Miércoles, 23 de Agosto de 2017

Usted está aquí: Artículos y Reseñas Artículos El Arte de Escribir Cuentos

El Arte de Escribir Cuentos

Correo electrónico Imprimir

(Confidencias de un crítico a una escritora que se inicia en el género)

Por: Roberto Lovera De-Sola

Es por ello que creemos que debemos comenzar con un repaso alrededor del cuento, qué es, qué se proponen sus cultores, ya que este sigue siendo el género narrativo más importante de la literatura venezolana, el cual ha conllevado un proceso creativo hondamente nutrido, hoy de ciento setenta y seis años, desde que se imprimió en El Liberal, de Caracas, el 25 de julio de 1837, el primero de los nuestros, “La viuda de Corinto”, de don Fermín Toro(1806-1865), cuento romántico, escuela que hay que poner en el umbral de nuestra literatura emacipada, traída a nuestras letras por don Andrés Bello(1781-1865) desde sus trabajos poéticos y críticos de sus días en Londres(1810-1829).

Para escribir cuentos hay que tener talento para expresión a través de la palabra escrita, una visión de la realidad y el conocimiento técnico de la estructura que el cuento requiere.

Luego hay que dedicarse a cultivarlo. Seguir el consejo de Arturo Uslar Pietri(1906-2001), maestro sumo en su escritura, “Yo no daría a los que quieren escribir sino un consejo: escriban”.

Para hacerlo hay que tener la sensibilidad y la inclinación por su cultivo. Y hay que trabajar en su logro, no quedarse solo en aquellos que son bellos pero todavía en proceso. Hay que proseguirlos, trabajarlos, reescribirlos una y otra vez. El creador que no reescriba no es escritor, menos inventor de cuentos. El talento, no hay que olvidarlo nunca, es una larga paciencia, como lo dijo Gustave Flaubert(1821-1880), francés, maestro insigne de las letras universales del siglo XIX.

Ahora si el primer paso es escribir, el segundo es tener un maestro, que sea no solo un buen cuentista, sino una figura suprema del género. Y además tener cerca un lector ideal, que es el amigo y confidente a quien se le confían los originales cuando su creador piensa que ha llegado el momento de mostrarlos y escuchar sus observaciones(ver nuestro “El lector ideal” en El Mundo, Caracas: septiembre 1,2007). Pero hay más.

Para escribir buenos cuentos se requiere también leer, previo y durante todo el proceso de su escritura, buenos cuentos. Y el maestro insuperable de todos los tiempos es el ruso Anton Chejov(1860-1904). Sus textos deben ser siempre la escuela primordial para escribir cuentos. Sobra decir que el Chejov cuentista y el Chejov dramaturgo es para nosotros nuestro clásico preferido. Hace pocas años un profesor norteamericano, Richard Ford, formó la antologia chejoviana Cuentos imprescindibles (Barcelona: Lumen,2001. 454 p.), recogió en los Cuentos imprescindibles los veinte textos fundamentales. Siempre en el caso de Chejov los cuentos, que son siempre breves, son lo mejor y más depurado de su arte. Los cuentos largos o las noveletas, como “El pabellón Número 6”, que está en ese libro también, y debe leerse, no son los mejores. Chejov tenía el arte de la brevedad, que en si que es toda una aventura, un modo que todo cuentista debe conocer, practicar con seguridad y con constancia. La brevedad es todo un arte, el mas depurado, el más dificil y arriesgado. Hay en el caso de Chejov también la lista de sus mejores cuentos hecha por Leon Tolstoi(1828-1910), ¡nada menos!. Y otra que hizo Máximo Gorki(1868-1936), ¡hay que imaginar los grandes lectores que eran ambos!, queridos amigos de Chejov ambos. Algunos siempre han dicho, y creemos que no se equivocan, que el mejor de todos es “La dama del perrito” pero el conjunto de este escritor impar es tan alto, tan hondo y bueno que para nada nos quedaríamos solo con “La dama del perrito” que es, desde luego, insuperable. El crítico norteamericano Harold Bloom(1930) eligió del ruso “El beso”, “El estudiante” y, desde luego, “La dama del perrito”(Harold Bloom: Cómo leer y por qué. Bogotá: Norma, 2000. 337 p.).

El otro maestro, también obligatorio, aunque fue en edad mayor que Chejov, pero siempre hay que poner al ruso primero, como lo hizo Harold Bloom. Se trata del francés Guy de Maupassant(1850-1893). Hay diversas colecciones de sus cuentos. Y creemos que sus novelas, al igual que Chejov, son menores, aunque interesantes, como las de Chejov, pero la brevedad del arte de aquellos es tal que los hace inevitables, en la lectura y en el aprendizaje de escribir cuentos. Ambos, desde luego, puede ser leídos por pura delectación. Bloom escogió dos de Maupassant: “La casa Tellier” y “La horla”.

Otro tanto podríamos decir del norteamericano Edgar Allan Poe(1809-1849), fundador del cuento policial, de quien podríamos destacar “Berenice”, “Ligeia”, “La caída de la casa Usher”, “Los asesinatos de la calle Morge” o “El escarabajo de oro”.

Ahora, en el desarrollo de todo arte no pueden dejarse de lado sus aspectos teóricos. Y entre nosotros tenemos una suma, la prepararon dos estudiosos del género, los críticos Carlos Pacheco(1948) y Luis Barrera Linares(1951). Es Del cuento y sus alrredores(Caracas: Monte Ávila Editores, 1993. 528 p.), sus compiladores recogieron en esa obra los textos críticos fundamentales sobre el género, escritos tanto por sus grandes cultores como por los interpretes del género. Nosotros solo añadiríamos ahora el trabajo de Mario Vargas Llosa(1936) sobre cuento, es reciente. Es el prólogo a su pieza Las mil noches y una noche(México: Alfaguara, 2008.143 p.) y es portentoso como reflexión. Esta pieza del peruano, Premio Nóbel 2010, se basa en cuentos de Las Mil y una noches, obra que es donde aparece este género en su esencia. Están también en Del cuento y sus alradedores los escritos que sobre el cuento escribieron sus mejores cultores, Poe, Chejov, Horacio Quiroga(1878-1937), Alberto Moravia(1907-1990), Enrique Anderson Imber(1910-2000), Juan Bosch(1909-2001), Julio Cortázar(1914-1984) y nuestros Guillermo Meneses(1911-1978) y José Balza(1939). Los nombramos porque los cuentos de ellos deben ser leídos y sus meditaciones teoricas también. Falta en el conjunto Uslar Pietri, maestro indisputado del cuento latinoamericano y grande siempre entre nosotros, se debería decir algún día cuales son los cuentos suyos que consideramos los mejores. Existe la edición de sus Cuentos completos(Bogotá: Norma,2000.2 vos).

Existe también una vastísima antología del cuento venezolano en el siglo XX: La vasta brevedad (Caracas: Alfaguara,2010.2 vols) que es más que recomendable. Fue compilada, lo sentimos al ver la selección, bajo la dirección de Carlos Pacheco. Allí están los mejores 78 cuentos del siglo pasado. Hay nombres destacables que no aparecen como David Alizo(1940-2008) y una persona que nosotros hubiéramos excluido por no haber logrado escribir un solo cuento bueno hasta ahora. Y creemos que ni los antólogos ni el editor de esta suma deberían haberse antologado, desde luego Carlos Pacheco está fuera de este juicio, él es un crítico a secas. Con todo es sencillamente “espectacular” La vasta brevedad, sentimos la mano de Carlos Pacheco siempre presente. Están allí, desde luego los mejores maestros del género, nuestros cuentos impares, “La mano junto al muro” de Meneses lo consideramos el mejor cuento venezolano; “La lluvia” de don Arturo sería el fundador del realismo mágico sino lo hubiera antecedido tres años antes el volumen Don Pablos en América(Caracas: Editorial Elite,1932. 75 p.) de Enrique Bernardo Nuñoz(1895-1964).

Cuentos nuestros fundamentale están allí: “Arco secreto” de Gustavo Díaz Solis(1920-2012); “El Murado” de Humberto Rivas Mijares(1919.1981); “Las tres ventanas” de Héctor Mujica(1927-2003); “Un regalo para Julia” de Francisco Massiani(1944); ”La luna no es de pan de horno” de Laura Antillano(1950); “Retrato frente al mar” de Ana Teresa Torres(1945), son todos creaciones que definen a quienes los concibieron, constituyen momentos altísimos del arte de escribir cuentos. Y hay, además, unos cuantos rescates justicieros, como Ramón Hurtado(1892-1932), casi ignorado hoy, o Pedro Sotillo(1902-1977, o Enrique Bernardo Nuñez, hasta hace muy poco considerado como el regio cuentista que fue o la presencia de Alejadro Rossi(1932-2009). Hay desde luego en La vasta brevedad cuentos que nosotros, viejo lector de ellos, hubiera cambiado por otros de los mismos autores los cuales nos parecen mejor acabados. Pero con todo es magnífico este singularísimo libro.

Por cierto, volviendo a Vargas Llosa, él dice que los grandes cuentos de todos los tiempos son estos: en el El Quijote(1605), el episodio del encuentro de don Quijote con Roque Ginart, en la Segunda Parte; “El mono”, Isak Dinesen(1885-1962), de Seis cuentos góticos; “Una rosa para Emily”, de William Faulkner(1897-1962), de Estos trece; “El infierno tan temido”, Juan Carlos Onetti(1909-1994), de su libro El infierno tan temido; “El Aleph”, de Jorge Luis Borges(1899-1986) del voljumen El Aleph; “Carta a una señorita en París”, de Bestiario de Julio Cortazar; “Diles que no me maten” de Juan Rulfo(1918-1986) de su único libro de narraciones cortas El verano en llamas; de Francisco Ayala: “Diálogo entre el amor y un viejo” y de José María Argüedas(1911-1969): “La muerte de los Arango”. Dice Vargas Llosa “todas obras maestras absolutas”(Mario Vargas Llosa: La verdad de las mentiras, El Nacional, Caracas: octubre 16,2005). A todo esto se refiere también el mismo autor en el prólogo su pieza Odiseo y Penélope. (Madrid: Círculo de Lectores, 2007. 155 p. Ver especialmente las p.142-146).

Por cierto nada se parece tanto a lo que nos sucede hoy a los venezolanos en estos días trágicos que lo que cuenta Cortazar a su “Carta a un señorita en París”, aunque también, en “Casa tomada”, también de Bestiario, escrita contra la dictadura de Perón.

Febrero 5, 2011
Marzo 2, 2013