Sábado, 19 de Agosto de 2017

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El Discurso del Natalicio (A 229 Años del Primer Alumbramiento de Simón Bolívar).

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Por: R.J.Lovera De-Sola1

Amigos y amigas consocios, estudiosos de Simón Bolívar reverentes a su legado, ciudadanos y ciudadanas de Venezuela presentes, a los inmigrantes creadores llegados de otras tierras también saludamos, oficiales de nuestras Fuerzas Armadas, señor Vicario General de la Diócesis de Maracay. Gracias a la banda militar que acaba de ejecutar, bellamente, el Gloria al bravo pueblo, en cuyas estrofas esta delineado el proyecto del vivir de nuestra patria y de nuestra gente.

Hablando en la sede del Instituto de Antropología e Historia de esta ciudad de Maracay, queremos dedicar esta peroración a la memoria de su fundadora la doctora Enriqueta Peñalver, salvadora del patrimonio etnológico de esta región, de la de los estados Carabobo y Aragua.

Gracias a todos por escuchar estas palabras que más que un discurso de orden fueron concebidas como una clase de historia venezolana2.

“Los grandes espíritus son inagotables”.
Mauro Torres:
Bolívar, perspectiva psicoanalítica.
Bogotá: Cultural Colombiana,1968,p.13.


Gracias damos a los compañeros del Centro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela de Maracay, en especial a la profesora Victoria Fuentes, por invitarnos a tomar la palabra en esta sesión, en esta tierra aragüeña, la de los ancestros del Libertador, las que fue a la vez la de grandes momentos de su trayectoria como de varias de sus horas más difíciles, como aquellas del desfiladero de La Puerta, tanto en 1814 como en 1818; aquella de San Mateo, en la cual dio la libertad a sus propios esclavos para dar ejemplo a sus seguidores; la que triunfante en Carabobo, en 1821, atravesó hacia Caracas a través Gracias damos a los compañeros del Centro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela de Maracay, en especial a la profesora Victoria Fuentes, por invitarnos a tomar la palabra en esta sesión, en esta tierra aragüeña, la de los ancestros del Libertador, las que fue a la vez la de grandes momentos de su trayectoria como de varias de sus horas más difíciles, como aquellas del desfiladero de La Puerta, tanto en 1814 como en 1818; aquella de San Mateo, en la cual dio la libertad a sus propios esclavos para dar ejemplo a sus seguidores; la que triunfante en Carabobo, en 1821, atravesó hacia Caracas a través del terruño de su mayores, como fue el caso de su padre don Juan Vicente Bolívar y Ponte(1726-1786), hijo de La Victoria; parajes, como el Ingenio de San Mateo en donde se detuvo, lleno de melancolía, el año 1827 cuando viendo el atardecer del verde paisaje de la campiña de estos valles rememoró muchos de sus días, los que le recordaron horas gloriosas y minutos tristes, dos palabras usadas por él a las pocas semanas, desde Caracas(Julio 2,1827), al dirigirse al hijo del Precursor, Leandro Miranda Andrews(1805-1886), rectificando del arrebato de la madrugada 31 de Julio de 1812 en La Guaira. Fue así Bolívar el único de los que actuaron en aquel amanecer aciago del Generalísimo en comprender aquel gran error públicamente3, cosa que solo hacen los grandes espíritus.

El 25 de Julio, dentro de de seis días, se recordará una vez más el nacimiento de Simón Bolívar, dijimos el 25 y no el 24 porque hoy sabemos que los trabajos del parto de doña María de la Concepción Palacios de Bolívar(1758-1792) culminaron después de la media noche del 24, cuando ya incluso, se habían escuchado repicar las campanas de la Catedral anunciando el nuevo día. Cuando nuestro admirado maestro el doctor José Luis Salcedo Bastardo(1926-2005), logró hacer esta precisión, en su libro Bolívar: el nacer constante4, nos pareció singular por el hecho de coincidir la fecha de la fundación de Caracas con el día del nacimiento del hijo mayor de la urbe, del primer venezolano, del gran intuitivo de nuestra realidad.

Son varios los tópicos de este alumbramiento a los cuales nos vamos a referir esta mañana, mirados de acuerdo a la documentación e interpretaciones más serias y recientes sobre aquel niño que vio la luz entre la noche del 24 y la primeras luces del alba del 25 de Julio de 1783, día de Santiago Apóstol, patrono de su ciudad.

¿Cómo era la Caracas de Bolívar?
Caracas comenzó a ser capital de la Provincia de Venezuela, también llamada con el tiempo Provincia de Caracas, cuando el gobernador Juan de Pimental se trasladó a ella en 1576, recién nombrado en el cargo, y se estableció aquí. Doce años más tarde, en 1592, el obispo de la diócesis, quien residía en Coro, pasó a ella convirtiéndola también en sede del obispado, aunque la autorización para ello, no llegó sino décadas más tarde, en 1637, ya en el siglo XVII.

Anota don Augusto Mijares(1897-1979) que la Caracas en donde nació Bolívar era “una ciudad pequeña y oligárquica”5. Se había iniciado siete años antes, el 8 de Diciembre de 1776, el proceso de integración de Venezuela, con la creación de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda, fue el comienzo de “la etapa final de la consolidación de Venezuela, necesaria para dejar de ser parte del Imperio Español y convertirse en República Independiente”6.

Era entonces, en aquel año 1783, rey de España don Carlos III(1716-1788). Gobernador y Capitán General de la Provincia de Caracas: Manuel González Torre de Navarra; en Julio de 1783 José Abalos renunció a la Intendencia, lo sustituyó Francisco Saavedra(1746-1819); era Obispo de Caracas, don Mariano Martí(1721-1792), quien ese año terminó su Visita Pastoral; eran ya, desde 1728, los días de la Compañía Guipuzcoana; en Caracas se vivía el proceso de integración, iniciado, ya lo hemos señalado, con la creación de la Intendencia de Ejército y Real Hacienda(1776); proseguido, al año siguiente, 1777, no con la creación de la Capitanía General de Venezuela, como sostienen algunos autores erradamente sino con la puesta en manos del Capitán General de Caracas de todo el poder militar de todas las provincias(Septiembre 6, 1777). No fue creada aquel día la Capitanía General de Venezuela pues esta existía desde el 27 de Marzo de 1528 cuando la creó el rey Carlos V(1500-1558); fue creada a poco, dentro del proceso de integración nacional, la Real Audiencia de Caracas(Julio 6,1786), el Real Consulado(Junio 3,1793) y el arzobispado de Caracas(Noviembre 24,1806), que fue la institución con la cual culminó el proceso de integración7.

Era aquella una ciudad que gustaba a los viajeros, que vivía el gran momento de su música, impulsada por un tío abuelo de Bolívar, el Padre Sojo, Pedro Palacios y Sojo(1739-1799).

Eran los días del gran cambio en la enseñanza de la filosofía que impusó el padre Baltasar de los Reyes Marrero(1752-1809); lejos de Caracas, donde había nacido, Francisco de Miranda(1750-1816) redactaba su Diario(1771-1792), es la obra en prosa más importante redactada por un venezolano a lo largo de todo el período colonial; a la vez, en su celda del Convento de San Francisco en Caracas, o en su sitio de trabajo en la biblioteca de aquel cenobio, el fraile Juan Antonio Navarrete(1749-1814) escribía su Arca de letras y teatro universal8.

Existían en aquella Caracas el Camino de los Españoles que llevaba al puerto de La Guaira; la Plaza Mayor, La Catedral, el Colegio Seminario, la Cárcel Real, el ayuntamiento, en la parte de sur de lo que es hoy la Casa Amarilla, la Iglesia y Convento de San Francisco, la casa familiar de los Bolívar, situada entre las esquinas de San Jacinto a Traposos, la Iglesia de San Pablo, La Cuadra Bolívar, en los entonces aledaños de la ciudad, hoy situada en Santa Rosalía, cerca de la avenida Baralt, la Iglesia de Santa Rosalía, que si bien venía de 1696 fue convertida en parroquia en 1795, cuando Bolívar llegó a los doce años, el Convento de las Monjas Concepciones(hoy Palacio Federal), El Calvario, La Quinta Anauco y la Iglesia de la Trinidad9.

Una Familia muy Antigua
Los Bolívar son una familia de origen vasco, naturales de Vizcaya, vieron la luz en la llamada Puebla de Bolívar10.
La familia fue establecida en Venezuela, en 1589, por el quinto abuelo de Simón Bolívar, un homónimo suyo, don Simón de Bolívar(1532-1612), llamado El Viejo, tal el fundador de la estirpe entre nosotros.

Hasta la Bisabuela
En 1592, quien sería el cuarto abuelo de los Bolívar Palacios, ya en Caracas, llamado El Mozo, casó con Beatriz Díaz de Moreno y Rojas, por esta abuela los Bolívar descendían de Francisco Infante, El Cautivo, uno de los fundadores de Caracas, su primer Alcalde y hombre de historia bastante legendaria. El tatarabuelo fue Antonio Bolívar y Rojas Díaz Moreno(1596-1655), quien vivió la mayor parte de su tiempo en San Mateo; el bisabuelo fue Luis de Bolívar y Rebolledo(1627-d1702). El primer abuelo fue Juan de Bolívar y Martínez Villegas(c1655-1729), nacido en los Valles de Aragua. Casó en segundas nupcias con Petronila Andrade y Marín de Narváez(1684-1736), esta hija de don Pedro de Ponte Andrade y Jaspe de Montenegro y Josefa Marin de Narváez. Su abuelo paterno fue don Francisco Marín de Narváez, hombre de fortuna, dueño de las minas de Aroa y de Cocorote. Fue don Francisco quien tuvo una hija natural llamada Josefa Marín de Narváez, tenida “en doncella principal con la cual pudo casar sin impedimento alguno y cuyo nombre callo por respeto y consideración al linaje a que pertenecía”. Todo un lío para la época. Fue el historiador Polanco Alcántara, uno de más serios en el estudiosos del tema, antes de la aparición de las deducciones del genealogista Antonio Herrera Vaillant(1942) a las que aludiremos. Escribió don Tomás: “La madre de doña Josefa, al quedar embarazada, siguiendo la costumbre del tiempo, debió separarse de la sociedad e ingresar a un Convento. Al nacer la niña jurídicamente se debía ignorar quien era su madre. Ello no fue obstáculo para que la niña, doña Josefa, fuese bautizada en la Catedral de Caracas como blanca, asentada su partida en los libros de bautizos de blancos y apadrinada por personas de calidad”11.

Con relación a esta niña ha habido numerosa controversia, ahora aclarada por Herrera Vaillant12. Este ha logrado establecer además, gracias a un cuidadoso y minucioso estudio de los habitantes de la alta clase caraqueña de aquella época, que la madre, la “doncella principal”, fue María Martínez de Cerrada. Podemos llegar a la conclusión también, si examinamos el examen de Herrera Vaillant que Josefa no fue una mujer de color, sino una persona blanca, hija de dos personas de esa raza y nacida, fuera de matrimonio, de dos personas de alcurnia. Sino no hubiera sido blanca no hubiera podido ser bautizada en la Catedral de Caracas: la iglesia de los Mantuanos. Y si los Bolívar Palacios no pudieron probar ante las autoridades españolas la limpieza de sangre, necesaria para obtener el título nobiliario que deseaban, solo fue el hecho de ser la bisabuela hija natural. Nada más.

Además quien esto analice no puede se dejar de preguntar, leyendo la copiosa documentación que Herrera Vaillant presenta, por qué el padre de la hija natural, siendo soltero, murió teniendo esa condición, y siendo la madre también soltera cuando se produjo su deceso, por qué no se casó con la mujer que había seducido, pudiendo hacerlo, como lo dice en su testamento. Ella, la madre de Josefa, de hecho no se casó sino después de la muerte del padre de su hija. Uno se puede preguntar si ello sucedió por el arraigado prejuicio de haberse llevado a cama a la “doncella”, lo cual nos indica, que aquella era virgen. ¿Sería por ello, por qué aquella se le entregó antes del matrimonio, seducida por él, que no lo hizo?. Y puede uno preguntarse por qué en medio de todo aquello, en aquella sociedad tan conservadora, cómo no hubo un familiar que obligara a quien había preñado a la madre de Josefa a casarse. Es por ello que tiene razón Herrera al señalar que la historia de Josefa es toda una novela, una ficción que no terminó con la muerte de su progenitor, de hecho el asunto daría materia para la escritura de una sabrosa novela histórica.

Una de las interrogantes fue siempre: ¿fue negra Josefa?. “La probabilidad de que esta doncella principal era oscura no puede ser mayor” dice Salvador de Madariaga(1886-1978)13. Ello al parecer nunca pudo ser probado por los historiadores que con imparcialidad han estudiado el tema, al menos hasta la aparición del estudio de Herrera Vaillant. Madariaga, y no sólo él, señalaron que era posible, cosa muy usual entre los Mantuanos, que gracias al poder y el dinero hayan hecho bautizar “como blanco a cualquier niño pardo y aun para trasladar al libro de los blancos al niño ya inscrito en el de color”14. Don Salvador no presenta pruebas, aunque esto no deja de ser posible y hay ejemplos varios en la historia de los Mantuanos. Y que conste porque aquí hemos citado a Polanco quien señala, en lo que coincidimos con él, “la obra del señor Madariaga es una de las mejores que se han escrito sobre Bolívar…a través del libro se percibe que el personaje Bolívar atrajo poderosamente la atención de Madariaga pero…sin dejar de sentir admiración por él no llegó nunca a tenerle simpatía”15. En esto disentimos de don Tomás, es imposible que Madariaga haya dedicado los años que dedicó a trabajar en tan singular libro, haya reunido una documentación que pasma, y haya escrito su obra en tan alta prosa castellana, sobre alguien por quien no sentía empatía, esto lo creemos imposible. A los biógrafos sus personajes los elijen a ellos y no ellos a los protagonistas de sus obras. Pero este criterio con relación a Madariaga, señalando una supuesta animadversión, se sigue sosteniendo, así lo piensa por ejemplo el profesor británico John Lynch(1927)16.

Creemos que el problema no estriba tanto en que la Marín, procreadora de los que entre los Bolívar Palacios llamaron el “nudo de la Marin”, fuera negra o parda, lo que nunca se ha podido establecer, de hecho podemos creer que no lo era, que era blanca, sino en el hecho de que en aquella sociedad cuyo centro era la Iglesia aquella niña haya sido concebida fuera del matrimonio, quizá allí estribe lo sucedido.

Lo que si sucedió fue que Pedro Domingo de Ponte Andrade Montenegro, hermano de doña Josefa, casó con una “negra de calidad” llamada María Lorenza, de donde puede venir la confusión. Pero esos matrimonios interraciales existieron en aquellos tiempos y la Iglesia los autorizaba.

Don Francisco Marín de Narváez nombró en su testamento a su hija Josefa su única y universal heredera, así recibió ella su gran fortuna la cual fue a dar con el tiempo a sus bisnietos los Bolívar Palacios.

Tras la muerte de don Francisco Marín de Narvaez fue Pedro Jaspe de Montenegro el tutor de la hija tras la muerte del padre.

En 1681 Josefa casó con Pedro Ponte Andrade y Jaspe de Montenegro. Hija suya fue Petronila de Ponte Andrade y Marín de Narváez, quien fue la esposa de Juan de Bolívar y Martínez de Villegas. Indica Polanco “Es harto improbable que don Juan de Bolívar, hombre rico, orgulloso y de conocida prosapia, solicitante del Marquesado de San Luis, se hubiese casado con doña Petronila de haber sido ésta una mujer de condición social no similar a la suya”17.

Fue “Como efecto de este matrimonio, no como causa del mismo, llegó a Bolívar toda la fortuna de Marín de Narváez y entre esos bienes la casa en Caracas donde después nació el Libertador, las minas de cobre de Cocorote y las de Aroa”18.

Juan de Bolívar logró obtener el Marquesado pero murió sin recibirlo, en su testamento cedió ese derecho a su hijo mayor Martín de Bolívar y Ponte. Hijo de don Juan y de doña Petronila fue Juan Vicente Bolívar y Ponte, padre de los Bolívar Palacios, cuyo hijo menor se llamó Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, es decir el Libertador.

A don Juan Vicente Bolívar y Ponte por la muerte de su hermano Martín pasó el derecho a recibir el Marquesado de San Luis, pero no hizo gestión alguna. La hizo su viuda doña María de la Concepción Palacios y Blanco tratando lograr el titulo para el mayor de sus hijos varones, Juan Vicente Bolívar Palacios(1781-1811), no para Simón José Antonio como se ha creído sin analizar los documentos. No lo logró tampoco pues se lo impidió el “nudo de las Narváez”.

Parece ser, lo dice Mijares19, que la distorsión de lo relativo a la Marín de Narváez vino por el camino de un libelo de Rafael Diego Mérida(1762-d1828), a quienes todos apodaban el “tuerto” por lo mala lengua que era. Este asunto también fue ampliado por José de la Riva Agüero(1783-1858)20, quien escribió bajo el seudónimo de P.Pruvonema. Por ser ambos connotados antagonistas del Libertador sus aseveraciones deben ser examinadas con cuidado, aunque en el momento en que ambos escribieron sus alegatos había pasado el tiempo: el marquesado no había podido ser obtenido porque no lograron probar la limpieza de sangre, Juan Vicente Bolívar Palacios había muerto y el proceso de la emancipación había trastocado completamente la vida del país: pero el “nudo de la Marín”, como lo llamaban en la familia Bolívar Palacios, se impuso.

El “Nudo” de la Marín
Tiene tal importancia la indagación de Antonio Herrera Vaillant, constituye una valiosa contribución al conocimiento de la vida de Bolívar, si se la mira sin prejuicios, es decir sin emitir juicios previos, que hemos decidido detenernos en ella en esta exposición, pese a su repitamos algunas de las observaciones antes hechas.

El genealogista Herrera-Vaillant ha logrado ofrecernos un valioso hallazgo documental. Siglos enteros de indagaciones habían rodeado el punto sin haber logrado esclarecerlo como ahora lo conocemos gracias a él21.

Indica su autor: “Por casi dos siglos sobre ella ha persistido el fascinante enigma del llamado “nudo de la Marín”, que ha dado pie a múltiples especulaciones en torno a la naturaleza de una bisabuela de El Libertador que nació en Caracas, bautizada en calidad de ‘expósita’ y luego reconocida por el padre en su lecho de muerte, sin que jamás apareciera la madre…Al pasarlo han pasado por alto la más resaltante realidad de su vida: que su fugaz existencia debió constituir una tragedia desde que el momento de su concepción hasta el instante que murió bajo misteriosas circunstancias…Un extraño poder para testamento iniciado por doña Josefa Marín de Narváez el mismo día de su muerte, arroja importantes pistas no sólo sobre sus orígenes genealógicos sino sobre toda su dramática existencia…En efecto, la vida entera de doña Josefa Marín de Narváez es un clásico ejemplo de la sumisión de las mujeres en el mundo hispánico de la segunda mitad del siglo XVII, aún en caso de aquellas que, como ella, eran herederas de una cuantiosa fortuna…Cada etapa de su vida causarían asombro a cualquier feminista actual debido a la manipulación y abuso a que se vio sometida la niña y joven desde antes de nacer y hasta el momento de su muerte, envueltos ambos extremos en una aureola de misterios y vergüenzas”(p.19-20). Así ha logrado reunir los datos disponibles sobre esta mujer a fin de esclarecer sus orígenes, aunque, indica “su lectura bien puede aportar excelentes bases para una novela”(p.20). Y, desde luego, aporta una serie de datos enlazados con lo orígenes de la vida del Libertador y, sobre todo con su fortuna personal, la cual se originó en los bienes que les legó su bisabuela a los hermanos Bolívar Palacios, uno de los cuales era Simón Bolívar.

El Hecho
Esta historia debería comenzar como se inician las historias de pareja: por el enamoramiento y la seducción de la mujer. Pero no, aquí todo comienza en el momento en que el historiador encuentra los documentos. Así partimos, siempre en Caracas, del 26 de Abril de 1669, días de nuestro siglo XVII, momento de la “presentación oficial de este niña cuyos padres no casaron, y cuya madre iba a permanecer por siglos en el anonimato”(p.34). “Josefa, hija de padres desconocidos, bautizada en casa por necesidad. Es de edad de cinco meses poco más o menos”(p.36) dice la partida de bautismo, asentada en el Libro de Bautismos de la parroquia el Sagrario de la Catedral de Caracas, Año 1668, Folio 269. El Acta, aunque el sacramento fue administrado afuera del recinto de la iglesia, pertenece a esa parroquia, esto nos indicaba que la bebé era blanca e hija de la alta clase social de la época, sino ni el sacramento podía ser otorgado por el clérigo de aquella iglesia ni la partida hubiera podido ser asentada allí. Y, desde luego, no era tampoco hija de padres desconocidos así la partida lo afirmara así. Desde el principio llama la atención primero que nada que siendo soltero el padre y soltera la madre de la niña el progenitor no se casara con ella. A poco del nacimiento, además, el padre separa a la hija de la madre, la entrega en adopción y se va de Venezuela para no regresar más. ¿De qué huye?¿De que lo obligaran a casarse?, es esta una pregunta que cabe.

Para el examen de todo este proceso vital que sigue debemos situarnos siempre en la sociedad caraqueña del período, segunda mitad del siglo XVII, y comprender sus modos, sus conductas, sino será imposible entender porque todo ser humano nace, vive, actúa y muere en su lugar y en su tiempo, no en ningún otro.

De hecho el padre “el capitán [Francisco] Marín de Narváez no parece haber vivido en Venezuela más que unos seis escasos años de su vida”(p.30). Y evidentemente para aquel hecho sin duda escandaloso en aquella ciudad de tan pocos habitantes, si vivían 4000 personas en la ciudad la clase pudiente debía ser de cerca de 300 personas. Pese a todo “la memoria caraqueña para los escándalos resultó singularmente breve”(p.69).¿Ya habíamos comenzado a ser el país sin memoria que hemos sido?.

Y para poder indagar aquella historia Herrera-Vaillant busca en donde están consignados los últimos legados: el testamento del padre.

Los testamentos, indica, “son instrumentos legales en los que clásicamente se apoya la investigación genealógica para aclarar situaciones de paternidad no legítima o incógnita...aquellos que enfrentan la muerte con frecuencia suelen utilizar el instrumentos testamentario para saldar viejas cuentas, reparar ofensas, y en general preparar las cosas para pasar a otra vida con las menores cargas”(p.71).

El testamento del capitán Francisco Marín de Narváez fue otorgado en Madrid el 18 de Agosto de 1673, “con dos codicilos otorgados, respectivamente, el 20 y 22 de Agosto, día éste último de su muerte”(p.71), “El caso de…Marín de Narváez no es excepción…Pero hasta ahora no se había podido analizar en su totalidad del texto del documento completo, que contiene numerosas referencias a otras personas de la época y pudiese aclarar considerablemente la identidad de doña Josefa y, sobre todo, de su presunta madre”(p.71).

“Veamos la famosa cláusula testamentaria que hoy tenemos disponible en su contexto total, y que es la que rige la vida de esta desdichada criatura, transformándose en castigo la intención paterna de dotarla de una enorme fortuna: ‘Declaro que tengo una hija natural y por tal la reconozco, nombrada Josefa, de edad de cinco a seis años poco menos, a la cual hube doncella principal cuyo nombre cayo por su decencia con la que pudiera contraer sin dispensación cuando la hube, y que se está criando por mi orden en casa del Señor Capitán Gonzalo Marín Granizo, mi tío y mi hermana doña María Marín la conoce”(p.75-76 y 500-501). Es allí cuando nombra a la hija “universal heredera” de todos sus bienes(p.76), estos eran más que cuantiosos. Y es allí también donde nombra tutor de la hija, a falta de su hermana, al Proveedor Pedro Jaspe y Montenegro(p.76). A Josefa Marín de Narváez, la hija, la llama Herrera-Viallant “doña” aunque murió siendo apenas una muchacha de veinte y cuatro años. Sabemos, desde luego, que ese modo de nombrar a las personas se usaba entonces, incluso el Rey lo concedía.

Dejó el capitán Marín de Narváez un legado a María Martínez de Cerrada, que como hoy sabemos, gracias a Herrera Vaillant, fue la madre de su niña. Por cierto, al entregar el legado a su antigua novia y amante, y madre de su hija, dictaminó que el monto fuera de “cuatro mil pesos si fuera Religiosa y si no lo fuere, de dos mil pesos”(p.80). Este es otro hecho que no deja de llenar de perplejidad a quien lo lea, ¿aun, después de haberle hecho tanto daño a aquella joven, pretendía seguir dominando su vida?, incluso, vista hoy, después de que el mundo fue atravesado por el pensamiento de Sigmund Freud(1856-1939), la observación no deja de tener sus connotaciones eróticas, parece observar que no deseaba que ningún hombre la acariciara con los ojos vivos de la sexualidad, la prefería célibe.

Pero hay más, a nuestro entender, para ello no hay que ser una mujer feminista, basta que seamos un hombre sensible para preguntarnos por qué toda la interpretación del suceso, ruede alrededor de la hija y para nada se mencione a esa joven mujer que fue engañada, según los usos de la época, a quien seguramente prometió matrimonio, embarazó antes de la boda, no se casó con ella, la abandonó y separó de de su hija. Ella fue la víctima, sobre todo en aquella sociedad en donde las mujeres no tenían derecho alguno, no podían reclamar nada, dependían del padre, o del hermano mayor hasta el matrimonio y después del marido. Tan poco libres eran que muchas mujeres que enviudaban, pese a ser jóvenes, no volvían a casarse como el único modo de actuar por si mismas y poder administrar sus bienes. La situación era tal que hemos llegado a pensar, estudiando toda esta problemática, que las únicas mujeres libres de la colonia eran las monjas: fueron las únicas que pudieron escoger su modo de vivir por sí mismas, con libertad.

Y volviendo al capitán Marín de Narvaez esto debe ser dicho sin dejar de tener en cuenta que mientras seducía a la Martínez Cerrada también “estuvo pretendiendo a doña Ana Juana [de Escobedo y Quijano], presa social muy apetecible, al tiempo que engendraba una niña en otra mujer de nivel”(p.50).

¿Quién era María Martínez Cerrada?, “Se trata de una figura que aparece muy tenuemente en la documentación coetánea de Caracas, y sobre cuya identidad existen interrogantes casi tan importantes como en el caso de su presunta hija”(p.81). María Martínez Cerrada, fue hija del Encomendero de Guarenas, Lucas Martínez de Porras y de su primera esposa Beatriz Cerrada del Mármol. Es una persona, dice el autor de El nudo deshecho, que llena de conjeturas al genealogista pues supone que tuvo a la niña cuando tenía un poco más de diez y seis años y a aquella edad y en aquella ciudad, como lo era la Caracas del XVII, vivía sola, “por cuenta propia”(p.86), ¿raro verdad?.

Además con ella, soltera, Francisco Marín de Narváez “pudo haber contraído matrimonio sin dispensación cuando hubo a doña Josefa”(p.100), de hecho él mismo lo dice en su testamento(p.500). “No se pueden saber las causas por las cuales no se efectuó un matrimonio, tratándose de una doncella principal que no necesitaba dispensa en el momento”(p.101). Como veremos es a ella a quien le atribuye Herrera-Valliant la maternidad de Josefa, ha sido su nombre el que los siglos han tratado de establecer con claridad, ahora sabemos que fue ella(p.122).

“Resulta interesante notar que, si se acepta la presente hipótesis de maternidad por parte de doña María Martínez Cerrada, sería por vía de ella donde el Libertador vendría a recibir su único aporte de sangre originaria americana[indígena], a través de una de sus tatarabuelas materno-maternas(que era también una de sus cuartas abuelas por línea paterna)”(p.101).

Cuando el capitán Marín de Narváez murió Josefa tenía cerca de seis años, la madre dejó de existir cuando tenía ocho años. Fue entonce cuando quedó en las manos de don Pedro Jaspe de Montenegro, hombre de escasas virtudes como había sido el propio padre de Josefa. Anota Herrera-Vaillant con su precisión habitual: “No sabemos las condiciones de la tutela, pero ésta duró hasta que doña Josefa…cumplió los trece años de edad, para cuya fecha Jaspe de Montenegro dispuso casarla con su sobrino, al parecer traído recientemente de Galicia para éste mismo propósito”(p.113).

Casó Josefa en la Catedral de Caracas(Noviembre 16,1681), en la misma iglesia que guardaba en sus Libros de Registros su partida de bautismo. Se desposó a los trece años, con el capitán don Pedro de Ponte y Andrade. “Este Capitán fue Proveedor General de Caracas en 1679 y Alcalde de la Santa Hermandad en 1687”(p.116).

Desde la muerte del padre y alejada de la madre, “Escaso control tendría esta niña sobre sus destinos, pasando de una tutela en otra hasta llegar a manos de su marido”(p.116). Y, más tarde, “Lo repentino de su muerte, y el conflicto que sostenía con el marido por motivos económicos dan pié a pensar en cualquier mala acción”(p.124).

Reitera Herrera-Vaillant: “En todo caso la muerte de doña Josefa María Marín de Narváez parece tan misteriosa y triste como su breve existencia, en la que resulta muy poco probable que pudiese ejercer el menor control sobre sus propios destinos. Su desaparición física se envuelve en un misterio tan tupido como su nacimiento. Triste y breve fue también la vida de la que considero su madre, doña María Martínez de Cerrada…Decididamente la herencia con que el capitán Francisco Marín de Narváez trató de dotarla parece haber terminado como una maldición…Su corta vida fue siempre controlada por otros: el capitán Gonzalo Marín Granizo(1668-1674). Doña María Marín de Narváez(1674-1676), don Pedro Jaspe de Montenegro(1676-1671) y don Pedro de Ponte y Andrade(1681-1692)…Apenas hubo un instante en el cual, por una ley o disposición, no estuviese sometida a voluntades ajenas. Nació en situación irregular y murió bajo circunstancias misteriosas. Su vida, toda. Parece un libreto de una trágica novela”(p.125).

El Suceder
Con estos elementos debemos señalar que Josefa Marín de Narváez(1668-1692), fue bisabuela del Libertador y sus hermanos. De ella recibieron su gran fortuna: la Minas de Aroa, la casa de San Jacinto en donde nacieron los Bolívar Palacios y la Capilla Catedralicia de la Trinidad, en donde estuvo enterrado el Libertador y lo están aun hoy sus padres, su esposa y sus hermanas.

Pero Josefa en apenas veinte y cuatro años de vida creó tales controversias que solo ha sido ahora, cuatrocientos veinte y nueve años después, que ello ha podido ser esclarecido, gracias a Herrera Vallilant.

Fue ella quien le dio todo lo que hemos señalado y más. Pero ella fue también, sin culpa alguna, la que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario que desearon, ello no por haber sido negra, como algunos fantasiosos creyeron, sino por la sencilla razón de haber sido hija natural, reconocida por el padre a la hora de otorgar su última voluntad. Pese a haber muerto soltero y estar aun, en Caracas, también la verdadera madre de su hija, “la doncella principal”(p.500), María Martínez de Cerrada, cuyo nombre conocemos ahora por primera vez, el padre de la niña no llegó a casarse con ella. Pero, a la vez, y esto permite observar la investigación en la que nos basamos aquí, una lectura contemporánea de esta tan antigua historia descubrimos que Josefa fue una mujer maltratada, asunto que tanto nos interesa y ocupa hoy.

Herrera-Valliant ha logrado esclarecer el punto por haber logrado encontrar en un Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el testamento de Francisco Marín de Narvaez(c1625-1673), padre de Josefa. Es allí donde se engendró el llamado “nudo de la Marín” ya que en aquellos infolios el capitán Marín de Narváez, aunque reconoció a la hija y le dejó su inmensa fortuna(p.497), señaló que la madre de su hija había sido una “doncella principal cuyo nombre callo por su decencia”(p.500), con ella pudo contraer matrimonio pues murió soltero y ella se casó después del deceso de Marín de Narváez.

Ese es el “nudo de la Marín”, que fue como entre los Bolívar Palacios se llamó el asunto de la bisabuela, cuyo origen como hija natural les impidió demostrar, ante el rey Carlos IV(1748-1819), la limpieza de sangre que era la que les hubiera permitido obtener aquel deseado título nobiliario, auque de haberlo poseído, gracias a las gestiones que en la península realizó don Esteban Palacios(1763-1830), tío materno de los Bolívar Palacios y además padrino de Simón José Antonio, él es el tío Esteban de la “Elegía del Cuzco”(Junio10,1825), les hubiera durado muy pocos años pues el 21 de diciembre 1811, en el artículo 204, de nuestra primera Constitución los títulos nobiliarios fueron prohibidos para siempre en nuestro país, desde ese momentos son ilegales. Y de hecho, fueron muy escasos los venezolanos que los tuvieron, y siempre fueron títulos espurios porque eran comprados por los Mantuanos con el dinero que producían sus haciendas, por lo cual se les llamó “grandes cacaos”, porque ninguno fue noble de cuna, el primer requisito para poseer un título. Desde luego, no fueron títulos ilegales pues fueron pagados y otorgados por su Majestad, pero hoy en el país republicano que somos causan risa. Y de hecho los grandes venezolanos, los verdaderos, para serlo, no lo necesitaron para nada: les bastó con su inteligencia, formación y capacidad de trabajo e ingenio, incluido el bisnieto de doña Josefa, Simón Bolívar.

Durante más de tres siglos se ha tratado de averiguar, como ya lo hemos indicado, cual fue la verdad sobre la Josefa Marín de Narváez y segundo, descubrir el llamado “nudo”, es decir quienes fueron su padre y su madre y cómo se llamó la progenitora. Herrera-Vaillant lo ha logrado esclarecer al señalar, tras larga, minuciosísima y muy cuidosa pesquisa, hecha a través de las 4000 personas que vivían en Caracas en 1673, año de la muerte, en Madrid, del capitán Marín de Narvaez que la madre de aquella niña se llamó: María Martínez Cerrada(c1652-1675), “Por todas las evidencias anteriores y hasta tanto se logre demostrar alguna hipótesis al contrario, genealógicamente se puede considerar a doña María Martínez de Cerrada como la probable madre de doña Josefa Marin de Narváez, a quien el capitán Francisco Marín de Narváez pudo haber engendrado una hija y abandonar, al costo de dejar el país por siempre a pesar de su evidente riqueza e influencia”(p.101). Esta es la afirmación central a la que ha llegado Herrera-Vaillant.

Aunque desde atrás se sabía que Josefa no podía ser negra pues había sido bautizada en la Catedral de Caracas y su padre la había tenido con una joven de la alta clase, “doncella principal” la llama(p.500). Ahora tenemos más clara la historia. Que no fue Josefa Marín de Narváez negra sino blanca y de la clase alta, solo fue hija natural, pero fue ello lo que impidió a los Bolívar Palacios obtener el título nobiliario al cual aspiraban, pues fue Josefa una hija natural reconocida pero cuyos padres nunca se casaron.

“Nudo” llamó al asunto don Feliciano Palacios y Sojo(1730-1793), el abuelo materno de los Bolívar Palacios, en carta a su hijo Esteban Palacios quien estaba en Madrid(Noviembre 9,1792), le dijo en ella “no sé como compondremos el nudo de la Marín”(p.41).

En genealogía, indica Herrera-Vaillant, “nudo” es una ascendencia que es casi imposible remontar, pero no tiene otra implicación”(p.41).

Hay sabemos que si bien se negó por mucho tiempo que el Libertador tuviera ascendencia negra sí la tuvo, bien lo demuestra el autor de esta obra, le venía desde sus ascendientes canarios(p.131), pero la negritud no le llegó por la sangre de la bisabuela Josefa. La sangre indígena le vino por el camino de su tatarabuela natural María Martínez de Cerrada, este hecho, desde luego, no impide recibir la herencia genética. Al tener en sus venas, como lo vemos ahora bien, sangre negra e india y haber nacido en hogar blanco fue el Libertador un mestizo, uno más de una sociedad que él encabezó como el primer venezolano, fue uno más del “pequeño género humano” que él dijo en la Carta de Jamaica(Septiembre 6,1815), del “mundo aparte” del Discurso de Angostura(Febrero 15,1819). Fue así el Libertador el completo hijo del mundo hispánico que ya dijo don Miguel de Unamuno(1864-1936) en 1914, un mestizo más del país más mestizo de Europa en el momento de iniciar la conquista de nuestras tierras.

Una Observación
Hay un pequeño detalle que debió haber aclarado mejor Herrera Vaillant. Cuando se refiere a que Rafael Diego Mérida(1762-c1828) fue el “primero que publicó desinformación sobre el origen de la Marín de Narvaez”(p.39) no indica la fuente en donde lo tomó, no dudamos de su veracidad pero que en obras de este tipo eso se requiere. Es verdad que lo dijeron José de la Riva Agüero(1783-1858), con el seudónimo de P.Pruvonena, y Pedro Nuñez de Cáceres(1800-1863) en sus libelos. Se ha señalado que los datos que utilizó Riva Agüero provenían de Rafael Diego Mérida, posiblemente, suponemos, de un impreso suyo titulado Angustias de Colombia en 1828(Panamá: Imp.José Ángel Santos,1828), edición escasa y rara fue aquella que nuestros pacientes bibliógrafos Ángel Raúl Villasana(1920-2004) y Blas Bruni Celli(1925) no lograron registrar entre las ediciones del “tuerto” Mérida que registraron con tanto detalle y precisión en sus obras22 y el segundo en su Venezuela en 5 siglos de imprenta23. Solo la hemos visto citada, con muy escasos datos en su descripción bibliográfica, en el Diccionario de Historia de Venezuela24, gracias al general e historiador Héctor Bencomo Barrios(1924-2011). Pero el “tuerto” Mérida, a quien se llama aquí “cojo”(p.39), considerado el mas controvertido de los contemporáneos de Bolívar por su biógrafo Jorge Luciani(1894-1956), en estas incidencias ni siquiera lo cita don Manuel Segundo Sánchez(1868-1945) en su estudio sobre el punto que Herrera-Vialllant refiere25, trabajo, como siempre fueron los de don Manuel Segundo, esclarecedor, de hecho nos pone, con antelación, en el sendero al cual nos lleva ahora, con su vasta documentación Herrera-Vaillant, allí ya se sabía, en los años diez del siglo XX, año de su primera edición en El Universal(Caracas: Julio 5,1917) que Josefa no era hija de una negra esclava sino que era blanca y había sido bautizada en la Catedral de Caracas, iglesia de los Mantuanos caraqueños de la época. Con ello no negamos que el “tuerto” Mérida, hombre tan lengua suelta, hubiera podido referir el punto pero el historiador está obligado a señalarlo con precisión, indicando el lugar de donde lo toma. Lo que con sus libelos causó el “tuerto” Mérida en Caracas fue tan grande que María Antonia Bolívar(1777-1842), la hermana mayor del Libertador, que era mujer bravía y de armas tomar, llegó a decirle a su famoso hermano(Julio 29,1824): “El Bribonaso de Mérida ha tenido el atrevimiento de escribir contra todos los principales de Caracas, y entre ellos los Toro incluyendo hasta las mujeres y el día que su malignidad te tome a ti…le hago sacar el otro ojo a palos”26.

La mejor definición de lo que fue el “tuerto” es la que ofrece su biógrafo Jorge Luciani: “¡Inaudita y desconcertante fusión de malos instintos y de soberbias cualidades¡.El arrojo del rebelde y las argucias del intrigante, la verdad y la mentira, el patriotismo y la venganza, el orgullo y la envidia, el desinterés y el cálculo, la convicción y el disimulo, la rectitud y la felonía conviven en el alma y se tropiezan. Son dos aspectos, cuán diferentes, de una misma figura, que la imprimen relieve original. ¡Cuántas tinieblas!¡Cuanta luz¡ ¿Dónde termina el bien?¿Dónde comienza el mal?¡Ser ambiguo que muchos no saben si elogiar, si maldecir!”27.

La Novela de Josefa
Pero al leer el estudio que nos ofrece Herrera-Vaillant nos damos cuenta que aquí, con el caso de Josefa, muerta a los veinte y cuatro años, tienen un gran material nuestros narradores para componer una sabrosa novela histórica, ya que día que algún buen novelista que se afirme en el pasado para componer su obra podrá componer una bella obra sobre nuestro siglo XVII caraqueño y seguir así la lección dada por Francisco Herrera Luque(1927-1991) nuestro primer novelista de aquellos días de la colonia, especialmente en Los amos del valle28.

Será esta novela que proponemos, a partir de sugestiones del propio autor de El nudo deshecho, una narración sobre los escándalos en las altas clases caraqueñas de la colonia, fue la misma época de las turbulencias del benedictino fray Mauro de Tovar, obispo de Caracas entre 1640-54, un psicópata sin duda, quien al irse dijo: “De Caracas no quiero ni el polvo”. Será la novela del suceder vital de una niña nacida en lo más alto de la sociedad provincial, hija de dos personas de aquel medio, el padre activo en la vida municipal de la urbe, quien sedujo, dejó sin virginidad, cuando dice en su testamento que era “doncella”(p.500) está indicando que la joven era virgen y la virginidad era un valor en aquellos días y en aquella sociedad. Pero este al embarazar a aquella muchacha decidió no casarse, y de hecho se fue y no volvió más a Caracas, ¿por qué huyó’, ¿por ello?.

Seria también, la novela que proponemos, una obra sobre el abandono de la madre y de la hija, sobre una niñita, Josefa, que fue separada al nacer de su madre y enviada a un Convento, el de las Concepciones en la esquina de Las Monjas, que fue el sitio donde se escondían todos los llamados “malos pasos” de las niñas de la alta clase caraqueña de la colonia, en ese mismo cenobio nació más tarde el general Manuel Carlos Piar, otro hijo natural de una mantuana, Belén Jerez de Aristiguieta y Blanco, una de las Nueve Musas.

Pero sería a la vez un libro sobre la inmensa fortuna que formó y poseyó el padre de Josefa, sobre el tutor don Pedro Jaspe de Montenegro(1617-1691), “uno de los personajes más prominentes y de mayor actividad económica de Caracas en la segunda mitad del siglo XVII”(p.113), pero sin duda un corrupto de la época, tanto como el propio Marín de Narváez, de hecho debió salir de Venezuela, años antes del nacimiento de la hija, perseguido por diversas denuncias por sus corruptelas(p.30). Que Jaspe de Montenegro fue un muy parecido corrupto a los hemos conocido nosotros con el tiempo es cosa conocida por nuestra historia desde atrás, sus fraudes cometidos contra la Real Hacienda fueron públicamente investigados(p.32).

Sería la que decimos una novela sobre el matrimonio casi impuesto de Josefa con Pedro de Ponte y Andrade(1650-1716), traído aquí por su tío, tutor de Josefa, Pedro Jaspe de Montenegro, para casarlo con la rica heredera Josefa Marín de Narvaez, de la cual era tutor.

Josefa, a la vez, tuvo siete hijos: en “94 meses que duró su matrimonio, entre los 13 y 24 años…se mantuvo encinta 63 meses y lactando unos cuantos más”(p.118), observa Herrera-Vaillant. Sobre lo que sufrió en los años del matrimonio hasta el punto de haber entablando pelea judicial con el marido en los años finales de su vida, es posible que estuvieran separados en el momento del deceso de ella, hay evidencias en esta obra. La vida de Josefa fue como un calvario en este valle de lágrimas que para muchos ha sido siempre Caracas.

Para escribir la fascinante novela que sugerimos deberá empaparse bien el novelista de la Caracas del siglo XVII. Allí encontrará los cimientos para escribir el libro sobre una joven mujer: maltratada por sus progenitores, el padre la abandonó, la madre dejó que se la llevaron de su lado y la enviaran a un convento(p.78), el tutor se aprovechó de su fortuna al igual que el marido quien prácticamente la mantuvo embarazada a lo largo de la mayor parte del matrimonio. Tal la historias de Caracas.

El Vínculo de la Concepcion
Hubo otro hecho en el cual el sucederse del tiempo, el cambio impuesto por la emancipación a la sociedad, con cuyos mandatos no pudo cumplir tampoco Simón Bolívar. Fue el relativo a otro gran patrimonio recibido: el que legó su primo sacerdote Juan Félix Xeres de Aristiguieta(1732-1785), gracias al cual recibió el Mayorazgo de la Concepción(1784), también denominado Vínculo de la Concepción, el que con lo que le imponía: casarse, tener un hijo y ¡ser fiel al rey de España!, para poder gozar de los peculios recibidos. Pero pasó el tiempo: los Mayorazgos, además, fueron además abolidos por la República con lo cual todos los patrimonios del canónigo Aristiguieta pasaron a su poder sin ninguna restricción.

La Casa Natal
Una vez casados los esposos Juan Vicente Bolívar y Ponte y María de la Concepción Palacios y Blanco se trasladaron a vivir a una casa situada en el centro de Caracas, entre las esquinas de San Jacinto a Traposos, a doscientos metros de la Plaza Mayor, a dos cuadras de la Catedral, zona de residencia de los Mantuanos de Caracas, la más alta clase social de la colonia. Esta casa, por el fondo, se comunicaba con la de su abuelo Palacios, situada en la esquina de Traposos.

Esta residencia es la llamada Casa Natal, fue, explica el ingeniero e historiador Rafael Fuentes Carvallo, fue “el lugar donde nació en Caracas Simón Bolívar, el Libertador. Mansión de la época colonial, actualmente restaurada, situada en el casco central de la ciudad, entre las esquinas de San Jacinto y Traposos. A mediados del siglo XVIII era propiedad del coronel Juan Vicente Bolívar y Ponte y hogar del matrimonio constituido por él y María de la Concepción Palacios Blanco. Durante la noche del 24 al 25 de julio de 1783 nació allí el cuarto hijo de los Bolívar Palacios: Simón Bolívar.

En el plano más antiguo de Caracas, dibujado en 1578, once años después de fundada la ciudad, aparece ya la cuadra donde hoy está la Casa Natal del Libertador, dividida en cuatro partes, cada una de las cuales lleva la mención “casa”; es decir, que en aquella temprana época había allí una edificación, aunque probablemente muy rústica, como lo eran entonces la mayor parte de las de Caracas. Después del terremoto de 1641 se edificó en aquel solar la nueva mansión. El primer propietario conocido del inmueble, quizás quien lo hizo edificar o reedificar después del terremoto, fue el capitán Francisco Marín de Narváez; a su muerte, en 1673, lo heredó su única hija Josefa Marín de Narváez, ésta contrajo matrimonio con Pedro Ponte Andrade y Montenegro; en su momento volvió a pasar la propiedad por herencia a la única hija de esta unión, Petronila de Ponte Andrade y Marín de Narváez, quien al casar con Juan de Bolívar y Martínez Villegas, la incorporó al patrimonio familiar de los Bolívar. De este matrimonio nacieron cinco hijas y dos hijos; uno de ellos fue Juan Vicente Bolívar y Ponte, a quien llegó una vez más por herencia la propiedad; en el curso de su vida realizó algunas modificaciones arquitectónicas, incluyéndole un piso alto. En esta casa, además de Simón Bolívar, nacieron todos sus hermanos y murieron sus padres. El 19 de Junio de 1806 los hermanos Bolívar Palacios vendieron la casa a Juan Madrid (o Madriz). El terremoto del 26 de Marzo de 1812, derribó el convento de San Jacinto y la casa sufrió, se agrietaron sus muros, pero quedó en pie; fue restaurada y la parte alta que tenía fue suprimida. Cuando el Libertador estuvo en Caracas en 1827, Madrid le ofreció un banquete en la propia casa donde aquél había nacido. Este gesto conmovió a Bolívar, quien habló con elocuencia y ternura de su niñez, de su madre, de sus juegos infantiles, de sus hermanos y amigos, de las primeras lecciones recibidas, y de sus propios exilios y luchas, para terminar agradeciendo a la Providencia que le hubiese permitido volver a la antigua casa paterna. Esta permaneció en manos de la familia Madrid hasta 1876, cuando fue vendida al presidente general Antonio Guzmán Blanco(1829-1899). En varias ocasiones, durante el siglo XIX, el inmueble fue destinado a usos comerciales, olvidándose temporalmente su valor histórico. En 1889, un grupo de personas se preocupó por la adquisición y restauración de la mansión; el movimiento de opinión que suscitó la iniciativa original que el Congreso, en 1891, decretó que fuese adquirida por la Nación para destinarla a Museo Histórico; pero las guerras intestinas de esa época impidieron el cumplimiento de tal disposición. Aproximándose el centenario del 19 de Abril de 1810, un grupo de notables venezolanos fundaron la Sociedad Patriótica, para preparar los homenajes correspondientes, entre los cuales figuró la compra de la Casa Natal y su donación a la Nación. La Sociedad logró por suscripción popular unos 55.000 bolívares para la fecha propuesta y debió seguir insistiendo para reunir lo suficiente hasta el 14 de Octubre de 1912, fecha en la cual compró a los sucesores de Guzmán Blanco la Casa Natal por la suma de Bs. 114.326,80. Sus dimensiones son las siguientes: 22,40 m de frente por 60,50 m de fondo. El 28 de Octubre de 1912, día onomástico del Libertador, se hizo entrega oficial a la Nación, representada por el presidente de la República, Juan Vicente Gómez(1857-1935), en su carácter de jefe del Consejo de la Orden del Busto del Libertador. El 16 de Octubre de 1916, un decreto del presidente provisional Victorino Márquez Bustillos(1858-1941) ordenó su reconstrucción y embellecimiento. Las obras fueron encomendadas al ingeniero e historiador Vicente Lecuna(1870-1954), quien requirió de la colaboración de destacados especialistas, como los arquitectos Alejandro Chataing(1873-1928) y Antonio Malaussena(1853-1919). Después de haber sido restaurada, la casa fue amueblada y se colocaron en ella, además de reliquias del Libertador y de sus familiares, varias pinturas de vastas dimensiones que relataban episodios históricos, especialmente de la vida de Bolívar, obra del pintor Tito Salas(1887-1974). La inauguración se llevó a cabo el 5 de Julio de 1921, como parte de la celebración del centenario de la batalla de Carabobo, con asistencia del que en su discurso mencionaba el presbítero Carlos Borges(1867-1932) como “Ciudadano Comandante en Jefe del Ejército y Presidente Constitucional electo de la República”, el general Juan Vicente Gómez. El discurso del padre Borges es pieza notable, que ha sido calificada como “la historia íntima de la casa mientras fue hogar de los Bolívar”. En la Casa se conservaba el Archivo de Bolívar, formado por más de 200 volúmenes de documentos originales, completado por el Archivo del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre(1795-1830) y el Archivo de José Rafael Revenga(1786-1852). Recientemente esos archivos han sido trasladados a un edificio construido especialmente. Al norte de la Casa Natal se halla el Museo Bolivariano y al sur la sede de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. La Casa Natal del Libertador, adscrita a la Dirección de Ceremonial y Acervo Histórico del Ministerio de Relaciones Interiores, es visitada por numerosas personas anualmente, tanto de Venezuela como del exterior”29.

La Casa del Vínculo
Faltaría para tener el contorno entero de las casas del Libertador en su ciudad natal mencionar La Cuadra Bolívar pero especialmente, por ser menos conocida, contar la historia de su casa de Las Gradillas, la llamada Casa del Vínculo, en donde vivió en la madurez. Esta residencia fue heredada por Simón Bolívar de su primo el padre Juan Felix Xerez de Aristiguieta, quien le dejó como “mayorazgo” todos sus bienes, uno de los cuales era esta mansión. El la obsequió años mas tarde a su sobrino Anacleto Clemente Bolívar(1796-1886), quien tantas fatigas le había causado con sus discolos comportamientos juveniles.

En la Casa del Vínculo, llamada así haciendo mención del legado del primo sacerdote, murió la esposa de Bolívar(1803), allí residió él entre 1807 hasta su incorporación a las luchas emancipadoras: de ella salió en 1810 para ir a realizar la misión diplomática a Londres, a ella retornó a fines de ese año, allí, ese mismo 1810, residió un tiempo don Francisco de Miranda. Fue techo de Bolívar entre 1810-1812, cuando salió al exilio; entre 1813-1814, hasta su salida en la Emigración a Oriente(Julio 7); en 1821, cuando volvió tras su triunfo en la batalla de Carabobo, y en 1827, en su última visita a la ciudad de su nacimiento.


Ahora sí, el Nacimiento de Bolivar

“Bolívar fue un Samán, no una enredadera; veámoslo crecer, empecinado y lento, en medio de los cambios que la vida la presentaba, como crecían en su tierra nativa aquellos árboles destinados a ser grandes y duraderos”
Augusto Mijares: El Libertador.
Caracas: Editorial Arte,1964,p.97

Simón Bolívar nació en Caracas, entre la media noche del jueves 24 y la madrugada del viernes 25 de Julio de 1783, en una casa marcada con el número 22, entre las esquinas de San Jacinto a Traposos, situada frente al Convento de San Jacinto. Hay un testimonio que indica que mientras se desarrollaban los trabajos del parto se escucharon las campanas de la Catedral tocar la media noche, ello indica que es posible que el parto haya terminado después de la media noche. El paralelismo no deja de llamar la atención: quien sería el primer caraqueño nació el mismo día de la fundación de la ciudad.
El 30 de Julio, en la Catedral de Caracas, fue bautizado por su primo el padre Juan Felix Jerez de Aristiguieta, quien también había casado a sus padres.

La partida de bautismo es esta:
“En la ciudad Mariana de Caracas, en 30 de julio de 1783 años, el Doctor Don Juan Félix Jerez y Aristeguieta, presbítero, con licencia que yo el infrascripto Teniente Cura de esta Santa Yglesia Catedral le concedí, bautizó, puso óleo y crisma y dio bendiciones a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, párvulo, que nació el veinte y cuatro del corriente, hijo legítimo de Don Juan Vicente de Bolívar y de Doña María de la Concepción Palacios y Sojo, naturales y vecinos de esta ciudad. Fue su padrino Don Feliciano Palacios y Sojo, a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación; y para que conste lo firmo: Bachiller Manuel Antonio Faxardo. Fecha ut supra”30.

El 28 de Octubre: El Onomástico
Ha habido una constante confusión entre algunos estudiosos entre el día del nacimiento del Libertador y la fecha de su onomástico, celebración habitual entre nosotros. Esto ha sucedido no sólo porque el día del santo patrono de cada persona es celebración constante en nuestro país sino porque el 28 de Octubre, día de San Simón, fue día de recordación al Libertador estando vivo, de hecho hay una carta del general Andrés Santa Cruz(1792-1865) que se lo recuerda. Fue también el 28 de Octubre fiesta nacional en Venezuela durante muy buena parte del siglo XIX y hasta comienzos del XX cuando se estableció el 24 de Julio como la fecha de la celebración oficial del cumpleaños. De hecho entre el 14 de Marzo de 1849 hasta el 19 de Mayo de 1918 se mantuvo el 28 de Octubre como Fiesta Nacional. Se ha llegado a pensar que fue el 28 de Octubre el día en que Bolívar nació31.

El general Santa Cruz dijo(Noviembre 28,1826) a Bolívar: “Tuvimos un buen día de San Simón. Todos saludamos a V.E. con cordialidad y con buen y abundante chapagne, dijo cada uno lo que sentía, no hubo que dudar de que la ausencia no ha disminuido un punto la gratitud de los peruanos hacia el Jefe de su libertad”32.

Tan constate celebración fue cada 28 de Octubre que el historiador Rafael Ramón Castellanos(1931) repasó lo hecho cada año ese día durante la vida de Bolívar33.

El 28 de Octubre es también la fiesta de San Judas Tadeo, por cual es dramaturgo Edilio Peña(1951) llamó a Bolívar, en una pieza suya, Judas Tadeo de las Américas.

Los Nacimientos
Debemos detenernos a un punto fascinante: el de los diversos nacimientos de Bolívar, que fueron nueve. Veamos: debemos hacerlo recordando que su maestro don Simón Rodríguez(1769-1854) escribió sobre su famoso alumno:

“Los bienechores de la humanidad, no nacen cuando empiezan a ver la luz; sino cuando empiezan a alumbrar ellos”34.

Así siempre que recordamos el alumbramiento de Simón Bolívar debemos también mencionar sus otros nacimientos porque si bien llegó a la existencia real en Caracas en las primeras horas del 25 de Julio de 1783, hubo en Bolívar otros principios. Como nos lo enseñó el historiador Salcedo Bastardo , se pueden datar en su vida otros ocho natalicios. Esos signos de vida son evidentes, para quien estudie su existencia y lea rectamente sus papeles. Tales estos momentos que tratamos aquí.

Primer nacimiento 1783: en Caracas el 25 de Julio al ver la luz.
Segundo nacimiento 1795: fue cuando, en 1795, a los doce años, al escaparse de la casa de su tutor, su tío Carlos Palacios(1762-1805), dejó testimonio de su conciencia personal, en plena adolescencia, al responder en un juicio, seguido en la Real Audiencia de Caracas, cuando expresó sus vivencias sobre las diversas gentes que formaban la sociedad en la que vivía y dejó claramente establecido cual había sido el carácter de la “pedagogía negra” recibida, como llamó a la herencia negra el maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001)36. Aquel día dijo que

“los tribunales bien podrían disponer de sus bienes, y hacer de ellos lo que quisiesen más no con su persona; y que si los esclavos tenían libertad para elegir amo a su satisfacción, por lo menos no debía negársele a él la de vivir en la casa que fuese de su agrado”37.

Tercer nacimiento 1804: su vocación política nació en el París de 1804. Después de la temprana viudez asistió en el París de ese año a una especie de escuela política cuyo árbitro fundamental fue su amado don Simón Rodríguez. Sus palabras lo llevaron a la comprensión que su vocación pública no era otra que la política. Sus cartas de aquellos días, las pocas que han llegado hasta nosotros, casi todas gracias a la gran Flora Tristan(1803-1844)38, nos dan cuenta de este proceso que tendrá su culminación en el juramento en Roma(Agosto 15,1805) pocos meses más tarde. Todo ello terminó cuando ascendió a la cumbre del Potosí, veinte años más tarde(Octubre 26,1825). Su sabio profesor don Simón volvió a ser testigo aquel día del cumplimiento de la promesa, vio como lo sentido en aquel atardecer en Roma, y en cierta noche en Casacoima(Julio 4,1817), se había hecho verdad: América Latina era libre.

Cuarto nacimiento 1810: su conciencia latinoamericana surgió en él en Londres de 1810, a la sombra de don Francisco de Miranda. De allí la importancia del encuentro con el Precursor durante aquel verano. Testigo de ello fue también nuestro libertador cultural: Andrés Bello(1781-1865). Desde esos días la América Latina, lo hispanoamericano, será asunto central para Bolívar. Allí, junto al Támesis, maduró su conciencia continental plena.

Quinto nacimiento 1813: a la tarea bélica nació al invadir, frente a sus tropas, a Venezuela en 1813 en la “Campaña Admirable”. Por ello fue llamado desde esos días Libertador, título que le concedió Caracas en aquellos mismos meses(Octubre 14, 1813) y que ratificó plenamente el congreso de Angostura en 1820.

Sexto nacimiento 1815: en Jamaica, en 1815, donde llegó a la comprensión profunda de sí mismo, donde sin renunciar a la esencia de lo que era, de dio cuenta de que estaba llamado a encabezar al pueblo entero, a todos los mestizos,”el pequeño género humano”39 que dijo entonces, la mayoría de nuestra población, a todos los criollos, hijos del mestizaje creador, hacia la libertad. 1816, el año siguiente, será decisivo para ello.

Séptimo nacimiento 1819: será en Angostura: en la actual Ciudad Bolívar, cuando dicte, en la Casa del Tamarindo, la oración que allí leerá, poco después de la once de la mañana del 15 de febrero de 1819, cuando tomó la palabra como un estadista, como el jefe de una nación.

Octavo nacimiento 1825: será plenamente Libertador en el Perú, en las semanas posteriores a la victoria de Sucre en Ayacucho. El profesor Salcedo Bastardo40 ubica este nacimiento en 1825 pero puede datarse también de unas pocas semanas antes, desde el momento, de extrema alegría, como lo sabemos por el relato de un testigo de la escena, con que recibió, el 18 de Diciembre de 1824 a las 5 de la tarde, los pliegos en los cuales el gran Cumanés le daba cuenta de su triunfo en la pampa de Quinua41.

Noveno nacimiento 1830: Y nacerá por fin, ahora para la eternidad, el 17 de Diciembre de 1830 en San Pedro Alejandrino. Y esto porque hombres como el Libertador no mueren, a poco de haber fallecido nos olvidamos de su deceso, y esto es así porque hombres como Simón Bolívar son seres luz, personajes que alumbran el porvenir con su testimonio, con su mensaje, con sus mandas para el futuro.

El Número 9
Ha señalado también Salcedo Bastardo, en curioso estudio, el último que publicó en vida42, obra que es de esas que los hondos exploradores del vivir de una persona pueden urdir. Nos hizo ver como a todo lo largo de la vida de Bolívar el número 9 se repite. Hizo Salcedo el hallazgo a partir de una línea de Stefan Zweig(1881-1942): “Al destino le gustan las analogías del azar y el inexplicable juego de los números”(p.9). A la vez halló en la novela del alemán Philip Vandenberg(1941) El quinto evangelio: “Los números son a menudo el reflejo del orden cósmico y humano, eso lo sabían los griegos”(p.14)43.

En el período de la infancia de Bolívar, digamos hasta 1808, cuando cumplió veinte y cinco años, el número 9 se presentó así: nació a los nueve años del matrimonio de sus padres, a los nueve años quedó huérfano; a los nueve años de haber perdido al padre sucede lo que Salcedo denomina el “nacimiento a la personería histórica”44; ”casi nueve meses dura el matrimonio”(p.19); nueve meses permanece en Caracas tras la muerte de la esposa, en Octubre marcha al Viejo Mundo; nueve años después del episodio caraqueño de 1795, en 1804, está en París para iniciar un paso decisivo de su vida; nueve meses transcurren desde la salida de París al Juramento en Roma y el número nueve seguirá apareciendo una y otra vez en su vida, aquí solo lo referimos con relación a los años mencionados.

La Infancia
Hay numerosos datos que nos permiten conformar un perfil del niño y del adolescente que fue en Caracas Simón Bolívar45. Simón nació en Caracas, el 25 de Julio de 178346. Perteneció al recién nacido al signo de Leo. Fue hijo del coronel Juan Vicente Bolívar y Ponte y de María de la Concepción Palacios y Blanco. El 30 de Julio fue bautizado en la Catedral de Caracas por su primo el padre Juan Félix Jerez de Aristiguieta. En el libro 15 de Bautismos de Blancos del templo fue inscrita su Partida de Bautismo, en el folio 128, papel que hoy pertenece al Archivo del Libertador por donación que el cardenal José Humberto Quintero hizo, al ponerlo en manos del entonces presidente Rafael Caldera(1916-2009)47.

Siendo un bebe Bolívar fue amamantado primero por la dama cubana doña Inés Mancebo de Miyares, querida amiga de su mamá. A poco le siguen en el mismo oficio dos esclavas negras: Matea, quien fue su nodriza por poco tiempo hasta que llegó Hipólita, a quien Bolívar recordó siempre con sin par afecto. Llegó a llamarla, en una carta de su madurez, madre y padre a la vez48. En 1825 le otorgó una pensión de su propio peculio. Con Matea y Hipólita bebió el futuro Libertador lo que el maestro Uslar Pietri denominó la “pedagogía negra”, la visión mágica de la realidad49.

El 8 de Diciembre de 1784 el niño, de año y medio, recibió como donación testamentaria de su primo el padre Aristiguieta, el mismo que lo había bautizado, el mayorazgo de la “Concepción”. Era el legado de todos los bienes del presbítero y pariente.

En 1786 murió su papá. El tenía un poco más de dos años. La madre se ocupó entonces de la administración de sus bienes, largo patrimonio fue aquel que recibió de su papá.

En 1789 se efectuó la solemne ceremonia de entrega del mayorazgo que le había legado el primo. Entre esos bienes recibió una morada propia, una casa solariega situada en la esquina de Las Gradillas, en el lado este de la Plaza Mayor. Esa será la casa de Simón Bolívar en Caracas. Allí vivirá después de casado, allí falleció la esposa, allí residió en 1810, durante la Primera República y en sus diversos pasos por su ciudad en 1813, 1814,1821 y 1827.

En 1792 murió su madre de tuberculosis. Fue ella quizá quien trasmitió el virus al hijo, este fallecería del mismo mal. El 7 de Julio el niño acompañó los restos de su madre al ser sepultados en la Catedral. Tenía Simón entonces nueve años, era dueño de una importante fortuna, calculada en ocho millones de dólares para el año 197650.

Tenía tres hermanos María Antonia, Juana y Juan Vicente y un medio hermano, Juan Agustín de Bolívar(1750-17??), hijo natural de don Juan Vicente.

En 1792 quedó bajo la tutela de su abuelo materno Feliciano Palacios y Gil Arratia(1730-1793), a quien también se le denomina en otros documentos, como el acta de bautismo del nieto, Feliciano Palacios y Sojo, otro de los apellidos de su estirpe51. Ese debió ser el momento en que niño conoció a Simón Rodríguez quien era amanuense de don Feliciano con el cual residía Simón desde la muerte de su mamá. Conocer el otro Simón fue un hecho decisivo en su vida. Durante la crisis de la adolescencia y en la de la viudez don Simón será guía impecable, el terapeuta de su tocayo mantuano. En 1824 a los cuatro vientos lo reconocería públicamente como su maestro por excelencia, en la llamada Carta de Pativilca(Enero 19,1824), una de las misivas antológicas de su correspondencia52.

En 1793 al fallecer don Feliciano su tutela debía recaer sobre Esteban Palacios Blanco(1763-1830), hermano de su mamá, su tío y padrino. Eso fue imposible: Esteban residía en España. La tutela cayó sobre su hermano, el viejo solterón y hosco tío Carlos Palacios Blanco(1762-1805).

En 1793 Simón comenzó a estudiar en la Escuela de Primeras Letras de Caracas en la cual don Simón Rodríguez era uno de sus profesores. Esta funcionaba, en difíciles condiciones económicas y pedagógicas, en una casa situada entre las esquinas de Veroes a Jesuitas, en el mismo lugar en donde hoy está La Casa de la Historia, de la Fundación Polar.

En 1794 a los once años ya sabía leer y escribir bien, aunque su ortografía no era siempre correcta, como lo demostraría en su primera carta escrita en México a los quince años. Vivía entonces, en 1794, casa de su tío Carlos. Siempre que podía andaba suelto “solo por las calles y paseos, a pie y a caballo, en junta con muchachos que no eran de su clase” como lo declaró su conservadora hermana mayor María Antonia53. Simón, quien sin duda estaba en plena crisis de la adolescencia, escapó un día de 1795 de la casa de don Carlos y se fue a vivir casa de su hermana María Antonia. Hubo entonces un proceso judicial en la Real Audiencia sobre el lugar en que debía habitar el menor. El tribunal lo envió otra vez a vivir con el tío Carlos. Simón se negó a aceptar esa orden alegando “que los tribunales bien podrán disponer de mis bienes y hacer de ellos lo que quisiesen mas no de su persona y que si los esclavos tenían libertad para elegir amo a su satisfacción por lo menos no debía negársele a él la de vivir en casa que fuera de su agrado”54. Fue su primera declaración pública. Y hay que ver todo lo que decía sobre él. Al menos sabía hacia donde andaba. Se lo llevaron obligado. Lo enviaron casa de Simón Rodríguez, en La Candelaria, de donde se escapó y fue acogerse a la protección del obispo, Juan Antonio de la Virgen Viana(c1745-1800). Volvió a casa de Rodríguez y poco tiempo, porque en la casa del sabio pero pobre pedagogo no existían las comodidades que Simón, muchacho rico, estaba acostumbrado a tener. Por ello después retornó a casa de don Carlos.

En 1795 Simón Rodríguez renunció a su Escuela Pública. Simón siguió en la escuela ahora regentada por don Guillermo Pelgrón hasta su viaje a España a comienzos de 1799.

Alrededor de 1796 dejó Simón la Escuela Pública y siguió estudios en su propia casa, en la “Academia de Matemáticas” creada allí, residencia de don Carlos, por el capuchino padre fray Francisco de Andujar(1760-1817). También fue esta la época en que Andrés Bello le dio clases, en todo caso en la época anterior a 1799, cuando Simón, vía México y La Habana, partió a España a continuar sus estudios y formación.

Es lógico pensar que en estos tiempos se rompieron las relaciones afectivas entre don Carlos y Simón. Historiadores actuales piensan que de quien debía ser protegido el patrimonio del menor era precisamente de don Carlos55. Cuando mas tarde presentó cuentas a su sobrino este no llegó a aprobarlas56.

En 1797 tenía catorce años. Ingresó en el Batallón de Milicias de Blancos de Aragua, como cadete. Ese año se llevó a cabo la insurrección de Picornell, Gual y España. Desapareció entonces de Caracas don Simón Rodríguez, ¿por formar parte de la rebelión?. Maestro y discípulo no se volverían a encontrar sino en París en 1801.
En 1798 Simón fue ascendido por orden real a Subteniente(Julio 4).
El 19 de enero de 1799 embarcó en La Guaira con destino a España. Tenía quince años cumplidos. Otros horizontes iba a tocar aquel adolescente que entonces dejó la urbe de su nacimiento.

¿Tuvo una Infancia Infeliz?
Siempre se ha formulado esta pregunta: ¿tuvo Bolívar una infancia infeliz? Y ello porque en 1786 a los dos años y medio perdió al padre, por ello el psicoanalista Mauro Torres escribió que tuvo “un fantasmas como padre”57. Quizá por ello buscó la figura paterna en aquellos hombres mayores que le rodearon, a quienes siempre escuchó: tal su maestro Simón Rodríguez, a Fernando Peñalver(1765-1837), a Cristóbal Hurtado de Mendoza(1772-1829), a don José María Mosquera(1752-1852) en Popayán, padre de los próceres colombianos de aquel apellido, Joaquín(1797-1878) y Tomás Cipriano(1798-1878), incluso, aunque poco se señale, por un tiempo al propio Francisco de Miranda, el desgraciado suceso de la detención de don Francisco en 1812 puede tenerse como un parricidio. En 1792, a los nueve años perdió, a su madre. En 1797, su querido maestro, su sostén emocional, dejó Caracas; en 1803, a menos de un año del matrimonio perdió a su joven esposa. Otras muertes vendrán con el tiempo: en 1811 perdió a su único hermano varón, Juan Vicente y en 1820 a la mujer que hoy sabemos fue la que más tiempo estuvo en su vida, doce años: Josefina Machado, la Pepita de la historia, muerta de tuberculosis en Achaguas en 1820, la única que pudo ser su segunda esposa, porque las otras dos eran mujeres casadas, Fanny du Villars en París, Manuelita Saenz(1797-1856) en sus tiempos andinos.

Por ello la pregunta cabe. Piensa Augusto Mijares, no olvidemos que no sólo fue un historiador sino un pedagogo, hombre de grandes intuiciones psicológicas,”las referencias que dejó Bolívar a través de toda su vida coinciden en hacernos suponer que su infancia fue dichosa y estuvo rodeada de sólidos afectos…Esa niñez feliz y segura quizá nos explique la facilidad con que Bolívar concede después el afecto, respeto o admiración. Nadie más distante que el Libertador del escepticismo, el desdén y los recelos que suelen nacer en los políticos de larga experiencia. Y en contraste con el carácter adusto de otros héroes, Bolívar, ni por las contrariedades que momentáneamente le atormentaban, ni por los desengaños que hubiera podido rememorar, dejará de ser con los que trata efusivo y entusiasta”58. Por ello subraya Mijares: Bolívar “fue un niño común y corriente, normal hasta en sus ocasionales rebeldías…aunque ya desde sus primeros años, ardiente y tenaz”59. Los análisis psicológicos del Libertador que tenemos hoy, especialmente los del psiquiatra Moisés Feldman(1923-1995) lo confirman plenamente60.

En verdad aquí no hay que olvidar que nuestra vida adulta depende de nuestra infancia, esto antes que Sigmund Freud(1856-1939) lo advirtiera ya lo pensaba un alto educador nuestro: don Feliciano Montenegro y Colón(1781-1853)61.

Epílogo
Tal todo lo que podemos aprender cada vez que nos acercamos a estudiar a Bolívar, cada vez que lo interrogamos a través de sus papeles. Siempre comprendemos al hacerlo lo que dijo nuestro Mariano Picón Salas(1901-1965): “el héroe no es solo la persona que como todas las otras tenía una realidad física y un estado civil, sino también el sueño, el mito, la esperanza que suscita”. Para todos, ayer y hoy, aquí y acullá, su lección fue: “Aproximar a las normas de la civilización occidental ese mundo semibárbaro que emergió con la revolución de Independencia, fue uno de los anhelos más constantes de lo que pudiéramos llamar la pedagogía bolivariana”62.

En todos esos momentos se cumplen las palabras con las que Gabriel García Márquez(1927) cierra su novela sobre el Caraqueño impar, tal “los fulgores de la vida que nunca más, por los siglos de los siglos, volvería a repetirse” .

¡Gracias, amigos y amigas!. ¡Gloria al bravo pueblo!.

1Discurso de orden pronunciado en el Instituto de Antropología a Historia del Estado Aragua, sede de la Sociedad Bolivariana de Maracay, en la sesión solemne para recordar el natalicio del Libertador, llevada cabo la mañana del jueves 19 de julio de 2012.
2Se basa la exposición que haremos en los resultados de la investigación que hemos hecho para nuestro libro, aun inédito, Simón Bolívar en el tiempo de crecer. Los primeros veinte y cinco años(1783-1808).
3Simón Bolívar: Cartas del Libertador. 2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Vicente Lecuna/Banco de Venzuela,1974-1070. 8 vols. La cita procede de la p.13.
4José Luis Salcedo-Bastardo: Bolívar, el nacer constante. Caracas: Ariel,1985.175 p. Ver el capítulo “A la existencia real”(p.39-52). En donde expone los por qués y las pruebas de la afirmación que hacemos.
5Augusto Mijares: El Libertador. Caracas: Editorial Arte,1964. 586 p. La cita procede de la p.10.
6Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar. Caracas: Academia Nacional de la Historia/Ediciones GE,1994. XIV,1033 p, La cita procede de la p.4.
7Guillermo Morón: El proceso de integración de Venezuela,1776-1793. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1977. 177 p.
8Fray Antonio de Navarrete: Arca de letras y teatro universal. Edición crítica y estudio preliminar: Blas Bruni Celli. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1993. 2 vols.
9ver Raúl Díaz Legoburu: La Caracas de Bolívar. Caracas: Gobernación del Distrito Federal,1983. V,160 p.
10Andrés F.Ponte: La puebla de Bolívar. Prólogo: Mario Briceño Iragorry. Caracas: Instituto Panamericano de Geografía e Historia,1946. 217 p. en la cual nos da noticia sobre aquel pueblo y los antepasados de Bolívar. Por largo tiempo el apellido se escribía “Bolíbar” con “b” alta y no Bolívar como se hizo después, con “v” pequeña..
11Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar,p.33. Subrayado nuestro
12Antonio Herrera Vaillant: El nudo deshecho: compendio genealógico del Libertador. Caracas: Academia Nacional de la Historia/Instituto Venezolano de Genealogía, 2010. 546 p.
13Salvador de Madariaga. Bolívar. Madrid: Espasa Calpe,1975. 2 vols. La cita proviene del t.I,p.55
14Salvador de Madariaga: Bolívar,t.I,p.56, nota
15Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar,p.34, nota 10
16John Lynch: Simón Bolívar. Barcelona: Crítica,2006. X,478 p. Ver sobre lo que decimos esta observación: “la interpretación de Salvador de Madariaga, sustentada en una amplia investigación, pero escrita desde una total antipatía por el personaje”(p.VIII). Disentimos de tal criterio.
17Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar,p.36
18Tomas Polanco Alcántara:Simón Bolívar,p.36
19Augusto Mijares: El Libertador,p.15
20José de la Riva Agüero: Memorias y documentos para la Historia de la Independencia en el Perú y causas del mal éxito que ha tenido esta. París: Librería Granier Hermanos,1858. 2 vols.
21Antonio Herrera-Valillant: El nudo deshecho. En la segunda parte de su obra nos ofrece Herrrera-Vaillant la más completa genealogía del Libertador que se haya compilado hasta ahora, basada en certera documentación. Según ella más de 800 personas se pueden considerar hoy en día sus verdaderos descendientes. Para ofrecernos esta parte, siempre construida sobre la base de amplia documentación y precisas afirmaciones, nos indica Herrera-Vaillant que realizó “una especie de ‘auditoría genealógica’ de sus antepasados conocidos…todo ser humano tiene exactamente dos padres biológicos, lo cual deriva en cuatro abuelos, ocho bisabuelos y seis tatarabuelos, y así sucesivamente en multiplicación geométrica. Cada generación suma un 100% de modo que 2 constituye el 100% por ciento de los padres, 4 el 100% de los abuelos, el 16% de los bisabuelos, y así en adelante. De este modo asignamos a cada uno de los padres un 50%, a los abuelos un 25%, bisabuelos un 12,5%, tatarabuelos un 6,25% y así sucesivamente, exclusivamente para los fines de demostración y análisis”(p.131).
22Ángel Raúl Villasana: Ensayo de un repertorio bibliográfico venezolano,1808-1950. Caracas: Banco Central de Venezuela,1969-1979. 6 vols. Ver el t.V,p.166-167
23Blas Bruni Celli: Venezuela en 5 siglos de imprenta. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1998. XIX,1635 p. Ver las p.950-955, fichas 4214-4219
24Diccionario de Historia de Venezuela. 2ª.ed.Caracas: Fundación Polar, 1997. 4 vols. Ver el t.III,p.148
25Manuel Segundo Sánchez: Obras. Estudio preliminar y compilación: Pedro Grases. Caracas: Banco Central de Venezuela,1964. 3 vols. En este caso ver “Mito genealógico. Origen de Josefa Marín de Narváez”(t.II,p.426-451).
26Vicente Lecuna: Papeles de Bolívar. Caracas: Litografía del Comercio,1917. XI,476 p.La cita proviene de la p.357. Respetamos la ortografía de la época.
27Jorge Luciani: El máximo turbulento de la Gran Colombia. Caracas: C.A.Artes Gráficas,1943.211 p. La cita es la p.94
28Francisco Herrera Luque: Los amos del valle. Barcelona: Pomaire,1979. 2 vols.
29Rafael Fuentes Carvallo: “Casa natal del Libertador” en Diccionario de historia de Venezuela, t.I,p.720-721. Ver sobre esta mansión además del libro de Vicente Lecuna/Julio Planchart: Historia de la casa de Bolívar y anotaciones sobre su reedificación. Caracas:Litografía del Comercio,1924. 74 p. y La casa natal de Bolívar. Caracas: Ediciones Centauro,1980.182 p. en ambas ediciones se incluye el célebre discurso del padre Carlos Borges, en la edición de 1924 en las p.53-74 y en la de 1980 en las p.42-79, de este discurso hay numerosas ediciones
30Hemos tenido a la vista también el manuscrito original, que está en el libro XV de Bautismos de la Catedral de Caracas, el cual aparece fotografiado en la página final del folleto del cardenal José Humberto Quintero: La partida de bautismo del Libertador. Caracas: Oficina Central de Información, 1973. 17 p. El documento está en la p.17. El opúsculo de su eminencia transcribe también las palabras del presidente Rafael Caldera(1916-2009) al recibir en nombre de la nación el libro perteneciente al patrimonio de la Iglesia, que contiene el documento, entregado a la Casa Natal por el arzobispo Quintero, que por orden de aquel mandatario forma parte hoy de los fondos del Archivo del Libertador, guardados en aquellos años en la Casa Natal del Libertador(p.15) después en el edificio del Archivo del Libertador, situado en la esquina de Traposos, edificación donada, gracias a gestiones del historiador José Rafael Lovera(1939), por el Banco Venezolano de Crédito para que sirviera para esos fines.
31Ver por ejemplo el estudio de Germán Fleitas Nuñez: “¿Nació Bolívar el 28 de Octubre?” en sus Palabras al viento. Maracay: Biblioteca de Autores y Temas Aragueños,1995,p.46-53.
32Armando Rojas:Bolívar y Santa Cruz. Caracas: Oficina Central de Información,1975. 177 p. La cita procede de la p.115
33Rafael Ramón Castellanos: Simón Bolívar el hombre. Barcelona: Morales I Torres,2006.286 p.
34 Simón Rodríguez: Obras completas. Caracas: Universidad Simón Rodríguez,1975. 2 vols. Ver “Defensa de Bolívar”(t.II,p.189-361). La cita procede de la p.201.
35José Luis Salcedo Bastardo: Bolívar, el nacer constante., estudia cada uno de sus nueve nacimientos.
36sus Fachas, fechas y fichas. Caracas: Editorial Ateneo de Caracas, 1982,p.181-201. La cita procede de la p.187
37 citado por José Luis Salcedo Bastardo: Bolívar, el nacer constante,p.55
38Sobre ella ver Roberto Lovera De-Sola: Lo masculino y lo femenino entrelazado. Caracas: Fuentes/Pomaire,1992.262 p. Ver: “Flora Tristán”(p.67-77).
39Simón Bolivar: Escritos del Libertador. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venzuela/Academia Nacional de la Historia,1964-2009. 32 vols. Ver “La carta de Jamaica”(t.VIII,p.222-248). La procede de la p.232. Usamos la edición crítica de la célebre misiva, fijada por los profesores Pedro Grases y Manuel Pérez Vila.
40 José Luis Salcedo Bastardo: Bolívar, el nacer constante,p.135
41 José Luis Busaniche: Bolívar visto por sus contemporpáneos.2ª.ed. Prólogo: Mariano Picón Salas. México: Fondo de Cultura Económica, 1981. 338 p. Ver la p.159-160.
42 José Luis Salcedo Bastardo: Los 9 de Bolívar. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2003.144 p.
43 Philip Vandenberg: El quinto evangelio. Barcelona: Planera,2006
44 José Luis Salcedo Bastardo: Bolívar, el nacer constante,p.53
45Un estudio de conjunto del período 1783-1805 es el de Armando Rojas: “Bolívar del Ávila al Monte Sacro” en El quijotismo de Bolívar.2ª.ed. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1987,p.25-79. Ver también Guillermo José Schael: El vecindario de Simón Bolívar. Caracas: Gráficas Armitano,1984. LXXI,,112 p.
46José Luis Salcedo Bastardo: Bolívar, el nacer constante,p.39-52
47Cardenal José Humberto Quintero: Al final del otoño. Caracas: Editorial Arte,1974. 111 p. Ver su discurso “La partida de nacimiento del Libertador”(p.47-54)
49Arturo Uslar Pietri: “Lo específico del hombre latinoamericano” en sus Fachas, fechas y fichas,p.187
50Tomás Polanco: Simón Bolívar,p.11,en donde está la referencia que utilizamos.
51Ver el facsimil de su manuscrito en Cardenal José Humberto Quintero: La partida de baustismo del Libertador, p.17, donde ello se lee así.
52Simón Bolivar: Escritos del Libertador,t.II,Vol.I,p.290-292.
53Monseñor Nicolás Eugenio Navarro: Litigio ventilado ante la Real Audiencia de Caracas sobre el domicilio tutelar y educación del menor Simón Bolívar. Año 1795. Caracas: Imprenta Nacional, 1955. 64 p. La cita procede de la p.32. Este manuscrito estaba en unos baúles que formaban parte del archivo del historiador Laureano Villanueva(1840-1912). Lo halló allí el joven investigador doctor Blas Bruni Celli(1925) quien lo puso en manos de monseñor Navarro quien lo editó.
54La declaración se lee en monseñor Nicolás Eugenio Navarro: Litigio ventilado ante la Real Audiencia de Caracas sobre el domicilio tutelar y educación del menor Simón Bolívar,p.23
55Tomás Polanco Alcántara: Simón Bolívar,p.21
56Simon Bolívar: Escritos del Libertador., t.II, vol.I, p.128.
57Mauro Torres: Bolívar, perspectiva psicoanálitica. Bogotá: Cultural Colombiana, 1968.291 p. La cita procede de la p.81
58Augusto Mijares: El Libertador,p.18-19
59 Augusto Mijares:El Libertador,p.22
60Moisés Feldman: Las crisis psicológicas de Simón Bolívar.2ª.ed. Prólogo: Roberto Lovera De-Sola. Caracas: Fundarte,1992.115 p.
61Feliciano Montenegro y Colón: Lecciones de buena crianza, moral y mundo, o educación popular.. .Caracas: Imp. de Francisco de Paula Nuñez, 1841. 205 p.