Por: Estefanía Bautista Brocal
Debemos ser conscientes de que, sea como fuere, lo que vemos expuesto en nuestros museos, o lo que se presenta en los festivales de arte, ferias contemporáneas, está determinado por los criterios estéticos de los que, año tras año, y a lo largo de la historia, se han visto en la disposición de decir qué es lo bueno y qué es lo malo de todo el arte que se ofrece. Todo aquello a lo que tenemos acceso como público está mediado por unos criterios determinados, los cuales están respaldados por los críticos, los jurados de concursos o los comisarios de museos, salas de exposición o críticos... Entendemos que, nosotros como espectadores, accedemos finalmente a lo que resulta de esta selección, a todo aquello que supera estos aranceles. Así pues, ¿Qué ocurre con los artistas y con las obras que no pasan dichos aranceles? Normalmente, siguen insistiendo o actúan paralelamente buscándose un hueco, siguiendo su trayectoria paralelamente a los grandes focos. Actúan en la alternativa -como suele llamarse- underground1.
Todas estas actividades del arte underground acontecen paralelo de los espacios más destacados en los mapas y en las agendas culturales de nuestras ciudades. Poco a poco va surgiendo la mentalidad en instituciones y centros culturales, especialmente, de facilitar el acceso a estos artistas y obras. Pues reconocen la pérdida social que supone el ignorar trabajos que, a pesar de romper los aranceles establecidos o no responder a lo estipulado, merecen la pena conocer y explorar.
No es correcto que el público sólo sepa que existen por casualidad (porque un día caí en tal garito o rondo el ambiente) o porque conocemos artistas que comparten proyecto. Jorge Ruíz Abanades apunta que: “También podemos encontrar cada vez más publicaciones de baja tirada, organizaciones pequeñas y webs dedicadas a promocionar estos circuitos, acercándose así a una actividad institucional”2 . El problema es que aún es una organización muy fragmentada y en comparación a las grandes instituciones o espacios expositivos, con muy escaso recurso económico, lo que delimita su alcance. Lo que nos sitúa de nuevo en el concepto underground.
Las utopías ya terminaron –en la actualidad casi todos los artistas quieren vender sus producciones- toda obra contribuye al mercado. Pero quizá, las propuestas hasta el momento de optar siempre por posicionarse en la parte opuesta de lo predeterminado en la sociedad, de presentarse como erradicadores de las instituciones y declararse la guerra continuamente unos a otros, será una variante para desarrollarse como artista. Hoy en día se lucha por alcanzar otras alternativas, como planear posibilidades a través de otros medios, que aunque sean poco a poco, salpiquen a estas instituciones y las inicien cada vez más en dedicar parte de su inversión en la ampliación de lo considerado actividad artística, en toda su extensión.
No existe duda que cuánto mayor accesibilidad de la actividad artística se ofrezca, esto se traducirá en mayor aportación didáctica así como artística a la sociedad. Además de introducir un conocimiento más amplio de la actividad histórica de la época, ampliar el bagaje visual-cultural, y reforzar la importancia de estimular artísticamente la mente social. Por todo ello, consideramos importante también sacar a la superficie cada vez más este sector underground del arte, para que todos conozcamos de su existencia y su papel e incluso saber dónde encontrarlo, si estamos interesados en ello. Poco a poco abogamos por que las instituciones, espacios expositivos y centros culturales ofrezcan sus espacios también para impulsar a estos artistas. Ha de funcionar como un escenario público y abierto en el que pueda participar cualquier individuo, sea para exponer sus cuadros, proyectar los videos que ha realizado o practicar las actividades artísticas y mostrar sus creaciones, al margen de los aranceles establecidos.
Estefanía Bautista Brocal
1 Como adjetivo, underground suele aplicarse a artistas que no están auspiciados corporativamente y generalmente no quieren estarlo. Internet permite que los artistas y activistas difundan su trabajo e ideas sin tener que acomodarse a los intereses de ninguna empresa (compañía de discos, editorial, etc.). En este caso, además, se hace uso de este término para aquella actividad realizada a espaldas de la cara popular de
la sociedad.
2 Cuemadrid. Sobre las instituciones artísticas de nuestras ciudades [en línea]. Jorge Ruíz Abanádes. Madrid, febrero 2008, p. 1/1. <http://cuemadrid.blogspot.com> [Consulta: 24 enero 2009].











‘Como ha sucedido siempre con los grandes creadores de todos los tiempos –pienso en Giotto, en Gauguin, en Van Gogh, en Klee, en Reverón, en Duchamp-, Marisol es un genio raro que encarna por sí solo aquello que puede llamarse una tendencia. Ante su obra la indeferencia y la enajenación se conmueven. No en vano ella se ha impuesto en el mundo, sin ayuda de nadie y por sí sola, con la única, insólita, hierática presencia de sus Marisoles.'