Miércoles, 20 de Septiembre de 2017

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El Día del Atentado

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Por: Roberto Lovera De-Sola

“Yo voy a ser lo que mi voluntad quiera”.
Rómulo Betancourt a uno de sus profesores.
Caracas: 21 de octubre de 19222.

Es importante que los ojos de los historiadores, como en el caso de esta tarde, de Edgardo Moldolfi Gudat(1964), quien en su cuidadosa investigación El día del atentado. El frustrado magnicidio contra Rómulo Betancourt(Caracas: Alfa, 2013.223 p.) nos permite ver, con los ojos agudos del estudioso del pasado, un grave suceso contemporáneo de la vida venezolana y caribeña, el atentado contra Rómulo Betancourt(1908-1981), cerca de las 9,30 de la mañana, del viernes 24 de junio de 1960. Ya explicaremos porque lo denominamos caribeño.

Los Hechos Caribeños del Período
Cuando América Latina llegó a los años viente del siglo XX, viviendo el mundo los cambios que fueron consecuencia de la Primera Guerra Mundial(1914-1918) fue evidente que muy pronto se enfrentarían las dos tendencias politicas que han dado calor a nuestra escena politica: el autoritarismo dictatorial y el proceso hacia la democracia.

Cuando señalamos que estamos ante el Caribe y su problemática continental, cuidadosamente tratada por Moldolfi, debemos señalar que fue el Caribe, desde los tiempos coloniales, el sitio de encuentro y controversias entre los grandes imperios europeos; después de 1898, con la Guerra Hispanorteamaricana, fue suplantado el imperio español, entonces definitivamente vencido, por los Estados Unidos, pero antes había habido en la colonia controversias, armadas inlcuso, entre España e Inglaterra, Francia y Holanda. Por ello, si alguna idea se ha sostenido en las dos grandes obras históricas que se han dedicado a este mar, la del colombiano Germán Arciniegas(1900-1999) y la del dominicano Juan Bosch(1909-2001), es la de “frontera imperial” que dice Arciniegas o “las guerras se hacen en el mar, y el Caribe es el mar” que él mismo indica; o “la frontera imperial” de Bosch, hecho que ratifica al decir: ”El Caribe está entre los lugares de la tierra que han sido destinados por su posición geográfica y su naturaleza privilegiada para ser fronteras de dos o más imperios. Ese destino lo ha hecho objeto de la codicia de los poderes mas grandes de Occidente y teatro de la violencia desatada entre ellos”3.

Un aspecto singular, en El día del atentado, es la forma como Mondolfi trata el atentando, relacionandolo con los hechos caribeños del período, al menos desde 1929 a 1961, deteniéndose largamente en 1960, momento del intento frustrado de magnicidio.

Fue Rafael Leónidas Trujillo y Molina(1891-1961) el dictador que mas largo tiempo estuvo en el poder, desde 1930 hasta su deceso, tres años más que Juan Vicente Gómez(1857-1935). Después vino Fidel Castro(1926) el otro dictador caribeño, quien lo sobrepasó, estuvo 31 años, aunque es posible que aun mande, a través de su hermano Raúl(1932), lo que le daría más de medio siglo, cincuenta y seis años de presencia politica.

La parábola caribeña de El día del atentado se inicia en 1929, cuando Betancourt, exilado del gomecismo, estuvo por primera vez en Quisqueya y desde allí hasta el momento del asesinato de Trujillo, treinta y un años después.

El pugilato entre ambos va a ser grande, el autocrata dominicano no se detuvo en ningún momento en su enfretamiento contra el democráta venezolano, quien a la larga resultó el vencedor, ya que sus acciones diplomáticas empujaron a oficiales del ejército dominicano a eliminar a aquel tirano.

Un Hecho Caribeño
El duelo entre Trujillo y Betancout vino de muy atrás. Se ha situado el comienzo de aquella enemistad en 1929, con el paso de Betancourt por Santo Domingo aquel año. Alli habia aun un régimen democrático, el jefe de la policía era Trujillo. Betancourt dio una serie de conferencias contra Gómez en diversos lugares de la isla y fue seguido por las autoridades. Fue por presiones de la policía que Betancourt abandonó la isla, denunciado allá por los diplomáticos gomecistas. Sin embargo, antes publicó, al alimón con Miguel Otero Silva(1908-1985), el panfleto antigomecista En las huellas de la pezuña4, después trató de unirse a la expedición de Falke, sin lograrlo.

Al año siguiente(1930) Trujillo asaltó el poder, dejalojando al presidente de aquella nación.

Ya en tiempos de López Contreras y Medina Angarita, hubo protestas anti-trujillistas, por las acciones de los exilados dominicanos en Venezuela, contra su dictadura. De hecho, en 1944, apareció en El Universal, de Caracas, un manifiesto contra aquel zátrapa, obra de Betancourt y Jóvito Villalba(1908-1989).

Instalada la Junta Revolucionaria de Gobierno (octubre 18,1945), comenzaría Trujillo a auspiciar los movimientos en contra del régimen democrático caraqueño, ayudando a los desterrados venezolanos que llegaron a Quisqueya. Fue claro, que al parecer aquella “archi enemistad”(p.42), que dice María Teresa Romero(1955), se hizo visible tras el golpe caraqueño, cuando Betancourt decretó el “cerco profiláctico” contra las dictaduras, rompió relaciones con Ciudad Trujillo y nuestro país se abrió a los exilados dominicanos. Y, desde Santo Domingo arreció la denuncia contra la Junta caraqueña y el apoyo a las actividades de los desterrados venezolanos contra el gobierno de Caracas, que era democrático. Fue allá en donde se tramó la invasión a Venezuela que preparó el general Eleazar López Contreras(1883-1973), contra la Junta caraqueña, muy bien estudiada también por Mondolfi en otras de sus cuidadosas monografías5; igual otra que se hizo desde Nicaragua, con el apoyo del dictador Anastasio Somoza(1896-1956) padre. Todos acusaban a Betancourt de comunista. Por cierto, esto fue un “sanbenito” que le tocó padecer a Rómulo por largo tiempo. Lo había sido, había militado en el exilio en el Partido Comunista de Costa Rica6, pero sus estudios de la realidad venezolana, aun en su exilio tico, le hicieron comprender cuál era la realidad de Venezuela, fundamento de su concepción politica. Su acción pública nos habla siempre de su militancia socialdemocráta.

Pero, desde luego, estos dictadores veían a Betancourt como un serio antagonista. Y lo era. Por ello los choques Betanocurt-Chapita continuaron. Pero los gestos opositores no se engendraron solo en Venezuela. A la vez se preparaban acciones en contra de Trujillo, como la expedición de Cayo Confites(1947), un lugar de Cuba, en donde se preparó la invasión, en la cual participó incluso el joven Fidel Castro, de 21 años, ya conocido por uno de los pistoleros habaneros, que denunció el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) en su novela cubana La brizna de paja en el viento(1952).

En 1948 se llevó a cabo la Conferencia de Bogotá, allí nació la OEA, pero se sucedió tambien el Bogotazo(abril 9,1948). Fidel Castro estuvo otra vez presente. Previamente había pasado por Caracas en donde Omar Pérez(1925) lo entrevistó para El Nacional.
El pugilato Trujillo-Batancourt se desplazó, a partir de 1948, al exilio. En Santo Domingo se preparó un atentado contra Betancourt. Y, tras las caídas de las dictaduras de los cincuenta, varios de aquellos autócratas viajaron exilados a Santo Domingo: Marcos Pérez Jiménez(1914-2001), Fulgencio Batista(1901-1973), Juan Domingo Perón(1895-1974), Gustavo Rojas Pinilla(1900-1975).

En esos mismos días La Habana, a partir de 1959, año de la Revolución Cubana, la ciudad comenzó a constituirse en la meca de la izquierda marxista latinoamericana, gracias a la dictadura cubana, la que dio el más longevo autócrata del continente.

Asi, el odio “que terminó gestandose, a lo largo de las décadas de 1940 y 1950, entre Betancourt y el régimen del generalísimo Trujillo”(p.29), prosigió.

Pero además, y esto es importante, el “duelo que, hacía fines de la década de 1950, continuaba librándose entre…Trujillo y aquellos partidos reformistas que como AD, habían vuelto al poder como resultado de diversos factores, pero especialmente debido al cambio de intensidad que hubo de cobrar la Guerra Fría”(p.37). La enemistad del Chivo, como le decían, contra los democrátas caribeños, casos de Ramón Grau San Martín(1889-1969) y Carlos Prío Socarrás(1903-1977) en Cuba; José Figueres(1906-1990) en Costa Rica, el propio Luis Muñoz Marín(1898-1980), en Puerto Rico, aunque era solo el gobernador de aquel “estado libre asociado”, fue el primer gobernador elegido por voto popular allá, y el propio Betancourt. Por cierto debemos decir aquí para que se entienda bien que el desinterés de los cubanos por la democracia fue porque tuvieron escasos gobiernos que se puedan llamar así, solo tres: el primero de Fulgencio Batista(1940-1944), el segundo fue una dictadura(1952-1959), el de Grau(1944-1948) y el Prío(1948-1952). Dentro de esto “la enemistad personal de Betancourt y Trujillo es un hecho ampliamente conocido”(p.37), como bien lo advirtió Mirela Quero de Trinca.

Intentos de Atentados
Antes de llegar al atentado de Betancourt en Caracas, el 24 de junio de 1960, entraña de El día del atentado, Mondolfi repasa los atentados presidenciales conocidos en la historia de Venezuela. Creemos que estos deben iniciarse con el intento contra el Libertador, protagonizado por un venezolano, Pedro Carujo(1801-1836), en Bogotá(septimbre 25,1828). Bolívar salvó su vida aquella noche gracias a Manuelita Saenz(1797-1856).

Y, de hecho, el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre(1795-1830) debe ser considerado, él había sido el primer presidente de Bolivia, aunque no era jefe de Estado el día del atentado contra él, en la selva de Berruecos. Otra vez fue un venezolano, nacido en Carora, fue quien empuñó el arma que acabó con su vida.

En 1869 fue, en Caracas, el asalto de los Licheros a la casa del general Guzmán Blanco, en la esquina del Conde. Ello no sucedió en su residencia de Antímano sino en su mansión caraquela. No era presidente aquel día. Llegó a serlo meses más tarde.

En 1878, fue el llamado intento contra el presidente Francisco Linares Alcántara(1825-1878), llamarlo así no deja de ser un infundió, como lo estableció el galeno e historiador José Rafael Fortique(1919-2002). El mandatario no falleció como consecuencia de haber ingerido un veneno, proporcionado, como se pensó, por la oposición dada la conspiración de Linares contra Guzmán Blanco. En verdad murió “de una afección aguda de las vías respiratorias, consecuencial de brusco refirado… posiblemente un proceso neumónico agudo, con evolución de seis a ocho días”7. No hubo por lo tanto intento de asesinato alguno.

En algún momento de su primera presidencia(1884-1886) una nave que conducía al general Joaquín Crespo(1841-1898), en el mar, cerca de Macuto, fue atacada. Crespo salvó su vida.

En 1951 fue e intento de atentado a Betancourt en La Habana, urdido por la Seguridad Nacional, él era entonces expresidente y vivía en La Habana. Logró salvarse.

El 12 de octubre de 1951, se preparó una bomba contra la Junta de Gobierno(Germán Suarez Flamerich, Pérez Jiménez, Llovera Páez), en el Paseo Colón, de Caracas, artefacto preparado por el acciondemocratista Martín Antonio Rangel, quien con el mismo procedimiento ultimó a su esposa años mas tarde. Fue parte de aquel “cuarteto de crímenes sin castigo” que denunció el comisario Fermín Marmol León(1937-2011), en sus celebrados Cuatro crímenes, cuatro poderes(1978).

En abril de 1952, Pérez Jiménez, en La vuelta de Plan Manzano, en la Carretera Caracas-La Guaira, se le intentó disparar. Salió ileso.

De todos estos, como sostiene Moldolfi, fue el de Rómulo Betancourt, en 1960, “el más importante”(p.21).

El Unico Magnicidio
Este recuento nos lleva a precisar que el único magnicidio llevado a cabo entre nosotros fue(noviembre 30,1950) el del comandante Carlos Delgado Chalbaud(1909-1950), presidente de la Junta Militar aquel día, asesinado, en una quinta de Las Mercedes, aquel día, gracias a un tiro de gracia, como lo reveló uno de los médicos que le practicó la autopsia, Ruben Jaen Centeno, uno de los médicos que le practicó la autpsia, falleció Delgado.

El Atentado Contra Betancourt
El “ataque que intentó cobrar la vida de Betancourt, el 24 de junio de 1960, había sido producto de una completa combinación de autores materiales, cómplices, encubridores y promotores internacionales que además llegaría a contar, como jamás lo había hecho hasta entonces, con un alto grado de pericia por parte de quienes lo llevaron a cabo”(p.14), todo lo cual terminó fallando y el Presidente salvó su vida.

Aquel día era viernes, el suceso fue la mañana, a las 9,30. Explica Mondolfi: “Quienes actuaron contra Betancourt en junio de 1960 no fueron simples aficionados…Tampoco se trató de una acción destinada a amendrentarlo, a dejarle una advertencia en las heridas o darlo por muerto a causa de la impericia, el error, o por un simple golpe de buena, o mala, suerte. No fue, al fin y al cabo, ‘un comité burdo de conspiradores que modela niples…el que se hizo cargo de aquella acción magnicida…Tampoco se trató de un atentado descordinado o mal planificado. Por el contrario: desde el principio estuvo claro que el acto terrorista contó con el apoyo de cómplices de categoría. Aun más, la eficacia del instrumento utilizado estaba bien calculada para que el resultado fuera contundente. Podría decirse, sin exageración, que Betancourt pudo haber muerto cuatro o cinco veces a causa de aquel impacto y que solo una serie de circunstancias lo evitaron… Además, el hecho de que no se tratara de una bomba de tiempo ni que fuera activada mediante un sistema de cables sino dirigida a control remoto mediante un aparato de microondas, sin que sus responsables pudieran ser avistados mientras la comitiva presidencial avanzaba hacia la emboscada que se les había tendido, habla de un tipo de acción que solo podía ejecutarse gracias al empleo de un artefacto complejo y de suficiente precisión como el que utilizaron los tecnicos encargados de llevarla a cabo”(p.23). Razón tiene Mondolfi al apuntar: “estuvo a milimetros de cobrar la vida de Betancourt”(p.28).

Para nosotros, El día del atentado, es un libro caribeño, ya que ese mar constituye la zona de influencia fundamental de ambas naciones. Y lo es porque Mondolfi coloca el asunto que trata en medio de la problemática del Caribe, durante treinta y dos años, espacio en donde se desarrolló esa controversia, fue esta la que llevó al dominicano a organizar, fuera de las fronteras de su país, el atentado contra el venezolano.

El por qué de haber escrito es tan nutrido libro nos lo señala Mondolfi cuando indica lo poco estudiado que ha sido el tema, ha quedado, dice, como olvidado pese a su gravedad, pues fue un hecho internacional, fraguado y financiado desde la República Dominicana, por el dictador de aquel país, Trujillo, por lo cual Mondoilfi se ha propuesto “revisar las incidencias del atentado a la luz de nuevas posibilidades investigativas…a asomarnos a la compleja red de compicidades en las cuales se entretejió la enermistad histórica entre…Betancourt y los cuarteles del trujillismo en el Caribe”(p.35)

Para en el momento de realizarse el frustrado atentado contra Betancourt la República Dominicana y la dictadura de Trujillo vivían una crisis, la oposición aparecía a cada paso, “1960, se estrenó como un año particularmente difícil para el régimen”(p.113), solo diez y siete meses le restaba a su gobierno, que terminó con el asesinato del dictador(mayo 30,1961).

Ya en aquel momento el clero dominicano venía mirando mal a aquel gobierno(p.114), “se recogían observaciones sobre el curso cada vez más agresivo que cobraba la represión en la isla”(p.115); en el mes de junio se había llevado a cabo una expedición contra Trujillo en la cual participaron “varios venezolanos voluntarios, falleciendo algunos en pleno combate”(p.117).

Sin embargo, ya desde junio de 1959, “Trujillo se torno más iracible y enigmático que nunca”(p.118).

La Preparación del Atentado
Fue Venezuela el primer país en repudiar la dictadura trujillista(p.121) y romper relaciones diplomáticas con aquella nación nuevamente. Razón por la cual desde el ascenso de Betancourt al poder las provocaciones desde Quisqueya aumentaron, Venezuela, como lo establecía la Doctrina Betancourt, había roto sus relaciones con aquella dictadura.

Fue tras los hechos descritos que Trujillo puso en marcha su plan magnicida, motorizado por Johnny Abbes García(1924-1967), jefe de los servicios de inteligencia militar dominicanos. Este antes había organizado, sin suerte, un atentado contra Betancourt, en 1955 y había organizado y realizado el asesinato(1957) del presidente de Guatemala, coronel Carlos Castillo Armas(1914-1957).
Se organizó a los anti-betancuristas que perpretarian el magnicidio, Martín Parada, Juan Manuel Sosa Rodríguez(hombre de una experiencia semejante al Rafael Simón Urbina, asesino vesánico como aquel). Asi las figuras claves fueron Juan Manuel Sosa Rodríguez(p.137) Luis Cabrera Sifontes y Manuel Vicente Bustamante, “Acostumbrados a una vida gobernada por el azar y los golpes de mano, ambos eran perfectos candidatos a jugarse el todo por el todo y sacar provecho de la acción propuesta por Sanoja. Personajes cercanos al resbaladero, su propósito se prestaría para que el …periodista Rafael Poleo concluyese que ambos terminaron cayendo den el enredo magnicida por culpa de sus vicios”(p.142).

Participó también la linea área venezolana Ransa(p.141), quien trasladó lo necesario para el atentado, a sus protagonistas y a los elementos a utilizarse. Fue así como los complotados tomaron el avión de Ransa, en Santo Domingo, llevado “una maletica marron que contenía el aparato”(p.147).

El Magnicidio Fallido
Sin embargo, en Venezuela, había sospechas, bien fundadas, de que algo podía suceder(p.154-155), un suceso tramado con el apoyo de Trujillo, dirigido contra Betancpurt. Pese a ello tanto el Presidente como el Ministerio de la Defensa desestimaron las informaciones, llegados por vía de la Cancillería unas desde España. Y otras, desde San Cristóbal, Táchira.

Fue así que llegó la mañana del viernes 24 de junio de 1960. Curiosamente registra Mondolfi este hecho: Betancourt, quien no estaba bien de salud, solo decidió ir a Los Próceres a las 10 de la noche anterior. De allí que la pregunta que se hace el autor de El día del atentado sea: ¿Cómo supieron, tan rápidamente, los asesinos que el Presidente estaría presente en Los Próceres?(p.152-153).

Aquella mañana la vía tomada por la caravana presidencial(formada por el carro presidencial, dos vehículos de escolta de la Guardia Presidencial, otro Cadillac de la Casa Militar, el automovil del Ministro de la Defensa, todos precedidos por los dos moscas que encabezaban el cortejo) para dirigirse a Los Próceres fue: salieron desde la quinta Los Nuñez, en Altamira, residencia presidencial entonces(La Casona fue adquirida por Raúl Leoni, años después), de ese lugar siguieron hasta la Plaza del Obelisco, atravesaron la avenida Miranda, siguieron a Altamira Sur y prosiguieron por la Autopista del Este hasta la rampa de El Pulpo, de allí a Los Símbolos. Al acercarse tomaron la vía mas corta para llegar a Los Próceres, al llegar allá, pasaron al lado de un Oldsmovil, inexplicablemente estacionado a un lado de la via, aquel vehículo “fue el cebo utilizado para llevar a cabo el complot”(p.156), parecía aquel un carro descompuesto, desde allí se activó la bomba, la hora del atentado sería el momento en que el cadillac del Presidente pasara al lado, en ese momento sería la voladura, utilizando una “conexión por microondas[que] debía activar los 65 kilos TNT acumulados en el interior del Olsmosbile. Los autores de la acción fueron Cabrera Sifontes-Yanez Bustamante, [ya aparcado el carro]…como si el vehículo hubiese presentado una súbita falla mecánica antes de urbicarse, fingiendo aguardar por ayuda…unos trecientos metros más allá, sobre el puente que unía la vía de Los Próceres con la avenida Nueva Granada. En realidad se trataba de un ardid para, desde la cómoda altura que brindaba el puente, observar la llegada de Betancourt y avisar a Cabrera Sifontes con un gesto a fin de que este, desde otro lugar distante, accionara el conmutador al momento en que el vehículo del Presidente pasara a un lado del cebo mortal. Para ello, Cabrera Sifintes había escogido como punto de observación un boquete natural formado entre la maleza en la orilla opuesta del río El Valle desde donde, con la ayuda de unos binaculares, pudo escoger el momento preciso para operar el percutor…la acción tenía que ser calculada para abarcar el Cadillac entero a fin de que la carga impactara en el medio del vehículo”(p.157), como explica un analista.

“Efectivamente para que la acción tuviese la contudencia esperada era necesario, y así les fue explicado en Santo Domingo, que el vehículo presidencial se viera sorprendido dentro del radio efectivo de la explosión. Para que ello fuera posible, el autómovil con la dinamita, y el que hacía de objetivo, debían hallarse paralelos en el preciso instante de pulsar el botón del aparato microondas: una fracción se segundo de más, o de menos, podía hacer fallar la operación. Esto fue probablemente lo que ocurrió y tal, para suerte de Betancourt, la clave radique en la imprecisión de unos cuantos segundos de rezago a causa de la distancia que Cabrera guardaba de su objetivo cuando le correspondió apretar el suiche. Ello es así puesto que el centro del impacto fue logrado en la parte delantera del vehículo, donde se hallaban sentados el edecán y el chófer, y no en la trasera, donde iba Betancourt y el resto de la comitiva. En tal caso, la onda expansiva sacudió el vehículo entre el motor y el volante. Una revolución más de los neumáticos del Cadillac presidencial y Betancourt probablemente hubiera corrido peor suerte”(p.157-158. El subrayado es nuestro).

Señala Mondolfi también: “Existe otra posibilidad, más bien circunstancial, que pudo contribuir a que Betancourt salvara la vida. Así se desprende del informe elaborado por un técnico especialista en demoliciones que, a requerimiento del propio Betancourt, fue enviado a Caracas por el Ejército de EE.UU. algunos días después del atentado. Según dicho informe, copia del cual reposa en el archivo personal de Betancourt, ‘existe la fuerte posibilidad de que el hecho de que el[Jefe de la Casa Militar] coronel Armas Pérez[muriera] y el Presidente[escapara], fue el detalle que el vidrio delantero se encontraba abierto y el trasero cerrado. La ventana pudo proveer momentaneamente la defensa de calor protegiendo a los ocupantes del asiento trasero’”(p.158. Subrayado de Mondolfi).

Hay que tener en cuenta además, subraya Mondolfi, ”Porque lo cierto es que segundos más, o segundos menos, lo que siguió a la activación teledirigida de la bomba fue una escena infernal, hecha de humo, fuego, confusión, hierros retorcidos, y de grama y cemento cubiertos de chatarra. Las bombillas del alumbrado eléctrico saltaron hechas pedazos, lo mismo que los cristales de algunos edificios aledaños…se trata de una carga de sesenta kilogramos de explosivos que combinaba nitrogliserina y gasolina gelatinosa, capaz de llegar a producir, en un primer instante, una ola de calor de cuatro mil grados centígrados. Esto explica que hasta las armas defensivas, que iban a bordo del Cadillac en previsión de cualquier incidente, quedaran fundidas sobre el pavimento. La onda partió en dos el Oldsmobile y empujó el automóvil de Betancourt fuera de la vía a varios metros, colocándolo sobre una isla que separaba la avenida”(p.158).

Y prosigue Mondolfi: “Otro detalle que pudo matizar el efecto es que las cargas, capaces de generar la onda expansiva, no fueron colocadas en el sitio indicado dentro de la maleta de Osdsmobile, haciendo en consecuencia que la onda[de] expansión se diluyera en sentido opuesto, hacia el río El Valle, y no en dirección al vehículo presidencial. De los tres objetivos, volcamiento sin posibilidad de escapatoria, onda expansiva e incendio instantáneo, los dos primeros dejaron de cumplirse, no solo por el hecho de que la peor parte impactara en la trompa del vehículo, sino porque la isla divisoria obró de modo providencial dadas las circunstancias. El propio Betancourt, laico y librepensador como siempre, lo vería así ‘No creo en los milagros, pero ese fue un milagro’”(p.159). Razón por la cual el periodista Humberto J.Hernández8 llegó a decir que la protección le había venido a Rómulo del poder de su pipa ensalmada, años antes, por un brujo de Curiepe. Por lo cual también, Simón Alberto Consalvi(1927-2013), quien lo pudo ver a horas de atentado, llegó a pensar que ese día “la pila ensalmada fue puesta a prueba”(p.159).

Asi quedó todo al final, “pese a tan providenciales circunstancias…las puertas del Cadillac quedaron trabadas, impidiendo al Presidente, al ministro de la Defensa[Josue López Henrríquez] y a su esposa salieran ilesos de las llamas, mientras el chófer fue despedido del vehículo hasta rodar, maltrecho, sobre el paviento. Entretanto su edecán[Ramón Arnaldo] Armas Pérez, permanecía, agonizante, al otro extremo del puesto delantero. Luego de forzar la puerta con un empujón del cuerpo y la ayuda de sus propias manos, Betancourt, quien por poco no logra burlar aquel infierno creado por acción mecánica, relataría el momento de este modo: ´Por entre la cortina de fuego que nos rodeaba y nos lamía alcanzamos a escapar…los tres con quemaduras generalizadas de primer y segundo grado’…De siete ocupantes entre los distintos vehículos que integraban la comitiva, y un liceísta que circulaba a la sazón por las vencidades del sitio, dos fallecieron en el acto y seis fueron víctimas de distintas heridas, quemaduras y contuncioines, incluyendo al doctor Francisco Pinto Salinas, el médico personal[del Presidente]…Betancourt sangraba pro- fusamente…su ropa ardia como antorcha caminante(p.159-160. Subrayado de Moldolfi).
Un corresponsal del Times londinense quien pudo verlo en aquellas horas, ya hospitalizado, encontró su estado así:

“Tenía la cara quemada y ensangrentada. Quemaduras de primer grado en las manos disimuladas por las vendas…El cabello y las cejas del Presidente estaban chamuscadas…La píel de la frente se le desprendía, los labios hinchados los tenía untados de ungüento y los ojos, detrás de gafas oscuras, se veían algo exaltados”(p.161).

Betancourt Atendido
El Presidente fue trasladado del lugar del atentado al Hospital Universitario, el centro médico más cercano al lugar de los hechos. Estaba inmensamente herido, “ambas manos como guidajos de carne quemada; la cara deforme; escasa la visión; oyendo poco”(p.161). Betancourt pese a todo, y aquí nos basamos en el testimonio de un jóven médico de guardia aquel día, quien por haber estado presente en aquel momento en el Hospital Universitario, nos los refirió: Betancourt estaba atento y preocupado, pese que la guardia presidencial lo custodiaba, pensó que podría ser rematado por quienes habían organizado aquello. Por ello, nos narró el galeno amigo, las primeras curas se le hicieron, por orden suya sin anestesia, soportó el dolor con valentía. Quien nos lo contó no era partidario de Betancourt pero de allí salió admirando al presidente herido.

A poco aparecieron en el hospital los expresidentes López Contreras y Rómulo Gallegos(1884-1969) y don Eugenio Mendoza(1906-1979).

Tras las curas fue llevado el Presidente a una habitación(la 143, al fondo del cuarto piso), o estas le fueron administradas ya en aquel cuarto, por aquello que nos fue retatado las curas fueron inmediatas, apenas llegado al Hospital.

Ya en la habitación, le fue aplicada morfina para “que aplacara el esfuerzo que hacía por sobreponerse para cortar así, entre quienes lo observaban, toda posibilidad de rumor sobre la gravedad de lo ocurrido”(p.162). De hecho su inmediata preocupación porque se conociera claramente que estaba vivo y podría seguir gobernando. Por ello, quiso ser inmediatamente trasladado a Miraflores, cosa imposible en aquel momento. Fue por ello que logró convencer a los galenos de dejar entrar a los reporteros de los principales periódicos, que estaban en los pasillos del hospital, y les dio una declaración para que no quedara duda de su estado. La entrevista fue a las 10,45 de esa noche del mismo 24 de junio. Betancourt desconocía en aquella hora que el Jefe de su Casa Militar, fraterno amigo suyo, había fallecido. Les dijo a los periodistas, según La Esfera(junio 25,1960) de la mañana siguiente, citada por Moldolfi: “Tenía interés en recibirlos a ustedes…para que constanten, como ustedes pueden ver, que ha sido una cosa superficial. Está acompañado en su habitación por su esposa, doña Carmen Valverde de Betancourt, y por su hija, Virginia Betancourt de Pérez. Ambas se mantienen serenas y comedidas. Una pregunta al Señor Presidente. ¿Puede ver bien?. Veo, repuso, perfectamente. Aunque a veces veo como una cortinita de paraparas. El tono jovial con que el presidente Betancourt departió con los periodistas es la ratificación de lo que dijeron los médicos…solo sus manos y la inflamación de la cara tardarán unos días en desaparecer…Esta mañana me dolían mucho las manos, expresó con un rictus en sus labios, pero ya se han calmado los dolores…Su estado es completamente sosegado, sin agitación de ninguna especie. Dijo que los médicos le habían inyectado un sedante…Tenía intención el Presidente en dirigirse anoche a la ciudadanía, pero los médicos se lo impidieron. Por eso, nos dijo antes de concluir con la breve visita, los madé a llamar”(p.162-164. Subrayados de Mondolfi).

La misión estaba cumplida, al amanecer del día siguiente los venezolanos sabrían que su Presidente estaba vivo pero herido, que podría seguir frente a sus funciones.

Después de hablar con los periodistas, a la media noche del mismo día 24 de junio fue trasladado a Miraflores. Al día siguiente, grabó un mensaje radial. En ese mensaje, hecho a los 24 horas del atentado, acusó al dictador dominicano, “de haber sido quien, a larga distancia, manipulara el mecanismo de detonación”(p.165).

Fue el 16 de julio, viente y dos días después del atentado, cuando al fin, pese a que los médicos no lo desearan aun, en acto que era necesario, “fue cuando pudo tener lugar su primera y dramática comparecencia ante las cámaras de TV”(p.165). En esa emisión apareció con ambas manos vendadas, producto de las heridas.

La Denuncia desde Caracas
Fue a las 12 del mediodía del mismo 24 de junio cuando el Departamento de Prensa de Miraflores, dio cuenta del atentado.

Betancourt no tuvo duda quien estaba tras el atentado, tenía al menos tres décadas enfrentado al autócrata de Quisqueya(p.168).

Habían prueba precisas: La Voz dominicana había dado la noticia del atentado y de la muerte de Betancourt a las 9,10 am, hora venezolana, antes de que el hecho sucediera, la explosión debía estallar a las 9,28 minutos de la mañana, pero fue anunciada como un hecho cumplido 18 minutos antes, cuando nada había sucedido.
Además, todo lo planeado por los conspiradores para hacer tras el atentado: “ni los comandos civiles comprometidos en Caracas, ni los militares supuestamente confabulados en La Guaira, ni tampoco una planificada acción callejera, dieron señales de reaccionar a las consecuencias del atentado”(p.172).

Los autores, Yánez Bustamante, Morales y Cabrera Sifontes, supieron, escondidos en Macuto, que el complot había fracasado, que Betancourt estaba vivo, “que todo estaba perdido”(p.172). Yánez se entregó en la PTJ. Allí delató a sus cómplices y contó todos los pormenores del suceso. Ello llevó a las autoridades a la búsqueda de los demás. Todos fueron detenidos. El último Cabrera Sifontes, en Cabudare, mientras intentaba huír para cruzar la frontera(p.174). Fue él quien pudo ser el asesino, pero, como consecuencia de un error milimétrico, gracias a él, el propio Presidente salvó la vida.

Al ser detenidos los autores se pudo esclarecer todo, a partir de la declraciónes de Yáñez Bustamante, allí quedó claro que todo había sido planeado en la República Dominicana por el dictador de aquella nación, siempre declrado enemigo de Betancourt.

Así fue como Venezuela preparó al expediente de denuncia del suceso, ocurrido en Los Próceres, y fue presentado ante la OEA, pidió la exulsión de Santo Domingo del organismo continental(p.185), ello el 4 de julio, días antes de que Betancourt apareciese por vez primera en la televisión y el país contemplara en el estado en que había quedado tras el atentando(p.185).

El 16 de agosto, se abrió, en San José de Costa Rica, la Conferencia Ministerial de Cancilleres del hemiferio. En ella se le aplicaron sanciones a República Dominicana, ratificadas incluso por los dictadores, amigos del Chivo, como también lo llamaban, Anastasio Somoza Debayle(1925-1980), de Nicaragua, Francoise Duvalier(1907-1971), de Haití, Alfredo Stroessner(1912-2006), de Paraguay e Miguel Ydigoras Fuentes(1895-1982), de Guatemala, ello porque pese a ser amigos de Trujillo, “Indudablemente, la opinión pública internacional, que repudió el atentado contra el presidente Betancourt, influyó en ellos; pero también hay que anotar que los cuatro habían llegado al convencimiento de que Trujillo es un peligro permanente aun para ellos”(p.198), como lo dijo la revista Elite, de Caracas. El que un presidente organizara el asesinato de otro, invadiendo con sicarios un país que no era el suyo, fue mal visto. Así el atentando a Betancourt constituyó la sentencia de muerte de Trujillo.

Poco a poco la situación en Quisqueya se fue deteriorando, Trujillo terminó siendo asesinado por varios oficiales de su ejército(mayo 30,1961). A la mañana siguiente, Betancourt, quien trabajaba en Miraflores recibió la noticia de la muerte del autócrata, información que le comunicó su secretario privado, Alejandro Yabrudy Rojas. Betancourt guardó silencio, apenas levantó la cara hacia su asistente para conocer el hecho. Y en su archivo, no encontró el historiador Mondolfi, ninguna reacción escrita por Betancourt sobre el suceso.

Junio 27,2015.

Leído en el Circulo de Lectura de la Asociación de Vecinos de La Lagunita, Caracas, en su sesión de la tarde del miércoles 8 de julio de 2015.

1 La magnífica cita, la que nos indica que ya a los catorce años Betancourt sabía quien era, tanto que su profesor Marichal Torres, ante quien fue pronunciada, dijo después de escucharlo: “Este carajito se las trae y, por lo visto, va a llegar lejos”, así fue. La cita la tomamos de Mario Torrealba Lossi: Gallegos, un hombre y un destino. Caracas: Colegio de Profesores de Venezuela/Ateneo de Los Teques,1985. 240 p. Está en la p.87.

2 German Arciniegas: Biografía del Caribe. Bogotá: Planeta, 1993,501 p. La referencia ´procede de la p.244; Juan Bosch: De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial. Madrid: Alfaguara, 1970. 740 p. La cita procede de la p.12.

3 Rómulo Betancourt/Miguel Otero Silva: En las huellas de la pezuña. Panfleto. Prólogo: José Rafael Pocaterra. Colofón: Magda Portal. Santo Domingo: spi,1929. 166 p.; En las huellas de la pezuña. Historia de la rebelión estudiantil de 1928. 2ª.ed. Prólogo: Simón Alberto Consalvi. Caracas: Los Libros de El Nacional, 2007.111 p.

4 Edgardo Mondolfi Gudat: General de armas tomar. La actividad conspirativa de Eleazar López Conterras durante el Trienio(1945-1948). Caracas: Academia Nacional de la Historia, 2009.187 p.

5 Alejandro Gómez: Rómulo Betancourt y el Partido Comunista de Costa Rica, 1931-1935. Prólogo: Manuel Caballero. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1985.219 p.

6 José Rafael Fortique: Crónicas médicas. Maracaibo: Tip. Unión, 1975-1979. 3 vols. Ver:”Enfermedad y muerte del general Francisco Linares Alcántara”(t.II,p.101-116). Las citas proceden de las p. 111 y 115. Trabajo originalmente presentado, el sábado 11 de octubre de 1980, en la “Mesa redonda sobre la enfermedad y muerte de los Presidentes de Venezuela”. En Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, Caracas, Vol.XXI(1982), 2 vols. El trabajo del doctor Fortqiue está en el t.I,p.237-251.

7 Estimado amigo y compañero de trabajo nuestro en la revista Resumen, de Caracas. A cuatro manos redactamos parte del número que dedicó esta geceta(octubre 11,1981) al producirse el deceso de Rómulo Betancourt en Nueva York, el 28 de septiembre de 1981.