan al meollo de lo que tratan en apenas renglones.
Los temas de las narraciones de El doble arte de morir son el amor y sus conjuntos hechos: el placer y el erotismo; la reflexión sobre lo literario, la penetración en sucesos de la memoria del país, hechos acaecidos en otros días, son los otros asuntos centrales del volumen que glosamos.

Cuentos impecables son algunos como “Historia de alguien” o “Prólogo en Curazao”. Y todo “Rodrigo, el capitán”, pequeña novela histórica, que inicia el día en que mataron al general Joaquin Crespo(1841-1898) en la Mata Carmelera(Abril 16,1898). El relato luego atraviesa la vida del país de fines del siglo XIX, la del final del período del “liberalismo amarillo”. Y de allí la pregunta que se hace el narrador, que la consideramos central por que es una interrogante que sentimos engloba a nuestra Venezuela entera: “¿Cómo reunir o comprender el misterio de lo que es diverso?¿Cómo encontrar en los detalles aparentemente distintos el vínculo que los convierte en unidad?¿Por qué cada existencia parece volar o ensoñar durante años y, de repente, los hechos atán, destruyen ese alado tránsito”(p.65).

Todo lo que vemos pasar ante nosotros al leer “Rodrígo, el capitán” se completa con otras observaciones que están en este volumen. Tal la dilucidación sobre la violencia, algo que define a nuestro país: “Se trataba de una escena política, violenta. El enfrentamiento entre habitantes de un mismo país, el delirio de un poder irracional, el culto a la sangre vertida, la conversión de todos en Caín”(p.49) como se lee en “Dilución”, lo que lleva a la comprensión de nuestra nación como lugar “del caos circundante”(p.49). Y el horror de hallar en nuestro medio la degradación de la agresividad social: “Violencia, injusticia, horror, el fratricidio, la destrucción: los trazos hablan de estallido, de un poder oscuro”(p.50).

Pasando a otra área de los que nos proponen estas narraciones cortas nos encontramos que toca Balza otra vez en sus escrituras de ficción sobre el oficio de todo creador literario o en artístico. Tal lo que hallamos en pintura en “Dilución”. O en “La fiel ferocidad”: “Adepto al credo de que el arte se resume en lo que cada creador logra expresar. Que el artista no pertenece a una hermandad estética; que está siempre en el abismo, dentro de su orgullo y su soledad; seguro de que su labor complace o perturba a algunos otros seres humanos, a una sociedad entera, pero que él no debe cuidar ni vigilar esos vínculos”. Es por ello que denomina, en el mismo relato, al acto creador “Infierno y maravilla”(p.154).

Historias de amores heterosexuales son varias de las que hallamos en El doble arte de morir. Tal esa bella invención amorosa que es “Sósima”. O la búsqueda de una mujer como importante en “1, Hugo Wolf Court” donde aparece al fin aquella enamorada “Serena, segura, de risa entera”(p.100); como el amor es el hallazgo, la presencia de una fémina constituye “la alegría de ver y entender es el don más perfecto”(p.151) que es precisamente la unión entre dos que se aman. Tan importante que un personaje exclama: “ha encontrado por fin a la mujer indicada, fuerte y permeable, siempre dispuesta al goce y a las responsabilidades. Con ella se dice, ¿hasta el fin?”(p.173) como se lee en el cuento que da título al volumen.

O en otro momento en una amada quien se pregunta el por qué “Había sido rígida, ¿no? Quizá porque asumía la relación como algo absoluto o porque su cuerpo(¿su cuerpo?) olvidaba lo demás, lo volvía inconcebible. O porque el amor solo necesita a dos”(p.193).
Pero el amor íntimo, requiere el saber otorgar el placer a ellas, “como si con esa ofrenda culminara su vida”(p.17) como se lee en “Una vez”. Lo que lleva a una vivencia esencial: “el orgasmo, la plenitud más completa del ser”(p.170) como leemos en “Minuto de media noche”.

Julio 5, 2010